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jueves, 8 de septiembre de 2016

El Espíritu y la teología del pluralismo religioso



Por. Faustino TEIXEIRA, Brasil.
Resumen: El aparato magisterial católico continúa anclado en el cristocentrismo inclusivista, autobloqueado, sin avanzar ni dejar hacerlo. El magisterio de los teólogos, por su parte, hace tiempo que viene encontrando caminos y razones para abrirse a la posición pluralista. Una clave decisiva para ello –tomada de la herencia de la Tradición– es la reflexión sobre la actuación del Espíritu dentro de la economía de la creación y de la salvación. La postura cristocéntrica (inclusivista) de la tradición latina de los últimos siglos –desde el Filioque hasta la Dominus Iesus– ha negado al Espíritu una actuación amplia y autónoma, incurriendo en un cristomonismo –denunciado por Oriente– que, en definitiva conduce al sometimiento del Espíritu a otra Persona dentro de la perfecta comunidad trinitaria. El autor pone en valor la reflexión de varios teólogos sobre esta función del Espíritu, que ofrece motivos para superar el bloqueo actual del magisterio y para abrirse a la posición pluralista.
En la introducción a su libro clásico sobre la teología cristiana del pluralismo religioso, Jacques Dupuis señala que el punto de partida de esta reflexión teológica fue "una praxis del diálogo inter-religioso", a partir de la cual trató de buscar una "nueva interpretación cristiana de la realidad religiosa pluriforme"[1]. Y con esa nueva perspectiva, un lugar singular para el Espíritu Santo. En sintonía con una economía más amplia, del Verbo eterno de Dios, la teología del pluralismo religioso está respondiendo positivamente al desafío lanzado por la teología ortodoxa en su crítica a la tendencia cristomonista vigente en la tradición occidental.
El Espíritu y la controversia teológica
El camino fue abierto por San Ireneo, con aquella metáfora hermosa de las "dos manos de Dios" que actúan en el plan salvífico: el Verbo y el Espíritu. Y el Espíritu aquí se entiende en su peculiaridad propia, no estando subordinado al Hijo, ni quedando reducido a una función del Verbo[2]. Sobre la base de esta metáfora, es pertinente hablar de una singular y distintiva actividad salvífica del Espíritu. Incluso estando unido al Logos, el Espíritu trabaja de una manera peculiar, y "sopla donde quiere" (Jn 3,8). En ese sentido, "la presencia salvífica de Dios a través de la Palabra y del Espíritu de Dios no se limita a la historia judeocristiana, sino que se extiende a toda la historia humana, y puede ser percibida principalmente en los libros sagrados, en los rituales, en las enseñanzas morales y en las prácticas espirituales de todas las religiones"[3].
La teología del pluralismo religioso, en su versión católica, tomó también su reflexión de ese desafío lanzado por la teología ortodoxa, pero encontró resistencias concretas en determinados documentos del Magisterio de la Iglesia, sobre todo en la Declaración Dominus Iesus (DI) publicada por la Congregación para la Doctrina Fe (CdF) en agosto de 2000. Cabe mencionar el texto de Angelo Amato, en los Praenotanda de la obra de la CdF, que recoge una serie de documentos publicados por el dicasterio romano[4], en los que señala que la Declaración Dominus Iesus ofrece "un marco de referencia imprescindible para teología de las religiones y el diálogo interreligioso y ecuménico"[5]. Con respecto al tema de la economía del Espíritu Santo, la DI contesta a los que apoyan "la hipótesis de una economía del Espíritu Santo más universal que el Verbo encarnado, crucificado y resucitado" (DI 12). Por lo demás, es lo que se puede ver en varios otros documentos recientes del Magisterio, como la encíclica Redemptoris Missio de Juan Pablo II sobre la permanente validez del mandato misionero[6]. Estos documentos, en general, refuerzan la idea de la centralidad de Cristo, de su unicidad y de su papel singular y universal en la dinámica de la salvación.
El teólogo Jacques Dupuis llamó la atención en repetidas ocasiones sobre este "peligro real", presente en la tradición latina, de una "excesiva concentración cristocéntrica del misterio de la salvación"[7]. Su reflexión teológica insistió en la preocupación por ampliar el horizonte, echando mano de una clave interpretativa fundada en una cristología trinitaria y del Espíritu. Su proyecto no encontró empatía en sectores del aparato magisterial católico, especialmente en la Congregación para la Doctrina de la Fe, y su libro pionero fue finalmente notificado por la CdF en febrero de 2001. En el texto de tal Notificación aparecen varias críticas a aspectos teológicos defendidos por Jacques Dupuis, y en particular a su visión de la dinámica de la revelación en Jesucristo. Lo que destacaron con vigor, fue la complección de la revelación de/en Jesús. En la visión de la CdF, esa revelación ya contiene todo lo necesario para la salvación de todos, y no necesita "ser completada por otras religiones"[8]. El énfasis cristocéntrico de la Notificación es fuerte, e insiste en que es de la mediación fontal de Jesucristo de donde proceden todos los "elementos de verdad y bondad" presentes en las diversas religiones. Lo mismo ocurre cuando se trata de la acción salvífica del Espíritu Santo. Para la CdF, esta acción no puede ser extendida "más allá de la única y universal economía salvífica del Verbo encarnado"[9].
En la obra de Jacques Dupuis publicada después de su muerte[10], él trata de posicionarse tanto con respecto a la Dominus Iesus como respecto a la Notificación de la CdF sobre su libro de teología del pluralismo religioso. A propósito del tema de la acción salvífica del Espíritu Santo, trata de dar respuesta a las consideraciones de la notificación de la CdF, refiriéndose al peso de la cláusula del Filioque[11], introducida en la profesión de fe de niceno-constantinopolitana en el año 381. En su opinión, el Espíritu Santo es el "aliento" de Dios que actúa en toda la historia de la salvación, desde mucho antes de la encarnación histórica del Hijo, pero también después de este acontecimiento, sin que tenga que ser entendido como "necesariamente dependiente" de la comunicación hecha sobre él por el Cristo resucitado a la iglesia y al mundo[12]. Para Dupuis, siguiendo la senda de los Padres orientales, en la Trinidad no puede haber una subordinación del Espíritu Santo.
La singularidad de la acción del Espíritu
La teología cristiana del pluralismo religioso trata de resistir al cristomonismo, haciendo hincapié en un horizonte más abierto, como es el caso de Claude Geffré, que, sobre la base de los Padres de la Iglesia, reconoce "la economía del Verbo encarnado como el sacramento de una economía más amplia, la del Verbo eterno de Dios, que coincide con la historia religiosa de la humanidad"[13]. Y en esta economía, la presencia de la "mano" del Espíritu, que es el "Espíritu de Dios" (Rm 8,9). Esta cuestión fue debidamente tratada por Jacques Dupuis, quien señaló en varias ocasiones la importancia de un camino alternativo al cristomonismo. Para el teólogo belga, el Espíritu no puede reducirse a una "función" de Cristo; por el contrario, el Espíritu ejerce una acción distinta "en virtud de su distinta identidad personal". Antes y después del acontecimiento de Cristo tiene lugar una acción de su aliento de vitalidad, en favor de la acción salvífica[14].
Otro teólogo jesuita, Roger Haight, avanzó en esta reflexión, proponiendo el camino de una cristología del Espíritu. Su osadía fue aún mayor, al poner en cuestión la constitutividad salvífica universal de Jesucristo[15]. En su opinión, "Jesús es constitutivo y causa de la salvación de los cristianos[16], por ser el mediador de la conciencia cristiana de la vida en el Espíritu. Pero Jesús no es constitutivo de la salvación en términos universales"[17]. Se abre así el camino para mostrar la operatividad salvífica del Espíritu, fuera incluso de la esfera cristiana, lo que apunta a la presencia de otras mediaciones de Dios. Si en el cristianismo esta mediación se lleva a cabo a través de una persona, en otras religiones puede darse de forma diferente: mediante una praxis, una enseñanza, un libro o un acontecimiento[18]. Y esta percepción no perjudica ni disminuye el significado atribuido por el cristiano a la dinámica de la salvación. Como mostró Haight, "la experiencia cristiana de lo que Dios ha hecho en Jesucristo no parece resultar disminuida al reconocer al verdadero Dios actuando en otras religiones"[19]. Todo esto, más bien, simplemente corrobora la "lógica del amor infinito de Dios."
La acción singular del Espíritu en el plan de salvación se reconoce admirablemente en el documento Diálogo y anuncio, tal vez el documento del magisterio de la Iglesia Católica más amplio y abierto sobre el tema. En uno de sus pasajes más contundentes, el documento subraya la manera distinta como puede proceder el misterio de la salvación, por "caminos sólo por Dios conocidos" gracias a la acción misteriosa del Espíritu. Si para los cristianos la respuesta es dada al acoger a Jesús, para otros esa respuesta puede producirse mediante la "práctica de aquello que es bueno en sus propias tradiciones religiosas y siguiendo los dictados de su conciencia"[20].
La acogida auténtica de la acción del Espíritu, de su aliento renovador, tiene un significado muy especial para el diálogo entre las religiones y espiritualidades, en la medida en que favorece el reconocimiento de la dignidad de la diferencia. Activar el Espíritu es hacer acontecer y brillar la trinitaria simbólica, como sugirió el gran teólogo dominico Christian Duquoc. El Espíritu es el que hace sonar la inquietud y el susurro de lo plural, integrando las diferencias en una gran sinfonía. Es necesario romper con la tendencia todavía vigente en cierta teología cristiana a entender la diferencia como "indigna de Dios", haciendo hincapié exclusivamente en una lógica de la igualdad. El reto va en otra dirección, es decir, en la dirección del reconocimiento de la singularidad del cristianismo sin borrar o disminuir la positividad de las diferencias religiosas. El reconocimiento del valor del cristianismo debe darse sin desconsiderar la "exterioridad positiva" que prevalece en su relación con Dios a través de Jesucristo. En otras palabras, el compromiso que el cristiano experimenta en su relación con Dios a través de Jesucristo no elimina ni eclipsa los rasgos misteriosos de la presencia de Dios, que actúa de forma diferente en cada lugar.
No hay límites para la acción del Espíritu. Su operatividad no afecta sólo a los individuos, sino también a la historia, las culturas y religiones, haciéndose presente en todas las dinámicas de la creación[21]. En un fragmento de sabor rahneriano del decreto Ad Gentes del Vaticano II, se habla de "verdad y gracia" presentes entre los pueblos[22], como una acción combinada del Verbo de Dios y de su Espíritu. En opinión de Jacques Dupuis, esta reflexión resultó ser "un pequeño paso para llegar al reconocimiento de una función mediadora de las religiones cuando comunican a sus respectivos miembros la oferta de gracia y salvación de Dios, y al dar expresión a la respuesta positiva de sus miembros al don gratuito que Dios hace de sí mismo"[23]. Esta presencia de "verdad y gracia" también en las religiones no puede ser reducida a un mero "marco de espera", o a un "germen" que sólo encontrará su complemento o su consumación en la revelación cristiana. Estos dones son "beneficios más amplios y autónomos"[24].
El Espíritu y las religiones
En la historia de las relaciones de Dios con los pueblos, culturas y religiones hay señales singulares de vitalidad, así como de presencia de la gracia, que desbordan lo que ocurre solamente en la tradición cristiana. Es lo que mostró pertinentemente el teólogo Edward Schillebeeckx:
Hay más verdad (religiosa) en todas las religiones en su conjunto, que en una sola religión, lo que también se aplica al cristianismo. Hay por tanto aspectos verdaderos, bueno, bellos –sorprendentes– en las múltiples formas (presentes en la humanidad) de alianza y de entendimiento con Dios, formas que no encuentran lugar en la experiencia específica del cristianismo[25].
Es en el profundo diálogo con las diferentes religiones donde ese rasgo novedoso del Espíritu puede ser captado, favoreciendo la percepción de "nuevas dimensiones" de la fe, que escapan a una visión particularizada. El diálogo no provoca el debilitamiento de la fe, sino la posibilidad concreta de su profundización[26]. Sin duda, otras religiones proporcionan y median la presencia de Dios como Espíritu, y las ricas experiencias de diálogo en curso muestran pertinentemente la posibilidad abierta a los cristianos de captar "con mayor profundidad ciertos aspectos, ciertas dimensiones del misterio divino, que habían percibido con menor claridad y que fueron comunicados con menor claridad por la tradición cristiana"[27].
La gran mística y buscadora Simone Weil decía que la atención "es la forma más rara y más pura de la generosidad". Sin duda, el camino de la apertura al otro pasa necesariamente por este toque de atención, que también implica la necesidad de un "contacto cercano" para un aprendizaje más enriquecedor. Es esta atención la que se requiere de los cristianos que buscan entender el mundo de otras tradiciones religiosas. Dejar de atender a ello es perder la posibilidad de captar los signos de los tiempos y los dones del Espíritu. Y todavía más grave sería dejar que se pierda la comprensión del Dios que está presente en toda la creación[28].
La acción del Espíritu que tiene lugar en las religiones destaca otro elemento fundamental que es la preservación de un inacabamiento. La historia y la religión están siempre bajo la reserva escatológica Dios. El verdadero conocimiento de Dios choca con el don de su Misterio. Como indicó Haight,
>ni Jesús ni el cristianismo median una posesión plena de Dios. Sin un sentido del Misterio trascendente de Dios, sin el sano sentido agnóstico de lo que en realidad no sabemos acerca de Dios, no se esperará conocer más de él a partir de que lo que nos fue transmitido a los humanos a través de otras revelaciones y religiones[29].
El Espíritu es un don precioso que accede al camino de la verdad, pero "no otorga su posesión". Tiene siempre la característica esencial del inacabamiento. La promesa del Espíritu nunca puede ser totalizada por ninguna religión, por ninguna iglesia ni por algún dogma. Nada más peligroso que olvidar de este rasgo. Como indicó Duquoc, "cuando los testigos institucionales del Evangelio, las iglesias, olvidan este inacabamiento estructural y hablan, actúan y deciden como si estuvieran ya al final del proceso histórico, el Espíritu inspira la resistencia contra tal pretensión"[30]. Nada más problemático que arrogarse el dominio y la posesión de la verdad de Dios. Es el Espíritu, con su aliento de libertad, quien suscita la imprescindible reserva kenótica, manteniendo vivo el "vacío" que impide la "organización y la conexión de los fragmentos" que reflejan la presencia de las religiones. Su acción desveladora siempre ocurre con retraimiento.
El Espíritu y su Misterio garantizan la permanencia de las equivocaciones y los tanteos en la búsqueda de la verdad, ese inacabamiento esencial. Es él quien impide el dominio de la hybris, la arrogancia, recordando siempre a los humanos el riesgo de sobrepasar el dominio finito. En el ámbito del cristianismo,
Cristo se revela humano incluso en el hecho de no poner a disposición de sus discípulos la verdad total antes de tiempo. La verdad sólo se alcanza por fragmentos, y es negada desde el momento en que sus testigos piensan que están en el término y pretenden ejercer un juicio acerca de nuestros tiempos sin terminar como si gozasen del conocimiento pleno de Dios. De manera realmente admirable el espíritu ha sido confiado y siempre es garantizado a los discípulos de Cristo para que renuncien a todo saber absoluto y participen en la búsqueda tan embriagante como dolorosa de la verdad[31].
Ante el Sin Nombre, las representaciones son siempre precarias y cambiantes. Y el Espíritu siempre renueva esta memoria imprescindible. Algunas tradiciones religiosas, como el budismo, apuntan pistas interesantes a este respecto, en el sentido de recordar a sus seguidores la importancia de "renunciar a las figuraciones para entrar en el despertar". Es constante invocación de la "nada" y el "vacío" para indicar que el presente en su profundidad no tiene todavía un contenido definido, siendo por eso tan importante el perfeccionamiento de una práctica espiritual humilde, paciente y permanente. Se aceptan las representaciones, pero siempre sometidas al discernimiento, en cuanto que son obstáculos para la "serenidad luminosa"[32].

Notas bibliográficas
[1] Jacques DUPUIS. Rumo a uma teologia cristã do pluralismo religioso. São Paulo: Paulinas, 1999, p. 36.
[2] Paul EVDOKIMOV. L´Esprit Saint dans la tradition ortodoxe. Paris: Cerf, 1969, p. 88-89. Véase también: Jacques DUPUIS. Perché non sono erético. Teologia del pluralismo religioso: le acuse, la mia difesa. Bologna: EMI, 2014, p. 143; Jacques DUPUIS. O cristianismo e as religiões. Do desencontro ao encontro. São Paulo: Loyola, 2004, p. 228.
[3] Peter PHAN. Salvação universal, identidade cristã, missão da Igreja. IHU-Notícias, 15 de outubro de 2009.
[4] CONGREGATIO Pro Doctrina Fidei. Documenta inde a Concilio Vaticano Secundo – Expleto Edita (1966-2005). Città del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana, 2006.
[5] Ibid., p. 8.
[6] JOÃO PAULO II. Sobre a validade permanente do mandato missionário – Carta encíclica Redemptoris Missio. Petrópolis: Vozes, 1991. Véase el número 29. El papa subraya que el Espíritu no puede ser entendido como una “alternativa a Cristo”. También: COMISSÃO Teológica Internacional. O cristianismo e as religiões. São Paulo, Loyola, 1997, n. 58. En sintonía con la DI, el texto de la Comisión es claro: “No se puede, por tanto, pensar en una acción universal del Espíritu que no esté en relación con la acción universal de Jesús”.
[7] Jacques DUPUIS. Perché non sono eretico, p. 90.
[8] CONGREGATIO Pro Doctrina Fidei. Documenta..., p. 550 (II 3).
[9] Ibid., III, 5.
[10] Jacques DUPUIS. Perché non sono eretico (2012).
[11] La cláusula dice: “Y en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo”. En la fórmula del texto griego, firmada en el Primer Concilio de Constantinopla, sólo se lee que el Espíritu Santo procede “del Padre”. En la visión de los católicos ortodoxos, ese añadido resulta insostenible.
[12] Jacques DUPUIS. Perché non sono eretico, p. 144.
[13] Claude GEFFRÉ. Crer e interpretar. A virada hermenêutica da teologia. Petrópolis: Vozes, 2004, p. 165.
[14] Jaques DUPUIS. O cristianismo e as religiões, p. 228.
[15] Tesis que fue contestada en la Notificación de la CdF al libro de Roger Haight, en diciembre de 2004: CONGREGATIO Pro Doctrina Fidei. Documenta..., p. 626. Para la CdF, tal tesis estaría negando la “misión salvífica universal de Jesucristo”.
[16] Esta opinión de Roger Haight es compartida por Edward Schillebeeckx, para quien Jesucristo es mediador “de la salvación específicamente cristiana”: Roger HAIGHT. O futuro da cristologia. São Paulo: Paulinas, 2008, p. 104. Pero también  Cristo orienta siempre a sus fieles “hacia Alguien Otro, cuyo nombre es indecible”: Christian DUQUOC. O único Cristo. A sinfonia adiada. São Paulo: Paulinas, 2008, p. 92-93.
[17] Roger HAIGHT. Jesus símbolo de Deus. São Paulo: Paulinas, 2003, p. 523.
[18] Ibidem, p. 477. Así, las religiones pueden mediar la gracia salvífica de Deus. En ese sentido, como mostró Haight, sería incorrecto decir que “toda gracia de Dios es gratia Christi”, ya que esta expresión revela una “especulacion inconsistente e innecesaria, si se mira contra el telón de fondo de la historicidad”: Ibid., p. 474 (n. 25).
[19] Roger HAIGHT. Jesus símbolo de Deus, p. 474.
[20] PONTIFÍCIO Conselho para o Diálogo Inter-religioso. Diálogo e anúncio. Petrópolis: Vozes, 1991, n. 29. Para el complejo y tenso proceso que condujo a la redacción final de ese documento, cf. Jacques DUPUIS. A Theological Commentary: Dialogue and Proclamation. In: William R. BURROWS (Ed). Redemption and Dialogue. New York: Orbis Books, 1993, p. 119-158 (en particular  p. 136-137).
[21] JOÃO PAULO II. Sobre a validade permanente do mandato missionário – Carta encíclica Redemptoris Missio. Petrópolis: Vozes, 1991, n. 28.
[22] ENCHIRIDION Vaticanum. Documenti ufficiali del Concilio Vaticano II – 1962-1965. 15 ed. Bologna: EDB, 1996, p. 1081 (AG 9).
[23] Jacques DUPUIS. Rumo a uma teologia cristã do pluralismo religioso, p. 442.
[24] Ibidem, p. 529. Esa tesis de Dupuis fue igualmente contestada por la CdF, en la Notificación sobre su libro. En la visión del dicasterio romano esos elementos de “verdad y gracia” derivan, en realidad, de la “mediación fontal de Jesucristo”: CONGREGATIO Pro Doctrina Fidei. Documenta..., p. 550 (II 4). Nuevamente el cristocentrismo en acción.
[25] Edward SCHILLEBEECKX. História humana revelação de Deus. São Paulo: Paulus, 1994, p. 215. Y también: Jacques DUPUIS. Rumo a uma teologia cristã do pluralismo religioso, p. 529.
[26] PONTIFÍCIO Conselho para o Diálogo Inter-religioso. Diálogo e anúncio, n. 50.
[27] Jacques DUPUIS. Rumo a uma teologia cristã do pluralismo religioso, p. 521. R. HAIGHT, Jesus símbolo de Deus, p. 477.
[28] Gavin D’COSTA. Cristo, Trinità e pluralità religiosa. In: ID. (ed.). La teologia pluralista delle religioni: un mito?  Assisi: Cittadela Editrice, 1994, p. 96-9. Como destacó Haight, “las personas que no consiguen reconocer la verdad salvífica de otras religiones pueden estar operando sin saberlo con una concepción de Dios distante de la creación”: Roger HAIGHT. Jesus símbolo de Deus, p. 479.
[29] Roger HAIGHT. Jesus símbolo de Deus, p. 479.
[30] Christian DUQUOC. O único Cristo, p. 154.
[31] Ibid., p. 155.
[32] Ibid., p. 91-92.

PPCIR/UFJF
Ponencia presentada en el Congreso de la SOTER,
Belo Horizonte, julio 2016

Fuente: ServicioKoinonia

viernes, 8 de marzo de 2013

La base de la misión cristiana

Por C. René Padilla, Argentina

Por varios siglos la expansión del cristianismo estuvo vinculada a la expansión colonial de las naciones “occidentales y cristianas”. Esta era, por así decirlo, la dimensión religiosa de la colonización: los pueblos conquistados por los europeos eran obligados a abrazar la cultura de los conquistadores, la que incluía la fe cristiana. Así, podemos decir que la base de la fe cristiana era el poder colonial ejercido por España y Portugal (en el caso del catolicismo romano) o por Inglaterra, Holanda, Alemania y Suecia (en el caso del protestantismo).
En un periodo más reciente, durante la Guerra Fría, un movimiento estadounidense que tenía como misión la evangelización de estudiantes universitarios en varios países del mundo promovía la promoción de recursos económicos con el siguiente aviso: “ayúdenos a detener el avance del comunismo, envíenos su contribución financiera”. Sería posible decir que, para los líderes de ese movimiento, la misión tenía como base la ideología capitalista en contraposición con la ideología comunista.
Se podrían dar otros ejemplos de cómo los cristianos, en lo que respecta a nuestra misión, hemos sido condicionados a lo largo de la historia por la situación que nos rodea. Nos olvidamos que la base de la misión cristiana no es otra que la revelación de Dios que culmina en Jesucristo, de la cual dan testimonio las Sagradas Escrituras, y tratamos de justificar nuestra misión con razones derivadas de nuestra propia cultura.
Hay varios textos de la Biblia que podríamos citar para mostrar el lugar central que la revelación de Dios en Jesucristo ocupa en la misión cristiana. Probablemente ningún de ellos ha sido tan usado en lo que se refiere a la Gran Comisión en Mateo 28:16-20, un pasaje que sintetiza el contenido del Evangelio. Ya en 1590, Adrián Saravia (1531-1613), un joven teólogo reformado holandés contemporáneo de Calvino, escribió un tratado sobre la vigencia de ese texto del Nuevo Testamento. Su propósito era demostrar la necesidad de que la iglesia en Europa rompiera con la reclusión impuesta por la cristiandad y, en obediencia a la comisión de Mateo 28:19, se apropiara de la promesa de Mateo 28:20. Posteriormente, William Carey (1761-1834), el zapatero misionero, publicó su famoso tratado sobre el mismo tema, por un desconocimiento general del tratado de Saravia, pasó a la historia como el primer protestante en recurrir a la Gran Comisión para promover la misión transcultural.
Hay muchos textos bíblicos que apuntan al propósito de Dios de que su mensaje de redención llegue a todas las naciones de la tierra. Por ahora, en vista del lugar que Mateo 28:16-20 ocupa en el primer Evangelio y en movimiento misionero moderno, vamos a explorar su contenido en varios artículos.
La escena descrita en el texto tiene lugar en Galilea, la provincia donde Jesús creció y desarrolló la mayor parte de su ministerio; la región “semipagana” donde convocó a la mayoría de sus seguidores y de donde provenían casi todos sus discípulos. Es el último encuentro del Cristo resucitado, antes de su ascensión, un encuentro que marca el fin del ministerio terrenal de Jesucristo y el acto de comisionar a sus discípulos como continuadores de ese ministerio. Las palabras que Jesús les dirige son en realidad el testamento en el cual deposita su legado no sólo para ellos sino también para los discípulos que les sucederán “hasta el fin del mundo”. Son, consecuentemente, palabras cuyo sentido tiene mucho que ver con todos los que se reconocen como discípulos de Cristo hoy.
 
Fuente: El blog de René Padilla, 2013.

viernes, 18 de mayo de 2012

El enigma de la muerte: ¿seres eternos o no? Una respuesta filosófica-teológica al problema de la muerte

Por. Luis Eduardo Cantero, Argentina*
La historia de la humanidad ha sido marcada por un mito, que ha trascendido a todas las esferas del conocimiento científico, filosófico e inclusive a la teología. Este mito ha sido construido a raíz de la angustia del ser humano al sentirse rodeado por otros seres que a igual que él viven las circunstancias de sus problemas existenciales.
Cada ser humano vive sus problemas existenciales de manera diferente. Algunos lo viven de manera piadosa (religiosamente hablando). Otros, lo viven de manera “auténtica”. Pues, ésta hace que el ser no viva perdido en este mundo “tiene la conciencia de su propio ser y se hace resaltar entre las voces indefinidas de la humanidad”. En cambio, los que viven refugiados en el mundo de las ideologías religiosas son personas que viven en medio de angustia, pues, viven en la dualidad de su existencia, que cualquier dificultad física, espiritual o que sé yo. Se debe a sus faltas cometidas.
Esta vida sometida a los paradigmas dualistas hace que vivan perdidos en el mundo, sumergidos entre las cosas y seres angelicales, demoniacos de tal modo que se olvidan de vivir la vida a pleno, libres como Dios los hizo libre. Viven ocupados por las cosas que le dicen los mercaderes de los mitos (evangelio de la prosperidad, apóstoles y profetas), de sus recetarios que los ayude a salir de sus miserias materiales y espirituales. Pero son seres inconscientes abrumados por estas teologías de espectáculos, etc. que lo que buscan es llenar las arcas de esos ideólogos estúpidos que se hacen llamar “teólogos, pastores, profetas y apóstoles”.
Estas cosas hacen que ellos se olviden que, aunque religiosos o piadosos son, al igual que aquellos que no lo son, seres para la muerte, seres para sufrir el aquí y el ahora.
La muerte representa el fin de la existencia física. Ojo, no se trata de la muerte que pone fin a la vida. De la misma manera no hay que confundir la filosofía de la existencia con la filosofía de la vida. “Con la muerte, ya no se puede captar ente, asegura Santiago Flores; nunca tenemos una experiencia genuina del morir de los demás. (1) Heidegger afirmaba: “Con la muerte, la existencia no se encuentra terminada ni desaparecida. Porque, la muerte es una posibilidad de ser, pero la mas genuina. Y también, la más irrepetible posibilidad. El ser mismo de la existencia es ser – para – la – muerte. De este concepto, la existencia cae en la angustia y busca refugio en el mundo.”
El ser humano desde que fue puesto en el mito del Edén, tuvo dos opciones como asegura los teólogos a vivir eternamente o no. Su decisión por desobedecer al mandato supremo, generó la angustia, que acompaña al ser humano en toda su vida. Algunos afirman que si el ser humano no hubiera caído seríamos seres eternos seguramente. Pero, ¿a qué eternidad nos habla el texto bíblico: a una eternidad en el plano físico o a una eternidad espiritual?.
Los filósofos, en cambio, creemos que el texto no se refiere necesariamente al problema de la existencia física, va más allá de lo físico. Pues, Dios como ser poderoso sabía que el ser humano por su naturaleza iba a violentar ese derecho. Todo ser humano guarda un lado oscuro, que por las circunstancias que se le presente tiende a traspasar la frontera de los limites impuestos (…) nada se puede ocultar por mas que tratemos de hacerlo, tarde o temprano el ser humano mostrará lo que es (…), lo que guarda en su intelecto y corazón. Es por ello, que no creemos que la sentencia pronunciada por Dios a la pareja en el mito del Edén: “polvo eres y al polvo volverás”, implique la existencia física, sino la existencia en el más allá.
Vuelvo y repito, Dios sabia que el ser humano puesto en la tierra tenía la posibilidad de optar entre el ser y la nada (la no existencia); la caída o la conciencia de pecado. La caída siempre ha sido relacionada con el pecado. Pues, la conciencia del pecado se manifiesta en la tendencia a optar por lo malo, ya sea en vicio, lo que trae la dispersión del yo. La voluntad se desvía de los fines. Afirma, Flores, estas categorías son las que nos hace como pecadores.
“Para Heidegger, la caída es algo que ya ha sido elegido anteriormente por el ser humano, y en esto consiste el pecado. Pero que no se podría hablarse con propiedad de pecado.” Sino de una falta, mas no un pecado imputable, porque no se trata de que algo fue previamente elegido, porque la tendencia de la naturaleza humana siempre ha sido hacia el mal siempre en su estado de existencia, siempre estamos eligiendo y Dios siempre nos deja elegir, a veces por nuestra inconsciencia elegimos mal.
Esa elección se cuenta como un error, mas no como pecado. Entonces, el pecado es una construcción abstracta, de lo que los seres humanos hoy no debemos vivir en ese estado de inconsciencia, sino de error, elegimos deprisa y eso nos lleva a errar no a pecar.
Ahora bien, el estar arrojado en el mundo, aun cuando hubiera sido por culpa nuestra, no depende de nosotros. Alguien nos arrojó, la pregunta ¿Quién nos arrojó? Y si nos arrojó nos dejó una posibilidad de ser igual que Dios. Por ende, no es posible hoy hablar de pecado, según los filósofos Heidegger y Kierkergard, como lo afirman los teólogos fundamentalistas y renovados. Según su marco referencial dualista. Nadie discute que vivimos en un estado de opción entre lo bueno y lo malo, entre el ser y la nada. Es cierto que sentimos esa tendencia que nos impulsa hacia la nada. Pero, también, es cierto que no depende de nosotros. Asegura Flores.
Por lo tanto, no podemos hablar de pecado, ni tampoco podemos seguir afirmando que el mito del Edén cortó la existencia física. Este mito, lo que trató fue de demostrar que hubo algo que rompió con la eternidad en la vida física de los seres humanos. Había que justificar algo, algo pasó, pues si Dios es eterno entonces la eternidad también era nuestra, aquí en la tierra. Este ha sido el dilema entre los teólogos rasos, espiritualistas y sin mediación filosófica u otra ciencia.
Para nosotros los filósofos la vida desde que se instala en el plano terrenal iba a sucumbir, aquí el ser humano comienza a emprender el viaje a la eternidad del más allá, la muerte es un eslabón que tenemos todos los mortales que enfrentar, tampoco se convierte en el enemigo, como han querido afirmar algunos teólogos fundamentalistas y sabelotodo. La muerte tampoco nos podrá detener al encuentro con el supremo bien de todo bien: Dios. Tal vez, para algunas filosofías, sigan siendo un misterio, pero para otras nos podrá aclarar este misterio, trágico de la humanidad. Una de ellas la filosofía existencialista, para los filósofos existencialistas se muestran mas interesado en los problemas de la nada y de la muerte.
Pero ¿Qué es la muerte? Es un ángel, es un enemigo, como lo creían algunos caballeros de las cofradías que abundaban en la edad media, que hay que enfrentar en la frontera de la no existencia. Otros les produce temor, miedo o que sé yo. La muerte será lo que tiene que ser, un Ángel, la puerta del umbral que nos permite regresar donde realmente pertenecemos, nuestro lugar eterno. La vida terrenal nos permitió aprender a convivir con los otros, es y será una escuela de aprendizaje de los mortales, allí aprendimos a conocernos a nosotros mismos a los demás.
Aprendimos el valor de la existencia, aprendimos del dolor, del sufrimiento, del odio, del orgullo, ahora el ser que tiene que partir al más allá deja algo para los mortales y ese algo: su testimonio de vida, de ser, de lo que sos (…).
Su historia no muere, ayuda a los que vienen a tras. Como la Biblia, que está llena de historias de hombres, mujeres y naciones, con sus errores y problemas aprendieron a continuar el camino de su Ser Supremo, aprendieron que los errores se pagan caros y el que hace el bien le irá mejor en la vida existencial como en la eternidad. Es por ello, que para mi la Biblia es un libro más, que todos los libros que abundan en esta fauna de ideologías, llena de historias de hombres mortales que aprendieron a convivir con su cosmovisión de mundo, idearon un plan de vida, trataron de comprender el sumo bien, aunque erraron siguen siendo historia para el hombre hoy, historias que nos ayudan a ir incluyendo a los nuevos sujetos que van apareciendo en cada época en particular, por ejemplo pasó muchos siglos para que la mujer volviese al lugar que se le había negado, desde la negación del mito adámico, que muchas teologías tradicionales y de corte neopentecostal les ha negado su derecho de igualdad con los varones.
Bueno, esto ha sido un logro que todavía no ha sido consumado, tenemos que seguir haciéndolo para que los mortales puedan vivir en un mundo mejor, mientras que vos y yo que estamos ya yéndonos hacia nuestra morada nos recuerde. Concluyo ¿Qué es la muerte para vos? ¿Vale la pena por qué vivir? ¿Por qué has dejado que los teólogos rasos con delirio místico te esclavicen con sus recetarios y termines dejando todo tu potencial, dinero y demás en sus manos? Deja la angustia, de la dependencia y deja de ser estúpido, siguiendo estupideces y comienza hoy a disfrutar y a vivir la vida a pleno. Se libre es ahora como Dios te hizo libre…

*Luís Eduardo Cantero, es Teólogo y Filósofo, pastor bautista, docente universitario. Es Doctorando en el Departamento de Historia de la Iglesia del Instituto Universitario ISEDET, Bs. As. Argentina. www.luiseduardocantero.es.tl
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Referencias bibliográficas:
(1) Santiago Flores, “Filosofía de la existencia”, en Revista de cultura espiritual, México, Luminar, 1951, p. 15.
(2) Heidegger, “camino para la muerte”, [Consultado 20-04-12]:
http://ar.kalipedia.com/filosofia/tema/filosofia-sigloXX/hombre-ser-muerte.html?x=20070718klpprcfil_414.Kes&ap=0


Publicado por Editor de Contenidos CRISTIANET.COM.AR

domingo, 16 de noviembre de 2008

Enrique Dussel estuvo en Buenos Aires

ECUPRES - 12/11/08 - El 31 de octubre, en el día de celebración de la Reforma Protestante, el pensador argentino Enrique Dussel ofreció una conferencia pública en la Iglesia Metodista de Flores, bajo los auspicios del Instituto Teológico FIET y el Grupo Poshegelianos de la Universidad de Buenos Aires.
La exposición estuvo estructurada en torno a un diálogo con David Roldán, decano de FIET, en referencia a eventos centrales de su historia de vida, como por ejemplo, sus estudios de grado en Mendoza, con profesores como el desaparecido Mauricio López, quien fue el primer profesor de filosofía de Dussel, y que pertenecía a la Iglesia de los Hermanos Libres. Su doctorado en la Universidad Complutense de Madrid (1962) y sus vivencias de dos años “como carpintero en Nazaret”, fueron algunas de las notas de color de la retrospectiva de Dussel, quien también compartió algunas de sus experiencias en los diálogos con filósofos como Karl-Otto Apel, Jürgen Habermas y Paul Ricoeur.

Sin dudas, la bomba que estalló en casa de Dussel, donde vivía con su esposa y sus dos hijos, fue el evento que marcó a fuego a este filósofo, teólogo e historiador. Aquél artefacto, detonado en 1973, significó el inicio del “tiempo mesiánico, en donde uno se juega la vida a cada instante”, señaló Dussel, en alusión al concepto del filósofo Walter Benjamin, del cual se reconoce deudor, entre muchos otros.

En relación a su propio proyecto, Dussel destacó la continuidad del trabajo en los últimos años, el que se concreta en La Ética de la Liberación (1998), y que está plasmándose en los tres volúmenes de Política de la Liberación (volumen I, 2007), que representa el pensamiento paciente de 10 años de trabajo.

La ética y la política deben partir de un paradigma no-eurocéntrico, de compromiso con las víctimas del sistema que se encuentran en la exterioridad, es decir, no son ni dominadores ni dominados en sentido estricto, y con un horizonte de universalidad que está dado por la vida misma del sujeto humano, corporal, viviente.

En este sentido, uno de los principales desafíos de toda teoría ética y política es hacer frente al “suicidio colectivo”, que es un problema ecológico, y la “idolatría del mercado (capitalista)” que, cual Moloc, pide el sacrificio de los seres humanos.+ (PE)

Nota. Libros de Dussel pueden leerse gratuitamente en
http://www.clacso.org/wwwclacso/espanol/html/libros/dussel/dussel.html
Fuente: ECUPRES/CRISTIANET

lunes, 18 de febrero de 2008

PLANTAR UNA HUERTA EN BABILONIA

Es un gozo para mi compartir con ustedes, el articulo de mi estimada amiga Nancy Bedford. Ella trasmite algo extraordinario en su escritura, que nos deja perplejo y sobre todo que nos invita a seguir leyendo. Su articulo comienza de la siguiente manera:
"Hace ya un lustro que vivo con mi familia “en el corazón/de la grande Babilón” –en palabras de Manu Chao- y me ha llevado todo ese tiempo poder darme cuenta que una de las cosas que tendría que estar haciendo acá es plantar una huerta. Hace tiempo que se me cruza por la cabeza un texto de Jeremías, donde el profeta les manda una carta con consejos (de parte de Yahvé) a los desterrados de Judá en Babilonia: “Edifiquen casas y habítenlas, planten huertos y coman su fruto. Cásense con la gente del lugar, y tengan hijos; no hagan huelga de vientres. Busquen el bien de la ciudad donde los he puesto y oren por ella, porque en su paz ustedes tendrán paz” (paráfrasis de Jeremías 29,5-7). En el pasaje, la idea es que uno no puede vivir solamente despotricando contra el imperio, sino que en los intersticios cabe cultivar y construir, pues resulta que eso también puede ser una práctica creativa de resistencia y transformación.

Sin embargo, no siempre es tan fácil ponerse a cultivar o construir. El primer año que viví en el hemisferio norte, no sentía ánimo suficiente como para tener siquiera una macetita con una planta en nuestro departamento. Ya era suficientemente difícil transplantar a nuestras hijas y tratar de comenzar a hacer una vida y una teología desde otra latitud; no me resultaba posible pensar en plantar semillas ni en echar raíces, ni siquiera en maceta. El segundo año, una señora de la iglesia a la que pertenecemos me regaló una planta. Después de unos días, veía que se le iban cayendo las florcitas blancas, pero no lograba superar la ambigüedad frente a la necesidad de fomentar la vida –más allá de la vida de mis hijas y de mi familia inmediata- en Babilonia. Hice poco y nada por salvarla, y muy pronto se marchitó. Sin embargo, el gesto de mi amiga (que cuando le pregunté hace poco me dijo que ni se acordaba de habérmela regalado) debe haber movilizado algo, porque ya al tercer año el arraigo ya fue suficiente como para que sintiéramos de golpe que sin plantas en la casa había algo profundamente árido en nuestras vidas. En el cuarto año ya habíamos llenado de macetas toda la casa, y además habíamos agregado fauna a la flora, pues conviven con nosotros también dos peces y un conejo (que a veces se come las plantas). Mientras escribo estas palabras siento el aroma de los malvones y disfruto del verdor de las plantas de interior que me rodean, aunque afuera esté nevando. En este quinto año nos hemos anotado para cultivar un rinconcito de un jardín comunitario municipal, y en la primavera espero poder lanzarme al cuidado de una huertita orgánica con la ayuda de las nenas. Mientras tanto, hemos ido coleccionando unos cuantos frascos vacíos, pensando ya en las conservas de las que vamos a poder disfrutar el invierno que viene."
Leer el artículo completo pulsando aquí
Fuente: Lupaprotestante, 18 de Febrero, 2008.

lunes, 11 de febrero de 2008

"¿Cuál debe ser la conducta sexual de los cristianos separados o divorciados? ¿Deben practicar la abstinencia o volverse a casar?


En mi vida ministerial he podido dialogar con muchos cristianos que han vivido una separación. Separación que ha sido dolorosa; creo que nadie le gustaria vivir esa experiencia, cuando en verdad se ama a la otra persona. Estos separados casi siempre me han indagado sobre estas preguntas que se hace mi estimado amigo pastor Jorge León. Estos cuestionamientos surgen del valor espiritual de la Palabra de Dios. Jorge León afirma: "Para los cristianos, la Biblia es el fundamento de la doctrina, la fe y la ética cristiana. La creciente atomización de la Iglesia, en multitud de grupos se debe, básicamente, a la diversidad de las interpretaciones del texto bíblico, es decir, a la hermenéutica."
Fuente: © Psicopastoral - 2008