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lunes, 24 de abril de 2017

Guerra y violencia en Qumran



Por. Juan Stam, Costa Rica
Aunque el apocalipticismo de la comunidad qumraniana no favorecía la denuncia ética profética, los rollos del mar muerto sí denuncian la JaMaS y la explotación violenta contra los pobres.
El comentario sobre Habacuc condena al Sacerdote Impío por "amasar riquezas y botín del pillaje de los pueblos" y por "la violencia (JaMaS) hecha al país, a la ciudad y a todos sus habitantes" (1QpHab 9:5-9; 8).  De hecho, 1QpHab 8-12 es una denuncia extensa contra la opresión, la violencia, y la mentira, mientras otro pasaje acusa a Simeón y Leví de ser "instrumentos de violencia" (4Q175:25, 4QTestimonia, cf. Gn 49:5).
Al unirse a la comunidad, el novicio promete no desear bienes violentos (1QS 10:19, Regla de la Comunidad) y una plegaria de la comunidad ruega que Dios "te libre de toda violencia" (4Q158.1-2:8).  Pero en toda la vasta literatura de Qumran, es poco y lejos de ser comparable con la vehemente denuncia profética de la injusticia, la opresión y la violencia.
La "Regla de la Guerra" (1QM, del hebreo MiLJâMMâH, guerra, combate) se conoce también como "la guerra de los hijos de la luz contra los hijos de las tinieblas".  Consiste de 19 columnas, la mayoría bastante dañadas.  El documento es una extraña mezcla de visiones apocalípticas y ordenamientos militares que parecen haber sido copiados de los manuales militares helenistas, asmoneos y romanos (cf columnas 2-9).
Geza Vermès (1995:124), respetado experto en los Rollos , afirma que los detalles de este documento, tanto por los pertrechos de guerra (1QM 5-6) como por la estrategia militar (1QM 6,9), corresponden más a la legión romana que a la falange griega:  el escudo cuadrado (scutum) de la infantería y la coraza (escudo redondo; parma o clipeus) del jinete de caballería reflejan el uso del ejército de Roma.  Otto Betz (1962:799) señala también la correspondencia entre la espada de la infantería con la gladius del soldado romano, y la javelina con el hasta romano.  Los cubrepiernas que menciona 1QM 6:15 son las grebas que la caballería romana comenzó a vestir bajo Julio César, a medios de I d.C (Vermès 1995:124).  También las tácticas de ataque de Qumran podrían haberse sacado de cualquier manual militar romano: tres columnas (acies triplex) que utilizan los intervalla ("puertas de guerra") para la ofensiva (1QM 6:1-6; Vermès, Betz).
Es obvio que otra fuente de este documento es el antiguo concepto de la guerra santa; de Vaux describe 1QM como un "renacimiento de la guerra santa" (1985:356-357).  Dios mismo es un guerrero (11:17;cf. 12.10),  la guerra se califica como "la batalla de Dios" (1QM 9:5; 11:1,2,4; 15:12; cf. 18:13) y las tropas son "los batallones de Dios" (1QM 3:6).  Dios mismo escoge el momento de ataque (11:8,11), "cuando se alce la gran mano de Dios" (18.1).  Es Dios tambíén quien en la hora del combate obra proezas por medio de su pueblo (6:6; 12:10; 15:1), infligiendo sobre sus enemigos "el exterminio por la espada de Dios "(1QM 15.3).  El documento ensalza las hazañas de Dios en defensa de los pobres y débiles:
¡Pues la batalla es tuya!  Y es de ti de quien viene la potencia, y no de nuestro ser.  No es la fuerza nuestra... Asur caerá por la espada de nadie, la espada de un no-hombre le devorará... entregarás en manos de los pobres los enemigos de todos los países, y por mano de los  postrados en el polvo harás caer los poderosos de los pueblos (11:4-5, 11-13).
¿Quién como tú en la fuerza, Dios de Israel? ¡tu mano poderosa está con los pobres! (12:13-14).
Según la primera columna del rollo, los hijos de luz son de las tribus de Leví, Judá, y Benjamín, y hacen la guerra contra los gentiles impíos pero también contra los judíos apóstatas, que son "transgresores de la alianza" porque han asimilado las costumbres paganas (1:1-2).  Ese dualismo maniqueo entre buenos y malos expresaba, y también fomentaba, un odio muy violento no sólo contra las naciones gentiles sino también contra los judíos que no pertenecían a la secta.
La primera columna parece anunciar un combate de un día, en siete etapas sucesivas de victoria y derrota (1:13), hasta la séptima cuando "la gran mano de Dios" derrotará a las fuerzas de maldad (1:14).[33]  Pero después el documento plantea una batalla de cuarenta años (2:6-14), que parece describirse con detalle en las columnas 15 a 19 (Collins 1992:95; Davies 1992:875).  De nuevo las seis primeras etapas terminan en un empate de "3 a 3", pero el poder de Dios rompe el empate en la última batalla (col. 12; 17).  Las descripciones de las formaciones militares, de las tácticas de ataque, de la dirección militar de los sacerdotes, y de las diversas trompetas y los estandartes y sus correspondientes mensajes, son muy detalladas y complejas. También lo son las medidas de la cantidad de las diversas tropas, pero sumando los varios números que presenta el documento parece dar una suma de 28 mil infantería y 6 mil caballería (5:3; 6:10-11; 9:4; Betz 1962:799).
Además, esos 34 mil combatientes tenían que tener entre 40 y 50 años de edad (7:1-3), lo que deja evidente que estos cálculos eran totalmente imposibles para la población que pudiera haber sostenido la comunidad de Qumrán.  Podría ser que estos totales incluían las huestes celestiales que habían de luchar al lado de los fieles (1QM 7:7; 12:8), pero en dicho caso tendríamos que entender que no estaban pensando en alguna batalla histórica (como los macabeos, por ejemplo) sino en una batalla escatológica (como el Armagedón del Apocalipsis bíblico; Davies 1992:870, 879; Vanderkam 1994:65-66).
En la ceremonia de incorporación a la comunidad, el novato promete no luchar contra los impíos sino hasta el día del juicio final (1QS 10:19).  El documento, a pesar de sus detalladas descripciones militares, no parece describir una batalla real.  Sus trompetas y estandartes y movimientos coreografiados sugieren más bien lo que F. M. Cross describe como "una liturgia del Armagedón" (1961:115).
Es probable que la comunidad anticipaba esta batalla como una confrontación real pero en un sentido escatológico y teológico más bien que intrahistórico.
NOTAS AL PIE
[33] Collins 1992:95..  En 1:9-12 el texto repite cinco veces la palabra "día" en contextos que favorecen el sentido literal de la palabra y no su uso extendido de "período de tiempo".
[34]  En estos relatos, la condena ética de dichas violencias queda mayormente implícita.

Fuente: Protestantedigital, 2017

domingo, 23 de abril de 2017

“Nuestras” 95 Tesis. Un documento para la reflexión



<<“Nuestras” 95 tesis>> “no quieren (y nunca lo han querido) presentarse como una obra definitiva. Simplemente es la instantánea de cómo pensamos hoy muchos de nosotros, en el interior de la Iglesia Valdense de Milán, sobre argumentos de fundamental importancia. Nada impide que después de un tiempo podamos reformular algún punto, o precisarlo mejor. No anhelamos ninguna pretensión de ser definitivos. Nos ha impulsado solo una pasión teológica por el testimonio del Señor, en diálogo con su Palabra y permaneciendo en la plaza pública. Nos ha parecido importante intentar decir en primera persona, con nuestro lenguaje, cómo razonamos en materia de fe en torno a los grandes temas de nuestro tiempo. Y todo ello porque deseamos ser portadores, dentro del dinamismo de la historia, de una ética de libertad y de responsabilidad fundamentada bíblicamente. Participando, en primera persona, en la construcción del “bien de la ciudad” (Jeremías 29, 7), como expresión concreta de la fe en Jesucristo que Dios ha suscitado en nuestra vida. De la lectura de las tesis surgen, a pesar de su brevedad, una pluralidad de expresiones y estilos literarios que hemos mantenido voluntariamente porque son fruto de un trabajo que ha crecido “desde abajo”. ¿Para que sirve, en definitiva, este curioso documento? Podría servir para decirnos a nosotros mismos, a nuestros prójimos, a quienes aun no nos conocen, quiénes somos, qué esperamos, cómo actúa en nuestro día a día la Palabra de Dios, la fe, el ser iglesia, el evangelio. No es poco. Buena lectura, buena reflexión.”

Círculo Reforma de la Iglesia Valdense de Milán

Descargar cuaderno pulsando aquí.

Fuente: Iglesia Valdense/Protestantedigital, 2017

miércoles, 19 de abril de 2017

Los crucificados de hoy y el Crucificado de ayer



Por. Leonardo Boff, Brasil
Hoy la mayoría de la humanidad vive crucificada por la miseria, por el hambre, por la escasez de agua y por el desempleo. También está crucificada la naturaleza devastada por la codicia industrialista que se niega a aceptar límites. Crucificada está la Madre Tierra, agotada hasta el punto de haber perdido su equilibrio interno, que se hace evidente por el calentamiento global.
El mirar religioso y cristiano ve a Cristo mismo presente en todos estos crucificados. Por haber asumido totalmente nuestra realidad humana y cósmica, él sufre con todos los que sufren. La selva que es derribada por la motosierra son golpes en su cuerpo. En nuestros ecosistemas diezmados y las aguas contaminadas, él continúa sangrando. La encarnación del Hijo de Dios estableció una misteriosa solidaridad de vida y de destino con todo lo que él asumió, con toda nuestra humanidad y todo lo que ella supone de sombras y de luces.
El evangelio más antiguo, el de san Marcos, narra con palabras terribles la muerte de Jesús. Abandonado por todos, en lo alto de la cruz, se siente también abandonado por el Padre de bondad y de misericordia. Jesús grita:
«”Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Y dando un fuerte grito, Jesús expiró”» (Mc 15,34.37).
Jesús no murió porque todos morimos. Murió asesinado de la forma más humillante de la época: clavado en una cruz. Pendiendo entre el cielo y la tierra, agonizó en la cruz durante tres horas.
El rechazo humano pudo decretar la crucifixión de Jesús, pero no puede definir el sentido que él dio a la crucifixión que le fue impuesta. El Crucificado definió el sentido de su crucifixión como solidaridad con todos los crucificados de la historia que, como él, fueron y serán víctimas de la violencia, de las relaciones sociales injustas, del odio, de la humillación de los pequeños y del rechazo a la propuesta de un Reino de justicia, de fraternidad, de compasión y de amor incondicional.
A pesar de su entrega solidaria a los otros y a su Padre, una terrible y última tentación invade su espíritu. El gran choque de Jesús ahora que agoniza es con su Padre.
El Padre que él experimentó con profunda intimidad filial, el Padre que él había anunciado como misericordioso y lleno de bondad, Padre con rasgos de madre tierna y cariñosa, el Padre cuyo Reino él proclamara y anticipara en su praxis liberadora, este Padre ahora parece haberlo abandonado. Jesús pasa por el infierno de la ausencia de Dios.
Hacia las tres de la tarde, minutos antes del desenlace final, Jesús gritó con voz fuerte: “Elói, Elói, lamá sabachtani: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Jesús está al ras de la desesperanza. Del vacío más abisal de su espíritu irrumpen interrogaciones pavorosas que configuran la más sobrecogedora tentación sufrida por los seres humanos, y ahora por Jesús, la tentación de la desesperación. Él se pregunta:
“¿Será que fue absurda mi fidelidad? ¿Sin sentido la lucha llevada a cabo por los oprimidos y por Dios? ¿No habrán sido vanos los peligros que corrí, las persecuciones que soporté, el humillante proceso jurídico-religioso en el que fui condenado con la sentencia capital: la crucifixión que estoy sufriendo?”
Jesús se encuentra desnudo, impotente, totalmente vacío delante del Padre que se calla y con eso revela todo su Misterio. No tiene a nadie a quien agarrarse.
Según los criterios humanos, Jesús fracasó completamente. Su propia certeza interior desaparece. Pero a pesar de haberse puesto el sol en su horizonte, Jesús continúa confiando en el Padre. Por eso grita con voz fuerte: “¡Padre mío, Padre mío!”. En el punto máximo de su desespero, Jesús se entrega al Misterio verdaderamente sin nombre. Será su única esperanza más allá de cualquier seguridad. No tiene ya ningún apoyo en sí mismo, solo en Dios, que se ha escondido. La absoluta esperanza de Jesús solo es comprensible en el supuesto de su absoluta desesperación. Donde abundó la desesperanza, sobreabundó la esperanza.
La grandeza de Jesús consistió en soportar y vencer esta temible tentación. Esta tentación le propició una entrega total a Dios, una solidaridad irrestricta con sus hermanos y hermanas, también desesperados y crucificados a lo largo de la historia, un total despojamiento de sí mismo, un absoluto descentramiento de sí en función de los otros. Solo así la muerte es muerte y podrá ser completa: la entrega perfecta a Dios y a sus hijos e hijas sufrientes, sus hermanos y hermanas más pequeños.
Las últimas palabras de Jesús muestran esta entrega suya, no resignada y fatal, sino libre: Padre, en tus manos entrego mi espíritu (Lc 23,46). Todo está consumado (Jn 19,30).
El viernes santo continúa, pero no tiene la última palabra. La resurrección como irrupción del ser nuevo es la gran respuesta del Padre y la promesa para todos nosotros.

Fuente: Página de Boff en Koinonía