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lunes, 13 de febrero de 2012

SACERDOCIO UNIVERSAL Y TESTIMONIO CRISTIANO (I Pedro 4.1-11)

Por. Lic. Raúl Méndez Yáñez, México

Introducción

Como se ha venido comentando en sermones anteriores, el Sacerdocio Universal es una cuestión de trabajo en comunidad. Al interior de la iglesia, como comunidad de fe democrática, el Sacerdocio Universal (aún una utopía, según el triste reconocimiento del pastor Cyril Eastwood) implica que cada creyente asuma su responsabilidad como constructor del Reino y heraldo del Evangelio. El día de hoy repararemos en las implicaciones de esta, más que ministerio, identidad, al momento de proyectar hacia fuera las virtudes de aquel que nos llamó a su luz admirable. Como se dijo la semana pasada, la palabra clave para pensar el Sacerdocio Universal es “empoderamiento”. Se puede hablar de este empoderamiento en dos sentidos: como es entendido este término en los ámbitos político-sociales y como es entendido en el marketing. Ambos sentidos apelan directamente a la evangelización. Una vez analizados estos aspectos, en un tercer momento comentaré sobre la retroalimentación que al interior de las iglesias produce la evangelización. Finalizaré con algunas posibles líneas de acción del sacerdocio universal o empoderamiento evangélico (como también le habré de llamar) en nuestro contexto local.
1. Empoderamiento evangélico: gestión pública
En el contexto político-social el empoderamiento es entendido como “transformación estratégica de las relaciones de poder”[1] Es referido especialmente en la cuestión de género como el surgimiento de nuevas mujeres que buscan un reconocimiento público de su dignidad, no sólo en cuanto mujeres, sino también en su calidad de gestoras y representantes de su comunidad marginada y pobre. En este sentido el empoderamiento significa habilitar a cualquier persona para poder transformar la forma en la cual se decide quien y cómo gobierna, o como actúa desde el poder. Y por “poder” no se debe pensar exclusivamente en el tan preciado lugar que la alternancia desperdiciada, el nuevo rostro o el cambio verdadero se encuentran buscando este año. Antes se definía poder como la capacidad que alguien tiene para obligar a otro a hacer algo.[2] Hoy puede entenderse el poder más bien como la capacidad de una persona para movilizar recursos materiales o humanos, sin ser necesariamente obligatorio. Es decir, poder es cuando una persona puede disponer de más energía que la que por si sola posee.[3] Ahora mismo yo tengo cierto poder pues soy capaz de atraer y aprovechar su atención durante un tiempo determinado; pensando en el próximo día 14 una novia tiene poder pues es capaz de movilizar a su novio por toda la ciudad con tal de que llegue a verla. Un patrón tiene poder pues dispone de la energía de sus empleados.
En este sentido el poder, como movilización de recursos y energía, puede ser mal o bien aprovechado, ética o inmoralmente. En el contexto bíblico este exceso de energía sólo es legítimo por una cosa: su capacidad de preservar la vida. Todo aquel poder que no movilice los recursos para preservar la vida individual y colectiva carece de autoridad. Así, en el momento en que Elí fue incapaz de controlar el mal sacerdocio de sus hijos, quienes en lugar de promover el cuidado y vida del pueblo procuraban su debilitamiento de recursos y de energía, fue quitado de su puesto; cuando un rey (y fue la constante) era inepto para hacer que el pueblo viviera bien era depuesto. Y finalmente, cuando Jesús señala que le ha sido dada toda potestad en los cielos y la tierra, esto va relacionado a su capacidad de traer vida en abundancia.
El empoderamiento es entonces el proceso por el cual se garantiza que la movilización de los recursos y la energía estén en las manos adecuadas. Lo cual implica, en la mayor parte de los casos, quitar el poder a una persona a una clase o grupo social. En el caso de las mujeres, equilibrar el poder en manos de los hombres recuperando ellas mismas muchas facultades. Para la Reforma Protestante el empoderamiento se dio en forma de la doctrina del Sacerdocio Universal. Por una feliz coincidencia pude obtener por un contacto de Facebook el Segundo Tomo de la Institución de la Religión Cristiana de Calvino en su prístina versión de 1597 de Casidoro de Reina en formato digital, escaneado por Google. De esta versión tomo el siguiente fragmento: “I si es verdad lo que dezimos, que el Sacramento no se debe estimar como que lo rezibiésemos de la mano de quien nos es administrado, sino como que lo rezibiésemos de la mano del mismo Dios, el cual sin duda nos lo dá: de aquí se puede colejir que ni se le quita, ni se le añide nada al Sacramento á causa de la dignidad de aquel que nos lo administra” (ICR, IV, 15, xvi).
Calvino piensa en los donatistas, grupo cismático del siglo IV que pensaba que la efectividad del Sacramento dependía de la dignidad del Ministro, pero también está pensando en la dignidad que el Ministro romano pensaba adquirir por administrar el sacramento, que se traducía en poder y dominación sobre el pueblo. La Reforma protestante, especialmente la segunda generación, hizo un ataque frontal a esta relación de poder predicando el Sacerdocio Universal. Se estableció que cada creyente era igual representante de Cristo, empoderando, teóricamente, a toda la comunidad. Y teóricamente pues la “administración de la Cena del Señor” se ha vuelto uno de los últimos recaudos de un viejo sistema vertical de Sacerdocio Limitado. Sólo el pastor la puede administrar.
Según un testimonio que escuché esta semana, en una iglesia del interior de la República varias hermanas y hermanos insistieron para modificar un tanto el formato de la administración de la cena. Se consiguió que los jóvenes se encargaran de su administración por primera vez. Cuando se sugirió que en otra ocasión podrían ser las mujeres las encargadas de presidir el sacramento la respuesta fue: “Bueno, bueno, somos modernos pero no tanto”. Frente a esta idea de Sacerdocio Limitado, el Nuevo Testamento muestra que el sustento del Sacerdocio Universal lo otorga Cristo mismo. La Primera Epístola de Pedro dice: “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado”. (v.1)
“Vosotros también” significa compartir la carne, compartir el padecimiento. Y es en el padecimiento, en la marginación, en el dolor, en las dificultades cuando empieza el Sacerdocio Universal, la toma de responsabilidad y la génesis del empoderamiento evangélico. El riesgo es creer que nos parecemos a Cristo cuando sufrimos, es decir, cuando olvidamos que la vida de Cristo es un proceso. Él no sólo sufrió, no sólo padeció, de hecho, al final triunfó, se empoderó obteniendo “toda potestad” y terminando con el pecado.
Más adelante la Epístola nos recuerda que el padecimiento no es la última palabra: “para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios” (v. 2). Esto, junto con la amonestación del versículo 3 (“Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías.”). No sólo significa que el creyente debe alejarse de estas acciones, si no que debe dejar de sufrir a causa de ellas.
La frase “no vivir el tiempo que resta en la carne” es traducida del griego "ἐν σαρκὶ βιῶσαι χρόνον" (én sarki biosai krónon). Negar vivir en el contexto de la carne. Debe destacarse que no dice kata sarki, o “según la carne” que es la expresión paulina para vida en pecado. Aquí el texto indica que la carne es algo ajeno a nosotros, las lascivias, embriagueces, etc., no sólo nos afectan si las cometemos, si no que estas acciones nos dañan. Si bien estas acciones no son privativas de un grupo en especifico, por el contexto de la epístola se desprende que aquí el autor se encuentra señalando vicios típicos de los estamentos de poder. Dejar de vivir en la carne, significaría evitar que los poderosos nos sigan dañando o haciendo padecer, como a Cristo. El llamado sí es a una vida en santidad, pero a una santidad empoderada, donde como pueblo evangélico recuperemos la capacidad de gestionar recursos y energías.
Esto, en efecto ocurría. La Primera Epístola de Pedro se da en un momento de persecución inminente, no totalmente declarada pero si pronta. Esto se debía a que para entonces los cristianos ya eran un grupo reconocido. Como demostró Elisabeth Shussler en su famoso ensayo sobre las primeras comunidades cristianas, las mujeres de los funcionaros públicos fueron de las primeras en convertirse fundando iglesias domésticas en sus hogares. Con el tiempo algunos de estos funcionarios (como nos muestra el libro de Hechos) también se interesaron en el Evangelio. Lo que se estaba generando entonces era el surgimiento de un frente evangélico importante. Santiago nos recuerda que no sólo los pobres eran cristianos, también había cristianos con dinero, prestigio y poder. Dado este contexto, estos cristianos empoderados tenían la responsabilidad de usar bien el poder, por eso: “A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan; pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos” (4-5).
Esta “cosa extraña” eran cristianos con poder que no malgastaban energía en disipaciones e indolencias, sino que buscaban canalizar bien los recursos a su cargo.Pues esta administración pública de los recursos también es un resultado del Sacerdocio Universal. Así como Cristo padeció “en la carne”, o bien padeció por el mal uso del poder, así los cristianos padecen cuando en sus colonias, delegaciones, países diríamos ahora se usa de forma inadecuada el poder, cuando los recursos y energía no están siendo bien aprovechados para preservar la vida. Por eso el empoderamiento evangélico, que en resumen puede definirse como la capacidad del creyente de disponer de insumos públicos, debe estar ligado a su identidad como sacerdote de Cristo. Como se ha mencionado antes, no es necesario tener un “cargo” de elección popular para tener poder. Un solo ejemplo de momento.
La banqueta en nuestra ciudad es pública en teoría, En la práctica el “cuadrado” frente a mi casa es algo de mi incumbencia, un perro no debe venir a poner sus desechos frente a mi puerta, un carro no debe estacionarse en mi entrada. Al mismo tiempo yo tengo la responsabilidad de barrer “mi frente”, de cuidarlo, no debería modificarlo para hacer rampas y que suba mi coche afectando el paso. Y ahí están los vecinos que me lo recordarán, pese a ser mi frente la banqueta no es mi propiedad. Es decir, la banqueta no es totalmente pública, pero tampoco totalmente privada, más bien es un espacio colectivo del que soy responsable[4]. En un sentido tengo poder sobre “mi frente”. ¿Habremos pensado la cantidad de relaciones que se rompen debido al mal uso de la banqueta?, ¿y en la gran oportunidad de dar testimonio evangélico mediante una gestión eficiente del espacio frente a mi casa? Si logro destacar por ser un vecino que exige que se respete su banqueta, pero al mismo tiempo cuida de ella y la convierte en un espacio agradable para el resto de los vecinos, si la familiaridad ha hecho saberles que soy evangélico. Ese empoderamiento de mi frente da testimonio de Cristo. Ahora pensemos en los demás lugares donde debemos empoderarnos responsablemente y ser sacerdotes de Cristo sabiendo que el mal uso del poder duele: mientras manejamos, al viajar por el transporte público, en el cargo de mi trabajo, como madres, padres. Aquí aplica el sacerdocio universal en la medida en la que no sólo exigimos reconocimiento, sino que somos proactivos buscando que a la par que recuperamos nuestros cotidianos espacios de poder, dispongamos con sabiduría de los recursos.
2. Empoderamiento evangélico: administración personal
Otro uso del término “empoderamiento” se da en el contexto del marketing. Significa la capacidad que tiene el cliente de resolver los problemas que se presenten respecto de su producto. Para eso es necesario que el proveedor capacite o explique eficientemente al consumidor respecto de lo que está adquiriendo. Hace poco me hice de un teléfono, de hecho un Smart phone, debo decir que fue una compra en la que estaba muy poco empoderado. Entendía que el aparato me conectaba a internet, me graba videos, toma fotos, dispone de casi dos Gigas de memoria, pero en la bendita hora de encontrar el botón de colgar para terminar una llamada, sencillamente no tenia capacidad alguna en tal ministerio. En la compra no se me dio ningún manual, sino sólo una Guía Rápida que rápidamente demuestra no servir para nada, y sólo con el uso he aprendido a resolver alguna que otra dificultad. El Evangelio también nos empodera en este sentido, no sólo nos brinda la salvación, también nos habilita y capacita para resolver problemas. El Sacerdocio Universal también es empoderamiento que nos permite hacer frente a dificultades. “Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios” (v. 6)
Las espectaculares imágenes que evoca este pasaje pueden distraernos de su sentido. Según Calvino, no significa que los que ya estaban muertos recibieran el mensaje ahí, en su muerte, o en un secreto lugar extra mundano. La interpretación reformada clásica a este pasaje ha sido la de entender a “los muertos” como aquellos que vivieron antes de Cristo y quienes también pudieron escuchar el evangelio en su tiempo. Desde luego no del mismo modo que cuando vino Jesús pero si en su tenor general de la bondad de Dios para el mundo. En este pasaje se indica que quienes conocen el evangelio, en efecto, atraviesan juicio o crisis pero viven κατὰ θεὸν πνεύματι (katà teón pneúmati), “según el Espíritu de Dios”. Es decir se padece el contexto de la carne, pero se vive en Espíritu. Es como decir que estamos rodeados de las penalidades del mundo, pero nuestro poder está en Dios. De este modo somos sacerdotes capaces de hacerle frente a la carne, a las dificultades, a las diversas crisis por las que atravesamos.“Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración” (v7).
El sacerdocio o empoderamiento evangélico también tiene que ver con la administración personal, la organización y planeación de la vida. Sin negar que el autor efectivamente pensaba en un “fin” (difícil saber si un fin absoluto, o un fin de todas las cosas del entorno, del estilo de vida que se llevaba, como en efecto ocurrió cuando se consolidó la persecución de Nerón), nosotros podemos entender este “fin”, más que como un patrocinio maya, como un tiempo limite, un deadline. El deadline es tiempo que tengo para realizar algo, y es un punto fundamental para una correcta administración en la persona, en la casa, el trabajo y la iglesia. Respetar, o intentar respetar al máximo los tiempos establecidos es un punto fundamental para evitar crisis. Ser sobrios y velar en oración, que implica hacer oraciones inteligentes, despabilados, no guiados por la tristeza o desesperación, sino por la confianza, es la respuesta cotidiana del sacerdote evangélico a las dificultades diarias.
Esta sobriedad y vigilia es un fuerte testimonio de empoderamiento evangélico, del sacerdocio universal. No se trata de ser circunspectos, frugales y severos[5], sujetos excelentes. Sencillamente se trata de prudencia, de saber que hay tiempos que se deben cumplir y actuar conforme a ellos. Hacer esto nos evitará actuar con estrés, hará más eficiente nuestra vida diaria. Podremos ser, mujeres y hombres, sacerdotes sabios que actúan con cabalidad en la vida. La epístola nos muestra la importancia de pensar en el fin, pero no como una catástrofe, sino verlo, incluso con alegría, sabiendo que ahora si tengo un parámetro para organizar mis acciones. Una tortura, resultado de algunos experimentos con humanos, fue aislar a una persona en una habitación sin un reloj. La conmoción venía cuando el sujeto no sabia qué hora era, si era de día o de noche. Si no tenemos presente el fin o los tiempos establecidos, estaremos en condiciones semejantes. Por eso también podemos agradecer el fin, los tiempos establecidos, los deadline. Como dice la autora de novelas de misterio Rita Mae Brown: “Un deadline es una inspiración negativa, pero es mejor a no tener ninguna inspiración”
3. Empoderamiento evangélico y evangelización
El sacerdocio universal o el empoderamiento evangélico como gestión o como administración personal tienen importantes repercusiones en la evangelización. Una creyente o un creyente que ha entendido, como se dijo la semana pasada, “los planes liberadores y empoderadores de Dios”, puede dar testimonio de Cristo y de su liberación. En alguna otra ocasión les he comentado que el centro de la evangelización no es la conversión, sino la comunicación. La relevancia de evangelizar consiste en esparcir la semilla, en hacer que nuestro mensaje de Cristo sea entendible. Y esto mediante palabras y acciones. La evangelización es un performance de Cristo, una escenificación del poder redentor de Cristo en la vida cotidiana. A fin de comunicar efectivamente este mensaje en palabras y acciones, es decir, de volverlo performativo, se requieren estos dos aspectos del sacerdocio universal que se han comentado.
Por un lado es necesario que los cristianos nos empoderemos públicamente, no como partido o ideología. Ciertamente no como lo ha intentado la Democracia Cristiana en América Latina, pues sus intentos han sido invisibilizar a la población que no es cristiana. Todo lo contrario, el cristiano debe empoderarse como sacerdote en la vida pública compartiendo con los demás la gestión de recursos y energía de la creación de Dios. Se debe mejorar la experiencia comunitaria en la iglesia y en la sociedad. Las comunidades cristianas que buscan el equilibrio de poderes entre pastores y comunidad, equidad entre hombres y mujeres, diálogo entre ancianos, adultos, jóvenes y niños, son en sí mismas un poderoso testimonio del sacerdocio universal. ¿Por qué? Porque se trata de comunidades empoderadas, donde todos han aprendido la dignidad de su condición, y comparten el uso del poder a fin de generar climas de inclusión buscando erradicar la vida en la carne, en el dolor y sufrimiento, para transformarla en una vida en el espíritu, en la celebración de la redención de Cristo solidarizándonos con todos: “Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones” (v.9). Murmurar es una energía desaprovechada, es un mal uso del poder.
Por otra parte, el sacerdocio universal como empoderamiento personal también es muy relevante, en particular para la evangelización cotidiana, el testimonio familiar, laboral. En la medida en que me asumo como sacerdote de Cristo debo también asumir el control adecuado de los recursos a mi disposición. Como decía Calvino, aprovechar “todas las mercedes” que Dios nos otorga para compartirlas “liberalmente” con los demás. Si estamos bien organizados en lo personal, tendremos tiempo y energía para ayudar a los demás, para compartirles de este modo el amor de Cristo. Nuestra peri copa evangélica termina llamando nuestra atención a este aspecto de fraternidad evangélica originada en el empoderamiento personal, en la correcta administración de nuestra vida. “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. (v.10)”.
El sacerdocio universal es, a fin de cuentas, un empoderamiento responsable, personalizado pero con fines comunitarios y para la gloria de Dios: 11 Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén”. (v. 11)

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[1] Hainard, Francoise, et al, “Empoderamiento de las mujeres en las crisis urbanas. Género, medio ambiente y barrios marginados” . Most, UNESCO, IEPALA, Editorial, Madrid, pág. 31.
[2] Weber, Max, Economía y Sociedad, Fondo de Cultura Económica, México, 2001.
[3] Definición basada en Adams, Richard, El Octavo Día. La evolución social como autoorganización de la energía, Universidad Autónoma Metropolitana – Iztapalapa, 2001
[4] Cf. Emilio Duhau y Ángela Giglia, Las reglas del desorden. Habitar la metrópoli. México, Siglo XXI-Universidad Autónoma Metropolitana, 2008, p. 215.
[5] Cf con el “tipo ideal protestante” Weber, Max, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, México, Premia (La red de Jonás), 1984.

sábado, 11 de febrero de 2012

¿Es la espiritualidad condición esencial del ser humano y no desarrollarla favorece infelicidad y depresión?: Espiritualidad y Depresión: una relación

Una nueva investigación que tiene que ver con la influencia de la religión y la espiritualidad en el desarrollo de la depresión en hijos de padres que habían padecido la enfermedad anteriormente, ha arrojado interesantes resultados.
Se trata de un trabajo publicado en el pasado mes de enero en la prestigiosa revista de psicología y psiquiatría American Journal of Psychiatry. Lisa Miller, Priya Wickramaratne y otros, sus autores, ya habían estudiado y demostrado hacía unos años la asociación inversa que existe entre la espiritualidad y la depresión mayor entre adultos . Encontraron que las personas con una espiritualidad despierta tenían menos riesgo de padecer una depresión. La espiritualidad estudiada fue sólo en personas de creencias cristianas (evangélicos o católicos).
Ahora, los mismos autores han investigado, en un trabajo longitudinal a lo largo de 10 años, a los hijos de estos sujetos en comparación con otros chicos cuyos padres no habían sufrido una depresión. El resultado ha sido que los hijos que informaron a los 10 años que la religión o la espiritualidad eran muy importantes para ellos tenían alrededor de una cuarta parte de riesgo de sufrir depresión mayor entre los 10 y 20 años (período estudiado) en comparación con otros participantes de su misma edad no creyentes.
Pero lo más curioso es que fueron los hijos de los padres que habían sufrido una depresión y que consideraban muy importante la espiritualidad los que estaban más protegidos contra la devastación que produce la depresión . Este grupo tenía solo una décima parte de posibilidades de sufrir esta grave enfermedad.
EVALUACIÓN Y CONCLUSIONES
Los participantes fueron 114 hijos adultos de padres deprimidos y no deprimidos, seguidos longitudinalmente. El análisis abarca el período comprendido entre los 10 años a los 20 años de evaluaciones de seguimiento. El diagnóstico se evaluó con el Programa para Trastornos Afectivos y la Esquizofrenia Versión-De Vida.
Las medidas de religiosidad incluyeron la importancia personal de la religión o la espiritualidad, la frecuencia de asistencia a los servicios religiosos, y la denominación (todos los participantes eran cristianos, protestantes o católicos) . En un análisis de regresión logística, la depresión mayor a los 20 años se utilizó como medida de resultado y las tres variables de religiosidad a los 10 años como predictores.
La conclusión del estudio es que una alta calificación del auto-informe de la importancia de la religión o la espiritualidad puede tener un efecto protector contra la recurrencia de la depresión, particularmente en los adultos con antecedentes de depresión de los padres.
American Journal of Psychiatry
© Protestante Digital 2012

miércoles, 8 de febrero de 2012

La Sordera De Dios

Por Alfredo Salibián. (*) Argentina

En la última entrega de Pulso Cristiano (Año 8, Nº 202; enero 28, 2012) se transcribe un comunicado-convocatoria, dado a conocer por una de las federaciones de Iglesias evangélicas de Argentina, dirigida “a la Iglesia del Señor y conforme a su Palabra … para orar por el fin de la sequía que se registra en gran parte de la Argentina”; el texto (reitera) que “gran parte del territorio de nuestro país se encuentra en una delicada situación” a causa de dicho evento ambiental.
Hasta aquí estamos de acuerdo: es real que hay una pronunciada sequía, que la misma afecta otra vez, una parte importante del territorio nacional y que la situación es compleja y de cuidado.
Sin embargo, no es aconsejable ni prudente inducir la búsqueda de soluciones en la oficina equivocada. Porque Dios no tiene nada que ver con la sequía a la que se hace referencia.
Para aclarar esta afirmación, puede bastar un ejemplo: supongamos que usted, estimado lector, tiene un familiar diabético, que se descuidó en una comilona, se olvidó de la dieta que le había indicado su médico. La consecuencia no lo habrá sorprendido: la concentración de glucosa en su sangre alcanzó límites que pudieron poner en riesgo su vida.
Pero, ¿de quien es la culpa? ¿Cómo oraría usted a Dios? ¿Se limitaría a implorar “humilde y denodadamente” por la sanidad del diabético desobediente? ¿O le pediría que actúe sobre su familiar para que no vuelva a cometer el mismo desatino que puso en riesgo su vida y la estabilidad de su entorno?
No podemos orar a Dios pidiendo que tenga misericordia, sane y bendiga a nuestro familiar; él no ignoraba que una comilona no sería “gratis”, que tenía riesgos, que pagaría por las consecuencias del desarreglo. Es claro que corresponde orar, pero por el diabético antes que por la diabetes, para que la bendición pedida se manifieste en la no repetición de una acción que lo perjudica por igual a él y a quienes lo rodean y lo aman.
Con la sequía pasa lo mismo que con nuestro diabético. Es claro que el causante y, por tanto, el responsable de la sequía, de la crisis ambiental, no es Dios. Es más, no tenemos evidencias de que El hasta ahora (3 de febrero) haya respondido a las oraciones anti-sequía del 10 de enero. Pero el silencio de Dios no es sordera. Es cierto que esta semana llovió y granizó en varias zonas del país, pero lo solicitado no fue resuelto; a la sequía se le añadieron desgracias e inconvenientes adicionales que afectaron a inocentes compatriotas, cordobeses y capitalinos.
El interés de Dios por nuestro país (y por el resto del Planeta) en lo referente al clima ya se manifestó hace tiempo. El se preocupó de advertirnos por boca de los técnicos y científicos, hace varias décadas, sobre lo que nos esperaba si las acciones y las conductas humanas no se modificaban; esas advertencias para el futuro de su época hoy se han incorporado al escenario de nuestro presente. Es bueno que esto se sepa.
Los científicos han ofrecido suficientes evidencias que señalan a los humanos como los responsables de los cambios climáticos; los climatólogos, meteorólogos, ecólogos, etc. anticiparon con precisión que iban a ocurrir estos eventos. Ellos saben cómo se modificará el régimen de lluvias y de temperatura en todo nuestro país. Las consecuencias de esos cambios son conocidas y un importante número de ellas están documentadas fehacientemente, desde hace mucho tiempo, y difundidas en periódicos, Internet, revistas (científicas y de divulgación), etc.
Pero los destinatarios de esa información (políticos, gobierno, economistas, empresarios, productores agropecuarios, etc.) hicieron caso omiso de esas voces autorizadas y –por el contrario- trabajaron “denodadamente” para instalar modelos de explotación de recursos naturales que crearon las condiciones para la sequía -entre otras consecuencias- que vuelve a preocupar a los dirigentes de la federación a la que aludimos. Impusieron sus prácticas agrícolas, dañaron la capacidad de los suelos, abusaron de la extracción de agua y nutrientes, etc.
Así, en último término, la sequía no es más que uno de los resultados esperados de sus estrategias que, acumuladas en el tiempo y en el espacio, terminan desencadenando crisis como la que nos ocupa.
Lo que está en discusión no es la despreocupación de Dios por su Creación ni la ignorancia de quienes han sido bendecidos por el don de la Ciencia. Ni una cosa ni la otra. Nos preguntamos: ¿no sería una buena idea que los expertos sean convocados para compartir esa información con la gente de las comunidades eclesiales?. Así, los hermanos y hermanas de las iglesias serían esclarecidos e informados: entenderían que la crisis climatológica no es algo mágico cuyos efectos se revierten con oraciones fervientes, que es consecuencia de modelos e intereses económicos y políticos, bien conocidos e identificados.
Si la situación climatológica de nuestro país es crítica (sin perder de vista que también afecta a otros países de la región) corresponde revisar todas las voces de advertencia a las que no se hizo caso. Los liderazgos eclesiales tienen un lugar especial y como tales deben asumir su parte de responsabilidad por no haber cumplido con el deber de haber promovido y hacer audible la voz profética de advertencia, desde las Iglesias, dirigida a las autoridades, esto es a quienes tienen la obligación de velar por el derecho humano a un ambiente sano.
En este contexto, pregunto: ¿cuántos mensajes referidos a la mayordomía de la Creación de los cristianos se han escuchado en su congregación el último año?, ¿cuántas clases de la escuela bíblica fueron dedicadas a pensar en los gritos de dolor de la naturaleza?, ¿hubo alguien que habló de la soja y de sus efectos adversos sobre los ecosistemas, la disponibilidad de agua, la biodiversidad y la seguridad alimentaria? ¿se preguntaron porqué las imágenes de la sequía muestran ganado muerto en ambientes donde no se ven campesinos?.
En mi opinión, como cristianos nos corresponde pedir perdón a Dios por el pecado de haber renunciado a nuestra responsabilidad como mayordomos de la Creación, como custodios de la integridad de la Creación. Deberíamos orar denodadamente para que la soberbia de los responsables de las acciones que condujeron a esta particular crisis ambiental, de paso al arrepentimiento y al compromiso de trabajar para mitigar o remediar los daños que han provocado sus actitudes.
En la Biblia se nos brinda la crónica de un caso paradigmático, el de una crisis social ligada a otra ambiental. Es el relato del profeta Joel. ¿Cuál fue el remedio, la solución, que propuso el líder para afrontar la crisis?: “no se equivoquen, sean auténticos: desgárrense el corazón y no la ropa, no lo exterior; … vuélvanse a Dios con sinceridad, pidan perdón, lloren, sean auténticos. Quizás así Dios decida cambiar castigo por bendición” (2 ,14). En otras palabras: arrepiéntanse en forma genuina, que el azote que padecen sirva para su renovación, entiendan de una vez que la crisis y el juicio tornarán en esperanza y salvación si hay arrepentimiento. Dios estaba airado, enojado, de mal humor.
Pero no es sordo ni ciego; es sensible ante el dolor de toda su Creación (ser humano + resto de la Creación). Por eso, cuando todo el sufriente pueblo es convocado en medio de un desastre ambiental (2, 15-16), sus líderes religiosos gritan en su nombre "Perdona, Señor, a tu pueblo..." (2, 17); es entonces que Dios muestra que su amor y su compasión por ellos y por toda su Creación está intacto (2, 18-24).
Por ello me atrevo a declarar que Dios, sin dudas, responderá a las oraciones que se están solicitando. Lo hará previo arrepentimiento de los responsables del desastre que, por acción o por omisión, han contribuido a provocar: [“… ustedes … habrán de reconocer … que yo soy su Dios, nadie más” (2, 27)]. No hay lugar para otros dioses. Con orar solamente (sin arrepentimiento) no es suficiente.
(*) Dr. Alfredo Salibián es Profesor Titular Emérito de la Universidad Nacional de Luján; ex miembro de la Carrera del Investigador Científico de la CIC-Provincia de Buenos Aires; Académico de Número de la Academia Nacional de Farmacia y Bioquímica.

FUENTE: ECUPRES

martes, 7 de febrero de 2012

Edesio S. Cetina: ¿ser evangélico hoy en Latinoamérica?

Por. Jacqueline Alencar, España*
La iglesia evangélica en América Latina, necesita definir con más certeza y claridad el tema de la identidad:

Ahora dialogamos con Edesio Sánchez Cetina (México D.F. 1947), Pastor Presbiteriano y Secretario regional para Mesoamérica y el Caribe hispano de la FTL, quien nos revela, a través de esta entrevista, algunos aspectos de la realidad evangélica latinoamericana de hoy. Es licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Realizó una Maestría en la Universidad Bíblica Latinoamericana y doctorado (PhD) en el Union Theological Seminary en Richmond, VA. Además, es consultor de traducciones Bíblicas con las Sociedades Bíblicas Unidas y autor de varios libros y comentarios bíblicos (a Deuteronomio, Josué, Jueces, Malaquías, entre otros) y artículos sobre Exégesis bíblica y traducción.
Pregunta.- ¿Cuáles son los retos a los que se enfrenta la iglesia en el siglo XXI?
Respuesta.- Principalmente los de la “globalización”, la inseguridad y la violencia. Me refiero a los problemas que el mundo plantea a toda la sociedad y no solo a la iglesia. La iglesia evangélica en América Latina, como una de las expresiones de la cristiandad, necesita definir con más certeza y claridad el tema de la identidad : ¿Qué significa ser evangélico hoy en América Latina? A mí me parece que éste ha sido un problema endémico de los evangélicos en este continente, sean miembros de una iglesia histórica, pentecostal, neopentecostal o mega-iglesia. Un segundo problema es el de la desunión o falta de unidad .Hoy, más que nunca, las iglesias viven luchando una contra la otra, “robándose” membresía y siguiendo su propio camino tanto teológico como evangelizador. Un tercer problema es el de la comprensión limitada o tergiversada de lo que es la misión de la iglesia .
P.- ¿Debe la iglesia limitarse sólo a dar un testimonio verbal, evitando implicarse en la defensa de la justicia social, en la lucha contra la corrupción y siendo voz de los indefensos?
Considero como problema el tener una comprensión estrecha y tergiversada de la misión de la iglesia. En la Fraternidad Teológica Latinoamericana, de la cual soy miembro y Secretario regional para Mesoamérica y el Caribe hispano, el asunto de la misión integral ha sido compañero inseparable del quehacer teológico. Desde las primeras décadas de su existencia, gente como Orlando Costas, Samuel Escobar y René Padilla, para citar a tres miembros fundadores, extendió e insistió en este tema a través de congresos, conferencias, artículos y libros. Hoy, algunos cuestionamos el nombre, por la sencilla razón de que no es necesario agregarle al vocablo “misión” el adjetivo integral. Si la misión que practica la iglesia, sea ésta cualquier grupo eclesiástico, no coincide con la misión enseñada y vivida por nuestro Señor Jesucristo, simple y llanamente, no es misión. Creo que “las credenciales” de Jesús, esbozadas en textos tales como Lucas 4, Mateo 11 y Juan 10, no nos permiten limitación alguna. Para lograr cumplir con este concepto cristológico de misión el día de hoy en América Latina, es imposible hacerlo sin implicarse en la defensa de la justicia social, en la lucha contra la corrupción y siendo voz de los marginados, silenciados y oprimidos.
P.- Dentro de la población indígena de América Latina existen unos mil grupos lingüísticos de los cuales la mitad tiene por lo menos una porción de las Escrituras traducida. ¿Cuáles son los problemas a los que se enfrentan las Sociedades Bíblicas Unidas a la hora de conseguir traducciones que mejor se adapten a esta población?
R.- Los problemas son múltiples y muy complejos. Quizá el principal es que la iglesia en general, y los administrativos, tanto a nivel global, como regional, como nacional en particular, no tienen como prioritario el que “la Palabra de Dios llegue a todos en el idioma que puedan entender, al precio que puedan pagar y en el formato más adecuado”. Eso está en el papel; eso está a flor de labio cuando desde algún foro se levanta la pregunta o el tema. Sin embargo, siempre ha sido y seguirá siendo que las comunidades indígenas permanecen al final de la lista en cuanto a llenar necesidades y definir prioridades. Y éste no es solo problema de las Sociedades Bíblicas Unidas. Lo es de casi todas las organizaciones que se dedican al ministerio de la traducción y distribución de las Escrituras. Hoy que el asunto económico se ha agudizado, los primeros grupos que sufren son precisamente los grupos indígenas minoritarios. Nuestra organización se está “reingenierizando”, es decir, “achicando”. Quienes han tomado esa decisión lo hacen debido a que ya no se tienen a la mano los fondos que antes se tenían. Se les quiere dar más protagonismo a las Sociedades Nacionales. Pero precisamente es a nivel nacional donde más se muestra ese desinterés por la causa bíblica hacia el pueblo indígena. Las Sociedades Bíblicas nacionales, por lo general, están luchando por su subsistencia, y concentran sus esfuerzos en vender y distribuir el material que más se les compra; es decir, la versión que más busca la iglesia de habla hispana evangélica, la RV60. Todo lo demás queda en segundo plano.
Por otro lado, la nueva generación de donantes, hijos e hijas de la posmodernidad, quieren saber ya qué ha pasado con el dinero que han donado. Están presionando a que se hagan traducciones más rápidas y menos costosas. La experiencia nos ha enseñado que aun con la nueva tecnología la traducción de una Biblia completa lleva por lo menos 10 años. ¿Cómo lograr una excelente traducción en tan solo tres o cinco años? Nuestras Sociedades Bíblicas nacionales no tienen los recursos humanos tanto administrativo como de formación bíblica, lingüística y antropológica para asumir el rol que hasta ahora han tenido los Consultores de Traducción (todos con doctorado académico en alguna de esas tres áreas). Hay que reconocer que el más alto porcentaje de indígenas que participan en la traducción de la Biblia tienen muy pobre formación académica, conocen bien su lengua, pero por lo general nunca escrita; conocen poco el español, y desconocen los tres campos clave para una buena y fiel traducción. Esto explica por qué una traducción tarda más de diez años: el período formativo es extenso y continuo hasta casi al finalizar el proceso de traducción y revisión. Además, esos traductores tienen que ser entrenados en el uso de la computadora y los programas asociados en el trabajo de traducción bíblica. Muchos de ellos viven en contextos apartados de las fuentes de energía eléctrica y de Internet.
P.- ¿Qué piensa de la Teología de la Prosperidad que está incursionando en ámbitos evangélicos?
R.- Creo que es una aberración bíblico-teológica. La doctrina fundamental de la encarnación establece claramente la dirección misional respecto de este tema: Ustedes saben que nuestro Señor Jesucristo era rico, pero tanto los amó a ustedes que vino al mundo y se hizo pobre, para que con su pobreza ustedes llegaran a ser ricos (2 Cor 8.9, TLA). En la práctica de esta teología y la pastoral deducida de ella, la cosa pasa al revés: el líder, pastor, apóstol, patriarca o arcángel amasa riquezas superlativas a costa de la ingenuidad e ignorancia de su pueblo, agregándole altas dosis de manipulación de masas.Desde su nacimiento hasta su muerte, Jesús constató en vida y enseñanza el contenido fundamental del texto de Pablo. Estoy totalmente opuesto a esa teología y cuando puedo predico y enseño en contra de ella.
P.-Se oyen voces que dicen que el crecimiento imparable de los evangélicos en Latinoamérica no va acompañado de una madurez bíblica y teológica, e incluso ética. ¿Está de acuerdo?
R.- Para empezar, en muchos lugares no hay tal crecimiento imparable. Es quizá como decía hace más de tres décadas atrás Juan Carlos Ortiz, un “engorde” de la iglesia. Pues el énfasis no es en el crecimiento total y holístico, sino en lo numérico, que para mí no es crecimiento de la iglesia. Ahora bien, si la pregunta quiere limitarse a este punto, entonces, no vale la pena agregar el asunto de madurez bíblica y teológica y el asunto de la ética. Es harto conocido por todos que en los países donde se dice que se ha dado ese notorio crecimiento numérico también ha crecido mucho más la violencia, el genocidio, la corrupción tanto a nivel gubernamental como eclesiástico, etc. Ni hablar de la ignorancia bíblica. En mis constantes viajes por América Latina y el mundo hispano de los Estados Unidos y Canadá, a menudo constato que más del 80 % del liderazgo pastoral no tiene formación bíblica y teológica alguna. En mis charlas constantemente hago preguntas sobre textos bíblicos conocidos, y la mayoría no sabe dónde buscarlos.
Por otro lado, como se señaló en un estudio hecho en algunos países centroamericanos sobre crecimiento de la iglesia, muchos de los grupos e iglesias que afirman el crecimiento numérico de sus iglesias, lo que realmente experimentan es un “¡reciclaje de la iglesia!”. Quienes salen de un grupo van a otro y de éste a otro y así y así. La “inserción” no es resultado de la evangelización y la conversión genuina, sino de la búsqueda de espacios “religiosos” que los mantenga contentos por un tiempo y que cuando se cansen lo dejan para experimentar otra oferta del mercado.
Además, una buena cantidad de líderes evangélicos que logran llegar a entidades gubernamentales, tales como congresos o asambleas legislativas, terminan metiéndose en el juego político de los partidos mayoritarios y se “olvidan” de su compromiso misional y de su vocación divina.
P.- Dos de las referencias teológicas del mundo evangélico en Latinoamérica son Samuel Escobar y René Padilla. ¿Qué opinión tiene de su obra?
R.- Precisamente ellos, junto con otros miembros fundadores de la FTL, hicieron y han hecho un esfuerzo gigantesco para acabar con la domesticación teológica misionera, con el seguir viviendo dependientes en todo de la empresa misionera foránea, y buscaron iniciar y mantener un diálogo abierto, serio y fecundo con los principales teólogos de la liberación, recordemos que tanto el movimiento de teología de la liberación como el surgimiento de la FTL coinciden cronológica y geográficamente hablando. Su postura profundamente ecuménica permitió que abrieran el foro de la FTL para el diálogo abierto tanto con grupos muy conservadores como con gente vinculada al CMI. Llama la atención, sin embargo, que aceptaran entrar al diálogo y hasta en membrecía gente del mal llamado movimiento ecuménico mas no del lado fundamentalista y conservador. La reunión de CLADE II fue clara manifestación de ello.
Samuel y René no son referencias teológicas del mundo evangélico. Ya lo he dicho anteriormente; ¡no hay un mundo evangélico unificado en prácticamente nada! El mundo evangélico que conozco, el llamado evangélico, los considera liberales. La mayoría de nuestra gente que se enorgullece de llamarse evangélica sustentan una doctrina lejana de los principios teológicos de la Reforma Protestante. Yo mismo considero un piropo que me llamen liberal a que me llamen teólogo evangélico en la línea de la que acabo de hablar.
René, sobre todo, ha tenido un liderazgo muy amplio y fecundo: misionólogo, autor prolífico, pastor de iglesia, movimiento estudiantil universitario, fundador y administrador de varios ministerios, profesor de instituciones teológicas, etc. Samuel, obviamente, no se queda atrás, pero considero que él, a diferencia de René, ha sido más concentrado en lo que a ministerios se refiere. De hecho, en las últimas décadas, Samuel, geográficamente hablando, se halla fuera del continente Americano y su participación en foros vinculados con la FTL son más reducidos que los de René, el día de hoy.
P.- Ambos teólogos participaron en la gestación de la llamada Misión Integral. ¿Ha calado ésta en las iglesias latinoamericanas?
R.- Me choca esto de participar en la gestación de Misión Integral. La gestación de la misión de la iglesia es Dios. La “gestación” fue una reacción valiente y atinada ante un movimiento fundamentalmente “yanqui” que quería imponer el movimiento de “Iglecrecimiento” y la llamada “unidad homogénea”.
Como movimiento, vale mejor traer a colación a “Red del Camino”. Pero para la formación de esta red y su actual manifestación en nuestro medio, no sé realmente cuánta participación gestora tuvieron ellos. Por otro lado, de lo que yo conozco de este movimiento de iglesias locales, por ejemplo, en el caso de Costa Rica, hay más de 120 iglesias metidas de lleno en lo que es “misión integral”. Y de Costa Rica, podemos ir a República Dominicana, Honduras, Argentina, Chile. Todos estos, países donde existe una buena cantidad de iglesias comprometidas con la misión de Dios para la iglesia.
P.- Como evangélicos sabemos el modelo bíblico de familia, pero la realidad social latinoamericana nos muestra otras formas, entre ellas, la más lacerante, la de las madres solteras o de las mujeres abandonadas por sus cónyuges y que son quienes sacan adelante a sus hijos. ¿Cómo debemos responder ante esta situación?
R.- Para empezar, no hay un modelo bíblico de familia. Los modelos de familia en la Biblia responden a la situación social, cultural, económica y política de la época. Nuestra situación es muy, pero muy distinta al mundo semítico ubicado milenios atrás en la cuenca del Mediterráneo. Lo bíblico no es el modelo de familia, sino cómo responder con justicia, amor y solidaridad ante circunstancias desafiantes para la familia y la sociedad. El o los modelos los proveen los entes sociales de acuerdo con las dinámicas de vida que se desarrollan en ellos. Cada comunidad eclesiástica debe enfrentar los desafíos de nuestro tiempo y responder adecuadamente. En la época bíblica no se hablaba de madres solteras u hogares de solo madres. Los desafíos eran en relación de gente marginada y vulnerable como los exiliados, las viudas y los huérfanos. El día de hoy, por el modelo de familia diferente, sí conocemos, de manera abundante, este problema de las madres solteras y las mujeres abandonadas. En muchas circunstancias, el problema no se restringe al hecho de ser madre soltera o de ser abandonada; es más complejo. Las iglesias que servimos en zonas marginales aquí en San José viven esa realidad, pero sus raíces trascienden el ámbito meramente familiar. Tiene que ver con la migración-inmigración debido a la suprema pobreza o las guerras y violencia, o los desastres naturales. Hay, como sabemos, diversos tipos de madres solteras y mujeres abandonadas. Por ello creo que no se puede abordar el asunto de manera general y abstracta. Cada comunidad eclesiástica debe, a partir de un estudio profundo de la situación, responder de manera concreta y eficaz al desafío que tienen enfrente.
P.- ¿Qué le parecen los temas centrales que se abordan en el Quinto Congreso Latinoamericano de Evangelización (CLADE V)?
R.- Debo decir que formo parte del comité que coordina este evento. Así que se debe tomar en cuenta este punto ante mi respuesta. No queremos dictar cátedra sobre el asunto, ni marcar derroteros, sino que humildemente acercarnos al Señor más en actitud de oración, de súplica, de aceptación obediente al mandato misional divino. De allí el lema: “Sigamos a Jesús en su reino de vida. ¡Guíanos, Santo Espíritu!” . El lema en sí apunta a la misión de Dios, mirada en forma completa, total. De allí el tema del seguimiento, de allí el asunto del reino de Dios, de allí la súplica de la dirección del Espíritu Santo.
Los temas centrales los aporta el lema. Pero, de manera deliberada, decidimos no invitar a los “nombres grandes y famosos”. No habrá conferencias o charlas magistrales. De hecho, lo más grueso del congreso queda en manos del trabajo teológico, misionero y pastoral de los diversos núcleos o grupos de miembros y amigos de la FTL que desde hace varios meses están trabajando sobre un documento llamado “Cuaderno de participación”. Sí, se hace teología, se invita a la reflexión; pero esta reflexión surge de la práctica pastoral y misional. El texto bíblico se lee en y desde la “lectura” crítica de la situación de las iglesias locales en cada país y región. Las preguntas del material no permiten mantenerse en las nubes o en la torre de marfil. Habrá suficiente espacio para talleres, espacios “verdes” no por lo ecológico, sino para que de acuerdo con intereses propios se formen grupos de charla, diálogo y reflexión. El equipo de liturgia se mantendrá ocupado todo el tiempo proveyendo, a partir de las diversas manifestaciones del arte, un enfoque celebrativo y de actitud obediente al llamado de Dios.
P.- Los evangélicos incursionan en la política, sobre todo, en Centroamérica. ¿Cuál es su valoración sobre esta opción?
R.- Yo tengo bien clara mi postura. Si un evangélico se siente llamado a seguir esa profesión, que lo haga. Pero que no lo haga en nombre de la iglesia ni tampoco impulsado por ella o por algún partido que se autodenomine evangélico. No creo que quienes ejerzan el pastorado deban meterse al ejercicio de esta profesión. La iglesia y su liderazgo deben mantener su voz profética, y solo “desde afuera” se logra eso. No creo saludable que las fraternidades de pastores o alianzas evangélicas se metan al juego político dándole su apoyo, en nombre de Dios, a tal o cual candidato; mucho menos al recién nombrado presidente o presidenta.
Me parece que la formación de partidos políticos evangélicos es una decisión equivocada y de resultados negativos para las iglesias. Ya tenemos malas y tristes experiencias de esto en varios de nuestros países centroamericanos.
P.- ¿Cómo llegó Cristo a su vida?
R.- Cristo no llega a la vida de uno; al menos mi experiencia y por lo que veo en la Biblia no es tan así. A la mayoría los llamó y los comisionó. Pero conversión, al estilo de las campañas evangelísticas conocidas en nuestro medio, ¡nunca! Este vocabulario me suena más a los grupos que llamo “conversionistas”. Te tienes que convertir del pecado, de una vida mala, del camino torcido o equivocado. Pero ¿qué pasa cuando esto no ocurre en la vida de uno? Cristo no llegó a mi vida. Nací metido en la vida de Cristo; nací en un hogar cristiano, en un hogar pastoral. ¡Soy hijo de la promesa! ¡No tuve que convertirme de nada!
Creo oportuno aclarar que la Biblia es muy clara y seria en indicar que quienes nacen en hogares formados en la fe bíblica y cristiana ya de suyo forman parte de la familia de Dios. Solo si se salen tienen que convertirse o hablar de cuándo Cristo llegó a su vida. De allí que apoye y crea y practique el bautismo infantil y la participación de los niños en la Cena del Señor.
Mi testimonio más grande, elocuente y feliz es que Dios permite que muchos de sus hijos e hijas nunca tengan que vivir otra vida que no sea la de la vida abundante en Cristo.
Finaliza la entrevista . Gracias, Edesio, por mostrarnos ciertos rasgos de la comunidad evangélica latinoamericana, que nos permitirá conocer y valorar, propiciando un mayor acercamiento.

Autores: Jacqueline Alencar

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lunes, 6 de febrero de 2012

Tres anécdotas del Hermano Pablo

Por. Eugenio Orellana

Mi última nota para el espacio que Protestante Digital tan gentilmente me ha concedido, la escribí con motivo de la Navidad pasada. Para ser sincero, pensé que mis fans , al notar mi ausencia de las páginas de la revista reclamarían o, a lo menos, preguntarían qué pasa con nuestro querido Escribidor. ¡Nada! Ni siquiera mi alter ego, el seudo gringo Westinghouse Echavarría hizo oír su voz. «¡Qué barbaridad!» me dije. «Y yo que creía que ya me había hecho algo así como un proveedor imprescindible de buena lectura!» En vista de la aplastante frustración de mi ego, no me queda otra alternativa que volver a las andadas. Lo hago, sin embargo, con parsimonia, como cuando un recién operado empieza a dar pasitos cortos y débiles por el cuarto de hospital o de la casa donde se recupera. (*)
El 27 de enero falleció en Irvine, California, el Hermano Pablo, ampliamente conocido en esta parte del mundo por sus campañas evangelísticas y sus programas radiales y televisivos «Un mensaje a la conciencia».
Hará unos cuantos años, Cire y yo estuvimos con él y Linda, su esposa, a las orillas del hermoso lago Villarrica, en el sur de Chile. Coincidimos en visitar a un colega pastor, José Mardones, quien, acompañado de su esposa Anita se recuperaba por esos entonces de una enfermedad allí, a la orilla del lago. Entre charla y charla, Linda compartió con nosotros una anécdota de su vida que, traerla aquí, sin su permiso, no creo que le vaya a provocar un disgusto .
Nos contó que un día, cansada de permanecer sola en casa pues su esposo no paraba de viajar por el mundo para llevar a cabo sus campañas evangelísticas, decidió dejarlo. Buscó una maleta, puso adentro algunas piezas de ropa y se fue. «¡Esto se acabó!» dijo, «no aguanto más». Y salió con paso firme, después de haber cerrado la puerta de calle con un golpe seco. ¡Dio tres pasos y zas, se luxó un tobillo! La maleta saltó lejos y ella, doblada en dos, cayó medio de rodillas sobre el pavimento de entrada. En un segundo se dio cuenta que ese accidente no había sido casual, de modo que aprovechando la posición oró a Dios y le dijo: «Señor, perdóname por querer abandonar a mi esposo. Permíteme volver a la casa y te prometo que nunca más intentaré hacerlo». Como conclusión de su relato, nos dijo: «Dios tiene formas y formas de decirnos lo que debemos y lo que no debemos hacer».
El viernes recién pasado sin duda Linda estaba a su lado cuando el Hermano Pablo partió a encontrarse con su Señor al que sirvió con fidelidad ejemplar durante su larga y fructífera vida. Tenía 90 años.
Segunda anécdota: Por allá por 1975, acompañado por Nautilio Valverde, un recordado hermano costarricense con quien nos encontrábamos de gira por los Estados Unidos (yo en ese tiempo vivía en Costa Rica) llegamos a Costa Mesa, California, a visitar al Hermano Pablo . Allí estaba con él su colaborador Héctor Tamez. Con nosotros iba también nuestro amigo Alberto Mottesi. En el estacionamiento del edificio donde funcionaban las oficinas de «Un mensaje a la conciencia» estaba «parqueado» su automóvil recientemente adquirido. Curiosos, nos acercamos para admirarlo. Nos llamó la atención una ventanita ( sunroof ) que tenía en el techo, justo sobre el asiento del chofer, algo casi desconocido para nosotros, guajiros centroamericanos, por aquel tiempo. Le preguntamos por ella y nos contestó: «Pedí que el auto trajera esta ventanita que mantengo siempre abierta porque quiero que cuando se produzca el arrebatamiento, yo salga raudo del auto a través de ella para ser de los primeros en llegar a reunirse con mi Señor».
Tercer caso. «El negro Bruchez». Por allá por 1960 llegó desde Buenos Aires a trabajar con nosotros a la editorial de la Alianza Cristiana y Misionera en Temuco donde yo comencé como corrector de pruebas . Era pastor, evangelista, escritor, poeta, gran contador de chistes y gran amigo; cantante no pues tenía una voz horrible. ¿Su nombre? Dardo Bruchez. Llegaba con su esposa Reina y con sus dos pequeñas hijas, Susana y Amalia. (En Temuco nació Alicia, la tercera.) Con el tiempo y por aquellos designios misteriosos de Dios, Dardo salió de Temuco para radicarse en San José, Costa Rica y luego, en California. Un día se encontraron el Hermano Pablo y Dardo y, a poco hablar, el primero supo que el segundo era un excelente escritor. A partir de entonces, Dardo Bruchez Machado se transformó en el escritor de los mensajes a la conciencia que el Hermano Pablo leía tan magistralmente ante los micrófonos.
Este episodio en la vida y ministerio de Pablo Finkenbinder es poco conocido, de ahí el subtítulo de «El negro Bruchez». Una explicación para quienes no entienden esto de «negro». Negro, para los españoles, es el ghost writer para los estadounidenses y el «escritor fantasma» para los hispanoparlantes. Es decir, el que le escribe los mensajes, o los libretos, o el libro al que lo contrata para tal efecto. El mensaje, el libreto o el libro aparecerán, por lo general con el nombre del que alquiló los servicios del escribidor; así, Dardo Bruchez fue el negro del Hermano Pablo de la misma manera que yo lo fui, entre otros, del evangelista puertorriqueño Jorge Raschke y del pastor mexico-americano Daniel de León. ¿La gloria para quién es? Ambos ya están disfrutando de ella. Dardo se había ido antes, en febrero de 2003 y, por cierto, nos volvimos a encontrar con Pablo y Linda en el servicio memorial que se llevó a cabo para Dardo en San Diego hace ya unos años. En la gloria, seguramente teniendo como testigo al Hijo de Dios, estarán teniendo amenas charlas sobre el impacto que tuvieron y siguen teniendo en la tierra: «Un mensaje a la conciencia, en la voz del Hermano Pablo».
Estas notas, entre serias y risueñas, son un sincero homenaje a dos hombres de Dios que entendieron que el servicio a Cristo no termina sino hasta cuando dejamos esta tierra para radicarnos, para siempre, en la Canaán celestial.
(*) ¿Han leído el relato que escribí a raíz de mi cirugía de esófago en 2005? Si no lo han leído, prometo (aunque quizás más de alguno diga, horrorizado: «¡No, por favor! Nos basta con saber que su operación resultó todo un éxito») traerlo a colación la próxima semana, o por ahí. Se me ocurrió a raíz de los «pasitos cortos» de los convalescientes.


©Protestante Digital 2011

sábado, 4 de febrero de 2012

¿Cómo podemos enfrentar los prejuicios?

Por. Rolando López Concepción

¿Se considera usted libre de prejuicios? Ojalá pudiera contestar a esta pregunta de forma afirmativa. Pero, no lo creo. Ningún ser humano, en justicia, puede afirmar tal cosa. Lo cierto es que estamos plagados de perjuicios, aún cuando nos duela reconocerlo, a veces. Nos discriminamos por las razas o la procedencia; por el sexo; por la posición social: rico, pobre, aristócrata o plebeyo; y por cuanto haya que nos haga diferentes los unos de los otros.
¿Pero, dice algo la Biblia, que todos los cristianos reconocemos como palabra inspirada de Dios, en relación a cómo deberían ser nuestras relaciones con el Creador y entre nosotros mismos? Pues sí, cuando revisamos las Escrituras observamos que en la Ley se dice “amarás a tu prójimo como a ti mismo” [Lv 19.18], lo cual ratifica de forma expresa nuestro Señor Jesucristo, cuando a la pregunta: “¿Cuál es el primer mandamiento de todos?”, responde: “El primer mandamiento es: Amarás […] al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas. Y el segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” –que continúa– “No hay otro mandamiento mayor que éstos” [Ma 12.28-31]. Bendito sea nuestro Dios, que es capaz de equiparar el amor que le debemos a Él, creador de todo el universo, con el que deberíamos tenernos entre nosotros mismos.
Pero, ¿cuál es el prójimo de que habla Jesús? En la parábola del buen samaritano [Lc 10.30-37], Él nos deja un ejemplo, como enseñanza práctica. Cuenta como a un pobre judío que cayó en manos de ladrones y quedó herido, casi moribundo, los que debieron ser sus amigos -un sacerdote y un Levita, por demás-, lo pasaron por alto, siendo atendido, finalmente, por un extranjero, un samaritano, uno de la nación que los judíos más despreciaban y detestaban, y con quienes no querían tratos de ninguna clase.
Es lamentable observar cuánto domina el egoísmo en todos los rangos; cuántas excusas dan los hombres para ahorrarse problemas o gastos en ayudar al prójimo. El verdadero cristiano tiene escrita en su corazón la ley del amor. El Espíritu de Cristo habita en él; la imagen de Cristo se renueva en su alma. La parábola es una bella explicación de la ley de amar al prójimo como a uno mismo, sin acepción de nación, partido ni otra distinción. ¡Qué magnífico ejemplo de verdadero amor! ¡VERDAD!

Fuente: Obrerofiel.com

jueves, 2 de febrero de 2012

Lo humano y lo divino

Por. José M. Castillo. España (*)

Una de las equivocaciones más torpes, que ha cometido la teología cristiana, ha sido presentar la relación del ser humano con Dios de tal manera que, para que esa relación sea correcta, al ser humano no le basta ser plenamente humano, sino que, además de eso, necesita divinizarse.
Es decir, al hombre no le basta la “condición humana”, sino que, además de eso, necesita también la “condición divina”. Por eso y para eso, el ser humano necesita eso que los entendidos en los asuntos de la religión cristiana llaman la “gracia santificante”.
Se discute en qué consiste esta “gracia santificante”. En cualquier caso, y se entienda como se entienda, los teólogos insisten en que, mediante la gracia divina, es como se obtiene su propia divinización.
Es verdad que, para los teólogos antiguos y medievales, “divinizar” al hombre no es lo contrario de “humanizarlo”, sino hacer que alcance su plenitud y su destino definitivo. Pero también es cierto que, al explicar este complicado asunto, los teólogos daban a entender, que si el hombre no alcanza se propia “divinización”, por eso mismo queda frustrado en su ser.
El problema que, sin darse cuenta, plantearon los teólogos mediante esta teoría está en que, en la mentalidad de muchos cristianos, la gente se veía ante un dilema terrible: “o Dios o el hombre”. Lo que, en definitiva, equivalía a integrar en la propia vida dos ideas aterradoras. Primera idea: la “distinción” radical entre “lo divino” y “lo humano”. Segunda idea: la “contraposición” e incluso el “enfrentamiento” entre “lo divino” y “lo humano”.
Ahora bien, desde el momento en que se vieron así las relaciones entre el hombre y Dios, desde ese mismo momento los hombres y las mujeres, que hemos pretendido ser religiosos, creyentes y practicantes…, nos hemos visto expuestos a situaciones extremadamente desagradables y erizadas de dificultades, que han llevado a mucha gente a tomar distancias en relación a Dios, a la religión y a todo cuanto se refiere a lo divino y lo sagrado. Por la sencilla razón de que, en todo eso, somos muchos los que hemos visto un peligro o una amenaza para su propia humanidad.
¿Por qué? La cosa se comprende enseguida. Los teólogos, los moralistas, los obispos, basándose en estas teorías, al contraponer y al enfrentar “lo divino” a “lo humano”, se han sentido con el derecho y en el deber de presentar y exigir que todo “lo humano” se someta y se acople a todo cuanto se le ha presentado como decisión o imposición de “lo divino”.
De ahí que, con frecuencia, las religiones imponen obligaciones, renuncias y sacrificios, que, en nombre de Dios y como voluntad de Dios, exigen a los humanos aceptar dogmas y presuntas verdades que no se entienden, privarse de cosas que todos naturalmente apetecemos o imponerse renuncias, privaciones y sacrificios que resultan sumamente costosos.
Yo entiendo, por supuesto, que una persona (por motivaciones religiosas o simplemente sociales) se prive de algo que le apetece, si, de esa privación, se sigue un bien para alguien, para otro ser humano, sea quien sea. Pero lo que no me cabe en la cabeza es que se pueda creer en un Dios al que le agrada (y se siente más satisfecho cuando ve) que sus fieles se privan de lo que les gusta, de lo que les proporciona bienestar y felicidad.
De forma que se trata de un Dios que, en la medida en que ve a la gente sufrir, Él se pone más contento. ¿No es eso un “dios peligroso”, un “dios sádico”, un “dios indeseable”, que no merece sino nuestro desprecio?
Esta teoría según la cual “lo profano” tiene que someterse a “lo sagrado”, “lo laico” a “lo religioso”, “lo humano” a “lo divino”, está en la base de los incesantes conflictos (grandes y pequeños) que surgen en la sociedad entre las autoridades religiosas y los poderes civiles.
Es la teoría que, en el fondo, explica la extraña contradicción en la que incurren los dirigentes religiosos cuando hablan elogiosamente de los derechos humanos, pero, al mismo tiempo, no los aplican en sus normas y prácticas de gobierno religioso. Y hacen esto basándose en la teoría según la cual la verdad divina no es armonizable con los derechos humanos.
En virtud de este argumento, sin ir más lejos, en la Iglesia, las mujeres no tienen los mismos derechos que los hombres. ¿Estamos seguros de que Dios quiere que eso sea así? No podemos estarlo. En cualquier caso, de lo que sí podemos estar seguros es que, si no queremos presentar a Dios como un esperpento, no podemos ir por la vida diciendo que Dios no quiere que se pongan en práctica los derechos humanos.
Y, sin embargo, por más esperpéntico que resulte, esto es lo que la teología católica va diciendo por el mundo entero cuando se empeña en defender que hay colectivos enteros, como es el caso de las mujeres o el de las personas homosexuales que no tienen los mismos derechos que el resto de los mortales.
Y que nadie me venga enarbolando un crucifijo y recordando los textos de san Pablo en los que se habla de la muerte de Cristo como un “sacrificio expiatorio” por nuestros pecados (Rom 3, 25; 8, 3; Gal 3, 13; 2 Cor 5, 21….). Está bien demostrado que esos textos son inseparables de la idea de “resurrección”. Es decir, esos textos, por sí solos, pierden su verdadero sentido.
San Pablo se vio en la terrible situación de tener que presentar el cristianismo como la religión que predicaba un “Dios Crucificado”, una idea tan espantosamente inaceptable para cualquier ciudadano del Imperio, que no tuvo más remedio que echar mano de la teología del “sacrificio” y de la “expiación” del Antiguo Testamento, para presentar una “interpretación” aceptable en su tiempo.
Pero, sobre todo, lo decisivo en este asunto es saber que el Nuevo testamento modificó de raíz la idea y la experiencia del “sacrificio”. Tal como se nos dice al final de la carta a los Hebreos, la cosa está clara: “No os olvidéis de la solidaridad y de hacer el bien, que esos sacrificios son los que agradan a Dios” ( Heb 13, 16).
El sacrificio religioso, que hoy más le agrada a Dios, es que aliviemos penas y sufrimientos, que ayudemos a las familias que no tienen trabajo, a los que se ven desamparados y sin esperanza. No puedo creer en un cristianismo que no ve así las cosas.

(*) José María Castillo Sánchez, Granada, 1929, teólogo, jesuita, en mayo de 2007, en que abandona la Compañía de Jesús.

Fuente: ECUPRES