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lunes, 25 de julio de 2016

La relevancia cultural de la Reforma protestante según Karl Holl (I)



Por. Leopoldo Cervantes-ortiz, México
Una de las múltiples aportaciones de Rubem Alves (fallecido hace exactamente dos años ya) en su tesis doctoral del ya lejano 1968 fue su lectura de la Reforma Protestante como un movimiento que abrió las puertas de la libertad cristiana, aunque no sin hacerle varias críticas puntuales, algunas de ellas a trasmano por su influencia en autores como Karl Barth y Jürgen Moltmann. Al acercamiento a las clásicas afirmaciones de Lutero lo acompañó una buena percepción de las aportaciones culturales de la Reforma gracias a la obra de Karl Holl, un historiador alemán que merece mayor atención y cuya obra The cultural significance of the Reformation (La relevancia cultural de la Reforma, 1911, 1948; Nueva York, Meridian Books, 1959), le sirvió para clarificar varios aspectos de su reflexión pionera.
Karl Holl.
Holl nació en Tübingen el 15 de mayo de 1866, donde estudió filosofía y teología. Mientras trabajaba como pastor en Württemberg se doctoró y llegó a ser tutor en el Tübinger Stift en 1891. A partir de 1894 fue investigador asistente en la Academia Prusiana de Ciencias bajo la dirección de Adolf von Harnack (15 años mayor que él). Completó su habilitación en 1896 en la Facultad Teológica de Berlín. En 1901 comenzó su labor docente de historia eclesiástica en la Universidad de Tübingen y desde 1906 en la de Berlín. En diciembre de 1914 ingresó a la Academia Prusiana de Ciencias. Falleció en Berlín el 23 de mayo de 1926. Su trabajo teológico giró en la órbita de la Escuela de Tübingen, liderada por Ferdinand Christian Baur. Publicó numerosos estudios sobre Lutero (desde la perspectiva de la “religión de la conciencia”), algunos de los cuales siguen siendo referencia hasta la fecha, pues contribuyó al renacimiento de los análisis sobre el reformador. Especialmente, destacó la doctrina de la justificación como centro de la teología. Además del título mencionado, están traducidos al inglés: The distinctive elements in Christianity (Los elementos distintivos del cristianismo, 1937) y What did Luther understand by religion? (¿Qué entendía Lutero por religión?, 1977). Otras obras relevantes son: Johannes Calvin, Rede zur Feier der 400. Wiederkehr des Geburtstages Calvins (Juan Calvino: discurso para cleberar los 400 años de su nacimiento, 1909) y Augustins innere Entwicklung (El desarrollo interior de Agustín, 1923).
Peter Grove ha hecho un buen resumen de su trabajo como historiador y teólogo:
…como Harnack, se especializó en la iglesia antigua. Sólo gradualmente llegó a ser el especialista en Lutero que todavía hoy es citado. Holl ubica a Lutero dentro de la concepción comprehensiva de la historia del cristianismo, pero no en el horizonte de Harnack. Tres aspectos integran su abordaje. Primero, reclama que el principal tema del cristianismo, expresado ya en la predicación de Jesús, es la noción simultánea del amor misericordioso de Dios y de su juicio estricto. Segundo, ambas ideas sobre Dios —juicio y amor— informan la historia del cristianismo pero, ya desde el segundo siglo, surgieron distorsiones teológicas por la apropiación filosófica del concepto de Dios y de la idea de los méritos humanos ante Él. Tercero, Lutero no solamente recuperó el cristianismo paulino, más aún, en él “los impulsos incontrolables del cristianismo primitivo recobraron vida con poder triunfante”, no impidiendo, sin embargo, la consciente o inconsciente retención de Lutero que le hacía encontrar valioso el desarrollo medieval. Cuando se compara su percepción sobre Lutero y la reforma con la de Harnack, los estudios de Holl son únicos en virtud de que demuestra histórica y sistemáticamente la interpretación de Lutero enfocada en la doctrina de la justificación.[1]
Desde que en 1921 comenzó a publicar sus ensayos (no siempre sencillos), ya sin la sombra dominante de Harnack, Holl comenzó a ejercer notable influencia. Dado que utilizaba las fuentes primarias para su trabajo, como explica Wilhelm Pauck en el prólogo de The cultural significance…, eso le permitió estudiarlas bajo un estricto régimen de crítica filológica. Prueba de ello es que aprendió ruso para analizar obras de la Iglesia Ortodoxa Oriental.[2] Su interés por Lutero aumentó y se consagró totalmente a revisar las varias fases de su pensamiento y enseñanza, de tal modo que estudió su comprensión de la naturaleza y el significado de la religión, la reconstrucción de la ética cristiana, la importancia del reformador para la historia y el desarrollo de la exégesis y la hermenéutica, entre muchos temas.
Dentro de la sólida tradición germánica del historiador-teólogo (y viceversa) y con esas credenciales académicas, Holl acometió la labor de trazar coordenadas amplias sobre el perfil cultural de la Reforma al considerarla en tres grandes perspectivas: la religión y la vida secular (en una línea similar a la de Ernst Troeltsch); efectos en la vida política y económica (de modo parecido a Max Weber); y, por último, los efectos sobre la educación, la historia, la filosofía, la poesía y el arte, en suma, sobre las humanidades y las artes. Al apuntar hacia la relevancia cultural de la Reforma coincidió con los autores mencionados en la indagación de las relaciones entre religión y cultura y sobre la verdadera importancia del movimiento religioso en el surgimiento de la civilización moderna. De hecho, en esta obra los cita con frecuencia, y sobre Weber es notoria también la conexión con su investigación sobre el espíritu capitalista y, en el caso de Troeltsch, con su gran obra acerca de la enseñanza social de las iglesias cristianas, publicada originalmente en 1912. Ése es el trasfondo de esta gran aportación al debate.
Para Pauck, esas obras “representan la reacción de dos famosos pensadores a la visión marxista de la historia” (pp. 14-15), por lo que obligaba a revisar profundamente el auténtico papel que desempeñó la Reforma en el surgimiento del mundo moderno, tal como lo intentaron otros autores desde la época de la Ilustración, con base en la percepción de que el redescubrimiento luterano del Evangelio y sus respuestas al papado rompieron el autoritarismo de la iglesia católico-romana. Y agrega: “Durante las revoluciones Francesa y estadunidense se afirmó con frecuencia que la lucha por la libertad en la cual se comprometieron los seres humanos fue de algún modo la continuación de la protesta de Lutero contra la autoridad del papa”. Ciertamente, Troeltsch, al estudiar estos asuntos, llegó a conclusiones muy distintas a las de Holl, pero eso no obsta para que, al leer a este último, se valore adecuadamente el papel de la Reforma en la formación de determinadas actitudes culturales. Específicamente, no vio de manera tan negativa como Troeltsch el proceso de secularización de la vida moderna, lo que se complementa con la idea, que compartió con otros, de que Lutero prácticamente “inauguró” el mundo moderno.
Ya con la Reforma en marcha, las transformaciones culturales comenzaron a ser una realidad y abarcaron prácticamente todas las esferas de la existencia social. A eso dedicó Holl este libro fundamental, a partir de un impresionante esfuerzo de investigación.

[1] P. Grove, “Adolf von Harnack and Karl Holl on Luther at the origins of Modernity”, en Christine Helmer y Bo Christian Holm, eds., Lutherrenaissance. Past and Present. Gottingen, Vandenhoeck & Ruprecht, 2015, p. 114. Énfasis agregado.
[2] W. Pauck, “Introduction”, en The cultural significance of the Reformation, p. 8.

Fuente: Protestantedigital, 2016.

viernes, 22 de abril de 2016

Elementos sociológicos para la exégesis del texto bíblico



Por. Carlos Martinez Garcias, EE.UU
Una invitación para impartir un curso ha provocado regresar con ojos nuevos al tema de la sociología y los retos que ella lanza a la tarea exegética de la Palabra.
Hace varias semanas recibí un correo electrónico para enseñar un curso intensivo de sociología de la religión. Los participantes serán estudiantes de un seminario protestante/evangélico de una ciudad cercana a la capital del país. Acepté la invitación y sabiendo que la temática es amplísima me puse a diseñar los contenidos del curso en tres grandes ejes. Aquí voy a describir los dos primeros. Del tercero solamente menciono que vamos a leer y dialogar sobre estudios sociológicos que han investigado sobre la conversión al protestantismo evangélico (mayormente en su vertiente pentecostal) en diversas regiones y sectores de la nación mexicana.
El primer eje está conformado por una visión panorámica de los orígenes de la sociología, descripción de las obras y propuestas de los pioneros de la disciplina. Como existen muchos textos introductorios a lo apuntado anteriormente, me decidí por recomendar a los asistentes la lectura del libro Sociología, de Anthony Giddens, publicado por Alianza Editorial. La sección a estudiar es el capítulo 1, en el cual quien fuera director de la London School of Economics and Political Science hace un buen resumen de lo que es la sociología y su campo de estudio.
Una vez fijadas las nociones básicas del ser y quehacer de la sociología vamos a detenernos en describir una rama de ella, la sociología de la religión. Si la teología desarrolla y/o estudia un sistema de creencias, ya sea este implícito o explícito, la sociología de la religión estudia la expresión social de la fe que da identidad a un grupo. Además de ciertas nociones metodológicas, en el curso haremos un rápido recorrido por los clásicos y cómo han caracterizado lo religioso. Aquí nos va ser de gran utilidad la obra de Roberto Cipriani, Manual de sociología de la religión, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2004.
Vamos a incursionar en el análisis de los retos y oportunidades que representan las ciencias sociales, en particular la sociología, para el estudio de la expresión social de la fe. Porque una cuestión es lo que doctrinalmente se confiesa y otra lo que un grupo manifiesta como conducta social. Aquí será de provecho el pequeño libro, solamente por su tamaño, de David Lyon, Cristianismo y sociología, Editorial Certeza, Buenos Aires, 1979.
El segundo eje en el curso va a centrarse en tres puntos: 1) Sociología y reconstrucción social del mundo del Nuevo Testamento. 2) Características culturales básicas del entorno del cristianismo primitivo, y 3) Estudios sociológicos sobre las comunidades neotestamentarias. En las últimas tres décadas ha crecido de manera exponencial un campo de estudio que comenzó a rendir frutos en los 70´s y 80´s del siglo XX. Me refiero a lo que podemos llamar una exégesis sociólogica y/o antropológica de la Biblia.
La Revelación bíblica tuvo lugar en momentos históricos específicos. En dichos momentos vivieron personas que tenían contextos socioculturales cuyo desconocimiento puede llevarnos a comprensiones anacrónicas de la Biblia. Entre nuestra lectura de la Biblia y los actores que en ella se describen existe un abismo sociocultural, un mundo mental y simbólico, enorme. Tal separación debe ser salvada con puentes cognitivos que tengan por objeto reconstruir para nosotros el mundo social de la Biblia.
Leer documentos antiguos, como es la Biblia, demanda una recreación del mundo original en que esos documentos fueron procreados/transmitidos. Sobre el punto bien sostiene Bruce Malina que “los textos siempre requieren ser interpretados, ya que en un texto no pueden cobrar expresión a la vez todas las dimensiones de un sistema social. Siempre falta alguna información necesaria para comprender plenamente el texto. Es el intérprete quien ha de aportar esta información, con el fin de que la persona o cosa objeto de interpretación pueda ser entendida con facilidad y de la manera más completa posible. Para que pueda tener lugar una comunicación adecuada, el texto necesita un contexto (literalmente: junto con el texto) que consiste en el sistema social en el que originariamente tuvo lugar la comunicación lingüística […] Dado que los documentos del Nuevo Testamento son obras del siglo I enraizados en una época y un lugar específicos, sería más bien necio esperar que los autores de los mismos pudieran haber pensado en lectores separados de ellos por dos mil años. Por tanto, parece ser que si queremos tratar de manera justa a los autores bíblicos, deberemos esforzarnos en portarnos como lectores considerados. Como es obvio, el lector de documentos del pasado que quiere proceder con consideración tendrá que hacer el esfuerzo de llevar consigo a su lectura un conjunto de escenarios acordes con la época, el lugar, y la cultura de los autores bíblicos” (El mundo social de Jesús y los evangelios, Editorial Sal Terrae, Santander, 2002, pp. 34 y 41-42).
La desconsideración sociológica de leer la Biblia sin los referentes socioculturales que le dan sentido a la sección que se está estudiando, y después enseñar o predicar a otros, ha llevado a malentendidos que después se constituyen “verdades” cuyos constructores consideran irrefutables. Una lectura considerada, como le llama Bruce Malina, debiera conocer que, por ejemplo, la sociedad del Nuevo Testamento, como cualquier otra de la antigüedad, era una de alta contextualización. La sociedad de alta contextualización, “produce textos esquemáticos e impresionistas que dejan mucho a la imaginación del lector o del oyente. Puesto que la gente cree que sólo es necesario explicitar unas cuantas cosas, sólo unas cuantas son de hecho explicitadas. La razón de ello radica en que la gente ha sido socializada en formas compartidas de percibir y actuar y, por tanto, muchas cosas pueden darse por supuesto” (op. cit., p. 47).
Sobre el apartado de leer sensibilizados culturalmente la Biblia, y para acometer la tarea valernos con las herramientas de la exégesis sociológica, estoy proveyendo a quienes se matriculen en el curso de nutrida bibliografía básica y adicional. Aquí solamente menciono dos obras iluminadoras, la de Kenneth E. Bailey, Paul Trough Mediterranean Eyes. Cultural Studies in 1 Corinthians, InterVarsity Pres, Downers Grove, Illinois, 2011. Hay una edición en español, publicada por Grupo Nelson, bajo el título Pablo a través de los ojos mediterráneos: estudios culturales de Primera de Corintios; y también la de John H. Elliot, Un hogar para los que no tienen hogar. Estudio crítico social de la Carta primera de Pedro y de su situación y estrategia, Editorial Verbo Divino, Navarra, 1995.
El libro de Elliot contiene pistas metodológicas de los puntos a seguir para llevar a cabo una exégesis sociológica. Son muy útiles para animarnos a emprender la labor interpretativa comunitaria, ya que “una exégesis genuinamente sociológica de las Escrituras parece que no sólo requiere un diálogo continuado entre los exégetas y los sociólogos, sino también –necesariamente– un compromiso y una labor de equipo de personas procedentes de diferentes culturas y estratos de la sociedad. Tal exégesis, entonces, no podrá pronunciar das letzte Wort (“la última palabra”) sobre un texto, sino que tratará siempre de tener espíritu crítico con respecto a sus propias perspectivas y permanecerá atenta constantemente a las perspectivas de otros. De esta manera, la exégesis se convierte –ella misma– en una empresa social. La interpretación del texto, como la composición original y la transmisión del texto, se convierte en parte de una interacción social” (op. cit., pp. 53-54).
Es un equívoco concluir que la exégesis sociológica es una rendición incondicional a un relativismo interpretativo exacerbado. Más bien, me parece, es necesario comprender que la exégesis sociologica es un proceso que nos posibilita avances comprensivos e interpretativos de la Palabra, pero que señala siempre hacia horizontes de mayor entendimiento por parte de quienes escudriñan esa Palabra.

Fuente: Protestantedigital, 2016.

sábado, 1 de junio de 2013

Miradas antropológicas sobre la vida religiosa III

Por. Marcos Carbonelli, Argentina*
Miradas antropológicas sobre la vida religiosa III. Religiones mágicas: breves observaciones antropológicas y otros ensayos. Juan Mauricio Renold (compilador). Buenos Aires: Ediciones Ciccus. Diciembre 2012. 358 páginas.
A partir de la apertura democrática en la década de los ochenta, la diversidad religiosa adquiere un interés creciente en las ciencias sociales en la Argentina. Particularmente, enfoques procedentes del campo de la sociología y la antropología han formulado las principales contribuciones, aunque en el último tiempo se han sumado investigaciones provenientes de la ciencia política y la teoría del derecho. Esta pluralidad de perspectivas revela un plexo amplio de asuntos pero, a mismo tiempo, muy específicos. Progresivamente, el campo de estudios se institucionaliza más, en un ciclo académico que reconoce sus albores principalmente a partir de los años noventa, como lo atestigua la producción de papers, la realización de congresos –locales y con otros países del Cono Sur y en general de América Latina–, y la creación de redes de estudio. De éstas, la más reciente es Diversa, Red de Estudios de la Diversidad Religiosa en Argentina, un grupo de cuarenta académicos que mantienen al mismo tiempo un blog especializado.
En este marco se inscribe el libro “Miradas antropológicas sobre la vida religiosa III”, compilado por el antropólogo Juan Mauricio Renold y lanzado por Ediciones Ciccus –Centro de Integración, Comunicación, Cultura y Sociedad–. Un rasgo que merece especial mención resulta el carácter federal de esta realización: tanto el compilador como la mayoría de los autores resultan investigadores que no residen en la ciudad de Buenos Aires, sino en el resto del país. Esto nos habla de una intención explícita de visibilizar valiosas producciones que se originan en el exterior de los circuitos académicos hegemónicos.
Dada la vastedad temática del libro y su carácter de compilación, en lo que sigue sólo nos proponemos reconstruir los ejes que vertebran este emprendimiento colectivo. Renold abre la obra colectiva con dos capítulos extensos, titulado el primero “Introducción sobre la religión y la secularización: notas sobre autores clásicos”; y el segundo, “Religiones mágicas: breves observaciones antropológicas”. Eminentemente teóricos, en sus páginas Renold repasa, analiza y compara los principales aportes de los autores “clásicos” de la sociología de la religión, tanto de los siglos XIX y XX, bajo un esfuerzo de síntesis fecundo.
En subsecuentes capítulos, investigadores especializados en los campos de las iglesias evangélicas, afroamericanas y el catolicismo, respectivamente, brindan importantes aportes desde su experiencia científica y la inmersión personal en sus áreas de estudio. El sociólogo Hilario Wynarczyk es autor del capítulo “¡Oh Jesucristo, danos poder antes del Juicio para hacer la obra que nos encomendaste! Cambio social evangélico en la Argentina, décadas de 1980 y 1990”. Después, el antropólogo Alejandro Frigerio presenta “Pasajes y conversiones: una mirada sobre el tránsito religioso, entre Argentina y Brasil”. Ambos capítulos ofrecen importantes contribuciones teóricas locales, que toman en cuenta las lecturas canónicas en las ciencias sociales, pero se tornan autónomas de ellas a partir de la experiencia empírica y teórica situada. En el capítulo escrito por Wynarczyk, su elaboración de una teoría acerca de los campos de fuerzas y movimientos sociales, permite reconocer un dispositivo conceptual replicable en otros ámbitos de investigación sociológica cuyos objetos no pertenezcan al campo religioso. Frigerio, a su vez, construye una valiosa discusión a partir del extenso oficio que acredita en estudios comparados de Argentina y Brasil, permitiendo entender con notable claridad los contrastes entre abordajes asumidos por investigadores de los dos países.
Cabe destacar particularmente el trabajo de Wynarczyk, porque fiel a su doble condición de sociólogo de la religión y profesor de metodología y taller de tesis, pone un énfasis notable en la construcción de un marco teórico que constituye el protocolo de su tarea de investigación y del relato que surge de la misma. Su encuadre conceptual presenta un notable valor como herramienta para la aprehensión descriptiva y el análisis de otros fenómenos sociológicos, donde diversos actores individuales y colectivos constituyen un sistema y un campo de fuerzas, técnicamente definidas como intereses y hermenéuticas capaces por momentos de asociarse o de entrar en situaciones de tensión.
El siguiente capítulo se titula “El catolicismo liberacionista en la Argentina: ‘praxis liberadora’ y ‘opción desde los pobres’. Acción y presencia en las masas”. En esta parte del libro, Fortunato Mallimaci escribe acompañado por Luis Donatello. Sociólogos expertos en temas del ámbito católico (el primero de los autores cuenta en particular con una trayectoria especialmente reconocida y diferenciada, que hunde sus raíces en la propia trayectoria participativa en sectores del catolicismo afiliado a la Teología Latinoamericana) aportan, en el capítulo citado, unos análisis que revisten un significado especial en estos momentos en que un sacerdote argentino ha sido exaltado a Papa de Roma y las disquisiciones sobre la opción por los pobres vuelven a estar sobre el tapete.
A partir de ahí se suceden los trabajos de quienes, como Juan Mauricio Renold, trabajan en el espacio académico de la Universidad Nacional de Rosario. De estos otros autores, la mayoría se encuentra en sus fases de formación de posgrado. Así, los dos capítulos siguientes apuntan a un área de problemas relacionados con comunidades de nativos americanos de la etnia Toba (actualmente denominados Qom), conversos a la religiosidad evangélica pentecostal, que migraron desde el norte de la Argentina al contexto urbano del Gran Rosario, conjunto de áreas circundantes de la ciudad de Rosario; y de igual modo, desde la República del Paraguay, fronteriza con el norte de la Argentina. De estos dos aportes al libro, el primero es el trabajo de Sofía Fernández, “Definición del campo religioso pentecostal en torno de la danza en el Barrio Toba de Rosario”. El segundo, de María Georgina Granero, “Propuesta de análisis en torno del estudio de la religiosidad paraguaya en un contexto de migración a través de la noción de intercambio”.
Posteriormente, los capítulos se refieren a formaciones religiosas y sistemas de creencias que se encuentran fuera del cristianismo, o en sus límites, y al catolicismo. En este punto de nuestra reseña nos alejamos del orden en que se hallan dispuestos los capítulos, y los presentamos de acuerdo con una concentración sistemática, que surge de nuestro propio criterio de lectura. Así nos encontramos con los trabajos de Fernando Silberstein, “El YiJing. Estructura y filosofía”, Lucía Amparo Emilia Salinas, “La orden sufí naqshbandi en el campo religioso de la ciudad de Rosario”, María Cecilia Picech, “Creencia negra global a ‘la criolla’: la transnacionalización de Rastafari en Argentina”, Andés Gil, “Testigos de Jehová. Breves observaciones sobre sus creencias y organización”, y Marcelo Ulloque, “Las oblatas y sus mundos. Rosario (1935-1949)”.
La obra, compilada por el profesor Juan Mauricio Renold, culmina con una presentación de los autores.
 
*Marcos Carbonelli es Magister en Ciencia Política, Instituto de Altos Estudios Sociales, UNSAM. Doctorando en Ciencias Sociales, Facultad de Ciencias Sociales, UBA. Becario doctoral del Área Sociedad, Cultura y Religión del CEIL-CONICET. Buenos Aires, Argentina.

Fuente: Lupaprotestante, 2013.