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domingo, 20 de mayo de 2007

DESAFÍOS DE DIETRICH BONHOEFFER PARA LAS IGLESIAS EVANGELICAS COLOMBIANAS DE HOY ¿A QUÉ DESAFÍOS TEOLÓGICOS Y PASTORALES NOS CONDUCE?


El 4 de febrero de 2006 celebramos los cien años del nacimiento del destacado pastor y teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer. Para mi que también soy teólogo significa un referente evaluativo a la hora de ponerme al nivel de su compromiso; y de hacer un pare en el camino, que me lleva a evaluar esa vieja teología conservadora aprendida en mi denominación y de apoyarme en las bases, fundamentos de segunda formación teológica, que hacen tejido de lucha y compromisos por los humanos en el camino: los marginados, los oprimidos, los pobres, los inmigrantes, etc. El año pasado tuve la dicha de cursar un seminario de doctorando de teólogos contemporáneos, como parte de mi formación doctoral en teología sistemática del Seminario Internacional Teológico Bautista, Bs. As, Argentina. Investigué y leí con dedicación libros, cartas, sermones de éste autor, desde diferentes escenario donde las escribió, no lo puedo negar Bonhoeffer es un autor que nos estimula por aquellos humanos en el camino, porque se atrevió a pensar y sobre todo hacerle frente a los problemas de creyentes y no creyentes. Su frase que resuena como un eco en las llanuras de los que sufren y que invitan a luchar por ellos reza lo siguiente: “No tiene derecho cantar gregorianos quien no protesta contra la injusticia, la persecución de los judíos, de los palestinos.” En él su fe cristiana, su teología y praxis caminan junto. En este artículo hablaré de su perfil, compromiso existencial que de su teología, compromiso que lo llevó a morir en el campo de exterminio de Flossensbürg el 9 abril de 1945.

Perfil de Dietrich Bonhoeffer

Alfredo Tamayo, que es un teólogo y filósofo católico dice “que seguramente ningún teólogo protestante ha influido en el mundo católico como ha sido Bonhoeffer. En él su pensamiento teológico y su trayectoria vital caminan unidos”. Bonhoeffer venia de un hogar culto y aristócrata. Toda su familia de una u otra forma sintieron el cambio del régimen nacional – socialista (…). Cursó teología en las facultades de Tubingan y Berlín, donde se doctoró en 1927; interrumpe su formación posdoctoral, para asumir el pastorado en una comunidad alemana en Barcelona, España. Tamayo dice, que estando allí, le impresionó la condición social de las personas barcelonesas: sus buenas costumbres, su sencillez, su honradez. Sin embargo, la impresión de cierto clero es negativa. Se le antoja un clero popular en su teología y escribe: “Mi teología, comienza a hacerse humanística”. Esto lo lleva a mantener contacto con los que han sido sus grandes maestros en Berlín: Seeberg, en especial Adolf von Harnack. En esas relaciones ya flora una pasión teológica típica del segundo Bonhoeffer, que es su pasión y lucha por los creyentes y no creyentes que son los hijos de la tierra: de los que sufren y lucha por mejorar sus condiciones de vida.

Después de haber tenido esta experiencia pastoral regresa a Berlín; allí le ofrecen el cargo de docente en la Facultad de teología de la Universidad. La iglesia luterana le ofrece la capellanía de la Escuela Politécnica y el de la juventud obrera del barrio difícil de Weding. Esta experiencia académica y su relación con los lideres socialistas, sobre todo con Deissmann, Lietzman, y Barth, lo lleva hacer un pare en el camino, comienza a distanciarse de su vieja teología racionalista y se interesa por la teología dialéctica del profesor suizo Karl Barth. Pero, esta mirada teológica no lo lleva a renunciar a su pensamiento social, que en el fondo era su pasión por los humanos en el camino: los creyentes y los no creyentes. Bonhoeffer toma conciencia del error del dualismo de sus contemporáneos en crear un abismo entre creyentes y no creyentes: lo sagrado y lo secular. Esto lo lleva hacer teología desde lo secular, lo terrestre, lo social. Y afirmar “Mis pensamientos, escribe ahora, están siempre dispuesto a encontrar a Cristo en mundo secularizado o descreído (ateo)”.


El desafío de un compromiso por el Otro: A riesgo de la propia vida


La obra de Eberhard Bethge, de 1967, subraya en muchos aspectos que el concepto de decisión representa en la vida de Bonhoeffer. Las palabras con las que Bonhoeffer comienza su primer sermón en 1925, a los 19 años de edad, son las siguientes: “El cristianismo implica la decisión”. Solo se puede ser cristiano si la fe que se profesa se traduce en una decisión. Carlos Eymar, agrega “cuanto mas importante sea lo que está en juego en la decisión, mayor será la angustia que conlleve. La decisión es, por el Otro”: que sufre, que no tiene voz, que ha sido silenciado por los opresores; esto conmueve el interior de un cristiano que verdaderamente vive la fe, lo lleva a la capacidad para asumir el riesgo que exige fe, aunque esté en juego su propia vida, Bonhoeffer piensa en lo que dijo Jesús a los discípulos que habían mal interpretado su misión aquí en la tierra: “Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a si mismo, tome su cruz y sígame; y todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mi y del evangelio, la salvará (…) (Marcos 8: 34 – 35).

Este ambiente que respira Bonhoeffer se debe a la influencia de los escritos de Kierkegaard, uno de los ejemplos notorio de esta forma de arriesgarse la ve Bonhoeffer en el temor y temblor de Abraham, cuando afirma Kierkegaard que solo cuando el hombre pone en juego su existencia temporal a causa de lo eterno (que tiene relación con el pasaje bíblico citado), se arriesga en el sentido propio del termino (…). Cree Bonhoeffer que el cristiano debe saber que si permanece quieto, indeciso o sumiso, buscando razones objetivas para decidirse, acaba como muchos cristianos colombianos negándose a la acción de la divina providencia: quien quiera salvar su vida la perderá. En este problema: sustracción a la acción, los llevan a huir como le sucedió a Bonhoeffer, el 2 de junio de 1939, inicia su vuelo de Berlín a Londres para embarcarse (como el profeta Jonás en su huida para no asumir su responsabilidad) hacías los Estados Unidos.

Dice Eymar, que durante la travesía Bonhoeffer experimentó como Jonás, la angustia y el dolor profundo de su corazón y sobre todo la sustracción de la acción de la divina providencia. Esto lo llevó a reflexionar y a tomar una decisión. Como Sócrates, siente las voces de su pueblo que reclaman fidelidad y la voz de Dios que clama su presencia “(…) y he oído su clamor a causa de sus opresores, pues he conocido sus angustias” (Ex. 3: 7s). Esto hace, que Bonhoeffer regrese, aunque conciente de lo que implicaba sumergirse en su país: Una Alemania convulsionada y sometida al régimen nazi. Pero, era su gente que lo animaba asumir el riesgo; estando allí en Alemania, por influencia de su cuñado Dohnangy, entra a formar parte de los servicios secretos de la Abwehr y conspirar contra la vida de Hitler.

Bonhoeffer quiere dejar una enseñanza concreta al creyente y al mundo general, que esta decisión tiene una base teológica y ética. Pero, una ética que no se basa en una especulación teórica ni en una mística privada, sino en el mandamiento de Cristo. Con respecto al problema presente de las autoridades y el cristiano, la misión de éste es obedecer, cumplir y respetar sus órdenes como encarnaciones de lo ético. Lo que sucede es que si esa autoridad rompe toda vinculación con el mandamiento de Cristo, se transforma en un Anticristo que ha de ser combatido. Es excepcional que se den tales circunstancias, pero en el caso de Hitler se daban. Una interpretación apocalíptica de una autoridad concreta implica que todo acto individual de obediencia es una negación a Cristo. Eymar, concluye, que “la valentía y el temple mostrado por Bonhoeffer, además de su fe y su teología, hay que buscarlas en la herencia de la mejor tradición humanista alemana: su padre y su madre, como en sus ancestros donde encontramos a condes, generales y artistas”. A esto se abona su formación clásica tanto del liceo Grunewald, los idiomas que habla, su formación teológica y filosófica en las facultades mencionadas y sobre todo su relación con los pensadores, teólogos de su tiempo.


El desafío de una Iglesia en acción: sumisión o resistencia

Mi articulo publicado por la revista Signos de Vida (CLAI): "Bonhoeffer en defensa de la justicia y la paz" (SV # 41, 2006, pp. 18 – 19) afirmo: “Para Bonhoeffer, el accionar en conjunto de las diversas iglesias en defensa de la vida era la clave para alzar la voz en contra de la guerra y la muerte, eso era para él: iglesia y acción. Activo opositor al gobierno nazi”, que promulgó la ley de los arios que excluye a los judíos de la función pública y a los pastores de origen judío. El ambiente político de su época genera una estabilidad tanto social que provoca una serie de marchas en contra de la injusticia y la paz. Esta inestabilidad social y política de 1933 provoca una división en la iglesia evangélica luterana: la iglesia de Reich que acepta y asume lealtad al gobierno nazi y la que no acepta tal juramento (Füher): En 1934 escribió un ensayo, en el que denunciaba a los antisemitas “Cristianos Alemanes,” que intentaban pervertir el cristianismo histórico por medio de adaptar la teología a la nueva ideología nazi. Mientras el lema de éstos era “Cristo y Hitler”, Karl Barth y Bonhoeffer intervienen decisivamente oponiéndose al señorío absoluto de Cristo en su doctrina de la relación Iglesia – Estado.

Desde la ascensión de Hitler al poder, tanto Barth como Bonhoeffer mantuvieron una verdadera lucha por la iglesia. Contra los esfuerzos del régimen nazi de establecer una iglesia “cristiana alemana”, Karl Barth funda junto con Bonhoeffer y otros la llamada Iglesia Confesante como reacción vigorosa e indignante contra el régimen nazi. En 1934 tiene lugar el Sínodo de Barmen, cuya Declaración, preparada por Karl Barth y firmada por Bonhoeffer que expresa la convicción de que el único modo de ofrecer resistencia a la secularización y paganización de la Iglesia en la Alemania nazi es adherirse firmemente a la doctrina cristiana. Bonhoeffer no duda que la Iglesia del Reich ya no es la Iglesia de Cristo. Estando como dirigente activo de la Iglesia confesante; el régimen nazi lo tiene en una lista negra para hacerlo desaparecer, un dirigente conocedor de las circunstancia le ofrece a Bonhoeffer el cargo de pastor en comunidad alemana en Londres, cargo que acepta por consejo de amigos y allegados, viaja a Londres.

En Gran Bretaña de nuevo surge el sentimiento de pasión y lucha por los humanos que ha dejado en el camino: sus hermanos, los judíos y los que sufren. Esto lo hace volver a su País en una circunstancia tan crucial. Barth le anima a regresar y que el único modo de ofrecer resistencia al régimen es hacerle frente. En Alemania emprende una tarea que lo lleva a formar los futuros teólogos de su comunidad, funda al este de Alemania, en Finkenwalde: el seminario de los predicadores con una formación espiritual y pastoral comprometida por la pasión y lucha por los que sufren los atropellos de los opresores. Alfredo Tamayo afirma que “durante cinco años Bonhoeffer se esforzó por enseñarles a estos jóvenes pastores una vida intensa de fe y oración necesaria en el seguimiento a Cristo. Pero, el régimen termina cerrando el seminario. En todo ese tiempo hace viajes secretos a Inglaterra, Suecia y Suiza. Ha tomado la decisión mas importante de su vida preparar una acción violenta contra Hittler”. El régimen que seguía de cerca sus pasos, sabia de su actividad resistente, pero no todo. En la abadía benedictina de Ettal (Baviera) entra por ultima vez en contacto con los hermanos católicos y está encantado por ese ecumenismo que es el fruto de la unidad de la iglesia que todos seamos uno en Cristo. En enero de 1943 se casa con Maria von Wedemeyer y en abril es detenido y llevado primero a la prisión militar de Tegel y después Gestapo, ambas en Berlín. Aquí escribe sus famosas cartas, comparto un trozo de ella:

“Nuestra iglesia que durante estos años solo ha luchado por su propia subsistencia como si ésta fuera una finalidad absoluta, es incapaz de erigirse ahora en portadora de la palabra que ha de reconciliar y redimir a los hombres y el mundo. Por esta razón las palabras antiguas han de enmudecer y nuestra existencia de cristianos solo tendrá en la actualidad dos aspectos orar y hacer justicia entre los hombres” (Resistencia y sumisión)

Bonhoffer con su testimonio nos enseña que la fidelidad a Dios, a la iglesia de Jesucristo y la libertad del individuo están por encima de las ideologías totalitarias que pretendan instrumentalizarlas. La fe para nuestro teólogo en cuestión, es algo concreto, que mantiene la realidad ante Dios y que precisa la mundanidad (satanizada hoy día) para expresarse: es como poner en práctica la capacidad de ser auténticamente hombre (…). Es en la realidad del mundo que está oculta la verdad de Dios así como Jesucristo es, hasta la cruz, el responsable, el representante oculto del amor del genero humano. Es también gratificante el dialogar con Bonhoeffer a la luz del necesario “dialogo con el mundo” que se ve compelido el creyente, el teólogo; postula la necesaria inserción en la realidad secular pero sin caer en la actitud de kenosis que algunos ven como imprescindible, declarándose equivocadamente bonhoefferianos, para actuar en el plano social y político. (Cantero, Op., cit, pp. 22 – 23)

¿A qué desafíos teológicos y pastorales nos conduce Dietrich Bonhoeffer?

Como teólogo he aprendido a conocer las diferentes formas de hacer teología en América Latina. Cuando hablo de hacer teología, me refiero a esa forma de leer e interpretar el texto sagrado, que nos puede llevar a extremos, como sucede en esas formas de hacer teología hoy en América Latina, un ejemplo a citar: Teología de la prosperidad, teología del pacto, teología de la siembra, teología de la guerra espiritual; esto implica una nueva manera de interpretar la acción pastoral, por ejemplo, hoy en pleno siglo XXI en muchas comunidades evangélicas se oyen vientos de los nuevos roles dentro de la estructura jerárquica como son el Profeta, el Apóstol, Guerreros espirituales y con el tiempo vamos a tener nuestro primer Pontífice evangélico.

De todo esto me pregunto ¿cuál será el grado de responsabilidad de nuestros seminarios teológicos y bíblicos de mi País? ¿A que modelo pastoral, misionológico, docente, etc., apuntan? En otro articulo publicado por esta revista: Desafíos teológicos para una eclesiología misionera Bautista contextual, yo afirmaba “Más que una teología racional, necesitamos una teología pastoral que pueda ser interpretada y comprendida por nuestra comunidad. No una teología del escritorio, o del lucro, sino más bien, una teología desde y para nuestra comunidad cristiana colombiana.” (SV # 39, 2006, p. 7). Es allí donde se hace la pastoral desde la problemática social de violencia, de tragedia, de crímenes, de secuestros, de asaltos bancarios, de explotación y de injusticia social que viven muchos países del mundo, en algunos con más dolor, como es el caso de Colombia. Pero, en ese mar de incertidumbre muchos teólogos, creyentes y personas con sus discursos quieren hacer dinero, a través de talleres, de seminarios y de cátedras en las iglesias, escuelas, seminarios y universidades, cursos de capacitación laboral, con ayuda tanto del Estado como de organizaciones no gubernamentales. Es muy sencillo ofrecer alternativas de formación técnicas para ejercer un determinado oficio, con el objetivo de aliviar el problema. Pienso que con soluciones de éste tipo e inclusive, en casos desesperados, con intervenciones de tipo militar, ¿podemos dar una respuesta adecuada al problema? Pero, la realidad nos ha mostrado otra cosa, ejemplo tenemos en toda la historia de las guerras (…), como diría mi colega Lucia Victoria Hernández, “en el fondo de cada problema social o económico tenemos un problema moral y detrás de cada problema moral tenemos un problema epistemológico y detrás de cada problema epistemológico tenemos un problema teológico”, si somos cristianos o antropológico, si no tenemos fe. El profeta Isaías definió en pocas palabras la situación y su solución cuando afirmó: la paz es fruto de la justicia (32: 17), con lo cual esta situando el problema en su verdadera dimensión y orienta hacia los principios que debe tener en cuenta.

Muchas personas conscientes abogan por una medida militar, porque piensan que vencida la guerrilla, los paramilitares, tendremos paz. Pero, están equivocados; nada se arregla con las armas, mientras siga las mismas condiciones de explotación, de abandono por parte del gobierno. Una posible solución seria erradicando las causas de injusticia social con mejorar las condiciones de vida, posibilidad de trabajo, acceso a la educación, atención a la salud. Es cierto, no basta eso; si queremos una sociedad mejor según el modelo bíblico debemos ir más allá de lo material. Es allí donde surge el desafío teológico de Bonhoeffer, un hombre consciente de la problemática social y marginación de sus hermanos cristianos y no cristianos del régimen nazi. Las perspectivas pastorales, eclesiológicas y teológicas que nos abre como líderes, pastores, creyentes son impulsar una teología comprometida y solidaria por los sujetos sociales marginados y desplazados de nuestra sociedad colombiana, debido a esta guerra sucia de poder [...] (Luis Eduardo Cantero, “la situación de violencia en Colombia”, en Interacción Revista de comunicación educativa, # 45, 2006, CEDAL, Bogotá, pp. 38 - 40).

Bonhoeffer como hoy, pensaría en las nuevas generaciones que están creciendo con un sentido de frustración y sin ninguna esperanza en el futuro. Colombia vive entre la angustia y la esperanza. Es sobre el trasfondo de ésta terrible realidad que deseo explorar el problema, desde la perspectiva de un cristiano comprometido con el Señor de la Vida, como lo afirma Pablo Deiros: ...Para nosotros como cristianos bautista [y no bautistas] es necesario admitir que también somos parte de la situación, y que de una manera u otra estamos envueltos en el mismo partimos la culpa, porque también nosotros somos pecadores. Nuestra participación en el sufrimiento de otros puede ser a través de una acción activa o de una indiferencia pasiva. Cualquiera sea nuestro grado de responsabilidad, es necesario que confesemos y admitamos nuestra culpa. (1985: 91)

Según lo anterior, todos los que hacemos parte de una estructura económica de un país, de una u otra manera estamos involucrado en el problema y como todo ser humano de carne y hueso siente el dolor que le embarga tanto a él como al prójimo, por eso una diferencia del creyente del no creyente es el mandamiento del amor, por lo que nadie puede decir que ama a Dios si no ama a su prójimo (cfr 1 Jn 4, 20, ese amor y respeto por el Otro se debe a que Dios nos creó a su imagen y semejanza. Por eso, Jesús actúa a favor de los pobres que son bienaventurados porque tienen a Dios por rey (Mt 5: 3) y sobre todo, demuestra en su vida que no hay razón para discriminar a nadie por su condición de mujer, de etnia, de teología, de oficio, ni por ser pecador, etc., ejemplo de ello es Bonhoeffer, que dio su vida a favor del prójimo.

Todo esto me lleva a considerar que el derecho a la vida y a la libertad es un compromiso de todos. Un compromiso que exige amor entrega por los que sufren en nuestra sociedad como lo hiciera Bonhoeffer; la declaración de los Derechos Humanos dice: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona..., nadie estará sometido a secuestro, marginado o trato inhumano. ¿Por qué hay tantas muertes violentas? ¿Por qué hay tantos que no gozan de la vida y la libertad en nuestro País? El derecho a la vida está declarado por la legislación mosaica en el quinto mandamiento, cuando dice: No matarás. (Ex 20: 13). Pero, además de prohibir la violencia, el quinto mandamiento, considera como irrespeto a la vida y enemigo de ésta: el adulterio, el robo, la codicia, la extorsión, el secuestro, la droga, el aborto, entre otros. En resumen cualquier acto violento que atente con la vida, se constituye otro enemigo, es el clima de violencia que actualmente se vive en Colombia y con un agravante que es la complicidad de los ciudadanos, por negligencia o por miedo que no se atreve a denunciarlos.

Finalizo esta parte citando a Thomas Hobbes, decía el estado natural del ser humano es una condición de guerra de todos contra todos, en la cual cada uno está gobernado por su propia razón, no existiendo nada de lo que pueda hacer uso, que no le sirva de instrumento para proteger su vida contra sus enemigos. Mientras las personas se aferran a su derecho a la vida y a la libertad estarán en guerra contra todo aquello que atente con ese derecho. Este estado de guerra cesará si todos renuncian a su derecho. La renuncia a los derechos debe ser colectiva, ya que si uno renuncia y otro no, quien renuncia será presa fácil de quien no renuncie. Por eso, que en ningún país no habrá paz, mientras no se respete la vida y la libertad del Otro. Como líderes evangélicos colombianos debemos revaluar nuestros postulados teológicos, nuestra razón de ser en la economía del Reino de Dios, nuestro grado de compromiso con respecto al de Bonhoeffer. Para luego plantear nuevos paradigmas hacia una nueva forma de hacer teología en Colombia, que se manifieste en una teología y pastoral comprometida con los marginados, desplazados, etc., de nuestra sociedad.

En conclusión Bonhoeffer sigue siendo un desafío tanto teológico como pastoral, ya que con su vida demostró el grado de compromiso de su fe por el prójimo. Sin duda su vida fue un testimonio como seguidor de Cristo. Su convicción del valor cristiano de lo terrestre y de lo humano, lo veía en su maestro, porque para él Cristo es el hombre para los demás. Y por eso aconsejaba a la iglesia a dar de mano a un lenguajes viejo e incomprensible para el hombre de hoy (siglo pasado) y buscar uno nuevo que hable desde lo secular (mundano). Esta visión y evolución teológica le llevó a mirar el mundo con una “visión desde abajo”, desde la perspectiva de los pobres, los marginados. Esto explica su influencia en la Teología Latinoamericana. Pienso lo mismo, que la religión de occidente ha muerto en sus ideales, en su razón de ser, para lo que fue creado. La religión de ayer como hoy está más preocupada por hacer que implica en el tener (teología de la prosperidad, etc.,) que por el ser la voz profética de los que no tienen voz (… )



Luís Eduardo Cantero, Administrador de los Recursos Eclesiásticos, Universidad Nazarena, San José, Costa Rica. Licenciado en Teología, Seminario Teológico Bautista Internacional (Hoy Fundación Universitaria Bautista) Colombia. Licenciado en Sagrada Teología, Centro de Investigaciones Biblica/Instituto Superior de Teologia, Facultad de Teología Protestante, Tenerife, España. Candidato a Master en Ciencias Teologicas, Universidad Biblica Latinoamericana, San José, Costa Rica. Especialista en Diseño de Ambientes de Aprendizaje, Universidad Minuto de Dios, Medellin, Colombia. Doctor en filosofia, Laud Hall Seminary, Floridad. USA. http://www.luiseduardocantero.visitame.es/

4 comentarios:

deborahadaza dijo...

hola hermano:

al leerte tu post me surgieron ciertas inquietudes...

¿en que crees que deba cristalizarse un quehacer teologico en América Latina como el que vivia Bonhoeffer?

¿que aproximación encuentras entre Bonhoeffer, tu postura y la teología de la Liberación?

¿cual es el problema con la teología "tradicional" que impide el ver la necesidad humana? lo hay? o solo es que no lo enfoca socialemente?

me encantaria leer tus repuestas.

un saludo desde Morelia Michoacán México

Luis Eduardo Cantero dijo...

Mi estimado hermano, agradezco por tu visita y tus preguntas. Bueno, no se trata vivir la época que vivió Bonhoeffer, son epocas distintas, pero nos une la problematica social que él vivió. Valoro de Bonhoeffer su acción y lucha por los excluidos y marginados del sistema, como el nuestro; me encanta este autor y por encontrarme viviendo en America latina me invita actuar en favor de mis hermanos los marginados, etc. Mi postura lo expreso al inicio del articulo; eso lo dice todo, ahora que relación tiene con la Teologia Latinoamericana, porque es ilogico seguir encuadrando nuestra teologia en un termino liberacion, mi proximo artículo pienso hablar de un nuevo paradigma para america latina que es la reconstruccion, como modelo para hacer teologia. Ahora, la teologia conservadora tradicional, es una teologia que tiene un subtrato (fenomenológico, metafisico y puritano) y es bueno lo fenomenológico, lo metafísico y podriamos decir el fundamentalismo de conservar ciertos dogmas o doctrinas que ya han sido superada por los descubrimientos que ha hecho los cientificos, la TL y otras formas de hacer teologia; pero se queda en un subtrato de lo sublime, alrededor de lo que cree, olvidando que Dios también espera de nosotros que actuemos en esta tierra, que no solo nos quedemos esperando que todo lo solucione el Señor, entonces mi querido hermanos no solo es Biblia, no solo es acción social, no solo es juzgar otra forma de pensar, sino es pensar el ser aqui, mientras que esperamos la segunda venida de Cristo, él nos encuentre trabajando y dando testimonio de fe y obra. Creo que la TL como T Conservadora tradicional tienen errores; pero, pienso que primero debemos creer para ser, creer para saber, saber para hacer, esto encierra lo que creo. Un abrazo, Luis Edo Cantero, Capital Federal de Bs As, Argentina

Gloria Mercedes dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Cosimo, El Barón dijo...

He llegado aquí por pura casualidad... y me encuentro con un artículo de mi teólogo favorito. Sólo disiento, no en los aspectos del propio artículo, sino en la afirmación de Tamayo sobre la influencia de Bonhoeffer en la teología católica. Sí leemos Nachfolge, comprendemos enseguida que el pensamiento es de una pureza protestante absoluta, a mí al menos me lo pareció, queda muy distante de ciertos aspectos que la cultura católica ha ido manejando, sobre todo en este pasado siglo, y que son el germen de teologías más aperturistas (supongo que por eso Tamayo entiende que B. es una influencia).

Sólo conozco la realidad de la sociedad católica de clase media española en la que vivo, sé positivamente que un nombre como el de Bonhoeffer solo queda en ámbitos estrictamente académicos. Claro que reconozco que en España nunca ha habido convivencia de ningún tipo con las iglesias evangélicas, me refiero a una convivencia cultural.

Pero sin duda Bonhoeffer ES el teólogo del siglo XX, sin despreciar a Barth y a otros, su acercamiento a la realidad cotidiana es tan preclara que sobrepasa los límites de la teología, se adentra en cuestiones puramente sociales y adivinando ya en los año 30 qué modelo de sociedad se estaba creando en Europa.

La altura moral de D.Bonhoeffer creo que es equiparable a la de Tomás Moro, son seres incorruptibles.

Bueno, mis conocimientos sobre teología son muy limitados, pero esta es una figura que me apasiona. Ahora que conozco su blog lo seguiré con frecuencia.

Saludos.