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lunes, 17 de octubre de 2011

Tiempo de reformas en la vida de la Iglesia

Por. Leopoldo Cervantes - Ortiz, México


La tendencia dominante a seguir caminos tradicionales, se debe a que los países de América Latina somos “hijos de la Contrarreforma”.


Los reformadores, Lutero, Zwinglio, Calvino, Bucero, Farel y otros, por unanimidad compartieron la convicción que ahora resuena en el corazón del protestantismo: ¡sólo Dios nos puede llevar a Dios! Ninguna institución eclesiástica, ningún papa, ningún clérigo nos puede conducir a él: porque, en primer lugar, Dios es quien viene a nuestro encuentro. Ninguna confesión de fe, ningún compromiso en la Iglesia, ninguna acción humana nos puede atraer la benevolencia de Dios: sólo su gracia nos salva. Ningún dogma, ninguna predicación, ninguna confesión de fe pueden hacernos conocer a Dios: sólo su Palabra nos lo revela. Dios no está sujeto a ninguna transacción posible, su gracia excede cualquier posibilidad de intercambio y reciprocidad. En el protestantismo, Dios es precisamente Dios precisamente en la medida en que nos precede y permanece libre ante cualquier forma de sumisión. Raphaël Picon y Laurent Gagnebin

1. LA NECESIDAD DE REFORMARSE CONTINUAMENTE

Tal vez el recuerdo anual de la importancia de las reformas religiosas del siglo XVI sirva para insistir periódicamente en la necesidad del cambio en las comunidades cristianas, cuya inevitable institucionalización las orilla, en ocasiones a veces muy críticas, a defender algunas tradiciones que, para bien o para mal, se han instalado en su vida y que llegan a suplantar la centralidad del mensaje evangélico del que ellas deben ser portadoras en medio de la sociedad. Y acaso estas fechas, instaladas ya en el calendario y en el espíritu litúrgico de muchas iglesias, puedan servir también para que, más allá de las fechas y los nombres (como en el magnífico poema “Nocturno de San Ildefonso”, de Octavio Paz: “La historia es el error./ La verdad es aquello,/ más allá de las fechas/, más acá de los nombres/, que la historia desdeña/: el cada día/ ―latido anónimo de todos,/ latido/ único de cada uno―,/ el irrepetible/ cada día idéntico a todos los días” sea posible no solamente conmemorar sino también redireccionar los impulsos para que el viejo lema reformador (“Iglesia reformada siempre reformándose”) deje de ser sólo eso y se convierta en razón de ser de programas y proyectos concretos de cambio al interior de las iglesias y de las vidas de las personas creyentes, sin olvidar sus alcances sociales.

Y es que, precisamente, al evocar los nombres y las acciones de quienes, hace ya casi cinco siglos, encabezaron la protesta que daría forma y sentido a una nueva forma de ser cristianos, y al buscar en las Escrituras esos caminos de reforma y cambio que tanto soñamos y anhelamos ver que se realicen, nos conectamos con una serie de desarrollos históricos y espirituales acerca de los cuales muchos episodios bíblicos dan fe. Así puede verse, por ejemplo, en la línea de lo que escribe la biblista brasileña Lilia Ladeira Veras, en un artículo sobre las reformas y contrarreformas en la época de los reyes de Israel, cómo las contradicciones políticas, religiosas y culturales hicieron que el rumbo de una nación se viera comprometido según se orientara o no por el deseo de cambiar. Dentro del esquema que propone, esta autora ve, por ejemplo, a Ezequías, como un gran reformador:

Él restauró la pureza de la religión yahvista, suprimiendo el culto idolátrico y las prácticas sincretistas, y centralizó el culto en el templo de Jerusalén, destruyendo otros locales de culto. Dice el texto que él “abolió los lugares altos, quebró las estelas, cortó el poste sagrado y redujo a pedazos la serpiente de bronce que Moisés había hecho” y que se había vuelto objeto de culto idolátrico (18,4). Como se puede observar, Ezequías siguió las normas establecidas en el Deuteronomio.

Ezequías no fue sólo un reformador religioso más, también realizó obras como la construcción de un reservorio y de un acueducto para traer agua desde la fuente de Gión, que quedaba fuera de la ciudad, hasta la piscina de Siloé, ya dentro de las murallas (20.20). [3]

Otros gobernantes de la época no siguieron el ejemplo de Ezequías y plantearon, más bien, retrocesos y contrarreformas que perjudicaron por igual al pueblo y a la nación entera, al grado de que, según esta historiografía basada en las ideas religiosas del Deuteronomio, eso le costó la desaparición a la monarquía davídica. En otras palabras, al negarse a establecer reformas religiosas y políticas consistentes, la nación desapareció, literalmente, del mapa. Así, las reformas de algunos de estos monarcas se mostraron como insuficientes, pues no pudieron consolidarse en la conciencia popular, algo muy necesario siempre para que resulten efectivas a largo plazo. El lenguaje bíblico es muy claro: negarse a las reformas es desobedecer a Dios.

2. EL ESPÍRITU CONDUCE LAS REFORMAS DE LA IGLESIA

Esta alusión a los procesos simultáneos de reforma-contrarreforma, al menos en nuestro ámbito hispanoamericano, nos recuerda también, siguiendo otra vez a Paz, que la tendencia dominante en estos países a seguir caminos tradicionales, se debe, según lo dijo él en unas páginas memorables, a que los países de América Latina somos “hijos de la Contrarreforma” , a diferencia de Estados Unidos, que eran “hijos de la Reforma”. Vale la pena citarlo:

“En ese momento [la expulsión de los jesuitas de las colonias españolas] se hizo visible y palpable la radical diferencia entre las dos Américas. Una, la de lengua inglesa es hija de la tradición que ha fundado al mundo moderno: la Reforma, con sus consecuencias sociales y políticas, la democracia y el capitalismo; otra, la nuestra, la de habla portuguesa y castellana, es hija de la monarquía universal católica y la Contrarreforma. […]

Desde el siglo XVI nuestra historia, fragmento de la de España, había sido una apasionada negación de la modernidad naciente: Reforma, Ilustración y todo lo demás.” Esta disposición social, espiritual y política para el cambio, tan extrañas entre nosotros, culturalmente hablando, es la que se estimula bíblicamente en el ámbito de la Reforma con planteamientos como los que, desde Francia, hacen Raphaël Picon y Laurent Gagnebin sobre una “fe insumisa”: nada puede estar por encima de Dios y ninguna tradición, por noble y elevada que sea, puede sustituirlo. El principio protestante, esbozado por Paul Tillich, supone un rechazo radical a cualquier forma de sumisión o aceptación de absolutos que compitan con él. Ésta es la base de la tendencia a la reforma, que mientras más radical sea, mejor expresará el designio divino para amoldarse, no a las circunstancias ni a los momentos, sino a la voluntad del Creador.

En las cartas que el Espíritu dirige a las iglesias del Asia menor, aparece de fondo un reconocimiento a su existencia y trabajo al servicio de Jesucristo, pero también una sólida crítica , a partir de la frase: “Yo conozco tus obras”, que coloca a cada comunidad ante el juicio de quien se presenta como guía de la vida de la Iglesia, en singular, aunque no deje de vislumbrarse el horizonte colectivo, ecuménico, por decirlo así. Los tiempos de reformas para la Iglesia están siempre al acecho y se trata de escuchar y obedecer la voz del Espíritu, quien siempre va delante de lo que la Iglesia, en cualquiera de sus manifestaciones, cree, proclama y espera. Estar dispuestos a cambiar según la dirección del Espíritu, esto es, a realizar reformas significativas, para aquellas comunidades, también era una forma de resistir al sistema idolátrico de su tiempo, pues como escribe Daniel Godoy Fernández:

“En esta situación de sufrimiento, Juan les escribe para alentarlos y darles coraje para resistir, para permanecer fieles al Cordero y para vivir una espiritualidad capaz de sobrevivir a la propuesta arrogante y totalitaria, representada por el imperio y sus colaboradores.Juan convoca a las comunidades a la perseverancia, a soportar la aflicción, a pesar de no poder escapar de la prisión o a las privaciones en medio de la pobreza. Les motiva la necesidad de permanecer fieles, de servir al que está próximo, de estar vigilante, de ser testimonio fiel y verdadero. Los verbos utilizados por Juan apuntan a una situación de persecución, violencia y opresión. No es azar que sean utilizados en este momento. Otro aspecto de la invitación hecha por Juan está en sus palabras, que no hacen diferencia de raza, sexo o edad. Son palabras genéricas, inclusivas, usadas para alentar a las comunidades y a todas las personas que en ellas participaban, sean mujeres, hombres, jóvenes o ancianos. Ser cristiano/a en la provincia de Asia Menor, en los primeros dos siglos de la Era Común, no era nada fácil, era una cuestión de conversión, firmeza, coraje y una buena dosis de resistencia.”



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domingo, 16 de octubre de 2011

VIGENCIA DE LOS PRINCIPIOS BÍBLICOS DE LA REFORMA PROTESTANTE

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México

Queda bien claro que no podemos caer en el error de vivir solazándonos en la glorias del pasado. No se trata, por otro lado, de repeticiones estériles o imitaciones grotescas de experiencias ya superadas. No. Se trata de revalorar lo que somos, de un re-encuentro con el espíritu dinámico de nuestra identidad histórica para realizar los necesarios movimientos y reajustes pertinentes a nuestra situación y a nuestro contexto […] O sea que estamos ante la demanda de dar cumplimiento a esta esencial cuestión del espíritu del calvinismo: la reforma permanente de la iglesia por medio de la obediencia a la Palabra de Dios y al Espíritu Santo. Lo cual, en nuestro caso, exige muchas reivindicaciones, muchas correcciones en la orientación de nuestra vida eclesiástica, muchos arrepentimientos, muchas conversiones, mucha reflexión sobre el sentido de nuestra vida denominacional y de los necesarios cambios de actitud y de actividad.[1] S. Palomino L.

1. La Biblia, la Reforma y las reformas eclesiales permanentes
Se ha repetido hasta el cansancio que la lectura de la Biblia, y particularmente de la carta a los Romanos fue la mecha que encendió, al menos en la mente y la fe del monje agustino Martín Lutero, la necesidad de comenzar la lucha para reformar a la Iglesia de su tiempo. También se ha dicho que las transformaciones profundas en la vida de las iglesias deben ser producto de procesos lentos y madurados con el tiempo. Pero lo cierto es que si se observa con detenimiento lo sucedido en diversas etapas de la historia del pueblo de Dios, la intención divina por instalar cambios significativos es permanente, pues constantemente hay un llamado a la conversión, al arrepentimiento verdadero que pueda plasmarse en acciones concretas. Cuando se recuerda el impacto que tuvo sobre el rey Josías el hallazgo del libro de la Ley (II Reyes 22), así como la inmediata influencia que tuvo éste en las reformas que intentó para mejorar la vida del pueblo, especialmente en el ámbito religioso: a) eliminó los ídolos del templo, así como otros objetos de culto; b) destituyó a los falsos sacerdotes; c) quebró las estelas, destruyó el poste sagrado y la casa de las prostitutas sagradas; d) profanó y demolió los lugares altos y el incinerador, donde se ofrecían sacrificios de niños (23.4-14); e) la destrucción de templos, altares y lugares altos donde se adoraban otros dioses, se extendió también al antiguo reino del Norte (23.15-20). Se trató de un amplio programa de cambios: “Josías eliminó también los nigromantes, los dioses domésticos, los ídolos y las abominaciones que había en las tierras de Judá y en Jerusalén” (23.24). Y, como corolario de esta reforma, se celebró la Pascua, como no se hacía desde el tiempo de los jueces (23.21-23).[2]
Como se aprecia, Josías puso su poder político al servicio de los cambios en materia de religión que surgieron de una lectura actual de la Ley divina (II R 22.11-13). Una de sus primeras reacciones, a diferencia de otros gobernantes, fue de modificar a fondo incluso la estructura religiosa, quizá la más sometida a la tradición. Fue capaz de romper años de negociaciones establecidas y de restablecer la alianza con Dios, pero no como una medida demagógica o desesperada, pues aunque deseaba que las cosas mejoraran en el corto plazo, como todo buen político, trató de ver más allá de su tiempo, a sabiendas de que la situación futura sería negativa, según le anunció la profetisa Hulda (vv. 15-20), pues el tiempo para una transformación radical de la monarquía había transcurrido irremisiblemente y ya no habría remedio para ella.

2. El Espíritu promueve siempre los cambios

Siguiendo con la intención reformadora de Dios, el Espíritu se dirigió a la comunidad de Sardis para exponer un plan de transformaciones específicas para la vida de la iglesia en ese lugar. La ciudad misma vivía de las glorias del pasado y en un presente muy oscuro, lo cual impactó también al grupo cristiano presente allí:
La comunidad estaba viva apenas por el nombre, pues en la práctica estaba muerta. Había sido la capital del reino de Lidia. Probablemente, las primeras monedas surgieron en Sardes, mandadas a acuñar por el rey Creso, en el siglo VI a.C. la ciudad fue invadida varias veces, y también conquistada varias veces.
Éste era un importante centro productor de lana, pues tenía una industria textil. Destruida por un terremoto en el año 17 d.C., fue reconstruida por el emperador Tiberio. A causa de ello, la ciudad adoptó el culto imperial con un templo dedicado al emperador. Aquí vivía una de las más antiguas colonias de judíos. La sinagoga de Sardes fue construida en la época del dominio persa, en el siglo V a.C. En esta ciudad fue donde los judíos conquistaron gran parte de sus derechos, dentro de la convivencia con la polis griega.
La situación de la comunidad es que ellos pensaban que eran alguien, pero según la carta, ¡no son nada! Se mantienen y viven de las apariencias, pensaban que estaban vivos, sin embargo ¡estaban muertos![3]
Se trataba, entonces, de una actitud social y humana generalizada, la cual es puesta en evidencia por el Espíritu a fin de que tuvieran esperanza hacia el futuro mediato e inmediato, basada en el compromiso con la presencia del Reino de Dios en el mundo. La exhortación a “ser vigilantes” y “cuidar las cosas que están para morir” (Ap 3.2) es un llamado a aplicar reformas espirituales, existenciales, ideológicas y culturales en la vida de la Iglesia, para poder sobrevivir en medio del desastre político y económico que les rodeaba, con lo que el culto religioso imperial mostraba su incapacidad para renovar la vida de las sociedades de la época.
De la misma manera, hoy, la Iglesia recibe el desafío de reformarse continuamente para oponerse a lo caduco y obsoleto de la vida socio-política y poder demostrar y vivir la fuerza con que el Espíritu renueva continuamente a u Iglesia. Ésa es la esencia de los valores bíblicos de la Reforma: sólo por la fe. Sólo por la gracia, sólo ara la gloria de Dios, todo ello mediante la primacía de la Palabra divina. Urge seguir encontrando formas efectivas de traducir esos principios en formas creativas para que la Iglesia marche en el camino deseado por Dios mismo, a contracorriente de las modas e ideologías del momento.

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[1] Salatiel Palomino L., “Herencia reformada y búsqueda de raíces”, en Varios autores, Calvino vivo. México, El Faro, 1987, pp. 102, 103; recogido en L. Cervantes-O., Juan Calvino: su vida y obra a 500 años de su nacimiento. Terrassa (Esoaña), CLIE, 2009, pp.
[2] Lilia Ladeira Veras, “Reformas y contra-reforma. Un estudio de 2 Reyes 18-25”, en RIBLA, núm. 60,
www.claiweb.org/ribla/ribla60/lilia.html
[3] Daniel Godoy Fernández, “Apocalipsis 2 y 3. Comunidades proféticas, de resistencia y mártires”, en RIBLA, núm. 59,
www.claiweb.org/ribla/ribla59/daniel.html

sábado, 15 de octubre de 2011

Sufrimiento, rechazo y mala imagen

Por. Wenceslao Calvo, España


Tener una buena imagen, proyectar una buena imagen o dar una buena imagen es el summum bonum de nuestro tiempo.
En nuestro paso por la vida nos encontramos en el camino con algunos compañeros agradables, cuyo bello semblante y apacible presencia nos proporcionan preciosos momentos de bienestar que nos gustaría fueran permanentes. A esta clase de compañeros les damos la bienvenida y les hacemos un lugar a nuestro lado.

Pero está fuera de discusión que en ese camino de la vida a veces se nos cruzan otros, a los que no hemos invitado, cuya sola evocación despierta en nosotros un rechazo innato, por la fealdad y perturbación que transmiten. Uno de estos auto-invitados no deseados se llama sufrimiento. Es lo último en lo que queremos pensar y es evidente que ninguna mente sana y equilibrada desea asociarse con este sombrío viajero. Lo rehuimos por todos los medios y tratamos de conjurar su presencia para mantenerlo alejado. Especialmente las sociedades más avanzadas y desarrolladas lo han marcado como a un proscrito que ha de ser exterminado, hasta el punto de que incluso a la muerte, ese personaje que es la inevitable expresión total del sufrimiento, se la quiere despojar, hasta donde es posible, de su horrorosa faz, dulcificándola con la filosofía de la ‘muerte digna’.

Otra incómoda amenaza que puede querer tomarnos de la mano en algún instante es el rechazo. Es evidente que el ser humano fue hecho para amar y ser amado, para comprender y ser comprendido, para aceptar y ser aceptado. Tantos libros nos recuerdan esta gran lección y la psicología continuamente nos la subraya, especialmente en todo lo que tiene que ver con la educación del niño. Sentirnos queridos y valorados resultará en el estímulo, la confianza y el desarrollo personal equilibrado. Pero el rechazo produce profundas heridas difíciles de sanar y deja huellas indelebles que marcan la personalidad, acabando finalmente por generar individuos que, a su vez, van a rechazar a otros, en una espiral sin fin.

Otro hiriente sujeto con el que no quisiéramos tener ningún tipo de cuentas es la mala imagen . Aunque la imagen está sobredimensionada en nuestros días, a causa de que la tecnología la ha catapultado hasta alturas nunca alcanzadas, la realidad es que desde siempre cualquier ser humano deseó que los demás tuvieran un buen concepto de él, de su valor, de sus cualidades y de sus logros. Todo lo que no fuera en esa línea suponía un detrimento y una afrenta a su honor, que probablemente es la palabra que antiguamente sirvió para expresar la cualidad interna que ahora externamente se expresa con la palabra imagen, si bien hay una notoria diferencia entre ambos conceptos.

Tener una buena imagen, proyectar una buena imagen o dar una buena imagen es el summum bonum de nuestro tiempo. Por eso hay que cuidar mucho las apariencias y no permitir que nada trastoque la impresión que trasmitimos a los demás. Especialmente hay que evitar la mala publicidad y la mala prensa, que pueden ocasionar daños irreparables a nuestra imagen. Hubo un lugar, un momento y una persona en los que estos tres enemigos aborrecibles del ser humano convergieron. Aquel lugar tenía de por sí un nombre tétrico; aquel momento fue de tinieblas y oscuridad, aunque era el mediodía; aquella persona recibió sobre sí el sufrimiento, el rechazo y la mala imagen, aunque era la persona más grande y digna que ha pisado esta tierra.

En aquel sitio, que se llamaba ‘lugar de la Calavera’, el último lugar donde cualquiera quisiera estar, esa persona bebió hasta la última gota una copa rebosante de sufrimiento, rechazando el narcótico que se le ofrecía que podía haber apresurado y facilitado su muerte, de modo que la suya no fue en ninguna manera una ‘muerte digna’. Aquel fue un momento en el que esa persona quedó expuesta a la vergüenza y oprobio público, quedando por tierra todo su honor y su imagen, pues hasta el mismo letrero que indicaba la causa de su muerte era una mala publicidad y una mala prensa . Su exposición ante la vista de todos, en una desnudez ultrajante, solo podía aumentar aún más la humillación a la que estaba siendo sometido. Además, el acompañamiento que tenía a su derecha y a su izquierda no era precisamente el que más ayudara a mejorar su ya pisoteada imagen.

Aquella persona experimentó en aquel lugar el rechazo de sus semejantes en toda la dimensión del término.El del hombre común, porque los que pasaban por aquel lugar, las personas corrientes, de la calle, le injuriaban. El del hombre importante, porque los gobernantes y la élite de la sociedad le escarnecían. El del hombre escoria, porque los ladrones que estaban a su lado le afrentaban. Rechazo, es la palabra que puede resumir lo que esa persona experimentó desde todos los segmentos de la sociedad. Pero con todo, quedaba todavía un rechazo mayor que había de soportar. Porque a fin de cuentas los rechazos mencionados son horizontales y por tanto relativos, por más dolorosos que puedan ser. Pero le faltaba por experimentar el rechazo vertical, esto es, el rechazo de su propio Padre. Lo asombroso es que esta persona estaba asumiendo voluntariamente un sufrimiento ajeno, un rechazo ajeno y un deshonor y mala imagen ajenos; es decir, un pecado ajeno . Nada de eso era suyo propio, nada le correspondía, lo cual indica que esta persona estaba realizando una obra vicaria, es decir, en lugar de otros; en beneficio de otros. En lugar de ti y de mí. En beneficio de todo aquel que se acerque a él en arrepentimiento y fe.

Autores: Wenceslao Calvo
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viernes, 14 de octubre de 2011

LUTERANOS Y MENONITAS CELEBRAN LA PAZ Y EL PERDÓN

Por Hilario Wynarczyk, Argentina*

La Federación Luterana Mundial (conocida por sus siglas FLM) presentó en Stutgart, Alemania, en la celebración de su XI Asamblea en junio del 2009, un documento que reconoce el error de la persecución a los anabaptistas en el siglo XVI. De estos anabaptistas descienden importantes iglesias evangélicas de la actualidad, pero en especial una: la de los menonitas, que en la Argentina están federados en la FAIE, Federación Argentina de Iglesias Evangélicas. Los menonitas deben su nombre a un líder de los anabaptistas en Holanda, Menno Simons. Con ese argumento la FLM anticipaba el “pedido de perdón de la Comunión Luterana a los hermanos menonitas”, un acto que se extiende hasta el presente a través de de reuniones, declaraciones públicas y documentos. Se trata de pasos en el camino hacia la paz y la reconciliación, dos temas recurrentes en la agenda religiosa-política contemporánea, como especialmente lo muestran los documentos del Vaticano, en otro orden de cosas. Pero ¿quiénes son esos anabaptistas y por qué es necesario pedirles perdón a sus descendientes menonitas? El análisis de este fenómeno nos lleva al pasado y nos permite extraer reflexiones finales para el presente.


Historia del presente
Sucede que ya en la época de la Reforma Luterana o Reforma Oficial, tuvo lugar otro proceso, orientado por la aspiración a llevar el cambio religioso hasta unas consecuencias extremas. Dentro de este flujo se encuadraron los campesinos de Alemania en rebelión contra sus señores y el poder del sistema monárquico. Lo oprobioso de aquellos sucesos, oprobioso bajo el escrutinio de las iglesias de hoy que arrepentidas hablan, es que Martín Lutero escribió un panfleto “Contra las hordas salteadoras y asesinas” y legitimó su control con el uso de la fuerza.
Desde entonces aquella nueva ola de transformaciones del escenario religioso suele ser conocida como la Reforma Radical, que se opuso al bautismo de niños y la asociación de la iglesia al Estado a la vez que sostuvo la constitución de iglesias locales y otros cambios en la vida en sociedad. Un punto crucial, sin embargo, fue la difusión de creencias acerca del fin del orden imperante, la entrada de Jesús en la historia para reinar durante mil años y la constitución de un cosmos social transformado, en el cual las personas que fueron constantes y ofrendaron su vida por la fe serían vueltas a la vida y habrían de ser sacerdotes junto a un Cristo convertido en Rey y Señor. El poder divino habría suplantado al poder terrenal. A ese complejo de fenómenos religiosos, sociales y políticos se refiere especialmente el célebre sociólogo Max Weber en 1905[1]. Según Max Weber, en su condena a la rebeldía de los “espíritus fanatizados” y las sublevaciones de campesinos, Lutero se basaba en un encuadre según el cual el “estado” de la nobleza, a pesar de su depravación moral, aparece como fundado por el mismo Dios. Por consiguiente, las rebeliones campesinas iban contra el orden fundante de Dios y desde la teología era posible legitimar su condena.
La figura emblemática de la Reforma Radical emergió con Tomás Münzer, sacerdote católico igual que Martín Lutero, convertido a la Reforma. Münzer anunciaba el fin de la monarquía y el imperio y fue llamado también “el profeta guerrero”. La revuelta de los campesinos al frente de los cuales en determinado momento se colocó acompañado por miembros del clero bajo que también lo seguían (curas católicos del ambiente popular, podríamos decir hoy), terminó con la muerte de 5000 rebeldes pero otros cálculos dicen muchos más. Igual que aquellos campesinos, lo acompañaron a Münzer los obreros de la industria textil y las minas. En mayo de 1525 murió decapitado.
Más tarde, a partir del siglo XIX, el reformista radical fue objeto de atención de historiadores y sociólogos eminentes, a raíz de la notoria interconexión entre una movilización social de las capas sociales inferiores y la creencia en el establecimiento del Reino de Cristo en la tierra por mil años. Esta concepción religiosa de la historia que se quiebra con la nueva entrada del Mesías es hoy conocida como teología milenarista. Lo que llamaba la atención a los sociólogos es el vigor dinámico que le insuflaba a la acción colectiva ese encuadre teológico del futuro. Tal es el caso de los análisis escritos por Friedrich Engels, Karl Kausky, Ernst Bloch y Karl Mannheim siendo estos dos últimos posiblemente los autores más importantes en la materia. Posteriormente, el término “milenarista” fue adoptado como un denominador técnico para una diversidad de movimientos de protesta con bases religiosas que profetizan un nuevo orden social.
Los choques de las diversidades evangélicas
Lo notable de estos acontecimientos, desde la perspectiva del análisis sociológico, es el supuesto teórico de que existen conexiones entre grupos humanos privados de recursos y esperanzas y las nuevas formaciones religiosas basadas en el poder del Espíritu y el rechazo a la anexión de la religión al Estado. En aquel momento de la historia cercano a la reforma desencadenada por Lutero pero en una posición antagónica, argumentaba Mannheim en 1949[2], se ubicarían la esperanza de los desposeídos campesinos en un mañana sobrenatural y la difusión del milenarismo como formato teológico de la acción social colectiva. El sueño de redención por un Rey y Salvador que instala algo así como un Paraíso aquí en la tierra, se constituiría posteriormente en una herencia vigente en amplios segmentos del campo formado por las iglesias evangélicas (algo que técnicamente corresponde llamar “una escatología” o teoría del fin de los tiempos), pero ya sin conexión con esa realidad histórica dramática y el sentido que le conferían sus propias circunstancias. La entrada directa del Milenio, marcaría como un signo conflictivo el protestantismo contemporáneo, sostiene en 1965 Paul Tilich, un eminente teólogo y pensador social protestante[3]. En fin, Tilich se refiere al choque dentro del mundo evangélico entre los que aspiran a modificar la sociedad y los que esperan un cambio radical que sobrevendrá desde lo sobrenatural directamente.
Delante de este fenómeno, un punto paradojal aparece en escena cuando algunas corrientes que descienden de este movimiento de rebelión agresiva, representan hoy las inflexiones más conservadoras del campo evangélico, mientras que descienden asimismo de aquel movimiento otras personas y agrupaciones que han simpatizado con las ideas de paz y lucha contra el racismo protagonizadas por Martin Luther King al interior de la iglesia bautista, también heredera del curso histórico anabaptista. En fin, estas contradicciones surgen de la dinámica social alrededor de la interpretación de la Biblia y de las circunstancias cambiantes en el tiempo que le dan su contexto y fuente de sentido.
Pero el aspecto algo dramático que emerge del mismo fenómeno, es que la agenda religiosa puede mezclarse con la agenda política y esta última es capaz de influir en la primera y valerse inclusive de ella a su favor y con signos diversos.-
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[1] WEBER, Max. 2003 (original de 1905). La ética protestante y el espíritu del capitalismo. En: Max Weber, obras selectas. Buenos Aires: Editorial Distal. Páginas: 167-168.
[2] MANNHEIM Karl. 1958 (E.O. 1949). Ideología y utopía: una introducción a la sociología del conocimiento. Madrid: Aguilar.
[3]TILLICH, Paul. 1965. La era protestante. Buenos Aires: Paidós. Página 144.

*Autor. Hilario Wynarczyk, Doctor en sociología y especialista en investigación de temas del campo evangélico

jueves, 13 de octubre de 2011

Nieto gay de evangelista quiere llevar su fe a las comunidades homosexuales

Randy Roberts Potts, recientemente se desempeñó como mariscal para el año de la Caminata contra el SIDA en la Ciudad de Oklahoma. Durante su visita, fue entrevistado acerca de su fe y sobre su función de promoción para la comunidad gay, publica el diario New Sok.
Potts, es nieto del fallecido televangelista Oral Roberts y expresó que quiere llevar su fe a las comunidades gay.
Él cuenta que creció en una familia amorosa, extendida y encabezada por su abuelo, el último tele-evangelista Oral Roberts, fundador de la Universidad Oral Roberts.
Potts, es el hijo de Roberta Roberts, -hija de Oral Roberts Potts-. Él dice que hasta que llegó a su adolescencia sintió temor porque su corazón le decía, que era homosexual. Posteriormente un familiar le habló después de un entierro, diciéndole que Dios se enojó tanto por la homosexualidad que destruyó a toda una ciudad a causa de ese pecado.
En referencia a Sodoma y Gomorra, Potts, dijo que tuvo mucho miedo y que “me sentía como si estuviera tratando de rescatar las malas decisiones”, dice Potts, y que el temor lo llevó lejos de su fe a pesar de haber crecido en una fe plena y una familia conservadora.
Buscó una justificación
Potts, dijo que hizo algo que no había creído posible. “En mis 20 años, escapé de mi fe y mi religión”. El nieto de Oral Roberts, con el tiempo comenzó a leer la Biblia para saber exactamente lo que dice la Palabra de Dios sobre la homosexualidad.
Según él dice, encontró que la Escritura “no es tan clara”, porque mientras que algunos pasajes de las Escrituras señala que homosexualidad es una abominación, otro pasaje (en Levítico) dice que comer mariscos es una abominación. “¿Por qué podemos pasar por alto algunos pasajes de la Biblia, pero no otros?”, preguntó.
Potts, dijo que en su investigación, se enteró de que algunos predicadores evangélicos, no son tan hostiles hacia los gays como los demás, pero tienen miedo de dar la bienvenida a los homosexuales por miedo a que sus congregaciones los abandonen en masa.
“Hay mucho miedo en la comunidad evangélica, porque si un ministro se levanta y dice que necesitan ser más receptivos con los homosexuales, podría perder su iglesia”, dice Potts, quien espera reunir a la comunidad evangélica y gay en conjunto para detener la intimidación en contra de los adolescentes homosexuales. Dijo que está seguro que las dos comunidades tienen algo en común y que es sólo es una cuestión de conseguir, los grupos para centrarse en los objetivos y preocupaciones comunes.
“Ellos tienen que lidiar con la realidad de que la retórica actual está perjudicando a los niños gay”, dijo Potts, afirmando que algunos ministros están empezando a hablarle a gente gay en un mejor tono desde el púlpito.
Potts, explicó que mientras su abuelo en realidad no dijo mucho acerca de los gays, algunas personas en la comunidad gay han dicho que se vieron afectadas por el legado de los evangelistas como Oral Roberts. “Él era parte de un grupo de líderes que dicen: los gays van al infierno”.


Fuente : Noticia Cristiana

miércoles, 12 de octubre de 2011

Lidia Rodríguez: “Necesitamos ejercer nuestra labor con tenacidad y excelencia”

Por. Manuel López, España*

Catorce de los 121 pastores de la Unión Evangélica Bautista de España (UEBE) son mujeres. Un 12 por 100 está lejos de la paridad, pero las perspectivas de futuro inmediato no pueden ser más esperanzadoras: de los 29 alumnos matriculados en el Seminario Teológico UEBE para el presente Curso académico 2011-2012, doce son mujeres.
Ya se ha superado el 40%. Está visto que en la teología y el pastorado hay un lugar para la mujer. Lidia Rodríguez, copastora de la Comunidad de Santutxu, iglesia miembro de la UEBE, y profesora de Teología de la Universidad de Deusto, no necesita presentación; la mera relación de materias de las que imparte asignaturas en la licenciatura y los cursos de postgrado la acredita como uno de los profesores de Teología más capaces y valiosos de la Universidad Española.

PREGUNTA.- Profesora de Religión y Antropología del Judaísmo Bíblico, Teología Bíblica y Literatura Sapiencial, y en una Universidad de prestigio como es Deusto. ¿De cuánta envidia sana –y de la otra– entre ministros de culto hombres es usted consciente?
RESPUESTA.- Gracias a Dios, vivo ese asunto desde una feliz ignorancia, que creo es lo mejor que podría sucederme. Pero, de despertar algo, me gustaría que fuera ánimo para el camino y un sano orgullo de sentirse protestante.
P.- ¿Seminario o Universidad? Monta tanto, tanto monta para la formación teológica, o seguimos dejando que los seminarios formen pastores y las universidades teólogos?
R.- Nuestras iglesias y nuestra Unión no podrán sobrevivir sin lo uno ni lo otro. Es cierto que responder a lo urgente –es decir, la formación de pastores que atiendan a las congregaciones locales– ha hecho que a menudo desatendamos algo tan importante como hacer avanzar una reflexión teológica autóctona, inculturada en nuestra realidad social. En mi opinión, hoy por hoy no nos podemos permitir el lujo de separar institucionalmente dónde se imparte una formación u otra; lo importante es, como afirmaba Lutero, que cada pastor debería ser un teólogo, y cada teólogo, un pastor. Porque del mismo modo que el que dice no meterse en política, de hecho ya se ha metido en política, el que reniega de la teología de hecho está llevando adelante un determinado programa teológico, que por desgracia suele caracterizarse por el oscurantismo.
P.- Aparcado el proyecto de la nueva Ley de Libertad Religiosa, la homologación de los títulos académicos del STUEBE –que por cierto estrena nombre: Facultad de Teología UEBE– y los otros Seminarios evangélicos “serios” va a ser lo único que se consiga del Gobierno Zapatero. ¿Cómo se ve este logro desde la Universidad?
R.- No sé si las iglesias evangélicas son plenamente conscientes del cambio epocal que supone la homologación académica de los títulos en teología de los seminarios evangélicos ¡por primera vez en nuestra historia! Es sin duda una llamada a seguir mejorando la calidad de sus docentes, de su oferta académica, de sus instalaciones, y por supuesto un reto a los estudiantes que a partir de ahora obtendrán un título de grado adaptado al espacio europeo. Desde aquí, mi más sincera enhorabuena a todos los que han hecho posible este logro gracias a su desinteresada dedicación.

P.- Qué hace falta para que la teología pueda ponerse de moda, tener buena prensa?
R.- No me preocupa que se ponga de moda, porque la moda tiene fecha de caducidad. Sí me preocupa su mala prensa. Creo que para que la teología cumpla sus objetivos la iglesia evangélica debería poder quitarse de encima la rémora fundamentalista que entre otras cosas teme la reflexión propia y la libertad de conciencia –por mucho que se nos llene la boca con la “guía del Espíritu Santo” y el “sacerdocio universal de todos los creyentes”–. En el caso de los teólogos, se echa en falta una labor pedagógica para acercar a la realidad vivida en las iglesias la “sesuda” reflexión de tanto hombres y mujeres a lo largo de la historia de la Iglesia.
P.- Hubo quien interpretó su ponencia en la última Convención como un signo claro de reconocimiento de los teólogos dentro del marco de referencia de la Unión Bautista UEBE. ¿Es esta también su percepción?
R.- Sinceramente, no. No recibí ninguna referencia u opinión en ese sentido. De haberlo pretendido, por ejemplo, hay profesores en nuestro Seminario con más derecho que una servidora para haber representado a la reflexión bautista en la Convención.
P.- “Comprometidas en hacer atractiva la teología”. Cada vez hay más mujeres participando activamente en los foros teológicos… en otras latitudes y contextos. ¿Encaja esta afirmación con su experiencia pastoral en Santutxu?
R.- Eso espero. Una de las tareas pendientes de la teología es permear la vida cotidiana y tender puentes.
P.- ¿Cómo superar el “caso español” de una teología, salvadas un par de excepciones, una de ellas usted, exclusivamente masculina?
R.- En el caso de la iglesia, se requiere un espíritu fraterno y solidario entre hombres y mujeres, con altura de miras y sin miedo al “qué dirán”. Y eso significa, por ejemplo, apostar en las iglesias locales por mujeres que no tienen por qué estar casadas para ser merecedoras de un espacio de servicio en la comunidad –y, por supuesto, de un sueldo digno–. En el caso de las mujeres, necesitamos ejercer nuestra labor con tenacidad y –si se me permite emplear un término muy nuestro– excelencia, siendo conscientes de que los frutos tardarán todavía mucho tiempo en poder recogerse. Debemos aventurarnos a publicar nuestra reflexión, aunque sea de forma precaria y en pequeños círculos, para animar a otras mujeres a emprender este camino apasionante y apasionado de la teología.
P.- En el reciente Congreso de Mujeres teólogas en Salamanca se echó en falta una mínima representación protestante. Parece como si cuando la teología deja ocasionalmente de ser “cosa de hombres”, sigue mandando la etiqueta “católica”. ¿Cómo lo ve? ¿Qué hacer?
R.- Ser protestante y mujer dedicada a la teología equivale a formar parte de una minoría dentro de lo que a su vez es una minoría social, y eso se refleja en nuestra escasa participación en los encuentros nacionales. Además, la Iglesia debe ser consciente de la importancia de visibilizarnos en los espacios públicos y de tomar las medidas necesarias para ello, como puede ser liberar y promocionar a mujeres para que puedan dedicar parte de su ministerio a formarse y reflexionar, a escribir, a participar en congresos, etc. No hay fórmulas mágicas: es necesario emplear el tiempo y los recursos necesarios al alcance.
P.- Se sigue diciendo en los entornos evangélicos que “el País Vasco es duro para el Evangelio”. ¿Cuál es su experiencia pastoral?
R.- No más que Extremadura o Murcia. Si algo evidencia mi experiencia pastoral, es que para proclamar la buena noticia a los hombres y mujeres de nuestro tiempo no sirven los clichés trasnochados, ni las supuestas fórmulas mágicas importables de un contexto a otro. Se nos exige que el evangelio ilumine los problemas reales de las personas para que no termine siendo un discurso religioso hueco o un simple calmante para la mala conciencia. En el País Vasco, o el evangelio es un evangelio de paz y reconciliación, o no será.
P.- Deja al fin de ser “cosa de hombres” la enseñanza de la Religión en lo más alto de la escala académica?
R.-¡Ni mucho menos! Todavía queda mucho camino por recorrer –al mencionado estudio me remito–, y lo que se ha ganado hasta hoy se está poniendo en peligro con las nuevas corrientes ultraconservadoras que se nos vienen encima.
P.- Nuestra Unión Bautista UEBE es pionera en la incorporación de la mujer al ministerio pastoral, pero el grueso de los despachos eclesiásticos de las familias denominacionales se escandalizan con solo oír la palabra paridad? ¿Por qué resulta tan difícil hacer pedagogía con este tema?
R.- El pasado forma parte de nuestra identidad y eso lo hace muy poderoso, no solo en cuanto al discurso, sino en el ámbito de las emociones y de la pertenencia. Aunque oficialmente se emplean argumentos escriturísticos en contra del ministerio de las mujeres, en el fondo muchos de nuestros hermanos y hermanas tienen miedo; temen los cambios, porque lo que siempre se ha hecho así –aunque sea de forma equivocada– ofrece seguridad y estabilidad; creen que cambiar de forma de pensar en este asunto equivale a traicionar al fundador de la iglesia local, a la enseñanza recibida,… Si todo ello lo aderezamos con una lectura fundamentalista de la Palabra, tenemos el plato servido.
P.- ¿Qué conclusiones está sacando usted del movimiento del 15M?
R.- Que “la masa” es menos masa de lo que se creía, que hay hombres y mujeres clamando justicia, y que el evangelio debería ser capaz de fermentar esos espacios.
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Dígame…
PREGUNTA.- Correctora de estilo de una edición de la Biblia. ¿Sabe cuánta sana envidia (y de la otra) despierta este apunte de su currículo?
RESPUESTA.- Eso es porque no saben el “curro” que lleva…
P.- ¿Cómo pudo reprimirse de corregir a Pablo en sus pasajes poco amables con la mujer?
R.- Lo que no pude reprimir fue una enmienda al epígrafe de Ez 13. donde se leía “falsos profetas y brujas” (sic), hoy se lee “falsos profetas y profetisas”. A buen entendedor…
P.- Un inmigrante en la junta directiva de la UEBE pongamos para el año…
R.- Si se tratara de representar la realidad sociológica de nuestras iglesias, ¡debería ser ya!
P.- ¿Y a una mujer presidenta sino de la Unión Bautista UEBE, al menos del Colegio Pastoral?
R.- No lo verán mis ojos…
P.- Un buen rioja en las copas de la Santa Cena le parece
R.- Un placer al paladar que nos acercaría más que nuestro tradicional vino dulce o mosto a la experiencia de los primeros discípulos de Jesús. Y, ya puestos, ¡que sea de la Rioja alavesa!
P.- “Si las mujeres mandasen…” ¿tendría más éxito la zarzuela en los despachos eclesiásticos?
R.- Como decía alguien… ¿es que podría hacerse todavía peor?
P.- El Athletic jugando la próxima temporada en Europa. ¿Qué consecuencias políticas podría favorecer?
R.- Lamento no ser fiel seguidora del Athletic, muy a pesar de mis queridos “feligreses”.
P.- “Ayuda idónea del esposo”. Haga un análisis de texto rápido, por favor.
R.- Ayuda, a todos; idónea, me temo que no siempre estoy a la altura. Mi esposo, gracias a Dios, es un compañero en el camino.
P.- “Diaconía de Comunicación e Imagen”.
R.- Fundamental para no ir metiendo la pata, por ejemplo, ante las instituciones políticas
P.- “Evangelismo” no viene en el Diccionario…
R.- Es lo que tienen los neologismos ingleses, que campan a sus anchas en nuestra jerga evangélica. Me preocupa más la carga ideológica que lo acompaña.
P.- Tampoco “palabros” como “iglecrecimiento”…
R.- De lo cual me alegro, y espero que desaparezca de nuestra reflexión para siempre… ¡Con la de buenos misionólogos que tenemos entre nosotros!
P.- ¿Qué le diría a los que usan y abusan de la palabra “compartir” cuando lo que hacen es impartir una prédica (o largar un rollo)?
R.- Que hay eufemismos incapaces de ocultar el ego.
P.- ¿Y al que empezó a usar el “abreviaturo” Pr. (menos mal que no Pra.)?
R.- Incomprensible en nuestro contexto. ¿Acaso nuestros fontaneros ponen “Font.” en su correspondencia, o nuestros electricistas “Elec.”?
P.- “El Señor me ha dicho”. ¿Qué errores bíblico-teológicos hay en tan contundente frase?
R.- Muchos, pero permítame que lo resuma en una frase socarrona: “Quien dice que habla a Dios es una persona religiosa; quien dice que le habla Dios es un esquizofrénico.”
P.- Culto racional vs. culto emocional. Los racionales están reconciliados con la “logikén latréian”, pero los emocionales reivindican la “lógica” de la emoción. ¿Qué hacer?
R.- Creo que nuestra razón debe estar tan implicada como nuestra afectividad en el culto; los problemas concretos tienen que ver con los modos de expresión de esa afectividad, a menudo importados de otras latitudes y que en no pocas ocasiones causan extrañeza e incomodidad en parte de la congregación. Para que estas diferencias no rompan la fraternidad debemos ser capaces de llegar a acuerdos que serán diferentes en cada comunidad local, lo que los estudiosos de la diversidad llaman “acomodo”.
P.- “El Eco* digital”. ¿Cuánto vale esa marca?
R.- Creo que en ello nos jugamos la supervivencia.

* El Eco Bautista es el órgano de la Unión Evangélica Bautista de España (UEBE), fundado en 1893.
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Académica y pastora
Lidia Rodríguez Fernández nació en Valencia. Estudió Teología en IBSTE y más tarde en la Facultad de Teología de la Universidad de Deusto. Es presbítera ordenada de la Comunidad Cristiana Evangélica del barrio de Santutxu de Bilbao (Vizcaya) desde 1999, iglesia que pasó a formar parte de la UEBE en 2008 y de la que es pastora junto con su marido, Juan Francisco Muela.* Tuvo a su cargo el mensaje inaugural en la pasada Convención de la UEBE, con el título de “Los talentos: una responsabilidad por delante”.
Como equipo pastoral tienen distribuidas sus funciones de este modo: Representación institucional, Pastoral y Enseñanza de adultos (Juan) y Presidencia del Consejo de iglesia, Pastoral, Enseñanza de adultos y Evangelización (Lidia). Se incorporó a esta Facultad de Teología de la Universidad de Deusto en 2005 como secretaria del Simposio Internacional sobre Orígenes del Cristianismo. En el curso 2006-2007 es becaria de Investigación y desde entonces profesora de la Facultad. En el año 2006 estuvo un tiempo como investigadora en Israel en la École biblique et archéologique française de Jérusalem (EBAF), más conocida por sus trabajos con los manuscritos de Qumrán.

* (Ambos son miembros de la junta de Ateneo Teológico, editora de Lupa Protestante).
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Publicaciones
“La memoria, fundamento de la acogida al emigrante”, El inmigrante en la Biblia. Reseña Bíblica 46 (2005)
“Prostitutas ¿cúlticas? en tiempo de los profetas”, Ellas os guiarán al Reino de Dios. Reseña Bíblica 54 (2007)
“Profetas anteriores y posteriores”, Diccionario de profetismo. Monte Carmelo (2008)
“Espacio público y pluralismo religioso desde una perspectiva cristiana protestante”, V encuentro de Derechos Humanos. La religión y los derechos humanos en el espacio público (Diputación de Guipúzcoa, 2009)
“El cristianismo reformado y evangélico” y “Otras comunidades de inspiración cristiana”, capítulos de Pluralidades latentes. Minorías religiosas en el País Vasco (Pluralismo y convivencia, 2010)
“Protestantismo vasco hoy”, artículo en la revista Hemen (2010).
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Entrevista de la serie del autor “Conversaciones con nuestros líderes” publicado en “EL Eco Bautista”, 3/2011. www.uebe.es

martes, 11 de octubre de 2011

La mujer elegida: Caterina von Bora

Por. Diana Rocco Tedesco, Argentina*

En junio de 1525 Caterina von Bora[1], una joven de 26 años, se casaba con un pretendiente que le llevaba 16 años, Lutero, un ex monje, como ella misma era ex monja. Lutero que había pensado dedicarse a la continencia a pesar de haber dejado el convento, decidió sin embargo, a los 42 años, hacer un gesto político y práctico, que demostrara que la Reforma no quería diferencia entre seglares y sacerdotes. El sacerdocio universal de todos los creyentes debía demostrarse eliminando también las diferencias de dedicación de vida. Los sacerdotes se casaban, los monjes y las monjas, abandonaban sus monasterios de clausura y dedicaban su vida al servicio a la comunidad, pero “fuera” de los muros que los rodeaban, ya fueran sociales o de concreto.
La historia de la joven es parcialmente común: es dedicada todavía niña (10 años) a un monasterio por el padre, viudo que decide volver a casarse. Este era un hecho común, ya que todavía los padres eran los dueños de sus hijas, como siempre lo habían sido. Y así las mujeres seguían siendo propiedad de su padre, de su marido o de un convento, y no eran libres para elegir qué hacer con su vida…los varones decidían por ellas: adolescentes eternas, como la etiquetaban en otras épocas.
En realidad sí lo eran en general en la realidad, porque los varones enviudaban a menudo por muerte de sus mujeres-niñas en los partos prematuros, y se volvían a casar una y otra vez con verdaderas adolescentes, aumentando la distancia de edad entre los cónyuges. Sin embargo, aunque la situación era esa, Lutero había decidido no casarse. Era necesario un gesto de aprobación del líder a lo que estaba pasando: los obispos, los monjes, los sacerdotes se casaban…¿por qué Lutero no? Caterina, estaba libre…y en parte gracias a la ayuda que él mismo le había otorgado. Se había escapado de su convento en una maniobra que casi con seguridad fue planeada desde Wittenberg, por el mismísimo Lutero. Uno de sus proveedores la trajo escondida en su carro, junto con otras monjas que se escaparon del mismo convento, en Nimbschen. Algunos dicen que dentro de los barriles del pescado, otros, cubiertas con una lona, simulando ser los barriles…no importa. La decisión de escaparse fue suya y de sus compañeras, aún sabiendo que si las capturaban durante el hecho, podían terminar en la hoguera.
Pero las ideas de Lutero, así como siglos antes las de Valdo, recorrían Europa, y especialmente Alemania, aún en los länder católicos, donde encarnaban el sentimiento nacional alemán. Esta era una reforma alemana, así como la de Wycliff -la estrella matutina- el primero[2], lo fue de Inglaterra, o la de Valdo lo fue del sur de Francia, o la de Hus de la zona Checa. Los Estados naciones se iban conformando y la Iglesia católica ya no era la que unía a occidente. Lutero mandó a algunas de estas ex monjas con sus propios familiares, casó a las que pudo, y a las que no, las ubicó en casas de familia “tutoras”. Caterina fue durante dos años huésped en la casa de la familia Cranach de Wittenberg. Pero Lutero quería que se casara, puesto que según parece y pese a los retratos estereotipados de la época, era muy bonita. Hubo ofertas de casamiento, pero Caterina las rechazaba…tal vez porque buscaba a Lutero, que no se decidía a casarse, hasta que como dijimos, su mismo entorno lo presionó para que lo hiciera.
La vida de Lutero, muy desordenada, cambió por completo. Su actuar fue cuidadosamente ordenado por Caterina, que buen trabajo tuvo. E iniciativa. Ella se sintió responsable de cuidar a este hombre, tan importante, y tomó su deber con dedicación…de monja. Lutero se había caracterizado por el dispendio de sus haberes, por dedicarse días enteros a escribir sin descansar, por comer cuando se acordaba, por tirarse en la cama exhausto, sin preocuparse del estado en que estaba ni él ni su cama…era un solterón de 42 años. Caterina puso todo en su lugar. Y además administró la casa y fundó un albergue y una casa de huéspedes en el antiguo convento agustino que les había sido regalado como casa, por el hijo del protector de Lutero, ahora el príncipe elector Juan de Sajonia.
Administrar la casa, no era poca cosa: la granja, los animales, los estudiantes del albergue, los huéspedes, la administración del dinero…todo quedaba en sus manos, con sirvientes que la acompañaban, más que la servían, en un trabajo de dedicación increíble. Caterina le dio a Lutero el tiempo que necesitaba para desarrollar su obra y además 6 hijos. Como señala el Dr. Alejandro Zorzín: “Los Lutero tuvieron seis hijos: Juan (junio de 1526), Elizabeth (diciembre de 1527), Magdalena (mayo de 1529), Martín (noviembre de 1531), Pablo (enero de 1533), y Margarita (diciembre de 1534). Elizabeth falleció antes de cumplir un año, y Magdalena murió en 1542, a los 13 años de edad, para inmenso dolor de sus padres.”[3]
Sin embargo debemos decir que la vida de Caterina era parecida –no igual en cuanto a responsabilidades- a la de la esposa de cualquier burgués de la época. Recuerda y mucho a la mujer descrita en Proverbios 31:10 y ss. En este caso particular, hacía falta una mujer de semejante talante, para que el marido pudiera atender los numerosos problemas que resultaron de ser el emergente alemán que expresaba la separación de Roma como necesaria. Con todo, para una mujer que trabajaba tanto, tener un hijo cada año y medio, o dos, debe haber sido un gran esfuerzo… además de tener que preocuparse por su alimentación y cuidado, lo que era todo un reto, dado el descuido financiero de su marido.
Caterina era muy respetuosa de su marido, al que llamaba “Herr Doktor”, y quería aprender de sus palabras como cualquier alumno… ¿De dónde sacaba el tiempo para también querer esto? No lo sabemos. Ni con todas las comodidades modernas podríamos imitarla. A Lutero le gustaba aguijonearla, desafiándola. P.e. le hacía notar que el A.T. permitía la poligamia. “Sí, le decía ella, pero Pablo dice que cada uno debe tener su mujer”. “Sí, le contestaba él, pero no la única” Y entonces ella explotaba: “Si llegamos a esto, vuelvo al convento”…desafiando una vez más la autoridad del marido, y ¡qué marido!, pero ¡qué mujer! No fue fácil su tarea, pero la desarrolló más que bien, incluso después de la muerte de Lutero, que murió antes que ella, dejándola sola y sin los ingresos de su cátedra. Entre las pocas cartas de Caterina que se han conservado, la única que contiene un testimonio sobre ella misma es una redactada apenas seis semanas después de la muerte de Lutero. No dejemos de notar la profunda admiración de esta mujer por su marido:
“¡Afable y querida hermana! Nada me cuesta creer que usted sienta una misericorde compasión por mí y mis pobres niños. Pues ¿quién no habría de estar apesadumbrada y dolida por una hombre tan valioso, como lo fue mi querido señor? Que no sólo sirvió a una ciudad o a un único territorio, sino mucho a todo el mundo. (…) No soy capaz ni de comer, ni beber, tampoco puedo dormir. Y si hubiera poseído un principado o un imperio, no me hubiera dolido tanto el haberlos perdido, como ahora que nuestro amado Dios y Señor nos ha quitado este querido y caro varón, no sólo a mí, sino a todo el mundo.”
La muerte en 1546 de su esposo, provocó un cambio muy duro para toda la familia. Según la ley, que suele cambiar más lentamente que la sociedad, ella era la concubina de Lutero. Sabiendo esto, el reformador, ya en 1537 había redactado un testamento en el que la declaraba heredera de sus valores y bienes, y la nombraba tutora de sus hijos: “Porque considero que la madre será e! mejor tutor para sus hijos, sin emplear los bienes muebles e inmuebles para desmedro o perjuicio, sino en provecho y beneficio de ellos, que son carne y sangre suya, que ella cargó debajo de su corazón.”
Sin embargo, la destrucción de sus propiedades durante la devastación ocasionada por la guerra de Esmascalda, hizo que los últimos años de Caterina fueran de una dura necesidad económica. En octubre de 1546 -ante el avance de las tropas imperiales- tuvo que huir con sus hijos a Magdeburgo y luego a Braunschweig. Melanchton la acompañaba. De regreso a Wittenberg intentó volver a la pequeña economía doméstica, esta vez, basada prácticamente en sólo su trabajo, ya que casi no tenía ayudantes y no le quedaban animales. Pero cada vez se endeudaba más. Su cuerpo además, acusaba el resultado de una vida tan dura. Estaba muy delgada y envejecida.
Cuando la peste asoló Wittenberg[4], a comienzos del verano de 1552, y la universidad decidió trasladarse a Torgau, también Caterina fue para allá con sus dos hijos menores. Ya casi llegando, los caballos se desbocaron y ella, tratando de frenar el carro para evitar que se saliera del camino, saltó del mismo con tan mala suerte que cayó y rodó hasta caer dentro de un zanjón lleno de agua fría. Los golpes recibidos y el frío, la enfermaron. Falleció el 20 de diciembre de 1552.
En palabras del Dr. Zorzín: “El día siguiente, con la presencia de los estudiantes y colegas de su esposo, fue sepultada en la iglesia parroquial de Torgau, donde una lápida hermosamente tallada recuerda su figura de cuerpo entero.”[5]

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[1] Como siempre en estos casos, contamos mayoritariamente con fuentes masculinas, es decir debemos ver la protagonista desde el punto de vista de los varones que la rodean, a pesar de que en este caso puntual la protagonista sabía leer y escribir, y algo de latín…cosa no frecuente en las mujeres, ya desde tiempos del Imperio Romano, es decir, unos quince siglos de confinación en el silencio.
[2] Así llamará después Lutero a su esposa, ¿por ser la primera en tomar decisiones por sí misma que alterarían su vida? ¿Por qué se levantaba al alba y preparaba todo antes que los demás despertaran? Esto último era común en las mujeres, no lo primero, pero suele ser la explicación aceptada.
[3] Revista parroquial de la IERP, aparecida en nov. de 1999, pp.8-10
[4] Recordemos que desde la gran peste de 1348, las pestes volvían cíclicamente a devastar la población europea. Los que podían, huían al campo, los que no, debían quedarse en las ciudades infectadas.
[5] Op.cit
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*Diana Rocco Tedesco es Licenciada en Teología egresada de ISEDET, 1969. Profesora en Historia, Universidad de Buenos Aires, 1976, Doctorado en Historia (UBA) con especialidad en Historia del Cristianismo antiguo, 2002. Es miembro de la Iglesia Metodista y profesora visitante (Dpto. de Historia) en ISEDET

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Fuente: Lupaprotestante