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martes, 4 de junio de 2013

Minorías religiosas: el protestantismo en América Latina

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México*

Con una pequeña modificación en su título original, está por salir de las prensas en los próximos días el volumen colectivo  Minorías religiosas: el protestantismo en América Latina,  coordinado por Carlos Mondragón González y Carlos Olivier Toledo, publicado por el Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC,  www.cialc.unam.mx ), de la Universidad Nacional Autónoma de México (antes Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos, CCyDEL).
Esta obra es un fruto más del proyecto de investigación “Disidencia y Resistencia en el Pluralismo Cultural: Memoria y Subjetividad en Minorías Sociales”, que coordina Mondragón González, quien en los últimos años, y gracias al apoyo del doctor Horacio Cerutti Guldberg, ha dado a conocer otras recopilaciones, tales como  Democracia, cultura y desarrollo  (1998), Religión y política en América Latina: la utopía como espacio de resistencia social  (2006), Resistencia popular y ciudadanía restringida  (2006), y  Resistencia, democracia y actores sociales en América Latina  (2008), entre otros. Miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL), su tesis de maestría en Estudios Latinoamericanos, defendida en abril de 2000 ,  se publicó en Argentina con el título  Leudar la masa: el pensamiento social de los protestantes en América Latina, 1920-1950  (Kairós, 2005), y recientemente coordinó Ecos del Bicentenario. El protestantismo y las nuevas repúblicas latinoamericanas  (Kairós, 2011). Olivier Toledo, por su parte, es profesor de psicología en la UNAM y maestro en Historia; se ha acercado al fenómeno religioso protestante desde diversas perspectivas.
Prologado por Cerutti Guldberg, el libro consta de 10 textos que pasan revista a diversos tópicos relacionados con la heterodoxia religiosa protestante en el subcontinente latinoamericano y viene a ser una nueva aportación a su abordaje interdisciplinario.
Los autores incluidos son (en el orden en que aparecen sus colaboraciones): Felipe R. Vázquez Palacios, C. Mondragón González, C. Olivier Toledo, María de Lourdes Jacobo Albarrán, Sandra Guadalupe Jaime López, Norman Rubén Amestoy, Miguel Ángel Mansilla, Carlos Martínez García, Ariel Corpus y quien escribe estas líneas.
Sobre la relevancia de estudiar el impacto social de las creencias protestantes en América Latina, Cerutti escribe en el prólogo:
 Reconocer que las creencias religiosas articulan dimensiones de ser y deber ser constituye un punto nodal. Lo interesante es que en relación con ellas, las dimensiones simbólicas se articulan con conflictos sociales y exceden el ámbito de lo sagrado como tal. En otras palabras, sin el respeto a las creencias de los otros, aún cuando no se compartan, difícilmente se podrá avanzar en la satisfacción de anhelos humanos de plenitud. 
 Las heterodoxias y sus narrativas correspondientes requieren ser examinadas con detalle y respeto en sus respectivos contextos históricos, su variedad de posiciones y los intereses en juego. En el contexto heterodoxo, las interpretaciones de la realidad y del canon bíblico también se pluralizan. Aquí resulta indispensable recuperar el valor del Estado laico para que la tolerancia y la libertad de conciencia se puedan ejercer de manera coherente por minorías y mayorías. 
 El volumen que aquí introducimos agrupa trabajos sobre diversos temas sociales que han acompañado la historia de las diversas Iglesias protestantes latinoamericanas en los últimos doscientos años: el problema del alcoholismo, el papel de la mujer, la problemática de los jóvenes, el pentecostalismo, la educación, la libertad religiosa, etc., son algunos de los temas que aquí se abordan. (p. 10). 
Vázquez Palacios, profesor del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, sede Golfo, se ocupa, en “Las creencias del ‘otro’ y la visión del científico social”, de deslindar, hasta cierto punto, cómo los intereses de los estudiosos y los creyentes no siempre coinciden a la hora de situarse ante las convicciones de determinados grupos religiosos. Una de sus conclusiones es interesante:
 … como analista social asumo que las creencias religiosas están muy ligadas a la defensa de ciertos grupos de interés, y que lo que tenemos en nuestras manos es la historia y el potencial de violencia que estas creencias pueden llegar a tener. Pero no debemos olvidar también su potencial pacifista y de búsqueda de la justicia. Cuestiones eminentemente teológicas como la justicia y la paz universal, el anhelo de un mundo mejor y una humanidad reconciliada, tienen una gran relevancia social hoy en día. Lo que tenemos que hacer es ver de qué manera podemos correlacionar esta utopía con las necesidades de la sociedad contemporánea. En este sentido, necesitamos llegar a una respuesta lo suficientemente integradora que nos permita construir o de-construir nuestras creencias, pese a las diferencias de fondo; el problema, por supuesto, es cómo hacerlo. Esta es la pregunta que, ya sea como creyentes o como analistas sociales, tenemos que plantearnos. (pp. 32-33). 
Mondragón (“Minorías religiosas y contexto social en la América Latina, siglo XX”) expone algunos de los avatares con que la pluralidad religiosa ha  encontrado su lugar y aceptación en la región, destacando que “no obstante que la Inquisición desapareció como tal en el siglo xix, el espíritu inquisitorial ha sobrevivido hasta el día de hoy y se moviliza para frenar el avance de las minorías que cuestionan a la Iglesia mayoritaria y son vistas como un peligro para la unidad de la cultura católica tradicional. Una de sus estrategias es debilitar al Estado laico que en ocasiones protege y amplía las libertades de estas y otras minorías” (p. 36).


Olivier y Jacobo (doctora en Psicología y profesora en el área de Psicología Social en la UNAM respectivamente) aparecen con dos textos (“Alcoholismo y locura: El caso de las sociedades de temperancia en México, 1900-1913” y “La consagración del cuerpo en jóvenes pentecostales: un registro psicológico”).
Ambos indagan en la manera como la fe protestante desarrolla actitudes en las personas y hacia determinadas prácticas. En el segundo, como parte de una vertiente que se ha trabajado con bastante atención en los años recientes y que incluye algunas entrevistas, observan: “Para los pentecostales, la adopción de la fe opera una transformación, el hombre deja de ser una criatura más del mundo para elevarse a la categoría de hijo de Dios. Transformación que supone una resignificación psicológica, vale decir, subjetiva de su cuerpo. A partir de ese momento se convierte en receptáculo de la potencia divina. Para los miembros de esta minoría hay momentos rituales que señalan nítidamente el tránsito del cuerpo hacia los terrenos de lo sagrado.” (p. 134).
Jaime López (“Niñas, mujeres, madres: el papel de la mujer metodista”), también psicóloga, explora el universo de la cotidianidad para mostrar cómo operaron, desde la segunda mitad del siglo XIX, las transformaciones religiosas personales en la conformación de la autoimagen, en este caso, femenina, y cómo los discursos, imaginarios y prácticas protestantes han ido produciendo nuevas formas de acción en la sociedad. Amestoy (doctor en Teología y profesor universitario), a su vez, en “Protestantismo, nación y modernidad en la Argentina, siglo XIX”, hace un recuento histórico de la inserción de la fe evangélica en el contexto de la conformación de la nación sudamericana ante el dilema de las ideas sobre la modernidad. Sobre las coyunturas políticas e ideológicas de dicho proceso, sus observaciones son puntuales: “El protestantismo se autocomprendía como una religión racional, capaz de formar ciudadanos y valores consecuentes al orden liberal y democrático anhelado. En este sentido, evangélicos y reformistas liberales coincidían en torno a un mismo optimismo en la igualdad y el perfeccionamiento humano que permitía la educación” (p. 116).
Mansilla (doctor en Antropología y profesor-investigador en la Universidad Arturo Prat, Chile), analiza en “Miedo, control y disuasión en el pentecostalismo chileno. Las representaciones del infierno en la Iglesia Evangélica Pentecostal de Chile, 1928-1950” uno de los temas más álgidos al interior de una de las denominaciones representativas del pentecostalismo de aquél país. Las mentalidades pentecostales latinoamericanas son un enorme desafío para los estudiosos actuales, por lo que este autor no vacila en señalar que la creencia en el infierno es primordial para comprender las oscilaciones psicológicas, anímicas y espirituales de estos grupos religiosos:
 Los pentecostales promueven comunidades de refugio, como la Iglesia y la familia, contra la influencia del infierno. Al interior de cada comunidad existen los redentores responsables de librar a las personas del infierno: son los padres y los predicadores, quienes no sólo cargan sobre sus hombros la responsabilidad de redimir a los condenados, sino, además, a aquéllos que han sido liberados. A todos hay que recordarles constantemente elegir entre el “fuego del Espíritu” en la tierra o el “fuego del infierno” en la eternidad. La responsabilidad de los condenados será exigida a los guardianes institucionales en la eternidad. (p. 172) 
Martínez García, conocido sociólogo y articulista, colabora con un texto sobre la labor de Manuel Aguas, el “Lutero mexicano”, pionero de la Iglesia de Jesús, antecedente de la Iglesia Episcopal en México, especialmente su ruptura radical con el catolicismo en 1871. Corpus (maestro en Antropología Historia y candidato al doctorado en la UNAM) estudia en “Jóvenes y religión en América Latina: un debate necesario” los comportamientos de las nuevas generaciones deevangélicos, un tema que se está imponiendo no solamente por su novedad sino también por la dificultad de muchas iglesias evangélicas para asimilar el surgimiento de las “tribus juveniles” en su interior. Así explica críticamente algunos aspectos de esa nueva realidad:
 …enmarcar la vinculación de los jóvenes con la religión bajo una Iglesia no es lo más viable para comprender la manera en que se presenta esta relación. Al menos, no en un concepto tradicional del término. El dato en sí da cuenta de cómo los jóvenes continúan con ciertas prácticas o ideas, producto de su socialización religiosa, que no necesariamente se remiten a cuestiones litúrgicas, sino donde lo simbólico y las narrativas juegan un papel importante en la configuración de sus propias identidades. El hecho es que los jóvenes se alejan de los cuadros burocráticos pero no necesariamente de los símbolos religiosos; éstos cambian y emergen de maneras diversas en los mundos juveniles que se adscriben a ellos y se institucionalizan al ser maneras, conductas, formas, reglas y prescripciones de sentido elaborados por y para los jóvenes. (p. 216) 
Parte del texto de quien esto escribe (“ Los hijos de Lutero en México: recuento histórico con nombres ”, un ensayo que se reelaboró varias veces en un periodo de casi 10 años), se publicó en la entrega anterior. Se podría decir, por último, que el panorama proporcionado por este conjunto de visiones, en su pluralidad, actualiza en cierta medida los debates acerca de las identidades y las acciones de los grupos protestantes o evangélicos, aunque sin la pretensión de establecer conclusiones ni de zanjar las discusiones que siguen abiertas. No obstante, es un magnífico intento por atender la creciente importancia de las colectividades evangélicas en América Latina.


©Protestante Digital 2013

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