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martes, 14 de julio de 2015

¿La iglesia discrimina al homosexual?



Veo mucho pecado no reconocido en la iglesia. Y en aquellos que juzgan a los homosexuales también.
Por. Óscar Pérez, España
Toda generalización peca de injusta. A ver como salgo de ésta Voy a empezar refiriendo el artículo Homosexualidad: pinceladas publicado recientemente en PDpor Alex Sampedro. No voy a repetir algunas reflexiones que comparto y que él ya ha expresado con sumo acierto.
Empiezo Viajo.
Conozco a gente de numerosas iglesias evangélicas. Bautistas, menonitas, de hermanos, pentecostales de todos los colores y sabores. Conversamos y a menudo escucho comentarios sobre los homosexuales (en ocasiones sin venir a cuento) Algunas veces pretenden ser bromas o chistes. Otras son afirmaciones contundentes sobre lo inaceptable del pecado de la homosexualidad o tajantes afirmaciones de la reprobación de Dios ante tales actos. Palabras que son la punta del iceberg, la expresión evidente de corazones faltos de amor y gracia con un colectivo que ha sufrido y sufre bastante. ¿Qué hay de las corruptas conversaciones y los comentarios ofensivos hacia los homosexuales, de la falta de amor y comprensión, de la soberbia que cree conocer a Dios y lo que Dios piensa más y mejor que el resto de seres humanos? ¿Y qué pasa con nuestros propios pecados, los que sean la mentira, las disputas, el orgullo, la envidia? ¿Son mejores? ¿Son de otra clase? ¿No ofendemos a Dios nosotros?
Siento tanta vergüenza....
Si mi identidad como evangélico dependiera de nuestro testimonio, sinceramente, me desapunto. Veo mucho pecado no reconocido en la iglesia. Y en aquellos que juzgan a los homosexuales también. Y veo tanta bajeza en mi mente y en mi corazón. No estoy a la altura, eso me ha quedado claro en los últimos 20 años conociendo a Jesús y viviendo de su gracia como un drogadicto dependiente. Mi esperanza es la progresiva restauración que Dios lleva a cabo en mí (por cierto, milagrosa) Por eso, por la esperanza que mantengo en Dios y su poder para cambiar pecadores, tampoco condeno a los cristianos homófobos que escucho y que tengo la tentación de rechazar. Tengo esperanza de que Dios los libere de su falta de amor. Por eso también tengo esperanza en la iglesia a pesar de todo. A pesar de nosotros. A pesar de mí. Afortunadamente, la identidad de un creyente y de la iglesia misma depende de Dios. ¿Y qué hay de los argumentos que venimos escuchando y leyendo últimamente en favor de la homosexualidad, describiéndola como algo bueno, como una opción del corazón de Dios para el ser humano?
#argumento1
Son así. Ellos son así. Chimpún. Nos indican que no debemos decirles que algo que está en la misma esencia de su identidad está mal porque les dañamos y ponemos una presión inhumana sobre ellos. Gracias a Dios, Él me ha hecho entender que algo en la misma esencia de mi identidad como ser humano necesita ser restaurado. No hablo sólo de mi sexualidad heterosexual desorientada y destructiva. Mi sexualidad no es peor que el resto de mí. Hablo de todo mi ser completo. Es mucha presión, sí. Cada día lucho con mi naturaleza destructiva. En ocasiones desespera tanta dificultad. Mi pensamiento, mis sentimientos, mi cosmovisión, mi forma de relacionarme, mis intenciones y, por supuesto, también mi sexualidad necesitan ser restauradas por Dios. Por su gracia, no somos más lo que dictan nuestros impulsos, pensamientos o emociones. Somos lo que Dios está haciendo de nosotros y podemos elegir si Él gobierna nuestra vida o si la gobernamos nosotros.
#argumento2
También nos dicen que hemos interpretado mal todos los textos que hablan de homosexualidad (que cierto es, son pocos) Vaya ¡qué mala pata! Cientos de años y hasta la actualidad malinterpretando las Escrituras. ¡Que las palabras originales del griego nunca significaron eso y las categorías sociales y sexuales eran distintas en las épocas en las que se escribieron los textos! ¡Nada que ver con nuestros conceptos modernos! La homosexualidad no es un invento actual y no todos los textos bíblicos que hablan de ello se refieren a violadores, homosexuales polígamos (en lugar de aquellos fieles homosexuales monógamos que expresan la unión que Dios desea, según afirman algunos) actos puntuales y degenerados entre adultos y menores, etc. A este argumento se suma el siguiente...
#argumento3
El canon dentro del canon, cultura y progreso. Permitimos que nuestras mujeres vayan sin velo y otras muchas consideraciones que hemos aceptado como culturales, no normativas Y los textos sobre la homosexualidad son también culturales. No expresan la voluntad de Dios, ni son norma, moralidad o su pensamiento, sino que hay que discernir su sentido contextualizado que ya no aplica en nuestra cultura de hoy. En fin, no voy a decir que el pensamiento tradicional de la iglesia es correcto 100%, o que esté de acuerdo con todo lo que se suele interpretar en estos textos. Discrepo en algunas cosas (especialmente en actitudes y posicionamientos dogmáticos) Tampoco voy a decir que sea sencillo entender bien la Palabra. Es harto complejo y debemos ser más prudentes y sabios. Sin embargo, veo una actitud dogmática similar en aquellos que postulan estas nuevas interpretaciones aperturistas o inclusivas que en los dogmáticos tradicionales y ortodoxos que tanto critican como retrógrados e intolerantes. ¿Ahora sí que hemos dado con la verdadera interpretación y este nuevo pensamiento teológico sí que expresa el verdadero pensamiento de Dios? Si una cosa me preocupa del empuje teológico a favor de la homosexualidad es su vertiente dogmática y poco tolerante con los pensamientos distintos al suyo. Algunos se están convirtiendo en lo que tanto rechazan.
Hay muchos otros argumentos (algunos puede que incluso sean mejores) pero esto es un artículo, no un ensayo teológico. Cabe decir que muchos contra-argumentos de aquellos que defienden la homosexualidad tienden a citar a los peores o más dogmáticos pensadores evangélicos. Es decir, no atienden a exégetas y teólogos reputados que postulan la posición tradicional de la iglesia sino que exponen el pensamiento radicalizado de personas representativas (¿según el criterio de quién?) que suelen avergonzarnos con su falta de amor y gracia. Sinceramente, para decir que la homosexualidad es algo deseado por Dios debemos dar la espalda a la biología, a la historia de la iglesia, a la hermenéutica bíblica, al único concepto de matrimonio expresado en la Biblia y recogido por Jesús en los evangelios, a textos bíblicos varios y/o a la autoridad de la Biblia como la Palabra de Dios Igual de sinceramente digo que para tratar a los homosexuales como se los viene tratando en la iglesia hasta nuestros días hay que dar la espalda al evangelio de la gracia, al ejemplo de amor de Jesús, a la misericordia, la gentileza y la amabilidad, a la bienvenida del Reino de Dios en la tierra, a la voluntad de Dios de restaurar a cada ser humano...
Quiero acabar expresando dos preocupaciones personales:
La primera es que la iglesia no ame. Menos categorizar, menos juzgar al pecador, menos actitudes dogmáticas y más amor, gracia, verdad y misericordia. Amor también para los que piensan diferente. No son el enemigo, no pretenden hacer daño, son personas que Dios ama y que pueden estar o no equivocadas pero que no dejan por ello de ser el objeto del amor de Dios (si en verdad hemos entendido el evangelio de Jesús)
La segunda es que la iglesia no hable la verdad (en amor) Me duele ver qué poca capacidad tenemos en España para el diálogo y la reflexión, especialmente en el seno de la iglesia. Como si Dios se asustara de nuestras ideas o no fuera capaz de lidiar con nosotros. Como si su Palabra hubiera perdido la autoridad. Ella permanecerá. ¿Seguimos?

Fuente: Protestantedigital, 2015.

martes, 27 de marzo de 2012

Líbrame del discriminador

Por. Alfredo Pérez Alencart, España
Líbrame del fanático y, también, del que no mata ni una mosca si no es para su beneficio.
Señor, Tú que supiste estar entre pecadores y mendigos, líbrame de quienes ahora, en mi propio Tiempo, discriminan por razón de tez, acento, sexo, bolsillo u opción religiosa. Y porque Tú supiste enseñarlo en una praxis alejada de heterodoxas pantomimas, haz que muchos más se aproximen a tu ejemplo y no a la perorata, no a la grandielocuente hipocresía; no al decir sin hacer, sin sentir la providencia.
Porque aquí, en confianza Jesusito, también te pido que me libres de estos últimos, pues mi temor se agranda ante sus máscaras impolutas, ante sus meas culpas por los otros, pero no por sus tenaces imposturas: la discriminación racial no existe cuando el Otro trae millones o prestigio; el negro artista o deportista; el chino millonario comprando nuestra deuda…
Líbrame de seguir contemplando esta aporofobia, Señor, pues Tú estás con los pobres siempre, con los desclasados, excluidos o segregados (sean esquimales o yanomanis). Líbrame de seguir oyendo tópicos sobre el Otro, y haz que la gente viaje mucho más, que salgan de sus pueblos o ciudades, porque así sabrán reconocerse como foráneos nada más cruzar su vallado provincial.
Señor, desde el asombro y la inocencia, te pido que sigas manteniendo firmes y cálidos mis abrazos con los de abajo, con los que llegan, con los que parten, con los que sufren y con los que gozan de la querencia de los suyos. Haz que sea el primero en estar con ellos cuando la derrota; haz que toda muestra de no discriminación cierta sea asunto primordial de mi corazón; haz que hasta la hermosamente inútil en los días y en los meses de mi vida; fructifique lejos del estercolero enchapado de oropeles.
Creo que no es un antojo, Jesusito, creer nos inmola por el desprecio de quienes muestran tanta prisa por poseer numerosos bienes, por escalar en el entramado social, por ser precoces en el desprecio y la relegación del diferente sin recursos.
Líbrame, Señor, de mí mismo, y haz que ate mi ego y relegue tantas vanidades que asedian por doquier, tantas tentaciones insulsas que no colman de felicidad, que no llenan la vida porque subsisten apenas lo que dura el empalago. Y dame el Amor que necesito a cada instante; dame el eco no abolido de esa sangre que clama por los demás; concédeme siquiera otra porción de ternura para que yo la transfiera de inmediato a quien más la necesite.
Líbrame del fanático y, también, del que no mata ni una mosca si no es para su beneficio . Aquí estoy, Amado galileo, pidiéndote, sí, porque soy un pordiosero que pone la mano sin vergüenza con la finalidad de sellar el pacto de projimidad. No te pido bolsillos llenos, sino derogación de edictos policiales que alientan la caza y captura del diferente sin recursos.
Líbrame, Señor, de aparentar compasión. Líbrame de tener sentimientos leves respecto al necesitado, sea de aquí o de allí, mongol o quechua. Líbrame de hacer desaires al que perdió la estima por haberse sentido discriminado por raza, sexo, religión, condición económica… Líbrame de ocupaciones que engullen horas o minutos que permiten sonreír y ayudar a quienes en la otra verja suelen tener en vilo.

Voluntad tengo, Señor
Autores: Alfredo Pérez Alencart
Fuentes: El Adelanto de Salamanca
©Protestante Digital 2012

sábado, 17 de diciembre de 2011

Gran brecha salarial entre trabajadores nacionales y extranjeros: Diferencia de casi 50%

Los extranjeros cobran al año casi la mitad que los españoles. La diferencia de sueldos es algo menor en el caso de las mujeres.

El sindicato UGT ha denunciado que el salario medio anual de los trabajadores extranjeros en España alcanzó los 10.256 euros en 2010, casi la mitad que el de los nativos, que fue de 20.206 euros anuales.
La organización gremial señala también que entre 2008 y 2010, coincidiendo con la época más dura de la crisis, los varones extranjeros perdieron más de un 9% de poder adquisitivo, mientras que las mujeres ganaron un 4,23%. Las extranjeras cobraron una media anual de 9.001 euros en 2010, mientras que las españolas percibieron un promedio de 16.970.
El salario medio anual, sumando el de los españoles y el de los extranjeros, se situó en 2010 en 19.113 euros. De esta forma, el sueldo medio anual de los trabajadores extranjeros (10.256 euros) representó el año pasado el 53,66% del salario medio general.
En el caso de las mujeres extranjeras, su sueldo medio anual representaba el 47,09% del salario medio anual femenino (16.209 euros), mientras que en el de los varones, el porcentaje era del 57,81%.
11% DEL TOTAL DE ASALARIADOS
Según destaca UGT, las diferencias salariales entre nacionales e inmigrantes proceden especialmente de los tramos salariales intermedios, es decir, aquellos que se sitúan entre 0,5 y 4,5 veces el salario mínimo interprofesional (SMI). Por el contrario, en las bandas salariales por debajo de 0,5 y superiores a 4,5 veces el SMI, los extranjeros cobran de media más que los españoles.
En 2010, los trabajadores extranjeros suponían el 10,98% del total de asalariados. Se trata de un colectivo laboral menos feminizado y mucho más joven que el de los españoles. Además, las mujeres extranjeras tienen más dificultades para permanecer a lo largo de la vida laboral activa en el mercado laboral español que los hombres extranjeros. El sindicato explica que la brecha salarial entre españoles e inmigrantes se mantiene más o menos en los mismos términos si los datos se analizan por sexos.


Fuentes: Europa Press


© Protestantedigital