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sábado, 16 de noviembre de 2013

El protestante ex confesor de la Reina Isabel II

Por. Manuel de León, España*
Cipriano Tornos y Blasco había sido un sacerdote convertido, confesor privado de la Reina Isabel II, de elocuencia extraordinaria a quien acudían de todos los lugares para escucharle.
Abjuraron, -según lo afirma Menéndez Pelayo-, Jaime Martí Miquel pastor en Lavapiés y el evangelista Argimiro Blas. Lorenzo Fernández Reguera maestro protestante, Gabino Jimeno pianista, Manuel Núñez de Prado, licenciado en teología por el seminario protestante de Ginebra con un tratado “ Falsedad del poder espiritual del papa”  (1869)contra el poder del papa. No sabemos si abjuraron simplemente o fueron exonerados sin penitencias que era otra de las trampas utilizadas de la iglesia de Roma, para doblegar a los más débiles y si alguno de ellos era clérigo. El ex cura Teófilo Martín fue uno de los que abandonó el movimiento evangélico pero sin abjurar.
Dentro del movimiento bautista comenzado por los norteamericanos estaba el ex cura de la Alcarria, Martín Benito Ruiz[i], quien, junto a Palomares, tuvo la intención de predicar en un patio de Lavapiés en Madrid y tuvieron que salir huyendo.El pastor Martín B. Ruiz, que había sido ordenado al ministerio pastoral por William I. Knapp en Madrid, se instala en Valencia, donde forma un grupo de creyentes. Al poco tiempo, se instala en Alicante, donde parece haber mayores posibilidades de crecimiento. En 1876 el hebreo George Simeon Benoliel sustituye a Benito Martín Ruiz, quien reagrupa a los creyentes dispersos y extiende el Evangelio por las provincias de Alicante y Murcia, llegando hasta Lorca.
Muchos de los sacerdotes exclaustrados desde la desamortización de Mendizábal se fueron a América. Algunos conversos fueron pioneros en la evangelización americana como Juan Bautista Canut de Bon [ii]  ex jesuita, pionero en la obra del protestantismo chileno y de cuyo nombre se han apodado los protestantes chilenos “canutos”.
Elpidio de Mier, ex capuchino, escritor, y educador español. Formó parte de distintas iglesias y misiones protestantes que surgieron en Puerto Rico después de la llegada de los estadounidenses a la Isla. Sus más de treinta libros avalan el carácter intelectual y curiosidad científica de Mier. La obra escrita de Elpidio de Mier es diversa. En 1893, prepara un vocabulario y una gramática de los indios goajiros colombianos, como parte de un viaje misionero católico a Colombia. A su llegada a Puerto Rico en el 1899, funda los semanarios de ciencias, artes y noticias  La Crítica Moderna  (1899) y  El Siglo XX  (1901) en Ponce. Sus artículos también fueron publicados en periódicos tales y como:  La Correspondencia de Puerto Rico, La Democracia, Heraldo Español, Puerto Rico Ilustrado, El Liberal, El Sol , este último de España,  La Rábida  y  La Montaña de Cuba.  También escribió para  Puerto Rico Evangélico , el órgano oficial de la Federación de Iglesias Evangélicas. Otras publicaciones que ayudó a establecer o con las que colaboró fueron,  Fraternidad  (1914) y  Vida Moderna  (1917). Esta última de corta duración debido a su política antiamericana.
Otros libros de su autoría enfatizan sus variados intereses, principalmente los religiosos. Entre estos figuran:  Los bienes de la Iglesia de Roma ante el Derecho escrito  (1904), Rasgos biográficos de Jesús Monasterio  (Compositor y célebre músico) (1904),  Biólogo eminente: Augusto González de Linares . Biografía (1905),  Pensando en España  (1907),  Cristianismo  (Apología) (1910),  La Biblia en Español  (Apología crítica) (1916),  Rompiendo el molde  (Episodios de una vida) (1923),  Los enemigos del alm a (Crítica) (1926),  Catolicismo y protestantismo  (1927),  Siluetas históricas  (Viajes y descripciones) (1928) y  Espiritualidad hispana en Puerto Rico  (1935). También, produjo folletos informativos, tales como  ¿Usted es protestante?  (Argumentación católica) (1908) y  ¿La madre de Jesús, Inmaculada o no?  (1910).
Cultivó, además, la poesía postromántica en la que, de forma verbosa y colorista, aborda temas religiosos, políticos y sociales. Tras sus poemas iniciales de alusión católica  La Porciúncula  y  ¿Quién es San Francisco de Asís?  (1893), publicó  El bardo cántabro  (1898), un himno a su patria. En el 1911, también publica un libro de sátiras en verso,  Plato del día . Mucha de su lírica se publicó en la prensa o fue insertada en otros de sus libros. En el año 1929, publica sus dos novelas,  Sola y única y Ederra . Parte de su obra está recogida en 3 tomos titulados,  Lírica de las Españas  (1927),  Poesías escogidas  (1931) y  España  (1936). Falleció en Ponce en 1939. [iii]
Paralelamente se iba desarrollando otra obra realizada por el español Manuel Ferrando, ex monje capuchino, profesor de Teología en el convento de Antequera. Renunció públicamente al catolicismo en un teatro en Colombia. Había llegado a Puerto Rico acompañado de su esposa a inicios del siglo como intérprete del ejército de Estados Unidos y como misionero independiente. Fundó la Iglesia de Jesús en el área de Quebrada Limón. Cuando en l923 (durante el obispado de Colmore) se unió a la Iglesia Episcopal, la Iglesia de Jesús contaba con su propia constitución, Junta de Directores y con un grupo de seis clérigos y misioneros que eficientemente servían 14 misiones, con unos dos mil fieles. El 1 de febrero de 1924, la Cámara de los Obispos nombró a Manuel Ferrando obispo sufragáneo de Puerto Rico y la Junta de Misiones compró por $4,000.00 las tierras que pertenecían a la Iglesia de Jesús y asumió la responsabilidad del trabajo en Quebrada Limón y áreas adyacentes. [iv]  Ferando fue a residir a Estados Unidos por motivos de salud y aceptó la dirección de la revista “ Converted Catholic ” en Nueva York, desde donde dirigía la Misión por conducto de sus cuatro presbíteros en Puerto Rico. Escribió Ferrando  A Few Factors about my Life as Father Superior of a Monastery in Spain and as Apostole Missionary in Soudh America.  Mirror Print. House, 1896
Otro ex sacerdote dominico que trabajó como interprete del ejército de Estados Unidos fue José Fernández asturiano del concejo de Quirós. Se ordenó sacerdote en 1924 habiendo sido enviado a Estados unidos a estudiar Inglés y Teología en el seminario teológico de Luissiana y después en la Universidad de Notre Dame. Su conversión fue por convicciones que extrajo de la Historia de la Iglesia. Sabiendo que España estaba en Guerra Civil se enrola en el ejército de Estados Unidos como civil y estuvo en contacto con el capellán, ministro de la iglesia reformada holandesa. Oyéndole predicar la justificación por la fe, tuvo una visión mas clara de sus creencias. Entraría e contacto con el Ejercito de Salvación en Kansas. Tuvo un activo ministerio en la costa oriental de los Estados Unidos y especialmente con los de habla hispana.
Valentín Baquerohabía sido religioso escolapio y había colaborado en Madrid con Cabrera por espacio de tres años. Se convirtió al comenzar a interesarse por la Biblia, escuchando un sermón en la calle Madera. Jameson lo emplea como profesor de las escuelas que él dirigía en calle Leganitos y fue pastor también en Mocejón integrado en la Iglesia Cristiana Española. Le sucede otro ex sacerdote de la Iglesia de Roma, Antonio Pérez Murillas, que ejerció su ministerio en el Redentor de Madrid desde el 15 de octubre de 1903 hasta 1907. Relacionado con Mocejón y la dura lucha que tuvieron que soportar aquellos ex sacerdotes romanos en la obra evangélica, debemos destacar las misiones jesuíticas llamadas “misiones populares”, que más que proclamar el Evangelio, promulgaban la barbarie. En 1886, en Mocejón –Toledo- la Semana Santa tuvo clara confrontación al protestantismo que se había hecho fuerte. Dice el relato del P. Miguel Castro: “Merced a la propaganda, cuentan con un pequeño grupo de evangélicos con su capilla y escuela, siendo sostenidos y pastoreados por el tristemente célebre ex P. Tornos y el inglés Jameson que suelen visitarlos de vez en cuando desde Madrid, especialmente cuando tienen que derramar el agua de su dudoso bautismo sobre algún vástago de sus evangélicos”.
Efectivamente Cipriano Tornos y Blasco (1843-1918) también había sido un sacerdote convertido, confesor privado de la Reina Isabel II, de elocuencia extraordinaria a quien acudían de todos los lugares para escucharle. Construyó un templo en la calle Noviciado y su conversión supuso un gran triunfo del protestantismo en España.“Este templo, fue construido en 1919 por José Espeliús, quien por alguna extraña razón se decidió por un estilo neomudéjar de proporciones discretas y sobrias, pero muy "orientalizado". Choca la poca altura y su robustez, con una apariencia de fortaleza tipo alcázar musulmán”A Tornos se le podían aplicar las mismas palabras que Cipriano San José tan elocuentemente dijo en el sepelio de Cabrera: «En los campos del Israel cristiano reformado ha caído uno que, desde sus primeros combates, vióse rodeado de estos enemigos, de adversarios tenaces; uno que ha librado batallas sin que en el fragor de la pelea pensara volver atrás: si, ha caído un campeón de la Reforma en España; pero no al impulso del cansancio, sino como caen, como cayeron siempre los valientes, es decir en su puesto, desempeñando el cometido que le fuera confiado”. (Monroy Obras Completas tomo XI, pág 73) Añadir que Tornos también fue miembro de la Logia Mantuana N.° 1 en Madrid y principal pastor de la Iglesia de la calle de Leganitos.
La conversión de Cipriano Tornos también es muy ilustrativa. Preguntado en 1873 sobre qué opinión le merecían unos folletos protestantes, el sacerdote solicitado en palacios y salones por aristócratas y damas piadosas, los leyó con atención y guardó silencio. Después se puso en acción y se presentó en los cultos de la calle Leganitos donde se reunían ingleses y también españoles . Allí encontró al Rev. Jameson y al pastor Ángel Blanco Fernández y en la Biblia una fe que transformó su vida. Entre las primeras personas atraídas por la nueva vida emprendida por Tornos, era Josefa Pérez de Gavira, asidua del confesionario del padre Tornos, quien le acompañó en su itinerario hacia el protestantismo y más tarde siendo su fiel esposa. El 1876 Tornos fue ordenado pastor evangélico haciéndose cargo de la iglesia en Leganitos, junto a Jameson.
Su don en el ministerio cristiano fue el de la predicación. Conocía el alma humana y sabía dotar de solemnidad cada culto, pero su momento especial estaba en la predicación. Repetía hasta tres veces las frases que quería subrayar. Repetía el texto preferido o de oro, hasta la saciedad. También fueron perdurables sus obras como la Asociación hospitalario-funeraria, donde se pagaban 50 céntimos mensuales para casos de enfermedad o muerte y el edificio de la calle Noviciado. Este tenía espacio para escuelas, enfermería, comedores, salas de juntas, despachos y viviendas, además del templo. Este templo y dependencias se había conseguido gracias a las donaciones de Agustín Santacruz y Cerrajería de familia aristocrática y Benita Teixier quien puso todos sus ahorros con el trabajo de su aguja. [v] 
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[i] Juan David Hughey en  Los bautistas en España , dice que en 1875 fue expulsado de la misión por haber conducido a un cierto número de personas al espiritismo. Después volvería a la iglesia católica haciendo pública renuncia de su fe[ii] Véase  en Protestante Digital [iii] Don Ángel Romera hace en su blog la siguiente Nota al paso: el escritor heterodoxo (excapuchino excomulgado, protestante y masón) Elpidio de Mier González de los Ríos y Solapeña, amigo de Ramón Franco y que para más heterodoxia firmó a veces con sus letras patas arriba  Emir de Polidei , imprimió en Ciudad Real unas  Bromas... ligeras: sátiras en verso , (Ciudad Real, Establecimiento tipográfico Corral, Buitrago y Vega, 1920) que es uno de nuestros incunables (en cuanto a raros) secretos, por una imprenta que a algunos no les sonará en absoluto y se trata de la de C. C. Rubisco, que vendieron sus hijos a esos señores. El mismo Romera hace una extensa entrada en Wikipedia pero omite algunos datos que aporta en esta Nota y se refiera a un largo colofón que aporta datos personales: HOY II DE FEBRERO DE MCMXXXX.o aniversario del matrimonio de amor y feen del autor con AMALIA CASTELAR Y RIVERA en Puerto Rico de cuya unión nacieron los vástagos hispanoamericanos Iberia, Aníbal, "Julia C. Augusta y Fidel de Mier y Castelar, SE ACABÓ DE IMPRIMIR este sencillo libro de ardorosas y sanadoras sátiras….[iv] Breve historia de la IGLESIA EPISCOPAL EN PUERTO RICO por Iván R. Buxeda Díaz[v] Tomado de  Nuestras Raíces . Rafael Arencón Edo. Recursos ediciones 2000
 
 Autores: Manuel de León
©Protestante Digital 2013

jueves, 7 de noviembre de 2013

El universo llamado Carlos Monsiváis

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México*
Su amor por la Biblia Reina-Valera 1909 lo alejó siempre de los nuevos protestantes de hoy, cada vez más alejados de un contacto cultural con su libro de cabecera, que para él siguió siéndolo.
Presentación del libro  Carlos Monsiváis: cuaderno de lectura  (México, CUPSA, 2013), Unidad Adolsfo Sánchez Vázquez, Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, 29 de octubre, 2013. Y lo cierto es lo afirmado algún día por Juan Rulfo: a los escritores les toca afirmar el realismo o la irrealidad; lo mágico es la existencia de lectores .C.M.,  Aires de familia
1. MONSIVÁIS, UN GÉNERO LITERARIO (O. PAZ)
Cada vez que aparece una nueva alarma de Google sobre Carlos Monsiváis compruebo que su vastedad como escritor proteico, múltiple y ubicuo sigue siendo una realidad y que a quienes nos interesa su literatura, sus ensayos, y artículos, así como la visión que forjó durante décadas de escritura, no nos dejará descansar durante mucho tiempo. Invocar su espíritu en esta hora, a poco más de tres años de su desaparición física, representa, al menos para mí, la posibilidad de continuar abriendo sus páginas para sumergirse en la amplitud de miras con que asumió su paso por este mundo.
Más allá de las consabidas categorías que devienen en lugares comunes su obra es también un venero de opciones y alternativas para indagar en un sinfín de temáticas. Su personal obsesión por la crónica que desdobló como ensayo, crítica y biografía, además de la pasión y precisión con que seleccionó poesía, cuento y la propia crónica, es contagiosa a la hora de acercarse a algunos de los autores sobre los cuales hizo soberbias reseñas o artículos.
Un ejemplo entre cientos es la prodigiosa manera en que, a la muerte del uruguayo Juan Carlos Onetti glosó y desglosó su obra en una serie de tres artículos donde con trazos mágicos mostró la grandeza de ese gran exponente de la narrativa latinoamericana. Y qué decir se su libro  Escribir, por ejemplo,  donde los selectos autores mexicanos de los que se ocupó y que conoció detalladamente, le sirvieron para desplegar el arte crítico que muchos hubieran querido ver aplicado únicamente a temas literarios.
Para los que de alguna manera la escritura nos atrapó, independientemente del género elegido, su influencia resultaba irresistible, pues la intensidad crítica y el alto voltaje analítico que desplegaba se volvía inmediatamente un modelo a seguir. Tres ejemplos más vienen a corroborar esto: los volúmenes dedicados a Octavio Paz ( Adonde yo soy tú somos nosotros ), Salvador Novo ( Lo marginal en el centro ) y Amado Nervo ( Yo te bendigo vida).
En el primero, especialmente, Monsiváis se movió en el análisis magistralmente entre la prosa, la poesía y el ensayo político del Premio Nobel de 1990. Así, escribe:
 En 1957 Paz publica uno de sus grandes poemas, ``Piedra de sol'', que él mismo define: ```Piedra de Sol' es un poema lineal que sin cesar vuelve sobre sí mismo, es un círculo o más bien una espiral'' y que, por eso, empieza y termina de igual modo […]
 Si ya desdeÁguila o sol?, y no obstante su complejidad y falta de concesiones, la poesía de Paz es muy leída, “Piedra de Sol” es una de las claves de la nueva generación, que lo memoriza y estudia para aprender su sensibilidad, tan hecha de erotismo, descripciones vitriólicas del procedimiento autoritario, refundación del mundo a partir del amor, ires y venires de lo prenatal a lo póstumo, todo lo que enardece a una vanguardia que mezcla épocas, reconsideraciones del deseo, desprecio por los convencionalismos, urgencia de reescribir la historia, la modernidad y la experimentación espiritual y corporal.
 Mientras el erotismo y la filosofía sean posibles, no hay “muerte de Dios”. En La estación violenta (1958), que incluye “Piedra de Sol”, el poeta es un ser diurno, una expresión de las fuerzas naturales (la más recalcitrante y crítica), alguien que concibe la poesía como el acto que unifica las sensaciones en un solo proyecto utópico. Todo en el libro es deslumbrante: la demasiada luz, la interrelación de historia y sensualidad, el uso de la metáfora como relámpago visual, la enumeración de alegorías, el tiempo que se va como agua y se petrifica, el aliento de lo prehispánico (en “El cántaro roto”) como galería de imágenes subterráneas que de pronto, al cerrar los ojos, ascienden a la superficie ... [1]
2. UN “PROTESTANTISMO ILUSTRADO” A TODA PRUEBA
Varias veces me tocó ver a Monsiváis en reuniones evangélicas (en una de ellas compartí la mesa con él, en 1993) y en todas dejó ver que ni siquiera en este círculo podía abandonar la ironía y el estilo afilado para responder cualquier provocación. Y es que su protestantismo de corte clásico e ilustrado provino de una época en que todavía las iglesias transitaban por caminos de cierta cercanía hacia la cultura teológica y literaria.
Siempre me ha abrumado leer en su autobiografía que desde muy joven leyó la  Institución,  de Calvino, el  Bosquejo de dogmática,  de Karl Barth y  Nuestra fe , de Emil Brunner, además de un amplio arsenal de biografías de protagonistas de la Reforma.
Es verdad que no se consideraba teólogo, pero sus abordajes a lo religioso (y lo no religioso) evidenció siempre la tendencia protestante de la primera mitad del siglo XX a teñir prácticamente todo de una teología un tanto moralizante (que incomodó tanto a críticos como Christopher Domínguez Michael, quien lo calificó como “patricio laico” [2] ) que él transfiguró en un híbrido socarrón paralizante cuando se le escucha por vez primera, pero con el que se puede convivir tranquilamente apenas se traspase el umbral de sus constantes alusiones bíblicas modificadas hasta el cansancio en nuevos dispositivos verbales, efectivos en su propósito y que, al despertar la risa cómplice, son capaces de llevar la polisemia a niveles insospechados.
Recuérdese, si no, ese portento de intertextualidad que es el cuasi-aforismo: “Y conoceréis la verdad, y la verdad que os aterrará”, que me ha acompañado durante décadas. Uno de los epígrafes de  Los mil y un velorios  actualiza la visión de San Pablo sobre la muerte en este país devoto de la misma (“Oh muerte, yo seré tu muerte”). O los ensayos cuyo títulos eran estremecedores, desafiantes y jocosos hasta el límite del plagio autoasumido y del pastiche incansable: “¿A poco no le da gusto estar excluido? (las marginalidades por decreto)”, “No es que esté feo, sino que estoy mal envuelto, je-je (notas sobre la estética de la naquiza)”, “Me fui de Comala porque mi padre vivía en Houston”, etcétera, etcétera.
Su amor por la Biblia Reina-Valera 1909 lo alejó siempre de los nuevos protestantes de hoy, cada vez más alejados de un contacto cultural con su libro de cabecera, que para él siguió siéndolo. Su típica familiaridad protestante hacia ella hizo que sus amigos Pitol y Pacheco la conocieran de primera mano con un lector devoto que la había memorizado sin piedad, como le sucedió a varias generaciones de fieles. La pasión con que aferradamente su recuerdo la traía a cuento en toda circunstancia no ha sido suficientemente estudiada y tal vez se requiera un buen equipo, becado para ello, que hurgue en cada renglón de sus textos para encontrar la alusión puntual, parafraseada hasta el éxtasis, así sea en las revistas  non sanctas  que los acogieron. Acaso el género bíblico de la crónica sea el origen de ese nuevo género que pergeñó y desarrolló apasionadamente.
Si para Sergio Pitol el nombre bíblico de Monsiváis no podía ser otro que “legión de heterónimos”,[3]y para Adolfo Castañón es “un hombre llamado ciudad”,[4]con lo que concuerdo, para mí es también un “universo”, ilegible a veces para muchos, pero luminoso y chispeante la mayoría de las veces.
Se quejó, y bien en mi opinión, de que “los protestantes sólo lo invitaban a cosas serias”, [5] a él, que se hallaba a años-luz de preocupaciones muy edificantes, lo que motivó toda una reflexión sobre sus nunca perdidas aficiones religiosas y sobre el rumbo heterodoxo que les dio. Para apreciar eso, recomiendo el ensayo “Danos hoy nuestra teología cotidiana”. [6] El día en que todos nos pusimos su máscara en el homenaje por sus 70 años, compartimos algo de ese universo y en él seguimos.
 
 [1] C. Monsiváis, “Adonde yo soy tú somos nosotros”, en  La Jornada Semanal,  
 [2] C. Domínguez Michael, “Carlos Monsiváis, el patricio laico”,  en Servidumbre y grandeza de la vida literaria . México, Joaquín Mortiz, 1998. Cf.  Idem,  “¿Quién teme a Carlos Monsiváis?”, en  Letras Libres,  julio de 2002, pp. 79-81.
 [3] S. Pitol, "Con Monsiváis, el joven", en  El arte de la fuga.  México, Era, 1996, pp. 50-51. 
 [4] A. Castañón, "Carlos Monsiváis: un hombre llamado ciudad", en  Arbitrario de literatura mexicana. Paseos I.  México, Vuelta, 1993, p. 368.
 [5] M.E. López Ramírez, “Los protestante sólo me invitan a cosas serias”, en  Folios, www.revistafolios.mx/articulos/carlos-monsivais/los-protestantes-siempre-me-invitan-cosas-serias.  
 [6] C. Monsiváis, “Danos hoy nuestra teología cotidiana”, en  Revista de la Universidad de México, www.revistadelauniversidad.unam.mx/6209/6209/pdfs/62monsivais.pdf.
 
 
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sábado, 2 de noviembre de 2013

Libertad y liberación: Perspectivas Protestantes, sus implicaciones liberadoras hoy

Por. Carmelo Álvarez, EE.UU
Este breve artículo pretende solo esbozar las dimensiones liberadoras que hicieron de la Reforma Protestante una revolución liberadora en el siglo XVI y sus implicaciones liberadoras en el siglo XXI. El intento se dirige a buscar algunas constantes y detectar su dinámica liberadora después de casi 500 años y los aportes protestantes a la teología de la liberación latinoamericana y caribeña.
La Cristiandad medieval
Cuando se designa el concepto “cristiandad medieval” lo que se pretende es referirse a una compleja realidad socio-política, religiosa y cultural. Es un sistema con estructuras que rigen el colectivo social. La vida está regida por un patrón de autoridades con actores que obedecen a una realidad última: la cristiandad. Ser cristiano es ser ciudadano y ser ciudadana es ser cristiana. No se concibe que ninguna persona viva al margen de la vida social, ni al margen de la iglesia.
La iglesia es el eje sacramental-litúrgico de toda la vida. Hay una dimensión trascendente que “sacraliza” el orden social y pone en la esfera de lo misterioso las fuerzas desconocidas, hostiles y antagónicas. .Por eso todas las personas deben ser bautizadas. La herejía, el ateísmo, la apostasía, la brujería, y toda clase de expresión que marque lo diferente es considerado sospechoso o pecaminoso. Las opiniones o reflexiones están enmarcadas en aquella genial frase de Miguel de Unamuno sobre “la fe del carbonero” que enunciaba: “Qué creo yo, lo que cree la iglesia, y que cree la iglesia, lo que creo yo” Creer es ante todo un acto de obediencia y sometimiento.
Surgen del mismo seno de la cristiandad los gérmenes de la disolución. Las estructuras que dieron estabilidad ahora se deslegitiman. Se rompe la unidad medieval. Hay una división político-nacional que va a configurar una nueva Europa. Nuevas fuerzas y actores sociales van a perfilar la nueva ciudadanía, la nueva ciudad, la nación y el nuevo orden. Hacia fines del siglo XV se respiran cambios profundos en la sociedad europea medieval.
La insatisfacción del pueblo con las estructuras religiosas y la falta de un cristianismo más cercano a la necesidad de ese pueblo, provoca nuevos ensayos, búsqueda de una piedad más pertinente, afectiva, personal.
Es en esa transición que se debe entender el surgimiento de la Reforma Protestante, que nunca pretendió crear algo radicalmente nuevo. Lo que deseaba era renovar, poner al día estructuras decadentes, sin renunciar al núcleo básico de la vida en sociedad, la fe cristiana.
El cristianismo en la Reforma Protestante
La época de la Reforma Protestante en Europa ha sido llamada una era de cambios. En alguna medida, como acontece a fines del siglo XX y principios del XXI, podríamos hablar de un cambio de época. Donde viejos paradigmas fueron disueltos y nuevos modelos surgieron a todo nivel. Los siglos XIV y XV habían traído un fermento comercial que llevaría a la transición del feudalismo decadente al naciente capitalismo.
Varias fuerzas se unían a este ímpetu comercial. El imperio, bajo la imagen monárquica y su derecho divino, y el sacerdocio bajo el manto sacramental y la estructura eclesiástica, constituían los dos ejes de la cristiandad y su sistema jerárquico-jurídico. Estos dos ejes competían como fuerzas dirigentes, aunque muchas veces coincidían en sus intereses. Con el surgimiento de los estados nacionales y las monarquías constitucionales se fueron abriendo nuevos espacios con nuevas fuerzas y actores.
El misticismo dio elementos religiosos que apoyaron un incipiente individualismo, cuestionando la síntesis medieval tan piramidal y promoviendo un nuevo sujeto en formación, el sujeto burgués moderno. La base filosófica del individualismo (luz interior y experiencia personal) la da el nominalismo como filosofía nueva y dominante. Solo existen individualidades. De igual forma el humanismo cristiano con su crítica a la corrupción moral y espiritual, va reclamando que se hace necesario volver a las fuentes clásicas de la sabiduría y el conocimiento. El puente que quieren tender los humanistas está apoyado en una nueva ciencia literaria crítica y una nostalgia por la recuperación de la edad de oro en el pasado.
Hay, además, en las postrimerías del medioevo, inconformidades a nivel popular, aspiraciones por necesidades sentidas en diferentes lugares de Europa. Esta era convulsionada trae una ola nacionalista impetuosa. Cierto profetismo apocalíptico saturado de esa piedad popular pretende canalizar estas ansias del pueblo. En medio de la turbulencia de los tiempos surgen nuevos pensamientos y aspiraciones, tanto en lo político como en lo religioso. La nueva burguesía en ascenso, el campesinado empobrecido y un nuevo sector social (músicos, poetas, artesanos) que van a conformar las nuevas ciudades, comienzan a luchar. Unos por una mejor distribución de la riqueza y los recursos, como fue el caso de los campesinos en Alemania y otros buscando agremiarse en la ciudades para proteger sus intereses (artesanos y músicos). El descubrimiento de la imprenta será agente catalítico para estos cambios, como lo ha sido la computadora en el siglo XX.
¿Qué significa todo esto para la así llamada Reforma Protestante?
En Alemania se daban luchas sociales y políticas, que presagiaban el advenimiento de una nueva nación. Las luchas  de los campesinos por salarios más justos frente a un régimen de servidumbre y acaparamiento, convirtieron al territorio alemán  en campo de batalla. Las más importantes son las llamadas guerras campesinas entre los años 1521-1525. Mientras estas luchas se daban en el campo, en las ciudades se organizaban los gremios artesanales y las casas bancarias. La lucha en el campo era contra los señores feudales; en las ciudades se afianzaban los monopolios y se planeaba la expansión comercial ultramarina.
La Reforma Protestante se inserta en este proceso. Intenta canalizar las aspiraciones religiosas del pueblo y surge dentro del capitalismo incipiente de la época. Los reformadores bajo la influencia de todas fuerzas lanzan una protesta religiosa que prende en las aspiraciones de las nuevas naciones europeas. Al quebrantar el sistema penitencial-sacramental, la Reforma debe suplir una nueva modalidad eclesiástica. La Reforma Protestante no tiene reparos en incorporar la nueva ciencia en su pensamiento y vivir el proceso de reacomodo económico. Solo la llamada Reforma Radical (grupos campesinos inconformes y sectores pauperizados en las ciudades) mantendrá una postura contestataria.
Hay tres figuras principales en la Reforma Protestante Clásica, así llamada para distinguirla de la Reforma Radical, Martín Lutero, Ulrico Zuinglio y Juan Calvino. Cada uno de ellos aportó a la formación del núcleo central de las doctrinas sustentadas por la Reforma Protestante. Cada uno mantuvo su distintivo teológico, como parte de la diversidad que plantea el propio movimiento.
Lutero era un monje agustino-eremita, experto en las Sagradas Escrituras y profesor de ellas. Gozaba de un alta estima entre sus colegas y estudiantes, logrando un significativo número de seguidores muy temprano en su carrera. Buscaba beber en diferente s fuentes filosóficas y teológicas, con un criterio crítico, pero sobre todo buscando una más íntima relación con Dios y una verdadera libertad cristiana. Seguía estudiando con afán las Sagradas Escrituras, redescubrió al apóstol Pablo, y de allí comenzó a construir una vida y un sistema teológico que con los años llevaría a una total ruptura con la Iglesia Católico-Romana. Al encuentro con la libertad por la justificación por la fe en la gracia que redescubre en Pablo, se decide a mantener su postura frente a la Iglesia, que finalmente lo expulsa. Aunque solo quiso ser reformador, terminó rompiendo con la Iglesia. Nunca deseo fundar un nuevo movimiento religioso, pero culminó sentando las bases para lo que hoy se conoce como la tradición luterana.
Ulrico Zuinglio, reformador suizo, sacerdote católico, que decidió romper con el pensamiento teológico medieval, particularmente el tomismo, y forjar su pensamiento con dos fuentes principales: el humanismo y las Sagradas Escrituras. Se apegó a una fuerte crítica humanista, particularmente por el papel predominante de la Iglesia Católica en lo social y político.
A Zuinglio no le gustaban los ritos y ceremonias elaboradas, siendo más radical en su concepción de los sacramentos que Lutero y Calvino, reduciendo casi toda la experiencia religiosa al ámbito espiritual con una buena dosis de racionalismo. Para Zuinglio la religión es una recta moral que habita en los seres humanos. El Evangelio es la nueva ley que se graba en el corazón, es en Jesucristo que toda religiosidad tiene su culminación. Es por ello que el Evangelio libera para una vida sencilla sin ritualismos. Al recibir la gracia de Dios en la fe la persona creyente acepta el camino del discipulado. Su gran amor por el texto bíblico en el original (consultaba directamente la Biblia en sus idiomas originales) lo llevó a ser un fervoroso predicador, apegado al texto bíblico. Cuando oyó de las ideas que Lutero exponía en Alemania abrazó con más fervor la causa de los reformadores. A diferencia de Lutero, Zuinglio tomó una postura militante contra la Iglesia Católica  y se unió a los grupos armados que procuraban la liberación de los cantones suizos de la presencia católico-romana, muriendo en batalla como héroe nacionalista. Por eso hoy en Zurich, Suiza, hay un monumento a Zuinglio con la Biblia en una mano y la espada en la otra.
Juan Calvino, oriundo de Francia, vino a ser el otro líder indiscutible de la Reforma Protestante. Calvino poseía una mente privilegiada, con una educación esmerada y gran erudición. Cuando oyó de las posturas expuestas por Lutero y Zuinglio, abrazó también la causa de la Reforma Protestante. Cuando se extendía ese fervor evangélico-reformador por Suiza, Calvino se constituyó en el gran sistematizador y conductor de la Reforma en ese territorio. Incluso, su influencia fue mucho mayor que la del propio Zuinglio, a pesar de éste ser oriundo de Suiza. Su liderato se extendió por toda Europa, incluyendo a su natal Francia, donde ejerció una notable influencia.
Calvino por un lado forja un pensamiento claro y sistemático de las principales doctrinas reformadoras, dándoles su propio aporte y ampliando en temas teológicos, sociales y culturales.
Bajo su liderato se creó la república ginebrina en ese cantón. Era una casi teocracia con ordenanzas civiles, políticas, sociales y morales. Fue el precursor del sistema constitucional moderno con las tres ramas del estado: el ejecutivo, el legislativo y el judicial, con leyes para regir la vida religiosa que debía mantenerse separada de las otras tres instancias. Cuando los puritanos llegan a lo que hoy conocemos como los Estados Unidos, traen una gran influencia de Calvino que radicalizan y expanden para su propio proyecto y experimento de sociedad.
En Inglaterra la Reforma toma otro rumbo. Comienza con la ruptura de Enrique VIII con el papado en Roma. Las razones están más relacionadas con el temperamento, la conducta y los deseos personales del monarca inglés que con alguna diferencia doctrinal más profunda. De hecho, dentro de la evolución de lo que se conoció después como la Reforma Anglicana, Enrique VIII aparece como un católico tradicional. Lo que sucedió es que en las Islas Británicas (incluyendo Escocia) la influencia reformada de Calvino y la presencia de algunos grupos de la Reforma Radical, configuraron un protestantismo muy particular y distinto.
Se habla, entonces, de la Reforma Anglicana como via media (un punto intermedio) entre los protestantismos y la Iglesia Católico-Romana. Hay aspectos doctrinales, teológicos, litúrgicos y eclesiásticos, así como los políticos, que forjan una reforma inglesa diferente a las otras reformas protestantes. A través de los siglos XVI y XVII se conformó una Reforma Anglicana que seleccionó y perfiló su propia identidad, muy influida por los monarcas que asumieron el poder y las controversias políticas y doctrinales que provocaron. La Iglesia de Inglaterra, como la oficial  de la monarquía constitucional inglesa, mantiene una relación histórico-jurídica entre el estado y la iglesia; el trono y el altar.
Ya hemos mencionado la Reforma Radical. Este movimiento se caracteriza en grandes líneas por no aceptar ninguna componenda con los estados. En este sentido asumen una postura radical de cuestionamiento y sospecha ante toda estructura gubernamental o estatal que pretenda manipularlos o dictarles principios morales, espirituales o políticos. Hay varias figuras destacadas, pero es Tomás Muntzer, un seguidor inicial de Lutero convertido en un profeta apocalíptico y revolucionario, el que más se destaca. Muntzer es considerado como precursor en el siglo XVI en Alemania de la teología de la liberación. En su militancia revolucionaria acompaña a los campesinos en sus luchas, promulgando la lucha armada como justa, combinada con un mensaje profético y de comunitarismo cristiano. Creía que las personas creyentes debían levantarse para pelear la “causa justa de Dios”, frente a los príncipes opresores y los reformadores traidores como Lutero. Iluminado por sueños y visiones, más allá del texto bíblico, Muntzer convocaba a un nuevo reino que Dios iba a inaugurar. Durante los años 1524-25, Muntzer se dedica a la última fase de confrontación armada contra los príncipes electores del territorio alemán.
Derrotados y diezmados, Muntzer y sus campesinos reflejan el radical compromiso evangélico con la justicia y a favor de los pobres y la verticalidad revolucionario de entregarse hasta la muerte en promoción de un régimen político distinto, más propiciador de una sociedad fraterna, pacífica y humana. Su compromiso evangélico y su postura revolucionaria se entrelazan en un modelo único dentro de la Reforma Protestante. Muntzer fue decapitado y casi desconocido por varios siglos, resurgió en el siglo XX gracias a la tenacidad de científicos políticos como Federico Engels y Kart Kautsky, y filósofos como Ernst Bloch.
Como parte de la Reforma Radical existieron grupos diversos apocalípticos espirituales, sumamente escatológicos y separados de toda contienda política y muchas veces en franca huelga social. Su principal énfasis fue la experiencia de fe personal, disciplinados a vivir como comunidades del Reino en la fuerza del Espíritu. Muchos de ellos fueron perseguidos y martirizados por negarse a someterse al estado, jurar por la nación o servir en los ejércitos. La mayoría de estos grupos formaron comunidades cerradas como los Amish en Estados Unidos.
Otros grupos como los Menonitas formaron comunidades de servicio y testimonio e iglesias, radicalmente opuestas a la violencia con su pacifismo radical, pero industriosas en áreas como la educación, la salud, las comunicaciones y el apoyo a objetores por conciencia a la guerra. Su ética de discipulado radical los mantiene como comunidades de resistencia y testimonio en muchos lugares de mundo. Han producido un pensamiento teológico crítico y profético, participando en esfuerzos ecuménicos que propicien la paz con justicia. Estas iglesias Menonitas se han caracterizado por su laboriosidad y fervor evangélico con una disciplina muy cercana a la de la Orden Benedictina en la tradición católico-romana.
Estos protestantismos formaron parte de un movimiento religioso que hizo un impacto en la cultura occidental durante los últimos 500 años. La llamada modernidad no puede ser entendida, en parte, sin destacar la influencia de las teologías protestantes. Tanto el pensamiento filosófico como el cultural y político recibieron la influencia de ideas fraguadas desde la experiencia religiosa que llamamos protestantismo. Para muchos pensadores e intérpretes de los protestantismos iniciados en el siglo XVI es imposible separar lo específico protestantismo de la ideología del sujeto burgués capitalista desarrollado durante estos casi 500 años. Hay que explorar cómo los protestantismos ejercieron esa influencia, cuáles fueron las ideas más predominantes y qué dimensión liberadora ha ofrecido este movimiento protestante tan diverso. Hay que preguntarse si la fuerza renovadora y el ansia de libertad siguen desafiando a las iglesias protestantes y si ese aporte será una fuerza de liberación en la historia contemporánea. ¿Qué harán las iglesias protestantes en el futuro de América Latina? Esa pregunta es crucial.
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Bibliografía mínimaAlvarez, Carmelo. Una Iglesia en Diáspora. San José: DEI, 1991
______________. Alborada de tiempos fecundos: una teología ecuménica y pentecostal. Quito: CLAI, 2006
______________. Introducción a la unidad cristiana. Nashville: Abingdon Press, 2011.
Buss, Theo. El Movimiento Ecuménico en la perspectiva de la liberación. Quito-La Paz: CLAI-Hisbol, 1996
Egido López, Teófanes. Las Reformas Protestantes. Madrid: Editorial Síntesis, 1992.


Carmelo Álvarez, Chicago, IL
 
Fuente: ALCNOTICIAS, 2013

lunes, 28 de octubre de 2013

Transustanciación literaria de Rubem Alves (II)

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México*
Para él, esa es ahora la gran metáfora de la vida, el saber y el placer: la cocina, porque los ojos de la cocinera “son iguales a los ojos de un poeta”
Las ideas del  yo  pensante son aves enjauladas - pertenecen a lo que el yo hace con ellas lo que desea. Las ideas que viven en el cuerpo son aves salvajes - sólo vienen cuando ellas desean. Tienen voluntad e ideas propias.[1]  R.A. Desde que allá por 1981 (hace más de 30 años) Rubem Alves decidió cambiar para siempre su estilo de escritura e indagar en los asuntos de la vida de una manera distinta a la teología que aprendió y que desarrolló tan bien (hay que decirlo), ha ido decantando su estilo y se ha renovado continuamente gracias a una inmersión infatigable en sus abismos personales y en todo lo que le rodea.
Una persona contribuyó a que esa transformación se realizara de modo más formal: su amigo Jether Pereira Ramalho lo invitó, ese mismo año, a escribir textos libres para la revista ecuménica  Tempo e Presença.  El primer artículo publicado allí sería el punto de partida que se concretaría en  Dogmatismo y tolerancia,  luego del feroz ajuste de cuentas con la Iglesia Presbiteriana de Brasil que fue  Protestantismo y represión  (1979; nuevo título:  Religión y represión,  2005). [2]  Ya lejos de cualquier venganza o resentimiento, Alves se transfiguró en un escritor que poco a poco lograría una prosa impactante y concisa, personal y entrañable, al mismo tiempo. Ese oficio lo llevó a incorporarse a la Academia Campinense de Letras, mismo destino de su colega Gustavo Gutiérrez (el fundador católico de la teología latinoamericana de la liberación), miembro, a su vez, de la Academia Peruana de la Lengua.
Pocos años después, él mismo dio fe de su transformación, aunque todavía sin la claridad y la certeza que le permitirían alcanzar sus lecturas de autores como William Blake, T.S. Eliot, Fernando Pessoa, Ludwig Wittgenstein, Cecilia Meireles, Gaston Bachelard, Octavio Paz o Adélia Prado, por citar sólo a algunos. Los años noventa fueron el escenario del nuevo despliegue narrativo y reflexivo del siempre teólogo (a su pesar) que ahora se movía como pez en el agua, ya libre de las amarras doctrinales que atenazaron en otro tiempo su creatividad. El  Libro sin fin,  renombrado ahora como  Variaciones sobre el placer  es una puerta de acceso a su “taller íntimo de producción escritural” porque exhibe sin pudor ni arrepentimiento la manera en que las ideas que brotan de su cuerpo lo poseen a través de una inspiración nada etérea, sensible, pero que se queda sin explicación necesariamente lógica.
Luego de explicar, de modo  divagado,  lo sucedido en su interior y en su experiencia cuando le surgió el deseo de escribir este volumen, Alves mezcla, en su nuevo método de  pesquisa,  todos los elementos que le sirvieron para avanzar en la escritura. Así, se juntan en una misma página Tales de Mileto y Nietzsche, quienes junto a otros autores bombardean al lector/a desde los márgenes para acicatear su imaginación con múltiples rumbos de interacción y búsqueda. El primer capítulo, una amplia digresión, proscrita en los textos académicos, lo muestra de cuerpo entero: “Los textos de saber prohíben que los autores se entreguen a confesiones sobre los caminos o descaminos de sus pensamientos antes de alcanzar su destino de conocimiento. Lo que se exige de un texto de saber es que el autor haga una asepsia rigurosa en sus materiales. Todo aquello que no hable al respecto del camino en  línea recta,  que lleve del problema inicial a una conclusión, debe irse a la basura”. [3] 
Con ese trasfondo, Alves acomete la transustanciación literaria de todo lo que ha fagocitado por ser un antropófago consuetudinario que, en una  labor casi religiosa, convierte en nuevo sacramento lo que brota de su pluma. A eso se refiere el segundo y breve capítulo, “ Hoc est corpus meum”,  esto es, las palabras sacramentales de Jesús de Nazaret. El autor ahora escribe con su sangre y su persona misma, y cada texto lo retrata en la mirada del lector: “Las cosas que digo, igual que las telas de Arcimboldi y la escritura de Borges, trazan las líneas de mi rostro”. [4]  El arte, queda bien claro, “busca la comunión”. Su carne y su sangre nos son entregados en un acto estético-litúrgico que actualiza la vida de quien proceden los textos. Cada lectura es un acto de degustación. Y nuevamente acontece el “ritual antropofágico”, dicho todo esto en un lenguaje que viene del  Manifiesto antropófágo,  de Oswald de Andrade, del ya muy lejano 1928, en los años del surgimiento de la vanguardia poética brasileña…
Los capítulos que siguen, con el título cambiado, “Las metamorfosis de la vejez” (“Después de viejo me volví niño”, era el anterior), “El olvido: Barthes” (“Me olvidé de lo sabido para recordar lo olvidado”, el mismo caso), abundan en la reinterpretación, con las nuevas herramientas, de los caminos recorridos. En “De los saberes a los sabores” y “Los saberes del cuerpo” reinventa la aprehensión del mundo, ahora de una manera gastronómica y extremadamente sensorial, pero sin reducir la experiencia sólo al sentido del gusto. Por eso el capítulo siguiente se llama: “El cuerpo: él sabe sin saber” (antes: “Por una pedagogía de la inconciencia”). Nuevamente, como antaño (en  Hijos del mañana  y  El enigma de la religión)  analiza la función del lenguaje, pero desde fuentes muy diferentes a las de su amigo Paulo Freire. La educación le ha faltado siempre el respeto al cuerpo, a sus deseos de aprender únicamente lo que le sirve y le gusta. Por eso ha fallado la ciencia en imponerse: después de todo, los libros de ciencia son libros “de recetas”.
Ése es el origen de “Variaciones sobre el placer” (“La razón, sierva del placer”), donde relee al obispo de Hipona, y no se engaña: “La experiencia del placer, tan buena, siempre nos coloca delante de un vacío [la “puerta de la mística”, agregaría yo]. La teología de San Agustín se construyó sobre ese vacío que sigue al placer. (No olvida el poema de Heládio Brito sobre los  caquis,  fruta  gostosa… ) Después de agotado el placer, existe, en el alma, la nostalgia por algo indefinible”. [5]
El placer no es lo mismo que la alegría. De ahí que sus “variaciones” sigan el mismo rumbo: San Agustín en teología; Nietzsche, la filosofía; Marx, la economía; y, para cerrar, Babette, la cocinera, acompañada de Tita, la de  Como agua para chocolate.  Esa variación es la definitiva, en donde todo se redefine de manera casi total: su acercamiento al saber de la cocinera es enfático. “El banquete se inicia con una decisión de amor”. Los sabores que ellas dominan controlan al mundo porque, a diferencia de un nutriólogo, amo y señor de las cantidades y las calorías: “La cabeza de la cocinera funciona al revés. No considera vitaminas, carbohidratos y proteínas. Su imaginación está llena de sabores. Sueña con los efectos que los sabores producirán en el cuerpo de quien coma. No quiere matar el hambre. Lo que ella desea es hacer el amor con quien come a través de los sabores. Cuando el hambre se satisface, el festival de amo llega a su fin. […] Me gustaría que el texto evangélico fuese otro: ‘Bienaventurados los hambrientos porque ellos tendrán más hambre’. ¡La cocinera desea que su invitado muera de placer!”. [6] 
La pasión de Alves por la cocina fue estimulada de manera monumental por la película danesa  El festín de Babette  (1987), al grado de que, cuando emprendió la aventura de abrir su propio restaurant, no otro fue el nombre del mismo. En otro momento, se explayó sobre el film con palabras que siguen resonando por su perspicacia y empatía:
 Cocinar es hechicería, alquimia. Y comer es ser hechizado. Eso lo sabía Babette, artista que conocía los secretos de producir alegría mediante la comida. Ella sabía que, después de comer, las personas no siguen siendo las mismas. Cosas mágicas acontecen. De eso desconfiaban los endurecidos moradores de aquella aldea, que tenían miedo de comer del banquete que Babette les preparó. Creían que era una bruja y que el banquete era un ritual de hechicería. Y tenían razón. Que era hechicería, eso mismo. Sólo que no del tipo que imaginaban. Creían que Babette haría que sus almas se perdieran. No irían al cielo. De hecho, la hechicería aconteció: sopa de tortuga, callos al sarcófago, vinos maravillosos, el placer ablandando los sentimientos y pensamientos, las durezas y las arrugas del cuerpo siendo alisadas por el paladar, las máscaras cayendo, los rostros endurecidos haciéndose bonitos por la risa, in vino veritas... [7]
Para él, esa es ahora la gran metáfora de la vida, el saber y el placer: la cocina, porque los ojos de la cocinera “son iguales a los ojos de un poeta”. [8]  La poesía es culinaria, la culinaria es filosofía, dice a continuación. “La poesía son palabras buenas para comer. El poeta es un hechicero alquimista que cocina el mundo en sus versos: en un simple verso cabe un universo”. [9]  Placer, sabiduría, poesía y cocina: espacios para degustar la existencia y el tiempo. Ése es el nuevo Alves, siempre teólogo y poeta.
Nota. Las fotografías que acompañan este artículo proceden de la revista  Brasilis ,  sitio dedicado por el gobierno brasileño a divulgar la vida y obra de personajes relevantes del país. 
 

 [1] R. Alves, Variações sobre o prazer. Santo Agostinho, Nietzsche, Marx y Babette. São Paulo, Planeta, 2011, p. 22. Versión de L.C.-O. 
[2] Cf. Leonildo Silveira Campos, “O discurso acadêmico de Rubem Alves sobre ‘protestantismo’ e ‘repressão’: algumas observações 30 anos depois”, en  Religião e Sociedade,  vol.28, núm.2, Río de Janeiro, Instituto de Estudos da Religião, 2008, pp. 102-137,  www.scielo.br/pdf/rs/v28n2/a06v28n2.pdf
   [3] R. Alves,  op. cit.,  p. 29. 
   [4] Ibid.,  p. 40.
   [5] Ibid.,  86. 
   [6] Ibid.,  p. 138.
   [7] Cf. R. Alves, “A festa de Babette”, en  www.releituras.com/rubemalves_babette.asp. 
   [8] R. Alves,  Variações sobre o prazer , p. 150.
   [9] Ibid.,  p. 151.
 
*Autores: Leopoldo Cervantes-Ortiz

Fuente: Protestante Digital 2013

martes, 22 de octubre de 2013

Encuentros inter-religiosos en el Luna Park. Datos y reflexiones (Parte 2)

Por. Hilario Wynarczyk, Argentina*
 
En estos momentos el tema del diálogo inter-religioso y las aproximaciones entre algunos evangélicos y católicos adquiere cierta relevancia por la asunción de Francisco Primero, Papa, que fuera el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, un auspiciador de esta clase de eventos. En el texto que sigue quiero exponer la crónica que escribí en el año 2009, del Quinto Encuentro Fraterno de Evangélicos y Católicos en el Espíritu, organizado por CRECES (Comunión Renovada de Evangélicos y Católicos en el Espíritu Santo). Aquella crónica fue publicada por Prensa Ecuménica y aquí le ofrecemos la segunda parte, el final de dicha nota.
 La religión pública en el Luna Park
En la Argentina en estos momentos el tema del diálogo inter-religioso y las aproximaciones entre algunos evangélicos y católicos adquiere cierta relevancia por la asunción de Francisco Primero, Papa, que fuera el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, un auspiciador de esta clase de eventos. En la primera nota expuse la crónica del Quinto Encuentro Fraterno de Evangélicos y Católicos en el Espíritu, organizado por CRECES (Comunión Renovada de Evangélicos y Católicos en el Espíritu Santo), el 1 de mayo de 2009. En esta segunda parte vamos a referirnos al Sexto Encuentro, que tuvo lugar el año 2012, y también hemos de referirnos a varios hechos que siguieron después. Las ediciones anteriores del encuentro de CRECES tuvieron lugar en los años 2004, 2005, 2006 y 2007.
La unidad de los cristianos
La reunión de CRECES del sábado 13 de octubre de 2012, se extendió entre las 10 de la mañana y las 6 de la tarde, con un público estimado en 6000 asistentes y la participación de 100 ministros religiosos católicos y evangélicos, pero no contamos con informaciones para saber cuántos precisamente fueron los evangélicos.
Las alabanzas (canciones de alabanzas a Dios) estuvieron dirigidas por el pastor Sebastián Golluscio. Sacerdotes católicos y pastores evangélicos compartieron el mate, y también tomó mate con ellos el Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, exaltado a Sumo Pontífice seis meses después, en marzo del 2013.
Esta reunión llevó hasta sus niveles más altos la pretensión de crear una nueva forma de ecumenismo. El que conocemos como el Movimiento Ecuménico –centrado en la Teología Latinoamericana de la Liberación– reunió a partir del Concilio Vaticano II en la década de 1960 a católicos progresistas con evangélicos de iglesias del protestantismo mejor avenido con las lógicas culturales de la Modernidad y sus impactos teológicos: metodistas, luteranos, calvinistas y otros, considerados por la Iglesia Católica Apostólica Romana como hermanos, pero “hermanos disidentes”.
El movimiento galvanizado en CRECES aparece en cambio como uno de convergencia entre católicos estrechamente alineados con la dirección de su iglesia en la Argentina y en el Vaticano, de una parte,  y algunos evangélicos, de la otra parte, pertenecientes a las corrientes que no habían participado del Movimiento Ecuménico mencionado: pentecostales y bautistas (pero bautistas de la línea de la “renovación carismática”).
Esta convergencia a cincuenta años de aquel otro ecumenismo (el que todos conocemos como “el Ecumenismo”) encuentra su dínamo y razón de ser en el reconocimiento común del Bautismo del Espíritu Santo y la acción del Espíritu Santo, una acción real y actual, sobre la vida de las personas y las iglesias.
Entre los oradores tuvo un lugar destacado el padre Raniero Cantalamessa (capuchino, 78 años a la fecha del VI Encuentro de CRECES). De sus declaraciones en una conferencia de prensa surge también la idea de una convivencia de cristianos destinada (en segundo término, podríamos decir) a aislar a los fundamentalismos, como más adelante notaremos.
Con una notable formación académica, Cantalamessa se dedicó a la docencia por espacio de unos veinte años antes de dedicarse a tiempo completo al ministerio de la Palabra. Durante doce años fue miembro de la delegación católica para el diálogo con las Iglesias Pentecostales, y de ahí su fuerte conocimiento de las lógicas culturales de los evangélicos con los que se reune y con los que comparte un sentir acerca del significado existencial de Pentecostés. “Juan Pablo II lo nombró Predicador de la Casa Pontificia en el año 1980 y Benedicto XVI lo confirmó en dicho cargo en 2005. En calidad de predicador dirige cada semana, en Adviento y en Cuaresma, una meditación en presencia del Papa, de los cardenales, obispos, prelados y superiores generales de órdenes religiosos. Se le llama a hablar en muchos países del mundo, a menudo también por hermanos de otras denominaciones cristianas”[1]. Cantalamessa ha escrito además numerosos libros de historia y espiritualidad, traducidos a muchos idiomas.
Las exposiciones en el Encuentro en el Luna Park
La idea del amor y de una renovación “pentecostal” estuvo presente especialmente en el discurso del padre Ranero Cantalamessa: “Si todas las biblias del mundo desaparecieran y quedara solamente una línea para ser leída, ‘Dios es Amor’ es la frase resumidora. Toda la Biblia está ahí. El Espíritu Santo no es una idea de la realidad, es la realidad. Los cristianos queremos experimentar un nuevo Pentecostés. Dios es Amor. Estar llenos del Espíritu Santo es estar llenos de Dios. ¿Por qué nos creó Dios? Porque nos amaba. ¿Y por qué la encarnación? Porque Dios nos ama tanto que nos manda a su hijo por amor. Jesús es Dios, que nos ama de manera humana. En sus ojos, la gente de su tiempo sintió el amor de Dios. No se ama a Dios en abstracto. Jesús es el objeto directo del amor de Dios.”
A su vez el pastor Carlos Mraida (uno de los coordinadores del Consejo de Pastores de la Ciudad de Buenos Aires y pastor de la “Iglesia del Centro”) volvió sobre el tema de la renovación, desde otro ángulo: “Dios quiere hacer algo nuevo en esta ciudad y en esta Nación. Que los cristianos seamos militantes por la vida, la justicia y la equidad. Que seamos la voz de los que no tienen voz ni derecho a la vida. El Evangelio no se avergüenza ante el sistema que dice que la fe ya fue. Que ya no hay lugar para la fe”.
En otro pasaje, Mraida acentuó el enfoque escatológico: “Dios nos dio los ojos de la Promesa. Ojos proféticos. Leemos la historia desde el final para acá. Nosotros conocemos el final de la película. Dios es nuestra última esperanza porque somos su primer amor”.
Jorge Mario Bergolio, por entonces Arzobispo, fue ovacionado cuando se aprestó a hablar y colocó el acento en lo que sería más tarde un eje de sus apariciones públicas después de ser nominado Sumo Pontífice: “Jesús pasó más que nada su tiempo en las calles. El sigue pasando en medio nuestro. La gente no dejaba pasar oportunidad de estar con Jesús. De tocarlo, de apretujarlo, de recibir de él. No le tengo miedo a los que combaten a Jesús, porque ellos ya están vencidos. Le tengo más miedo a los cristianos distraídos, dormidos, que no ven a Cristo pasar. Hemos perdido dos cosas: la capacidad de asombrarnos ante las palabras del Señor. Estamos atiborrados de noticias que van dejando de lado la buena noticia. Hemos perdido la ternura. Jesús se acercaba a la llaga humana y la curaba. Recuperemos esas dos características: no nos acostumbremos a ver al enfermo, al hambriento sin asombro y sin ternura”.
Jorge Himitian (pastor de la congregación evangélica “Comunidad Cristiana – Condarco” y uno de los coordinadores del Consejo de Pastores de Buenos Aires) leyó ante la multitud la Declaración Común del Sexto Encuentro Fraterno, un documento difundido en cada edición de las reuniones masivas de CRECES: “El Espíritu Santo abrió nuestros ojos espirituales, y comprendimos cosas muy simples pero grandiosas. Cosas muy conocidas pero a la vez ignoradas. Comprendimos que la iglesia es más que un edificio material donde se rinde culto a Dios. Todos los que somos hijos de Dios, somos por lo tanto, hermanos. Cristo fundó una sola Iglesia, y quiere que su iglesia manifieste en el mundo la unidad y la santidad que caracterizan a Dios”.
Las exposiciones en la Conferencia de Prensa
Posteriormente hubo una Conferencia de Prensa, con forma de preguntas y respuestas, de la que participaron Norberto Saracco (pastor de la “Iglesia Buenas Nuevas”, rector del Instituto Teológico FIET y uno de los coordinadores del Consejo de Pastores de Buenos Aires), el padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, como hemos dicho antes,  y el padre Fernando Gianetti, Párroco de N.S. de la Misericordia de la Arquidiócesis de Buenos Aires y Responsable de la Comisión Arquidiocesana de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso del Arzobispado de Buenos Aires.
El padre Raniero dijo lo que significaba para él este encuentro de CRECES en el Estadio Luna Park de la Ciudad de Buenos Aires y volvió sobre términos-clave de las exposiciones aquí citadas, la renovación espiritual de Pentecostés y la profecía, e incluyó el tema del fundamentalismo, como una especie de frente opositor. Los siguientes son tramos seleccionados de la Conferencia de Prensa: “Yo lo he dicho en presencia del Papa, que lo que he visto en Buenos Aires es algo pionero: son cristianos que expresan su fe en conjunto. Católicos y evangélicos, sin divisiones. Esta expresión es como el Pentecostés. Los cristianos deben vivirlo así: como un nuevo Pentecostés”. “La Iglesia está siguiendo en forma muy atenta lo que está ocurriendo en Buenos Aires. Atentos a este signo, que creo yo, es un signo profético de los nuevos tiempos”.  “Así lo he expresado el viernes último, durante una meditación en presencia del Papa Benedicto XVI. Esta es la forma de alejar el fundamentalismo religioso: cristianos que se abrazan, que se encuentran a compartir su fe”.
En otro pasaje de su intervención en la Conferencia de Prensa volvió sobre el fundamentalismo con estas palabras y un giro más enfático: “Yo he mencionado en una meditación que le di al Papa Benedicto XVI precisamente lo que había vivido la última vez acá en el encuentro acá en Argentina. Hablé de la Nueva Evangelización que hubo en la historia de la Iglesia. Una, la evangelización de América Latina en el siglo XVI. Hablando de la evangelización hablé de los problemas actuales y mencioné este encuentro, de esta conversión que es un signo tremendo, hacia una comunión, una colaboración y dije en esa ocasión que me parece que este es el signo profético del porvenir, y es la manera de aislar los grupos fundamentalistas, polémicos y agresivos, la verdadera forma de dialogar entre los que ponen en el centro a Jesús y no a su Iglesia o denominación o su persona”.
El pastor Norberto Saracco, respondiendo a una pregunta a su vez volvió sobre el aspecto testimonial de la vida del cristiano: “Creo que la mejor manera de transmitir la fe es a través de una vida que refleje la fe. Me parece que todos coincidimos en que estamos cansados -y los jóvenes mucho más cansados- de mensajes huecos, de mensajes con palabras espirituales que, la verdad, no reflejan nada. Cansados de ver nuestras propias contradicciones permanentes, decir que creemos semejantes cosas y después vivimos de otra manera. Yo creo que la mejor manera de predicar en este tiempo y la mejor manera de que se acerquen a la fe, en especial los jóvenes, es que quienes vivimos en la fe tengamos vida coherente con lo que creemos, es una cuestión de coherencia. Esto no es nuevo, esto aparece en el propio evangelio cuando Jesús dice que seamos luz del mundo, la luz no está para esconderse. Entonces son distintas imágenes, que lo que quiere decir en última instancia es que la predicación más fuerte es la de nuestra vida, y creo que el llamado hoy a los cristianos es vivir una vida revitalizada en su fe en buen sentido, no en un fanatismo o cosas por el estilo, una fe coherente que se exprese cada día”.
El padre Gianetti, respondiendo a otra pregunta sobre la cual intervino primero el padre Raniero Cantalamessa, enfatizó la cuestión de la comunidad espiritual inter-religiosa, referida a católicos y evangélicos: “Si me permiten continuar lo del padre, compartimos en común la fe en Jesucristo que nos revela Dios como padre e hijo del Espíritu Santo. Creemos en el hijo de Dios nacido por la gracia del Espíritu Santo y la Virgen María, creemos en la misma Biblia, usamos la misma Biblia excepto por algunos libros del Antiguo Testamento. Compartimos el Bautismo, los siete primeros Concilios y tenemos mártires comunes”.
Aunque Gianetti no habló del fundamentalismo, seguidamente hizo una mención implícita a los perseguidores de los cristianos, que podrían incluir a los fundamentalistas, frente a los cuales los cristianos (en mi libre interpretación y sin usar las palabras de Gianetti) podrían conformar una especie de frente común: “Los cristianos son matados porque son cristianos, no por la denominación. En este momento los cristianos son las personas más perseguidas en el mundo. Quise decir esto para que se hable más de lo que nos une que lo que separa, estos son los núcleos fuertes de la unión”.
El encuentro de CRECES reflejado en un libro
La periodista Evangelina Himitián (hija del pastor Jorge Himitián, al que nos hemos referido aquí por su intervención en el VI Encuentro), publicó un libro titulado “Francisco, el Papa de la gente” (Buenos Aires, Aguilar). En el capítulo X, titulado “Un hombre de todas las religiones”, le dedicó un considerable espacio a las relaciones entre evangélicos y católicos auspiciadas por Jorge Mario Bergoglio y se refirió especialmente a la experiencia de los encuentros de CRECES (páginas 241-244). Allí resaltó el rol de Bergoglio: “En octubre de 2012, unas seis mil personas participaron del Sexto Encuentro Fraterno de Comunión Renovada de Católicos y Evangélicos en el Espíritu Santo (CRECES), del que Bergoglio fue mentor y garante. Sin que existiera diferencia entre pastores y sacerdotes, entre evangélicos o católicos, sino simplemente como hermanos, participaron del evento que tuvo por orador principal al padre Raniero Cantalamessa, el predicador de la Casa Pontificia, que viajó exclusivamente desde el Vaticano, para sumarse a esta experiencia. Bergoglio estuvo entre la multitud como un fiel más. Tomó mate, comió empanadas y cuando le llegó el turno de transmitir su mensaje, recibió una larga ovación”.
Un pasaje del libro (p. 244) deja entrever lo que parecería una suerte de “desclasificación de los evangélicos de la zona del estigma” o de los suburbios del cristianismo donde solían ser clasificados también como “sectas” –e inclusive sectas del imperialismo–[2]:
Al día siguiente  de ser nombrado papa, Francisco llamó a una colaboradora cercana, que ha sido una de las promotoras de los encuentros entre católicos y evangélicos. “Le quiero agradecer lo que está haciendo por la Iglesia con sus hermanos ‘los herejes’”, le dijo con toda ironía.
Algo significativo en este caso es el hecho de que el libro de Evangelina Himitian, publicado por Aguilar, un sello editorial de prestigio, se sitúa entre los varios que ya para el mes de julio del 2013, a cuatro meses de la asunción de Francisco Bergoglio como Papa, aparecieron en el mercado editorial de Buenos Aires. De Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti, “El Papa Francisco: conversaciones con el cardenal Jorge Bergoglio” (Ediciones B). De Mariano de Vedia, “Francisco, el Papa del pueblo” (Planeta). De Mario Escobar, “Francisco: el primer Papa Latinoamericano (Océano). Del mismo Jorge Mario Bergoglio, “Nuestra fe es revolucionaria” (selección de textos de Bergoglio siendo Arzobispo y luego papa, por Claudia Carbajal; introducción y compilación integral Virginia Bonard, editorial Planeta). De Jorge Bergoglio y el rabino Abraham Skorka, “Sobre el Cielo y la Tiera” (Sudamericana).  Luego en agosto surgieron otros libros en Buenos Aires. De Jesús María Silveyra, “Francisco, un signo de esperanza” (Lumen). Del filósofo Alberto Methol Ferré y Alver Metelli, “Francisco. El Papa & el filósofo”(Biblos), un trabajo mayormente teórico de contextualización histórica y filosófica.
La visita al papa
El 29 de mayo de 2013 los seis pastores evangélicos más involucrados en este acercamiento al catolicismo en sus formas carismáticas, visitaron al papa Francisco en la residencia de Santa Marta en el Vaticano.
Pero el fenómeno de aproximación constituido por los encuentros de CRECES no alcanza una difusión predominante en el ámbito de las iglesias evangélicas. Y fuera de ellas no alcanza una magnitud significativa como para  modificar el estatus asimétrico de la Iglesia Católica y las Iglesias Evangélicas en el sistema jurídico argentino, que le brinda un sitio especial a la primera. Se trata de asimetrías por otra parte reforzadas desde lo no-jurídico por el capital simbólico de la Iglesia Católica que surge de su intenso involucramiento con la sociedad, la cultura y las instituciones, y con los problemas de injusticia socioeconómica que victimizan a los más pobres.
Por otra parte, si buscamos un acercamiento lo más objetivo posible al tema, es necesario tener en cuenta asimismo, que la visita de los pastores en el Vaticano (e implícitamente la participación en el encuentro de CRECES en el Luna Park) fue criticada por dirigentes del sector pentecostal, muy numeroso en el campo evangélico. El VI Encuentro también fue señalado desde algunos católicos, aunque con muy pocas pero incisivas palabras, como una forma de apostasía: “una apostasía con creces”.
Querría describir estas críticas pero no hay espacio ya en este artículo. Por este motivo, le dedicaremos un siguiente texto.

[1] Ésta y todas las citas textuales que veremos a continuación proceden todas de Consejo CRECES,  http://www.infocreces.com.ar
[2] Para poner en contraste estos datos el lector puede encontrar amplia información acerca de la clasificación de las iglesias evangélicas, sobre todo las de tipo pentecostal, en el paquete de las sectas del imperialismo de la “Revolución Neoconservadora de Reagan” en mi libro “Ciudadanos de dos mundos. El movimiento evangélico en la vida pública argentina 1980-2001”, publicado por la UNSAM EDITA, sello editorial de la Universidad Nacional de San Martín, a fines del año 2009. En ese libro analizo la construcción del estigma.


*Hilario Wynarczyk, es doctor en sociología y profesor de la Universidad Nacional de San Martín, UNSAM, en la ciudad de Buenos Aires, República Argentina. Reconocido como el sociólogo que más exhaustivamente ha estudiado a los evangélicos y en particular a los pentecostales en la Argentina, escribió dos libros que condensan los principales resultados de sus investigaciones sobre los temas de esta nota: “Ciudadanos de dos mundos. El movimiento evangélico en la vida pública argentina, 1980-2001” (UNSAM Edita, sello editorial de la Universidad Nacional de San Martín, 391 páginas) y “Sal y luz a las naciones. Evangélicos y política, 1980-2001” (Instituto Di Tella y Siglo XXI Iberoamericana, 222 páginas).
 
Fuente: Lupaprotestante, 2013.

viernes, 18 de octubre de 2013

Encuentros inter-religiosos en el Luna Park. Datos y reflexiones (Parte 1)

Por. Hilario Wynarczyk, Argentina*
En estos momentos el tema del diálogo inter-religioso y las aproximaciones entre algunos evangélicos y católicos adquiere cierta relevancia por la asunción de Francisco Primero, Papa, que fuera el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, un auspiciador de esta clase de eventos. En el texto que sigue quiero exponer la crónica que escribí en el año 2009, del Quinto Encuentro Fraterno de Evangélicos y Católicos en el Espíritu, organizado por CRECES (Comunión Renovada de Evangélicos y Católicos en el Espíritu Santo). Aquella crónica fue publicada por Prensa Ecuménica.
La religión pública en el Luna Park
A la nota que aquí podremos leer le seguirá otra, en la que habré de referirme al Sexto Encuentro, que tuvo lugar el año 2012, y otros hechos posteriores. Incluiré entonces unas breves reflexiones personales.
Pero es interesante detenernos en otro aspecto de la cuestión que le da relevancia en estos días. Lo explicaré citando tramos del artículo de María Pagano titulado “El Luna Park ahora es de la Iglesia” (diario La Nación, 16 de septiembre, 2013, páginas 1 y 20).
“El Luna Park, escenario de memorables páginas de la historia deportiva, cultural y política de la Argentina, y uno de los íconos de la ciudad, pasa a manos de la Iglesia Católica”.
“La dueña de la mayor parte de la sociedad propietaria del estadio que vibró con las grandes victorias de Nicolino Locche, Carlos Monzón y Pascual Pérez, en el que cantaron Frank Sinatra, Liza Minelli y Luciano Pavarotti (…) lo legó en partes iguales a Cáritas Buenos  Aires y a los salesianos de San Juan Bosco (…)”.
“Ernestina de Lectoure, que murió el 9 de febrero pasado a los 95 años, tras una larga enfermedad, no tenía hijos. En su testamento dejó el 95 % de Stadium Luna Park Lectoure y Lectoure SRL, propietaria del estadio, a la Sociedad Salesiana de San Juan Bosco y a Cáritas, representada legalmente por el Arzobispado de Buenos Aires”.
En mi libro “Ciudadanos de dos mundos. El movimiento evangélico en la vida pública argentina” hice referencia también a una importante concentración de espiritistas en la década de 1950, permitida por el entonces presidente Juan Domingo Perón, que escandalizó a muchos católicos. Posteriormente desde la década del 90, el Luna Park viene siendo también el espacio de grandes reuniones de evangélicos.

No busquéis al que está muerto. Una multitud oró en el Luna Park de buenos aires. Quinto encuentro fraterno de evangélicos y Católicos en el Espíritu

 El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especies aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas.  Y hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? (Lucas 24.1-5)
Carácter del encuentro
El Cardenal Jorge M. Bergoglio, fue aclamado por una multitud de casi 6000 personas en el Luna Park, el día viernes 1 de mayo de 2009, Día del Trabajador. Luna Park, el mismo en el que la noche anterior, “la Tigresa” Marcela Acuña ganó el título mundial de box femenino. La multitud asistía al Quinto Encuentro Fraterno de Evangélicos y Católicos en el Espíritu, organizado por CRECES (Comunión Renovada de Evangélicos y Católicos en el Espíritu Santo), desde las 9 de la mañana hasta las 7 de la tarde, bajo el lema “Reconciliados en Jesús”.
Una gran parte de ese público, formada por evangélicos, posiblemente no tendría una experiencia anterior de contacto con la figura de Bergoglio, sus creencias religiosas y sus misas. Supongo que Bergoglio fue aclamado como una figura pública. Es desde ese ángulo que deberíamos enfocar, en mi hipótesis, el impactante saludo de la multitud a su presencia.
La alocución del cardenal, sumamente breve, presentó las características típicas de la oratoria de cualquier pastor evangélico. Dijo solamente unas pocas palabras, abrió la Biblia, le indicó al público una lectura, y enfocó el tema de la búsqueda del Jesús muerto, cuando deberíamos buscar el Jesús que vive. Bergoglio tomó como eje un relato de los evangelios en las versiones de Marcos y Lucas, acerca del modo en que las mujeres que habían venido con él de Galilea, y algunas otras mujeres con ellas, lo buscaban en el sepulcro, y, a mi entender, dio en el dínamo del encuentro, el Jesús de poder, y la unción del Espíritu que cura la mente atormentada, la familia desunida, el cuerpo lastimado, el alma sin esperanza. Su referencia más concreta a la sociedad argentina, consistió en decir “que podamos construir una nación reconciliada y que nuestras diferencias no sean belicosas”.
A la inversa, no hubo en este encuentro manifestaciones de culto mariano (sustancialmente inherente a la fe católico-romana). Se trató de una masiva reunión Cristocéntrica y pneuma-céntrica (perdón, lector, por la palabra, pero “pneuma” significa “espíritu”, “soplo” espiritual, “soplo” vital).
La reunión del Luna Park fue precedida por otra, los días miércoles y jueves, en una casa de retiros de la Iglesia Católica en la localidad de Pilar, donde se encontraron setenta ministros religiosos, evangélicos y católicos.
Sin embargo, sería inexacto expresar que el encuentro del Luna Park fue ecuménico, como se desprendería del reporte de uno de los principales diarios de la ciudad de Buenos Aires. O en todo caso, fue “ecuménico” si utilizamos el término en sentido extenso. Pero en su modo estricto, la expresión alude a un movimiento que, surgido desde el Concilio Vaticano II, en pleno apogeo de la  Guerra Fría, a comienzos de los 60, atrajo mayormente a los pastores de las iglesias herederas de las tradiciones de la reformas luterana, calvinista y anglicano-metodista. En esa época muchas iglesias evangélicas, del tipo bautista y pentecostal, entre otras, no compartieron las actividades con los católicos. Ahora en cambio, los evangélicos presentes en el Luna Park, provenían de este último sector renuente al Movimiento Ecuménico. Por eso, quizás sería mejor hablar de un encuentro inter-religioso, por lo menos hasta el momento en que la palabra “ecumenismo” vuelva a hallarse dotada de un significado específico, adquirido en otra época, cuatro décadas después del surgimiento del Movimiento Ecuménico, en otro contexto, con diferentes actores.

Dinámica del encuentro

Por la densidad de sus alocuciones, hubo otras figuras centrales en el encuentro del Luna Park. El obispo católico Joseph A. Grech, capellán con dedicación plena para la Renovación Carismática en la arquidiócesis católica de Melbourne, Australia, que tuvo a su cargo dos predicaciones del evento; el reverendo Omar Cabrera Jr., que preside la iglesia pentecostal Visión de Futuro, con epicentro en la ciudad de Santa Fe y notable extensión hacia varias provincias de la Argentina y la Capital Federal; la señora Kim Phuc, Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO; el pastor Carlos Mraida, de la Iglesia Bautista del Centro, de orientación renovada-carismática; el pastor Jorge Himitián, heredero de la rica tradición de la Comunidad Cristiana formada alrededor de los armenios en la Ciudad de Buenos Aires y otros lugares de la Argentina; el sacerdote católico Alberto Ibáñez Padilla, que desde hace cuatro décadas lleva adelante una actividad de interacción alrededor de la renovación carismática con evangélicos como Jorge Himitián.
En el plano organizativo del evento, desempeñaron importantes roles, el pastor pentecostal Norberto Saracco y Fernando Gianetti, padre cura encargado del área de Ecumenismo de la Arquidiócesis de la Ciudad Autónoma de la Ciudad de Buenos Aires.
El encuentro en su totalidad, fue dinamizado por un coro y banda; la música estuvo a cargo del Grupo Triju. El tono del encuentro reunía a través de la música, el canto, y el acompañamiento corporal del público, las características propias de un gran encuentro de evangélicos entusiastas. Pero había algunas monjas muy jóvenes, cantando y dando brincos al son de la música, igual que el resto de la multitud presente, en la práctica que los evangélicos suelen denominar ritual de adoración y alabanza. La música y el canto unido de la multitud verdaderamente producían un “subidón” de adrenalina.
A su tiempo, el pastor Carlos Mraida hizo las únicas detalladas extensiones analíticas del concepto de reconciliación hacia aspectos de la vida cotidiana de los argentinos: el individuo, la familia, la brecha entre los ricos y los pobres, la política de los partidos. La afirmación más contundente de Mraida fue que los políticos deberían reconciliarse con los intereses de la gente. “Si no lo hacen, el efecto bumerán se volverá contra ustedes y otra vez oiremos el grito popular: que se vayan todos”. (Ese “que se vayan todos” es toda una marca en la cultura cívica argentina, que marcó las protestas colectivas al final del gobierno de Fernando de la Rúa en el 2001, pero también, veinte años antes, las que hubo en la Plaza de Mayo después del desastre de Malvinas, en la primera mitad del año 1982; un par de meses antes, nada más, multitudes similares en la misma Plaza festejaron la invasión de las islas Malvinas, planificada por los jefes de la dictadura, para reintegrarlas al patrimonio nacional).

Kim Phuc, víctima de la guerra de Vietnam

El discurso de Kim Phuc merece una nota específica en esta crónica. Lo que sigue se basa en sus palabras, ilustradas con un documental.
Cuando Kim Phuc tenía 9 años, el 8 de junio de 1972 fue alcanzada por el fuego del napalm en una localidad cerca de Saigón (y un año más tarde en el continente latinoamericano comenzaría una etapa de dictaduras militares). El napalm destruyó sus ropas y quemó parte de su cuerpo. Quedaron registradas en ese momento, la filmación de varías bombas que caían desde un avión estadounidense, la fotografía instantánea de una niña desnuda y presa del pánico, que al día siguiente recorrió el mundo, y la filmación a color de la niña desnuda mientras huía. A su lado corrían sus hermanos y primos. Todo sucedía en un camino asfaltado y atrás se veían casas. El fotógrafo de guerra Nick Ut, que retrató a la niña, también la salvó llevándola en sus brazos a un hospital (más tarde fue galardonado con un premio Pulitzer). En una secuencia de la filmación aparecía un chico de tres años, primo de Kim, llevado en brazos por su abuela, con un colgajo en una pierna. El colgajo parecía una media desprendida pero era piel. Para entenderlo mejor debemos saber cómo trabaja el napalm. Produce entre 800 y 1000 grados de temperatura,  arde bajo la piel según el testimonio de Kim,  y es difícil de apagar.
Tres días después, Kim fue trasladada a un hospital para quemaduras, en Saigon. Durante catorce meses recibió diecisiete operaciones. Con su desgracia la niña se convirtió en un símbolo de la guerra y un medio de propaganda. La foto de esa niña hizo gran impacto también en la sociedad norteamericana y en la oposición interna de ese país a la guerra. Oficiales militares del régimen vietnamita la llevaban a entrevistas. Pero en su interior Kim no era feliz, se sentía sola, aislada y controlada, y así lo expresó en su discurso en el Luna Park. Y pensaba que nunca tendría un novio, un marido, hijos.
Más tarde, sucedieron otros hechos cruciales en su vida. En 1982 abandonó la religión tradicional vietnamita y se convirtió al cristianismo. Esa Navidad leyendo la Biblia sintió y creyó que Jesús puede ser el salvador, que ayuda a vencer el dolor emocional y físico. En 1984, cuando tenía 21 años, le hicieron la última de las operaciones en un hospital en Alemania, recuperó la libertad para mover el cuello y luego decidió que quería ser médica.
Kim obtuvo una entrevista con el Primer Ministro de su país y logró por su intermedio una beca para estudiar medicina en Cuba. Por eso Kim aprendió español, que habla con buena sintaxis pero una fonética trabajosa. En la isla se puso de novia, se casó, y consiguió viajar de luna de miel con su marido a Moscú en 1992, cuando ya tenía 29 años (para entonces había alcanzado su fin el ciclo de la Guerra Fría con el desmembramiento de la Unión Soviética). En el camino de regreso a la isla, cuando el avión se detuvo en Canadá para cargar gasolina, ambos desertaron. Actualmente, Kim vive en Montreal, es feliz con su marido y tiene dos hijos.
En 1996, fue invitada a un acto en Washington, en el que se encontró con veteranos de Vietnam y les dirigió un discurso de reconciliación. Luego pudo reunirse con el oficial que había comandado el lanzamiento de las bombas. En el origen de la historia, el mismo día de junio de 1972, John Plumier, regresó convencido de que había cumplido con su misión, al comandar un ataque supuestamente dirigido a neutralizar refugios de enemigos. Al día siguiente conoció por los diarios la fotografía de Kim, que de inmediato había recorrido el mundo. Posteriormente el capitán Plumier no avanzó más en su carrera y marcó su vida con el alcoholismo y matrimonios fracasados. Finalmente también se hizo cristiano y llegó a ser pastor de una congregación del interior de su país. El encuentro de Kim y este hombre, era en cierto modo el encuentro de dos víctimas de la guerra.
En 1997 Kim creó una fundación especializada en atender niños víctimas de la guerra, mediante la provisión de cuidados médicos, prótesis y atención psiquiátrica. Ella misma conserva rastros de quemaduras en el brazo izquierdo. Pero hubo otro daño que la cirugía no pudo corregir. Durante largo tiempo tuvo en su conciencia la imagen de algo así como una taza de café oscuro. Esa taza de café oscuro y amargo simbolizaba el trauma que no podía borrar. Por medio de la fe y el perdón basado en la fe, logró que esa imagen desapareciese de su mente. En este punto reside el mensaje que Kim trasmite a la manera de una evangelista: la reconciliación, la restauración, el perdón, la paz.
Como en toda reunión de evangélicos, el público hace una ofrenda para sostener el culto. Esta vez la ofrenda fue recolectada solamente para la fundación que dirige Kim (el evento fue costeado con las entradas de los presentes, cuyo valor era de veinte pesos, y con otros recursos de las iglesias). Ante el llamado a la ofrenda, el público depositó en las cajas 42.453 pesos, un reloj y un anillo. Quizás se trata de un promedio de ofrendas de seis a ocho pesos por persona. Como Embajadora de la Buena Voluntad de la UNESCO, Kim fue recibida también por el Ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina y apareció en la televisión y los diarios locales.
El suyo fue el menor de los discursos, posiblemente, desde el punto de vista del nivel de su retórica, llena de lentitudes idiomáticas. Pero comunicó el testimonio personal de mayor impacto acerca del tema central, la superación del dolor y la reconciliación. Luego Bergoglio pronunció el discurso con el que dimos inicio a este reporte.
 
Publicado en Cordialmente, revista on line de PASTORESxlaGENTEBuenos Aires, Argentina, 23 septiembre, 2013.
 
*Hilario Wynarczyk, es doctor en sociología y profesor de la Universidad Nacional de San Martín, UNSAM, en la ciudad de Buenos Aires, República Argentina. Reconocido como el sociólogo que más exhaustivamente ha estudiado a los evangélicos y en particular a los pentecostales en la Argentina, escribió dos libros que condensan los principales resultados de sus investigaciones sobre los temas de esta nota: “Ciudadanos de dos mundos. El movimiento evangélico en la vida pública argentina, 1980-2001” (UNSAM Edita, sello editorial de la Universidad Nacional de San Martín, 391 páginas) y “Sal y luz a las naciones. Evangélicos y política, 1980-2001” (Instituto Di Tella y Siglo XXI Iberoamericana, 222 páginas).