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sábado, 3 de octubre de 2015

Diaconía cristiana en proceso de transformación social, nueva obra del teólogo Benjamín Cortés


De izquierda a derecha: Blanca Cortés de la FEET, Patricia Castro decana de STB y el autor (sentado) Benjamín Cortés

Por Trinidad Vázquez, Nicaragua
“Diaconía  cristiana en  proceso de transformación  social” es  la nueva obra de  519 páginas, del Dr. y Teólogo Benjamín  Cortés, Rector de la Universidad Evangélica Nicaragüense, EUNIC, que tuvo muchos comentario positivos y elogios de pastores e invitados especiales al debate- café teológico que tuvo lugar en la aula magna del Centro Intereclesial de Estudios Teológicos y Sociales,CIEETS.
El  teólogo bautista Jerjez Ruiz y la pastora Patricia Castro, Decana del Seminario Teológico Bautista de  Managua, durante el tiempo de comentarios en  la presentación del libro, reconocieron que Cortés ha dado significativos  aportes a la iglesia evangélica de Nicaragua por ser un pastor  preocupado por el  pueblo desde su comunidad de fe, la Iglesia de Cristo.
Benjamín es un hombre que  piensa  y actúa  y la prueba es  la Facultad  Evangélica de Estudios  de Teología (Feet), el  Cieets y  ahora  y la más reciente UENIC;  sugirió que  Diaconía  se incluya en los planes de  de estudios para sacar una maestría o postgrado en estudios de teología.
Patricia Castro reconoció que Cortés, ha servido grandemente en  la obra evangélica y su  nuevo libro nos señala los pasos del cumplimiento de  la misión  integral y me encanta, dijo, el valor que le  da a las mujeres en la lucha de la Reforma Protestante.
La Decana de la FEET, Blanca Cortés, dijo que la obra es una guía en las distintas etapas de la diaconía y lo hermoso es que reconoce la presencia de la mujer en ese ministerio.
El autor de obra dijo que Jesús fue un diácono  que no poseía nada. “Fue un diácono de servicio en favor de los niños, jóvenes y mujeres”.
Recordó que el teólogo René Padilla replanteó una diaconía Integral  que aborda todas las esferas del ser humano. Planteó que  la Misión  integral de la iglesia en Nicaragua a través del servicio debe ser amplia y acompañar a los migrantes que sufren, debe demandar el cuido de la creación y combatir  el desempleo y el hambre en la región.
Cortés agradeció la asistencia y elogios de su obra y dijo que había que seguir contribuyendo y construyendo la espiritualidad de la diaconía  en una continua reflexión  teológica y escribirlas. “Hay necesidad  de discernimiento  con la iglesia y la prioridad es  la diaconía en este siglo en el proceso de desarrollo integral”.
Fuente: ALCNOTICIAS, 2015.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Wolfhart Pannenberg: muerte de un gigante

Por. Will Grahan*
El teólogo fallecido el pasado 5 de septiembre será recordado por el espíritu científico que caracteriza a su teología.


Wolfhart Pannenberg, el renombrado teólogo protestante, ha fallecido en Múnich (Alemania) a la edad de 85 años. Reconocido ampliamente como uno de los mayores pensadores del siglo XX, el alemán murió el viernes pasado (5 de septiembre) después de dedicar su larga vida a las Escrituras y a la educación teológica.
ESTUDIANTE Y PROFESOR
Después de su conversión ‘intelectual’ al cristianismo como joven, Pannenberg estudió Teología y Filosofía en Berlín, Gotinga, Basilea (lugar donde aprendió bajo otro gigante de la fe evangélica, Karl Barth) y Heidelberg. Publicó su tesis doctoral en 1954 en la cual analizó la perspectiva del teólogo luterano Edmund Schlink (1903-84) sobre la predestinación en la obra del filósofo medieval Juan Duns Escoto (1266-1308).
A partir del 1958 hasta su jubilación en el 1993, Pannneberg sirvió como docente en el mundo académico. A lo largo de su distinguida carrera teológica, Pannenberg impartió cursos universitarios en Maguncia, Chicago, Harvard y Claremont (California). Sin embargo es más conocido por las dos décadas que enseñó Teología Sistemática en la Universidad de Múnich (1968-93).
El alemán combinó su vida de enseñanza con la de escritor. Sus obras más famosas son Revelación como historia (1958), el ya clásico Jesús: Dios y hombre (1968), y su trilogía de Teología sistemática (1988-94).
LEGADO
Sin lugar a dudas, Pannenberg será recordado por el espíritu científico que caracteriza a su teología. Reaccionó violentamente contra el subjetivismo tan prominente en el existencialismo y el pietismo cristianos de su época. Se opuso, por ejemplo, a la escuela de la Historia de la salvación porque creía que “toda la historia universal” es revelación. Además, optó por seguir una Cristología desde abajo en vez de aferrarse a una Cristología desde arriba. Una Cristología desde abajo se refiere a la convicción de que el estudio de Cristo tiene que empezar con el Jesús humano e histórico antes de hablar sobre su condición de Logos, Señor o Hijo preexistente. La razón, pues, prepara el camino para la fe.
Dicho espíritu científico le llevó a reflexionar críticamente sobre el debate entre la ciencia y la religión (Pannenberg era evolucionista) y a avivar la moribunda doctrina de la resurrección corporal de Cristo en los años sesenta. Pannenberg derribó la noción liberal de que la resurrección se trató de una simple metáfora (como la teología de Bultmann había sugerido). ¡Jesús resucitó! ¡Y de forma corporal! De allí su popularidad en el mundo evangélico conservador. Fue precisamente por esta razón que el querido apologeta americano William Lane Craig quiso estudiar bajo Pannenberg a la hora de desarrollar su propia tesis doctoral. No solamente había resucitado Cristo, sino que tal evento era el centro de la historia universal de Dios y significó que los postreros días habían empezado.
En sus últimos años, el alemán escribió abiertamente contra otras tendencias liberales que iban surgiendo en la Iglesia: por un lado, la aceptación de un feminismo cada vez más agresivo y por otro lado, la enseñanza de que la homosexualidad representa un estilo de vida compatible con la profesión cristiana.
CITAS
“Dios –tal y como se ha revelado en Jesucristo- tiene que ocupar el primer lugar en la teología”.
“No podemos hablar sobre la naturaleza de Dios sin primero contemplar las obras de Dios”.
“Sin la presencia de la tumba vacía, la proclamación cristiana no podría haber permanecido ni un solo día en Jerusalén”.
“La Iglesia es indispensable. Es más que importante. Es indispensable porque la tradición de la fe y la proclamación del Evangelio a las nuevas generaciones ocurren en la Iglesia. La Iglesia tiene esta carga de responsabilidad”.
“Cada cristiano fiel tiene que tener una relación directa con Dios, compartiendo la relación que Jesús tenía con su Padre”.
“Mi preocupación más grande por la Iglesia es que siga predicando el Evangelio y que no se conforme a los estándares seculares. Algunas iglesias y muchos ministros piensan que tienen que asimilar las inquietudes seculares para poder alcanzar a las personas. Yo creo lo contrario. […] La Iglesia tiene que proclamar algo diferente: la esperanza de vida eterna”.

Protestantedigital.com, 2014.

sábado, 12 de julio de 2014

Julio de Santa Ana: un teólogo "más allá del idealismo" (I)

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México*
Desde entonces he buscado evitar las trampas del idealismo y aceptar las exigencias del mundo real. Pocos años después, un atisbo de lo que significa el misterio de la encarnación, me ayudó a comprender mejor esto, que ha llegado a ser un leit motiv de mi existencia. La Cruz ha hecho patente que sólo es posible seguir a Jesús por las veredas del mundo real, en las que no nos es posible evitar “la noche negra del alma” sobre la que escribió San Juan de la Cruz. Creo que sin la aceptación de la encarnación, y sin la dura disciplina de la vivencia de la crucifixión, no es posible hablar de la resurrección de manera concreta. 1
J.S.A.
Perteneciente a una generación de pensadores protestantes que ha dejado una huella muy profunda, Julio de Santa Ana, uruguayo de formación metodista, llega el 2 de julio a los 80 años, luego de una dilatada trayectoria teológica y ecuménica dentro y fuera de América Latina. Doctor en Ciencias Religiosas por la Facultad de Teología Protestante de la Universidad de Estrasburgo, Francia, actualmente está jubilado por el Consejo Mundial de Iglesias, en donde ejerció diversos cargos, entre ellos, secretario ejecutivo de Estudios y Publicaciones de la Comisión para la Participación de las Iglesias en el Desarrollo, del Consejo Mundial de Iglesias (octubre de 1972, cuando inició su exilio, hasta junio de 1979), director de la misma comisión (1979-1982), así como profesor de Ética Social en el Instituto Ecuménico de Bossey (1994-2003).
Nacido en Montevideo, asistió muy joven a la comunidad metodista del Cerro, donde experimentó el llamado al compromiso cristiano. Su testimonio acerca de esos años es elocuente:
'El pastor Earl M. Smith, hombre de profunda fe y de un carácter cristiano que salía de lo ordinario, predicó en un culto de domingo sobre el tema “Un laboratorio del espíritu”. Hacía muy poco tiempo que había hecho mi profesión de fe. Smith no era un gran orador, pero sus sermones tenían la capacidad de llevar a los fieles que formaban parte de la comunidad metodista del Cerro a vivir experiencias concretas, a enfrentarse con la realidad. Smith predicaba sobre los interrogantes que plantea la vida concreta a la fe cristiana. Como en otros cultos, eso ocurrió aquel domingo.
Se nos hizo muy claro que tratar de ser discípulo de Jesús no era fácil; al igual que Pedro y otros, tendríamos tropiezos y caídas. […]
Por esos tiempos, la comunidad metodista del Cerro vivió una gran renovación. Al mismo tiempo, en un plano más personal, una de las cosas importantes que comenzaron a estar presentes en mi conciencia es que la vida cristiana, el seguimiento de Jesús, lleva a andar por sendas bien concretas. Diciéndolo de otra manera: la fe no se practica en la esfera de las ideas, sino en el plano de la vida real'. 2
Miembro del Movimiento Estudiantil Cristiano (MEC), posteriormente ingresaría a la Facultad Evangélica de Teología, en Buenos Aires (actual ISEDET), donde recibió pronto la influencia de Dietrich Bonhoeffer gracias a Richard Shaull, cuya impronta sería indeleble y definitiva:
'Él mismo ha reconocido que Shaull le introdujo en tres enseñanzas capitales: que Dios es un Dios vivo, presente en la historia y que consecuentemente la tarea teológica debe consistir en discernir esa presencia; que el conocimiento de esa historia no podrá ser total a menos que se participe en ella, lo que implica reconocer la importancia de la praxis como vía de conocimiento y al decisión de entrar en el mismo proceso histórico; y que la experiencia del mártir y teólogo D. Bonhoeffer debe ser paradigmática para la joven generación de teólogos'. 3
 En 1960 se trasladó a Estrasburgo, para graduarse con una tesis sobre la noción de crisis histórica y cambio de las creencias religiosas en el pensamiento de José Ortega y Gasset. Ejerció como profesor en el Instituto Crandon y en el Instituto Técnico de la Confederación Asociaciones Cristianas de Jóvenes de América Latina entre 1962 y 1968. Dirigió el Centro de Estudios Cristianos de la Federación de Iglesias Evangélicas del Uruguay y de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (1963-1968). Fue profesor visitante en su alma mater, la Facultad Evangélica de Teología en abril de 1966 y director del Departamento de Extensión Universitaria y Acción Social, de la Universidad de la República (1972). Entre 1983 y 1983 co-dirigió el Centro Ecuménico de Servicios a la Evangelización y Educación Popular (CESEP) y, al mismo tiempo, fue profesor en la Universidad Metodista de São Paulo, y en la Facultad de Teología de Nossa Senhora da Assunciação, de la Arquidiócesis de São Paulo, Brasil. En esos años dictó cátedras en diferentes facultades de teología (Claremont, Amsterdam, Indianápolis, Nimega, Iliff).
Dentro del movimiento Iglesia y Sociedad en América Latina (ISAL), iniciado en 1961, del cual fue uno de sus principales animadores, dirigió desde la publicación de las  Fichas de ISAL  (1968-1969), la revista  Cristianismo y Sociedad,  y secretario general ejecutivo entre marzo de 1969 y septiembre de 1972, cuando partió hacia Ginebra luego de ser encarcelado por el gobierno militar. Su labor en ISAL abarcó todo el espectro: dirección, coordinación de actividades, edición, enlace con organizaciones, presentación de ponencias, etcétera. Bajo su conducción, ISAL logró situarse como un referente teológico e ideológico capaz de dialogar con sectores de la izquierda política, testimonio de lo cual es el número especial de  Cuadernos de Marcha  aparecido en septiembre de 1969, dedicado al protestantismo latinoamericano, en el que colaboró la plana mayor del movimiento: Emilio Castro, Richard Shaull, Hiber Conteris, José Míguez Bonino, Julio Barreiro, el propio De Santa Ana y el sociólogo suizo Christian Lalive D’Epinay. Todo un acontecimiento si se considera la mala prensa que tenía el protestantismo en todo el subcontinente al ser visto como avanzada del imperialismo estadunidense.
Desde los años 60 se interesó en temas sociales, fruto del cual ha producido una buena cantidad de libros, artículos y ensayos. En  Responsabilidad social del cristiano,  publicado por dicho organismo en 1964, puede leerse uno de sus textos programáticos: “Algunas referencias teológicas actuales al sentido de la acción social”, donde pasa revista a importantes autores protestantes como Barth, Bonhoeffer, Joseph Hromádka y Paul Lehmann, en camino hacia una definición más clara de la labor social de las iglesias. En  De la iglesia y la sociedad,  otro volumen colectivo de 1970, escribió “De la movilización de los recursos humanos a la creación de una sociedad humana”.
Su primer libro,  Cristianismo sin religión  (1969), que desde el título muestra la marca bonhoefferiana, es una breve indagación personal sobre lo religioso en el continente en términos de la presencia de las diversas tradiciones: indígenas, catolicismo, protestantismo, judaísmo y el espiritismo Umbanda. A partir de ahí, discute el sincretismo y la secularización en el subcontinente. Consignamos aquí parte de su reflexión sobre la tensión entre sacralización y secularización, que algunos veían como un dilema ajeno al ámbito latinoamericano, pero que él, como buen protestante, inscribe en su arranque como parte de los procesos bíblicos mediante una relectura audaz y propositiva:
'La fe cristiana, entonces, se nos aparece como un factor de desacralización y de humanización. En este sentido, la fe como respuesta al llamado del amor de Dios al hombre, recuerda constantemente a éste que la voluntad de Dios para con él es que sea libre, y que no esté sometido a ninguna ley, sistema o concepción del mundo que la sociedad o algún grupo haya absolutizado (Gál 5:1). En esto consiste, precisamente, el Evangelio —la buena nueva de Dios para el hombre— que no pone condiciones cuando los hombres responden a ese llamado. No en vano Jesús fue amigo de pecadores, publicanos y rameras. La actitud de Jesús contrasta con la actitud que requieren las religiones para acercarse a la divinidad, ya que de una forma u otra demandan la pureza o la realización de ciertos ritos de purificación para ser dignos de lo sagrado, lo que requiere el cumplimiento de ciertas leyes o, por lo menos, el guardarse de los tabúes que señala tal o cual religión. […]
El proceso de secularización que hemos tratado de presentar, y que ha desembocado en nuestra época, hace que el hombre de nuestro tiempo no tolere sacralizaciones en el sentido tradicional. De ahí la indiferencia que se observa en las masas por toda manifestación religiosa de ese estilo. Es el hombre del mundo adulto, que vive como hombre, con sus plenas posibilidades, sin tener necesidad de Dios. De ahí estamos de acuerdo con Bonhoeffer cuando señala que para ese hombre adulto, de ninguna manera cabe un Evangelio disfrazado de religión, ni una apologética que explote las debilidades humanas. Ello va contra el propósito de Dios en Cristo, un propósito que de ninguna manera permite transformar la revelación en religión, ni que el Dios santo, el Dios vivo, se convierta en algo sagrado'. 4
Como se puede apreciar en esta cita, De Santa Ana estaba en marcha hacia una reflexión teológica seria, contextual y liberadora, que despegaría abiertamente en los años subsiguientes, al mismo tiempo que acumulaba experiencias en su intenso caminar ecuménico.
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   1  J. de Santa Ana, “En camino y a la espera”, pp. 1-2.
   2   Ibid ., p. 1.
   3  Juan Bosch Navarro,  Diccionario de teólogos/as contemporáneos.  Burgos, Monte Carmelo, 2004, p. 835. Cf. J. de Santa Ana, “The influence of Bonhoeffer on the Theology of Liberation”, en  The Ecumenical Review,  vol. 28, núm. 2, abril de 1976, pp. 188-197. Este ensayo fue presentado en el simposio internacional sobre Bonhoeffer en ocasión del 70º aniversario de su natalicio, en Ginebra, Suiza, febrero de 1976. De Santa Ana participó también en el coloquio realizado en la misma ciudad en septiembre de 2002 con el texto “Critique de la pensée de Dietrich Bonhoeffer par la théologie latino-americaine de la libération”, en H. Mottu y J. Perrin, eds., Actualité de Dietrich Bonhoeffer en Europe latine. Actes du Colloque International de Genéve (23-25 septembre 2002). Ginebra, Labor et Fides, 2004, pp. 35-42.
   4  J. de Santa Ana,  Cristianismo sin religión.  Montevideo, Alfa, 1969, pp. 107, 109.
 
Autores: Leopoldo Cervantes-Ortiz

©Protestante Digital 2014

lunes, 28 de octubre de 2013

Transustanciación literaria de Rubem Alves (II)

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México*
Para él, esa es ahora la gran metáfora de la vida, el saber y el placer: la cocina, porque los ojos de la cocinera “son iguales a los ojos de un poeta”
Las ideas del  yo  pensante son aves enjauladas - pertenecen a lo que el yo hace con ellas lo que desea. Las ideas que viven en el cuerpo son aves salvajes - sólo vienen cuando ellas desean. Tienen voluntad e ideas propias.[1]  R.A. Desde que allá por 1981 (hace más de 30 años) Rubem Alves decidió cambiar para siempre su estilo de escritura e indagar en los asuntos de la vida de una manera distinta a la teología que aprendió y que desarrolló tan bien (hay que decirlo), ha ido decantando su estilo y se ha renovado continuamente gracias a una inmersión infatigable en sus abismos personales y en todo lo que le rodea.
Una persona contribuyó a que esa transformación se realizara de modo más formal: su amigo Jether Pereira Ramalho lo invitó, ese mismo año, a escribir textos libres para la revista ecuménica  Tempo e Presença.  El primer artículo publicado allí sería el punto de partida que se concretaría en  Dogmatismo y tolerancia,  luego del feroz ajuste de cuentas con la Iglesia Presbiteriana de Brasil que fue  Protestantismo y represión  (1979; nuevo título:  Religión y represión,  2005). [2]  Ya lejos de cualquier venganza o resentimiento, Alves se transfiguró en un escritor que poco a poco lograría una prosa impactante y concisa, personal y entrañable, al mismo tiempo. Ese oficio lo llevó a incorporarse a la Academia Campinense de Letras, mismo destino de su colega Gustavo Gutiérrez (el fundador católico de la teología latinoamericana de la liberación), miembro, a su vez, de la Academia Peruana de la Lengua.
Pocos años después, él mismo dio fe de su transformación, aunque todavía sin la claridad y la certeza que le permitirían alcanzar sus lecturas de autores como William Blake, T.S. Eliot, Fernando Pessoa, Ludwig Wittgenstein, Cecilia Meireles, Gaston Bachelard, Octavio Paz o Adélia Prado, por citar sólo a algunos. Los años noventa fueron el escenario del nuevo despliegue narrativo y reflexivo del siempre teólogo (a su pesar) que ahora se movía como pez en el agua, ya libre de las amarras doctrinales que atenazaron en otro tiempo su creatividad. El  Libro sin fin,  renombrado ahora como  Variaciones sobre el placer  es una puerta de acceso a su “taller íntimo de producción escritural” porque exhibe sin pudor ni arrepentimiento la manera en que las ideas que brotan de su cuerpo lo poseen a través de una inspiración nada etérea, sensible, pero que se queda sin explicación necesariamente lógica.
Luego de explicar, de modo  divagado,  lo sucedido en su interior y en su experiencia cuando le surgió el deseo de escribir este volumen, Alves mezcla, en su nuevo método de  pesquisa,  todos los elementos que le sirvieron para avanzar en la escritura. Así, se juntan en una misma página Tales de Mileto y Nietzsche, quienes junto a otros autores bombardean al lector/a desde los márgenes para acicatear su imaginación con múltiples rumbos de interacción y búsqueda. El primer capítulo, una amplia digresión, proscrita en los textos académicos, lo muestra de cuerpo entero: “Los textos de saber prohíben que los autores se entreguen a confesiones sobre los caminos o descaminos de sus pensamientos antes de alcanzar su destino de conocimiento. Lo que se exige de un texto de saber es que el autor haga una asepsia rigurosa en sus materiales. Todo aquello que no hable al respecto del camino en  línea recta,  que lleve del problema inicial a una conclusión, debe irse a la basura”. [3] 
Con ese trasfondo, Alves acomete la transustanciación literaria de todo lo que ha fagocitado por ser un antropófago consuetudinario que, en una  labor casi religiosa, convierte en nuevo sacramento lo que brota de su pluma. A eso se refiere el segundo y breve capítulo, “ Hoc est corpus meum”,  esto es, las palabras sacramentales de Jesús de Nazaret. El autor ahora escribe con su sangre y su persona misma, y cada texto lo retrata en la mirada del lector: “Las cosas que digo, igual que las telas de Arcimboldi y la escritura de Borges, trazan las líneas de mi rostro”. [4]  El arte, queda bien claro, “busca la comunión”. Su carne y su sangre nos son entregados en un acto estético-litúrgico que actualiza la vida de quien proceden los textos. Cada lectura es un acto de degustación. Y nuevamente acontece el “ritual antropofágico”, dicho todo esto en un lenguaje que viene del  Manifiesto antropófágo,  de Oswald de Andrade, del ya muy lejano 1928, en los años del surgimiento de la vanguardia poética brasileña…
Los capítulos que siguen, con el título cambiado, “Las metamorfosis de la vejez” (“Después de viejo me volví niño”, era el anterior), “El olvido: Barthes” (“Me olvidé de lo sabido para recordar lo olvidado”, el mismo caso), abundan en la reinterpretación, con las nuevas herramientas, de los caminos recorridos. En “De los saberes a los sabores” y “Los saberes del cuerpo” reinventa la aprehensión del mundo, ahora de una manera gastronómica y extremadamente sensorial, pero sin reducir la experiencia sólo al sentido del gusto. Por eso el capítulo siguiente se llama: “El cuerpo: él sabe sin saber” (antes: “Por una pedagogía de la inconciencia”). Nuevamente, como antaño (en  Hijos del mañana  y  El enigma de la religión)  analiza la función del lenguaje, pero desde fuentes muy diferentes a las de su amigo Paulo Freire. La educación le ha faltado siempre el respeto al cuerpo, a sus deseos de aprender únicamente lo que le sirve y le gusta. Por eso ha fallado la ciencia en imponerse: después de todo, los libros de ciencia son libros “de recetas”.
Ése es el origen de “Variaciones sobre el placer” (“La razón, sierva del placer”), donde relee al obispo de Hipona, y no se engaña: “La experiencia del placer, tan buena, siempre nos coloca delante de un vacío [la “puerta de la mística”, agregaría yo]. La teología de San Agustín se construyó sobre ese vacío que sigue al placer. (No olvida el poema de Heládio Brito sobre los  caquis,  fruta  gostosa… ) Después de agotado el placer, existe, en el alma, la nostalgia por algo indefinible”. [5]
El placer no es lo mismo que la alegría. De ahí que sus “variaciones” sigan el mismo rumbo: San Agustín en teología; Nietzsche, la filosofía; Marx, la economía; y, para cerrar, Babette, la cocinera, acompañada de Tita, la de  Como agua para chocolate.  Esa variación es la definitiva, en donde todo se redefine de manera casi total: su acercamiento al saber de la cocinera es enfático. “El banquete se inicia con una decisión de amor”. Los sabores que ellas dominan controlan al mundo porque, a diferencia de un nutriólogo, amo y señor de las cantidades y las calorías: “La cabeza de la cocinera funciona al revés. No considera vitaminas, carbohidratos y proteínas. Su imaginación está llena de sabores. Sueña con los efectos que los sabores producirán en el cuerpo de quien coma. No quiere matar el hambre. Lo que ella desea es hacer el amor con quien come a través de los sabores. Cuando el hambre se satisface, el festival de amo llega a su fin. […] Me gustaría que el texto evangélico fuese otro: ‘Bienaventurados los hambrientos porque ellos tendrán más hambre’. ¡La cocinera desea que su invitado muera de placer!”. [6] 
La pasión de Alves por la cocina fue estimulada de manera monumental por la película danesa  El festín de Babette  (1987), al grado de que, cuando emprendió la aventura de abrir su propio restaurant, no otro fue el nombre del mismo. En otro momento, se explayó sobre el film con palabras que siguen resonando por su perspicacia y empatía:
 Cocinar es hechicería, alquimia. Y comer es ser hechizado. Eso lo sabía Babette, artista que conocía los secretos de producir alegría mediante la comida. Ella sabía que, después de comer, las personas no siguen siendo las mismas. Cosas mágicas acontecen. De eso desconfiaban los endurecidos moradores de aquella aldea, que tenían miedo de comer del banquete que Babette les preparó. Creían que era una bruja y que el banquete era un ritual de hechicería. Y tenían razón. Que era hechicería, eso mismo. Sólo que no del tipo que imaginaban. Creían que Babette haría que sus almas se perdieran. No irían al cielo. De hecho, la hechicería aconteció: sopa de tortuga, callos al sarcófago, vinos maravillosos, el placer ablandando los sentimientos y pensamientos, las durezas y las arrugas del cuerpo siendo alisadas por el paladar, las máscaras cayendo, los rostros endurecidos haciéndose bonitos por la risa, in vino veritas... [7]
Para él, esa es ahora la gran metáfora de la vida, el saber y el placer: la cocina, porque los ojos de la cocinera “son iguales a los ojos de un poeta”. [8]  La poesía es culinaria, la culinaria es filosofía, dice a continuación. “La poesía son palabras buenas para comer. El poeta es un hechicero alquimista que cocina el mundo en sus versos: en un simple verso cabe un universo”. [9]  Placer, sabiduría, poesía y cocina: espacios para degustar la existencia y el tiempo. Ése es el nuevo Alves, siempre teólogo y poeta.
Nota. Las fotografías que acompañan este artículo proceden de la revista  Brasilis ,  sitio dedicado por el gobierno brasileño a divulgar la vida y obra de personajes relevantes del país. 
 

 [1] R. Alves, Variações sobre o prazer. Santo Agostinho, Nietzsche, Marx y Babette. São Paulo, Planeta, 2011, p. 22. Versión de L.C.-O. 
[2] Cf. Leonildo Silveira Campos, “O discurso acadêmico de Rubem Alves sobre ‘protestantismo’ e ‘repressão’: algumas observações 30 anos depois”, en  Religião e Sociedade,  vol.28, núm.2, Río de Janeiro, Instituto de Estudos da Religião, 2008, pp. 102-137,  www.scielo.br/pdf/rs/v28n2/a06v28n2.pdf
   [3] R. Alves,  op. cit.,  p. 29. 
   [4] Ibid.,  p. 40.
   [5] Ibid.,  86. 
   [6] Ibid.,  p. 138.
   [7] Cf. R. Alves, “A festa de Babette”, en  www.releituras.com/rubemalves_babette.asp. 
   [8] R. Alves,  Variações sobre o prazer , p. 150.
   [9] Ibid.,  p. 151.
 
*Autores: Leopoldo Cervantes-Ortiz

Fuente: Protestante Digital 2013

lunes, 7 de octubre de 2013

Rubem Alves y el placer: en sus 80 años (I)

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México*
Sin renegar nunca de su tradición protestante, a la que dedicó varios textos memorables en los que exploró las luces y sombras de esa herencia, se ha mantenido a distancia de las iglesias. 
No quiero novedades. No voy a comprar departamentos o terrenos. No quiero viajar por lugares que desconozco. Eliot: “Y al final de nuestras largas exploraciones llegaremos finalmente al lugar de donde partimos y lo conoceremos entonces por primera vez…”. Eso es. Volver a mis orígenes, a las cosas de Minas que tanto amo…, la cocina, los jardines de tréboles, la malva, las granadas e los manacás, las montañas, los riachuelos, las caminatas … [1]  R.A.
El 15 de septiembre pasado el escritor, teólogo, educador y psicoanalista (entre tantas otras cosas que se puede decir de él) Rubem Alves cumplió 80 años.
Para conmemorar el acontecimiento, varios de sus lectores/as y amigos de diversos países armamos un pequeño  homenaje que puede leerse en internet. Algo similar hicimos en otra ocasión, ante la cual Rubem reaccionó con enorme sorpresa al advertir que en muchas iglesias evangélicas latinoamericanas su nombre no es extraño y se le lee con admiración y gran provecho. Ello porque después de su “alejamiento institucional” del protestantismo se suponía que quedaría al margen de cualquier contacto con dichas comunidades. Pero afortunadamente no es así, pues sus seguidores suman legiones en varios espacios y hasta existen varios grupos en las redes sociales que comparten sus textos y sus libros, dejando constancia de la manera en que “el nuevo Alves”, no necesariamente el que fue uno de los pioneros de la llamada “teología de la liberación”, hoy en su faceta de “cronista”, los alimenta con su libérrimo y sumamente creativo estilo literario.
Y es que, en efecto, lejos quedaron los años en que este pensador y sabio escribía de una manera plana o “chata”, como él mismo ha dicho, pues llegó un momento en que decidió abrirse a la literatura y a la poesía en particular, para descubrirse como un autor renovado, dispuesto a hablar de las cosas de la vida con una simplicidad y una belleza que jamás imaginó.
Porque en los años sesenta Rubem Alves soñaba con “hacer la revolución” y a esa utopía dedicó gran parte de sus escritos e ilusiones. En 1974, como parte de un proceso de fuerte introspección que lo llevó incluso al diván del psicoanálisis, pergeñó un texto que lo liberó, para siempre, de todas las cargas ideológicas y morales que lo tuvieron sometido durante tanto tiempo. “Del paraíso al desierto” es el título de esas reflexiones autobiográficas en donde describe, sin entrar necesariamente en detalles concretos, la experiencia por la que atravesó y que lo preparó para que casi 10 años después, en 1983, descubriera por fin las bondades del juego, del cuerpo y la belleza, aunque hay que decir que ya desde sus libros iniciales se anunciaba el rumbo que tomaría su reflexión y su vida.
Sin renegar nunca de su tradición protestante, a la que dedicó varios textos memorables reunidos en  Dogmatismo y tolerancia  (1982; Mensajero, 2007) en los que exploró las luces y sombras de esa herencia, se ha mantenido a distancia de las iglesias, pero sigue haciendo una teología que ya no admite límites ni fronteras, porque se funda en la libertad de la imaginación.
Sus palabras son diáfanas: “Soy protestante. Hoy, muy diferente de lo que fui. No hay retornos. Tan diferente que muchos me contestarán, negándome la ciudadanía en el mundo de la Reforma. Algunos me denunciarán como espía o traidor. Otros permitirán mi presencia, pero exigirán mi silencio. Lo cual me hace dudar de mí mismo y sospechar que, quién sabe si yo sea de hecho un apóstata. Sin embargo, por ahí, protestantes de otros lugares me confirman, oyéndome, dándome las manos, el pan y el vino...”. Podría decirse que llevó la teología de la liberación hasta sus últimas consecuencias ahora que se ha convertido en un “distribuidor de felicidad” gracias a la “antropofagia literaria” que practica y que promueve gracias a los sacramentos textuales que reparte por doquier y por los que entre en comunión con millones de personas.
Educador de tiempo completo, con el paso de los años decantó sus observaciones para derivar en una escritura lúdica, cien por ciento dedicada a explorar los intersticios de la vida en todas sus manifestaciones y a salpicar de poesía todo lo que vive y le interesa.
 Una muestra de ello es su  Libro sin fin  (2002) ,  que en una nueva y preciosa edición con el título  Variações sobre o prazer. Santo Agostinho, Nietzsche, Marx y Babette  me ha traído desde Brasil mi amigo Ismael y que llega todavía en medio de las celebraciones de su 80º aniversario. Personalmente, y luego de seguir su trabajo durante ya más de 15 años, este libro es uno de los más representativos porque refleja la libertad que ha alcanzado como escritor y reúne muchos de los temas que obsesivamente ha desarrollado en estos treinta años que también se cumplen de su renacimiento como persona y como fabulador de mundos imaginarios pero ciertos, pues tal como reza la cita de Paul Valéry que no se ha cansado de repetir: “¿Qué sería de nosotros sin la ayuda de las cosas que no existen?”.
En el prefacio explica las razones por las que ha elaborado este libro tan personal, plagado de citas desplegadas en los márgenes y hasta con una bibliografía final que recuerda sus años mozos, cuando ya hacía gala de un arte reflexivo exquisito, provocador y sin concesiones. Alves dice que  Variaciones sobre el placer  es fruto de la conciencia del fin, de la certeza de que su tiempo se acaba, y de que es necesario y hasta obligatorio plantarse frente al lenguaje y obligarlo a decir “las cosas del alma”, las que siempre han estado ahí y esperan salir.
“Sentí, entonces, que no me gustaría que lo que había escrito quedase enterrado. A fin de cuentas, lo que escribo es parte de mí. Pero sabía, al mismo tiempo, que mis esfuerzos para terminar el libro serían inútiles. Jugué, entonces, con la idea de publicar el libro tal como estaba, sin terminar. En eso se parece a la vida. Ella nunca está terminada. Termina siempre sin que hayamos escrito el último capítulo” (p. 13). Y así, este gran maestro en plenitud de facultades que desliza sus ideas en el tiempo y el espacio “abandonó” este ejercicio lúcido y lúdico para dejar constancia de su fidelidad a la escritura que le han enseñado sus poetas y autores de cabecera.
Y así fue que este  libro sin fin  quedó inconcluso, con todo y que en sus más de 180 páginas brota el aliento de alguien que se pone a cuentas con sus autores favoritos y sus influencias más entrañables, tal como lo anuncia el subtítulo: San Agustín (a pesar de los pesares), Nietzsche (el autor permanente de la mesa de noche, siempre a la mano porque vaya que ese  The portable Nietzsche,  de Walter Kaufmann lo ha acompañado siempre), Marx (a quien ha leído y releído de una manera sumamente peculiar; para probarlo está ese otro volumen:  Qué es la religión,  que no envejece con el paso del tiempo) y Babette, la cocinera francesa que le abrió otras ventanas vitales a aquellas mujeres luteranas… Un libro sin el más mínimo desperdicio, un Alves que se sincera con todos y acomete la memoria con variaciones de teología (en primer lugar), filosofía, economía y el arte culinaria, otra de sus grandes aficiones.

   [1] R. Alves, “Prefácio. Eu não deveria ter tentado escrever este livro”, en Variações sobre o prazer. Santo Agostinho, Nietzsche, Marx y Babette.  São Paulo, Planeta, 2011, p. 12. Versión de L.C.-O.
 
*Autores: Leopoldo Cervantes-Ortiz

©Protestante Digital 2013

jueves, 31 de enero de 2013

Tissa Balasuriya: Sacerdote, teólogo y profeta

Por. Carmelo Álvarez, EE.UU*
Nos llega una noticia entristecedora. Nuestro gran Tissa vive en la presencia de Dios para siempre. Su partida este 17 de enero nos deja un gran vacío. Para mí en lo personal es la pérdida de un gran amigo. Los y las que compartimos con él en tantos proyectos, acciones solidarias, posturas proféticas y desafíos a la autoridad eclesiástica, sabemos que su aporte permanecerá con un gran legado. Pero nos alegramos porque Tissa siempre vivió con alegría y gozo. Aún en momentos de intensa discusión y defendiendo ideas teológicas polémicas, salía un sentido del humor que nos hacía reír y bajar el nivel de tensión.
Lo que deseo recordar son las vivencias que compartimos en el contexto de la Asociación Ecuménica de Teólogos y Teólogas del Tercer Mundo (ASETT), por sus siglas en inglés, EATWOT. Esta Asociación fue fundada por teólogos prominentes de África, Asia, Caribe, Latinoamérica y Estados Unidos. Eso fue en 1976.
Desde los mismos inicios de la ASETT Tissa fue un promotor entusiasta del diálogo entre las teologías de la liberación, en todos los continentes. Además, se interesó mucho por el diálogo ecuménico y el diálogo interreligioso, particularmente en su amada Sri Lanka, tierra con un gran arcoíris religioso, con una presencia significativa del budismo y donde el cristianismo ha sido minoría.
Otro aspecto importante fue su interés en ser un verdadero intelectual orgánico. Habiendo estudiado economía y poseyendo una sólida formación teológica, muy temprano en su producción intelectual relacionó la economía con la teología, la ecología con la teología y una preocupación constante por la promoción de los derechos humanos.
Tisssa fue un escritor prolífico. Entre sus libros más importantes deseo resaltar, Jesucristo y la liberación humana (1976), La eucaristía y la liberación humana (1977), Teología planetaria (1984), libro que marcó ruta y se adelantó al tratar temas polémicos y desafiantes que en la era global los han desafiado. Pero el libro que creó la gran polémica fue María y la liberación humana (1994). Su publicación le costó una investigación vaticana dirigida por el Cardenal Joseph Ratzinger. Ya algunos obispos en Sri Lanka y otros países de Asia lo habían cuestionado. El asunto, con toda su controversia y la acusación de herejía (sobre todo por el dogma del nacimiento virginal de Jesús y el pecado original) lo llevó finalmente a la excomunión por Juan Pablo II en 1997. El siguiente año le fue levantada la excomunión, después de una serie de negociaciones, escritos y reescritos que, entre la amonestación y la duda, finalmente le permitieron seguir como sacerdote y religioso. Tissa er Oblato de María Inmaculada.
Quiero, entonces, relatar tres experiencias que compartí con Tissa Balasuriya.
Recién electo el que escribe como secretario general de la Asociación Ecuménica de Teólogos y Teólogas del Tercer Mundo, en la asamblea general de Nairobi, Kenia, en enero de 1992, me encontré con Tissa a la hora del desayunar, el día antes del regreso a nuestros países. Habíamos acordado una breve reunión del comité ejecutivo después del desayuno. Pero Tissa necesitaba conversar sobre sus polémicas con la conferencia episcopal de Sri Lanka y ponerme al tanto de la implicaciones que tenían unas posibles investigaciones, y acusaciones de herejía del Vaticano. Yo le reiteré mi apoyo personal y la disposición a defenderlo como miembro de ASETT y nuestro hermano. Con su característica sonrisa me agradeció nuestra solidaridad. Los próximos cinco años fueron intensos y complejos para Tissa y ASETT. Y para Ivone Gebera y Leonardo Boff, en sus confrontaciones con el Vaticano. La disciplina impuesta a ambos, y finalmente la salida de Leonardo del sacerdocio y la orden francisana, aunque Leonardo siempre ha seguido siendo un gran “sacerdote”. Lo quiera la iglesia o no. Ivone retornó a su orden con las Ursulinas, sacrificándose por sus “hermanas en la colmena” y las comunidades de base que tanto la quieren y respaldan.
La segunda experiencia con Tissa fue ese mismo año de 1992. Fuimos invitados como comité ejecutivo de ASETT a tener nuestra primera reunión plena en Sri Lanka. Tissa nos apoyó decididamente, y el Centro para la Religión y la Sociedad que él había fundado en 1971, respaldó nuestra visita. Sabiendo de mi conocimiento y participación con grupos carismáticos y pentecostales en Latinoamérica y el Caribe, Tissa me solicitó que viajara unos días antes de nuestra reunión, organizando un simposio con líderes religiosos sobre la experiencia carismática y pentecostal. Fue una experiencia extraordinaria donde todos y todas aprendimos sobre el impacto, la importancia y la necesidad de saber más sobre estas experiencias.
La tercera experiencia tiene que ver con el diálogo budista-cristiano. Tissa tenía casi una obsesión de que nos reuniéramos con monjes budistas. Conocer de primera mano las dinámicas religiosas en Sri Lanka y Asia en general, era importante para ASETT, según su opinión. Creo que no se equivocaba, sobre todo para los teólogos y teólogas de occidente acostumbrados a confesar y vivir nuestra fe como “mayoría cristiana”. Ese diálogo cambió mi vida para siempre. Me enriqueció en mi fe, y me permitió con humildad ver dimensiones del misterio de Dios que no podemos controlar. Agradecí siempre a Tissa lo que nos enseñó sobre la dinámica, complejidad y posibilidades del diálogo interreligioso.
Tissa Balasuriya, pionero, profeta, teólogo, pensador y amigo. Lo vamos a recordar por su buen humor, su sabiduría, su hospitalidad, y por la fuerza ética de su vida y su teología.
 
*Carmelo Álvarez, misionero y profesor de la historia del cristianismo. Es conferencista y asesor teológico como consultor en educación teológica en Latinoamérica y el Caribe, nombrado por la Junta de Ministerios Globales de la Iglesia Cristian (Discipulos de Cristo) y la Iglesia Unida de Cristo en Estados Unidos.
 
Fuente: Lupaprotestante, 2013