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martes, 7 de septiembre de 2010

Carta a Éfeso y la maldad humana

Por. J.A. Monroy, España*
En los artículos anteriores he comentado los mensajes del Cristo celestial a las Iglesias en Filadelfia y Laodicea. Hoy trato de Éfeso, donde Cristo se refiere a la maldad que anida en el corazón del ser humano.
Éfeso era la capital de la provincia del Asia Menor. La iglesia fue fundada por San Pablo en el curso de su tercer viaje misionero.
Entre las palabras de Cristo a esta iglesia hay un mensaje de esperanza ante la maldad humana: “No puedes soportar a los malos” (Apocalipsis 2:2).
Yo comencé a predicar el Evangelio a tiempo completo hace muchos años. Los jóvenes predicadores de aquella generación y yo creíamos que íbamos a cambiar el mundo. Al menos el pequeño mundo que nosotros podíamos alcanzar.
Pero hoy día el mundo es peor que cuando yo empecé a querer cambiarlo.
Poco después de haber creado al ser humano, cuando sólo habían pasado unas diez generaciones antes del diluvio, encontramos estas estremecedoras palabras: “Y vio Dios que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5).
¡Resulta muy duro de creer!
Siglos después, el apóstol Pablo dijo en su epístola a los Romanos que aquel mundo estaba atestado de envidia, homicidios, contiendas, engaños y maldades (Romanos 1:29).
EI mundo en el que vivió Pablo tenía 200 millones de habitantes. Hoy somos 7.000 millones. A más población, más maldad. ¿Qué escribiría Pablo hoy? ¿Merece la pena seguir creyendo?
Cuando la vida parece muy difícil de sobrellevar ...
Cuando a la gente buena le suceden cosas malas ..
Cuando el mal triunfa sobre el bien ...
Cuando Satanás parece llevar la delantera ...
Cuando las fuerzas del mal actúan sin restricción ...
Cuando la muerte sigue aplicando su aguijón y el sepulcro parece tener la victoria ...
Cuando las estrellas caen del cielo ...
Cuando las montañas se hunden en el mar ...
Cuando los demonios invaden la tierra ...
Cuando la sangre de los inmolados se eleva hasta los frenos de los caballos ..
Cuando las peores pesadillas que se puedan concebir se convierten en realidad
Cuando te sientes calumniado y traicionado por tus propios hermanos en la fe.
La respuesta es sí.
Merece la pena seguir viviendo en la esperanza. Porque esa esperanza tiene un nombre: Jesús. “Es Cristo en vosotros la esperanza de gloria”, dice Pablo (Colosenses 1:27).

*J.A. Monroy es escritor y conferenciante internacional.

Fuente: © J.A. Monroy, ProtestanteDigital.com (España, 2010).

1 comentario:

hector dijo...

Gracias por el animo