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jueves, 6 de diciembre de 2012

Adviento, día 3: La perfecta y desconcertante voluntad de Dios

Por. Harold Segura C. Costa Rica*
«En aquel momento Jesús, lleno de alegría por el Espíritu Santo, dijo: “Te alabo, Padre, Señordel cielo y de la tierra, porque habiendo escondido estas cosas de los sabios e instruidos, se lashas revelado a los que son como niños. Sí, Padre, porque esa fue tu buena voluntad. […]”».
Lucas 10.21 -NVI
¿Qué cosas son las que alegran a Jesús? ¿Cuáles son las que lo hacen reír y alabar alPadre? Una de ellas la encontramos en este texto bíblico. A él le alegra la forma desconcertante en la que actúa el Padre, sobre todo al hacer que los pequeños («los queson como niños») sean grandes dentro de su Reino… y descubrir que los grandes son enrealidad muy pequeños.Jesús no solo acepta que Dios actúe así, sino que también comparte esa perspectivaque lo llena de alegría. Está de acuerdo en que a los que casi nunca han tenido oportunidades en este mundo se les dé trato preferencial (¿VIP?) como agentes de sus proyectos salvíficos. El Maestro actuó en consonancia con esta perspectiva del Padre: se acercó a los niños y a las niñas, dialogó con los pecadores, sanó a los enfermos, valoró a los maltratados, exaltó el lugar de las mujeres y se volvió amigo de publicanos despreciados. Todo esto lo practicó con profunda alegría.Hacer la voluntad de Dios tiene que ver hoy también con aquello que produce nuestras alegrías… meta difícil de alcanzar en una época cuyas alegrías dependen de las cosas que podemos comprar (consumismo) o de las apariencias sociales que logramos proyectar (arribismo). A los cristianos y cristianas se nos invita a actuar como Jesús actuó (1Jn 2.6). En ese camino de vida encontramos los motivos de la verdadera alegría.
Para seguir pensando:
«Tengo la alegría de que la vida es finalmente más fuerte que la muerte;que como nadie puede detener la venida de la primavera,nadie puede detener la justicia de los pobres,el triunfo de los mejores deseos del ser humano».
Leonardo Boff
Oración:
Para que el Señor nos ayude a discernir su voluntad y nos llene de su gracia paracumplirla con alegría

Autor: Harold Segura C., pastor y teólogo colombiano, Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International. Reside en San José, Costa Rica.
Fuente: Lupaprotestante

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Adviento, día 2: Los presumidos fiduciarios de la fe

Por.Harold Segura C, Costa Rica* 
«—Señor, no merezco que entres bajo mi techo. Pero basta con que digas una sola palabra, y mi siervo quedará sano. Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores, y además tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno: “Ve”, y va, y al otro: “Ven”, y viene. Le digo a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.
Al oír esto, Jesús se asombró y dijo a quienes lo seguían:
—Les aseguro que no he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe».

Mateo 8.8–10 – NVI
En este episodio, la persona a quien Jesús señala como ejemplo de fe es una que se encuentra fuera del círculo de la religión oficial. Este hombre ni es maestro de la ley, ni funcionario de la sinagoga; es un centurión del ejército romano. En otras palabras, es un militar que viene ante Jesús interesado por la salud de uno de sus subalternos. ¡Vaya a saber lo que pensaron los discípulos cuando lo vieron venir!
El lenguaje del centurión es pragmático; su concepto de autoridad es propia de quienes ejercen las funciones militares: órdenes breves y obediencias incondicionales. Así, bajo esa mentalidad propia de su oficio interpretó la fe en Jesús. Y por su sencillez y sinceridad (de la que se derivó una teología) recibió lo que pidió y, además, fue elogiado por creer como pocos.
Ya Jesús nos ha acostumbrado a verlo usar como ejemplo a los que menos esperamos y a enjuiciar y cuestionar a los supuestos fiduciarios de la fe. Para él lo que más vale es la sencillez del corazón, la solidaridad con el necesitado (el centurión intercede por su siervo paralítico) y la humildad de quien lo busca pidiendo auxilio. Para él está primero lo que hacemos, sin importar quién lo haga; solo después cuenta lo que creemos en su forma dogmática o doctrinal. ¡Qué desconcierto para los religiosos de todos los tiempos!
Para seguir pensando:
«El milagro no fue que Dios dividiera las aguas del Mar Rojo, sino que, una vez divididas, el pueblo fuera lo bastante fiel como para estar dispuesto a caminar confiadamente entre las murallas de agua. Esa es también nuestra tarea».
Joan Chittister
Oración:
Para que el Señor renueve la fe de quienes nos llamamos cristianos y cristianas; para que esa fe tenga una proyección práctica en nuestra vida diaria.
 
*Harold Segura C., pastor y teólogo colombiano, Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International. Reside en San José, Costa Rica.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Adviento, día 1: Vivir la espera

Por. Harold Segura C. Costa Rica*
Tengan cuidado, no sea que se les endurezca el corazón por el vicio, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida. […] Estén siempre vigilantes, y oren para que puedan escapar de todo lo que está por suceder, y presentarse delante del Hijo del hombre». Lucas 21.34, 36 – nvi
Las primeras comunidades cristianas vivieron animadas por la esperanza del inminente regreso de Jesús. Esta esperanza caracterizó su fe y definió sus estilos de vida.
Seguir a Jesús significa vivir a la espera; significa vivir bajo la certeza de que existe un mañana mejor. Ni las alegrías fugaces de este mundo, ni las tristezas duraderas tienen la última palabra. Ni las prosperidades de los pocos, ni las miserias de los muchos se mantendrán así por siempre. Creer en Jesús es creer en el triunfo de la justicia sobre la injusticia, de la paz sobre las guerras, del amor sobre el odio.
Pero la esperanza cristiana no es como aquellas que nos invitan a mirar el futuro sin hacer nada que cambie el presente. Es, por el contrario, una esperanza que trasforma nuestra manera de ser y de estar en este mundo. Por creer que el mañana será mejor, ya no se soporta cualquier presente y se lucha para transformarlo.
«Tengan cuidado» y «estén siempre vigilantes y oren» son las advertencias para quienes viven con esperanza en este mundo. Esta es una esperanza que moldea nuestra espiritualidad y nuestra ética.
Para seguir pensando:
«[…] poseer una esperanza que ensancha el corazón significa ampliar el espacio de la libertad, mira el camino que hay por delante y capta el perfume del aire mañanero que alborea después del día gris».
Oración:
Por las iglesias (católica, evangélicas y otras cristianas) en América Latina y El Caribe, para que el Espíritu aliente su responsabilidad social y las haga portadoras de esperanza
 
 
Autor: Harold Segura C. Pastor y teólogo colombiano, Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International. Reside en San José, Costa Rica.
Fuente: Lupaprotestante & su blog

jueves, 29 de noviembre de 2012

Una conciencia protestante

Por. Ignacio Simal Camps, España*
“Mi conciencia es prisionera de la Palabra de Dios, y no puedo ni quiero revocar nada reconociendo que no es seguro o correcto actuar contra la conciencia” (Martín Lutero)
“Mi conciencia es prisionera de la Palabra de Dios”, afirmó Lutero ante la Dieta de Worms. Una afirmación profundamente ecuménica, ya que cualquier persona –no importa a la tradición cristiana a la que pertenezca- podría hacerla suya.
Y también añadió, “no es seguro o correcto actuar contra la conciencia”. Una afirmación rotundamente interreligiosa, ya que cualquier persona de buena fe -no importa a la tradición religiosa a la que pertenezca- o incluso un agnóstico o ateo podrían suscribirla.
No obstante, quisiera ocuparme del aspecto ecuménico de ambas afirmaciones. Por ello, cuando título mi columna “una conciencia protestante”, no hago énfasis en su aspecto confesional sino en su aspecto ecuménico, en su aspecto cristiano sin apellidos.
Una conciencia “protestante” es aquella que discerniendo la realidad social y eclesial que la rodea no puede hacer otra cosa que pasar a la acción de protesta frente, en palabras de Lutero, a la “cautividad babilónica de la Iglesia” y de la sociedad en la que vivimos.
Creo firmemente que la conciencia “protestante” es prisionera de tres elementos que la hacen una verdad ecuménica, que abarca a todos los cristianos y cristianas.
La conciencia “protestante” es prisionera, en primer lugar, de la Palabra encarnada de Dios: Jesús, el Cristo. El Verbo no se hizo letra, sino ser humano. Y es el ser humano Jesús de Nazaret el que nos seduce hasta hacernos voluntariamente presos de su inspirador ejemplo. Somos presos y presas de la justicia y la misericordia que él hizo carne frente a la instituciones o movimientos religiosos de su tiempo.
Jesús de Nazaret practicó en innumerables ocasiones la desobediencia hacia aquellas tradiciones o interpretaciones de la letra de la Torá que sumían a los seres humanos en una división clasista tanto en lo religioso como en lo social: puros/impuros, pobres/ricos, sanos/enfermos… De su inspiradora praxis surge una conciencia sensible a las exclusiones que sufren ciertos sectores de las iglesias o de la sociedad. Una conciencia que protesta ante el Dogma, la Verdad y ante los que se consideran sus guardianes. Dogma y Verdad que separan y, en ocasiones, envilece y etiqueta a los seres humanos. La conciencia “protestante” nos encamina a la desobediencia tanto en el ámbito de lo civil como en el ámbito de lo religioso a favor de los seres humanos concretos. Del ejemplo de Jesús se deriva la acción de protesta de la conciencia “protestante”.
Ello nos conduce, necesariamente, a la segunda afirmación: La conciencia “protestante” es también prisionera de las víctimas de la historia religiosa y secular, aquí y ahora. Los cristianos y cristianos no debemos olvidar que las iglesias a lo largo de la historia se han puesto de lado de los victimarios, cuando no han sido ellas mismas activamente victimarias. De ello debemos aprender todos los cristianos. Por ello la conciencia “protestante” presa de la Palabra hecha carne, se pone del lado de los excluidos, se solidariza con ellos y les pide perdón por no haber estado a lo largo de la historia a la altura del espíritu de Jesús.
Una conciencia presa de los hombres y mujeres que sufren los embates de un modelo social que privilegia a unos seres humanos sobre otros, no puede ser insensible ante el drama de las mayorías sufrientes. Y a la manera de Jesús, y según la misión que nos encomendó, somos llamados a ser agentes de sanación a través de redes de ayuda mutua, y no de una mera red asistencialista que palia los problemas, pero que no los soluciona. La conciencia “protestante” emprende acciones de protesta y, al mismo tiempo, crea espacios sociales liberados de la crisis sistémica que está azotando a nuestras sociedades.
De ahí que, en tercer lugar, la conciencia “protestante” es presa también de un modelo social concreto –reino de Dios- que trata de encarnarlo en medio de la historia. Jesús de Nazaret, al inicio de su ministerio, lo primero que hizo fue llamar a hombres y mujeres a que le siguieran a fin de constituir una comunidad de vida que anticipara el mundo nuevo que él proclamaba.
El modelo social al que me refiero es aquel que privilegia a los pobres sobre los poderosos, a los excluidos sobre los instalados, el vivir frente al consumir… Por ello, Lucas, en la segunda parte de su obra (Hechos de los Apóstoles) propone un modelo de comunidad, un modelo de “ciudad” donde los pobres y excluidos dejan de serlo mediante el compartir todo lo que se posee (Hch. 2,45; 4,34).
El escritor de la carta a los Efesios, afirmará que el trabajo no tiene como objetivo único el mejorar la calidad de vida del que lo ejerce, sino que es un medio para crear pequeñas “Ítacas”, sin pobres (Ef. 4,28), en medio del tempestuoso mar social en el que navegamos. El mismo Pablo escribirá que el objetivo de ese modelo social es la igualdad socioeconómica (2Cor. 8,14.15). Es más, en la misma carta a los Efesios, se dirá que la pared que divide al mundo en impuros y puros quedó destruida (Ef. 2.14), y nadie negará que todavía existen muchos “muros” que derribar. Y como colofón necesario, el Pablo más radical nos saldrá al encuentro afirmando que “en Cristo” (espacio comunitario) “ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay ni varón ni mujer” (Gal. 3,28) proponiendo todo un camino liberador que apenas hemos recién iniciado.
La conciencia “protestante” es prisionera de la Palabra de Dios hecha ser humano en Jesús de Nazaret, es prisionera de los que sufren el lado oscuro de nuestro actual modelo social y es prisionera de un modelo social donde reina la justicia, la igualdad y la no exclusión. Todo ello nos conduce, como ya he escrito a la acción de protesta por un lado, y por otro, aquí y ahora, a construir espacios sociales alternativos al modelo social mayoritario. En una frase, debemos liberarnos de la esclavitud babilónica de la Iglesia y de la sociedad en la que vivimos y somos.
La conciencia “protestante” siempre cree “en esperanza contra esperanza”, y su fe no “se debilita al considerar” el cuerpo social en el que vivimos (Ro. 4,18.19) sino que actúa en coherencia con ella, ya que “no es seguro o correcto actuar contra la conciencia”.
*Sobre Ignacio Simal Camps, es pastor de la Església Evangèlica de Catalunya - Iglesia Evangélica Española en la Església Evangèlica Betel (Orient,28; Hospitalet, Barcelona). Es Presidente de la asociación Ateneo Teológico. Fundó Lupa Protestante en el año 2005. Hasta el mes de julio del año 2012 fue su director. Presidente de la Mesa de la Església Evangèlica de Catalunya - IEE. Es miembro de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, y del Fòrum Català de Teologia i Alliberament

Fuente: Lupaprotestante

domingo, 25 de noviembre de 2012

Calvinismo y federalismo en México. Una modernidad periférica


Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México
A Emilio Monjo Bellido, con gratitud
Pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos. Frase atribuida al presidente mexicano (Porfirio Díaz).
1. ¿UNA MODERNIDAD PERIFÉRICA REFRACTARIA AL “FEDERALISMO CALVINISTA”?
Ciertamente el abordaje de esta temática parecería que comienza por el final, pero no es así, porque ha resultado casi una fatalidad ancestral en buena parte de los países hispanoamericanos creer y aceptar que la modernidad nos llegó tarde y mal, y como una copia poco elaborada de la modernidad europea y, para colmo, anglo-sajona . Basta con observar el nombre de muchos de nuestros países y las primeras páginas de nuestras Constituciones para advertir el grado de imitación, a veces bastante acrítica, con que nuestros primeros gobernantes siguieron al pie de la letra los rumbos jurídico-políticos de la nación americana protestante por excelencia, Estados Unidos, sin advertir que la razón de ser de los postulados que dieron origen a ese país fueron resultado de su asimilación y adaptación de los principios emanados de la vertiente calvinista de las reformas religiosas del siglo XVI.
La revisión histórica de los primeros años de vida de las naciones hispanoamericanas no es sino un muestrario del esfuerzo casi patológico con que sus gobiernos intentaron que aquellas se parecieran lo más posible al vecino del norte, el cual, además, no dejaba de extenderse territorialmente, a costa primero, de los habitantes originarios de Norteamérica, y después, de las compras y manejos peculiares con que trataron a México, el naciente país mestizo de herencia indígena e hispano-católica.
Tuvo que ser hasta mediados del siglo XX que un estudioso colombiano, ex presidente de la República además, Alfonso López Michelsen, advirtiera, para escándalo de sus contemporáneos y detractores (que con este asunto aumentaron considerablemente) que el molde de las democracias latinoamericanas es de “estirpe calvinista” . [i]
Afirmar algo así en este continente es resultado de una observación de las condiciones políticas que llevaron a los fundadores de los países latinoamericanos a intentar reproducir el esquema estadunidense.
Como explica Carlos Mondragón:
…hay que tomar en cuenta la influencia indirecta que el pensamiento calvinista tuvo a través del impacto de la revolución norteamericana y su Constitución política que sirvió de modelo a muchas otras naciones incluyendo las latinoamericanas […]
algunos de los valores y principios de la democracia moderna tienen una historia que se articula con el movimiento de la Reforma religiosa del siglo XVI y que fueron promovidos y defendidos desde el ámbito religioso antes y después de la fundación del Estado moderno. Si esto es así, la influencia calvinista que López Michelsen encontró en la conformación de las instituciones políticas colombianas debería de ser ampliada al resto de las instituciones políticas del continente latinoamericano . [ii]
Octavio Paz , en numerosas ocasiones se refirió a que una de las razones de la incapacidad democrática de los países latinoamericanos es su filiación contrarreformista, es decir, muy diferente a la de Estados Unidos, ligada a la Reforma Protestante:
En ese momento [la expulsión de los jesuitas de las colonias españolas] se hizo visible y palpable la radical diferencia entre las dos Américas. Una, la de lengua inglesa es hija de la tradición que ha fundado al mundo moderno: la Reforma, con sus consecuencias sociales y políticas, la democracia y el capitalismo; otra, la nuestra, la de habla portuguesa y castellana, es hija de la monarquía universal católica y la Contrarreforma. […] Los criollos mexicanos no podían fundar su proyecto separatista en su tradición política y religiosa: adoptaron, aunque sin adaptarlas, las ideas de otra tradición. Ése es el momento del segundo nacimiento de México; más exactamente: es el momento en que Nueva España, para consumar su separación de España, se niega a sí misma. Esa negación fue su muerte y, al mismo tiempo, el nacimiento de otra sociedad: México [...]
Desde el siglo XVI nuestra historia, fragmento de la de España, había sido una apasionada negación de la modernidad naciente: Reforma, Ilustración y todo lo demás. Al principiar el siglo XIX decidimos que seríamos lo que eran ya los Estados Unidos: una nación moderna. El ingreso a la modernidad exigía un sacrificio: el de nosotros mismos. Es conocido el resultado de ese sacrificio: todavía no somos modernos pero desde entonces andamos en busca de nosotros mismos . [iii]
La descripción de Paz, ciertamente muy esquemática, ayuda a explicar los intentos el naciente país por parecerse a Estados Unidos, aunque siempre a sabiendas de que su diferencia estribaba precisamente en sus características religiosas . A ellas se refirieron muchas veces varios analistas y políticos, sobre todo de talante conservadora, que veían con muy malos ojos las orientaciones de los gobernantes liberales en ese sentido. Y es que cada paso que se daba por tratar de modernizar el rostro del país se estrellaba, inevitablemente, con las fuerzas católicas que seguían asociando la identidad religiosa nacional con las conductas sociales y políticas que debían continuar vigentes. [iv]
Algunos de los estudios de Juan A. Ortega y Medina, historiador de origen español, dan fe del “choque de civilizaciones” que representaba la simple comparación de formas de gobierno entre ambos países . Este autor fue pionero en los estudios que, sin ser notoriamente comparativos, demostraron cómo las diferencias ideológicas, culturales y políticas se relacionaban también con el trasfondo religioso que había dado origen a cada país o civilización. En Destino manifiesto, por ejemplo, tomando como base la doctrina calvinista de la predestinación, desmonta los impulsos que desembocaron en la llamada “doctrina Monroe”, sintetizada en la famosa frase que dice: “América para los americanos”. [v]
Alicia Mayer, discípula de Ortega y Medina, ha seguido una línea parecida en el ejercicio comparativo y ha encontrado, a su vez, vetas divergentes en pensadores contemporáneos de ambos países al enfrentar problemas políticos similares. [vi] La modernidad anglo-sajona, por así decirlo, vio como obligatorio el camino de “traducir” o adaptar la doctrina bíblica del pacto o alianza de Dios con el pueblo de Israel o la Iglesia para ser la base de las ideas, filtradas también por los ideales de las Luces, que conducirían al establecimiento de un “contrato social” entre los diversos estamentos sociales, en tanto representación de la ciudadanía que forjaría el Estado.
2. “UN FEDERALISMO DE PRESTADO”: PRESENCIA SOTERRADA DE CALVINO EN MÉXICO
La experiencia mexicana de mediados del siglo XIX, en el fragor de las luchas entre liberales y conservadores, estuvo marcada por una clara incomprensión mutua de los proyectos que tenían muchas cosas en común pero que se enfrentaron radicalmente debido a sus posturas dominadas, por el lado conservador, de la visión tradicional con que se intentaba sostener el centralismo del gobierno y del estado, y por el lado liberal, mediante la sobreideologización y el esquematismo de la aplicación de una receta social, teológico-política, cuyos alcances no se distinguían lo suficiente.
Así, la imposición de un estado de derecho que pudiera sustituir el conjunto de privilegios de instituciones que en realidad funcionaban como un contrapeso para el Estado, específicamente la Iglesia Católica, ponía en entredicho los modelos de “modernización” que los gobernantes liberales quisieron establecer en el país. Si la entrada de las ideas protestantes estrictamente religiosas estuvo prohibida durante décadas, puesto que la Constitución de 1824 afirmó el carácter católico de la nación, los filtros políticos no pudieron evitar la entrada de creencias más que de prácticas concretas, porque así se movían las tendencias hacia la modernidad en aquella época, que pudieran desestabilizar el orden que heredaba la situación que prevaleció durante los 300 años de la Colonia. [vii]
Lo que aquí llamamos “presencia soterrada” tiene que ver, primero, con la conformación de una ciudadanía que lograse superar el esquema de castas para alcanzar progresivamente la igualdad que ya estaba consagrada constitucionalmente, pero que no se realizaba en los hechos. La superación del esquema de servidumbre mediante el cual los ahora ciudadanos seguían viéndose a sí mismos como súbditos y como elementos subsidiarios de un régimen tradicional, impuso todavía diferencias en la participación de los diversos grupos locales y regionales que no se consideraban como parte de una nación, porque el federalismo procedía de un pacto político que estaba lejos de realizarse. Los acuerdos partían de cúpulas tradicionales acostumbradas a no consultar su parecer al resto de la sociedad. De ahí que a las primeras convocatorias legislativas acudieron los representantes de poderes políticos y económicos que aún no habían interiorizado el esquema democrático, dado que les resultaba ajeno y extraño por causa de las mentalidades que se seguían arrastrando.
En segundo lugar, el comportamiento social no había incluido cláusulas de participación que efectivamente guiaran los procesos electorales, los cuales tardaron también varias décadas en ser vistos como el mecanismo predominante para la resolución de conflictos y el establecimiento de acuerdos básicos de convivencia .
Los estamentos seguían siendo muy firmes en la separación de gremios, agrupaciones y comunidades, pues el trasfondo indígena que agrupaba a las poblaciones funcionaba dentro de esquema muy lejano al de la democracia, tal como se concebía en los tratados clásicos. La democracia estadunidense seguía siendo vista como algo “exótico”, pues aquí no se discutía aún el derecho de las personas a acceder a los espacios de poder. Además, el surgimiento de las élites de poder derivó en que éstas siguieran atadas a situaciones como la posesión de la tierra y otros recursos agrícolas como fuente de fuerza social y reconocimiento. De los demás grupos sólo es posible hablar como parte de colectividades que no discutían su destino común como parte de un todo, sino que se veían a sí mismas como cotos de poder restringido en donde la práctica democrática aún no se concebía. De modo que el federalismo calvinista derivó en el fortalecimiento de cacicazgos que aflorarían incluso en los tiempos de la revolución, en los inicios del siglo XX, y los gobiernos posrevolucionarios se encargarían de interpretar las leyes y, especialmente, aquellas secciones que mejor respondían a sus intereses aun cuando no coincidieran con los de la mayoría. [viii]
Por eso, todavía hoy, a principios del siglo XXI, cuando las entidades federativas invocan el federalismo para, por ejemplo, la repartición de los recursos económicos, sale a la luz nuevamente el grado de incomprensión que se ha tenido de esta realidad política fruto de una interpretación audaz de las derivaciones político-sociales de los postulados de la Reforma Protestante del siglo XVI.

[i] Cf. A. López Michelsen, La estirpe calvinista de nuestras instituciones políticas. Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 1947. Nueva edición: Bogotá Legis, 2006; Idem, “Nuevo prólogo” a La estirpe…, en L. Cervantes-Ortiz, ed., Juan Calvino: su vida y obra a 500 años de su nacimiento. Terrassa (España), CLIE, 2010, pp. 461-466; y Sandra Milena Martín Beltrán, “¿Se puede considerar a la estirpe calvinista como modelo de creación de nuestras actuales instituciones políticas?”, en http://hdhc.blogspot.mx/2007/05/se-puede-considerar-la-estirpe.html .

[ii] C. Mondragón, “Valores de la democracia. La herencia religiosa”, en H. Cerutti y C. Mondragón, comps., Nuevas interpretaciones de la democracia en América Latina. México, UNAM-Praxis, 1999, p. 168.

[iii] O. Paz, “El espejo indiscreto”, en El ogro filantrópico. Historia y política: 1971-1978 , México, Joaquín Mortiz, 1979, pp. 55-56, 57.

[iv] Cf. L. Cervantes-Ortiz, “Calvino y su tradición en México”, en Un Calvino latinoamericano para el siglo XXI. Notas personales. México , El Faro-CUPSA-Centro Basilea de Investigación y Apoyo-Federación de Iglesias Protestantes Suizas, 2010, pp. 123-128.

[v] Cf. J.A. Ortega y Medina, Destino manifiesto: sus razones históricas y su raíz teológica. [1972] México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes-Alianza Editorial Mexicana, 1989.

[vi] A. Mayer, Dos americanos, dos pensamientos. Carlos de Sigüenza y Góngora y Cotton Mather , reimpresión, México, Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Históricas, 2009.

[vii] Cf. Jean-Pierre Bastian, Protestantismos y modernidad latinoamericana. Historia de unas minorías religiosas activas. México, Fondo de Cultura Económica, 1994; y Jaime Antonio Preciado Coronado, “La modernidad no resuelta de América Latina”, en www.insumisos.com/lecturasinsumisas/LA%20MODERNIDAD%20NO%20RESUELTA%20DE%20AMERICA%20LATINA.pdf.

[viii] Cf. J.-P. Bastian, Protestantismo y sociedad en México. México, Casa Unida de Publicaciones, 1983.

Autores:Leopoldo Cervantes-Ortiz

©Protestante Digital 2012

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Tras un intenso debate: La Iglesia anglicana vota "No" a la ordenación de obispas

El Sínodo general de la Iglesia anglicana ha votado hoy en Londres en contra de la ordenación de obispas (término más correcto que mujeres obispo, al igual que no se dice "mujer pastor", “mujer arquitecto” o “mujer abogado”, sino pastora, arquitecta o abogada).
El Sínodo —cuerpo legislativo formado por obispos, pastores y laicos— debatió la entrada de mujeres en el episcopado, la decisión más importante de los anglicanos en los últimos 20 años, cuando se aprobó la ordenación de mujeres como pastoras.
La propuesta ha sido votada ampliamente por obispos y pastores, pero los laicos han decidido por un estrecho margen al votar en gran parte en contra, Aunque se sabía que las diferencias iban a ser muy pequeñas el resultado ha sido un auténtico shock para muchos, y se convierte en una amenaza para el equilibrio y el prestigio de la Iglesia de Inglaterra. “Es un día muy negro”, opinó el obispo de Lincoln, Christopher Lowson. “Es un desastre”, declaró por su parte su colega de Bristol, Mike Hill. El de Salisbury, Nicholas Holtman, se declaró “destrozado”.
El anunciado compromiso previo, por el que las parroquias que rechazasen a las obispas tendrían el derecho de ser atendidas por un obispo varón sin tener que verse obligadas a someterse a una mujer ha sido insuficiente.
Esta cuestión ha sido un asunto que ha causado continuas tensiones dentro de la Comunión anglicana y el riesgo de escisión del sector minoritario más conservador, aunque como ha mostrado la votación la mayoría de los miembros del Sínodo estaban a favor de que las mujeres puedan ser ordenadas como obispas.
ANSIEDAD Y EMOCIÓN
En la inauguración de la reunión a la que asistieron 470 representantes, el archidiácono de Dorking, Julian Henderson, dijo que la votación se vivçia con “ansiedad y emoción”, y animó a sus compañeros a llevar ese importante decisión “con la gracia y la fe que tenemos en nuestro Señor”, abundó.
Justin Welby, el nuevo arzobispo de Canterbury cuya designación fue anunciada el 9 de noviembre, defendió abiertamente la ordenación de obispas en su discurso antes de la votación, cuyo resultado contrario se interpreta como un primer examen negativo de su autoridad dentro de la Iglesia anglicana. En su discurso dijo que "es el momento de terminar el trabajo" iniciado con la entrada de las mujeres en el pastorado hace 20 años.
La propuesta para ser aprobada debía contar con un alto porcentaje de votos, dos tercios de las tres cámaras de la Iglesia anglicana, la de los obispos, los pastores y los laicos. Un porcentaje que no se logró a pesar de una amplia mayoría a favor, fundamentalmente porque pesó mucho la posible escisión interna de la Iglesia anglicana.
El resultado final fue de 324 votos a favor, 122 en contra y 2 abstenciones. Desglosados por grupos de votación, a favor de ordenar mujeres en el episcopado votaron: 44 obispos; 148 pastores; y 132 laicos. En contra: 3 obispos; 45 pastores y 74 laicos. Abstenciones: 2 obispos; 0 pastores y 0 laicos.
A RÍO REVUELTO…
El debate sobre la ordenación de mujeres ha hecho que muchos anglicanos hayan manifestado su intención de abandonar esta Iglesia para unirse al catolicismo romano, algo que han llegado a hacer varios obispos.
Es por ello que el año pasado la Santa Sede creó la Ordenación Personal en Inglaterra y Gales para los fieles anglicanos que quieran abrazar la comunión católica, ante su oposición por las medidas demasiado aperturistas de los anglicanos.
Fuentes: The Guardian
Editado por: Protestante Digital 2012
 
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lunes, 19 de noviembre de 2012

Educación teológica y género: desafío a las instituciones teológicas latinoamericanas evangélicas.

Por. Luis Eduardo Cantero, Argentina*
Resumen
La investigación se enmarca en el análisis colombiano; aquí el autor analiza la realidad social, política, religiosa y educativa en las instituciones  teológicas y su impacto en la iglesia.  También, intenta ser una propuesta a un asunto que el autor considera una limitante en los sistemas educativos de educación teológica en América Latina: La omisión de la perspectiva de género en los programas de Educación teológica. El objetivo final del autor, es que esta experiencia vivida en su país sirva para otras instituciones evangélicas de América Latina. Ya que sus aportes son útiles en la reflexión teológica, bíblica y pastoral, no solo para las mujeres, sino también para nosotros los varones.
Introducción
El presente artículo intenta ser una propuesta a un asunto que podríamos considerarlo una limitante en los sistemas educativos de educación teológica en nuestro país: La omisión de la perspectiva de género en los currículos de programas de nivel universitario y por debajo de este nivel. En esta investigación, vamos hacer un análisis de la realidad social y política de Colombia, como un factor de influencia directa en los/las alumnos/as que asisten a nuestras instituciones educativas, con el objetivo de formarse en esta disciplina del saber. Y una panorámica general de la situación de la educación teológica en el ámbito de las instituciones teológicas evangélicas. Lo anterior, nos cuestiona las concepciones y modelo de educación teológica en relación con los cambios que ha venido afrontando la educación evangélica en América Latina. Por ende, analizaremos los programas educativos de las Fundaciones Universitaria Teológicas, Seminarios e Institutos bíblicos de Colombia, en adelante Facultad Evangélica de Colombia (FUTECOL). Haremos un recuento histórico de su trayectoria, filosofía y propósito, para luego plantear alternativas de  acuerdo a los desafíos actuales que nos presentan la relación entre teología y género. El autor de esta investigación considera esta reflexión como una preocupación propia, pero de interés general al mismo tiempo, que surge en principio de sus  estudios doctorales en  el Instituto Universitario  ISEDET de Buenos Aires,
Argentina, considerando importante tratar de incorporar la experiencia vivida en la misma en los programas de teología de las instituciones teológicas colombianas.
Cabe recordar que la educación teológica en América Latina a través de los años ha vivido procesos de cambios, encaminados a la búsqueda de modelos contextualizados que hagan más accesible la participación de los miembros de las iglesias. Estos cambios buscan ser más coherente con la predicación del evangelio en nuestros países1
. Algunos cambios  pueden ser  dolorosos, como nos ha sucedido a nosotros mismos: nos ha tocado sufrir un proceso de marginación y opresión de parte de  algunos lideres fundamentalistas, carismáticos y conservadores de la obra evangélica colombiana,  entre ellos: profesores, laicos y pastores. Pero  nuestra vocación docente y profética es fundamentalmente la de dar luz, tal como escribe el filósofo Mario Albarrán Vázquez:
“Sócrates creía en el poder de la palabra hablada por eso su arte es semejante al de su madre, que era partera. Sócrates tiene como oficio dar luz al conocimiento. Porque está convencido de que, mediante su método se llega a una idea clara de las cosas y a una doctrina moral que oriente y regule la convivencia social del pueblo.”2
Hay que aclarar además, que no siempre los cambios propuestos han sido exitosos, pero, por lo menos el reto es además de estimulante, desafiante. Y de eso se trata cuando se quiere se puede, por eso queremos proponer aquí un análisis  crítico de nuestra currícula colombiana, para dar a luz una nueva forma de hacer teología  en nuestro contexto, con rasgos menos dogmáticos, fundamentalistas y excluyentes.
Esta nueva forma de encarar los estudios teológicos debiera incorporar las realidades de los sujetos sociales reales que la encarnan: varones y mujeres considerados como partícipes de un mismo proyecto de liberación. La educación debe guiar a un proceso de liberación mediante el análisis crítico de la realidad. Por esta razón, nuestras instituciones de formación teológicas consideramos que debieran estar abiertas a una reformulación constante de su filosofía educativa y de su opción teológica, así como también buscar una articulación lógica entre los diversos contenidos y enfoques de manera que  podamos cumplir con el mandato de producir los procesos de cambio que tanto necesitan  nuestras iglesias y los diferentes sectores de la sociedad colombiana.....Continúe leyendo
 
*Luis Eduardo Cantero, es Doctorando en Historia de América Latina, Universidad Pablo de Olavide, Sevilla, España. Pastor y docente universitario y teológico.
 

Fuente: Publicado en la Revista Teologia y Cultura, año 9, vol. 14 (noviembre 2012)
ISSN 1668-6233