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lunes, 21 de julio de 2014

Rubem Alves: Teólogo de la alegría

Por. Carmelo Alvarez, EE.UU*
“La alegría de vivir me hace encontrar a Dios paseando por el jardín con el viento fresco de la tarde” (Rubem Alves)
Regresando de una semana intensa donde he compartido un curso de introducción a la teología de la liberación en San Luis Potosí, México, recibo consternado la noticia que dice: “Rubem Alves ha fallecido”. Y no es verdad. Rubem sólo ha partido hacia un abrazo eterno con el Misterio y la Alegría de su vida, Dios. Quise llorar y no pude. Deberé hacerlo en algún momento. Probablemente Rubem no me lo permita. Creo que le sonaría irreverente. Sí, estoy triste. Un ser humano extraordinario como Rubem…un genio, nos deja huérfanos. Pero nos ha legado este cúmulo de pensamientos, dudas, búsquedas y afirmaciones.
Esa sonrisa única, y aquellos ojos vivaces, expresivos y conspiradores no se pueden olvidar. Dotado de una imaginación fecunda, Rubem fue portador de sueños y utopías a granel. Era un buceador de aventuras inéditas plasmadas en cuentos y poesías. Con su locuacidad e intensa conversación nos llevaba de la mano al mundo de las maravillas. Un día dijo que era necesario dejarse sorprender por el espanto, el asombro…la sorpresa. Y presentó en Buenos Aires las conferencias en la Cátedra Carnahan en ISEDET, septiembre de 1981, bajo el título, Teología como juego (Buenos Aires, La Aurora, 1982). Las provocaciones, en su mejor sentido, fueron muchas. Se comentó por toda Latinoamérica esta innovadora perspectiva teológica. Rubem ya no quiso hacer más “teología académica”: “He sido poseído por un espíritu extraño que ha echado a perder mi reputación académica”.
En estas breves líneas, que son un tributo a este brasileño portador de la “saudade” y la “brincadeira”, deseo subrayar algunos perfiles de su personalidad y su obra como teólogo, poeta y filósofo. Lo haré relatando algunas anécdotas, fruto de experiencias compartidas.
Rubem ha sido un “protestante obstinado”, como él mismo lo afirmara. Esa afirmación está cimentada en una profunda convicción de que ser protestante es una forma de vivir, de buscar, cantar, afirmarse en la “libertad de Dios”, para de esa manera liberar la conciencia con el espíritu que también libera toda la creación. Ser protestante significa vivir entre la nostalgia y la esperanza (Dogmatismo y tolerancia, Sao Paulo: Ediciones Paulinas, 1982, 9-20).
Ese artículo es la versión portuguesa de una ponencia que Rubem compartió en el VIII Encuentro Latinoamericano de CEHILA, Lima, 1980. El título, muy sugestivo, de la ponencia es: “Las ideas teológicas y sus caminos por los surcos institucionales del protestantismo brasileño”. Apareció en el tomo editado por Pablo Richard, Materiales para una historia de la teología en América Latina. San José: DEI, 1981, 343-366. En ese simposio se incluyó una sección sobre historia de la teología protestante en América Latina con una ponencia de Jean-Pierre Bastián sobre el protestantismo en México y otra sobre el protestantismo en Puerto Rico por este servidor. El debate fue intenso y provechoso. Leopoldo Cervantes-Ortíz considera este período (1975-1982) en la trayectoria intelectual de Rubem como uno de búsquedas. El libro de Leopoldo es una síntesis bien lograda del pensamiento de Rubem, publicado bajo el sugestivo título: La teología ludo-erótico-poética de Rubem Alves. Quito: CLAI, 2003. Rubem escribe una reflexión en ese libro, llena de gratitud a Leopoldo, por la valiosa contribución del mismo, con el título poético, “La belleza de los pájaros al volar…”
Cuando leí por primera vez estos ensayos en versión portuguesa, que Rubem llamó autobiográficos, recordé los lugares en que Rubem los había compartido previamente. Las oportunidades se dieron en aquel simposio de 1980 y posteriormente en 1982 en Manaus, durante una reunión del equipo protestante de CEHILA. Yo fungía como coordinador protestante de CEHILA e invité a Rubem para que nos ayudara a reflexionar sobre el protestantismo latinoamericano y caribeño. Tuvimos la oportunidad de compartir extensamente durante aquella semana. Uno de los momentos más luminosos fue cuando un sacerdote salesiano, amigo de Rubem, nos llevó a una comunidad de base en Manaus. Para nuestra sorpresa el presidente de la comunidad, el “Tío Bernardino”, nos recibió con mucho entusiasmo y expresó: “Si Uds. como pastores protestantes, protestan contra las injusticias que se le infligen a los pobres, entonces son verdaderamente protestantes y bienvenidos a esta comunidad”. Esa tarde hubo alegría, cántico y al final una gran cena. Rubem y yo compartimos unas palabras, y culminamos en un gran círculo de amistad.
Entonces, en 1988, durante la Asamblea General del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) en Indaiatuba, Brasil, se presentó un número especial de la revista del ISER, 32, 1988, Río de Janeiro, bajo el título,”Sobre deuses e caquis. Teología, política e poesía en Rubem Alves.” Un grupo de teólogos y teólogas le rendían un merecido reconocimiento a Rubem. Curiosamente, en una reunión del comité ejecutivo y secretariado del CLAI en Sao Paulo, Brasil, en 1985, Rubem había hablado de los caquis, esa fruta gustosa, como él decía, que trajeron los japoneses a Brasil. Con ese humor y sentido poético de la vida, Rubem inició su charla, con un caqui en la mano y elaborando su reflexión alrededor de aquella fruta.
Esa noche en Indaiatuba Rubem magistralmente, y lleno de alegría, provocó la risa…y la seria reflexión a las personas que nos congregamos con devoción a escucharle. Aquí tengo en mis manos la copia de esa revista de ISER, con una dedicatoria de Rubem: “Para o Carmelo, em memoria de días de prazer em Manaus”.
Rubem Alves, poeta de Dios, hermano en la angustia y la esperanza, maestro de la vida. Te vamos a extrañar. Te vamos a recordar. Esa sonrisa y esos ojos llenos de nostalgia y asombro, nos ayudarán a emularte. Intentaremos “saber” más y “vivir mejor”. Tu sabiduría nos acompañará. Ciertamente en el festín mesiánico con Dios estás. Esa convicción hace más llevadera tu ausencia.

* Carmelo Álvarez, misionero y profesor de la historia del cristianismo. Es conferencista y asesor teológico como consultor en educación teológica en Latinoamérica y el Caribe, nombrado por la Junta de Ministerios Globales de la Iglesia Cristian (Discipulos de Cristo) y la Iglesia Unida de Cristo en Estados Unidos.

Fuente: Lupaprotestante, 2014.

domingo, 9 de marzo de 2014

La Teología de la Liberación, la Hija Pródiga

Por. Leonardo de Chirico, Italia*
Ya no se la considera como una pseudo teología empapada de la ideología marxista, sino una hija plenamente reconocida de la Iglesia.
Hubo un tiempo, hace sólo unos pocos años, cuando la simple referencia a la “Teología de la Liberación” hacía arquear muchas cejas en el Vaticano. Aquellos tiempos ya han pasado. Lo que se percibió e incluso se denunció públicamente como una de las más peligrosas amenazas a la que se enfrentaba la Iglesia Católica, se ve ahora como una legítima, por no decir también necesaria, corriente de su vida en constante expansión.
 La Teología de la Liberación como era entonces
 “La Teología de la Liberación”  es el título de un influyente libro publicado en 1973 por el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez en el cual defendía la idea de que la teología debería estar al servicio de la liberación “integral”, es decir, la libertad económica y espiritual que surgiría como resultado de la justicia social. Era una nueva forma de hacer teología que priorizaría más el clamor de la gente “desde abajo”, que las expectativas de la jerarquía eclesiástica intelectual “desde arriba”. Haría su camino de abajo hacia arriba más bien que de arriba hacia abajo y consideraría a los pobres como el principal actor teológico antes que recibir el final de las decisiones tomadas por los ricos. También denunciaría como opresivo el  status quo  capitalista que en cambio la Iglesia Católica ha asumido en Latinoamérica. Otros destacados exponentes son Leonardo y Clodoveo Boff de Brasil, Jon Sobrino de España y Juan Luis Segundo de Uruguay.
Sus críticos relacionaron la Teología de la Liberación con la ideología marxista, la antropología materialista y la política revolucionaria, que cambiaría drásticamente la enseñanza y la práctica tradicionales de la Iglesia. La Iglesia Católica reaccionó enérgicamente contra la misma. Juan Pablo II, al tiempo que “de palabra” aparentaba estar de acuerdo con las inquietudes expresadas por la Teología de la Liberación, fue muy activo en tratar de silenciarla tanto como pudo. A mediados de la década de los ochenta su perro guardián teológico, el Cardenal Ratzinger, entonces a cargo de la Congregación para la Doctrina de la Fe, trabajó muy duro para limitar su influencia. Esos días se han acabado. ¿Por qué?  Mutatis mutandis , ¿la Teología de la Liberación ha cambiado su mensaje fundamental o la Iglesia ha modificado su postura? Lo último parece ser lo cierto.
 La Teología de la Liberación como es ahora
Dos variaciones sustanciales han hecho posible este cambio. Una es, por supuesto, que desde el año 2013 el Papa es latinoamericano. Si bien no se puede clasificar a Francisco como liberacionista, comparte, no obstante, la preocupación por los pobres, el interés por los límites del mundo y el reconocimiento del catolicismo popular. El, sencillamente, parece que no ve las categorías marxistas funcionando en y mediante lo que la Teología de la Liberación intentaba articular. El “Evangelio suave” del Papa pone menos énfasis en los temas ideológicos y teológicos y al hacerlo así ha suavizado significativamente la controversia. El otro cambio es que el actual dirigente de la Congregación para la Doctrina de la Fe es el Cardenal Gerhard Ludwig Müller (desde 2012), alemán al igual que Ratzinger pero, a diferencia de su predecesor, discípulo y admirador de Gustavo Gutiérrez. Roma está ahora en la posición de valorar de nuevo la Teología de la Liberación, incluso más allá de las pasadas evaluaciones críticas y las medidas disciplinarias.
Dos libros recientes escritos por Müller ilustran la forma en que el Vaticano contempla ahora la Teología de la Liberación desde una perspectiva completamente diferente. “ An der Seite der Armen: Theologie der Befreiung”  (Del Lado de los Pobres: La Teología de la Liberación) es un título alemán que el Cardenal escribió en 2004 con el propio Gutiérrez. “ Povera per i poveri: La missione della chiesa”  (Pobres para los pobres: La misión de la Iglesia) es un título que acaba de publicarse en 2014 por la Vatican Press.
En estos libros tan sofisticados, Müller argumenta que la Teología de la Liberación es una teología “regional” que encuentra su hogar en la “catolicidad” de la Iglesia Romana y continúa con la teología clásica de la iglesia. Fue precedida por la  Nouvelle Théologie  (Nueva Teología) la cual antecedió al Vaticano II y con posterioridad fue preparada por la teología de Karl Rahner. Desde Henri De Lubac, la Teología de la Liberación aprendió que la gracia obra dentro de la naturaleza y no fuera de ella. Desde Rahner adoptó la idea de que la gracia se encuentra ya en la naturaleza y no es algo ajeno a la misma. Desde el punto de vista de Müller, la Teología de la Liberación es una aplicación regional de lo que la corriente principal de la teología católica había ya afirmado antes y después del Vaticano II.
La Teología de la Liberación ya no se considera como una pseudo teología empapada de la ideología marxista, sino una hija plenamente reconocida de la Iglesia que se tomó seriamente la reorientación que el Vaticano II dio a la teología católica y la puso en práctica en el contexto particular de Latinoamérica. Este es el último ejercicio de la catolicidad romana, por el cual algo que está en aparente conflicto es visto en su lugar como una parte del todo, o sea, la síntesis católico romana. 


Fuente: Protestante Digital 2014

viernes, 11 de octubre de 2013

Seminario e Iglesia: ¿Espacio de igualdad o de exclusión?

Por. Luis Eduardo Cantero, Argentina*
Es indudable que mucho del quehacer teológico que se estructura en las iglesias surge en gran manera de la educación teológica recibida en las facultades de teología de las diferentes confesiones religiosas (…).
En Argentina hay muchos seminarios e institutos de formación ministerial, los hay para todo tipo de opción. Como en Colombia, existen fundaciones universitarias teológicas, antes seminarios, institutos o escuelas de formación pastoral, prácticamente de todas las confesiones evangélicas que tienen cierta representatividad debido al número de miembros o iglesias.
El objetivo de esta reflexión no pretende analizar ni juzgar a priori las diferentes confesiones o instituciones. Pero, ya que colaboro en algunas de ellas, como la Fundación Universitaria Seminario Teológico “A”, Seminario “B” e Institutos Bíblicos AD y Wesleyano de Colombia y de América Latina,[i] sí puedo afirmar que el currículo de dichas instituciones educativas mantiene programas bíblicos, teológicos y pastorales de calidad, aunque reducidos a un quehacer teológico denominacional y a afianzar los dogmas o confesiones de cada una de ellas, que pueden ser conservadoras clásicas, carismáticas o neopentecostales, lo cual las lleva, de alguna manera, a ignorar las diversas realidades del país.[ii]
Se imparten asignaturas que eluden incorporar un apoyo más integral a la hora de enfrentar problemas sociales graves, como pueden ser el desempleo, los desplazados, etc., así como situaciones de comunidades eclesiales específicas que requerirán nuevos modelos pastorales capaces de atender todas las necesidades de sus miembros y de los que parecen excluídos: las lesbianas, los homosexuales, los no creyentes, los políticos, entre otros. Es urgente, por tanto, la revisión de nuestros currículos educativos y el análisis honesto y serio de los contenidos programáticos, y considerar si éstos tienen que ver con pura información, o más bien tienden a establecer puentes contextuales y pertinentes para el desarrollo de los diferentes ministerios y de los dones de las personas que se capacitan en dichas instituciones; sin olvidar la búsqueda de una vida mas plena para el género humano en el cumplimiento de la misión del Reino de Dios.
¿Y las iglesias por donde van?
A partir de los años 60 y 70 del siglo pasado, debido al gran auge de la teología de la liberación en América Latina que irrumpió en nuestro país, en especial en Medellín, las iglesias evangélicas fueron desafiadas a plantearse nuevos modelos beligerantes unidos al nuevo proyecto de liberación. Esto ocasionó divisiones internas en varias denominaciones históricas, entre ellas la presbiteriana y la interamericana.
Hoy, las divisiones son de carácter neopentecostal, con una tendencia de expulsión de demonios, culto de sanación, apostolado y teología de la prosperidad en las iglesias con tradición conservadora, por ejemplo, y para citar algunas: las iglesias bautistas, interamericanas, bautistas independientes, presbiterianas, anglicanas, Alianza Cristiana Misionera,  etc. El resultado de esta batalla campal e ideológica fue la creación de dos bloques: uno liberacionista, que optaba por el proyecto liberador, y otro conservador, que optaba por el dogma (actualmente estos dos bloques continuan, y se ha añadido un tercero que defiende la teología de la prosperidad).[iii]
Los sectores fundamentalistas conservadores se  replegaron y se encerraron en sí mismos –todavía se mantienen en esa posición. El otro bloque, mas abierto, formado por las iglesias históricas presbiterianas e interamericanas de Laureles en Medellín (como por ejemplo en Colombia) han conseguido sobrevivir a pesar de la exclusión de los sectores fundamentalistas conservadores.
Esas iglesias que se insertaron en el proceso liberador fundaron centros de educación teológica con nuevos paradigmas de reflexión e iluminados por la teología de la liberación, tales como la solidaridad cotidiana expresada en compartir el dolor, la esperanza y la lucha de clases, así como la defensa de una vida y un salario dignos[iv]. En cambio, el bloque conservador se centró en fortalecer sus centros de formación teológica con el objetivo de contrarrestar dicho movimiento. El tema de la teología de la liberación empezó a debatirse “pues lo que siempre se vio como hijos de Dios, ahora se veía como desertores de la “Verdadera doctrina cristiana”, herejes, hijos del Diablo”[v].
A pesar de la riqueza temática liberadora que se generaba en ese momento, no se lograron grandes cambios en los sectores conservadores. El ámbito curricular de estas instituciones teológicas conservadoras continuaron centradas en la formación de líderes y pastores tradicionales. La critica al poder eclesial centralizado y a la exclusión de las mujeres, entre otras cosas, quedó archivado.
En la actualidad, no podemos hablar de democracia participativa en los diferentes sectores de la sociedad si en nuestras iglesias e instituciones educativas no existe una participación igualitaria de los sujetos sociales que las componen. Muchas instituciones eclesiales y paraeclesiales actuales desarrollan una fe puritana (con tendencia a la New Age hacia una mentalidad positiva reflejada en los sermones del éxito y del lucro), una visión espiritualista de la vida que procura conservar sus doctrinas y dogmas[vi] que excluye, en muchos casos, a mujeres, niños, desplazados y gays, entre otros.
Si realmente comprendiéramos la iglesia como cuerpo de Cristo y a cada uno de nosotros como miembros de ese cuerpo, o lo que es lo mismo, como parte esencial de una unidad comunitaria[vii], deberíamos profundizar, desde nuestros centros de formación teológica, en esta comprensión amplia de que el pueblo de Dios debe participar desde la igualdad en los diferentes ministerios de la misma. El apóstol San Pablo nos dice:
“(…) Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios y vosotros sois labranza de Dios, edificios de Dios”[viii].
A estas alturas nos podemos preguntar qué valor tiene esta reflexión. Sin embargo, nos parece relevante, ya que intentamos comprender el desafío al que nos enfrentamos. Si, como pastores, lideres y maestros evangélicos, queremos vivir como ciudadanos de segunda clase, como personas incapacitadas y pasivas que enseñan las cosas porque toca o, sencillamente, no hemos aprendido o no nos atrevemos a leer críticamente la Biblia, la historia y hasta nuestra propia teología, simplemente nos hemos convertido en loros que repiten un discurso de lo que oyen o han aprendido.
Si hubiésemos aprendido a hacer teología desde los presupuesto de la teología latinoamericana nos habríamos ahorrado un sinnúmero de palabreros (carismáticos, fundamentalista, etc.) que han provocado una división teológica (Teología de la prosperidad, de la unción, etc.) y no estructural de nuestras denominaciones evangélicas colombianas y latinoamericanas.  Pero, si queremos estar al nivel de otras teologías latinoamericanas necesitamos estar al lado de ellas; para lo cual, debemos liberarnos del miedo, del fundamentalismo, del qué dirán (…) [ix]. Como evangélicos latinoamericanos necesitamos creer y actuar basándonos en las demandas del Reino de Dios, con una nueva mentalidad, con una nueva disposición, despojándonos de nuestros complejos, nuestros temores y creyendo que todo lo podemos en Cristo que nos fortalece[x].

[i] De este grupo de instituciones de formación teológica, no incluyo a la Corporación universitaria Reformada de Colombia, antes Seminario Teológico Presbiteriano y Reformado de la gran Colombia, por ser una institución que ha sido la voz profética de la teología evangélica liberadora colombiana, además ha tenido históricamente un convenio firmado con la Universidad Bíblica Latinoamericana de Costa Rica, que le permitió reincorporar en sus programas los delineamiento de la filosofía y visión de la ubl. Amilkar, Ulloa, Oikoumene cetela.  Medellín: Catálogo de la comunidad de educación teológica ecuménica latinoamericana – caribeña, 1999, p: 108 – 115.
[ii] Luis Eduardo Cantero, “Educación teológica y género: Desafíos a las instituciones teológicas latinoamericanas evangélicas. Estudio de caso colombiano, en Revista Teología y cultura, año 9, vol 14 (noviembre, 2012), pp. 137 – 152.
[iii] Cantero, op., cit., p. 141
[iv] Ejemplo a citar PROMESA, hoy recinto universitario de la Universidad Bíblica Latinoamericana en Medellín y el Seminario Teológico Presbiteriano y Reformado de la Gran Colombia, hoy Universidad Reformada de Colombia, Barranquilla, ha firmado un convenio con otras universidades para ofrecer títulos de grado y postgrado: Especialización y Maestría. Estos centros, el tema de pobreza, marginación y exclusión empezó a debatirse pues lo que siempre se vio como un don divino era confrontado como fruto de la injusticia social. Amilkar Ulloa Entrevista Medellín: Promesa, marzo 20 de 1999.
[v] Joaquín, Espinosa  Diálogos ecuménicos.  Medellín: Iglesia Evangélica Interamericana, 6 de junio de 1999.
[vi] Pablo, Moreno  Una relectura de nuestros principios y creencias bautista a la luz de tiempos nuevos.  Medellín: Ponencia presentada en la XLVII Asamblea anual de la Convención Bautista colombiana, enero 5 – 9, 1997.
[vii] Véase Hechos 2: 44 – 47.
[viii] I Corintios 3: 8 – 9, Versión Reina Valera, 1960.
[ix] Luís Eduardo, Cantero,   “Desafíos teológicos para una eclesiología bautista contextual. Elementos fundamentales para hacer misión.” Revista signos de vida, CLAI, Quito, Ecuador, # 39 marzo (2006), p. 7 ss.
[x] Filipenses 4: 13, Versión Reina Valera, 1995.

*Luis Eduardo Cantero, pastor, teólogo y filósofo, Doctorando en Historia de América Latina por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, España.
 
Fuente: Lupaprotestante, 2013

sábado, 12 de noviembre de 2011

ENTREVISTA CON JOSE COMBLIN

Primera parte:


Segunda parte:

Tercera parte:

Cuarta parte:

Quinta parte:

Sexta parte:

Septima y final:

Jose Comblin, sacerdote, teologo conversa con warken

viernes, 2 de enero de 2009

Cantar en tierra propia, ¿Se hace imposible para la Teología de la Liberación hoy?

Por. Obed Juan Vizcaíno Nájera. Venezuela.
Comunidad Reformada de Maracaibo.

¿Cantar canciones del Señor en tierra extraña?
(Salmo 137: 4)

Lo que en el campo de la política está aconteciendo en la America latina, pareciera que ha dejado sin palabra y sin acción a amplios sectores fundamentales de la izquierda tradicional y de la Teología de la Liberación en nuestro continente. Lo político ha caminado más rápido en el camino de la liberación de los pueblos, que otras manifestaciones que fueron emblemáticas en las luchas sociales en otras décadas pasadas y que han caído en el letargo, en la desesperanza y en la conformidad.
Sectores emergentes de diversos grupos sociales, han tomado la vanguardia de la lucha por la liberación de los pueblos, dejando muchas veces a amplios sectores de la izquierda tradicional y a la Teología de la Liberación, sin banderas y sin un accionar propio y acorde co los acontecimientos históricos que suceden en nuestros países.
Lo mismo ha sucedido con sectores que tradicionalmente se han identificado con la Teología de la Liberación, han asumido una actitud crítica en contra de los procesos que vive actualmente nuestro continente. Ellos y ellas, al no lograr capitalizar los procesos políticos que vive nuestro continente, se han dado a la tarea de descalificarlo y de aliarse inexplicablemente con las fuerzas de derecha que los adversa.
En Venezuela, los exponentes más importantes de la Teología de la Liberación, estaban representados en sectores católicos y en comunidades eclesiales de base con fuerte influencia de los Jesuitas. En el sector protestante estaban presentes en comunidades, pastores y líderes, de las Iglesias llamadas históricas, aunque en los actuales momentos hay pequeños e importantes expresiones de la Teología de la Liberación en Iglesias Presbiterianas, Luteranas, Anglicanas, Evangélicas. Debemos reconocer que siguen presente y con fuerza en la Unión Evangélica Pentecostal de Venezuela (UEPV), quienes han mantenido con constancia el trabajo con las comunidades mas pobres del occidente de nuestro país.
Mucha gente, sobre todo en las Iglesias llamadas históricas del protestantismo, que se identificaba en Venezuela con la Teología de la Liberación, ha sufrido un cambio inexplicable, que solo se puede interpretar como una conversión de fe hacia la derecha, que los ha llevado a oponerse con vehemencia e irreflexiblemente, al proceso de cambio que se está dando en Venezuela y en gran parte de la America Latina.
No pudieron cantar debidamente y a buen tono en nuestra tierra, cuando se le consideraba el traspatio del imperio. Ahora no pueden cantar, porque se acostumbraron tanto a su silencio, que extrañan los tiempos de las ollas llenas de carne y cebollas, de la dominación política, ideológica y económica, del imperio sobre nuestros pueblos.
Es que la lucha liberadora de algunos sectores de la Teología de la Liberación en Venezuela, no pasó a ser más que una serie de usos de clichés de algunos personajes notables, que promocionaban su propia imagen o la de sus grupos y de los textos que ellos y ellas escribían y que se vendían y discutían en ciertos sectores religiosos elitescos y poco permeables.
Este mismo proceso, se dio, según sus características ideológicas y políticas particulares, en ciertos sectores de intelectuales en la izquierda tradicional venezolana. Ya lo Decía Paulo Freire, que el oprimido retrata en su mente la imagen del opresor. Ellos y ellas, al ver que los procesos revolucionarios se están dando, gracias a Dios, sin su concurso, asumieron una actitud que primero fue de desconfianza, luego pasó a ser de abierta traición y violencia, aliándose con los sectores más reaccionarios de la derecha endógena y con el imperialismo.
Los nuevos sujetos que emergieron en el quehacer de la política latinoamericana, dejaron sin banderas ideológicas a amplios sectores políticos tradicionales. A estos, no les quedó otra acción mas, que aliarse a muchos grupos de la oposición liderada por las derechas en muchos de nuestros países.
Solo les quedó a los antiguos exponentes de la Teología de la Liberación en Venezuela y en muchas partes del continente, aliarse con la derecha y a muchos otros grupos extremistas o simplemente guardar un inexplicable silencio, en la supuesta esperanza de llegar a rescatar su rol de intelectuales, para seguir analizando desde un supuestamente marxismo inocuo y domesticado, a la sociedad capitalista opresora, pero sin combatirla, sin cambiarla.
Ellos y ellas, hicieron ineficaz al texto bíblico y a las aspiraciones de los pueblos a ser libres. Traicionaron el pensamiento y la acción de todos aquellos y aquellas que murieron en manos de los regimenes de fuerza o supuestamente democráticos que gobernaban a nuestro continente. Con esa traición se hicieron cómplices, se les ha secado la mano derecha y se les han pegado sus lenguas a los paladares.
América latina sigue siendo tierra extranjera para muchos sectores políticos y religiosos que una vez se identificaron con la Liberación.
Ciertos sectores de la Teología de la Liberación, siguen percibiendo a la America Latina como tierra extraña. No han querido o no han sabido entender que aun en ese tiempo que vivimos la cautividad babilónica, a la cual nos sometió como pueblo el imperialismo, Latinoamérica era y sigue siendo nuestra tierra. Se concibieron a si mismos como extranjeros, esclavos y exilados y perdieron toda esperanza de liberación.
Pasaron a convivir con los opresores, a cambio de beneficios, una universidad por aquí, un obispado por allá, una escuela, una fundación, una ONG, algo que les permitiera sobrevivir ensimismados, como una clase intelectual especial más, o en medio de las clases sociales mas privilegiadas como pedagogos de nuevos opresores o de las nuevas generaciones de políticos de derecha.
Se convirtieron en una especie de elites de intelectuales que encerraron a la Teología de la Liberación en los corrales de los encuentros estériles y de poca trascendencia de algunos privilegiados o privilegiadas, con formación académica en los mejores Seminarios o Universidades de nuestro continente y de Europa.
La Teología de la Liberación que nace de la reflexión y praxis de las comunidades pobres de nuestro continente, quedó prácticamente prohibida para quienes le dieron origen y verdadera trascendencia. Por lo menos así lo creyeron ellos, los intelectuales. El Pueblo, hombres y mujeres de todos los niveles, le fueron dando otro sentido y otros significados a los procesos de liberación que trascendieron por necesidad histórica, cultural y social, los limites de las organizaciones eclesiásticas en los cuales estuvieron en una especie de cautividad.
Ellos y ellas, los teólogos de la liberación tradicionales, se percibían como en tierra extraña, porque permitieron que la propaganda del imperio los doblegara. En la profundidad de su pensamiento, en su conciencia jugaron durante varias décadas a la política del Gatopardismo: "Cambiar las cosas para que no cambien nada". Paradoja expuesta en la novela El Gatopardo, del escritor italiano Giuseppe Tomaci Di Lampedusa (1896-1957).
La cita original expresa: "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie".
-"¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado".
-"…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está".
Desde entonces, en ciencias políticas se suele llamar gatopardista al político, reformista o revolucionario que cede o reforma una parte de las estructuras, para conservar el todo sin que nada cambie realmente (Lampedusa, Giuseppe Tomaci Di El Gatopardo. Buenos Aires: Longseller, 2002).
La Teología de la Liberación tiene la obligación de definir su ethos, en esta Latinoamérica que construye su camino de liberación.
La voz y sentimiento de la Teología de la Liberación, no pueden seguir siendo la voz y sentimiento del salmista del Salmo 137. No se puede seguir esperando pasivamente al Mesías o Mesías que vengan a destruir al imperio. No podemos mantenernos en el balbuceo y en el llanto doloroso y sin sentido de quienes se sentaban a las orillas de los ríos de Babilonia a esperar a un Mesías que les liberara.
No podemos hoy, sentarnos a las orillas del Amazonas, del Orinoco o de cualquier otro río nuestro a esperar que nuestra liberación caiga del cielo o la construyan otros y otras. El pueblo todo, es el artífice o Mesías verdadero de su propia liberación.
Es urgente, que la Teología Latinoamericana de la Liberación, comience a construir su Ethos, para que pueda tener un punto de partida que la ubique a la altura de los acontecimientos que están sucediendo en toda América latina.
Tiene que romper el silencio impuesto por una intelectualidad indigna, que se ha aliado con los centros de poder y con las oligarquías en todo nuestro continente. El nuevo Ethos debe significar, en este nuevo nacimiento de la Teología de la Liberación, la residencia, morada, lugar donde se habita, pertenencia y pertinencia.
Debe tener, la Teología de la Liberación, un nuevo punto de partida, en este caso decimos que es la Latinoamérica actual. Este nuevo pensar la Teología de la Liberación, no puede ser forzosamente concebida bajo los mismos paradigmas que la caracterizaron en tiempos pasados, que la llevaron al silencio cómplice, en el cual cayó en las décadas de los ochenta y noventa, en busca de prebendas que la llevaron a perder su rol protagónico en estos procesos de liberación latinoamericanos.
Quedó enclavada metodológicamente, la Teología de la Liberación, en el episodio del Éxodo, sin darse cuenta que ya el pueblo había llegado a la entrada de la tierra prometida, al tiempo esperado de la Liberación. Es por eso que ha muchos antiguos intelectuales de la Teología de la Liberación, no se les ha permitido ni se les permitirá, sino ver a esa Nueva America, ese Mundo Otro desde la distancia.
Toca ahora poner a la Teología de la Liberación, a tono con las Teorías del Socialismo del Siglo XXI, para que verdaderamente rescate su rol de Teología Endógena, criolla y sin mediaciones de ningún tipo del quehacer teológico tradicional noratlantico. Debemos concebir al pueblo de Dios, desde la perspectiva del Nuevo Testamento, desde el mismo momento de la encarnación del Dios de las bienaventuranzas y desde el caminar de la Iglesia de los Hechos de los Apóstoles.
Ahora, la teología de la liberación, debe comprender que el pueblo de Dios ya no se enfrenta a inofensivos e inmóviles dioses de piedra, madera o yeso, con bocas silenciadas, oídos sordos y ojos ciegos. Ahora, la idolatría que hay que enfrentar, es la idolatría todopoderosa del mercado, de la globalización, del consumismo, del militarismo. Ya no son simples becerros de oro, ahora nos enfrentamos a un imperialismo que se presenta militar e ideológicamente, como "cristiano", "civilizador" y como luchador por la "verdad y la democracia".
Se derrumbaron los impotentes ídolos de pies de barro, ahora nos enfrentamos directamente, como en los tiempos apocalípticos, al mismo Satanás y a sus bestias representadas en las trasnacionales y en los gobiernos del mundo "noratlantico y desarrollado".
La Construcción del Ethos de la Teología de la liberación, es la necesidad de reconstruirse a si misma como Teología Bíblica y pertinente, que tenga voz y acción válida, en nuestra realidad actual, en la Latinoamérica que lucha por su liberación y su integración como patria grande.
Debe superar la Teología de la Liberación, aquellos viejos esquemas que no le permitieron asumir el rol liberador que Dios le había asignado en décadas pasadas, porque fueron expropiados hábilmente de la mano del pueblo, por grupos de profesionales y libres pensadores de la teología profesional.
La Teología de la liberación, debe reconocer otros protagonistas que no tenían la fuerza que tienen hoy en la construcción de los procesos liberadores de nuestro continente. No es que no los conocía, sino que no tenían la relevancia que tienen hoy.
Entendemos al Ethos, como la Construcción de un Nuevo punto de partida, el despertar al otro y a la otra, que percibimos igual o diferente a nosotros y nosotras, a la toma de conciencia de nuestro entorno geográfico, cultural y social. Es el fundamento de la Praxis, algunos lo definen como la raíz de donde nacen todos los actos humanos. No es coincidente que sea este concepto el que de origen a la ética como ciencia y como conducta de los seres humanos.
Por eso concebimos la construcción del Ethos de la Teología de la Liberación, como la definición necesaria y pertinente de su lugar y su tiempo (despertar a su Kairós), la apropiación de los nuevos paradigmas políticos e ideológicos y la construcción de nuevos referentes bíblicos (Epistemología liberadodora), debe tener una actitud antiimperialista, un compromiso con el desarrollo endógeno, debe reconocer a otros nuevos actores, mas allá de los tradicionales reconocidos en la antigua praxis de la Teología de la Liberación.
Todo intento de reconstrucción de la Teología de la liberación, debe estar inmersa en la concepción de un nuevo Ethos, o punto de partida epistemológico y praxiológico, que la ubique en concordancia con los acontecimientos políticos, ideológicos, culturales y económicos, que están sucediendo en Venezuela, en nuestro continente y en el mundo.
Para la Teología de la Liberación actual, es mas apropiado el texto del Salmo 30, cuando en su explosión de alegría dice:
Señor, yo te alabo porque tú me libertaste, porque no has permitido que mis enemigos se burlen de mí. Señor, mi Dios, te pedí ayuda, y me sanaste; tú, Señor, me salvaste de la muerte; me diste vida, me libraste de morir. Ustedes, fieles del Señor, ¡cántenle himnos!, ¡alaben su santo nombre! Porque su enojo dura un momento, pero su buena voluntad, toda la vida. Si lloramos por la noche, por la mañana tendremos alegría. Yo me sentí seguro, y pensé: "Nada me hará caer jamás." Pero tú, Señor, en tu bondad me habías afirmado en lugar seguro, y apenas me negaste tu ayuda el miedo me dejó confundido. A ti, Señor, clamo; a ti, Señor, suplico: ¿Qué se gana con que yo muera, con que sea llevado al sepulcro? ¡El polvo no puede alabarte ni hablar de tu fidelidad! Señor, óyeme y ten compasión de mí; Señor, ¡ayúdame! Has cambiado en danzas mis lamentos; me has quitado el luto y me has vestido de fiesta. Por eso, Señor y Dios, no puedo quedarme en silencio: ¡te cantaré himnos de alabanza y siempre te daré gracias!
Fuente: Obed Juan Vizcaíno Nájera.
Comunidad Reformada de Maracaibo.

viernes, 22 de agosto de 2008

La Teología, Espiritualidad, Liberación y Bolivarianismo

Por Obed Juan Vizcaíno Nájera. Maracaibo- Venezuela.

Toda transformación social, ideológica, cultural y política, lleva implícita dentro de si varios factores que la definen. La Revolución Bolivariana, tiene implícitos algunos factores que la definen en su contexto histórico y geográfico. Tiene la Teología de la Liberación, como uno de sus componentes fundamentales y pertinentes a la espiritualidad, entendiéndola como todo aquello que la trasciende materialmente.
¿Cómo podríamos nosotros definir una espiritualidad bolivariana en un proceso que es eminentemente político?
Se dice, que todo lo que el ser humano hace es cultura, también todo ser humano y todo proceso humano tiene una espiritualidad, que se concibe como creación intelectual, como producto del quehacer diario de personas como parte de un contexto político, social, cultural, religioso, entre otros.
La Revolución Bolivariana, tiene una profunda espiritualidad que la hace muy particular entre otras las revoluciones. Nace como una Revolución cristiana, en una sociedad que se ha definido como tal. También se complementa con todo aquel rico aporte de la espiritualidad y la cosmovisión, de las comunidades indígenas y afrodescendientes, que le dan trascendencia universal.
La Revolución se define como cristiana, porque muchos de nosotros y nosotras que somos cristianos y cristianas comprometidos, nos declaramos Revolucionarios, Socialistas y Bolivarianos. Tenemos por lo tanto, una manera de concebir a la Revolución desde nuestra perspectiva bíblica, confesional, y desde nuestro contexto eminentemente espiritual.
La Revolución, para que pueda ser cristiana debe definir a Dios, como Dios encarnado en nuestros diferentes contextos. Tiene que ubicar a Dios entre los marginados, explotados, olvidados de nuestro pueblo. Nos ubica, como sujetos reales de las transformaciones y de la liberación. En nuestro contexto, Dios toma un rostro humano con características latinoamericanas. Logrando así mostrar su naturaleza multicultural, pluriétnica y polisemia.
Particularmente, para nosotros y nosotras los cristianos revolucionarios venezolanos, Dios vive y se manifiesta en nuestro contexto, en el pueblo, que por primera vez tiene posibilidades de acceder al poder para construir una Nueva Sociedad, ese Mundo Otro, o como lo llamamos desde el lenguaje bíblico, Reino de Dios.
Dios en nuestra realidad venezolana y latinoamericana, debe ser concebido como Campesino, indígena, afro descendiente, mujer, niño, niña, indigente, inmigrante- emigrante. Dios en nuestro contexto no puede tener otro rostro que no sea el de su propio pueblo. Toda espiritualidad Liberadora bolivariana, para que sea autentica debe estar encarnada en nuestra gente.
Toda Espiritualidad liberadora bolivariana, debe tener como objetivo la liberación, a través de la concienciación y luchas concretas de nuestras comunidades. Esto quiere decir, que la acción de esa espiritualidad debe darse en un contexto particular, debe tener una geografía en la cual se haga acción liberadora por los pobres y debe tener también un contexto temporal. Todo esto forma el Kairos o tiempo de Dios. Es por eso que toda acción liberadora debe hacerse desde el pueblo mismo, con las comunidades desde los procesos pedagógicos liberadores que surgen en la lectura popular de la Biblia.
Toda espiritualidad tiene su razón de ser, la nuestra en este contexto revolucionario bolivariano y latinoamericano, tiene como finalidad la construcción de la Nueva Humanidad, como fundamento de la construcción de la Nueva Sociedad o Reino de Dios.
Siguiendo el ejemplo de Jesús, el Emmanuel, el Dios con rostro humano, la mejor forma de mostrar a la gente el rostro humano de Dios, es mostrar desde nuestras Comunidades de Fe, nuestro rostro solidario con los que sufren, con los explotados, con los marginados en cualquier parte del mundo.
Nuestra espiritualidad liberadora, debe rescatar el texto bíblico, como palabra de Dios que se encarna en el pueblo y se hace vida y liberación, desde el pueblo mismo. La Biblia se convierte en guía y método de liberación.
La espiritualidad que es liberadora, rescata el verdadero sentido de ser Comunidad de fe, reconstruye a la Iglesia restituyéndole su verdadera función de comunidad terapéutica, integradora, pedagógica, igualitaria y liberadora.
La espiritualidad liberadora, es profundamente Ecuménica, ella debe construirse desde la base de la unidad verdadera de los hombres y mujeres de buena voluntad. Debe abarcar a los que creen y a los que no creen como nosotros y nosotras. No puede encerrarse en los reduccionismos denominacionales o confesionales, sino que debe trascender los ghettos religiosos y culturales de todo tipo. La espiritualidad liberadora apunta hacia la construcción de la Nueva humanidad, esta trasciende a nuestras parcelas y estancos particulares.
La Espiritualidad Liberadora, debe ser verdaderamente revolucionaria, estar comprometida con la transformación de la humanidad y de nuestras sociedades capitalistas en particular, en las cuales se ha impuesto la idolatría del neoliberalismo consumista y salvaje y explotador.
Debe apuntar hacia el cambio de la sociedad, pero debe tener un objetivo más amplio, que no puede ser otro que la transformación de todo el mundo frente a la destrucción global, la explotación, las guerras, la exclusión, a lo que lo ha llevado el imperialismo y el neoliberalismo.
La Espiritualidad Revolucionaria, es profundamente Socialista, está basada en la igualdad de todos los seres humanos. Su fin único es acabar con las divisiones de clases, con los odiosos privilegios de unos pocos ante las carencias de muchos. Es socialista, porque sigue el ejemplo de Jesús, Dios con nosotros y nosotras, que se hizo humano, para construir desde nosotros y nosotras nuevas relaciones de poder y de solidaridad.
Es bolivariana, porque se encarna en un pueblo, en Latinoamérica. Pueblo que ha luchado siempre por su liberación política, económica, cultural, ideológica, tomando los ideales de Bolívar, San Martín, Artigas, Manuelita Sáenz, Sandino, el che y otros y otras que nos heredaron una patria.
Es anti imperialista, porque toma las banderas de la liberación, de la multipolaridad y de la democracia genuina que nace de la verdadera voluntad de los pueblos, al darle a este todo el poder para que puedan lograr su transformación real.
Debemos oponernos como cristianos, cristianas, revolucionarios y revolucionarias, a todo intento de dominación de los pueblos del mundo y trabajamos por la Construcción de ese mundo otro, imprescindible y necesario.
Teología, Espiritualidad, Liberación y Bolivarianismo, son términos que para cada uno de nosotros y nosotras deben ser sinónimos de democracia, participación, integración y socialismo, sinónimo de construcción de un Mundo Nuevo o Reino de Dios.

lunes, 18 de agosto de 2008

Teología de la Liberación y la construcción de una Epistemología liberadora

El Rev. Obed Juan Vizcaíno Nájera, en su articulo analiza la situación actual de la Teología de liberación latinoamericana, sus problemas e invita a volver a recuperar los ideales que dieron origen al movimiento. Según el autor, la TLL sigue siendo una opción hoy para hacer emprender una pastoral social con los excluidos de la sociedad.
Por, Obed Juan Vizcaíno Nájera, venezolano*
No hay una Teología Liberadora si esta no está basada sobre los valores liberadores del Evangelio. Ese fundamento tiene su origen, primeramente en el conocimiento natural o primigenio que nace en la conciencia de los pueblos. Viene del despertar de la conciencia de los seres humanos, de una Iglesia que vive como fermento en medio de su pueblo, la lectura liberadora del texto bíblico. Cuando hablamos de Epistemología, lo hacemos muchas veces desde la concepción de la obtención o dominio de un conocimiento, que hemos llamado científico. Por lo general rechazamos otro tipo de conocimiento, que según nosotros y nosotras no tengan una base Científica. La Teología de la Liberación surge del reflexionar de un pueblo, en la Biblia y en el Redescubrimiento del Dios liberador, que se describe en todo su texto.
A la Teología de la liberación, le es urgente reencontrarse con ese saber popular, que por muchos años le dio pertinencia en toda la América latina. Cuando definimos hace algunos años a la Teología de la Liberación, fuimos a las investigaciones de otros y otras, pero también traíamos con nosotros y nosotras una larga experiencia de luchas y experiencias populares valiosísimas, un conocimiento práctico que le dio base y concreción, a un nuevo pensar la Biblia, como palabra liberadora de Dios. Dice Gustavo Gutiérrez, que Teología de la Liberación, es un acto segundo que emana de una experiencia de compromiso y trabajo, con y por los pobres, de horror ante la pobreza y la injusticia, y de apreciación de las posibilidades de las personas oprimidas como creadores de su propia historia y superadores del sufrimiento. Desde esa afirmación de Gustavo Gutiérrez, debe la Teología de la Liberación, enfocar el estudio de una nueva base epistemológica, que tome en cuenta la realidad que estamos viviendo en América latina. Es por eso, que la Reconstrucción de los nuevos postulados de una Teología de la Liberación, no puede ignorar el aporte que han dado los diferentes grupos de referencia histórica, socia y cultural. Ellos y ellas son "los creadores de su propia historia y superadores del sufrimiento".
La Teología de la Liberación, es Teología, precisamente porque se nutre de esa fuente distinta de la que se han nutrido otras teologías modernas y porque entendió la necesidad de volver a la Biblia como texto guía de la Liberación. Ella se distancia de otras teologías de origen noratlantico, porque acude a los sabéres de las variadas comunidades que aportan sus experiencias y luchas, en la construcción del Reino de Dios. No se trata de rechazar al conocimiento académico, más bien se trata de rescatar el carácter popular de la Teología de la Liberación, como hecho propio y original de la América latina, para enriquecer y darle sentido a ese conocimiento científico. Nuestro pueblo se pensó a si mismo, primero como pueblo oprimido, luego se repensó como sujeto de su propia liberación. Para concebirse como sujeto liberador, tuvo que ir a sus fuentes históricas y beber de ellas. Es por eso, que la Teología de la Liberación debe percibirse como Polisémica, plurietnica y multicultural. La teología de la liberación tiene muchas fuentes, como variados son los rostros y acentos de nuestros pueblos.
1. Conoceremos la verdad y ella nos hará libres
Cuando hablamos de conocimiento, hablamos de cuatro características fundamentales: El sujeto que conoce y se conoce a sí mismo, el objeto conocido, el hecho mismo de conocer y de los resultados obtenidos en esa labor de conocer. Partiendo de estos cuatro puntos, analicemos al sujeto, que en este caso es la humanidad misma. La historia de la Humanidad, ha sido una larga sucesión de hechos que han dado lugar a acontecimientos que han forjado la historia de los diferentes pueblos y culturas alrededor del mundo. El ser humano es imagen de Dios o elemento fundamental de la historia. Los seres humanos tenemos capacidades de razonamiento y de dar soluciones a los múltiples problemas que se nos presentan en la vida. Tenemos capacidad para lo bueno, para las artes, para el trabajo, pero también tenemos capacidades para otras cosas, no tan constructivas. Los seres humanos tenemos la capacidad de potenciar nuestras habilidades naturales, para nuestro bien y el bien del resto de la humanidad, también en prejuicio de esta.
El hombre y la mujer, como imagen de Dios, tienen la capacidad de construir el bien común, a través de la experiencia y el conocimiento. Tenemos la capacidad y la inteligencia de cambiar aquellas condiciones naturales o no, que nos perjudican o que no nos benefician. Por lo tanto, si hablamos de los pobres como sujetos de liberación, debemos estar concientes de la capacidad que tienen como sujetos de conocimientos y cambios. Pablo Freire, define al ser humano como seres biológicos e históricos, afirma que la condición de ser histórico se obtiene solo cuando el hombre o la mujer, se descubren en relación con otros seres humanos y con su contexto. También define freire a los seres humanos como seres de Relaciones y Contacto.
Para Freire, El ser humano es fundamentalmente un ser de relaciones, no tan solo un ser biológico de contacto. Al ser un ser de Contacto, lo define, como un ser meramente vegetativo, irreflexivo, incapaz de optar por cambios, sometido a la voluntad y requerimiento de otros u otras, desarraigado, inmerso en el anonimato. Por lo tanto, un ser así para Freire, vive, no existe.
Al ser de relaciones, freire, lo describe por su pluralidad, su capacidad crítica, trascendencia, temporalidad y consecuencia. La dialigicidad del ser humano, se descubre en el contacto e interacción con el otro y la otra. Para Freire, el dialogo, es una acción humana que revela a la palabra, como algo más que un medio, es el elemento que permite la Acción y la Reflexión. Ella es el mejor vehiculo de encuentro y reconocimiento en igualdad de condiciones, entre los seres humanos. La Teología de la liberación, debe construir su nueva base epistemológica, desde la perspectiva del encuentro de los seres humanos y sus relaciones con sus variados contextos. Esa base de conocimiento debe estar arraigada en sus raíces populares, primigenias, originales. Debe ser una creación necesaria y fundamentalmente dialógica.
2.Volviendo a las fuentes
Nada más romántico que esta frase, pero es absolutamente necesaria. La Teología de la liberación, tiene la urgente responsabilidad, de volver a sus fuentes, para poder seguir siendo pertinente, en un mundo en el cual sus principales oponentes en décadas pasadas la relegaron a un papel decorativo y referencial. La férrea disciplina eclesial de las jerarquías, tuvo sus efectos devastadores en el avance de a teología latinoamericana. Triunfó el silencio por sobre el deber ético. Deber de ser una voz clamando en el desierto, que permitiera al Cristo liberador, crecer en medio de las numerosas comunidades eclesiales de base, para convertirnos en la masa leudante, que condujera los procesos revolucionarios y de cambio, que se están dando en nuestro continente en la actualidad.
La Teología de la Liberación, debió ser, en esta Época de Cambio, elemento generador de los procesos políticos y de integración. que estamos viviendo en nuestro continente.
Cuando hablamos de las fuentes, nos referimos a volver a aquellos principios que hicieron de la Teología de la liberación, la única Teología Latinoamericana, y un referente valido de liberación alrededor del mundo. Esto quiere decir, que volver a las fuentes, es volver a ser originales, auténticos, comprometidos. Es volver a tener conciencia de pueblo, por lo tanto proponemos repensar los siguientes postulados epistemológicos de la Teología de la Liberación:
La salvación cristiana no puede darse sin la liberación económica, política, social e ideológica, como signos visibles de la dignidad del hombre. Algunos sectores que por décadas estuvieron fuertemente ligados a la Teología de la Liberación, hoy los vemos en vínculos muy fuertes y directos con los sectores más conservadores de América latina. Mantienen posiciones políticas que niegan este principio integral de liberación y lanzan su nueva ideología de una Teología de la Liberación, sin aquellos principios liberadores originales. En Venezuela, importantes sectores que una vez se identificaron con la Teología de la liberación, ahora están fuertemente aliados a los sectores de la derecha política más radical. Se han vuelto enemigos abiertos de este proceso revolucionario y en cierta forma se han convertido en la vanguardia ideológica de algunos sectores golpistas y contra revolucionarios.
Ellos y ellas creen que se puede hablar de una salvación-liberación cristiana, sin aspirar una liberación económica, política, social o ideológica. Acercándose así, a aquellos sectores religiosos que ellos se dieron a la tarea de denominar abiertamente como sectas. Muchos e importantes sectores, que una vez estuvieron defendiendo los postulados de la Teología de la Liberación, hoy viven una especie de Cautividad Babilónica que los ha puesto en el verdadero revés de la historia. Mantenemos que no hay una verdadera salvación-liberación cristiana, si no hay una verdadera salvación integral e integradora. No podemos desligar el carácter humano y social que la Biblia tiene de este concepto de Salvación- Liberación, porque está estrechamente ligado al concepto de Reino de Dios. La humanidad se salva integralmente o se condena a una vida de eterna explotación.
La pobreza es un pecado social. El concepto de pobreza, solo puede definirse y evaluarse, desde la perspectiva de lo social, de lo humano. Las bienaventuranzas, definen a los pobres como los y las que tienen hambre, lloran, los odiados y odiadas, los excluidos o expulsados, los insultados y despreciados, estas son necesidades y sentimientos netamente humanos. Nos preguntamos entonces, ¿Quiénes son los ricos? El texto bíblico los ubica, como es lógico, en el lado contrario de la definición de los pobres. Son quienes hasta ahora han tenido su alegría porque han estado satisfechos, los que ahora ríen, los que nunca han sido excluidos y más bien han sido alabados. Siendo estos también, sentimientos y satisfacciones humanas. Por lo tanto debemos definir a la pobreza como un pecado social que debe ser social y obligatoriamente combatido. Para combatir la pobreza es bueno orar, pero eso no es suficiente, para combatir la pobreza, hay que darle poder a los pobres.

Tenemos que ver a la salvación-liberación como toma de conciencia ante la realidad socioeconómica latinoamericana. Es por eso que desde la Teología de la Liberación, debemos concebir nuestro trabajo como un trabajo de comunicar Buenas Nuevas, esto no es otra cosa que el trabajo de concienciación. Este es un trabajo eminentemente político e ideológico, porque se trata de combatir a la ideología de un imperio que utiliza todos los medios a su alcance para mediatizar y dominar. Es la lucha entre dos ideologías, dos teologías, dos maneras diferentes y completamente opuestas de ver al mundo.
Hay que tomar conciencia de la lucha de clases optando siempre por los pobres.
No hay otra opción para la Iglesia, es por eso que no podemos mantener el absurdo supuestamente teológico, que la opción es preferencial. La Opción es Radical y única por los pobres, tal como lo enseña el texto bíblico, dice el Apóstol santiago: "Queridos hermanos míos, oigan esto: Dios ha escogido a los que en este mundo son pobres, para que sean ricos en fe y para que reciban como herencia el reino que él ha prometido a los que lo aman; ustedes, en cambio, los humillan. ¿Acaso no son los ricos quienes los explotan a ustedes, y quienes a rastras los llevan ante las autoridades? ¿No son ellos quienes hablan mal del precioso nombre que fue invocado sobre ustedes?" La Opción de Dios es por los pobres, el Nuevo testamento nos lo viene diciendo en diferentes textos, el mismo Jesús define su opción como única por los pobres, cuando utiliza las palabras del profeta Isaías, frente a la gente de su pueblo, en la Sinagoga de Nazaret: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año favorable del Señor". La opción radical y única por los pobres, es la única opción posible para la verdadera Iglesia.
Debemos trabajar por la construcción de una Nueva Humanidad, como condición indispensable para asegurar el éxito de la transformación social. El hombre solidario y creativo motor de la actividad humana en contraposición a la mentalidad capitalista de especulación y espíritu de lucro.
La construcción de una Nueva Humanidad, es quizás, la tarea más urgente que la Teología de la Liberación tiene por delante. La Nueva Humanidad es el fundamento de la construcción de un Mundo Otro o Reino de Dios. Es urgente entonces, la construcción de una Epistemología liberadora, que nos revele los caminos pedagógicos, para la construcción del ese hombre y esa mujer nuevos. A veces estamos como Nicodemo, preguntándonos como es esto posible. La clave entonces, está en el Evangelio, nacer del Agua y del Espíritu. Dualismo integrador de vida, confluencia de lo material con lo espiritual. El Agua y el Espíritu, son dos elementos de vida, en dos dimensiones diferentes de la humanidad.
Nacer de nuevo es dar paso a esa Nueva Humanidad que revela que somos seres integrales. No es posible pensar que la Salvación-Liberación, pueda darse dejando a un lado una de las características fundamentales del ser Humano. Es por eso que la Construcción de la Nueva Humanidad, es un concepto pedagógico profundo, que abarca principios como la Conversión y la transformación. La Nueva Humanidad, tiene los valores de la verdadera ecumenicidad, de la solidaridad, del socialismo. Es constructora de nuevas realidades, que potencian en el mundo la igualdad social y la verdadera fraternidad. La nueva humanidad es imagen de Jesús, modelo de Nueva creación, nuevo Adán, que vive ese Mundo Otro o Reino de Dios, en medio nuestro.
3.Las Piedras están hablando.
Si como Iglesia o pueblo de Dios, no nos damos a la urgente tarea de construir un nuevo Pensamiento o Epistemología, la Iglesia seguirá perdiendo voz y pertinencia en nuestro pueblo. Los movimientos políticos emergentes han asumido el rol que Dios nos había entregado a ciertos sectores comprometidos en épocas anteriores, con la Teología de la Liberación. No supimos interpretar eficazmente el momento de Dios, o Kairos, que se nos había confiado, nos acomodamos un tanto los tiempos que estábamos viviendo. Los Nuevos Movimientos políticos emergentes, supieron con mayor efectividad, interpretar los sentimientos, necesidades y acciones de nuestro pueblo. Ellos se pusieron al lado de nuestra gente, al lado de nuestros pueblos originarios, de las comunidades afrodescendientes, de las mujeres, los sin techo, los sin tierras y los nuevos grupos referenciales de lucha, como los emigrantes, inmigrantes, desplazados, ecologistas, refugiados, entre otros.
Estos Nuevos grupos políticos emergentes, son aquellas piedras parlantes, profetizadas por Jesús, en su entrada a Jerusalén, cuando los fariseos pretendían callar al pueblo y a sus seguidores: "Les digo que si estos se callan, las piedras gritarán". También, la acción del Espíritu santo, se mueve en medio de estos grupos emergentes, que han asumido el rol profético que ciertos sectores de la Teología de la Liberación, desde hace varias décadas habían abandonado. Ellos y ellas mantuvieron vivo sus mensajes y postulados de manera fiel, aunque desde una vertiente más política e ideológica que teológica. Quizás descubramos así, por Inspiración del ese mismo Espíritu, la necesidad urgente que tiene la Teología de la liberación de enriquecerse desde esa perspectiva más política e ideología, para evitar así futuros retrocesos y revisionismos. Los Fariseos de hoy, han logrado silenciar a aquellos sectores de la Teología de la Liberación, que por años predicaron como Voz de Dios, la Inminencia del Reino y la liberación de nuestro pueblo, pero las jerarquías y las academias, lograron domesticar a estos grupos. Esto permitió, que se levantaran otras piedras vivas sobre las cuales se fundamentaron las verdades de la Salvación- Liberación. Aunque esto representó la cautividad babilónica, de amplios sectores de la Teología de la Liberación y de otros sectores eclesiales progresistas. Los movimientos sociales y políticos emergentes, asumieron de manera efectiva, el rol de comunicar la voz de Dios en una América latina, que prácticamente se había quedado sin la voz profética de la Teología de la Liberación. Es hora de despertar de ese largo adormecimiento, en el cual permanecimos por años, viendo el acontecer político de nuestro continente, desde aquella imagen que nos enseñó Don Juan Mackay, desde el balcón.
Si seguimos así, silenciados y alejados de las comunidades, no saldremos del lamento como aquellos Israelitas cautivos que lloraban amargamente: "Sentados junto a los ríos de Babilonia, llorábamos al acordarnos de nuestra ciudad. En los álamos que hay en la ciudad colgábamos nuestras arpas. Allí, los que nos habían llevado cautivos, los que todo nos lo habían arrebatado, nos pedían que cantáramos con alegría; ¡Que les cantáramos canciones de nuestras tierras! ¿Cantar nosotros canciones del Señor en tierra extraña?". El reto que tenemos como Comunidades Eclesiales de base y sectores eclesiales populares, es el de comenzar a transitar la ruta de la liberación con nuestro pueblo. Que le acompañemos en esta vía política de Liberación e Integración. Tenemos que identificarnos plenamente con aquellos y aquellas que han mantenido vivo el ideal de liberación en nuestro continente. Hay que bajarnos del balcón y emprender en el Camino, la única ruta posible, la Liberación.
"Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra, así como se hace en el cielo". (Jesús) ¡Manos a la Obra!

* Rev. Obed Juan Vizcaíno Nájera.Comunidad Reformada de Maracaibo.Iglesia Presbiteriana de Venezuela.Esquina Avenidas Universidad con Santa Rita.Teléfono: 0261-7571663.Celular: 0414-0693322. / 0414- 6346516Culto: Domingos a las 11:30 am.Creforma@gmail.com"Iglesia Reformada Siempre Reformándose"Maracaibo- Venezuela.