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domingo, 16 de febrero de 2014

Juan Stam: Leamos el Apocalipsis en clave pastoral

Por. Jacqueline Alencar, España*
La tarea de la teología, más que la de armar un "sistema" teórico de ideas abstractas, es la de aclarar el significado del evangelio para los siempre nuevos contextos de la historia.
Hoy nos vamos a Costa Rica para entrevistar a Juan Stam, nacido en Paterson (Nueva Jersey, 1928), en una familia de origen holandesa. Stam cursó sus estudios universitarios en la Universidad de Wheaton, Illinois (Bachillerato en historia 1950; Maestría en Nuevo Testamento 1955) y en el Seminario Fuller (Bachillerato en teología 1954). Después de estudios de literatura y filosofía en la Universidad de Costa Rica (1957-1961), hizo los estudios doctorales con Oscar Cullmann, Bo Reike y Karl Barth en la Universidad de Basilea, Suiza, obteniendo su doctorado en teología en 1964. También realizó estudios post-doctorales en la Universidad de Tubinga, Alemania, con Hans Küng, Walter Kasper, Jürgen Moltmann, Ernst Kaesemann y Otto Michel. Se casó con Doris Emanuelson en 1954, y a fines del mismo año emigraron a Costa Rica, donde comenzaron su ministerio con un pastorado rural en el norte del país. Son costarricenses naturalizados desde hace muchos años. También ha enseñado en universidades y seminarios en casi todos los países de América Latina y en la India, Holanda, Estados Unidos y Canadá.
 Juan Stam es autor de “Apocalipsis y profecía”, “Escatología bíblica y misión de la iglesia”, “Profecía bíblica y misión de la iglesia. Hasta el fin del tiempo y hasta los fines de la tierra”, “Haciendo teología en América Latina” (2 tomos, 2004 y 2005) y “Comentario del Apocalipsis” (4 tomos). Es autor también de “La Historia de la Salvación y la Misión integral de la iglesia”, en  La Misión de la Iglesia,  Valdir Steuernagel (ed.), y “La misión en el Apocalipsis”, en  Bases Bíblicas de la Misión,  René Padilla (ed.).
 Ha escrito numerosos ensayos y artículos en Diccionario Ilustrado de la Biblia, Pensamiento Cristiano, Certeza, Boletín Teológico, además de “Apocalipsis y el Imperio Romano”,  en Lectura Teológica del Tiempo Latinoamericano  y “Tomás Müntzer y la Teología Latinoamericana”, en  Teología Alemana y la Teología Latinoamericana.
Desde 2007 ha escrito unos 220 artículos para su blog,  www.juanstam.com .
Pregunta.- ¿Qué lo motivó a dejar su país para afincarse en esa hermosa tierra centroamericana que es Costa Rica? ¿Cómo se vive esta experiencia? ¿Es necesario contextualizarse a la nueva cultura?
Respuesta.- De joven, a mis 17 años, visité Costa Rica y Colombia y conocí la obra misionera, especialmente el Seminario Bíblico Latinoamericano. Después en la universidad, preparándome para ser profesor de historia, tomé un curso de Patrística y escogí para mi monografía el tema "La epistemología de San Agustín". Quedé profundamente conmovido por su visión del conocimiento y de la fe y por la conmovedora belleza de sus escritos. Me encantó su frase, "el verdadero filósofo es un enamorado de Dios" ( verus philosophus amator dei est ). Decidí que en mi caso particular podría ayudar mejor al desarrollo personal integral de mis alumnos y alumnas en teología que en historia. Al entregar mi monografía, entregué también mi vida para servir a Dios en la enseñanza bíblica. Unos años después, ya comprometido con Doris Emanuelson, Dios nos llamó a enseñar su Palabra en América Latina.
¡A lo mejor soy el único misionero protestante llamado por Dios por medio de un antiguo Padre de la Iglesia!
En esa visita a Colombia en el año 1945, en la ciudad de Sincelejo, fui impactado por una serie de mensajes de don Kenneth Strachan sobre un tema favorito suyo, "la Encarnación como modelo para misioneros y para misiones". Esas charlas sembraron en mi conciencia un compromiso con la teología de la encarnación y, después, con la identidad cultural con América Latina y la solidaridad integral con sus pueblos.
Hacia fines de 1954, a pocos meses de nuestro traslado a Costa Rica, don Kenneth estuvo en Wheaton y nos visitó. Yo estaba a punto de ser ordenado al ministerio por la congregación que pastoreaba en Troy, Illinois. Para nuestra sorpresa, don Kenneth me dijo, "No lo hagas, Juan. Espera, aprende el castellano y déjate ordenar por la iglesia nacional". Unos años después, esa decisión nos llevó también a tomar la nacionalidad costarricense.
Para nosotros, venir a vivir en América Latina fue, desde el inicio, una gran aventura y un desafío encarnacional. El choque cultural lo sentíamos, severamente, cuando regresábamos a los Estados Unidos. Estando Costa Rica muy cerca de los Estados Unidos, nuestros familiares nos visitan acá con considerable frecuencia, sin que tengamos nosotros que interrumpir tanto nuestras vidas para viajes a nuestro país natal.
P.- ¿Es la contextualización importante para la misión de la Iglesia?
R.-Nuestra fidelidad en misión comienza con nuestra fidelidad en la interpretación bíblica, la cual requiere una doble contextualización del texto, primero en su situación original antigua (exégesis) y segundo la contextualización en la realidad actual (hermenéutica). Las relecturas contemporáneas deben basarse en la mejor interpretación posible del texto de ayer y de la realidad de hoy.
De manera similar, la tarea de la teología, más que la de armar un "sistema" teórico de ideas abstractas, es la de aclarar el significado del evangelio para los siempre nuevos contextos de la historia. En eso consiste también la contextualidad de la misión. Los grandes cristianos han sido los que mejor han entendido su momento histórico: San Agustín ante el colapso del imperio romano, San Anselmo (y Abelardo) a inicios de la Edad Media, Tomás Aquino en el apogeo del mismo, los Reformadores en el siglo XVI y Karl Barth a inicios del XX.
P.-He oído que entre los personajes que han influido en su vida está Unamuno… ¿Cómo se adentró en su pensamiento?
R.-En una fase formativa de mi vida (los 60s) leí bastante de las obras de Unamuno. Me gustaron -y me edificaron- las dos relecturas de la historia de Caín y Abel ("Abel Sánchez" y "El Otro"), como también "San Manuel Bueno, Mártir". He admirado la confrontación de Unamuno con los falangistas que gritaban "Viva la muerte". Y lo cito en mi comentario sobre el jinete del caballo rojo (Apoc. 6:3-4). De su poesía me encanta especialmente "El Cristo de Velázquez", que también cito en mi comentario al Apocalipsis.
Quedé impactado por "El sentimiento trágico de la vida" y "La agonía del cristianismo" que quedaban a mi propio temperamento y pensamiento como el guante a la mano. Me encantó su ataque al racionalismo y positivismo de su época, destacando más bien el lugar del sentimiento, la intuición, la convicción, la fe y la lucha. También me identifiqué existencialmente con el Quijote de Unamuno, suficientemente loco para soñar y para luchar por sus sueños. Algunos amigos, con mucho cariño, han señalado esa correspondencia, y por andar yo toda la vida en motocicleta, me apodaron "don Quijote de la moto". Los jóvenes de la Iglesia Bíblica Costarricense en esa misma época me describían con otro apodo muy simpático, "el hippy bíblico". Parece que algo dentro de mí responde al existencialismo, por supuesto dentro de los parámetros de la teología evangélica.
En la lucha por entenderme y ser quien quería ser, me llegaron al corazón las palabras del Quijote de Unamuno, "Yo sé quien soy" (cf. Sócrates, "Conócete a ti mismo"; Calvino  Inst  1.1). Quijote, sabiendo quién era y quién quería ser, no permitió que otros lo definieran. El Quijote me enseñó que ser conformista no es un deber cristiano y que romper con los moldes sociales no es pecado.
Creo que en esos años aprendí bastante de Unamuno y otros autores existencialistas, sin nunca convertirme en existencialista. Me alimenté de Albert Camus y Jean Paul Sartre, y sobre todo de Sören Kierkegaard. Paradójicamente, admiraba el ateísmo de Sartre, no sólo por su honestidad y su ardiente pasión, sino por el profundísimo dolor que le producía la ausencia de Dios. Sobre él publiqué un artículo titulado "El ateísmo existencialista de Jean Paul Sartre". Sören Kierkegaard, genio progenitor del existencialismo, me despertó al "precio de la gracia", a todo lo que cuesta ser cristiano auténtico. En "Mi punto de vista como autor" anuncia que la meta de todos sus escritos es hacer que sea difícil ser cristiano, porque en Dinamarca era demasiado fácil llamarse "cristiano". En "Ataque a la cristiandad" desarrolla un tema parecido. En una simpática parábola, Kierkegaard cuenta de un danés que cometió la imprudencia ridícula de preguntarse si era realmente cristiano y todo el mundo lo tuvo por loco.Su esposa le contestó, "Pero mi amor, tú eres danés, nacido en Copenhague, y además eres funcionario del estado y llevas corbata y sombrero. ¡Por supuesto que eres cristiano!".
P.-¿Qué otros nombres forman parte de esa nube de testigos?
R.-Mi primer libro fue, es y será la Santa Biblia, Palabra inspirada por el Espíritu de Dios. Pero esa Biblia, con la que comencé mi peregrinaje espiritual, era una Biblia Scofield, con sus muchas notas nada inspiradas sino muchas veces especulativas. El romper con el sistema dispensacionalista inició mi larga aventura de crítica exegética en busca de la mejor interpretación de las escrituras.
Nuestra iglesia, en las afueras de Paterson, Nueva Jersey, organizaba cada verano un programa de enseñanza bíblica realmente inspiradora e instructiva. Traían los mejores maestros y oradores (Ironside, Armerding, Walvoord, Alva McClain, todos ellos fieles dispensacionalistas). A esos maestros debo dos cosas. En primer lugar, un profundo amor por el estudio bíblico, una pasión por devorar la enseñanza y un deleite en la Palabra. Pero segundo, cuando comencé a darme cuenta de las anomalías exegéticas del dispensacionalismo (sobre todo su doctrina del rapto), despertaron en mí, sin proponérmelo ni darme cuenta, la exigencia de examinar críticamente toda interpretación del texto. Con eso comenzó mi aventura exegética sin fin, siempre dudando de las interpretaciones del texto bíblico.
En el Seminario Fuller leía obras de teología sistemática (Calvino, Hodge, Strong) y hermenéutica (Terry), pero me inspiré sobre todo en los jóvenes autores neo-evangélicos (Ramm, Ladd, Carnell, Jewett, Berkouwer), que hasta hoy siguen siendo fundantes para mis convicciones. Un curso con George Ladd sobre exégesis del Apocalipsis marcó el resto de mi vida, en cuanto tema y en método de análisis. Unos años después, en nuestro apartamento en Basilea, Suiza, Ladd nos inspiró con un valiosísimo conversatorio sobre los métodos históricos en la teología.
Ya en Costa Rica, enseñando en el Seminario Bíblico, el libro que más me impactó fue "Prefacio a la teología" de Juan Mackay, con su desafiante capítulo sobre "El Balcón y el Camino". Lo usé como texto todos los años y dio la orientación básica del curso, tanto que cambié el título de "teología sistemática" por "teología evangélica". "Encuentro con la Revolución", de Richard Shaull, y una ponencia de Míguez-Bonino, titulado "Nuevas Perspectivas", me concientizaron mucho y cambiaron el énfasis de mis cursos. Leía también las publicaciones de ISAL (Iglesia y Sociedad en América Latina), yo diría con una empatía crítica. En los 80 leí mucho de las obras de Karl Marx y publiqué un largo artículo sobre "lo que los cristianos latinoamericanos podemos aprender de Karl Marx". Además, siempre tuve presente especialmente a Kierkegaard, Karl Barth y Emil Brunner (y además Tillich y Bultmann), acompañados por René Padilla, Samuel Escobar, Pedro Arana, Rolando Gutiérrez, José Míguez-Bonino y otros autores latinoamericanos.
P.-Tengo entendido que usted ha dado muchos talleres sobre el Apocalipsis. Muchos piensan que este libro es muy difícil y hasta aterrador…
 R.-Yo puedo decir que mi vida ha sido toda una aventura emocionante con el Apocalipsis, especialmente desde mis estudios con mi amado profesor George Eldon Ladd, en el Seminario Fuller. He escrito un comentario exegético de cuatro gruesos tomos sobre ese libro. He estudiado cada versículo en el griego original, consultando a veces hasta cien libros sobre un versículo (comentarios, léxicos, diccionarios bíblicos, textos de teología bíblica y de teología sistemática y libros de historia antigua), luchando por captar el significado del texto. Comencé el comentario cuando estaba relativamente joven y terminé ya viejo. Para concluir mi comentario cito a un copista antiguo que al fin de su largo manuscrito suscribió, "El fin, a Dios las gracias".
Creo que el Apocalipsis parece difícil y espantoso solo porque lo leemos mal. La clave para entender bien este libro es leerlo en clave pastoral. Definitivamente, Juan tenía corazón de pastor. Desde un principio se presenta como "Yo Juan" (1;4), así de simple, sin títulos, y como "hermano y compañero de ustedes" (1:9). Enseguida introduce siete cartas pastorales (Ap 2-3), algo sin paralelo en la vasta literatura apocalíptica. En cada capítulo, cada página, habla un pastor para sus ovejas. Leído pastoralmente, es un poderoso mensaje de esperanza, no de miedo.
Como pastor, Juan habla de lo que afecta y preocupa a su congregación, en un lenguaje que ellos y ellas podían entender. Hasta los simbolismos eran ya conocidos, fáciles de descifrar. Sospecho que para ellos el Apocalipsis era uno de los libros más fáciles de entender, a lo mejor el más fácil. Es cierto que hoy encontramos algunos detalles difíciles, mayormente porque no tenemos algunas claves de interpretación, pero me atrevo a decir que no hay ningún pasaje (o párrafo) cuyo significado no sea discernible hoy. Al inicio de mi comentario señalo que el Apocalipsis es para los valientes pero también para los humildes, que saben decir "No sé" cuando no saben. Si alguien pretende entender todo, mejor no creerle nada porque no sabe que no sabe, y solo inventa respuestas.
Es evidente en el libro que uno de los problemas que más le preocupaba al pastor Juan era el culto al emperador romano. Éfeso, donde residía Juan, tenía en su avenida central un enorme templo al emperador, donde le adoraban, hacían sacrificios, oraban y lo adoraban en todo sentido. Hacían procesiones con una estatua del emperador, y las familias devotas y patrióticas colocaban mini-altares frente a su casa. No participar en todo eso acarreaba grandes sacrificios y peligros. En el caso del Apocalipsis, contextualizar el libro significa buscar los libros de historia romana y captar los argumentos políticos y económicos que están en el Apocalipsis.
P.-Entonces, ¿no es profético el libro del Apocalipsis?
R.-Aunque casi universal hoy, es un error entender "profecía" como equivalente exacto de "predicción" o "vaticinio". Los escritos proféticos del Antiguo Testamento (Isaías a Malaquías en la Biblia nuestra) contienen algunas predicciones, pero es realmente muy poco. El profeta es profeta no porque predice el futuro sino porque trae una palabra viva de Dios para el pueblo de Dios. Lo medular del oficio profético es denunciar el pecado y la injusticia y anunciar la promesa de Dios. Fee y Stuart, en su muy valioso libro  La lectura eficaz de la Biblia  (Editorial Vida),señalan, con base en una exégesis cuidadosa de los textos proféticos, que solo 5% de esos libros tiene algo que ver con el futuro, y eso mayormente muy cercano, cumplido siglos antes de Cristo. Además, según Fee y Stuart, sólo 2% es mesiánico y sólo 1% puede ser todavía futuro. El 95% que no tiene nada que ver con el futuro no es menos profético por no ser predictivo.
Las visiones del Apocalipsis pueden ser del futuro, pero no siempre ni necesariamente. También pueden ser del presente de Juan (las siete iglesias). En las visiones, los verbos están en tiempo pasado, no futuro. En el desarrollo de su mensaje pastoral Juan pasa a menudo del presente al futuro (1:5-9), del futuro al presente (1:10) pero también del futuro al pasado remoto (de 11:15-29 a 12:1-3 y siguiente). Es un error dar una preferencia  a priori  a interpretaciones futuras, como también es un error comenzar con un prejuicio contra ellas. Juan no era ni futurista ni preterista, sino pastoral. Ahora es nuestra tarea exegética decidir por las evidencias cómo entender cada pasaje.
P.-Debe ser difícil convencer a la gente de esa interpretación del Apocalipsis y cambiar sus ideas sobre temas como el rapto. ¿Cómo ha podido hacerlo?
R.-El maestro bíblico tiene que ser un "Cupido de la Palabra", muy enamorado de Dios y su Palabra y apasionado por enamorar a otros. Eso es un gran desafío con un libro tan temido como el Apocalipsis, que se acostumbra leer con una fuerte dosis de "espantología bestia-céntrica". He visto muchísimas veces que cuando este libro se lee como un mensaje pastoral cristocéntrico, la gente pierde ese miedo morboso y comienzan a vivirlo como lucha y esperanza. Y encantados por el libro, siempre, prácticamente sin excepción, terminan enamorados/as del Apocalipsis.
Ante el desafío de superar los prejuicios y tradiciones, he desarrollado mis propios métodos de enseñanza. Comienzo conversando sobre la diferencia entre los desafíos de la buena interpretación y les sugiero tres herramientas básicas para el estudio bíblico: una lupa, para mirar bien lo que está en el texto y lo que no está (ilustrado con muchos ejemplos); un borrador de pizarra, para quitar de nuestra mente lo que no está en el texto (esto los prepara sicológicamente para dejar ideas no-bíblicas por interpretaciones más fieles al texto), y tercero, un par de audífonos (para escuchar la voz de Dios y hacer su voluntad). Para ayudarnos a ubicarnos en el primer siglo, hago "entrevistas" con Juan de Patmos. Cuando le pregunté, por ejemplo, si su libro profetizaba televisoras y computadoras (1:7; 13:18), la pregunta le confunde totalmente y nos damos cuenta que no tiene la menor idea de la energía eléctrica.
Mucho del Apocalipsis es drama y se entiende mejor con dramatizaciones. Convertir en acción dramática el gran culto en el cielo (Ap 4-5) o de la media hora de silencio (8:1-6) aporta más a la comprensión de esos pasajes, mucho más que diez comentarios del griego. Toda la segunda mitad de libro (Ap 12-20) es un drama, profundamente significativo, de la larga lucha entre el dragón y el Cordero. Por otra parte, siento que comencé a entender el relato de los dos testigos (11:3-13) cuando unos pastores maya-quiché lo dramatizaron. Entraron los dos testigos y comenzaron a soplar fuego y a matar gente (11:5), llenando el piso de cadáveres. En eso entra la bestia y amenaza a los dos testigos, quienes, confiados en su poder sobrenatural, soplan juntos; pero ¡qué sorpresa!, no les sale fuego. La bestia los mata y hay dos cadáveres más en el piso. Los impíos celebran su muerte con una tremenda fiesta, pero después de varios días uno de ellos abre sus ojos y el otro comienza a mover los brazos, y resucitan y entran victoriosos a la presencia de Dios.
Al Apocalipsis tenemos que vivirlo, tenemos que leerlo con todos los sentidos de percepción: la vista, el oído (y el silencio), el olfato, el toque y el gusto. En este libro "incienso" no es solo una palabra, es una fragancia que uno comienza a olfatear (8:3). La iglesia de Laodicea daba a Jesús ganas de vomitar (¡qué sabor más horrible!), pero al final Cristo está tocando la puerta (tacto) porque quiere comer con ellos (de nuevo, el gusto pero bueno).
¡Qué libro más maravilloso y emocionante!
P.-En América Latina se está dando un crecimiento imparable de los evangélicos. ¿Va acompañado el mismo de una profundización teológica?
R.-El crecimiento ha sido fenomenal pero desigual, muy concentrado en unas pocas mega-iglesias y en los sectores neo-pentecostales de la iglesia. En general, ha habido una especie de banalización del evangelio, con "gritos de victoria", patadas al diablo, teología de la prosperidad y otras aberraciones. Pocos predicadores y predicadoras tienen una buena orientación hermenéutica para poder interpretar fielmente las escrituras con seriedad exegética.
Ha sido tanto el crecimiento de la población protestante y de la asistencia a los cultos, que constituyen ahora un importante bloque político. Un resultado de eso ha sido la formación de "partidos evangélicos", con muy altas posibilidades de elegir congresistas y hasta presidentes por una gran población que vota casi ciegamente por cualquier candidato "cristiano". Los resultados han sido casi siempre negativos. Sin un análisis claro de la condición del país ni mucho menos una voz profética para el pueblo, estos políticos han sido mayormente unos "politiqueros" oportunistas más, aliados incondicionales con el oficialismo reaccionario y corrupto, sin nunca decir esta boca es mía.
P.- Si hiciera una radiografía de la iglesia en América Latina, ¿cuál sería su diagnóstico?
 R.-La iglesia es la comunidad de la Palabra de Dios y vive por ella. Una iglesia es sana solo cuando su interpretación bíblica es sana. Una iglesia que especula con la Palabra de Dios, en vez de escucharla y obedecerla, no puede estar bien. Hoy día en las iglesias protestantes de América Latina se puede encontrar cualquier cosa, desde "apóstoles" y prosperidad hasta guerra espiritual y maldiciones generacionales. Y por supuesto, no puede faltar el diezmo. Aun cuando algunos de esos puntos fueran válidos, ninguno es central al mensaje del evangelio.
Lo más grave en esta situación es que las iglesias prohíben el examen crítico y no permiten pensar. El creyente fiel es el que dice "Amén" a todo sin cuestionar nada. Se cita constantemente: "No juzguéis", pero nunca: "juzgad por vosotros mismos" o "examinadlo todo". Personalmente, en toda mi vida y en los últimos años en mi sitio web ( juanstam.com ), he tratado de promover una sana criticidad, con cierto éxito pero con muchos cientos de denuncias por "murmurar" o por "tocar al ungido de Dios". Una revisión rápida de las respuestas a mis artículos sobre "apóstoles", profetas, diezmos y maldiciones, revela que la gran mayoría ni han entendido bien mis razones, ni mucho menos han podido ver tanto la posición mía como tampoco la de ellos/as con un análisis acertado. (Debo agregar que los que responden por correo personal casi siempre son mejor orientados).
Considero que la iglesia está pasando una grave crisis exegética, acercándose a un caos. El problema de la especulación, en lugar de la exégesis cuidadosa del texto, siempre estuvo muy serio en la interpretación del Apocalipsis. A veces el prejuicio ideológico distorsiona la interpretación ("los pobres tendréis siempre con vosotros"; "mi reino no es de este mundo"; no hace tanto escuché a un predicador concluir de la parábola de los talentos que Dios es el Creador de las desigualdades y muy contento con ellas). Más recientemente han abundado argumentos anti-exegéticos tanto a favor de los derechos homosexuales como en su contra.
Considero que nuestra tarea más urgente hoy es el rescate de la sana interpretación del texto bíblico, incluso la contextualización fiel y acertada del mismo, para orientar nuestra misión en el mundo de hoy.
P.-Hoy se habla constantemente de gobiernos corruptos que propician la injusticia social… Esto nos lleva a preguntar si es Dios quien pone a los gobernantes y si es pecado oponerse a ellos…
R.-Pablo escribió Romanos 13 antes de la masacre de cristianos/as por Nerón en el 64 d.C. Señalaba que la existencia de gobiernos es fruto de la gracia de Dios y que las autoridades tienen la espada para defender al justo y castigar al injusto. Pero unos 30 años después, Juan de Patmos explica en Apocalipsis 13, la contraparte de Romanos 13, qué pasa cuando el gobierno protege a los injustos y castiga a los justos: el dragón mismos dio a la bestia (muy probablemente el imperio romano) su trono y su gran autoridad (Ap 13:2); por eso, adorar al emperador era culto a Satanás (13:3-4).
A menudo se manipula el texto de Romanos 13. Bajo Somoza en Nicaragua, el texto favorito de sus partidarios era que Dios puso al dictador y había que someterse a él. Cuando los Sandinistas ganaron la guerra, esa misma gente cambió de texto y su mandato bíblico era Hechos 5:29: "Es necesario obedecer a Dios y no a los hombres".
P.- O sea que debemos seguir la estela de los profetas de antaño. E indignarnos cuando sea necesario…
R.-Ante el pecado y la injusticia, Dios es el primero de los indignados, y nosotros con él. La tarea de los profetas era denunciar y anunciar. En vez de callarse prudentemente, atacaban al pecado sin pelos en la lengua. El Espíritu que cayó el día de Pentecostés fue ese mismo Espíritu de los profetas antiguos. Eso significa que la Iglesia nació profética (Hch 2:17-18), levantando su voz de denuncia y anuncio, y además que todo/a creyente ("toda carne") debe de una u otra forma ser profético también y jamás anti-profético. En cuanto a "profetas" de oficio, de los que hay muchos falsos, deben ser juzgados por el modelo bíblico de denuncia y anuncio, no sólo por predicciones y cumplimientos (Deut 18:15-22; 13:1-5; sobre éste y muchos otros temas hay artículos en  www.   juanstam.com ; correo electrónico  juanstam@gmail.com ).
P.- ¿Debe la teología dar respuesta a la realidad de los tiempos que vivimos, ofreciendo una respuesta con el mensaje evangélico? ¿Es posible servir a Dios sin entender la realidad de nuestro mundo y de nuestro tiempo?
R.-Claro, la tarea de la teología es específicamente la de responder a los desafíos de su contexto, a la luz de la revelación divina. La teología es inseparable de la ética, y la ética incluye la vida política. Más que sólo respuestas, la teología debe plantearle preguntas a la realidad y orientaciones para enfocarla según principios y paradigmas bíblicos. Las escrituras hebreo-cristianas ofrecen paradigmas que debemos "conjugar" para las situaciones actuales. Ejemplos son el programa de alimentación internacional que organizó José en Egipto, el año sabático (Deut 15) y el Año de Jubileo (Lev 25), el Pentecostés, el último viaje de Pablo para traer ofrendas a los pobres de Jerusalén y todo el impresionante mensaje social y económico del Apocalipsis. El mensaje bíblico es riquísimo y muy transformador para la vida socio-política de los pueblos. La Biblia es un libro profundamente político.
P.-¿Piensa que a Dios le interesa la política?
R.-Para realizar su plan salvífico, Dios entró en la historia humana y comenzó con crear un pueblo suyo, para bendición a todas las naciones. Los pueblos son realidades políticas y Dios se interesa por ellos. Dios es Señor de la historia y la historia es política. Dios ama y busca la justicia y eso es profundamente político. Debe ser claro que "política" se refiere a la vida de la "pólis" (el pueblo, la comunidad). De la "politiquería" Dios se interesa pero para juzgarla.
Un sabio refrán, popularizado por Leonardo Boff, reza: "Todo es político, pero la política no es todo". La interpretación de la Biblia también debe ser política, pero no "politiquera". No se debe politizar el texto bíblico más político de lo que es, o en un sentido político contrario a su sentido original. Pero tampoco debemos despolitizar el texto bíblico, perdiendo la fuerza ético-política de su mensaje.
P.- ¿Qué es para usted la Misión Integral? ¿La ha entendido la iglesia latinoamericana?
R.-Es la comprensión multifacética del evangelio y su práctica concreta en todas sus dimensiones bíblicas. Busca superar los dualismos tradicionales entre alma y cuerpo, individuo y comunidad, eternidad y tiempo, iglesia y sociedad, fe y política. Busca integrar todas estas facetas en una sola fe viva. Esa fe se base en igual medida del "evangelio de Jesucristo" (encarnación, crucifixión, resurrección, regreso; evangelización) y "el evangelio del reino" (justicia, paz, igualdad). Vive integralmente la Gran Comisión, de hacer discípulos que obedecen lo mandado por Cristo (Mat 28:20) y la oración del Señor, "Venga tu reino, hágase tu voluntad en nuestras tierras hispanoparlantes, así como se hace en el cielo".
En mi opinión, muchas iglesias han entendido la dimensión social del evangelio, pero mucho menos la dimensión política.
P.- Pregunto: ¿Qué piensa de los evangélicos que han incursionado en la política de los países de América Latina?
 R.-Si están plenamente capacitados, inteligentes y bien orientados, y sobre todo si buscan el bien común y no el bien personal o eclesial, bienvenidos/as, pero que compitan a nivel nacional en uno de los partidos existentes. Como expliqué arriba, me opongo a los partidos protestantes aunque sean inevitables en nuestras circunstancias. Las iglesias protestantes constituyen un bloque importante de nuestras sociedades, casi totalmente carente de formación socio-política. La historia de los partidos "evangélicos" en América Latina es mayormente una vergüenza para el evangelio que pretenden representar. Muy pocos de ellos son luz y levadura del reino de Dios y su justicia. Casi nunca tienen una voz profética para la nación. Y para concluir, ¿qué mensaje darías a la iglesia hispanoparlantes?
Considero que la necesidad más urgente de nuestras iglesias es un mayor discernimiento al interpretar las Escrituras. Casi todos/as creen que la Biblia es Palabra de Dios, dada por acción del Espíritu Santo, pero a la hora de interpretarla muy pocos se acostumbran "escudriñar las escrituras, para ver si estas cosas [son] así" (Hech 17:11). Es importante recordar que el texto inspirado es una cosa y nuestras interpretaciones son otra cosa, muy humanas y falibles. Es interesante que la interpretación bíblica no aparece entre los dones carismáticos. Eso viene por examinar el texto y hacerle preguntas, con mucha oración ( bene orare, bene studere,  decía Lutero).
Hermanos y hermanas, ¡Comprometámonos con Dios, con su Palabra, con la Iglesia y con nuestros pueblos en su cruda realidad!
Finaliza la entrevista. Agradecemos a Juan Stam por aceptar dialogar con nosotros y traernos aires del otro lado del charco que nos recuerdan la amplitud del pueblo de Dios.
 
*
 
Fuente: ©Protestante Digital 2014

lunes, 4 de junio de 2012

“Creer es también pensar”. Eduardo Delás: No a la pastoral desde la ignorancia

Por. Jacqueline Alencar, España

Hablamos con Eduardo Delás, pastor de la Primera Iglesia Evangélica Bautista de la Calle Quart en Valencia. Estudió en IBSTE (hoy Facultad Internacional de Teología), donde fue profesor por varios años. Es, además, Licenciado en Teología Sistemática por la Facultad de Teología de Catalunya, Licenciado en Ciencias Bíblicas y Doctor en Teología por la Facultad de Teología de Valencia.
Delás ha publicado tres libros: Dios es Jesús de Nazaret. Cristología desde dentro (Noufront 2009); Dietrich Bonhoeffer, un teólogo a contratiempo (DSM 2006); Seguir a Jesús de Nazaret hoy; y -con Samuel Escobar- Santiago: la fe viva que impulsa a la misión (Primera Iglesia Evangélica Bautista, Valencia, 2011).
Pregunta.- Tiene varios títulos en Teología y Biblia, ¿cómo le ayudan todos los estudios realizados en su tarea pastoral?
Respuesta.-
Hace muchos años, John Stott escribió una pequeña obra de gran difusión con el título: “Creer es también pensar”. El conocimiento y la formación académica no sólo no están reñidos con el ejercicio de la acción pastoral, sino que además permiten desempeñar esa difícil y comprometida tarea desde un marco de reflexión más documentado. Sería temeraria la práctica de la pastoral desde la ignorancia y el desconocimiento. El intrusismo es peligroso en todas las disciplinas del saber. En la pastoral, puede ser letal.
P.- ¿A qué tipo de lector tiene en mente cuando escribe sus libros?
R.-
Cuando escribo pienso siempre en un “público/universo” en el sentido más amplio posible. No sólo en personas creyentes, pero también en emplear un lenguaje que no sea críptico, ni haya que “descodificar”, para que lo entienda todo el mundo. Es todo un desafío que no siempre se logra, pero al menos esa es la intención original. Si la literatura no conecta con las necesidades y el mundo personal de los lectores acaba resultando irrelevante y anecdótica.
P.- Su libro de Cristología ya lleva dos ediciones, ¿piensa que hoy hay interés en el tema cristológico en España?
R.-
La Cristología es la parte de la dogmática que estudia a la persona de Jesús, el Cristo. Resulta llamativo que en nuestro país exista cada vez menos interés en el mundo de las religiones y, sin embargo, la persona de Jesús aún posea para muchos un gran poder de seducción. ¿Será que la mediación religiosa que hemos hecho de Jesús lo ha desfigurado demasiado? En mi criterio, sí.
Curiosamente, sabemos mucho sobre muy poco de Jesús y muy poco sobre mucho. Hemos desarrollado una cristología con grandes desequilibrios y conviene que practiquemos una gran capacidad de corrección y autocrítica porque la cristología, inequívocamente, funda la eclesiología.
Mi libro “Dios es Jesús de Nazaret” resulta solamente una pequeña aportación a la reflexión cristológica actual pero, a mi modo de ver, hecha desde abajo y desde dentro. La cristología de los evangelios, bien mirada, conocida e interpretada, puede ser un auténtico “peligro” para la iglesia, por su radicalidad. Es preciso rescatar el acontecimiento Jesús de Nazaret de las ruinas de la historia y situarlo en el centro del discurso cristiano. Quizás entonces comience lo que podríamos llamar “la revolución pendiente” en el cristianismo contemporáneo.
P.- ¿Qué verdades acerca de Cristo cree que hay que destacar en la enseñanza actual en las iglesias evangélicas?
R.-
Más que verdades, lo que tendríamos que hacer es dejarnos interpretar por el Jesús de los evangelios que nos invita a reiniciar el camino de la imitación y el seguimiento. Sólo es posible reproducir el camino de Jesús si ese Jesús tiene cara y ojos, y nos referimos a él como la persona que nació, vivió, murió y resucitó por nosotros y por nuestros pecados.
En realidad, el evangelio creció “al revés”, el final estuvo ahí antes que el principio. Y, desde el final, se regresó al inicio. O sea, la muerte y la resurrección de Jesús fueron los hechos centrales del kerigma apostólico porque representaban la revalorización de su obra de un modo integral. Y estos acontecimientos históricos y su significado poseen hoy (y siempre) el dinamismo necesario, desde la obra del Espíritu, para reiniciarnos en el camino del seguimiento del Maestro.
P.- ¿Cómo ve el interés en la teología entre la población evangélica?
R.-
Con la respuesta a esta pregunta podría escribirse un libro de considerable tamaño. Vamos a ver, si la teología se entiende como una simple repetición de la verdad que ya cristalizó en siglos pasados, sin ningún poder de maniobra para la creatividad, para una reflexión seria que parta de la realidad concreta que vivimos, y sin ninguna intención de diálogo con el mundo y sus problemáticas, como sucede con frecuencia en nuestros círculos, entonces es lógico que la teología sea algo trasnochado, anacrónico y obsoleto y, por tanto, no interese a casi nadie, como sucede hoy.
A mi modo de ver, la teología, a la que se ha descrito como “la fe en estado de ciencia”, está capacitada para servir como instrumento revisionista y renovador de la reflexión evangélica, si es capaz de leer los signos de los tiempos trazando vínculos siempre nuevos entre cristianismo e historia, y buscando y encontrando terreno común para el diálogo con la cultura y la sociedad.
P.- ¿Puede la teología corregir carencias y defectos en la vida de las iglesias evangélicas en la España actual?
R.-
Puede, debe y tiene que hacerlo. Sobre todo, si quienes realizan esta labor son teólogos formados en la verdad del evangelio acompañando a la iglesia en el camino, pero, además, si permitimos que la teología y los teólogos jueguen ese papel, propiciando que sus aportaciones puedan ser construidas en un discurso coherente y pertinente que resitúe permanentemente a la comunidad cristiana en estado de misión.
P.- Ha estudiado en una Facultad de Teología católica. ¿En qué nivel están hoy en día los estudios de materias bíblicas en las facultades católicas?
Si hablamos de nivel académico “puro y duro”, sin entrar en detalles, es alto. Pero si colocamos “al microscopio” el curriculum de estudios en las Facultades Católicas, la cosa admite muchos matices. Por resumir, la formación que recibe un licenciado en Ciencias Bíblicas o Eclesiásticas a lo largo de 5 años incluye: Un bienio de filosofía pura y tres años más de teología dogmática acompañada de un pequeño porcentaje de Biblia, más o menos un 10% del total.
Si uno decide ampliar estudios, puede elegir distintas especialidades de Licenciatura (segundo ciclo) según la Facultad en la que se encuentre: Biblia, Dogmática, Historia, Liturgia y Fundamental (quizás me dejo alguna). El Doctorado, tercer ciclo de estudios, es preciso realizarlo, como es natural, en la especialidad elegida. Grandes dosis de conocimiento, generalmente a buen nivel, pero pocas “materias herramienta” para la praxis pastoral. Casi todo está pensado para “producir” maestros, catequistas y teólogos.
P.- Usted es valenciano y es pastor en Valencia ¿Ha predicado alguna vez en la lengua valenciana?
R.-
He predicado una vez en valenciano. En un funeral, porque todos los allí presentes pensaban y hablaban en valenciano, así que tuve el atrevimiento de hablar en su idioma.
P.- ¿Le ayuda en alguna forma la lectura de la Biblia en valenciano?
R.- El valenciano, como otros idiomas, posee unos giros y expresiones que no pueden traducirse, pero que enriquecen la comprensión de los textos. En determinados momentos, estos detalles ayudan.
P.- ¿Qué piensa de la forma en que las iglesias evangélicas ministran a los inmigrantes en España?
R.- Observo que trabajamos con el fenómeno de la inmigración bastante “de oído”. Determinados estamentos como “Misión Evangélica Urbana” (Madrid, Valencia y otros) han planteado iniciativas a modo de seminarios con miras a re-situarnos mejor frente a estas nuevas realidades sociológicas que tienen una fuerte incidencia en nuestras iglesias. Aún tenemos mucho que aprender, porque importa tomar conciencia de que el tejido social ha sufrido una transformación brutal que va a perdurar en el tiempo, dentro y fuera de nuestras comunidades.
P.- En ese sentido, ¿tiene su iglesia un ministerio especial con los inmigrantes?
R.- No creo que haya que hacer nada “especial” con los inmigrantes. Lo que necesitamos es abrirnos y ayudar a que se abran mecanismos de acercamiento para evitar guetos que atomicen las iglesias. Es parte de una asignatura pendiente que tenemos los evangélicos: Repensar la eclesiología.
P.- ¿ Qué le diría a una persona joven para entusiasmarla con la Teología?
R.- Permítame responderle con unas palabras de Dietrich Bonhoeffer, para mí uno de los teólogos más grandes y comprometidos del siglo XX: “Ante todo, sólo debe estudiar teología cuando honradamente piense que no puede estudiar otra cosa. La única vocación a la teología será el que ésta le haya captado y no le deje, con tal de quien le haya captado sea verdaderamente la causa de la teología: la disposición para reflexionar sobre la palabra y la voluntad de Dios (Sal. 1:2), para aprenderla y llevarla a la práctica”.
P.- Usted ha hecho su tesis y ha publicado ensayos sobre Bonhoeffer. ¿Se podría hablar de una fe disidente en él? ¿Cuál sería su legado teológico y literario?
R.- Cualquiera que conozca un poco la vida y pensamiento de Bonhoeffer, le diría que esta pregunta se abre en muchas direcciones, admite muchas respuestas y, sobre todo, mucho más largas de lo que permite esta entrevista. Sin embargo, le diré que suscribo absolutamente lo de “una fe disidente” porque, además, hace algún tiempo pronuncié una conferencia precisamente con ese título: “Dietrich Bonhoeffer: El compromiso de una fe disidente”, que puede encontrarse y leerse en la red.
Pero también me gustaría añadir que “una fe disidente” implica pagar un precio que habría que valorar, antes de embarcarse en ella. En la introducción del texto que he citado hace un momento, escribo: “Disidencia” es una palabra peligrosa y sospechosa. Especialmente, para las personas que están ligadas al status quo o que temen algún tipo de cambio. Su sentido primero tiene que ver con alzar la voz en contra del orden establecido. Un disidente es una persona que, conociendo el sistema desde dentro, se separa y adopta una actitud contraria al mismo. No reformista, sino contraria, alternativa, diríamos incluso que subversiva; es decir, con vocación de trabajar por cambios tan radicales que sean capaces de revertir las cosas. La disidencia es “la fuerza de choque” necesaria para percibir que lo que hay no es lo único que puede haber. Que es posible una realidad nueva y distinta, si se comienza una transformación de la realidad desde abajo y desde dentro.
Pensar en el legado teológico de Bonhoeffer es, sobre todo, hablar de una fe disidente con el coraje suficiente para ser pensada y vivida hasta sus últimas consecuencias. La cuestión es, si nosotros estamos dispuestos a asumir ese compromiso, pagando el precio que de él se deriva. Finaliza la entrevista. Gracias, Eduardo, por estas reflexiones que nos harán repensar y resituarnos en nuestro día a día cristiano.

Autores: Jacqueline Alencar

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martes, 7 de febrero de 2012

Edesio S. Cetina: ¿ser evangélico hoy en Latinoamérica?

Por. Jacqueline Alencar, España*
La iglesia evangélica en América Latina, necesita definir con más certeza y claridad el tema de la identidad:

Ahora dialogamos con Edesio Sánchez Cetina (México D.F. 1947), Pastor Presbiteriano y Secretario regional para Mesoamérica y el Caribe hispano de la FTL, quien nos revela, a través de esta entrevista, algunos aspectos de la realidad evangélica latinoamericana de hoy. Es licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Realizó una Maestría en la Universidad Bíblica Latinoamericana y doctorado (PhD) en el Union Theological Seminary en Richmond, VA. Además, es consultor de traducciones Bíblicas con las Sociedades Bíblicas Unidas y autor de varios libros y comentarios bíblicos (a Deuteronomio, Josué, Jueces, Malaquías, entre otros) y artículos sobre Exégesis bíblica y traducción.
Pregunta.- ¿Cuáles son los retos a los que se enfrenta la iglesia en el siglo XXI?
Respuesta.- Principalmente los de la “globalización”, la inseguridad y la violencia. Me refiero a los problemas que el mundo plantea a toda la sociedad y no solo a la iglesia. La iglesia evangélica en América Latina, como una de las expresiones de la cristiandad, necesita definir con más certeza y claridad el tema de la identidad : ¿Qué significa ser evangélico hoy en América Latina? A mí me parece que éste ha sido un problema endémico de los evangélicos en este continente, sean miembros de una iglesia histórica, pentecostal, neopentecostal o mega-iglesia. Un segundo problema es el de la desunión o falta de unidad .Hoy, más que nunca, las iglesias viven luchando una contra la otra, “robándose” membresía y siguiendo su propio camino tanto teológico como evangelizador. Un tercer problema es el de la comprensión limitada o tergiversada de lo que es la misión de la iglesia .
P.- ¿Debe la iglesia limitarse sólo a dar un testimonio verbal, evitando implicarse en la defensa de la justicia social, en la lucha contra la corrupción y siendo voz de los indefensos?
Considero como problema el tener una comprensión estrecha y tergiversada de la misión de la iglesia. En la Fraternidad Teológica Latinoamericana, de la cual soy miembro y Secretario regional para Mesoamérica y el Caribe hispano, el asunto de la misión integral ha sido compañero inseparable del quehacer teológico. Desde las primeras décadas de su existencia, gente como Orlando Costas, Samuel Escobar y René Padilla, para citar a tres miembros fundadores, extendió e insistió en este tema a través de congresos, conferencias, artículos y libros. Hoy, algunos cuestionamos el nombre, por la sencilla razón de que no es necesario agregarle al vocablo “misión” el adjetivo integral. Si la misión que practica la iglesia, sea ésta cualquier grupo eclesiástico, no coincide con la misión enseñada y vivida por nuestro Señor Jesucristo, simple y llanamente, no es misión. Creo que “las credenciales” de Jesús, esbozadas en textos tales como Lucas 4, Mateo 11 y Juan 10, no nos permiten limitación alguna. Para lograr cumplir con este concepto cristológico de misión el día de hoy en América Latina, es imposible hacerlo sin implicarse en la defensa de la justicia social, en la lucha contra la corrupción y siendo voz de los marginados, silenciados y oprimidos.
P.- Dentro de la población indígena de América Latina existen unos mil grupos lingüísticos de los cuales la mitad tiene por lo menos una porción de las Escrituras traducida. ¿Cuáles son los problemas a los que se enfrentan las Sociedades Bíblicas Unidas a la hora de conseguir traducciones que mejor se adapten a esta población?
R.- Los problemas son múltiples y muy complejos. Quizá el principal es que la iglesia en general, y los administrativos, tanto a nivel global, como regional, como nacional en particular, no tienen como prioritario el que “la Palabra de Dios llegue a todos en el idioma que puedan entender, al precio que puedan pagar y en el formato más adecuado”. Eso está en el papel; eso está a flor de labio cuando desde algún foro se levanta la pregunta o el tema. Sin embargo, siempre ha sido y seguirá siendo que las comunidades indígenas permanecen al final de la lista en cuanto a llenar necesidades y definir prioridades. Y éste no es solo problema de las Sociedades Bíblicas Unidas. Lo es de casi todas las organizaciones que se dedican al ministerio de la traducción y distribución de las Escrituras. Hoy que el asunto económico se ha agudizado, los primeros grupos que sufren son precisamente los grupos indígenas minoritarios. Nuestra organización se está “reingenierizando”, es decir, “achicando”. Quienes han tomado esa decisión lo hacen debido a que ya no se tienen a la mano los fondos que antes se tenían. Se les quiere dar más protagonismo a las Sociedades Nacionales. Pero precisamente es a nivel nacional donde más se muestra ese desinterés por la causa bíblica hacia el pueblo indígena. Las Sociedades Bíblicas nacionales, por lo general, están luchando por su subsistencia, y concentran sus esfuerzos en vender y distribuir el material que más se les compra; es decir, la versión que más busca la iglesia de habla hispana evangélica, la RV60. Todo lo demás queda en segundo plano.
Por otro lado, la nueva generación de donantes, hijos e hijas de la posmodernidad, quieren saber ya qué ha pasado con el dinero que han donado. Están presionando a que se hagan traducciones más rápidas y menos costosas. La experiencia nos ha enseñado que aun con la nueva tecnología la traducción de una Biblia completa lleva por lo menos 10 años. ¿Cómo lograr una excelente traducción en tan solo tres o cinco años? Nuestras Sociedades Bíblicas nacionales no tienen los recursos humanos tanto administrativo como de formación bíblica, lingüística y antropológica para asumir el rol que hasta ahora han tenido los Consultores de Traducción (todos con doctorado académico en alguna de esas tres áreas). Hay que reconocer que el más alto porcentaje de indígenas que participan en la traducción de la Biblia tienen muy pobre formación académica, conocen bien su lengua, pero por lo general nunca escrita; conocen poco el español, y desconocen los tres campos clave para una buena y fiel traducción. Esto explica por qué una traducción tarda más de diez años: el período formativo es extenso y continuo hasta casi al finalizar el proceso de traducción y revisión. Además, esos traductores tienen que ser entrenados en el uso de la computadora y los programas asociados en el trabajo de traducción bíblica. Muchos de ellos viven en contextos apartados de las fuentes de energía eléctrica y de Internet.
P.- ¿Qué piensa de la Teología de la Prosperidad que está incursionando en ámbitos evangélicos?
R.- Creo que es una aberración bíblico-teológica. La doctrina fundamental de la encarnación establece claramente la dirección misional respecto de este tema: Ustedes saben que nuestro Señor Jesucristo era rico, pero tanto los amó a ustedes que vino al mundo y se hizo pobre, para que con su pobreza ustedes llegaran a ser ricos (2 Cor 8.9, TLA). En la práctica de esta teología y la pastoral deducida de ella, la cosa pasa al revés: el líder, pastor, apóstol, patriarca o arcángel amasa riquezas superlativas a costa de la ingenuidad e ignorancia de su pueblo, agregándole altas dosis de manipulación de masas.Desde su nacimiento hasta su muerte, Jesús constató en vida y enseñanza el contenido fundamental del texto de Pablo. Estoy totalmente opuesto a esa teología y cuando puedo predico y enseño en contra de ella.
P.-Se oyen voces que dicen que el crecimiento imparable de los evangélicos en Latinoamérica no va acompañado de una madurez bíblica y teológica, e incluso ética. ¿Está de acuerdo?
R.- Para empezar, en muchos lugares no hay tal crecimiento imparable. Es quizá como decía hace más de tres décadas atrás Juan Carlos Ortiz, un “engorde” de la iglesia. Pues el énfasis no es en el crecimiento total y holístico, sino en lo numérico, que para mí no es crecimiento de la iglesia. Ahora bien, si la pregunta quiere limitarse a este punto, entonces, no vale la pena agregar el asunto de madurez bíblica y teológica y el asunto de la ética. Es harto conocido por todos que en los países donde se dice que se ha dado ese notorio crecimiento numérico también ha crecido mucho más la violencia, el genocidio, la corrupción tanto a nivel gubernamental como eclesiástico, etc. Ni hablar de la ignorancia bíblica. En mis constantes viajes por América Latina y el mundo hispano de los Estados Unidos y Canadá, a menudo constato que más del 80 % del liderazgo pastoral no tiene formación bíblica y teológica alguna. En mis charlas constantemente hago preguntas sobre textos bíblicos conocidos, y la mayoría no sabe dónde buscarlos.
Por otro lado, como se señaló en un estudio hecho en algunos países centroamericanos sobre crecimiento de la iglesia, muchos de los grupos e iglesias que afirman el crecimiento numérico de sus iglesias, lo que realmente experimentan es un “¡reciclaje de la iglesia!”. Quienes salen de un grupo van a otro y de éste a otro y así y así. La “inserción” no es resultado de la evangelización y la conversión genuina, sino de la búsqueda de espacios “religiosos” que los mantenga contentos por un tiempo y que cuando se cansen lo dejan para experimentar otra oferta del mercado.
Además, una buena cantidad de líderes evangélicos que logran llegar a entidades gubernamentales, tales como congresos o asambleas legislativas, terminan metiéndose en el juego político de los partidos mayoritarios y se “olvidan” de su compromiso misional y de su vocación divina.
P.- Dos de las referencias teológicas del mundo evangélico en Latinoamérica son Samuel Escobar y René Padilla. ¿Qué opinión tiene de su obra?
R.- Precisamente ellos, junto con otros miembros fundadores de la FTL, hicieron y han hecho un esfuerzo gigantesco para acabar con la domesticación teológica misionera, con el seguir viviendo dependientes en todo de la empresa misionera foránea, y buscaron iniciar y mantener un diálogo abierto, serio y fecundo con los principales teólogos de la liberación, recordemos que tanto el movimiento de teología de la liberación como el surgimiento de la FTL coinciden cronológica y geográficamente hablando. Su postura profundamente ecuménica permitió que abrieran el foro de la FTL para el diálogo abierto tanto con grupos muy conservadores como con gente vinculada al CMI. Llama la atención, sin embargo, que aceptaran entrar al diálogo y hasta en membrecía gente del mal llamado movimiento ecuménico mas no del lado fundamentalista y conservador. La reunión de CLADE II fue clara manifestación de ello.
Samuel y René no son referencias teológicas del mundo evangélico. Ya lo he dicho anteriormente; ¡no hay un mundo evangélico unificado en prácticamente nada! El mundo evangélico que conozco, el llamado evangélico, los considera liberales. La mayoría de nuestra gente que se enorgullece de llamarse evangélica sustentan una doctrina lejana de los principios teológicos de la Reforma Protestante. Yo mismo considero un piropo que me llamen liberal a que me llamen teólogo evangélico en la línea de la que acabo de hablar.
René, sobre todo, ha tenido un liderazgo muy amplio y fecundo: misionólogo, autor prolífico, pastor de iglesia, movimiento estudiantil universitario, fundador y administrador de varios ministerios, profesor de instituciones teológicas, etc. Samuel, obviamente, no se queda atrás, pero considero que él, a diferencia de René, ha sido más concentrado en lo que a ministerios se refiere. De hecho, en las últimas décadas, Samuel, geográficamente hablando, se halla fuera del continente Americano y su participación en foros vinculados con la FTL son más reducidos que los de René, el día de hoy.
P.- Ambos teólogos participaron en la gestación de la llamada Misión Integral. ¿Ha calado ésta en las iglesias latinoamericanas?
R.- Me choca esto de participar en la gestación de Misión Integral. La gestación de la misión de la iglesia es Dios. La “gestación” fue una reacción valiente y atinada ante un movimiento fundamentalmente “yanqui” que quería imponer el movimiento de “Iglecrecimiento” y la llamada “unidad homogénea”.
Como movimiento, vale mejor traer a colación a “Red del Camino”. Pero para la formación de esta red y su actual manifestación en nuestro medio, no sé realmente cuánta participación gestora tuvieron ellos. Por otro lado, de lo que yo conozco de este movimiento de iglesias locales, por ejemplo, en el caso de Costa Rica, hay más de 120 iglesias metidas de lleno en lo que es “misión integral”. Y de Costa Rica, podemos ir a República Dominicana, Honduras, Argentina, Chile. Todos estos, países donde existe una buena cantidad de iglesias comprometidas con la misión de Dios para la iglesia.
P.- Como evangélicos sabemos el modelo bíblico de familia, pero la realidad social latinoamericana nos muestra otras formas, entre ellas, la más lacerante, la de las madres solteras o de las mujeres abandonadas por sus cónyuges y que son quienes sacan adelante a sus hijos. ¿Cómo debemos responder ante esta situación?
R.- Para empezar, no hay un modelo bíblico de familia. Los modelos de familia en la Biblia responden a la situación social, cultural, económica y política de la época. Nuestra situación es muy, pero muy distinta al mundo semítico ubicado milenios atrás en la cuenca del Mediterráneo. Lo bíblico no es el modelo de familia, sino cómo responder con justicia, amor y solidaridad ante circunstancias desafiantes para la familia y la sociedad. El o los modelos los proveen los entes sociales de acuerdo con las dinámicas de vida que se desarrollan en ellos. Cada comunidad eclesiástica debe enfrentar los desafíos de nuestro tiempo y responder adecuadamente. En la época bíblica no se hablaba de madres solteras u hogares de solo madres. Los desafíos eran en relación de gente marginada y vulnerable como los exiliados, las viudas y los huérfanos. El día de hoy, por el modelo de familia diferente, sí conocemos, de manera abundante, este problema de las madres solteras y las mujeres abandonadas. En muchas circunstancias, el problema no se restringe al hecho de ser madre soltera o de ser abandonada; es más complejo. Las iglesias que servimos en zonas marginales aquí en San José viven esa realidad, pero sus raíces trascienden el ámbito meramente familiar. Tiene que ver con la migración-inmigración debido a la suprema pobreza o las guerras y violencia, o los desastres naturales. Hay, como sabemos, diversos tipos de madres solteras y mujeres abandonadas. Por ello creo que no se puede abordar el asunto de manera general y abstracta. Cada comunidad eclesiástica debe, a partir de un estudio profundo de la situación, responder de manera concreta y eficaz al desafío que tienen enfrente.
P.- ¿Qué le parecen los temas centrales que se abordan en el Quinto Congreso Latinoamericano de Evangelización (CLADE V)?
R.- Debo decir que formo parte del comité que coordina este evento. Así que se debe tomar en cuenta este punto ante mi respuesta. No queremos dictar cátedra sobre el asunto, ni marcar derroteros, sino que humildemente acercarnos al Señor más en actitud de oración, de súplica, de aceptación obediente al mandato misional divino. De allí el lema: “Sigamos a Jesús en su reino de vida. ¡Guíanos, Santo Espíritu!” . El lema en sí apunta a la misión de Dios, mirada en forma completa, total. De allí el tema del seguimiento, de allí el asunto del reino de Dios, de allí la súplica de la dirección del Espíritu Santo.
Los temas centrales los aporta el lema. Pero, de manera deliberada, decidimos no invitar a los “nombres grandes y famosos”. No habrá conferencias o charlas magistrales. De hecho, lo más grueso del congreso queda en manos del trabajo teológico, misionero y pastoral de los diversos núcleos o grupos de miembros y amigos de la FTL que desde hace varios meses están trabajando sobre un documento llamado “Cuaderno de participación”. Sí, se hace teología, se invita a la reflexión; pero esta reflexión surge de la práctica pastoral y misional. El texto bíblico se lee en y desde la “lectura” crítica de la situación de las iglesias locales en cada país y región. Las preguntas del material no permiten mantenerse en las nubes o en la torre de marfil. Habrá suficiente espacio para talleres, espacios “verdes” no por lo ecológico, sino para que de acuerdo con intereses propios se formen grupos de charla, diálogo y reflexión. El equipo de liturgia se mantendrá ocupado todo el tiempo proveyendo, a partir de las diversas manifestaciones del arte, un enfoque celebrativo y de actitud obediente al llamado de Dios.
P.- Los evangélicos incursionan en la política, sobre todo, en Centroamérica. ¿Cuál es su valoración sobre esta opción?
R.- Yo tengo bien clara mi postura. Si un evangélico se siente llamado a seguir esa profesión, que lo haga. Pero que no lo haga en nombre de la iglesia ni tampoco impulsado por ella o por algún partido que se autodenomine evangélico. No creo que quienes ejerzan el pastorado deban meterse al ejercicio de esta profesión. La iglesia y su liderazgo deben mantener su voz profética, y solo “desde afuera” se logra eso. No creo saludable que las fraternidades de pastores o alianzas evangélicas se metan al juego político dándole su apoyo, en nombre de Dios, a tal o cual candidato; mucho menos al recién nombrado presidente o presidenta.
Me parece que la formación de partidos políticos evangélicos es una decisión equivocada y de resultados negativos para las iglesias. Ya tenemos malas y tristes experiencias de esto en varios de nuestros países centroamericanos.
P.- ¿Cómo llegó Cristo a su vida?
R.- Cristo no llega a la vida de uno; al menos mi experiencia y por lo que veo en la Biblia no es tan así. A la mayoría los llamó y los comisionó. Pero conversión, al estilo de las campañas evangelísticas conocidas en nuestro medio, ¡nunca! Este vocabulario me suena más a los grupos que llamo “conversionistas”. Te tienes que convertir del pecado, de una vida mala, del camino torcido o equivocado. Pero ¿qué pasa cuando esto no ocurre en la vida de uno? Cristo no llegó a mi vida. Nací metido en la vida de Cristo; nací en un hogar cristiano, en un hogar pastoral. ¡Soy hijo de la promesa! ¡No tuve que convertirme de nada!
Creo oportuno aclarar que la Biblia es muy clara y seria en indicar que quienes nacen en hogares formados en la fe bíblica y cristiana ya de suyo forman parte de la familia de Dios. Solo si se salen tienen que convertirse o hablar de cuándo Cristo llegó a su vida. De allí que apoye y crea y practique el bautismo infantil y la participación de los niños en la Cena del Señor.
Mi testimonio más grande, elocuente y feliz es que Dios permite que muchos de sus hijos e hijas nunca tengan que vivir otra vida que no sea la de la vida abundante en Cristo.
Finaliza la entrevista . Gracias, Edesio, por mostrarnos ciertos rasgos de la comunidad evangélica latinoamericana, que nos permitirá conocer y valorar, propiciando un mayor acercamiento.

Autores: Jacqueline Alencar

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jueves, 5 de enero de 2012

R. Cohen: La ciencia dice que la gente no nace gay

Por. David Alandete, España
Un libro para 'curar' la homosexualidad enciende la polémica en las redes sociales (*)

Richard Cohen (Filadelfia, 1952), es autor del polémico libro ‘Comprender y sanar la homosexualidad’. Se define como un exgay que tiene la clave para corregir las tendencias homosexuales. Su libro, escrito originalmente en 2000, ha sido editado por Libros Libres en España.
El martes pasado, El Corte Inglés lo retiró de su librería, tras las protestas de varias agrupaciones homosexuales. Cohen define esa decisión como “un atentado contra la libertad de expresión”. No es la primera vez que su libro genera polémica. En 2009 se empleó en Uganda para apoyar un proyecto de ley que castigaría las conductas homosexuales con pena de muerte. Cohen asegura que se malinterpretó su mensaje y que no odia a los gais. Aquí en Estados Unidos es el principal representante de lo que se llama "terapia de conversión", que promete a los pacientes hacer desaparecer tendencias homosexuales.
Cohen no es psiquiatra. Obtuvo un máster en terapia psicológica por la Universidad de Antioch. En este momento tampoco tiene licencia para ejercer como psicoterapeuta. Regenta una organización llamada International Healing Foundation, para la que trabajan otros terapeutas. Recibe a EL PAÍS en su casa en las afueras de Washington, en una consulta decorada con una pequeña bandera gay, muchos libros y una foto con su mujer y sus tres hijos.
Pregunta: ¿Cree que la homosexualidad se puede curar?
Respuesta: ¿Qué quiere decir con curar? No entiendo la palabra.

P: ¿Sanarla, entonces? Es la palabra que emplea en el libro.
R: En 2008, la Asociación Norteamericana de Psicología dijo que aunque ha habido muchas investigaciones sobre las posibles causas genéticas, biológicas u hormonales de la orientación sexual, no ha habido descubrimientos que les permitan a los científicos llegar a la conclusión de que la orientación sexual esté determinada por uno o varios factores particulares. La ciencia dice que la gente no nace gay.

P: Lo que usted hace, ¿es una terapia que revierte una supuesta fase gay?
R: Yo creo en el derecho del cliente a la autodeterminación y libre albedrío. Si alguien quiere vivir una vida gay, lo respeto. Y si alguien quiere explorar las posibilidades de cambiar de gay a heterosexual, también lo respeto.

P: Pero niega la posibilidad de que la homosexualidad sea biológica.
R: Si hay algo biológico en ella, mi experiencia dice que es que aquellos que experimentan sentimientos homosexuales son hombres y mujeres extremadamente sensibles.Viven una relación con sus padres, con sus compañeros y con su entorno, distinta a la de sus hermanos y a las de otra gente a su alrededor. Esa sensibilidad puede sentar las bases para los sentimientos homosexuales.

P: Por lo que usted ha escrito, cree que es el entorno familiar, escolar, de amistades, lo que determina la homosexualidad.
R: Efectivamente, es algo de suma importancia.

P: Y, ¿cómo hace usted que alguien evolucione de tendencias homosexuales a tendencias heterosexuales?
R: Durante los pasados 21 años, en los que trabajé como psicoterapeuta, desarrollé un protocolo para aquellos que quieran cambiar, no para los que estén contentos siendo gais. Yo mismo viví como gay, tuve una pareja gay durante tres años.

P: ¿Había algo dentro de usted que le decía que aquello no era correcto?
R: No. Lo que pasa es que desde pequeño, siempre tuve un sueño: estar casado con una mujer y tener una familia. No fue la presión de mis padres, de la sociedad o de la religión. Era yo mismo, que tenía el sueño de casarme con una mujer y tener niños.

P: ¿Fue fácil para usted dejar de ser gay?
R: No. Se me dijeron muchas mentiras. Que encontrara a la mujer adecuada que me volviera heterosexual. Me casé. Pero reprimía los deseos homosexuales. No los había resuelto. Hice mi terapia después de casarme. Fue un proceso complejo, duro. Muchos terapeutas me decían que yo había nacido gay, que no había nada que hacer. Que debía aceptarlo y vivir una vida gay.

P: ¿Nunca tuvo una aventura con un hombre después de casarse?
R: Tuve una relación con un hombre. Y se lo dije a mi mujer. No buscaba sexo, sólo un mentor masculino. Bajo mi deseo por los hombres había una herida. No recordaba que mi tío había abusado sexualmente de mí. Es algo que reprimí durante 25 años, hasta que hice mi terapia. Entonces encontré a un mentor masculino, heterosexual. Cuando experimenté el luto por ese abuso mis tendencias homosexuales desaparecieron.

P: Usted hace especial insistencia en la figura del abuso sexual como una razón para desarrollar sentimientos homosexuales. ¿Cree usted que es una razón común?
R: Es una de las 10 razones posibles que detallo en mi libro. Nunca es una cosa sola. Es una combinación de varios factores. Un 50% de mis clientes sufrió abuso sexual por parte de alguien de su mismo sexo.

P: ¿No cree que esto se puede interpretar como que usted caracteriza a los gais como abusadores sexuales?
R: Es lo opuesto. Si se da cuenta de las proporciones de la población, la mayoría de abusadores son heterosexuales.

P: ¿Por qué?
R: Porque en la sociedad no hay más de un 2 o 3% de homosexuales. Es una cuestión de proporcionalidad. En mi caso, fue un hombre heterosexual quien abusó de mí.

P: Hace usted una reflexión en su libro sobre por qué los homosexuales tienden a cultivar su cuerpo, cuidar su apariencia... algo muy asociado a los tópicos que hay sobre la cultura gay.
R: Es lo que se llama sobrecompensación, porque no sienten su propia masculinidad. He tratado a hombres culturistas, con físicos increíbles. No importa cuántos músculos desarrollen, aun se sienten inferiores interiormente.

P: Usted habla de un mito, reforzado por los medios, Hollywood, las novelas...
R: Es el mito de que se nace gay, que es una afirmación que científicamente no es válida. Pero tampoco se puede decir que ser gay sea una opción. Uno no se despierta un día y decide ser gay. Hay una serie de factores combinados que hacen que alguien se comporte como gay. Tratando a cientos de homosexuales he descubierto que hay una serie de contextos comunes en todos ellos. En las biografías de los famosos queda claro también: tuvieron experiencias similares. Rosie O’Donnell, Greg Luganis, Elton John, Ricky Martin, Ellen DeGeneres... todos tienen historias similares. Es algo clínico. Decir que alguien ha nacido así es contrario a la naturaleza.

(*) Reproducción de la entrevista publicada en el diario español El País
Autores: David Alandete
Fuentes: El Pais

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