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jueves, 16 de agosto de 2007

KARL BARTH: 'EL TEÓLOGO DE LA PALABRA ENCARNADA: CRISTO

Por. LUÍS EDUARDO CANTERO, Argentina.
Autografía:
Karl Barth, es considerado uno de los más influyentes teólogos del siglo XX. Nació en Basilea, 1886 1968), su padre Fritz Barth, fue profesor de Nuevo Testamento e historia de la iglesia primitiva. Autor de una obra conocida y útil acerca de los problemas principales relativo a la vida de Jesús. Estudió en las universidades de Berna, Berlín y Tubinga. Una vez graduado, sirvió como pastor durante doce años en un pequeño poblado agrícola-industrial en Suiza.[1] No es por accidente su teología se halla íntimamente unida a la predicación. Su teología surgió de un sentimiento profundo de los misterios y perplejidades que supone la tarea del predicador. Intervino en los conflictos entre patronos y obreros y organizó la acción sindical.
Profundamente afectado por el desastre que había significado en Europa la Primera Guerra Mundial, y desilusionado por el derrumbe de la ética del idealismo religioso, empezó a cuestionar la teología de sus maestros alemanes y sus raíces en el racionalismo y el historicismo.[2] Esto lo llevó a unirse al Partido Social Demócrata, lo que provoco que los obreros de Safenwil le llamaran “el compañero o camarada pastor.” Y sus enemigos lo tildaran de “el pastor rojo”.[3] En febrero 14 de 1915, ofreció una conferencia bajo el titulo de Guerra, socialismo y cristianismo cuya tesis se resumía en que “un verdadero cristiano debe hacerse socialista, si realmente está por la renovación del cristianismo; y un verdadero socialista debería hacerse cristiano si seriamente apoya una renovación del socialismo.” Como vemos, Barth mantuvo una relación muy estrecha entre su teología y su ética con contenido social y político.[4]
En 1919 se publica en Berna, su obra principal, Carta a los Romanos, y en 1922 reaparece una versión totalmente reformada que señalaba ya su orientación teológica futura. En el año 1921, Barth es invitado a llenar la cátedra de Teología Reformada en la Universidad de Gotinga y cuatro años mas tarde fue a la Universidad de Münster (1925). En 1930 fue nombrado profesor de la Universidad de Bonn, y a partir de entonces empiezan a aparecer los primeros tomos de su Dogmática eclesial.[5] En la cual reflexionó sobre el contenido de la palabra evangelio como fuerza de Dios para salvación de quien en Él cree, como buena noticia eficaz para el ser humano angustiado y perdido entre dos guerras mundiales. Pero en 1935 es separado de su cátedra por el Gobierno Nazi, por no aceptar el juramento de lealtad al Füher, pasando a ser profesor en Basilea, donde permaneció hasta su muerte. Para Barth, la teología es servicio de la Palabra de Dios.
Su tarea es la de escudriñar el mensaje de la iglesia, viendo su concordancia o discordancia con la revelación cuyo testimonio se halla en la Biblia; y corregir tal proclamación cuando se haya apartado del camino debido.[6] Como dice Calvino, todo verdadero conocimiento de Dios nace de la obediencia. Y la dogmática es un acto de fe obediente, un acto que ocurre a la vista de Dios[7]. No hay técnica alguna para convertirse en maestro efectivo de esta dogmática. Solo cuando Dios desea revelárnoslas es que podemos conocer las cosas divinas. Solo en actitud de ovación puede llevarse a cabo la verdadera tarea dogmática.
En su obra y pensamiento, Karl Barth manifiesta una gran independencia. Su labor teológica lleva la impronta de un retorno a la Biblia, de un contacto vivo con los problemas actuales de la iglesia y la sociedad, y de una labor continua en contacto inmediato con el pueblo. Su doctrina está en constante evolución. En su trato con la Biblia, Barth descubre a Cristo como el centro de la Revelación. Su teología será cristología. Veamos algunos puntos claves de su teoría:
Barth descubre pronto que toda la teología liberal allí adquirida no lo capacitaba para hablar de “la Palabra de Dios”, para aplicarla a la realidad cotidiana. Como lo expresamos en su la biografía, la ruptura categórica con las facetas más liberales de la teología evangélica se hacen efectivos por medio del Comentario a la Epístola a los Romanos, escrita en 1919. La actitud de Barth será también de confrontación cuando el poder nazi pretendió transformar la raza aria en la culminación de la revelación. En este caso, el no de Barth es rotundo; y se hace también manifiesto en el Sínodo de Barmen. En el mismo se pronuncia: “Jesucristo, según el testimonio que de él nos dan las Sagradas Escrituras, es la única Palabra de Dios”[8] A partir de su “Introducción a la Teología Evangélica”, la teología Barthiana será tachada de “dialéctica”, “neo-ortodoxa”, y como “teología de crisis”[9]
Para Barth, la gracia es aquella Palabra que nos hace reconocer como pecadores, que abre luz sobre nuestras almas y deja ver el pecado. Sólo por gracia de Dios, es que vemos nuestro error, y por su misma sola Gracia es que estamos invitados a “volvernos al Señor”. Barth la comprende como el mensaje que nos hace ver como pecadores, aún en nuestros momentos de mayor gloria. Incluso cuando el hombre crea estar actuando con mayor justicia estará incurriendo en pecado, y allí también se introduce la Palabra del Señor, recordándonos que como seres humanos, somos pecadores por naturaleza. Pero aún así, Dios no deja de poner su Palabra en nosotros, de proyectar luz en la oscuridad, de hacernos ver como verdaderos pecadores. Como sabemos, el perdón divino viene con el arrepentimiento del hombre; pero este arrepentimiento no sale del ser humano, sino que es puesto por Dios en nosotros. Ergo; sólo por la Gracia de Dios nos conocemos a nosotros mismos, vemos nuestra falencia y nos reconocemos como pecadores.[10]
En 1934 escribió un ensayo (Nein! Antwort an Emil Brunner-¡No! Respuesta a Emil Brunner), en el que denunciaba a los antisemitas "Cristianos Alemanes," que intentaban pervertir el cristianismo histórico por medio de adaptar la teología a la nueva ideología nazi. Mientras el lema de éstos era "Cristo y Hitler", Karl Barth interviene decisivamente oponiendo el señorío absoluto de Cristo en su doctrina de la relación Iglesia-Estado. Desde la ascensión de Hitler al poder, Barth mantuvo una verdadera lucha por la iglesia. Contra los esfuerzos del régimen nazi de establecer una iglesia 'cristiana alemana', Karl Barth funda junto con otros (Dietrich Bonhoeffer) la llamada Iglesia Confesante como reacción vigorosa e indignante contra el régimen nazi. En 1934 tiene lugar el Sínodo de Barmen, cuya Declaración, preparada por Karl Barth, expresa la convicción de que el único modo de ofrecer resistencia a la secularización y paganización de la Iglesia en la Alemania nazi es adherirse firmemente a la doctrina cristiana.
Aunque era ciudadano suizo, Karl Barth no pudo ser inmune a la persecución; su rechazo a una alianza incondicional con el Führer le costó en 1935 la cátedra de teología en Bonn. Sin embargo, rápidamente le fue ofrecida la cátedra de teología en su ciudad natal, Basilea. Desde entonces hasta el final de la guerra, Karl Barth continuó luchando por la causa de la Iglesia Confesante, la causa de los judíos y la de los oprimidos en general. Después de la guerra, siguió manteniéndose muy interesado en la teología de su tiempo, y su autoridad y prestigio ejercieron una profunda impresión cuando dirigió su discurso inaugural en la Conferencia del Concilio Mundial de Iglesias celebrado en Ámsterdam en 1948. También, años más tarde visitó Roma para seguir el Concilio Vaticano II (1962-1965), acerca del cual escribió con característica gracia y humor Ad limina apostolorum.
En 1957, el teólogo católico Hans Küng efectúa su tesis doctoral en teología en la Sorbona de París con el tema: Justificación. La doctrina de Karl Barth y una reflexión católica. En su autobiografía Libertad Conquistada, Hans Küng explica por qué elige para su tesis doctoral a Karl Barth:
“Ningún teólogo protestante de este siglo cuenta, por razón de su lucha contra el nazismo, con una autoridad más grande; ninguno con una obra más amplia y más profunda por amor de su ingenio y su incansable trabajo. Personalmente me siento ampliamente pagado por mi trabajo sobre la justificación de 1957: me aporta cosas decisivas para toda mi vida, para mi espiritualidad y mi concepción de la libertad del cristiano. No hay cosa más emocionante que conversar con una persona de su carácter, sabiduría y fe, de su humanidad y humor.
De un golpe aparece en mi vida entera lo liberador y consolador de este mensaje que espero conservar siempre: la fe confiada del cristiano. Que al final y definitivamente yo sea justificado no depende de lo que decidan sobre mí mi entorno o la opinión pública. Tampoco depende de la facultad o la universidad, ni del Estado o de la Iglesia. No depende tampoco del Papa; y menos todavía de mi propio juicio. Sino de una instancia totalmente otra: del propio Dios oculto, en cuya misericordia puedo, a pesar de todo, yo, que no soy un hombre ideal sino una persona humana e incluso demasiado humana, tener hasta el final una confianza absoluta. "In te, Domine, speravi, et non confundar in aeternum", como se dice al final del himno Te Deum: "En tí Señor, puse mi esperanza; que no me vea confundido para siempre."
[11]
Quiero concluir con una frase de Karl Barht:
"¿Buena fe? Nunca me la permitiría. Cuando sea llamado ante mi Dios y Señor, no me voy a presentar con una cesta a la espalda llena con mis obras completas; todos los ángeles se echarían a reír. Ni tampoco diría para mi justificación: siempre tuve buena intención, 'buena fe'. No, me presentaré allí con las manos vacías y solo me parecerá oportuno decir: 'Dios, ten misericordia de este pobre pecador'"

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[1] Hugo, Mackintosh. Corrientes teológicas contemporáneas. Shleiermacher hasta Barth. Buenos Aires: METHOPRESS, 1964. Pág. 245
[2] Sergio, Arce Martínez. Teología sistemática. Prolegómenos. Quito: Departamento de comunicaciones CLAI, 2002. Pág., 66.
[3] Ibíd., pág. 69.
[4] Ibíd., Pág. 66 – 67.
[5] Mackintosh, op, cit. Págs. 245 – 246.
[6] La teología cristiana, y con ella su servicio a la comunidad, así como su derecho a una existencia peculiar entre otras ciencias, depende únicamente de que, teóricamente reivindique el honor de la autoridad de la Biblia tal como queda definida y prácticamente, la haga fecunda. Kart, Barth. Ensayos teológicos. Traducción Gancho. Barcelona: Herder, 1978. Pág. 188
[7] Karl, Barth. “La palabra soberana de Dios y la decisión de fe”, en la restauración posliberal y la teología dialéctica. Pág. 111.
[8] José Míguez Bonino, “La introducción al texto” Karl, Barth, Introducción a la teología evangélica, Buenos Aires, Aurora, 1986, p. 11 – 12.
[9] Luis Eduardo Cantero, Karl Barth: su aporte a la teología latinoamericana ¿podrá existir una relación entre Barth y hoy?, Buenos, Aires, Material inédito, 2006.
[10] Míguez Bonino, Op, cit. pp. 41 – 49.
[11] Hans Küng, Justificación. La doctrina de Karl Barth y una reflexión católica, Trotta, 2003

Por. LUÍS EDUARDO CANTERO.
Nota: Se me habia olvidado colocarle mi autoria. Gracias por los comentarios.

sábado, 16 de junio de 2007

El PENSAMIENTO TEOLOGICO DE FRIEDRICH DANIEL ERNST SCHLEIERMACHAER ¿MARCA TODAVIA UN CAMINO PARA NUESTRA TEOLOGIA?



El presente articulo gira alrededor de la eterna lucha entre los que somos amantes de la razón, del saber, de la fe en general y de los defensores de la irracionalidad, es decir, entre filosofia y teologia cristiana. Creemos que Schleiermacher es uno de esos amantes. Por ello, nos preguntamos si su pensamiento ¿marca todavia un camino para nuestra teologia? Friedrich Daniel Ernst Schleiermacher nació en Breslau en 1768 y murió en Berlín en 1834. Teólogo y filósofo, profesor y predicador. En 1804 la Universidad de Halle lo llamó a ocupar un profesorado de categoria secundario, dedicándose con ahínco a sus tareas docentes. Su campo de acción era extensísimo – según Mackintosh – parece haber enseñado casi todas las materias del currículo excepto Antiguo Testamento, que era su punto debil. El resultado de esto fue, que en 1806 se le concedió la categoria de Profesor Titular.

En 1807 regresa a Berlin y alli dio conferencias públicas acerca de la filosofia griega. Cuando fue abierta la nueva Universidad en el 1810, Schleiermacher pasó a formar parte de su cuerpo docente. Poco meses después, comenzó a predicar desde el púlpito de la Iglesia Reformada de Santa Trinidad y desde alli, fue durante años el más influyente predicador del pais. Entre sus obras, aparte de sus famosas traducciones y comentarios a Platón[1] fuguran: Sobre la religion, discursos dirigidos a los instruídos entre aquellos que los desprecian, 1799, tras cuya publicación inmediatamente fue animado por Schlegel a empezar con la traducción de los textos de Platón, Fundamentos de una crítica de la doctrina ética vigente hasta la actualidad, Teologia Dogmática.


La obra teológica de éste autor tiene un interés metafísico y religioso; en ella encontramos una concepción metafísica del mundo y de la vida, mediante el cual el autor procura jusficar la religión en general y en especial al cristianismo[2]. Su teología giró alrededor de dos preguntas claves: ¿Qué es la religión? y ¿Qué es el cristianismo? Para el estudiante de teología antes de entrarse al estudio de las obras del autor, será bueno que conozca el pensamiento filosófico de Schleiermacher que constituyen la base de su teología. Aquí estamos de acuerdo con nuestros hermanos sacerdotes católicos que no se puede hacer teología, si no se tiene una formación filosófica o un filosofado (…). Schleiermacher dijo: "Que un verdadero filósofo puede ser un verdadero creyente. Puede combinar la piedad con la filosofía para sumergirse en las profundidades del pensamiento filosófico."[3]

La concepción filosófica de Schleiermacher tiene como fundamento el idealismo romántico. El románticismo reaccionaba contra el seco intelectualismo. Schleiremacher piensa que no podemos conocer nada respecto a Dios teoricamente. Para conocer – dice El – se necesita el sentimiento de la experiencia. Finalmente encontramos en la obra de éste autor, la influencia de la filosofía de Spinoza para el desarrollo de su concepto de Dios; pero mantiene asimismo la tradición radicalmente teocéntrica de los reformadores, en especial Lutero y Calvino. Después de esta breve introdución, nos lleva a un autoexamen de preguntas y repuestas, que nos guiará a considerar algunos aportes para nuestro quehacer teológico.

1. ¿A Que Cambio Reaccionaba Schleiermacher?

El autor vuelve su mirada a los sistemas teológicos de los escolásticos protestantes, con su preocupación por la precisión y la sutileza del pensamiento, habían caído en descrédito. A esto se abona, el gradual encasillamiento de los teólogos reformadores en una rígida doctrina para ser creída habia significado un estancamiento del pensamiento cristiano. La subtitución de la aceptación sincera del Dios vivo por la creencia en ciertas normas de fe. Frente a ese escolasticismo se levantaba un racionalismo no religioso que insistía en que la razón humana era capaz de resolver todos los problemas y ofrecerle al hombre una dirección efectiva en la vida. Trataron de elaborar diversas uniones entre el racionalismo y la fe cristiana reduciendo a la religión a aquellos elementos esenciales que debían ser defendido racionalmente. A esto, le preocupaba Schleiermacher llamar a los hombres a una experiencia personal, inmediata, de la obra en Dios en su hijo.

Kant a finales del siglo XVIII decía que había destruído el conocimiento especulativo a fin de dejar lugar a la fe. La religión debía descansar no sobre inferencias de nuestras experiencias sensoriales. Para Kant la actividad que ataña el absoluto es una voluntad moral a una razón práctica, esto se resuelve con la moral. Al respecto Schleiermacher responde, para él el absoluto es comprendido por el sentimiento. No es el simple sentimiento entendido en el sentido psicológico, que una actividad coordinada de conocimiento y la voluntad. Ese conocimiento y voluntad, secundario, dependiendo y limitado. Mas por sentimiento potencializado románticamente en sentido metafisico, sentimiento, éste que sería precisamente la facultad del adsoluto, la raíz común de otras actividades psíquicas.

Schleiermacher quiere liberar la religión no sólo de la ciencia sino también de la moral, para celebrar una religiosidad estética. Piensa él que el absoluto es comprendido mediante la intuición estética a que Schleiermacher juzga poder dar un específico valor religioso. Finaliza diciendo la religión no es ni metafísica ni ética, una combinación de ambas cosas. La religión es algo más profundo, único, especial, sólo cuando advertimos esto podemos explicarnos la gran apelación y la expresión universal de la religión. Esto nos llevaría a preguntarle a Schleiermacher donde está el corazón de la religión, sino está en la facultad del hombre.

Schleiermacher responde, es que la religión pertenece al terreno del sentimiento con esto quiere decir, que la religión es una especie de conciencia primaria, un elemento único de la experiencia humana que es realmente más fundamental que el conocimiento o la acción ordinaria. Tanto el conocimiento como la acción, diría él, me enfrento con el mundo con el objeto de mi conocimiento y la acción. Pero, en la religión tengo conciencia inmediata de la profunda unidad del todo. Conozco a Dios no indirectamente por inferencias tomadas del mundo de los sentidos o morales; sino directamente, mediante mi experiencia que es completamente diferente del conocer o el actuar. Ahora preguntémonos nuestra teología pastoral o académica ¿a que responde?

2. La Segunda Pregunta Es ¿A Que Crisis Responde Schleiermacher?

El siglo de las luces constituye un movimiento cultural que ocupa el siglo XVIII, y se caracteriza por el afan de explicar la realidad valiéndose exclusivamente de la razón. Entendida ésta como la capacidad de adquisición de conocimiento a través de la experiencia. El pensamiento de la ilustración va a girar en torno al tema de la naturaleza, de Dios, del hombre y la sociedad. Esto también repercutió en el terreno religioso, en el deismo, que consiste en concebir una religión privada de elementos dogmáticos, sobrenaturales y fundada en la naturaleza del hombre.

Otra corriente que acompaña esta crisis de fe y razón, fue como la última respuesta al problema medieval, mencionado con aterioridad en este párrafo. La razón se alza sobre la fe con predominio adsoluto, ésta le concede un valor máximo y fundamental a la razón, entendiendo ésta como facultad que tiene el hombre de discurrir. Parra los racionalistas, nuestras ideas no se derivan de la experiencia, sino de ciertos principios que conocemos de nuestra razón.

Unida a estas dos corriente, surge otra conocida como idealismo alemán que nace con Kant y culmina con Hegel. En general, la palabra idealismo se aplica a la doctrina filosófica que define la idea como principio del conocimiento y al mismo tiempo de la realidad. El idealismo kantiano denominado idealismo crítico o trascendental es un idealismo relativo en cuanto no excluye la existencia real del objeto, solamente priva de realidad objetiva a las formas de conocimiento.

Kant define el idealismo trascendental como el que considera los fenómenos en su conjunto, como simples representanciones. Todas estas corrientes daban pinceladas al cuadro del hombre y Dios; tanto los románticos, como la ilustración y los racionalistas consideraban a la religión como una manera de pensar o un conjunto de creencias. Schleiermacher va a responder a esta crisis del momento que viene del medioevo de fe y razón.

3. La Tercera Pregunta ¿Cual era Su Metodo Teologico?

En 1821 Schleiermacher publicó su Teologia dogmática, que era una descripción sistemática de su teología. Al mismo nivel de las Instituciones de Calvino, su obra dogmática es la de mayor influencia dentro del protestantismo académico y ha contribuido a la formación teológica de más de tres generaciones. Seria tan difícil a un teólogo fundamentalista, conservador u otro, comprender el pensamiento teológico y filosófico contemporáneo sin haber leído la dogmática de Schleiermacher, tanto en sus virtudes como en sus defectos, es como tratar de comprender la biología moderna sin haber leído la obra de Darwin.

A través de los años, como le sucede a todo aquel que quiere ser teólogo o filósofo, que con el transcurrir de los años, de la academia, de la lectura y de la investigación se aprende por medio de la experiencia. Schleiermacher había llegado a conocer que cosas eran: el trabajo arduo y el sufrimiento. Había sido pastor durante varios años en una zona marginada de Alemania. Era ahora profesor universitario y se había preparado para su tarea mediante un profundo estudio exegético y filosófico. Había enseñado acerca de todos los temas teológicos excepto el Antiguo Testamento. Tenía 53 años de edad y sus facultades mentales se encontraban como la de un pibe a los 18 años en su apogeo.

Uno de los aspectos por las que Schleiermacher se destaca entre los grandes teólogos es su genio para el pensamiento sistemático. En contraste agudo con la Crítica de la Razón Pura de Kant, Mackintosh dice, “su dogmática constituye una unidad. Domina completamente su tema y acostumbra a avanzar con paso firme. Su pensamiento es amplio, carente de polémicas superflúas, con una gran riqueza de exposiciones detalladas y de disgresiones que no carecen de valor. Aún cuando se sostenga que su principios fundamentales eran erróneos, no podemos negar que tenemos aquí un ejemplo de lo que significa presentar los diversos aspectos de la fe cristiana. ” (P, 63)

Despues de Schleiermacher, resultaba imposible regresar al método de los loci communes[4], éste era un método que se apoyaba en el dogma de la inspiración verbal de la Biblia, puesto que cualquier doctrina que pudiese de un modo u otro apoyarse en una prueba escrituraria tenía derecho a aparecer en un libro de texto, aún si su conexión con el centro de la “verdad cristiana” resultaba más que dudoso. Schleiermacher trabajaba a partir de la convicción de que puede descubrirse una unidad real, y que cada doctrina verdadera se relaciona con todas y cada una de las demás.

Por ende, el método teológico de Schleiermacher parte de la experiencia cristiana, sostuvo que las críticas de los racionalistas y los románticos estaban mal dirigidos. Las afirmaciones de la fe no depende de las construcciones de la teología natural o la ética, ni son deducidas de una escritura o un credo infalible. La Biblia y los credos son importante. El creyente no tiene fe en Cristo por causa de la Biblia. Mas bien, en la Biblia lo que adquiere autoridad debido a que el creyente tiene fe en Cristo. El corazón del cristianismo según lo habia aprendido, éste autor de los moravos, no es la doctrina o la ética, sino una vida nueva en Cristo. Para El, las doctrinas cristianas son sólo explicaciones expresadas en palabras de los sentimientos religiosos cristianos.

Es decir, la doctrina es para Schleiermacher una ascerción acerca de nuestro sentimiento y no acerca de Dios. Surge otra pregunta que uds debe responder ¿Que puede significar esto o que idea quiere que nosotros abordemos en futuras investigaciones? ¿Es cierto que las doctrinas cristianas reflejan los sentimientos subjetivos de aquellos que la idearon?


4. Finalmente, ¿El Pensamiento Dogmatico De Schleiermacher Trascendió El Circulo Protetante De Su Epoca?

Para nosotros Schleiermacher trascendió el circulo protestante de su época por los siguientes motivos, que resumimos asi: En primer lugar, en su teología se percibe un pensamiento mucho más bíblico y de corte evangélico acerca de Dios. Después de todo a Dios le debemos el desarrollo de nuestra vida espiritual. Schleiermacher es claro acerca del eterno propósito de Dios de crear y de culminar su obra en la redención. Pienso que siempre estuvo intrigado por la cuestión como es Dios que se presenta en las doctrinas de la fe de su época. Esta parte es muy importante para nuestra teología de hoy. Necesitamos hacer un análisis sobre esta temática, en algunos grupos evangélico comunmente llamado carismático o neopentecostales.

En segundo lugar: Dentro de su teología dogmática nos muestra una forma de pensar, en cuanto él une la fe a la tierra de la historia y sitúa todo el concepto de salvación bajo el sello del pecado y de la gracia. Podemos concluir que este autor ha colocado el descubrimiento, en el lugar de la revelación, a la conciencia religiosa en el sitio de la Biblia.

Hasta aqui hemos podido valorizar su teología dogmática, pero antes de concluir es bueno compartir uno de tantos defectos teologales en su discusión acerca del cristianismo como religión del Nuevo Testamento surge de su falta de comprensión del Antiguo. No tiene temor en decir que, en lo que concierne a su propósito, “las relaciones del cristianismo con la antigua dispensación son las mismas que guardan con el paganismo. De modo, que el Antiguo Testamento ha de ser colocado en el mismo plano de la filosofía griega”. La razón de su disgusto es más profunda: le parece que la religión que presenta el Antiguo Testamento es un dios violento, por lo tanto no es el Dios del cristianismo

Finalmente, Al preguntarnos si Schleiermacher favorecia el carácter absoluto de cristianismo, nuestra respuesta dependerá de si nos referimos al filósofo o al teólogo que en él había. En lo que se refiere a la filosofía del cristianismo y de su historia, no cabe duda de que el carácter absoluto del cristianismo es abandonado. En su filosofía cristiana Schleiermacher se mantiene en un plano natural: inmanentista del mundo y supone que a través de la historia las mismas fuerzas han estado operando de manera uniforme en cadena interrumpida. Dentro de este contexto, no hay irrupción alguna de Dios en el mundo del pecado.

Según El, Jesús simplemente constituía una nueva fase en el plano evolutivo del ser humano según sus potencialidades naturales. Schleiermacher creé y enseña que la razón, la revelación, la naturaleza y la gracia son fundamentalmente coextensivas, resulta necesario negar toda intervencion divina o sobrenatural. No existe acción alguna de Dios que podamos llamar especial, todo es producto de la casualidad. Su pensamiento refleja el pensar teológico científico mediatizado por las ciencias del conocimiento, entre ellas la física, la astronomía, la biología, la filosofía entre otras.

Ahora, hablemos de él como teólogo, cuando no se halla mediatizado por la filosofía, en esta forma se refleja al pensamiento de los teólogos no profesionales, de aquellos que no han estudiado una segunda disciplina entre ella la filosofía. Schleiermacher como teólogo sin la mediación filosófica habla de manera diferente. En su dogmática afirma que para él, el cristianismo es por lo menos la más alta fe de todas las que se conocen y en su centro se encuentra la perfecta redención.

Schleiermacher hizo notar que ser cristiano es ser miembro de un organismo viviente cuya vida le viene de Cristo. Es el constante y mutuo dar y recibir de los hermanos lo que hace de la religión cristiana lo que ella es... Lo mismo sucede con la teología, la teología existe para servir a la sociedad creyente, aunque no en un sentido sectario, como lo vemos hoy dia: los fundamentalistas conservadores, los de la teologia de la prosperidad, etc.

Schleiermacher hoy día con tantos grupos polarizados, también se hubiese levantado con una voz de protesta, como lo vivió con sus hermanos protestante de su época, se negó constantemente a permitir que la diferencia entre luteranos y reformados ejerciese influencia alguna en el modo de tratar el sistema teológico. Por eso su dogmática partía de la presuposición de que no existía razón alguna para la persistencia de la separación de estas dos ramas de la Iglesia Protestante; puesto que los distintos tipos de doctrina que representan no surgen de distintos tipos de sentimientos cristianos ni se hallan tampoco acompañados por formas diferentes de enseñanza o práctica moral.

En resumen, pensamos que Schleiermacher marca todavía un camino para nuestra teología, por los siguentes motivos. En primer lugar: su teología refleja un pensamiento bíblico y evangélico acerca de Dios, su intriga por saber cómo es el Dios que se presenta en la doctrina de la fe. En segundo lugar: El une la fe a la tierra de la historia y situa todo el concepto de la salvación bajo el sello del pecado y de la gracia; además, ha colocado el descubrimiento, en el lugar de la revelación a la conciencia religiosa en el sitio de la Palabra de Dios.

[1] Para los lograr los objetivos planteados de este curso, se procedió a las fuentes, de una parte de los comentarios a las traducciones del griego de Schleiermacher, los cuales han aparecido publicados en el libro Ubre die Philosophie Platons, editado por la editorial Meiner en Hamburgo en 1996.
[2] ya que Schleiermacher procedía de la tradición de la piedad morava, entró en contacto con el pensamiento de la ilustración. Además, él hizo un estudio intensivo de Kant y leyó muchos filósofos griegos, entre ellos a Platón.
[3] Friedrich, Schleiermacher, citado por Paul Tillich, Pensamiento cristiano y cultura en occidente, Buenos Aires, Aurora, 1977, p. 410.
[4] Los loci eran capítulos relacionados entre sí acerca de tópicos particulares, como cuentas en un hilo, ciñéndose a menudo de los unos a los otros sin pretender mostrar el principio de su ser y su unidad.