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viernes, 18 de noviembre de 2011

Proyecto Blue Beam, el complot del falso dios

Por Alejandro Agostinel

Blue Beam o Rayo Azul es -según el autor que describió el proyecto, el periodista canadiense Serge Monast (1945-1996)- "crear una religión sintética al servicio del Nuevo Orden Mundial". Es también la teoría de la conspiración de moda: en la web, cada vez que alguien difunde fotografías o videos de efectos sobrenaturales o luces no identificadas, puntualmente atribuidas a extraterrestres, fenómenos paranormales o apariciones marianas, nunca falta el especialista que relaciona tales imágenes con "pruebas del Proyecto Blue Beam".
Es que buen número de aficionados al ocultismo están convencidos de su realidad. Para ellos, Rayo Azul es un programa ideado por científicos chiflados, estilo "Doc" Brown de "Volver al Futuro" (R. Zemeckis, 1985), auspiciado por las Corporaciones Unidas del Mal, como el Grupo Bilderberg, el gobierno de los EE.UU., las Naciones Unidas y la NASA. Aseguran que el programa dispone de un arsenal envidiable, con la tecnología necesaria para representar sobre el cielo de cada región del mundo un espectáculo religioso diferente (en las sociedades católicas proyectarían el Cristo o la virgen María, en las orientales a Krishna, entre los musulmanes a Mahoma, en pueblos eclécticos, a divinidades New Age, etc.), equipos de LF y VLF (Baja y Muy Baja Frecuencia) para susurrar directamente en el cerebro de las personas aquello que desean hacerle creer.

UNA TESIS FANTASMAGÓRICA

En 1994, Serge Monast escribió un folleto titulado "The Blue Beam Project", donde denunciaba que esta suerte de satanismo high-tech, basado en el control mental y en la religión, pretendía conquistar el mundo. En 1996, tras denunciar que era perseguido por la Policía y haber pasado una noche en la cárcel, murió de un infarto. Para sus seguidores, Monast fue asesinado por "armas psicotrónicas". Como sea, su muerte consolidó la leyenda.
Hay quienes afirman conocer la agenda de los titiriteros del complot. Y dicen que el Rayo Azul, lanzado desde una constelación de satélites artificiales, lograría reemplazar los sistema de creencias de las sociedades por otro culto, presidido por un Dios políglota, "que se proclamará ante las naciones para imponer una sola religión, un solo tipo de moneda y creando lo que se llamara el Nuevo Orden Mundial". Esa falsa deidad podrá manifestarse bajo la forma de una supuesta invasión extraterrestre, que en rigor será un ardid creado por poderes bien locales para desarmar a los pueblos rebeldes e imponer sin oposición su régimen de terror. Mientras lees esta nota, la computadora que centraliza "toda la información sobre nuestra especie" procesa los rayos que en pocos años cocinarán nuestras neuronas. Por el bien de nuestra especie, claro.
Ese Nuevo Orden Mundial, controlado por poderosas élites que quieren sacarse de encima a las mayorías, no es nuevo en absoluto. La teoría conspirativa para la cual existe un gobierno dirigido desde las sombras y sigue un metódico plan de acción tiene cientos de años. Desde el siglo XVII, las logias anticlericales tuvieron enemigos implacables. Sociedades secretas como la Masonería, los Rosacruces o los Illuminati de Baviera eran candidatas a la acusación (casi siempre equivocada y sin duda impracticable) de pretender dominar el mundo. Tales abusos del lenguaje no deben ser subestimados. Por ejemplo, cuando en el siglo XX una sospecha parecida se transformó en prejuicio de Estado surgieron el antisemitismo y el Holocausto.
La exageración grotesca o el fraude suelen ocupar un papel clave en estos contubernios. "Los Protocolos de los Sabios de Sión" (1902) es quizás la novela involuntaria más dramática de la historia reciente. Entre los que denuncian la realidad del Proyecto Blue Beam, la ficción adquiere nuevos significados. No es que influyan o sirvan de "termómetro cultural", directamente prefiguran el porvenir. Según esta visión, películas como "2001, una odisea del espacio" (S. Kubrick, 1968), "Star Wars" (G. Lucas, 1977) o series como "Star Trek" (G. Roddenberry, 1966-), promueven sutilmente aquellas cuestiones que el Poder nos quiere inculcar. El argumento del film nunca estrenado de "Star Trek-The Motion Picture" (1975) sería casi una avant-premiere del Proyecto Blue Beam. El protagonista es un dios polimorfo que ilusiona a sus fieles hasta el engaño. Por lo demás, el éxito de la serie "X-Files" (Ch. Carter, 1993-2002) o de "El Código Da Vinci" (D. Brown, 2003) da la pauta de que las tesis conspiracionistas aún resuenan profundamente en la sociedad.
El mito de los alienígenas divinizados que impulsaría el Proyecto Blue Beam, angeloides que en principio tendrían poco que ver con los Reptilianos promocionados por el escritor inglés David Icke, es asociado desde hace décadas con tesis conspiranoides. Aquí la tecnología aparece junto con los recursos que usan los falsos amigos alienígenas para que nadie, salvo Icke y sus apóstoles, pueda diferenciar a un terrícola de una maldita lagartija extraterrestre. Otros promotores de esta mefistofélica conjura, como el locutor Alex Jones, hacen un particular pastiche entre la crisis global, las paranoias sociales y las creencias populares. Vendedores de humo del Apocalipsis, como el escritor Daniel Estulin, quien llegó a convencer a Fidel Castro de que sus delirios conspirativos son investigaciones periodísticas, también creen en ese Nuevo Orden.
La doctrina del Blue Beam comparte ideas muy presentes en movimientos cristianos que enfatizan la presencia del Anticristo y Satanás en la lectura que hacen del Nuevo Testamento. No hace falta ser especialista en religiones comparadas para descubrir que esos paralelismos reflejan parecidas preocupaciones y temores. Muchos grupos pentecostales creen que el "número de la Bestia" (666) está cifrado en el sistema de identificación por radiofrecuencia RFID de los códigos de barra, o que la Bestia planea implantar entre los cristianos microchips "que permitirán identificar a los hijos del Señor". En ambos casos, las potenciales aplicaciones de biolocalización a las que se podría prestar esta tecnología fomenta la paranoia, especialmente entre los sectores fundamentalistas.

UN DIOS CON PROBLEMAS PSICOLÓGICOS

Estas ideas también brotan de las falsas ciencias. Un neurocientífico especializado en ovnis y fenómenos paranormales, Michael Persinger, sostuvo que los campos Electro Magnéticos son capaces de generar alucinaciones en el lóbulo temporal. Las imágenes percibidas serían, pues, íconos de la cultura popular. El problema es que ese y otros efectos de la actividad geomagnética en tanto causantes de experiencias psi no pudieron ser reproducidos por investigadores independientes. Tal vez, la explicación de esto es la sugestión.
Jacques Vallée, el investigador en el que se inspiró François Truffaut para personificar al ufólogo que une ciencia y religión en "Encuentros Cercanos del Tercer Tipo" (S. Spielberg, 1977), propuso la hipótesis del Sistema de Control. Las naves que tanta gente dice ver -postuló Vallée allá por los 70- se mezclan y confunden en el entorno socio-cultural, disfrazándose de aquello en lo que las personas creen en cada época. Si bien Vallée nunca puso a prueba su hipótesis, el carácter filo-paranoico de tales "intuiciones" parecen haber confluido en la doctrina del Proyecto Blue Beam.
Hace poco, Vallée aseguró que haces de microondas controladas por un rayo láser podrían haber causado los "enigmáticos" círculos de cereal que aparecen en Inglaterra desde los 80. Basado en un artículo publicado en New Scientist sobre un sistema para desactivar bombas a distancia, el ufólogo dejó de lado la navaja de Occam (elegir la hipótesis que explica más cosas sin complicarse más de lo necesario) para adherir a una teoría conspirativa. Como se sabe, la hipótesis más económica para explicar los círculos es que son hechos por hombres que se ríen de los crédulos.


La existencia de un proyecto donde poderosas fuerzas transculturales pretenderían imponer una religión de diseño para suprimir expresiones genuinas de la cultura popular suena muy forzado. Los avistamientos de "falsos ovnis" que usan como ejemplo, incluso, son facilísimos de explicar. ¿Acaso las teorías conspirativas son mejores que la religión? Ningún culto secular superó la prueba de la espontaneidad. Adeptos a la Iglesia Positivista de Augusto Comte, los transhumanistas y hasta el puñado de devotos de Ummowa tienen casi nulas chances de expansión ante la fe en otro Dios que -exista o no- es consistentemente verdadero para sus creyentes.
Para muchos, la teoría según la cual los dioses se fusionan en uno para permitir el acceso a un Anticristo última generación sólo puede interesar a los antropólogos culturales, los ateos y los humoristas. Sin embargo, no pocos han abandonado su fe religiosa para creer en tesis electrizantes como lass del Blue Beam o del Proyecto Venus de la saga Zeitgeist.
El guión inédito de "Star Trek" que, según dicen, iba a promover el Proyecto también podría ser visto como un manifiesto ateo.
"Si éste es vuestro Dios, no resulta muy impresionante", decía un vulcano de la tripulación de la nave US Enterprise sobre el dios de cartón pintado que resultó ser el Dios de los mortales. "Tiene demasiados problemas psicológicos. Es demasiado inseguro. Exige adoración cada siete días. Hace seres humanos falibles y luego los culpa por sus errores".
La película, polémica para su época, no se rodó. Su creador, Gene Roddenberry, dejaba una pregunta flotando en el espacio exterior: "Es un lamentable ejemplo de ser supremo. Después de todo, ¿qué clase de dios expulsaría a los humanos del Paraíso por comer el fruto del Árbol del Conocimiento?".

Autor: Alejandro Agostinelli es periodista y editor del blog Factor 302.4
Fuente: Blog de noticias ciencias brujas.

jueves, 11 de junio de 2009

¡Te reconoces! HAZ ALGO HOY, DILE SI A LOS VALORES!

Ingresa al link y después retorna al comentario del blog http://www.youtube.com/watch?v=cXODzPK0py4&eurl=http%3A%2F%2Fwww%2Erosiorozco%2Ecom%2Fvalores2%2Ehtml&feature=player_embedded Es posible repartir lo que se tiene y aumentar la riqueza; también es posible mostrarse avariento y perderlo. En cualquier sociedad hay ganadores y perdedores. La diferencia entre los unos y los otros radica en los valores o principios que siguen. El principios de sembrar establece que es posible dar y sin embargo tener más, lo cual significa que está en nosotros el tener poco o mucho.

La diferencia radica en si nos aferramos fuertemente a nuestro dinero, ideas y sueños, o si utilizamos lo que poseemos para ayudar a otros. En otras palabras, sembrar produce una corriente. Recibimos para tomar parte para nosotros mismos y otra parte darnos a los demás. Si tomamos solo para nosotros, estamos deteniendo el fluir y represando la corriente. Como quiera que se mire, la productividad es progreso en la vida.

Beneficios:
Cuando sembramos en otros obtenemos:

1. Punto de equilibrio entre el consumo propio y dar a otros. Si no nos comemos todo el trigo y separamos unas semillas y las sembramos, cosecharemos diez o cien veces más de lo sembrado.
2. Sembrar es realmente asegurar el futuro, porque si dejamos de sembrar, no podemos volver a recolectar.
3. Al sembrar en otros, al cultivarlos, nos cultivamos a nosotros mismos. Sembrar en vida es, pues, un asunto crucial porque cosechamos lo que sembramos. Las posibilidades de recuperar en abundancia cualquier cosa que sembremos, son inmensas.

Características:
En la conducta de las personas que siembran en otros encontramos:

1. Siembran y hacen seguimiento: riegan y podan lo sembrado. Se vuelve un sistema de administración: Debemos dar y hacerle seguimiento a lo dado para hacer que fructifique y nos llegue más y más, de lo contrario no sacaremos nada de esa idea, o del esfuerzo dedicado, o del dinero invertido. La abundancia de la cosecha depende no solo de cuanto se siembra, sino también de los cuidados posteriores. Si no regamos, es conformarse con la mera acción de dar. La multiplicación proviene del seguimiento a la acción; proviene del riego. Hay un viejo adagio que es un principio de vida: "El trabajo nos enseña a crecer" porque cuando plantamos, le hacemos seguimiento a algo. Dar y alejarnos no permite que la buena acción florezca.
2. No están preocupados por reclamar sus derechos. Uno oye decir: "Tengo derecho a esto". Esta actitud es contraria a la de sembrar. Si sembramos tenemos el derecho a creer que cosecharemos sin necesidad de reclamar derechos. Es la fe que ponemos en lo que damos, creyendo que todo volverá. Cuando caminamos por las calles y sonreímos, el noventa por ciento del tiempo recibimos una sonrisa de alguien como respuesta.
3. Se preguntan cuales son las semillas. Puede ser el dinero, el tiempo, los consejos, o los valores, o pueden ser las ideas. Hay muchísimas cosas que podemos sembrar constantemente. Todo regresa. Todo vuelve.

Pasos a Seguir:

1. Siempre siembre. Si no siembra no podrá cosechar. No podrá ser receptor de bienes sin antes constituirse en benefactor para otros. El principio de la siembra constituye la diferencia entre ganar y perder. Los principios universales son efectivos. No siempre producirán recompensa inmediata, pero con seguridad, la traerán.
2. Gánese el pan. El propósito de no alimentar a quien no trabaja es que el hambre conduce a aprender la lección de que hay que ganarse el pan. Si usted no siembra ideas en los demás, no tiene derecho a esperar algo. La vida es un regalo. Lo que pase es el resultado de lo ganado. Usted gana lo que llega a ser.
3. Sembrar abundantemente. El principio de la siembra hace parte de los principios absolutos y no puede ser quebrantado sin sufrir pérdidas. Si sembramos poco, cosechamos poco.
4. No dé lugar a la pereza. Esta impide plantar, sembrar y regar.
5. No permita la mezquindad. La mezquindad hace que usted se aferre al dinero, a las ideas, a los talentos. Atesorar para sí mismos es una clase de temor a la competencia.

El hombre generoso se volverá rico porque es generoso consigo mismo, su tiempo y su talento. Lo que entregamos es lo que construye. Por ello, el principio establece que dando nos volvemos más ricos.

Evaluación:
¿En qué áreas de su vida está reteniendo algo que podría ser una semilla para otros?
¿Qué ha cosechado en su vida?
¿A quién le puede agradecer esa siembra?

Fuente: © 2009 La Red Business Network :: Todos Derechos Reservados

jueves, 10 de julio de 2008

Perspectivas teológicas con respecto a la planificación familiar (I)

Por Luis Eduardo Cantero*, Bs. As. Argentina

Existe un sólido consenso de que la familia es la célula de la sociedad. De esa afirmación depende una serie de hechos que es necesario tener en cuenta. Por ejemplo, que hay una interrelación continua entre familia y sociedad y viceversa. Siendo más específico, la familia cristiana, aunque fundamentada en los principios cristianos y bíblicos, está todavía enraizada en una sociedad y una cultura determinada. Luego, ciertos hechos comunes a cualquier tipo de familia, también le afectan (Roldán, 1991: 268). Dos de los hechos que sobresalen en nuestra sociedad Latinoamericana y que inciden en la familia de hoy tienen que ver con la paternidad responsable o planificación familiar y con la recreación de la familia. En este ensayo nos quedáremos con el primero. Nos dispondremos a analizar a grandes rasgos estos hechos tan importantes y decisivos.
1. Planificación familiar en Perspectiva protestante “Control de natalidad”, “regulación de nacimientos”, “planificación familiar”, son algunas expresiones referentes al proceso por el cual, mediante distintos métodos, se espacian los nacimientos. María Teresa de Schroder, especialista en familia, afirma cosas importantes cuando escribe: “La contraconcepción es el conjunto de técnicas que permiten poner a cubierto temporalmente a la mujer del riesgo del embarazo. Dibe diferenciarse nítidamente de la esterilización, es decir, la prevención definitiva del embarazo, en general por medios quirúrgicos; y no confundirlo con el aborto, que es la destrucción deliberada del producto de la concepción.” (De Schroder, 1975: 218).
Es un problema de todas las generaciones
Aunque la planificación familiar es un problema de todas las generaciones . En cierto modo es un problema que corresponde a nuestra generación. En efecto, como señala Andrés Dumas: “Las treinta mil generaciones humanas que nos han precedido siempre consideraron que la procreación asidua era la primera garantía de la familia y de la supervivencia del grupo. Nuestro problema no ha preocupado más que a las últimas doce generaciones de la especie humana” (1968: 8). Hay varios factores sociales que han generado este problema. Por un lado, está el crecimiento de la población mundial. El Dr. Guillermo Taylor nos ofrece un cuadro al respecto:
Tiempo de Jesucristo 100 millones de habitantes Siglo XV 400 millones de habitantes Hacia 1850 1000 millones de habitantes Hacia 1920 2000 millones de habitantes
Hacia 1965 3135 millones de habitantes
Hacia 1983 4000 millones de habitantes
En 1991 5000 millones de habitantes
En cuanto a la realidad latinoamericana, que es la que más nos atañe, la situación es la siguiente: En 1950 165 millones de habitantes
En 1960 216 millones de habitantes
En 1970 283 millones de habitantes
En 1980 366 millones de habitantes
Para el 2000 562 millones de habitantes
Esto, que se da en llamar “explosión demográfica”. Paralelo a ésta marcha el fenómeno de hambre, miseria, desempleo, desnutrición de los sectores de la población con escasos recurso. El hecho se agudiza proporcionalmente con el nacimiento de cada hijo en los hogares pobres. Y al hambre y la desnutrición se suma el analfabetismo y la falta de escuelas, colegios, universidades, centros de salud, hogares infantiles, viviendas, etc. Es claro que los padres que no tienen qué dar de comer a sus hijos difícilmente podrán enviarlos a la escuela.
Desde otro lente, la planificación familiar obedece al auge enorme que han experimentado las ciencias, en especial la medicina. En muchos sentidos, la concepción dejó de ser un misterio para poder ser estudiada hasta el punto de que hoy los padres podemos saber el sexo de nuestro hijo o escoger un niño o una niña. Este avance de la ciencia médica también ha logrado la creación de píldoras anticonceptivas y varios métodos que permiten el disfrute de la relación sexual sin que ello implique un embarazo no deseado. Al respecto Gómez y Fenoy nos comparte estos métodos que resumimos de la siguiente manera: “Existe una diversidad de métodos de control de la natalidad que cubren un aspecto muy amplio, desde los más antiguos y elementales hasta los más sofisticados y que obligan a la intervención de un profesional para su aplicación. Sin pretender ser exhaustivos, mencionaremos los más conocidos:
1. Coito interrumpido. Este método consiste en que el hombre interrumpe la relación sexual momentos antes de la eyaculación. Entre otros inconvenientes, a veces no da tiempo para producir el orgasmo de la mujer. Requiere del hombre un control perfecto de sus sensaciones. De cada 100 casos produce un promedio de 18 embarazos.
2. El método del ritmo. Conocido también por sus descubridores como método de Ogino Knaus. Se basa en los días en los cuales la mujer no puede quedar embarazada. Básicamente, recomienda abstenerse de las relaciones sexuales durante los días intermedios del mes – fértiles – aconseja esas relaciones para los cinco días posteriores a la menstruación y un lapso similar de la siguiente regla. La probabilidad de embarazo es de un promedio de 24 en cada 100 casos.
3. Preservativos. Llamados Condón que cubre el pene. Su porcentaje de falla va desde el 15% al 20%. Ojo puede provocar disminución de la sensibilidad sexual.
4. Diafragma vaginal. Consiste en un artefacto de goma blanda que, colocado en la vagina cubre la entrada del útero. Puede causar molestias en la mujer y su porcentaje de fallas es de 12%, aproximadamente. Se requiere la intervención de un médico especialista.
5. Barreras químicas. Se trata de óvulos, cremas, aerosoles, es decir, sustancias químicas que tienden a inmovilizar o destruir el espermatozoide. Puede provocar irritaciones vaginales. Sus fallas son del orden del 20%.
6. Dispositivo intrauterino. Conocido como el D.I.U. Este se inserta en el útero e impide de ese modo la concepción. Puede causar hemorragias o dolor, y debe ser colocado por un profesional especialista. Número de fallas es del orden del 5%.
7. Anticonceptivos orales. Conocido popularmente como La píldora. Suprime la evolución de la mujer mediante la administración de sustancias hormonales. Se suministra partir de los cinco días después de iniciada la menstruación y durante unos 20 días. Se suspende una semana y luego se reinicia el tratamiento. Es un método bastante seguro que exige por parte de la mujer ingerir la píldora cada dia que corresponda sin interrupciones. El olvido puede resultar un embarazo no programado. Desventajas de éste puede provocar el aumento de peso, dolores de cabeza y nauseas. Su porcentaje de fallas es del orden del 0.3%.
8. Esterilización. Una intervención quirúrgica puede esterilizar a la mujer o al hombre. Su margen de error es del 0,003%, es decir, casi nulo. Efectos secundarios no tiene, pero si puede tener consecuencias a nivel psicológico, ya que la esterilización es irreversible.” (p. 131 – 134).
Y finalmente, hablando precisamente de la mujer, es necesario recalcar el hecho de su nuevo rol en la sociedad occidental. La mujer cada día expande sus funciones sociales, que veinte años a tras estaban confinadas exclusivamente a la procreación y el cuidado del hogar. La sociedad en general ve la regulación de los nacimientos de los hijos no ya como un índice egoísta, sino más bien como una opción perfectamente legítima. “En resumen, la explosión demográfica, la pobreza, el hambre, la miseria, el analfabetismo, la desnutrición, los nuevos descubrimientos de la ciencia, y el nuevo rol de la mujer, son algunos de los factores más decisivos en cuanto al control de la natalidad”(Roldán, ibíd: 270 – 271).
Que nos dice la Palabra de Dios: aprueba o desaprueba la práctica de la planificación familiar
Debemos reconocer la poca información que la Palabra de Dios nos provea sobre este tema. Sobre todo en cuanto al Antiguo Testamento, podemos afirmar que más bien presenta un planteamiento exactamente inverso a la planificación familiar. En efecto, el Antiguo Testamento reconoce la importancia de engendrar muchos hijos. (Ver Génesis 13: 16; 12: 3). Los casos que el Antiguo Testamento registra de mujeres estériles, ellas se muestran tristes, agobiadas, con evidentes síntomas de frustración como personas. Casos como el de Raquel y Ana (Vea Génesis 30: 1; 1 Samuel 1: 5 – 6.), son ejemplos de lo que decimos. Es que el Antiguo Testamento esta enraizado en un contexto de promesa y descendencia, por lo cual, el engendrar hijos se constituye en una virtud. En el Salmo 127: 3 – 5 leemos: “...herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima es el fruto del vientre. Como saetas en manos del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. Dichoso el hombre que llenó su aljaba de ellos” (Biblia, 1960: 816).
Podemos afirmar que en el Antiguo Testamento el tema de la planificación familiar como tal está ausente, debido a los factores que hemos indicado. Tampoco hay en el Nuevo Testamento algún texto que en forma directa apruebe o desapruebe la práctica del control de nacimientos de los hijos. Indirectamente, acaso podríamos apelar al evangelio de Juan 1: 13 donde se nos dice [a manera de contraste entre hijos humanos e hijos de Dios] que éstos últimos no son engendrado de sangre, ni de voluntad de carne, ni voluntad de varón, sino de Dios. Por deducción, los hijos humanos son producto de la decisión del género humano. Es decir, el ser humano tiene la facultad de decidir cuándo engendrar un hijo. “Por vía negativa, podemos afirmar que mientras el Nuevo Testamento se pronuncie en contra de la inmoralidad sexual como el adulterio, la fornicación y la homosexualidad, nada dice en contra o a favor del control de los hijos” ( Roldán, Ibíd.: 272).
Siga leyendo en Perspectivas teológicas con respecto a la planificación familiar
Fuente: http://www.cristianet.com.ar/

martes, 8 de julio de 2008

La importancia de la relación personal con Dios

El articulo de Scott Yingling es actual, porque realmente como lideres necesitamos recobrar esa relación personal con Dios por medio de la oración. Estoy cursando mis estudios en una facultad teológica, rodeado de muchos estudiantes y compañeros religiosos; sus vidas no reflejan el testimonio de Dios: algunos fuman, toman licor, entre otras cosas. Incluso, difaman, etc. En cambio, los que no compartimos esos hábitos y tratamos de vivir y cuidar nuestra relación espiritual, nuestro testimonio de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas, valorando lo que Cristo hizo por nosotros y nos rescató del pecado, nos consideran moralistas y conservadores. Pero, ellos no se dan cuenta de lo que genera sus malos comportamientos, primero en sus ministerios no hay creciento, no hay poder de Dios, ya que sus iglesias cada día decrecen no pasan de 10 a 20 personas; viven en un mundo dificultades y problemas. En cambio, los que tratamos de cuidar esa vida con el Señor vemos la mano de Dios como nos próspera en lo que hacemos para él. De alli es la importancia de este articulo que les comparto hoy:
Como lideres cristianos la Biblia es un libro de suma importancia. Realmente es la guía para todo lo que hacemos en el ministerio. Preparamos predicaciones y enseñanzas sobre su contenido. También sacamos principios para animar y ayudar a las personas que estamos aconsejando. Decimos que todo lo que creemos se basa en las doctrinas que encontramos en la Biblia. Todo esto es bueno y es cierto. Pero como líderes cristianos hay una tendencia sutil que puede ser peligrosa para nosotros. Tendemos a pensar en la Biblia como nuestro manual de ministerio y facilmente podemos olvidar que es principal y primeramente una carta de Dios escrita a nosotros para la reflexión y aplicación personal.
Podemos enfatizar este punto haciéndonos algunas preguntas: ¿Cuándo fue la última vez que utilizaste la Biblia en tu ministerio? ¿Cuál fue la última cita de la Biblia sobre la cual enseñaste o predicaste? Para mí, estas preguntas son muy fáciles de contestar porque mantengo un enfoque en mi ministerio. En muchas formas mi vida gira alrededor de estas actividades. Ahora contestemos las siguientes preguntas: ¿Cuándo fue la última vez que pasaste tiempo con Dios, reflexionando sobre tu relación personal con él a través de una lectura o estudio de un pasaje bíblico? ¿Cuál fue la última cita que Dios usó para hablarte específicamente sobre un asunto importante en tu propia vida? Para muchos, estas últimas preguntas son mucho más difíciles de contestar que las primeras.
¿Por qué es así? Por que para muchos, el HACER del ministerio toma el primer lugar en sus vidas. Pero la verdad es que nuestro deber principal es ESTAR en buena comunicación y relación con Dios para SER las personas que el quiere que seamos. En nuestro afán de servir al Señor, que en si es algo bueno, olvidamos el principio de Juan 15. Jesús dice en el versículo 5: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en Mí y Yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de Mí nada pueden hacer.” Nuestra meta principal es mantenernos conectados con Dios en una forma personal y estrecha. Debemos de recibir nutrición a través de una comunicación constante e intima. Enfocados así, Dios va a usarnos como extensiones de él para logar grandes cosas en nuestros ministerios.
El desarrollo y mantenimiento de nuestra relación personal con Cristo es la única forma de ver los resultados que deseamos de toda la actividad y energía que dedicamos al ministerio. Jesús nos recuerda que el verdadero ministerio que impacta las vidas de otros no es tanto en lo que decimos (el compartir información), pero lo que somos en él (nuestro testimonio y ejemplo). Nuestra relación intima y creciente con Dios es lo que impacta a la gente y nos impulsa a amar a los demás en el nombre de Jesucristo.
La gran mayoría de los pastores, misioneros y líderes que conozco están de acuerdo con estas ideas. Pero en la realidad de mi vida, encuentro algunas fallas frecuentes en este punto. Muchas veces el dedicar tiempo para reflexionar y estar con Dios queda en mi lista de “actividades no cumplidas” al final de la semana. Semana tras semana deseo estar con Dios pero las presiones del ministerio y de las necesidades urgentes de otros me absorben. No dedico el tiempo necesario para realmente mantenerme bien conectado a él. Luego, estoy desanimado porque no veo que Dios este obrando a través de mi ministerio como deseo. Muchas veces quiero culpar a Dios cuando, a la luz de este pasaje bíblico, es claro que yo tengo la culpa. No estoy obedeciendo el “principio de conectividad constante” de Juan 15.
Oremos juntos el uno por el otro que en estos días dejemos de solamente creer que la relación personal con Dios es lo más importante. Dejamos, también, de predicar a otros sobre la importancia de auto-evaluación y de reflexión personal con Dios a través de la Palabra de Dios. Y hagámoslo una realidad integral en nuestras vidas diarias, confiando que él va a transformar nuestras vidas y ministerios. Seamos fieles cuidando de hacer en nuestras vidas lo que predicamos a otros, Scott Yingling
Director General de ObreroFiel.com

miércoles, 16 de abril de 2008

“Un masón que cambió la historia”: Albert Schweitzer. El mensaje de Cristo en África

“Masones que cambiaron la historia” de Gustavo Vidal Manzanares (Ed. EDAF) capítulo XV (Albert Schweitzer. El mensaje de Cristo en África).
Cuando un periodista del Herald Tribune preguntó a Einstein si se consideraba el hombre más grande del siglo XX, el genial físico contestó: “De eso nada, ni de lejos. El hombre más grande del siglo XX es un título que sólo puede ostentar Albert Schweitzer ninguno podemos compararnos al talento, a la bondad, al ejemplo de Albert Schweitzer”. Galardonado con el premio Nobel de la Paz en 1952, médico, teólogo, filósofo, pastor protestante, misionero, masón y, posiblemente, el mejor intérprete conocido de J.S. Bach, la historia nunca podrá reflejar completamente la grandeza de este hombre excepcional. Albert Schweitzer nació en 1875 en el seno de una familia creyente afincada en la pequeña localidad alsaciana de Kaysersberg. Una mañana acudió a la iglesia que pastoreaba su padre y quedó deslumbrado por el órgano que había sido donado al templo. Los tubos dorados y relucientes, la madera lustrosa y las teclas de nácar, hipnotizaron al pequeño. Enseguida comenzaron las clases de música. Albert recorría a diario una ladera cuajada de tilos, cerezos y añosos castaños con la tétrica montaña de la Horca al fondo, para recibir las enseñanzas musicales de la profesora Nadja. Una tarde, la señorita Nadja invitó al célebre maestro Münch. Cuando el alumno finalizó su interpretación, el profesor susurró: “Es lo más grande que he oído nunca, es el inicio de algo supremo”. Por aquellos tiempos, una anécdota iba a moldear la conciencia limpia de Schweitzer. En la ciudad de Colmar, se detuvo frente al monumento al almirante Bruat. Pero la mirada del pequeño fue más lejos. Junto al militar, la silueta en bronce de un negro arrodillado, sumiso, triste. Años después, Schweitzer confesará: “Aquella mañana en Colmar, frente al monumento a Bruat, cambió mi vida. Al contemplar la escultura del africano, empecé a reflexionar sobre el desamparo a la raza negra, la explotación de un hombre por otro, la injusticia que se enseñorea del planeta…” Los siguientes años transcurrieron entre interminables sesiones de música y estudio. Superado el bachillerato, el joven dirigió sus pasos hacia el seminario de teología protestante del Collegium Wilhelmitanum frente a la iglesia de Santo Tomás en Estrasburgo. Tras años de esfuerzo, cursó teología, música y filosofía. Mientras prepara su tesis doctoral “Filosofía kantiana de la religión”, cruzará el patio de butacas de los principales auditorios. “Albert Schweitzer. Intérprete de J.S.Bach” cosechará los primeros aplausos.
Pero este cristiano verdadero no dará importancia al éxito y las ovaciones, jamás presumirá de sus laureles y, muy discretamente, preparará sus oposiciones a la cátedra de teología de la Universidad de Estrasburgo. Su universalismo, en la más cristalina agua masónica, le lleva a rechazar los nacionalismos excluyentes. “El amor a la patria no debe basarse en la exclusión ni el desprecio a los diferentes” concluye en su obra “Nosotros, los epígonos”. El éxito de ventas tampoco ensoberbece a Schweitzer. Al contrario, encerrado en su viejo caserón de Alsacia, se formula, noche tras noche, la misma pregunta: ¿Tiene sentido ser un artista famoso, un catedrático, un auténtico intelectual, mientras en el mundo campa la injusticia? ¿Qué hago yo para combatir la ignorancia, la codicia, el fanatismo? Los principales auditorios del planeta se propinan codazos por contratarlo, sus libros sobre teología y filosofía se exhiben en los escaparates de todas las librerías, su cátedra brilla en el concierto universitario… pero Albert Schweitzer no se deja arrastrar por la vanidad. Al contrario. Cada noche, le atormenta la misma duda… ¿qué hacer? El 14 de enero de 1905, un sudoroso cartero carga dos sacas. Los matasellos, desde todos los rincones de la tierra, desbordan las talegas. Todos con el mismo destinatario: “Albert Schweitzer, felicidades en su treinta cumpleaños”. Este reconocimiento no parece impresionarle. Reunido con sus familiares, les comunica su decisión: -Me voy a vivir a África -Pero, Albert, ¿te has vuelto loco? ¡Un hombre tan famoso!, ya hay muchos pastores en África, no vas a predicar mejor que ellos… -Bueno, voy a predicar a Cristo, sí, pero no voy directamente a eso. Quiero decir, no voy a África para soltar sermones como aquí. Voy a predicar, pero con el ejemplo y, para ello, primero cuidaré sus cuerpos. -Pero, Albert, si tú no sabes ni desinfectar una herida -Nadie nace sabiendo, por ello en los próximos días voy a matricularme en la Facultad de Medicina. Pocos días más tarde, los alumnos de la Facultad de Medicina contemplan una escena inusual. En el primer banco, tres muchachos de menos de veinte años. Junto a ellos, un hombre de mostachos, aire grave y catedrático de teología en esa misma universidad. Un alumno de primer curso, licenciado en teología, filosofía y música. Un estudiante con docenas de miles de libros vendidos, aclamado en auditorios, ovacionado… pero él no da importancia a eso.
Es un verdadero cristiano y quiere ser médico para curar a negros africanos de los que nadie se acuerda. En 1911 Albert Schweitzer recoge su título de Medicina. Junto a su esposa, Elena, recuerda las noches sin dormir, los ensayos, los conciertos… presenta su dimisión en la cátedra de teología y en la iglesia de San Nicolás. Su último sermón “Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida” arranca lágrimas en algunos feligreses. Pocos meses después, cierra la última de las sesenta cajas que llevará a Lambarené, donde fundará su hospital. La casa destinada a los Schweitzer se hallaba sobre una colina azotada por el sol. Palmeras frondosas cimbreaban sobe el río infectado de cocodrilos e hipopótamos. En los faldones del altozano, pequeñas casas misionales se protegían del calor bajo las sombras de cocoteros, naranjos y cafetos. Unos metros más allá, la selva y, entremedias, una verdadera legión de enfermos movilizados por el tamtan.Úlceras sangrantes, piernas deformadas, vientres inflados, bocas desdentadas, caderas rotas, seres olvidados con sus ojos fijos en “el gran hechicero blanco”. Tras unas primeras semanas agotadoras, los Schweitzer reciben la visita de su amigo, y anterior misionero, el padre Morel. Al caer la tarde, pasean entre la fronda. -Mira, Albert, en aquel cobertizo derruido guardaba yo las gallinas. Schweitzer se detiene. Contempla con fijeza el chamizo. -Padre Morel, ahí construiré mi hospital. A fin de cuentas, Jesús nació en un establo. Un mes más tarde, en el cobertizo restaurado cuelga un cártel. “oganga-médico”. Tras el rótulo, aguardan más de cuarenta enfermos. Enseguida, el hospital del gallinero quedó colapsado. El matrimonio repasó el saldo bancario. “Aún queda dinero y, si faltase, iría una temporada a Europa a dar conciertos” A su condición de fundador y financiador, une la de albañil, fontanero, carpintero y pintor. En pocas semanas, el hospital cuenta con pabellón para enfermos contagiosos, sala de espera, consulta, farmacia y cámara de esterilización. Toda la maquinaria parece funcionar perfectamente lubricada. Pero unas gotas de sangre van a griparla: comienza la Primera Guerra Mundial. Una mañana se recibe el siguiente telegrama: ”El doctor Schweitzer y su esposa son súbditos del emperador. Por tanto, al recibir esta notificación deben considerarse prisioneros y no abandonarán su domicilio hasta nueva orden”. El cautiverio dura poco. Miles de enfermos se amotinan al saber que “el curandero blanco”, su sanador, se halla arrestado en su domicilio. Las autoridades, que no quieren problemas de orden público, derogan la orden. Sin embargo la sinrazón de la guerra golpea de nuevo. Un nuevo decreto ordena el confinamiento de Schweitzer y su esposa en un campo de concentración. Será embarcado, junto a otros prisioneros alemanes, rumbo a Europa. Entre los muros de su prisión escribirá “la decadencia y resurgimiento de la cultura” junto a varios ensayos sobre Juan Sebastián Bach. Las ganancias de estos nuevos éxitos literarios irán a parar al hospital de Lambarené.
Concluida la guerra, Europa se recupera de los bombardeos y comienza a alzarse entre sus rescoldos. La magia de los dedos de Schweitzer volverá a desplegarse en múltiples auditorios. Giras, conferencias, publicaciones, donativos… en la Universidad de Upsala (Suecia) veinte mil jóvenes reciben al misionero con antorchas encendidas. En aquella noche nórdica, Schweitzer impartirá una conferencia: “El profundo respeto a la vida”. Tras aquella jornada memorable es invitado a Inglaterra, Suiza, Dinamarca, Checoslovaquia… las universidades europeas de abolengo guardan turno para escuchar al “referente moral de nuestro tiempo”. Su nueva obra “Entre el agua y la selva” se traduce a docenas de idiomas. La cuenta corriente de Schweitzer comienza a acumular ceros. Sin embargo, nada será para él. Hay que regresar a Lambarené y terminar el nuevo hospital. Y, de este modo, el 23 de febrero de 1924, emprende el largo regreso a la selva, al verdor impenetrable, al calor húmedo, al sonido interminable de los tamtanes. Atrás quedan los aplausos, las recepciones ante Jefes de Estado, los flashes de la prensa, los honores, las candilejas. Hace tiempo que en Europa acabó la guerra. Pero él quiere regresar a “su” guerra. Una guerra de amor. Una guerra contra el dolor, la miseria, las enfermedades. Una guerra de entrega al prójimo. Los siguientes años, el pastor Schweitzer viaja continuamente a Europa. Recorre el continente ensamblando conciertos triunfales y multitudinarias conferencias. Suiza, Dinamarca, Suecia, Bélgica, Holanda, Alemania, Checoslovaquia, Inglaterra, España, Francia, Grecia, Finlandia, Hungría… en pocos rincones del continente dejan de resonar las palabras de Schweitzer, su sacudida a las conciencias adormecidas. Pero a él, los honores le importan poco. Sólo ve que todo eso le reporta dinero, mucho dinero. Y hasta la última moneda irá a parar al hospital de África. La persona de Schweitzer es ya un fenómeno mundial y de todas partes fluyen donativos para su obra. En 1928, la ciudad de Francfort le concede el premio Goethe, dotado con veinte mil marcos. Con la siguiente condición: -Doctor, el dinero de este premio lo va a dedicar usted a construirse, de una vez, su propia casa, le guste o no. -Bien, de acuerdo, pero regresaré a África tan pronto acaba mi último libro, “La mística del apóstol Pablo”. Poco después, una sombra se cierne sobre el mundo. Schweitzer lleva años barruntando la catástrofe. Ha percibido el desprecio de itler. por la vida. Desde su visión cristiana y masónica, Schweitzer contemplará con horror el apoyo de muchas autoridades religiosas a los nazis. Múltiples pastores, diáconos y fieles admirarán, junto a las clases más acomodadas, la “seriedad”, “el antirrelativismo”, el “orden” de los nazis. Tras la tempestad de acero y sangre de la Segunda Guerra Mundial, Schweitzer regresa una temporada a Europa. Sabe que ya no se pertenece a sí mismo. Pertenece a la humanidad. Deleitará a multitudes con sus manos prodigiosamente dotadas para la música, estrechará la de artistas, reyes, presidentes de gobierno, celebridades de todo pelaje… Pero a Albert Schweitzer toda esa gloria parece importarle bien poco. De vuelta en Lambarené, invierte en el hospital las suculentas ganancias. Una mañana, mientras discurre cómo arreglar el tejado del hospital, un fornido africano le entrega un telegrama. “La Fundación Alfred Nobel tiene el honor de concederle el premio de la Paz…”
El doctor dobló el telegrama, lo guardó en el bolsillo trasero del pantalón y regresó a su consulta. Horas después, un colaborador conecta la BBC: Creo que todos podemos suscribir las palabras del científico Albert Einstein cuando afirmó que el doctor Albert Schweitzer es el hombre más grande de este siglo. Todos nos sentimos impresionados por sus llamamientos hacia el respeto profundo a la vida, y como bien se hace constar en el informe Curtis, el hospital de Schweitzer es una membrana entre culturas. Practica civilización y no solamente medicina. Simboliza los valores en una época cada vez más materialista. Bien, poco puedo añadirse a las palabras de Einstein o de Curtis, tan solo expresar nuestro gozo por la concesión del premio Nobel de la Paz a este hombre, posiblemente, repito, el hombre más grande de este siglo… -Albert, Albert… -Sí, ya sé lo que me vas a decir. Recibí el telegrama esta mañana. A continuación, el doctor extrajo de su bolsillo trasero el documento doblado y húmedo de sudor. De momento no voy a ir a recoger el premio porque el trabajo aquí no puede esperar. Ahora bien, el dinero si que hay que recibirlo… ¡las ciento cuarenta mil coronas nos vendrán de maravilla para arreglar el tejado de la sección de leprosos! Albert Schweitzer jamás aludía al Premio Noble, salvo en expresiones cuajadas de humor. “No me gruñáis, eh-decía a su perro y a su chimpancé- ahora me debéis un respeto… que soy todo un premio Nobel”. Los años siguientes, aquel pastor protestante, misionero, médico, músico, teólogo, masón, filósofo, apenas salió de África. Entregaba sus horas a la atención de sus enfermos y las labores organizativas del hospital. Un día, los tamtanes retumbaron con ecos de angustia. “El gran hechicero blanco está en peligro. Los malos espíritus atacan su corazón para que deje de latir”. Así, el 5 de septiembre de 1965, aquel corazón bondadoso dejó de latir. Sus restos yacen junto a los de su esposa en Lambarené. Bajo el beso misterioso de la selva africana. Cuando empecé esta colaboración, pensaba establecer un contraste ente el cristianismo de Albert Schweitzer y el “cristianismo” integrista, conservador. Es evidente que no he trazado ese paralelismo… ¿acaso es necesario?

martes, 8 de abril de 2008

"Nosotros venceremos, Nosotros venceremos, Algún día, Nosotros venceremos." Martin Luther King

Elena Cardona nos comparte su mirada femenina, de lo que significa Martin Luther King en sus luchas y vivencias como mujeres que hacen reflexión teológica. Ella encabeza su artículo con el lema: "Nosotros venceremos"(1) y se repite la misma frase con un anhelo desesperante, pero se diluye en el silencio de la duda o el temor que significaba ser el profeta de una comunidad marginada por la sociedad blanca: "Algún día, nosotros venceremos".
Ese algún día no puede quedar en la memoria histórica, ese algún día no puede quedar como una oración o un canto congregacional. Este es un llamado urgente a la sociedad bautista del mundo, tiene relevancia la pregunta de Cardona ¿Quien tomará después de cuarenta años la insignia de ser testigo de su proyecto liberador? Recuerda hermano bautista que la Palabra de Dios nos interpela, cuando el profeta Ezequiel desafiaba a sus oyentes "Busqué entre ellos un hombre que levantara una muralla y que se pusiera en la brecha delante de mí, a favor de la tierra..." (22:30)
Creemos que Martin Luther King fiel a la voz de Dios, asumió este llamado de ser un hombre que no solo edificaría murallas, sino que se puso al frente de la construcción de una nación libre de toda marginación, exclusión, explotación entre negros y blancos, entre pobres y ricos. Ese sueño de algún día (...) Los negros y blancos se sentarían juntos a comer, etc., produjo que los enemigos de la libertad le impidieran hoy cumplir 79 años. Sonó un disparo que segó su vida, el abanderado pastor bautista pacifista, condecorado por sus logros en la no violencia, Nobel de paz, dejó este mundo para encontrarse con Dios, sintiéndose orgulloso de sí mismo como horas antes lo había dicho: "Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy, en la que será ante la historia la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestro país."
Historia que sigue abierta para ser escrita, pero no una historia para ser leída en las aulas de las universidades, fundaciones universitarias, seminarios y/o institutos. La historia siempre sigue abierta para aquello que realmente quieren ser historiadores eclesiásticos, teólogos y pastores críticos, como afirma Cardona:

"Murió el hombre, pero no su ideal. Nos quedan sus escritos, llenos de sabiduría, y su vida, ejemplo de entrega a Dios y a los demás, de coherencia y compromiso. 4 de abril de 1968. Un siervo de Dios fue asesinado por defender aquellos valores en los que creía firmemente, valores arraigados en su fe cristiana, valores de justicia y paz. 4 de abril de 2008. Cuarenta años después, ¿quién será el testigo?"(2)

Hoy nuestros pueblos latinoamericanos están siendo amenazados por las guerras, el narcotráfico, guerrillas, bandoleros, etc. Y piqueteros que en vez de ser la voz de los que no tienen voz "los chacareros" se convierten en la voz de los explotadores en el caso argentino. Cuarenta años después ¿quién será el testigo? Los bolivianos, peruanos, que son marginados por su cultura y dialecto por la sociedad Argentina; bolivianos que han sido engañados y vendidos como esclavos en los talleres y las redes de la prostitución en Argentina, cuarenta años después ¿Quién tomará la bandera de la lucha por liberar a los que sufren? Colombia que vive bajo la sombra de la guerra y el olor a muerte, que ha cobrado víctimas; pastores, líderes, sacerdotes y fieles han sido asesinados por no tomar partido. Cuarenta años después ¿quién será el líder que tomará las banderas de la profecía de no más FARC, no más secuestro y juntos proclamar queremos que liberen a miles de secuestrados? En fin hay muchas cosas que debemos comenzar a construir una sociedad bautista latinoamericana unida a la lucha por la libertad de miles de secuestrados, de explotados por las bandas a merced del Estado.
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(1) Elena Cardona, España. http://www.lupaprotestante.com/index.php?option=com_content&task=view&id=1025&Itemid=1
(2) Ibíd.,

domingo, 23 de marzo de 2008

LA PASION SEGÚN MEL GIBSON. El sufrimiento como mercancía

El Lic. Carlos A. Valle pastor y comunicador profesional especialista en temas de radio y televisión, fue invitado al Seminario interdisciplinario de doctorando del Instituto Universitario ISEDET el año pasado para que nos mostrara la relación entre el cine, la iglesia y la teología. Durante las clases comprendimos la maquinaria que mueven los grupos de poder con el objetivo de someter a los pueblos con ciertas ideologias. Pensando en esta pascua he querido compartir el siguiente artículo del pastor Carlos A. Valle, espero que él mismo sea una ayuda para nuestro quehacer teológico y pastoral:
LA PASION SEGÚN MEL GIBSON: El sufrimiento como mercancía
El filme llega –gracias a una bien planeada estrategia de promoción- precedida de una controversia teológica sobre posibles acentos de antisemitismo, interpretación de los Evangelios, inclusión de relatos extra bíblicos y mucho más. En la historia de la Iglesia Cristiana, algunas de estas controversias han alimentado las divisiones, el odio, la persecución y sembrado la muerte. Por eso es importante comenzar mirando este filme a partir de la mirada de los espectadores. Si bien es importante conocer de cada obra la intención de su autor, no es menos importante conocer qué es lo que en realidad ha leído el espectador. Porque una vez que un filme se proyecta su recepción siempre estará mediada por el espectador no importa las buenas intenciones de realizador o su interés manipulador.

Reacciones emocionales
La mayoría de los comentarios más elogiosos y más críticos de “La Pasión de Cristo” provienen de círculos religiosos que han hecho –y no podía ser de otra manera- su propia lectura a partir de sus convicciones y sentimientos religiosos. Gibson hizo todo lo posible para que, especialmente los grupos cristianos y judíos más conservadores, tuvieran acceso previo al filme y lo apoyaran.
Llama la atención que el tema de discusión se haya centrado mayormente en lo que se considera un marcado antisemitismo. Las referencias a las ideas ultra conservadoras de Gibson y las intencionadas referencias al antisemitismo pregonado por su padre, parecen dar un marco para confirmar cualquier sospecha discriminatoria. La versión final del filme es, en cierta medida, el fruto de las variadas reacciones de los grupos que tuvieron oportunidad de verlo antes de su estreno. Eso le permitió a Gibson ir conociendo la reacción del público (especialmente religioso) y hacer los ajustes necesarios suavizando algunas escenas o cortando texto a fin de que la versión final fuese atractiva pero no excluyente.

La audiencia manda
Gibson no estaba haciendo nada nuevo. Las exhibiciones pre-estreno son el filtro establecido en Hollywood a fin de evitar que la audiencia no se retraiga y que merme la recaudación. Si la reacción es negativa se procederá a cortar o cambiar. En “La Pasión de Cristo” como resultado de este test, por ejemplo, se ha quitado una frase con la que el pueblo se hace responsable de la condena de Jesús cuando le dice a Pilatos: “Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos”. Dicha frase erizó la sensibilidad de algunos grupos judíos porque trae el eco de viejas posturas antisemitas que sostuvieron los cristianos, que acarrearon tanto dolor e injusticia, y que quisiéramos ver para siempre erradicadas. Lo llamativo aquí es que la frase proviene del Evangelio de Mateo. Se podrá argüir sobre la conveniencia o no de llamar la atención a ciertos textos, pero en una película donde la mayor violencia es ejercida por los romanos, aunque los religiosos judíos azuzan el fuego convirtiéndose en los “autores intelectuales” de la condena de Jesús, sólo puede entenderse que se la ha leído desde la perspectiva histórica y no de la trama del filme. Porque leer en este filme una intención antisemita es darle demasiada importancia a los puntos de vista propios de sus críticos. Lo que pasó en el Siglo Primero, pasó. El rechazo a cualquier forma de antisemitismo, como cualquier discriminación, no se logra con el cambio de la historia, sino con la superación de las injusticias.

Si se tratase de un hombre común ¿sería otra la historia?
Si no se tratase de un filme sobre la Pasión de Jesús –en la que el sufrimiento tiene una fuerte connotación teológica- sino de la historia de un hombre desconocido que ha sido condenado injustamente y se nos permite asistir a su juicio, castigo y crucifixión, tendríamos que decir que se trata de un filme sangriento, marcadamente sádico y tendiendo a lo morboso. En ese sentido Hollywood nos ha dado muestras de cómo, filme tras filme, se puede tensar más la cuerda y aumentar el caudal de violencia. En su momento, el legendario director de cine estadounidense, Sam Peckinpah -en filmes como “La Pandilla Salvaje”(1969) o “Los Perros de Paja” (1971) - acentuaba la violencia hasta hacerla repulsiva porque creía que era una forma de producir su rechazo. Más recientemente, Quentin Tarantino, con su “Reservoir Dogs” (1992) y últimamente con “Kill Bill” (2003), hizo de la sangre una fiesta del desborde de lo grotesco y de la caricatura.

La violencia y el sufrimiento

Gibson parece no estar interesado en llamar la atención sobre la locura de la violencia ni para rechazarla o desvirtuarla. Parece más bien interesado en acentuarla, para señalar que el sufrimiento al que es sometido Jesús es en sí mismo expresión de su misión. Es como si dijera: cuanto más sufre mejor cumple su tarea. La interminable andanada de golpes que los soldados romanos le asestan a Jesús comienza desde el momento mismo en que lo toman prisionero hasta el instante de ser crucificado. En medio, la larga e interminable escena del azotamiento, donde el cuerpo de Jesús se va como desgajando mientras su sangre brota sin cesar salpicando a los soldados romanos, cuyos rostros se encienden con el brillo del goce sádico. Como aquí no se trata de una historia sobre la que no se sabe cómo va a continuar. La reiterada violencia de la flagelación preanuncia una mayor muestra de crueldad en el acto mismo de la crucifixión. La cual se encuentra enmarcada con una banda musical de tono sombrío y envolvente, mientras se resaltan los sonidos de los látigos y el estrépito de las reiteradas caídas de Jesús. Esta crueldad creciente se ve matizada mayormente con recuerdos de las charlas de Jesús con sus discípulos donde se destacan sus exhortaciones al amor y los anuncios de su segura pasión.

Especulando visualmente el dolor
Se podrá decir que Gibson no falta a la verdad al explicitar que los sufrimientos de Jesús en su pasión fueron dolorosos y crueles. Pero una cosa es explicitarlos y otra usarlos para manipular con una prédica medieval al espectador. Este uso marcado de la sangre, el sufrimiento, la tradición católica lo ha plasmado en muchas de sus imágenes. Expresa una concepción teológica en la que el sufrimiento -cuanto mayor sea mejor- es motivo de purificación y redención. Al contrario de los Evangelios, cuya sobriedad sobre la pasión de Jesús son muy destacados, aquí el embeleso del sufrimiento por el sufrimiento mismo hace que las imágenes se reiteren y se ahonden en un juego que puede tornase perverso.

Al mismo tiempo, la presencia de Maria, la madre de Jesús, se destaca como una presencia cálida y como una compañía esencial en la vida de Cristo. Más que las palabras comparten miradas que lo dicen todo y unos poco contactos físicos como rozar su mano o besar sus pies. Maria es una madre cuyo dolor delata su fragilidad pero fortalece su dignidad porque procura denodadamente estar muy cerca de su hijo.

El diablo andaba por ahí
Otra presencia, no muy mencionada en las críticas del filme, es la de Satanás. Aparece en varias oportunidades, como una pálida figura femenina que mira fuera de la trama de la historia. Husmea en el huerto de Getsemaní mientras Jesús ora para enfrentar su pasión. Como previendo que se avecina un fracaso, augura que ningún ser humano tendrá la fuerza para soportar tal momento. Merodeará luego junto a la multitud teniendo en sus brazos lo que semeja una pequeña criatura pero que resulta ser un enano cuyo demacrado rostro destila en su mirada amarga ironía. Finalmente, una vez que Jesús ha exhalado su espíritu, aparece emitiendo un desgarrador grito agónico mientras la cámara se va alejando hasta que su figura se esfuma. ¿La culminación del sufrimiento de Jesús es el final de Satanás? Pura conjetura.

Religión: Cómo ganar audiencia
En la historia del cine muchos intentos se han hecho por plasmar en imagen y sonido el hecho de Cristo. Algunos resultados fueron grotescos, otros simplemente reflejaron una cultura y teología particular. Así se podría hablar desde la propuesta de Cecil B. De Mille con “Rey de Reyes” (1927) hasta Pier Paolo Pasolini con su “El Evangelio según San Mateo” (1964). Talvez lo nuevo en este caso es su marcado acento en la violencia y la sangre, que no se había conocido hasta ahora en este tipo de películas. Llamativamente no es este el motivo de las polémicas que ha suscitado, sino aspectos básicamente ausentes en el filme. En su momento Martín Scorcese con “La última tentación de Cristo” (1988) había levantado mucha más polvareda siendo acusado de hereje, lo que trató de ser usado como apreciable motivo de promoción. Pero parece ser que la taquilla no le favoreció demasiado. Para Mel Gibson la reacción polémica ha sido menor. Lo que parece estar atrayendo grandes audiencias –que se traduce en una abundante recaudación- es la descarnada presencia del sufrimiento, la violencia y la sangre. Para algunos, la religión sigue siendo un buen negocio

domingo, 7 de octubre de 2007

"La religión funciona, sé que hay consuelo en ella" Expreso BRAD PITT


El actor estadounidense Brad Pitt, de 43 años, admitió que por fin ha hecho las paces con la fe religiosa y que durante sus años en la secundaria tuvo "una crisis en este sentido".

En declaraciones a la revista estadounidense Parade, dominical que se distribuye con 380 periódicos en todo EEUU, Pitt dijo que durante ese período escolar "iba a ceremonias de fervor cristiano y me sentía conmocionado por el Santo Espíritu y luego asistía a conciertos de rock y sentía lo mismo". Pitt, quien recibió clases de periodismo en la Universidad de Missouri, explica que cuando comenzó a cuestionar la religión "no fue una pérdida de fe para mi, fue un descubrimiento de mí mismo". Dijo también que durante esa época de dudas recibió apoyo de una amiga que era la hija de un predicador metodista. "No estaba enamorada de mí, aunque estuvimos juntos alrededor de un semestre. Ella me ayudó más que nadie en situarme hacia la dirección correcta. Era realista hasta la médula. Me dijo que me dejara de bobadas sobre cualquier idea romántica con la que había crecido en mi vida", indica. El actor, que creció en el seno de una familia bautista, además explica que hoy en día piensa que la "religión funciona, sé que hay consuelo en ella". Para el popular actor hoy por hoy, la fe es un "código personal de valores". "He definido mis creencias y he vivido de acuerdo a ellas y no las he traicionado", manifiesta. Fuente: Agencias/ Redacción: Iglesia En Marcha.Net