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viernes, 22 de abril de 2016

Elementos sociológicos para la exégesis del texto bíblico



Por. Carlos Martinez Garcias, EE.UU
Una invitación para impartir un curso ha provocado regresar con ojos nuevos al tema de la sociología y los retos que ella lanza a la tarea exegética de la Palabra.
Hace varias semanas recibí un correo electrónico para enseñar un curso intensivo de sociología de la religión. Los participantes serán estudiantes de un seminario protestante/evangélico de una ciudad cercana a la capital del país. Acepté la invitación y sabiendo que la temática es amplísima me puse a diseñar los contenidos del curso en tres grandes ejes. Aquí voy a describir los dos primeros. Del tercero solamente menciono que vamos a leer y dialogar sobre estudios sociológicos que han investigado sobre la conversión al protestantismo evangélico (mayormente en su vertiente pentecostal) en diversas regiones y sectores de la nación mexicana.
El primer eje está conformado por una visión panorámica de los orígenes de la sociología, descripción de las obras y propuestas de los pioneros de la disciplina. Como existen muchos textos introductorios a lo apuntado anteriormente, me decidí por recomendar a los asistentes la lectura del libro Sociología, de Anthony Giddens, publicado por Alianza Editorial. La sección a estudiar es el capítulo 1, en el cual quien fuera director de la London School of Economics and Political Science hace un buen resumen de lo que es la sociología y su campo de estudio.
Una vez fijadas las nociones básicas del ser y quehacer de la sociología vamos a detenernos en describir una rama de ella, la sociología de la religión. Si la teología desarrolla y/o estudia un sistema de creencias, ya sea este implícito o explícito, la sociología de la religión estudia la expresión social de la fe que da identidad a un grupo. Además de ciertas nociones metodológicas, en el curso haremos un rápido recorrido por los clásicos y cómo han caracterizado lo religioso. Aquí nos va ser de gran utilidad la obra de Roberto Cipriani, Manual de sociología de la religión, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2004.
Vamos a incursionar en el análisis de los retos y oportunidades que representan las ciencias sociales, en particular la sociología, para el estudio de la expresión social de la fe. Porque una cuestión es lo que doctrinalmente se confiesa y otra lo que un grupo manifiesta como conducta social. Aquí será de provecho el pequeño libro, solamente por su tamaño, de David Lyon, Cristianismo y sociología, Editorial Certeza, Buenos Aires, 1979.
El segundo eje en el curso va a centrarse en tres puntos: 1) Sociología y reconstrucción social del mundo del Nuevo Testamento. 2) Características culturales básicas del entorno del cristianismo primitivo, y 3) Estudios sociológicos sobre las comunidades neotestamentarias. En las últimas tres décadas ha crecido de manera exponencial un campo de estudio que comenzó a rendir frutos en los 70´s y 80´s del siglo XX. Me refiero a lo que podemos llamar una exégesis sociólogica y/o antropológica de la Biblia.
La Revelación bíblica tuvo lugar en momentos históricos específicos. En dichos momentos vivieron personas que tenían contextos socioculturales cuyo desconocimiento puede llevarnos a comprensiones anacrónicas de la Biblia. Entre nuestra lectura de la Biblia y los actores que en ella se describen existe un abismo sociocultural, un mundo mental y simbólico, enorme. Tal separación debe ser salvada con puentes cognitivos que tengan por objeto reconstruir para nosotros el mundo social de la Biblia.
Leer documentos antiguos, como es la Biblia, demanda una recreación del mundo original en que esos documentos fueron procreados/transmitidos. Sobre el punto bien sostiene Bruce Malina que “los textos siempre requieren ser interpretados, ya que en un texto no pueden cobrar expresión a la vez todas las dimensiones de un sistema social. Siempre falta alguna información necesaria para comprender plenamente el texto. Es el intérprete quien ha de aportar esta información, con el fin de que la persona o cosa objeto de interpretación pueda ser entendida con facilidad y de la manera más completa posible. Para que pueda tener lugar una comunicación adecuada, el texto necesita un contexto (literalmente: junto con el texto) que consiste en el sistema social en el que originariamente tuvo lugar la comunicación lingüística […] Dado que los documentos del Nuevo Testamento son obras del siglo I enraizados en una época y un lugar específicos, sería más bien necio esperar que los autores de los mismos pudieran haber pensado en lectores separados de ellos por dos mil años. Por tanto, parece ser que si queremos tratar de manera justa a los autores bíblicos, deberemos esforzarnos en portarnos como lectores considerados. Como es obvio, el lector de documentos del pasado que quiere proceder con consideración tendrá que hacer el esfuerzo de llevar consigo a su lectura un conjunto de escenarios acordes con la época, el lugar, y la cultura de los autores bíblicos” (El mundo social de Jesús y los evangelios, Editorial Sal Terrae, Santander, 2002, pp. 34 y 41-42).
La desconsideración sociológica de leer la Biblia sin los referentes socioculturales que le dan sentido a la sección que se está estudiando, y después enseñar o predicar a otros, ha llevado a malentendidos que después se constituyen “verdades” cuyos constructores consideran irrefutables. Una lectura considerada, como le llama Bruce Malina, debiera conocer que, por ejemplo, la sociedad del Nuevo Testamento, como cualquier otra de la antigüedad, era una de alta contextualización. La sociedad de alta contextualización, “produce textos esquemáticos e impresionistas que dejan mucho a la imaginación del lector o del oyente. Puesto que la gente cree que sólo es necesario explicitar unas cuantas cosas, sólo unas cuantas son de hecho explicitadas. La razón de ello radica en que la gente ha sido socializada en formas compartidas de percibir y actuar y, por tanto, muchas cosas pueden darse por supuesto” (op. cit., p. 47).
Sobre el apartado de leer sensibilizados culturalmente la Biblia, y para acometer la tarea valernos con las herramientas de la exégesis sociológica, estoy proveyendo a quienes se matriculen en el curso de nutrida bibliografía básica y adicional. Aquí solamente menciono dos obras iluminadoras, la de Kenneth E. Bailey, Paul Trough Mediterranean Eyes. Cultural Studies in 1 Corinthians, InterVarsity Pres, Downers Grove, Illinois, 2011. Hay una edición en español, publicada por Grupo Nelson, bajo el título Pablo a través de los ojos mediterráneos: estudios culturales de Primera de Corintios; y también la de John H. Elliot, Un hogar para los que no tienen hogar. Estudio crítico social de la Carta primera de Pedro y de su situación y estrategia, Editorial Verbo Divino, Navarra, 1995.
El libro de Elliot contiene pistas metodológicas de los puntos a seguir para llevar a cabo una exégesis sociológica. Son muy útiles para animarnos a emprender la labor interpretativa comunitaria, ya que “una exégesis genuinamente sociológica de las Escrituras parece que no sólo requiere un diálogo continuado entre los exégetas y los sociólogos, sino también –necesariamente– un compromiso y una labor de equipo de personas procedentes de diferentes culturas y estratos de la sociedad. Tal exégesis, entonces, no podrá pronunciar das letzte Wort (“la última palabra”) sobre un texto, sino que tratará siempre de tener espíritu crítico con respecto a sus propias perspectivas y permanecerá atenta constantemente a las perspectivas de otros. De esta manera, la exégesis se convierte –ella misma– en una empresa social. La interpretación del texto, como la composición original y la transmisión del texto, se convierte en parte de una interacción social” (op. cit., pp. 53-54).
Es un equívoco concluir que la exégesis sociológica es una rendición incondicional a un relativismo interpretativo exacerbado. Más bien, me parece, es necesario comprender que la exégesis sociologica es un proceso que nos posibilita avances comprensivos e interpretativos de la Palabra, pero que señala siempre hacia horizontes de mayor entendimiento por parte de quienes escudriñan esa Palabra.

Fuente: Protestantedigital, 2016.

jueves, 21 de abril de 2016

La mujer, el niño y el dragón



Por. Juan Stam, Costa Rica
El capítulo doce del Apocalipsis presenta una narrativa sumamente dramática de una lucha desigual entre una mujer encinta y un feroz dragón con hambre. Es la historia de una mujer acosada por las fuerzas de maldad en su más extrema realidad.
Comienza con dos "señales en el cielo", lo que nos avisa de antemano que el relato será simbólico, con significado trascendental y arquetípico.
Para este ensayo, nos interesan los versículos 1-6: 1Apareció en el cielo una señal maravillosa: una mujer revestida del sol, con la luna debajo de sus pies y con una corona de doce estrellas en la cabeza. 2Estaba encinta y gritaba por los dolores y angustias del parto. 3Y apareció en el cielo otra señal: un enorme dragón de color rojo encendido que tenía siete cabezas y diez cuernos, y una diadema en cada cabeza. 4Con la cola arrastró la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. Cuando la mujer estaba a punto de dar a luz, el dragón se plantó delante de ella para devorar a su hijo tan pronto como naciera. 5Ella dio a luz un hijo varón que gobernará a todas las naciones con cetro de hierro. Pero su hijo fue arrebatado y llevado hasta Dios y hasta su trono. 6Y la mujer huyó al desierto, a un lugar que Dios le había preparado para que allí la sustentaran durante mil doscientos sesenta días.
El Apocalipsis bien podría haber terminado con la séptima trompeta, en que "el reino de este mundo ha pasado a ser de nuestro Señor y de su Cristo" (11:15) y "ha llegado tu castigo, el momento para juzgar a los muertos" (11:18).
Los once primeros capítulos del Apocalipsis hubieran constituido un mensaje muy coherente y completo, con su clímax en la séptima trompeta. Del doce en adelante, Juan vuelve a contar lo que es básicamente la misma historia desde un ángulo muy distinto.
En el interludio entre la sexta trompeta y la séptima, Dios renueva la vocación profética de Juan, pero ahora, a diferencia de la primera mitad del libro, Dios le llama a profetizar "sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes" (10:11). Ese mandato, Juan lo cumple en la segunda mitad de su libro.
La fórmula cuatropartita de 10:11 es muy típica en Apocalipsis [1] pero casi siempre aparece distinta, y sólo en 10:11 incluye "reyes" (en lugar de "tribus").[2] Ese hecho, que no puede ser casual, intensifica notablemente la concentración política de la vocación de Juan para el resto del libro, y es precisamente lo que procede a hacer: denuncia, sin ambages ni pelos en la lengua, al imperio romano y a sus emperadores.[3] Sin esa clave política, anunciada ya en 10:11, es imposible entender bien los capítulos 12-22.
Podemos identificar en los capítulos 12-19 por lo menos cuatro temas y propósitos de este macro-bloque textual: ofrecer un análisis y una crítica proféticos de la política de su época; articular una teología de toda la historia humana como lucha entre Dios y el diablo, desde la creación del mundo (Génesis 3:15) hasta la nueva creación; explicar el porqué de la persecución de los fieles cuando sabemos que Cristo ya venció y el diablo está derrotado; y finalmente, infundir esperanza por insistir una y otra vez en el triunfo final del reino de Dios.
En ese contexto, el relato del parto de la mujer es la introducción a todo el resto del libro y la clave central a su sentido y mensaje.
En la narración de 12:1-6, 13-16[4] figuran tres personalidades centrales: la mujer, el dragón y el niño.
El texto dice explícitamente que el dragón representa al diablo, la antigua serpiente (12:9-10), y la alusión al Salmo 2, que a la época se interpretaba mesiánicamente (12:5), nos permite entender que el niño es Jesús.
El significado simbólico de la mujer es más complicado y muy discutido.
La mejor conclusión es que el simbolismo de ella funciona en varios niveles. En el nivel fundamental ella es Eva, la mujer de Génesis 3:15 cuya prole luchará en dura lid contra la serpiente, lo cual es precisamente lo que ocurre en este capítulo del último libro de las escrituras. Ella representa también a Israel, o más exáctamente a Sión, la parturienta que engendra al Mesías (Isa 26:15-18; Jer 4:31; Miq 4:9-10).[5] Bien puede representar a María, también, como madre biológica de Jesús, pero una María que grita con dolores de parto (12:2) y tiene otros hijos (12:7). Por otra parte, después de la ascensión del niño a su trono (12:5), la mujer se transforma en símbolo de la iglesia perseguida (12:6,13-17).[6]
Aunque el dragón se presenta en este pasaje como feroz y muy temible, devorador de niños, de hecho nada le va bien. Espera, con el agua en la boca, el nacimiento del niño (su rival), pero el niño apenas nace y es arrebatado al cielo; en vez de terminar dentro del estómago del malvado dragón, el niño termina sentado en el trono del universo (12:5).
A continuación sigue una batalla en el cielo[7], en la cual Miguel le da al dragón "la madre de todas las derrotas" y lo lanza violentamente a la tierra (12:9-10). ¡Segundo fracaso!
Entonces intenta vengarse con la mujer, la madre del niño, pero a ella le salen alas y va volando a un lugar de refugio (12:13-14). ¡Derrotado otra vez! En seguida vomita un gran chorro de veneno diabólico,[8] pero la tierra misma "abrió su boca" y se tragó ese amenazante río.
Ahora, totalmente frustrado y furioso, el diablo determina una nueva estrategia para atacar a los demás hijos de la mujer (cristianos contemporáneos del libro) por medio de las dos bestias (Ap 13; en primer término, el imperio romano y el sistema de idolatría imperialista).
Cuando este relato se lee en ese contexto histórico, es imposible no reconocer que tiene mucho significado para nuestra vida, ahora que vivimos bajo otro imperialismo unipolar mundial. También, en la forma de expresarse que tiene Juan, podemos percibir ciertos principios y presupuestos con un mensaje hoy en cuanto a las mujeres en nuestro mundo moderno, y específicamente las mujeres de América Latina.[9] A eso queremos dedicar el resto de este ensayo.
NOTAS AL PIE
[1] La fórmula ocurre en 5:9; 7:9; 11:9; 13:7; 14:6; 17:15.
[2] Stam Apocalipsis Tomo II, 281-282: El libro de Daniel repite ocho veces una fórmula similar pero tripartita, siempre en la misma orden (pueblos, naciones, y lenguas: Dn 3:4,7,29; 4:1; 5:19; 6:25; 7:14; cf. Jdt 3:8), derivada evidentemente de la terminología del imperio persa. Juan lo cambia en fórmula cuádruple, probablemente porque el número cuatro simboliza al mundo entero. Este origen en la terminología del gobierno persa explica también la inclusión de “lenguas”, ya que era un imperio plurilingüe. El Apocalipsis incluye "lenguas" en la fórmula, aunque Juan nunca profetizó sobre ningún grupo lingüístico. Los decretos persas naturalmente incluyen “todos” con la fórmula (excepto Dn 3:4); en otros contexto y con otro sentido, Ezequiel habla más bien de “muchos pueblos” (Ez 3:6). En el Apocalipsis, 10:11 tenemos la única vez que la fórmula dice “muchos”.
[3] Ibid: En las profecías con que Juan cumple esta renovada comisión profética, hablará específicamente de siete emperadores romanos junto con un octavo (17:10-11), ademas de “los reyes de la tierra” en general (16:14; 17:2; 17:18; 18:3,9; 19:19; cf. 21:24), “los reyes del oriente” (16:12) y otros diez reyes (los cuernos de la bestia, 17:12), aparentemente aliados y súbditos del gobierno imperial. Anunciará también dos "guerras mundiales", el Armagedón (14:20; 16:16; 19:11-21) y el ataque abortivo de Gog y Magog (20:8-10). Nada de esto es de fácil interpretación, pero es claro que en su conjunto constituye un mensaje profético sobre reyes y reinos de ayer, hoy y mañana.
[4] Por razones de espacio omitimos el episodio de 12:7-12; ver Foulkes 1989:137-138; Richard 1994:128-130; Caird 1962:31-33; y también la extensa exposición en Stam, Tomo IV, al salir pronto (2006).
[5] A diferencia de este pasaje, el Antiguo Testamento, aunque describe a Israel como encinta y con los dolores de su parto, nunca lo describe con las glorias celestiales de Apocalipsis 12:1-2 ni los simbolismos astrales, lo cual hubiera sido muy ofensivo para la mentalidad hebrea.
[6] Ni Israel ni María fueron perseguidos de la forma descrita en este texto, por lo que tiene que señalar a la iglesia. De todas maneras, sólo esa interpretación de la última fase del simbolismo de la mujer cuadra con el tema y el propósito del pasaje, de interpretar teológicamente la persecución de los creyentes.
[7] Una posible interpretación de 12:7 es que el dragón persiguió al niño con intención de secuestrarlo, pero no lo logra.
[8] El texto no dice que fue veneno, pero ¿qué otra cosa podría salir de esa boca? (12:15; cf. 16:13).

Fuente: Protestantedigital, 2016.
Latinoamérica, Mujer, Apocalipsis, Juan Stam.

domingo, 17 de abril de 2016

¿La aprobación del matrimonio igualitario viola la Constitución de un país? Entre el prejuicio y la discriminación



Por Luis Eduardo Cantero, Argentina*
El 7 de abril los medios colombianos (e internacionales) informaban el resultado de la Corte Suprema de Justicia que aprobó el matrimonio igualitario. Unos de los medios de la oligarquía colombiana como El Tiempo titulaba, tal acontecimiento como algo “Histórico: Colombia tiene matrimonio homosexual.” Otros diarios, con el mismo tinte xenófobos, anunciaban “matrimonio gays; matrimonio entre parejas del mismo sexo…” Ningún diario de la oligarquía, tampoco de los medios del conservadurismo evangelical y católico tituló: Matrimonio igualitario.
Creo que estos calificativos xenófobos son producto de personas con prejuicios; pues, el prejuicio es “Juicio prematuro o previo” hacia alguna persona, sin conocerla a fondo; se forma una idea u opinión de ella. Esa opinión no surge de la nada, son ideas incorporadas de la religión, de la cultura dominante, y, conservadora. Ya han establecido un patrón de vida, de conducta, etc…Y cualquiera que no se ajusta a ese molde se convierte en objeto de discriminación. Como les sucedió a los pueblos originarios, a los negros, a los judíos, a las mujeres. Por ejemplo: Si una mujer optaba por una “profesión de varón”: abogado, conducir camiones, autobuses, albañilería u otro; era objeto de prejuicio, era mal vista. Lo mismo sucedía con el hombre que optaba por una “profesión de mujer” como maestra, docencia, enfermería, modelaje, chef, entre otras…éste varón era mal visto y considerado: “afeminado”, “maricones”, “putos”, entre otros calificativos discriminatorios.
No es raro que nuestra sociedad latinoamericana hoy, muchos cristianos evangélicos y católicos estén tan enojado que se avasallan por doquier con insultos discriminatorios contra los magistrados y alentando a la sociedad a defender el modelo tradicional de familia, el país. Porque, si no defendemos nuestra “postura normal”, se nos viene el Armagedón.
Sus prejuicios están basados en la ignorancia (entre lo jurídico) y la dogmática (iglesia) de lo que le han enseñado históricamente, la sociedad machista prejuiciosa, discriminatoria, de la teología católica romana que ha sido tomada e instaladas en las iglesias evangélicas.
No es raro leer ciertos comentarios prejuiciosos y discriminatorios en las redes sociales, de estos evangélicos contra las comunidades gay…Ninguno de ellos, ha intentado ponerse como tarea de investigar sobre su prejuicio instalado, que dominan sus mentes…Este prejuicio tiende a reservar los prejuicios para juicios negativos, aseguran los psicosociólogos. Entonces, una persona con prejuicio, siempre va a tener actitudes negativas para toda persona que no esté de acuerdo y se comporte a lo que él creé, vive y actúa. Pero, esta persona que expresa prejuicios negativos hacia los grupos que son objeto de su prejuicio, no significa que ella siempre se comporte de manera agresiva hacia cada miembro de dicha colectividad. (Estudio la La Piere, 1934).
Ahora bien, “la expresión de una actitud, también, puede ser considerada como discriminatoria. Pues, la discriminación es un comportamiento violento dirigido contra las personas o grupos objeto del prejuicio.” Por ende, una persona prejuiciosa puede existir sin la discriminación, y viceversa. Luego entonces, una de ellas es más factible al cambio de aceptar y respetar los derechos de los otros.
Fui una persona prejuiciosa, no sabía el por qué, tenía actitudes negativas a ciertas personas que pensaban, vivían distinto a mí. Era uno de ellos, de los que suelen generar actitudes y expresiones negativas contra grupos distintos a los que nosotros creíamos de cómo debería ser la colectividad humana… En el pasado fueron objeto de prejuicios los comunistas, los negros, los evangélicos, etc. Me acuerdo que, si uno optaba por unirse a los movimientos sociales o acompañar a los grupos que pedían ser visibilizados, éramos considerados objeto de discriminación y de expulsión por parte de nuestras iglesias evangélicas.
Digo que fui uno de ellos, hasta que en el año de 1991 o más adelante, no me acuerdo; tuve la experiencia al convivir en el Seminario teológico de mi denominación. Había un compañero de profesión filósofos, estudioso, pensador y cuestionador de todo acto de dominación…Me acuerdo que cuando nos reuníamos a platicar en los pasillos del seminario y de los pabellones de varones, se generaban grandes tertulias, mezclada con discusiones acaloradas, que, para mí, me generaban pensar y leer. Al compañero se le tildó de ser ideólogo o hacer parte de un movimiento revolucionario del occidente colombiano, hasta se le expulsó del seminario; porque sencillamente él cuestionó el modelo de enseñanza de una profesora misionera yanquis.
El rumor (prejuicio) se instaló en toda la colectividad de estudiantes, profesores, etc., todo por el hecho de cuestionar un modelo de enseñanza basado en la educación bancaria… De todo lo que se le armó de parte de la directiva del seminario, como de los docentes y estudiantes al servicio del régimen impuesto… El compañero pensador tuvo que salir del molde que la oligarquía yanqui había establecidos en la colectividad seminarista…En las reuniones de celebración litúrgicas, como de reuniones académicas nos mostraban ese ejemplo de que, si nosotros hacíamos lo mismo, seriamos expulsados… Solo por un prejuicio que se instaló, los llevó a cometer injusticia.
Esa experiencia me llevó a comprender como un pensamiento marcado por los prejuicios en esa colectividad evangélica seminarista puede generar tanto daño; cuando no se investiga, no se lee, no se profundiza sobre las normas jurídica que rigen a todos los ciudadanos de un país. Los factores religiosos determinan formas de actuar y pensar de la gente de esa colectividad. A eso se añade la crisis económica y el aumento del desempleo en nuestros países provocan el auge de prejuicios irracionales en las clases dominantes y dominadas que creen en las virtudes de una clase superior sobre otras; de un modelo de matrimonio tradicional “católico y evangélico” y desprecio al matrimonio igualitario. Como se puede leer en el comunicado del Consejo Evangélico de Colombia “CEDECOL”:
“La Corte Constitucional ha decidido que las uniones entre parejas del mismo sexo pueden considerarse matrimonio, lo cual reforma automáticamente el artículo No.42 de la Constitución Nacional que dice textualmente: ‘La familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Se constituye por vínculos naturales o jurídicos, por la decisión libre de un hombre y una mujer de contraer matrimonio o por voluntad responsable de conformarla. El estado y la sociedad garantizan la protección integral de la familia’.”
En otra parte del comunicado, los pastores, quienes firman el documento, “instan a sus feligreses a hacer uso de la libertad de cultos y de expresión para que puedan expresar sus convicciones sin ser objetos de violencia legal o social.”
En esta parte me pregunto si todo lo que dice el comunicado no es más que un acto de violencia, porque en vez de sosegar a los feligreses y enseñarles a respetar los derechos de los otros. Se insta a hacer uso de las herramientas del prejuicio y la discriminación; e invitar a una desobediencia civil religiosa contra la decisión de la corte constitucional, con “la promesa de salvaguardar los derechos del pueblo colombiano, advirtiendo que estos no han sido custodiados por quienes les corresponde hacerlo”.
Me pregunto, ¿serán que los gays no son parte del pueblo colombiano? ¿No son seres humanos, que tienen los mismos derechos? ¿Qué dice la constitución de una nación? ¿A quienes debe proteger, según la mirada prejuiciosa de los pastores que firman el comunicado de CEDECOL: la constitución? ¿Cuál es la función del estado con respeto a sus conciudadanos? ¿La aprobación del matrimonio igualitario viola la Constitución de un País? ¿Qué es la Constitución? ¿Qué es la iglesia? ¿No son órganos diferentes?
Creo que, si realmente estos pastores y feligreses se dedicaran a conocer la constitución de su país, realmente tendrían que reconsiderar su postura, tendrían que pedir perdón a tal error… No se puede sumar en un país donde la violencia en todas sus expresiones, siga siendo un recurso para imponer sus ideas, su estilo; en vez de pensar proactivamente para el bien de toda la sociedad colombiana. Toda persona tiene derecho a ser visibilizado, como lo confirma la Declaración Universal de los D.H “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona. Nadie estará sometido a secuestro, ideología, torturas o tratos crueles y degradantes (esto incluye a las comunidades gays, etc.).” (Art. 3 y 5).
Cada ser humano por naturaleza es llamado a vivir en libertad, así lo afirmaba Juan Jacobo Rousseau, el estado natural del ser humano es la libertad. “Esta libertad común es consecuencia de la naturaleza humana”, es libertad a menos que haya enajenado el sentido de la misma. El anhelo de conservar su libertad, lo lleva a la búsqueda de seguridad y protección, las cuales se constituyen en una necesidad cuando son amenazadas o enajenadas. (1979: 4). De ahí, surge la urgencia de llenar un vacío jurídico que está perjudicando la libertad de parejas del mismo sexo, que desean ser protegidas y amparadas por el estado ante las amenazas e insultos de una sociedad homofóbica que no los acepta… cada ser humano debe esforzarse por el derecho a la vida, a la libertad, y vivir en paz entre todos los ciudadanos de un lugar…Esos permitirá vivir en una sociedad de iguales.

*El autor es Doctor en Filosofía, pastor bautista, Fundador y Rector del ISETI (Recinto universitario de la UENIC-MLK, Bs. As. Argentina). Dirige la revista online Transformando vida www.luiseduardocantero.blogspot.com

Fuente: ALCNOTICIAS, 2016.