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jueves, 6 de marzo de 2014

¿Es bíblico tener apóstoles hoy?

Por. Juan Stam, Costa Rica*
Para enfocar este tema, es necesario primero analizar los diferentes usos de la palabra griega apostolos. El término se deriva del verbo apostellô, que significa simplemente “enviar”. Por eso, (1) el sentido más general de apostolos, como en Juan 13:16, es cualquier persona enviada en cualquier misión (recadero, mandadero). Un aspecto más específico de este sentido (2) ocurre en 2 Cor 8:23 y Fil 2:25 cuando mencionan “los mensajeros de las iglesias” (apostoloi ekklêsiôn), como delegados comisionados por las congregaciones para alguna tarea. En tercer lugar (3), la palabra significa “misionero”, que es el equivalente en latín (del verbo mitto, misi, “enviar”). En este sentido Jesucristo es el “misionero” enviado por Dios (Heb 3:1). Como veremos más adelante, Cristo no era “apóstol” en el mismo sentido que los doce, sino como “enviado” y “misionero” del Padre y prototipo de la misión de la iglesia (Jn 20:21; Mr. 9:37; Mt 10:40; Jn 13.20: Jesús es el Enviado del Padre).  El cuarto sentido (4) es lo que generalmente entendemos por “los apóstoles”, como Pedro, Pablo y los demás. En ese aspecto, el término podría significar un título, de una primacía en cierto sentido jerárquica.[1]
Dados estos diversos sentidos de la palabra “apóstol”, es necesario en cada texto bíblico determinar cuál de ellos se está empleando. Serios problemas resultan cuando se confunde un sentido con otro. Los “apóstoles” de hoy toman pasajes donde el término significa “misionero” pero los aplican en el otro sentido y quieren atribuirse los títulos y autoridades de los doce y de Pablo. La iglesia católica hace algo parecido con su ” sucesión apostólica” a través de los siglos. Según el Nuevo Testamento, los apóstoles no tienen sucesores.
El trasfondo judío: El apostolado del Nuevo Testamento se basó en una práctica judía de designar un emisario, llamado ShaLiaJ, con plenos poderes para representar a quien lo había enviado (Esd 7:14; Dn 5:24; cf 2 Cron 17:7-9).  El ShaLiaJ era una especie de plenipotenciario ad hoc.  Eran comunes las fórmulas legales como “el que te recibe a ti me recibe a mí”, “lo que ustedes atan en mi nombre lo he atado yo” y muchos otros parecidos, que aparecen también en el Nuevo Testamento (Mr 9:37; Mt 16:19; Lc 10:16; Jn 13:20; 20:23). La comisión del ShaLiaJ era para una tarea específica y no era transferible a otras personas.
El paradigma definitivo, Hechos 1: Después de suicidarse Judas, los discípulos sentían la necesidad de completar el número doce, como paralelo con las doce tribus de Israel.  Con ese fin, guiados por el Espíritu Santo, definieron los requisitos indispensables para incorporarse en el apostolado. La elección se limitó a “hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que entre nosotros fue recibido arriba” para que “uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección” (Hech 1:21). Además, la selección fue hecha por Cristo mismo (1:24; cf. 1:2). Veremos en seguida que todas estas mismas condiciones se aplican al caso de Pablo.
Ese texto, y otros, muestran que para ser apóstol en el mismo sentido que los doce y Pablo, era requisito indispensable haber sido testigo ocular y presencial del ministerio de Jesús (Hechos 1:21-22; cf. 1 Jn 1:1-4) y de su resurrección (Hch 10:40-42; 1Co 15).  Por supuesto, tal cosa sería imposible después de morir los contemporáneos de Jesús. La iglesia ahora es “apostólica” cuando es fiel al testimonio de ellos, que tenemos en el Nuevo Testamento, y cumple así su “apostolado” misionero. Sobre el fundamento de ellos Cristo sigue construyendo la iglesia (Efes 2:20).
Es importante reconocer que esta sustitución de Judas por Matías es el único reemplazo de un apóstol, precisamente para completar el número de doce. Matías no era sucesor de Judas sino su reemplazo.  Después, al morir los doce y Pablo, ni el Nuevo Testamento ni la historia de la iglesia narra la elección de ningún otro sucesor de alguno de ellos. Al morir el apóstol Jacobo, nadie le sucedió o reemplazó (Hech 12:2).  El grupo quedó cerrado, como es evidente en Apocalipsis 21:14.  Obviamente, en esas puertas de la Nueva Jerusalén no aparecerá el nombre de ninguno de nuestros apóstoles de hoy.
Toda esta evidencia bíblica deja muy claro que para ser apóstol, el candidato tenía que ser alguien del primer siglo. Nadie después del primer siglo podría haber sido testigo presencial del ministerio de Jesús y de su resurrección. Ese requisito descalifica de antemano a todos los “apóstoles” de  nuestros tiempos modernos.
El apóstol Pablo: El apostolado de Pablo fue severamente cuestionado, precisamente porque él no había sido uno de los discípulos, como requiere Hechos 1, aunque sí era contemporáneo de Jesús y sin duda testigo de su ministerio.[2]  Repetidas veces Pablo tiene que defender su llamado de apóstol, pero lo significativo es que lo defiende en los mismos términos básicos de Hechos 1: él también había visto al Resucitado (1 Cor 9:1; 1Cor 15), fue nombrado apóstol no por hombres sino por el mismo Cristo (Gal 1:1,15-17,19; cf. 1 Tim 1:1; 2:7), y él, igual que los doce, había realizado las señales de apóstol y la predicación del evangelio (2 Cor 12:12; cf. Rom 15:18-19).  En 1 Corintios 9:1-6 Pablo se defiende contra los que negaban que él era apóstol: “¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor? Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.”
A continuación, Pablo responde a los que le acusan, afirmando que él tiene los mismos derechos de todos los apóstoles (9:3-6; cf. 2 Cor 11:5,13; 12:11s).
En este contexto, 1 Corintios 15 es especialmente importante. En este pasaje Pablo afirma vigorosamente la fe en la resurrección (15:1-8, 12-58) pero también, menos conspicuamente, defiende su propio apostolado (15:8-11). Después de definir el evangelio como la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (15:1-4), Pablo enumera una lista de los que podríamos llamar “los testigos autorizados de la resurrección” (15:5-8): Céfas, los doce, más de quinientos hermanos, Jacob, después todos los apóstoles y al final Pablo mismo.  Por eso, de las varias personas que el Nuevo Testamento llama apóstoles, sabemos que tenían que haber sido testigos presenciales de la resurrección.
Está claro que en este pasaje Pablo no está hablando sólo de visiones espirituales, como tuvo él mismo (2 Cor 12) y que tuvieron Esteban (Hech 7) o Juan (Apoc 4-5), que no podrían servir como evidencias de la resurrección corporal de Jesús.  El verbo repetido en estos versículos de 1 Cor 15 es “apareció”, y el sujeto activo es el Resucitado (cf. Gál 1:16). Eran visitaciones del Señor, apariciones por iniciativa de él, para demostrar la realidad de su resurrección. Se trata de revelaciones corporales como las de Cristo durante los cuarenta días, que constituyeron a sus receptores en testigos oculares del hecho. En ese sentido, Pablo reconoce que su propio caso es una anomalía, pues aunque era contemporáneo de Jesús, no había sido discípulo ni había estado presente con los discípulos durante los cuarenta días. Sin embargo, insiste en que su encuentro con Cristo en el camino a Damasco pertenecía a la misma serie de visitaciones especiales.  Por otra parte, Pablo afirma que su encuentro con el Resucitado fue la última de la serie (15:8; cf. 1 Cor 4:9), sin posibilidad de otras. Para mayor énfasis, Pablo afirma que Cristo lo llamó al apostolado no sólo como el último sino “como un abortivo” (Gr. ektrômati), una excepción. Pablo era un apóstol “nacido fuera del tiempo normal”.  No puede haber otros apóstoles después de él.
Otros apóstoles: Este pasaje habla de “todos los apóstoles”, además de los doce y Pablo (1 Cor 15:7), pero todos ellos eran también testigos oculares de la resurrección. En cambio, de líderes que sabemos que no habían participado en esa experiencia, como Apolos y Timoteo, el Nuevo Testamente nunca los llama “apóstol”. No podían ser apóstoles sin haber visto al Resucitado (y no sólo en visión mística). Por eso, de todas las demás personas llamadas “apóstol” podemos estar seguros de que habían sido testigos oculares del Resucitado o si no, eran apostoloi sólo en el sentido de “misioneros” o de “delegados congregacionales”.
Es muy significativo que tanto los doce como Pablo aplican los mismos requisitos básicos para el apostolado: sólo pueden ser apóstoles los que habían visto al Cristo en su cuerpo resucitado y habían sido comisionados personalmente por él para ser testigos de su vida y resurrección.  De estos, el último fue el apóstol Pablo. Los apóstoles cumplieron una función histórica.  Obviamente, nadie que no sea del primer siglo puede ser testigo ocular de lo que nunca presenció.
Efesios 4:11: Frente a estas enseñanzas bíblicas muy claras, el mal llamado “movimiento apostólico” apela, sin interpretación cuidadosa, a unos pocos textos. El versículo principal es Efesios 4:11, tomado fuera de contexto. El pasaje completo es una cita modificada del Salmo 68:18 con introducción y conclusión:
Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.
Por lo cual dice:
Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,
y dio dones a los hombres.
Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?
El que descendió, es el  mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.
Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros.
El tema de Efesios 4:7-16 es la unidad de la iglesia con su diversidad de dones, todo orientado hacia el crecimiento del cuerpo (4:13-16). Pablo introduce este tema con una cita del Salmo 68, uno de los salmos más difíciles y con complicados problemas textuales. Pero el tema central de ese salmo está claro: Dios es un poderoso guerrero (68:35) que en diversos momentos ha descendido a la tierra para liberar a su pueblo (68:11-14,20-21) y después de su triunfo, sube al monte Sión (o al cielo) llevando cautivos (68:15-18,24,29,35) y reparte el botín entre su pueblo (68:12,18).  Pablo adapta la cita en varias formas, especialmente cambiando “tomaste dones” (Sal. 68:18) en “dio dones” (Ef 4:8), para aplicar la cita a la ascensión de Cristo y a la venida del Espíritu con sus dones. Al volver al cielo, el Cristo vencedor repartió el botín entre su pueblo. El énfasis cae sobre la ascensión de Cristo y el momento histórico-salvífico en que el Resucitado victorioso envió el Espíritu como botín de su triunfo.
El verbo “constituyó” (4:11, edôken, “dio”) es un pretérito punctiliar, que describe algo que Cristo hizo cuando ascendió, conforme al modelo del Salmo 68. No dice absolutamente nada sobre el futuro, si Cristo seguiría dando apóstoles a la iglesia, hasta su segunda venida, como podrían haber sugerido otros tiempos verbales.  Como comenta I. Howard Marshall en el Comentario Bíblico Eerdmans (p.1389), “Puesto que esta carta vino de una época cuando estaban funcionando apóstoles y profetas, es imposible sacar alguna conclusión desde este pasaje sobre su continuación o no en la iglesia después”.
De otros pasajes, como hemos visto, resulta evidente que el apostolado no puede haber continuado después de morir los últimos testigos presenciales. En cambio, otros textos dejan claro que el don de profecía (y la falsa profecía) continuarían en la iglesia. Al ascender, Cristo dio un don que era de una vez para siempre (apóstoles) y otro que había de seguir hasta su venida (profetas). El llamado apostólico corresponde en eso a su origen en el encargo de ShaLiaJ, que no era transmisible.
Por otra parte, Pablo habla en 2 Cor 11:13 de “falsos profetas (pseudapostoloi), obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo” (cf. Ap 2:2; Didajé 11:3-6) y, quizá sarcásticamente, de “superapóstoles” (tôn huperlian apostolôn, 2 Cor 11:5; 12:11, NVI).
Conclusión: Dos de los grandes vicios de la iglesia evangélica hoy son la sed de poder, prestigio y riqueza de algunos de nuestros líderes, y entre los fieles el culto, ciego y casi idolátrico, a las personalidades famosas. Hay mucha obsesión con títulos, oficios y el poder lucir y ser importante. Se emplean constantemente las técnicas de publicidad y promoción del mundo secular. Eso es totalmente contrario al espíritu de Jesucristo y del evangelio. Mucho más acertado es el viejo refrán, “al pie de la cruz, todos somos párvulos”.
Hace unos años, en un foro sobre el tema de los apóstoles, alguien intervino para decir, “Antes era suficiente el título de pastor, pero ahora con las enormes megaiglesias, llamarlos pastor les queda muy corto.” ¡Al contrario! Si el título “pastor” les queda corto a ellos, ellos se quedan demasiado cortos para el título de pastor.

[1] Debe mencionarse aquí que en Cuba el término tiene otros matices, dado el papel de José Martí como “el Apóstol” para todos los cubanos. En ese contexto, “apóstol” suele ser una expresión de cariño y respeto pero no de autoridad ni en parangón directa con los doce apóstoles.
[2] Cuando Pablo dice en 2 Cor 5:16 que antes conocía a Cristo según la carne pero ahora no, es obvio que no quiere decir que ignoraba la vida de Jesús. Más bien, está diciendo que antes conocía a Cristo según criterios carnales (kata sarx), pero que ahora como creyente no conoce a nadie según la carne, lo que significa en ambos casos que ya conoce a todos según el Espíritu.

* Juan Stam, Costarricense, Doctor en teología por la Universidad de Basilea, Suiza. Por muchos años fue profesor del Seminario Bíblico Latinoamericano (hoy UBL), de la Universidad Nacional Autónoma de Costa Rica, y de otras instituciones teológicas en San José. Es autor de muchos artículos y varios libros, en especial, el comentario a Apocalipsis de la serie Comentario Bíblico Iberoamericano.

Fuente: Lupaprotestante, 2014.

martes, 4 de marzo de 2014

Los Oscar 2014: Espacio, amor y familia en soledad

Por. Daniel Hofkamp, España* 

El personaje que interpreta Sandra Bullock en  Gravity  admite, entre lágrimas, su sufrimiento ante la pérdida de un hijo. Pero lo confiesa a sí misma, en un diálogo imaginario en la soledad del espacio que le rodea.
Bajando a la tierra, el tímido ultramoderno que interpreta Joaquin Phoenix en  Her  nos sitúa en un futuro -que no parece tan lejano- desviviéndose en una relación con un Sistema Operativo. El romance, experimentado desde la perfecta estimulación emocional que le provoca ese “ser-máquina” parece un buen reflejo de la disfuncionalidad humana para concretar una relación íntima con un semejante.
 Camina solo por las calles de  Nebraska  –la gran olvidada de los premios- un anciano, entre la desorientación de la edad y la de una vida que no cumplió sus expectativas. En una escena para el recuerdo, todos los hombres de la familia se sientan juntos a ver el partido de fútbol. Nadie habla, ninguno cruza su mirada con sus más allegados. Tan juntos, “unidos”, e infinitamente solos.
SOLOS Y DESORIENTADOS
La soledad ante las crisis personales, en las relaciones íntimas y en la vida familiar aparecen, y no por casualidad, en el imaginario cinematográfico de lo mejor que nos deja este año. La tecnología permite comunicarnos como nunca y sin embargo estamos más limitados para las relaciones, por lo que acabamos recluyéndonos en la soledad que apuntaba no hace tanto tiempo  La red social .
“Hay desorientación”, dice José de Segovia en  un artículo, 'Fuera de sitio',  que resumía las películas del 2013 encontrando ese curioso patrón en muchas de las mejores producciones del cine nacional e internacional.

Abunda en ello  el crítico Luis Martínez en un artículo en El Mundo que titula 'Plano secuencia en soledad absoluta':  “De un extremo a otro, del romanticismo al cine moderno, la soledad, la incomunicación, se ha convertido en el mismo argumento que recorre desde las comedias trágicas de Beckett a los relatos deshabitados y desorbitados de Stanislaw Lem. Y, de repente, todo vuelve sobre el escenario del cine reciente”.
GRAVITY: ¿SOLOS EN EL UNIVERSO?
 “ Gravity  es un verdadero ejercicio de cine accesible a todo el mundo, con puro espectáculo y buenos personajes dentro de buenas historias, además con un equipo más reducido de lo habitual en el cine comercial”, expresa el guionista Daniel Jándula, que apostaba por el triunfo de la película en la gala del 2014. Sólo  12 años de esclavitud  ha cuestionado su triunfo completo, llevándose el duro drama sobre los esclavos el premio a mejor película.
 Gravity  ha triunfado entre la crítica pero también entre el público, siendo una de las películas más taquilleras del año. Entre sus logros está el darle narratividad al 3D, la última innovación que trajo James Cameron, pulió Ang Lee en  La Vida de Pi  y ha doctorado el mexicano Alfonso Cuarón. Un Hollywood que, evidentemente, sigue saltando las fronteras nacionales como demuestra cada año dando cabida a más películas y artistas de otras latitudes.
En una película tan tecnológica -se desarrolla casi al completo en el espacio- el drama devuelve al espectador a lo que más nos intriga todavía: el interior del ser humano. “Como Sandra Bullock, queremos regresar a nuestro planeta, para sentirnos de nuevo seguros. El film de Cuarón nos habla de la capacidad humana para evitar la extinción, pero también de nuestras limitaciones. A pesar de nuestra tecnología, somos seres vulnerables. No podemos determinar nuestro destino y asegurar nuestra vida”, explica José de Segovia.
Vulnerables en el espacio, que se muestra peligroso e inmanejable. Pero, ¿no lo es también la vida en la tierra? “En cualquier momento -continúa José de Segovia- un accidente puede acabar con nosotros, como ocurre con la hija del personaje de Bullock, o sus compañeros de equipo. Ella dice que nunca la enseñaron orar, pero ¿hay Alguien que escuche su plegaria?, ¿o es por suerte, que sobrevive? Según creamos que la gracia, o el azar, gobiernan el universo, así entenderemos la expresión final de “gracias” al final de esta película”. Una expresión que, si mira al Creador, tal vez puede empezar a derrotar la soledad infinita que sufrimos y que tanto ha reflejado el cine de este año.
*Autores: Daniel Hofkamp

Fuente: Protestante Digital 2014

domingo, 2 de marzo de 2014

Los Simpsons, los protestantes y las traducciones

Por. Rubén Clos López, España*
La pérdida de la identidad protestante en la traducción de  Los Simpsons
 Los Simpsons es una de las series televisivas de dibujos animados más galardonadas y con mayor audiencia en todo el mundo, y así ha sido desde su aparición allá a finales de los ochenta hasta la actualidad. La serie, creada de la mano de Matt Groening, es la representación de la vida de una supuestamente prototípica familia estadounidense de clase media, y está llena de elementos que satirizan a la sociedad de EE.UU. en aspectos diversos como la vida familiar, los medios de comunicación, la política o la religión. Es por ello que a menudo es considerada como una serie de culto e, incluso, de estudio, como un verdadero fenómeno cultural.
 Los Simpsons y la religión
El propio Matt Groening se denomina a sí mismo como agnóstico. No por ello su obra está exenta del ámbito religioso que frecuentemente es representado de manera ridícula. Debido a las contradicciones propias de la serie, no está clara la afiliación de las creencias de la familia Simpson, pero la impresión general es que se trata de algún sector del protestantismo. En un capítulo, el pastor de la comunidad mencionaría humorísticamente la “rama occidental del presbi-luteranismo americano reformado”  (temporada 16, capítulo 21)  como la afiliación cristiana prototípica de los personajes principales de la serie.
Además, existe una gran variedad de personajes de otras religiones como el judaísmo o el hinduismo, aunque en este caso me limitaré exclusivamente al tratamiento de los sectores cristianos, principalmente el catolicismo y el protestantismo. En este ámbito encontramos diversos personajes, como el reverendo Lovejoy (sacerdote de la comunidad) o Ned Flanders, el vecino de la familia Simpson. Ambos establecen el marco religioso de la serie, y la filiación de estos dos personajes podría encontrarse en la rama bautista-pentecostal del cristianismo reformado.
Tema de discusión

Es la traducción de la serie al castellano de España e Hispanoamérica lo que me lleva a hablar sobre la religión de los personajes principales de la misma. El vocabulario empleado en la lengua final a veces difiere en matices al de la lengua de origen. Si bien este tipo de error de traducción no es un fenómeno mayoritario en la serie, sí podemos encontrar algunos ejemplos puntuales que me permito mencionar a continuación.
Hubo un par de casos que me llamaron mucho la atención, y fue la traducción de  “church” por “misa”. Por ejemplo, cuando los hijos de Flanders dicen : “We're not going to church today” , se tradujo por:  “Hoy no queremos ir a misa  (temporada 4, final del capítulo 19); o en la versión latina cuando el pastor dice:  “Pueden ir en paz, la misa ha terminado”,   “The service has ended, go in peace”  (temporada 4, capítulo 3), dando un resultado similar con tintes católicos.
En la primera acepción de “misa” en la RAE especifica: “ En la religión católica, sacrificio del cuerpo y de la sangre de Cristo que bajo las especies de pan y vino renueva el sacerdote en el altar".
Otro ejemplo. En el capítulo trece de la segunda temporada, Marge, la madre de la familia, dice en el original:  “Bart, you're no longer in Sunday School . En este caso, en la versión española podemos encontrar un:  “ Bart, ya no estás en la escuela parroquial”.  En este caso se ha optado por traducir  Sunday School  por “escuela parroquial”, con el matiz católico implícito de “parroquia”. El término más usado por la comunidad protestante hispanohablante es “escuela dominical”, el cual fue usado de manera correcta en la versión latina de la serie.
Otras preferencias del ámbito protestante a tener en cuenta serían las de “pastor” en vez de “cura”, y “orar” en lugar de “rezar”.
Las comunidades protestantes en España e Hispanoamérica
Existe un consenso respecto a esta terminología, tanto en España como en países de Hispanoamérica. En 2008, el Instituto Nacional de Estadística calculó que solo en España había 1.200.000 protestantes, el 1% de la población del país y lo que supone la minoría religiosa más numerosa seguida de cerca por los musulmanes. Este número ha aumentado en los últimos años y, en el caso de Hispanoamérica, las cifras de protestantes respecto a la población total son considerablemente superiores. Por ello es de vital importancia tener en cuenta este tipo de detalles que representan a una creciente parte de la población.
Respuesta de María José Aguirre de Cárcer, autora de la traducción de la serie en España
Ante estos errores de traducción, decidí acudir a María José Aguirre de Cárcer, traductora de la serie que conocí durante una conferencia que impartió en mi universidad. María José respondió amablemente a mis dudas y comentó que “(...)  la última palabra la tiene el director/ajustador. Nosotros entregamos la traducción y lo que se haga con ella ya no depende de nosotros. Los Simpson han tenido tres directores distintos con criterios también distintos. (...) ”.
Conclusión
María José también me dejó claro su conocimiento profesional sobre la cultura de la lengua origen. Sin embargo, los criterios de un traductor profesional pueden verse ensombrecidos por los de un individuo que ocupe un cargo superior al mismoy cuyas decisiones sobre el producto conlleven una manipulación en lo que se refiere a cultura, dando resultados muy distintos.
El oficio del traductor está lleno de decisiones que conllevan responsabilidades morales y el tema que hemos debatido es uno de ellos. Este papel del traductor como transmisor de una cultura A a un público de la cultura B ha cobrado mayor importancia a medida que el mundo experimenta el fenómeno de la globalización, por lo que se debe hacer eco de los rasgos de las comunidades y no presentar una versión disfrazada de las mismas. Termino con una cita del escritor y políglota inglés Anthony Burgess, “La traducción no es una mera cuestión de palabras sino que también se trata de dar a entender toda una cultura”.

*Rubén Clos López - Estudiante Traduc. e Interpretac. - Granada (España)
 
Fuente: Protestante Digital 2014

viernes, 28 de febrero de 2014

La justificación por la fe: Una reflexión en torno a Romanos 3:21-31 y 5:1

Por. Máximo García Ruiz, España*
En los albores del Antiguo Testamento, hace ya muchos siglos, Job preguntó con acento angustioso: “¿Y como se justificará el hombre con Dios? (Job 9:2). Varios siglos después Pablo de Tarso, como respondiendo a esa importante pregunta, que otros muchos también se hacen, escribió: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). La doctrina de la justificación por la fe, que volvería a recuperar Lutero, es la esencia del plan de salvación previsto por Dios, conforme al relato de la Biblia.
Pablo es contundente al afirmar que la justificación es una necesidad universal. “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”. Y aclara lo siguiente: “Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley sino por la fe en Jesucristo…, no por las obras de la ley por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado” (Gálatas 2:16).
El texto comienza diciendo: “Siendo justificados gratuitamente por su gracia…” (Romanos 3:24). “Gracia” es la actitud de Dios a favor del ser humano. Las palabras que en el Antiguo Testamento se relacionan con gracia (hen y hased) conectan con el sentido de gratuidad. Así, gracia es equivalente a favor (cfr. Efesios 33:13) en el sentido de que el favor no se basa en méritos. En otros textos la traducción se inclina por misericordia (así ocurre en Jeremías 31:3 y Deuteronomio 7:12). En el Nuevo Testamento la palabra es kharis combinando el sentido de favor misericordioso.
Dios, ante la indigencia del hombre, se le acerca, le restaura, y le hace partícipe de la misma naturaleza divina. Aunque Pablo tiene interés en matizar el sentido exacto: “Nos salvó”, insiste, “no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia… para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Tito 3:5,7. Nada capacita al hombre para ser justificado: ni la religión, ni la filosofía, ni la ciencia…; nada de esto puede conducirle ante Dios. Llegar a este punto le coloca en una absoluta situación de orfandad.
Ahora bien, la gracia no es un acontecimiento ineluctable, ajeno a la voluntad humana. El hombre ha de hacer uso de su voluntad para apropiarse de esa gracia, mediante la fe, sin necesidad de aportar obras meritorias. Lutero afirmaría con contundencia que la gracia opera con tal poder que somos considerados total y plenamente justos ante Dios.
El texto bíblico al que hacemos referencia, continua diciendo: “…Mediante la redención que es en Cristo Jesús, …en su sangre…”  (Romanos 3:24). Dios se acerca al hombre; pero esta aproximación no será posible sin el hecho de la encarnación de Jesucristo. Así, pues, la gracia es un acontecimiento cristocéntrico. El acto redentor de Jesucristo justifica, rescata y  libra de la ira venidera. “Sabiendo que fuisteis rescatados… no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo…” (1ª Pedro 1:18). Y Pablo afirma: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros… Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:8,9). El amor de Dios está detrás de la justificación. Sin él nada es posible.
Ahora bien, aunque pudiera parecer un trabalenguas, la “gracia” no es gratuita. No surgió por la donación de la ley a Moisés, ni por la proclamación de las profecías, sino por la sangre de Jesucristo derramada en el Calvario. En el Calvario la gracia de Dios alcanza su resplandor más refulgente.
El texto concluye haciendo referencia a Jesucristo: “… a quien Dios puso como propiciación, por medio de la fe…” (Romanos 3:25). Aquí se fija la parte reservada al hombre. El hombre es justificado por gracia (favor, misericordia…). Pero falta algo más: tiene que aceptar por fe esa sublime justificación.
Podemos volver al gran interrogante de Job: “¿Y como se justificará el hombre con Dios?”. El texto bíblico centra y enfatiza la respuesta: “De todo aquello de que por la Ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él [en Cristo] es justificado todo aquél que cree” (Hechos 13:39). La clave está en la fe; la justificación se reserva para aquél que cree que Cristo es el eslabón que une con Dios. Y esto, según Pablo, “se revela por fe y para fe, como está escrito: mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17). Pero ¡cuidado!, esto no significa que la fe en si misma produzca los efectos redentores de que hablamos, como si de una buena obra se tratara. La fe es el medio por el cual opera la gracia de Dios. La que concede el estatus de “justificado” es la gracia. La gracia divina es incondicional; y la fe del hombre ha de serlo sin reservas.
Ahora bien, para cerrar este tema sin fisuras, no debemos olvidar a Santiago y su énfasis en las obras. Santiago indica que la fe no puede separarse de las obras de justicia. En otras palabras, la justificación se produce con un propósito; la experiencia de la redención genera unos frutos. Las bunas obras, pues, no son una aportación meritoria, sino como expresión de gratitud.
La justificación por la fe es un mensaje de “buenas nuevas” que comienza con malas noticias: “todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). La ley cierra los caminos; la fe abre todas las puertas de la esperanza. “El justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17).

 *Máximo García Ruiz es licenciado en teología, licenciado en sociologia y doctor en teología. Profesor de sociología y religiones comparadas en el seminario UEBE y profesor invitado en otras instituciones académicas. Por muchos años fue Presidente del Consejo Evangélico de Madrid y es miembro de la Asociación de teólogos Juan XXIII.

Fuente: Lupaprotestante, 2014.

martes, 25 de febrero de 2014

La misión de Paz y Justicia (Parte II)

Por C. René Padilla, Argentina*
Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo hay muchas referencias a la justicia de Dios. La afirmación que hace el Salmo 11:17 se repite con frecuencia especialmente en los libros proféticos y en los libros poéticos: “Justo es el Señor, y ama la justicia”. Porque Dios es justo y ama la justicia, ésta no es meramente una convención social o un valor humano, sino un mandato divino. Como dice Abraham J. Heschel, la justicia “no es solamente la relación entre la persona y su prójimo; es un acto que involucra a Dios, una necesidad divina.” Está vinculada íntimamente con la compasión por los oprimidos, los débiles, los marginados. Tiene que ver con la actitud de Dios hacia los necesitados, los débiles, los desheredados, fácil presa de la opresión por parte de los poderosos. Es una “opción por los pobres”.
Esto no significa, sin embargo, que en los tribunales del pueblo de Israel, el pueblo de Dios, los jueces tienen que ejercer el favoritismo para beneficiar a los pobres, y esto es tan importante como la obligación de no ejercerlo tampoco para favorecer a los ricos. ¡De ningún modo! La consigna es clara: “No perviertas la justicia, ni te muestres parcial a favor del pobre o del rico, sino juzga a todos con justicia” (Lev 19:15).
La justicia va más allá del favoritismo en los tribunales. Tiene que ver con el pleno reconocimiento del derecho que todas las personas, ricos y pobres, tienen por igual de satisfacer sus necesidades básicas, comenzando con la de la alimentación corporal. Y como en cualquier sociedad las víctimas de la violación de ese y otros derechos humanos son comúnmente las personas que no pueden defenderse, una y otra vez la ley de Dios hace referencia al cuidado especial que tales personas requieren. En esa dirección apunta Deuteronomio 24:17-21:
No le niegues sus derechos al extranjero ni al huérfano, ni tomes en prenda el manto de la viuda. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto, y que el Señor tu Dios te sacó de allí. Por eso te ordeno que actúes con justicia. Cuando recojas la cosecha de tu campo y olvides una gavilla, no vuelvas por ella. Así el Señor tu Dios bendecirá todo el trabajo de tus manos. Cuando sacudas tus olivos, no rebusques en las ramas; las aceitunas que queden, déjalas para el extranjero, el huérfano y la viuda. Cuando coseches las uvas de tu viña, no repases las ramas; los racimos que queden, déjalos para el inmigrante, el huérfano y la viuda. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto. Por eso te ordeno que actúes con justicia.
La trilogía constituida por la viuda, el huérfano y el extranjero, que se repite a largo de todo el Antiguo Testamento, representa al sector de mayor vulnerabilidad en lo que atañe a la violación de los derechos humanos. Según la ley de Dios, la acción de justicia que se expresa en términos de asegurar que sus necesidades básicas sean satisfechas no es optativa sino obligatoria. Es acción que se modela en la que Dios mismo realizó al liberar a Israel de la esclavitud de Egipto, y comienza con la provisión de lo necesario para satisfacer necesidades humanas básicas. El pueblo de Dios refleja a Dios en la medida en que actúa con los desposeídos como él actuó con el pueblo escogido. “El defiende la causa del huérfano y la viuda, y muestra su amor por el extranjero, proveyéndole ropa y alimentos. Así mismo debes tú mostrar amor por los extranjeros, porque también tu fuiste extranjero en Egipto” (Dt 10:18-19).

Dr. René Padilla,  Ecuatoriano, doctorado (PhD) en Nuevo Testamento por la Universidad de Manchester, fue Secretario General para América Latina de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos y, porteriormente, de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL). Ha dado conferencias y enseñado en seminarios y universidades en diferentes países de América Latins y alrededor del mundo. Actualmente es Presidente Honorario de la Fundación Kairós, en Buenos Aires, y coordinador de Ediciones Kairós.

Fuente: Blog de René Padilla, Kairós 2014.

sábado, 22 de febrero de 2014

Telemaratones, ofrendas y canciones. Mi opinión de la forma de recaudar fondos

Por. Noel Navas, Salvador*
¿Es correcto que un cantante o músico participe de una Telemaratón donde a todas luces se manipulan las emociones de las personas?
En 2006 me invitaron a cantar a una Telemaratón de Enlace, El Salvador. Resulta que un grupo de amigos y yo habíamos armado una especie de quinteto con quienes interpretamos la canción “Salvemos la familia, salvemos la nación” que la Asociación Evangelística Alberto Mottesi me solicitó componer.  Después de la campaña, el director de Enlace nos pidió a algunos reunir una banda para ir a ministrar la alabanza durante los días de Telemaratón que celebrarían. Mis amigos (no yo) accedieron a la petición, pero como yo había cantado en la campaña de Mottesi, obvio, tenían que incluirme.
A las semanas me llamaron para recordarme de participar, pero yo estaba renuente. Así que conversé con mi pastor y le comenté que no me sentía bien participando de una actividad donde en mi opinión se manipulaban las Escrituras y las emociones de la gente. “No quisiera ser coparticipe de eso”, le dije. A lo que mi pastor respondió: “Noel, ve a cantar con tus amigos. Tú no serás quien pedirá dinero, solo ministrarás la alabanza. Como salvadoreños debemos apoyar a nuestro canal cristiano”.
Accedí. 
Ahora que me había comprometido a participar, propuse en mi corazón hacerlo bien. Por eso, como primer paso decidí ofrendar una suma de dinero que jamás antes había ofrendado en algún lugar. Yo pensaba: “Con qué autoridad voy a alabar al Señor frente a las cámaras de televisión si jamás he ofrendado en Enlace”. Así que el primer día que llegué, me aparté de todos los que habíamos llegado a ministrar y me dirigí al área de donaciones.
“Quisiera ofrendar”, le dije a una hermana que estaba allí. “¡Qué bien!…” respondió ella, “¿Y qué quiere que el Señor haga en su vida ahora que va a ofrendar?” Yo fruncí el ceño y con cara de extrañeza le pregunté: “¿Cómo?” “Sí…” insistió, “¿Qué quiere que el Señor haga por usted a cambio de su ofrenda?” “Nada hermana, simplemente quiero dar una ofrenda de gratitud por la bendición que ha sido Enlace para mí durante todos estos años”. “¡Ah, ok!” Respondió y procedió a llenar la boleta de datos.
Después mi amigo Alfredo Maravilla, que también había ido a cantar con nosotros, me contó que le había ocurrido lo mismo. Se acercó al área de donaciones y le preguntaron que ahora que iba a ofrendar qué favor quería que Dios le hiciera a cambio. O sea, no fue un lenguaje que solo usaron conmigo, sino que con otros también.
Para hacer de una historia larga, una corta, sucedió lo que sabía que iba a suceder. Los predicadores que lideraron la Telemaratón se entregaron a la tarea de pedir dinero cual evangelista pide a las personas que se conviertan a Cristo. ¡Qué pasión Dios mío! Por cierto, una de las noches el Presidente de la República llamó a todos los medios de comunicación a cadena nacional, por lo que la Telemaratón tuvo que suspenderse por unos minutos. Al nomás salir del aire para esperar que finalizara la cadena, uno de los líderes de Enlace manifestó su indignación quejándose con tono airado de por qué el Presidente se atrevía a interrumpir su Telemaratón. “¡Qué barbaridad!”, dijo, “¡Cuántas veces le he dicho que respete este espacio!”
¡Ops!
Después de los primeros dos días yo ya estaba hastiado de lo que hora tras hora veía, por lo que la noche que mis amigos me pidieron dejar el coro para dirigir desde el frente la alabanza, me negué a hacerlo. De más está decir que me sentí aliviado cuando terminó la Telemaratón.
Desde entonces lo único que supe de Enlace El Salvador es que hubo conflictos con la sede de Costa Rica y no estoy seguro si en la actualidad Enlace solo puede verse por cable y no por televisión abierta.
AL FRENTE Y DETRÁS DE CÁMARAS
Hace algunos años un amigo fue a cantar a Enlace, en la Telemaratón que ahora montan desde Costa Rica y que transmiten a todas las naciones. Él fue, cantó e hizo lo que le pidieron; sin embargo, ¡oh, sorpresa!, durante los intermedios en el que los cantantes y predicadores invitados descansan detrás de cámaras, presenció conversaciones vergonzosas acerca del dinero y la forma de manejar el tema de las ofrendas en sus propios ministerios. Al punto que en una de esas pláticas tuvo que retirarse de la mesa donde estaban debido a lo incómodo de escucharlos hablar.
Unos días después pidió hablar con el “mero mero” de Enlace y le comentó lo que había pasado en los recesos y además, le reconvino sobre la forma que estaban usando para recaudar dinero.
Un tiempo después lo volvieron a invitar a una Telemaratón y mi amigo gentilmente les contestó: “Con todo gusto puedo ir a cantar al canal, ¡pero en época que no sea de Telemaratón!”
Desde entonces nunca lo han vuelto a invitar a Enlace.
Cuando tengo chance de ver las Telemaratones siempre me sorprende el derroche de talento que hay. La banda que ministra la alabanza, muy bien ensamblada; los músicos y cantantes, ¡wow! ¡Qué dones Dios mío! El director principal de adoración es un compositor espontáneo como pocos. Conocidos míos que han estado en Telemaratones me han relatado cómo a veces él compone canciones allí mismo durante la Telemaratón, se las muestra a la banda y las montan para ser cantadas de inmediato. ¡Impresionante!
Sin embargo, siempre que veo a la banda y al resto de solistas que aparecen, me pregunto: ¿Es correcto que un cantante o músico participe de una Telemaratón donde a todas luces se manipulan las emociones de las personas? ¿Por qué los ministros de alabanza aparentemente se hacen los del “ojo pacho” ante las manipulaciones al texto bíblico que hacen los predicadores? ¿Cuál será la verdadera motivación de estos salmistas para participar en las Telemaratones si mucho de cuanto se hace allí no honra la forma bíblica de recaudar ofrendas?
No tengo la respuesta.
El otro día vi a un predicador famosísimo enseñando en una Telemaratón. Cuando lo vi me dije a mi mismo: “¡Ok! Voy a escuchar la prédica de este brother sin ningún prejuicio. Ellos dicen que no venden milagros y que respetan el texto de la Escritura al enseñar, ¡entonces les voy a creer y escuchar el sermón!”
Solo aguanté diez minutos.
El predicador comenzó a hablar de la salida de Israel de Egipto y de cómo mientras salían los egipcios le dieron todas sus joyas y prendas valiosas para que las llevaran consigo. ¡Hasta allí todo bien! El problema surgió cuando dijo: “Hermanos, Israel salió enriquecido de Egipto, pero eso no sucedió así por así; sino que un día antes ellos habían sacrificado un cordero y lo dieron en ofrenda al Señor. Para que Dios te enriquezca como a Israel primero tienes que ofrendar en el altar”.
¡Cambié de canal!
Nota: Si después de leer el párrafo anterior usted no notó la clara malinterpretación del texto bíblico, ¡preocúpese eh!
¿ESTÁ BIEN O ESTÁ MAL?
Recuerdo la conversación que sostuve con el Hermano Pablo (Un Mensaje a la Conciencia) muchos años antes de que falleciera. Resulta que él casó a mis abuelos maternos y mi abuelita quería ir a saludarlo. Yo la acompañé y al final que lo saludamos le pregunté qué opinaba de las Telemaratones de Enlace. Me dijo: “Algo que me prometí a mí mismo con Un Mensaje a la Conciencia fue nunca pedir dinero a través del programa. ¿Por qué? Porque eso le es tropiezo a los inconversos para que vengan a Cristo”.
Curiosamente cuando entrevisté a Paulina Aguirre, Grammy Latino a la música cristiana 2009, le pregunté sobre su dueto con Armando Manzanero y aproveché para preguntarle sobre la espiritualidad de este gran compositor mexicano. Paulina me dijo: “Él aún sigue teniendo un acercamiento al Señor pero algo que lo pone un poquito mal es la pedidera de dinero de los evangelistas de la televisión. Lastimosamente eso es de muy mal testimonio para la gente que no conoce al Señor” (1).
Cuando fui parte del equipo de alabanza del Templo Cristiano de las Asambleas de Dios, una iglesia que en aquel entonces tenía más de 2,500 miembros, como toda iglesia a favor de las misiones celebrábamos anualmente una Convención Misionera. Esta consistía en una semana entera de predicaciones sobre misiones que nos preparaban a todos para el último y gran día donde los miembros nos comprometíamos, mediante promesas de fe, a financiar los misioneros que apoyábamos en el extranjero. En aquel entonces se tenía un presupuesto anual de aproximadamente 100 mil dólares como meta.
De paso, recuerdo haber compuesto dos canciones para un par de Convenciones, “Anunciaré el arrepentimiento” y “Proclamemos en las naciones”. Siempre fue un gran desafío componer para ellas y una gran emoción que se cantaran cada día de esas semanas de concientización misionera.
Mi punto es que en diez años que participé de esas convenciones en el Templo Cristiano NUNCA se manipularon las emociones de las personas y NUNCA se manipuló el texto bíblico para provocar que la gente se desbocara en dar. Hasta donde recuerdo, todos los años se alcanzaron las metas financieras establecidas por el pastor principal y la Comisión de Misiones de la iglesia.
En este sentido, si no se manipulaban las emociones ni las Escrituras, ¿cómo entonces se alcanzaba la meta financiera de cada año? ¿Cómo se conseguía que la generosidad se hiciera presente al final de cada Convención?
Respuesta: Simple y sencillamente predicando sobre la responsabilidad misionera que tiene la iglesia delante de Dios y la necesidad que tienen las naciones de escuchar el evangelio. NADA MÁS.
No se ofrecían milagros ni sanidades a cambio. No se ofertaban perdones de deudas ni prosperidades mágicas. NADA DE ESO. Simplemente se predicaba sobre nuestra responsabilidad misionera y la necesidad que hay en el mundo.
Definitivamente hay formas bíblicas y efectivas para recaudar fondos para los ministerios.

 Notas:
 (1) Tomado de  “La aventura de componer” 
 
 *Autores: Noel Navas
©Protestante Digital 2014

domingo, 16 de febrero de 2014

Juan Stam: Leamos el Apocalipsis en clave pastoral

Por. Jacqueline Alencar, España*
La tarea de la teología, más que la de armar un "sistema" teórico de ideas abstractas, es la de aclarar el significado del evangelio para los siempre nuevos contextos de la historia.
Hoy nos vamos a Costa Rica para entrevistar a Juan Stam, nacido en Paterson (Nueva Jersey, 1928), en una familia de origen holandesa. Stam cursó sus estudios universitarios en la Universidad de Wheaton, Illinois (Bachillerato en historia 1950; Maestría en Nuevo Testamento 1955) y en el Seminario Fuller (Bachillerato en teología 1954). Después de estudios de literatura y filosofía en la Universidad de Costa Rica (1957-1961), hizo los estudios doctorales con Oscar Cullmann, Bo Reike y Karl Barth en la Universidad de Basilea, Suiza, obteniendo su doctorado en teología en 1964. También realizó estudios post-doctorales en la Universidad de Tubinga, Alemania, con Hans Küng, Walter Kasper, Jürgen Moltmann, Ernst Kaesemann y Otto Michel. Se casó con Doris Emanuelson en 1954, y a fines del mismo año emigraron a Costa Rica, donde comenzaron su ministerio con un pastorado rural en el norte del país. Son costarricenses naturalizados desde hace muchos años. También ha enseñado en universidades y seminarios en casi todos los países de América Latina y en la India, Holanda, Estados Unidos y Canadá.
 Juan Stam es autor de “Apocalipsis y profecía”, “Escatología bíblica y misión de la iglesia”, “Profecía bíblica y misión de la iglesia. Hasta el fin del tiempo y hasta los fines de la tierra”, “Haciendo teología en América Latina” (2 tomos, 2004 y 2005) y “Comentario del Apocalipsis” (4 tomos). Es autor también de “La Historia de la Salvación y la Misión integral de la iglesia”, en  La Misión de la Iglesia,  Valdir Steuernagel (ed.), y “La misión en el Apocalipsis”, en  Bases Bíblicas de la Misión,  René Padilla (ed.).
 Ha escrito numerosos ensayos y artículos en Diccionario Ilustrado de la Biblia, Pensamiento Cristiano, Certeza, Boletín Teológico, además de “Apocalipsis y el Imperio Romano”,  en Lectura Teológica del Tiempo Latinoamericano  y “Tomás Müntzer y la Teología Latinoamericana”, en  Teología Alemana y la Teología Latinoamericana.
Desde 2007 ha escrito unos 220 artículos para su blog,  www.juanstam.com .
Pregunta.- ¿Qué lo motivó a dejar su país para afincarse en esa hermosa tierra centroamericana que es Costa Rica? ¿Cómo se vive esta experiencia? ¿Es necesario contextualizarse a la nueva cultura?
Respuesta.- De joven, a mis 17 años, visité Costa Rica y Colombia y conocí la obra misionera, especialmente el Seminario Bíblico Latinoamericano. Después en la universidad, preparándome para ser profesor de historia, tomé un curso de Patrística y escogí para mi monografía el tema "La epistemología de San Agustín". Quedé profundamente conmovido por su visión del conocimiento y de la fe y por la conmovedora belleza de sus escritos. Me encantó su frase, "el verdadero filósofo es un enamorado de Dios" ( verus philosophus amator dei est ). Decidí que en mi caso particular podría ayudar mejor al desarrollo personal integral de mis alumnos y alumnas en teología que en historia. Al entregar mi monografía, entregué también mi vida para servir a Dios en la enseñanza bíblica. Unos años después, ya comprometido con Doris Emanuelson, Dios nos llamó a enseñar su Palabra en América Latina.
¡A lo mejor soy el único misionero protestante llamado por Dios por medio de un antiguo Padre de la Iglesia!
En esa visita a Colombia en el año 1945, en la ciudad de Sincelejo, fui impactado por una serie de mensajes de don Kenneth Strachan sobre un tema favorito suyo, "la Encarnación como modelo para misioneros y para misiones". Esas charlas sembraron en mi conciencia un compromiso con la teología de la encarnación y, después, con la identidad cultural con América Latina y la solidaridad integral con sus pueblos.
Hacia fines de 1954, a pocos meses de nuestro traslado a Costa Rica, don Kenneth estuvo en Wheaton y nos visitó. Yo estaba a punto de ser ordenado al ministerio por la congregación que pastoreaba en Troy, Illinois. Para nuestra sorpresa, don Kenneth me dijo, "No lo hagas, Juan. Espera, aprende el castellano y déjate ordenar por la iglesia nacional". Unos años después, esa decisión nos llevó también a tomar la nacionalidad costarricense.
Para nosotros, venir a vivir en América Latina fue, desde el inicio, una gran aventura y un desafío encarnacional. El choque cultural lo sentíamos, severamente, cuando regresábamos a los Estados Unidos. Estando Costa Rica muy cerca de los Estados Unidos, nuestros familiares nos visitan acá con considerable frecuencia, sin que tengamos nosotros que interrumpir tanto nuestras vidas para viajes a nuestro país natal.
P.- ¿Es la contextualización importante para la misión de la Iglesia?
R.-Nuestra fidelidad en misión comienza con nuestra fidelidad en la interpretación bíblica, la cual requiere una doble contextualización del texto, primero en su situación original antigua (exégesis) y segundo la contextualización en la realidad actual (hermenéutica). Las relecturas contemporáneas deben basarse en la mejor interpretación posible del texto de ayer y de la realidad de hoy.
De manera similar, la tarea de la teología, más que la de armar un "sistema" teórico de ideas abstractas, es la de aclarar el significado del evangelio para los siempre nuevos contextos de la historia. En eso consiste también la contextualidad de la misión. Los grandes cristianos han sido los que mejor han entendido su momento histórico: San Agustín ante el colapso del imperio romano, San Anselmo (y Abelardo) a inicios de la Edad Media, Tomás Aquino en el apogeo del mismo, los Reformadores en el siglo XVI y Karl Barth a inicios del XX.
P.-He oído que entre los personajes que han influido en su vida está Unamuno… ¿Cómo se adentró en su pensamiento?
R.-En una fase formativa de mi vida (los 60s) leí bastante de las obras de Unamuno. Me gustaron -y me edificaron- las dos relecturas de la historia de Caín y Abel ("Abel Sánchez" y "El Otro"), como también "San Manuel Bueno, Mártir". He admirado la confrontación de Unamuno con los falangistas que gritaban "Viva la muerte". Y lo cito en mi comentario sobre el jinete del caballo rojo (Apoc. 6:3-4). De su poesía me encanta especialmente "El Cristo de Velázquez", que también cito en mi comentario al Apocalipsis.
Quedé impactado por "El sentimiento trágico de la vida" y "La agonía del cristianismo" que quedaban a mi propio temperamento y pensamiento como el guante a la mano. Me encantó su ataque al racionalismo y positivismo de su época, destacando más bien el lugar del sentimiento, la intuición, la convicción, la fe y la lucha. También me identifiqué existencialmente con el Quijote de Unamuno, suficientemente loco para soñar y para luchar por sus sueños. Algunos amigos, con mucho cariño, han señalado esa correspondencia, y por andar yo toda la vida en motocicleta, me apodaron "don Quijote de la moto". Los jóvenes de la Iglesia Bíblica Costarricense en esa misma época me describían con otro apodo muy simpático, "el hippy bíblico". Parece que algo dentro de mí responde al existencialismo, por supuesto dentro de los parámetros de la teología evangélica.
En la lucha por entenderme y ser quien quería ser, me llegaron al corazón las palabras del Quijote de Unamuno, "Yo sé quien soy" (cf. Sócrates, "Conócete a ti mismo"; Calvino  Inst  1.1). Quijote, sabiendo quién era y quién quería ser, no permitió que otros lo definieran. El Quijote me enseñó que ser conformista no es un deber cristiano y que romper con los moldes sociales no es pecado.
Creo que en esos años aprendí bastante de Unamuno y otros autores existencialistas, sin nunca convertirme en existencialista. Me alimenté de Albert Camus y Jean Paul Sartre, y sobre todo de Sören Kierkegaard. Paradójicamente, admiraba el ateísmo de Sartre, no sólo por su honestidad y su ardiente pasión, sino por el profundísimo dolor que le producía la ausencia de Dios. Sobre él publiqué un artículo titulado "El ateísmo existencialista de Jean Paul Sartre". Sören Kierkegaard, genio progenitor del existencialismo, me despertó al "precio de la gracia", a todo lo que cuesta ser cristiano auténtico. En "Mi punto de vista como autor" anuncia que la meta de todos sus escritos es hacer que sea difícil ser cristiano, porque en Dinamarca era demasiado fácil llamarse "cristiano". En "Ataque a la cristiandad" desarrolla un tema parecido. En una simpática parábola, Kierkegaard cuenta de un danés que cometió la imprudencia ridícula de preguntarse si era realmente cristiano y todo el mundo lo tuvo por loco.Su esposa le contestó, "Pero mi amor, tú eres danés, nacido en Copenhague, y además eres funcionario del estado y llevas corbata y sombrero. ¡Por supuesto que eres cristiano!".
P.-¿Qué otros nombres forman parte de esa nube de testigos?
R.-Mi primer libro fue, es y será la Santa Biblia, Palabra inspirada por el Espíritu de Dios. Pero esa Biblia, con la que comencé mi peregrinaje espiritual, era una Biblia Scofield, con sus muchas notas nada inspiradas sino muchas veces especulativas. El romper con el sistema dispensacionalista inició mi larga aventura de crítica exegética en busca de la mejor interpretación de las escrituras.
Nuestra iglesia, en las afueras de Paterson, Nueva Jersey, organizaba cada verano un programa de enseñanza bíblica realmente inspiradora e instructiva. Traían los mejores maestros y oradores (Ironside, Armerding, Walvoord, Alva McClain, todos ellos fieles dispensacionalistas). A esos maestros debo dos cosas. En primer lugar, un profundo amor por el estudio bíblico, una pasión por devorar la enseñanza y un deleite en la Palabra. Pero segundo, cuando comencé a darme cuenta de las anomalías exegéticas del dispensacionalismo (sobre todo su doctrina del rapto), despertaron en mí, sin proponérmelo ni darme cuenta, la exigencia de examinar críticamente toda interpretación del texto. Con eso comenzó mi aventura exegética sin fin, siempre dudando de las interpretaciones del texto bíblico.
En el Seminario Fuller leía obras de teología sistemática (Calvino, Hodge, Strong) y hermenéutica (Terry), pero me inspiré sobre todo en los jóvenes autores neo-evangélicos (Ramm, Ladd, Carnell, Jewett, Berkouwer), que hasta hoy siguen siendo fundantes para mis convicciones. Un curso con George Ladd sobre exégesis del Apocalipsis marcó el resto de mi vida, en cuanto tema y en método de análisis. Unos años después, en nuestro apartamento en Basilea, Suiza, Ladd nos inspiró con un valiosísimo conversatorio sobre los métodos históricos en la teología.
Ya en Costa Rica, enseñando en el Seminario Bíblico, el libro que más me impactó fue "Prefacio a la teología" de Juan Mackay, con su desafiante capítulo sobre "El Balcón y el Camino". Lo usé como texto todos los años y dio la orientación básica del curso, tanto que cambié el título de "teología sistemática" por "teología evangélica". "Encuentro con la Revolución", de Richard Shaull, y una ponencia de Míguez-Bonino, titulado "Nuevas Perspectivas", me concientizaron mucho y cambiaron el énfasis de mis cursos. Leía también las publicaciones de ISAL (Iglesia y Sociedad en América Latina), yo diría con una empatía crítica. En los 80 leí mucho de las obras de Karl Marx y publiqué un largo artículo sobre "lo que los cristianos latinoamericanos podemos aprender de Karl Marx". Además, siempre tuve presente especialmente a Kierkegaard, Karl Barth y Emil Brunner (y además Tillich y Bultmann), acompañados por René Padilla, Samuel Escobar, Pedro Arana, Rolando Gutiérrez, José Míguez-Bonino y otros autores latinoamericanos.
P.-Tengo entendido que usted ha dado muchos talleres sobre el Apocalipsis. Muchos piensan que este libro es muy difícil y hasta aterrador…
 R.-Yo puedo decir que mi vida ha sido toda una aventura emocionante con el Apocalipsis, especialmente desde mis estudios con mi amado profesor George Eldon Ladd, en el Seminario Fuller. He escrito un comentario exegético de cuatro gruesos tomos sobre ese libro. He estudiado cada versículo en el griego original, consultando a veces hasta cien libros sobre un versículo (comentarios, léxicos, diccionarios bíblicos, textos de teología bíblica y de teología sistemática y libros de historia antigua), luchando por captar el significado del texto. Comencé el comentario cuando estaba relativamente joven y terminé ya viejo. Para concluir mi comentario cito a un copista antiguo que al fin de su largo manuscrito suscribió, "El fin, a Dios las gracias".
Creo que el Apocalipsis parece difícil y espantoso solo porque lo leemos mal. La clave para entender bien este libro es leerlo en clave pastoral. Definitivamente, Juan tenía corazón de pastor. Desde un principio se presenta como "Yo Juan" (1;4), así de simple, sin títulos, y como "hermano y compañero de ustedes" (1:9). Enseguida introduce siete cartas pastorales (Ap 2-3), algo sin paralelo en la vasta literatura apocalíptica. En cada capítulo, cada página, habla un pastor para sus ovejas. Leído pastoralmente, es un poderoso mensaje de esperanza, no de miedo.
Como pastor, Juan habla de lo que afecta y preocupa a su congregación, en un lenguaje que ellos y ellas podían entender. Hasta los simbolismos eran ya conocidos, fáciles de descifrar. Sospecho que para ellos el Apocalipsis era uno de los libros más fáciles de entender, a lo mejor el más fácil. Es cierto que hoy encontramos algunos detalles difíciles, mayormente porque no tenemos algunas claves de interpretación, pero me atrevo a decir que no hay ningún pasaje (o párrafo) cuyo significado no sea discernible hoy. Al inicio de mi comentario señalo que el Apocalipsis es para los valientes pero también para los humildes, que saben decir "No sé" cuando no saben. Si alguien pretende entender todo, mejor no creerle nada porque no sabe que no sabe, y solo inventa respuestas.
Es evidente en el libro que uno de los problemas que más le preocupaba al pastor Juan era el culto al emperador romano. Éfeso, donde residía Juan, tenía en su avenida central un enorme templo al emperador, donde le adoraban, hacían sacrificios, oraban y lo adoraban en todo sentido. Hacían procesiones con una estatua del emperador, y las familias devotas y patrióticas colocaban mini-altares frente a su casa. No participar en todo eso acarreaba grandes sacrificios y peligros. En el caso del Apocalipsis, contextualizar el libro significa buscar los libros de historia romana y captar los argumentos políticos y económicos que están en el Apocalipsis.
P.-Entonces, ¿no es profético el libro del Apocalipsis?
R.-Aunque casi universal hoy, es un error entender "profecía" como equivalente exacto de "predicción" o "vaticinio". Los escritos proféticos del Antiguo Testamento (Isaías a Malaquías en la Biblia nuestra) contienen algunas predicciones, pero es realmente muy poco. El profeta es profeta no porque predice el futuro sino porque trae una palabra viva de Dios para el pueblo de Dios. Lo medular del oficio profético es denunciar el pecado y la injusticia y anunciar la promesa de Dios. Fee y Stuart, en su muy valioso libro  La lectura eficaz de la Biblia  (Editorial Vida),señalan, con base en una exégesis cuidadosa de los textos proféticos, que solo 5% de esos libros tiene algo que ver con el futuro, y eso mayormente muy cercano, cumplido siglos antes de Cristo. Además, según Fee y Stuart, sólo 2% es mesiánico y sólo 1% puede ser todavía futuro. El 95% que no tiene nada que ver con el futuro no es menos profético por no ser predictivo.
Las visiones del Apocalipsis pueden ser del futuro, pero no siempre ni necesariamente. También pueden ser del presente de Juan (las siete iglesias). En las visiones, los verbos están en tiempo pasado, no futuro. En el desarrollo de su mensaje pastoral Juan pasa a menudo del presente al futuro (1:5-9), del futuro al presente (1:10) pero también del futuro al pasado remoto (de 11:15-29 a 12:1-3 y siguiente). Es un error dar una preferencia  a priori  a interpretaciones futuras, como también es un error comenzar con un prejuicio contra ellas. Juan no era ni futurista ni preterista, sino pastoral. Ahora es nuestra tarea exegética decidir por las evidencias cómo entender cada pasaje.
P.-Debe ser difícil convencer a la gente de esa interpretación del Apocalipsis y cambiar sus ideas sobre temas como el rapto. ¿Cómo ha podido hacerlo?
R.-El maestro bíblico tiene que ser un "Cupido de la Palabra", muy enamorado de Dios y su Palabra y apasionado por enamorar a otros. Eso es un gran desafío con un libro tan temido como el Apocalipsis, que se acostumbra leer con una fuerte dosis de "espantología bestia-céntrica". He visto muchísimas veces que cuando este libro se lee como un mensaje pastoral cristocéntrico, la gente pierde ese miedo morboso y comienzan a vivirlo como lucha y esperanza. Y encantados por el libro, siempre, prácticamente sin excepción, terminan enamorados/as del Apocalipsis.
Ante el desafío de superar los prejuicios y tradiciones, he desarrollado mis propios métodos de enseñanza. Comienzo conversando sobre la diferencia entre los desafíos de la buena interpretación y les sugiero tres herramientas básicas para el estudio bíblico: una lupa, para mirar bien lo que está en el texto y lo que no está (ilustrado con muchos ejemplos); un borrador de pizarra, para quitar de nuestra mente lo que no está en el texto (esto los prepara sicológicamente para dejar ideas no-bíblicas por interpretaciones más fieles al texto), y tercero, un par de audífonos (para escuchar la voz de Dios y hacer su voluntad). Para ayudarnos a ubicarnos en el primer siglo, hago "entrevistas" con Juan de Patmos. Cuando le pregunté, por ejemplo, si su libro profetizaba televisoras y computadoras (1:7; 13:18), la pregunta le confunde totalmente y nos damos cuenta que no tiene la menor idea de la energía eléctrica.
Mucho del Apocalipsis es drama y se entiende mejor con dramatizaciones. Convertir en acción dramática el gran culto en el cielo (Ap 4-5) o de la media hora de silencio (8:1-6) aporta más a la comprensión de esos pasajes, mucho más que diez comentarios del griego. Toda la segunda mitad de libro (Ap 12-20) es un drama, profundamente significativo, de la larga lucha entre el dragón y el Cordero. Por otra parte, siento que comencé a entender el relato de los dos testigos (11:3-13) cuando unos pastores maya-quiché lo dramatizaron. Entraron los dos testigos y comenzaron a soplar fuego y a matar gente (11:5), llenando el piso de cadáveres. En eso entra la bestia y amenaza a los dos testigos, quienes, confiados en su poder sobrenatural, soplan juntos; pero ¡qué sorpresa!, no les sale fuego. La bestia los mata y hay dos cadáveres más en el piso. Los impíos celebran su muerte con una tremenda fiesta, pero después de varios días uno de ellos abre sus ojos y el otro comienza a mover los brazos, y resucitan y entran victoriosos a la presencia de Dios.
Al Apocalipsis tenemos que vivirlo, tenemos que leerlo con todos los sentidos de percepción: la vista, el oído (y el silencio), el olfato, el toque y el gusto. En este libro "incienso" no es solo una palabra, es una fragancia que uno comienza a olfatear (8:3). La iglesia de Laodicea daba a Jesús ganas de vomitar (¡qué sabor más horrible!), pero al final Cristo está tocando la puerta (tacto) porque quiere comer con ellos (de nuevo, el gusto pero bueno).
¡Qué libro más maravilloso y emocionante!
P.-En América Latina se está dando un crecimiento imparable de los evangélicos. ¿Va acompañado el mismo de una profundización teológica?
R.-El crecimiento ha sido fenomenal pero desigual, muy concentrado en unas pocas mega-iglesias y en los sectores neo-pentecostales de la iglesia. En general, ha habido una especie de banalización del evangelio, con "gritos de victoria", patadas al diablo, teología de la prosperidad y otras aberraciones. Pocos predicadores y predicadoras tienen una buena orientación hermenéutica para poder interpretar fielmente las escrituras con seriedad exegética.
Ha sido tanto el crecimiento de la población protestante y de la asistencia a los cultos, que constituyen ahora un importante bloque político. Un resultado de eso ha sido la formación de "partidos evangélicos", con muy altas posibilidades de elegir congresistas y hasta presidentes por una gran población que vota casi ciegamente por cualquier candidato "cristiano". Los resultados han sido casi siempre negativos. Sin un análisis claro de la condición del país ni mucho menos una voz profética para el pueblo, estos políticos han sido mayormente unos "politiqueros" oportunistas más, aliados incondicionales con el oficialismo reaccionario y corrupto, sin nunca decir esta boca es mía.
P.- Si hiciera una radiografía de la iglesia en América Latina, ¿cuál sería su diagnóstico?
 R.-La iglesia es la comunidad de la Palabra de Dios y vive por ella. Una iglesia es sana solo cuando su interpretación bíblica es sana. Una iglesia que especula con la Palabra de Dios, en vez de escucharla y obedecerla, no puede estar bien. Hoy día en las iglesias protestantes de América Latina se puede encontrar cualquier cosa, desde "apóstoles" y prosperidad hasta guerra espiritual y maldiciones generacionales. Y por supuesto, no puede faltar el diezmo. Aun cuando algunos de esos puntos fueran válidos, ninguno es central al mensaje del evangelio.
Lo más grave en esta situación es que las iglesias prohíben el examen crítico y no permiten pensar. El creyente fiel es el que dice "Amén" a todo sin cuestionar nada. Se cita constantemente: "No juzguéis", pero nunca: "juzgad por vosotros mismos" o "examinadlo todo". Personalmente, en toda mi vida y en los últimos años en mi sitio web ( juanstam.com ), he tratado de promover una sana criticidad, con cierto éxito pero con muchos cientos de denuncias por "murmurar" o por "tocar al ungido de Dios". Una revisión rápida de las respuestas a mis artículos sobre "apóstoles", profetas, diezmos y maldiciones, revela que la gran mayoría ni han entendido bien mis razones, ni mucho menos han podido ver tanto la posición mía como tampoco la de ellos/as con un análisis acertado. (Debo agregar que los que responden por correo personal casi siempre son mejor orientados).
Considero que la iglesia está pasando una grave crisis exegética, acercándose a un caos. El problema de la especulación, en lugar de la exégesis cuidadosa del texto, siempre estuvo muy serio en la interpretación del Apocalipsis. A veces el prejuicio ideológico distorsiona la interpretación ("los pobres tendréis siempre con vosotros"; "mi reino no es de este mundo"; no hace tanto escuché a un predicador concluir de la parábola de los talentos que Dios es el Creador de las desigualdades y muy contento con ellas). Más recientemente han abundado argumentos anti-exegéticos tanto a favor de los derechos homosexuales como en su contra.
Considero que nuestra tarea más urgente hoy es el rescate de la sana interpretación del texto bíblico, incluso la contextualización fiel y acertada del mismo, para orientar nuestra misión en el mundo de hoy.
P.-Hoy se habla constantemente de gobiernos corruptos que propician la injusticia social… Esto nos lleva a preguntar si es Dios quien pone a los gobernantes y si es pecado oponerse a ellos…
R.-Pablo escribió Romanos 13 antes de la masacre de cristianos/as por Nerón en el 64 d.C. Señalaba que la existencia de gobiernos es fruto de la gracia de Dios y que las autoridades tienen la espada para defender al justo y castigar al injusto. Pero unos 30 años después, Juan de Patmos explica en Apocalipsis 13, la contraparte de Romanos 13, qué pasa cuando el gobierno protege a los injustos y castiga a los justos: el dragón mismos dio a la bestia (muy probablemente el imperio romano) su trono y su gran autoridad (Ap 13:2); por eso, adorar al emperador era culto a Satanás (13:3-4).
A menudo se manipula el texto de Romanos 13. Bajo Somoza en Nicaragua, el texto favorito de sus partidarios era que Dios puso al dictador y había que someterse a él. Cuando los Sandinistas ganaron la guerra, esa misma gente cambió de texto y su mandato bíblico era Hechos 5:29: "Es necesario obedecer a Dios y no a los hombres".
P.- O sea que debemos seguir la estela de los profetas de antaño. E indignarnos cuando sea necesario…
R.-Ante el pecado y la injusticia, Dios es el primero de los indignados, y nosotros con él. La tarea de los profetas era denunciar y anunciar. En vez de callarse prudentemente, atacaban al pecado sin pelos en la lengua. El Espíritu que cayó el día de Pentecostés fue ese mismo Espíritu de los profetas antiguos. Eso significa que la Iglesia nació profética (Hch 2:17-18), levantando su voz de denuncia y anuncio, y además que todo/a creyente ("toda carne") debe de una u otra forma ser profético también y jamás anti-profético. En cuanto a "profetas" de oficio, de los que hay muchos falsos, deben ser juzgados por el modelo bíblico de denuncia y anuncio, no sólo por predicciones y cumplimientos (Deut 18:15-22; 13:1-5; sobre éste y muchos otros temas hay artículos en  www.   juanstam.com ; correo electrónico  juanstam@gmail.com ).
P.- ¿Debe la teología dar respuesta a la realidad de los tiempos que vivimos, ofreciendo una respuesta con el mensaje evangélico? ¿Es posible servir a Dios sin entender la realidad de nuestro mundo y de nuestro tiempo?
R.-Claro, la tarea de la teología es específicamente la de responder a los desafíos de su contexto, a la luz de la revelación divina. La teología es inseparable de la ética, y la ética incluye la vida política. Más que sólo respuestas, la teología debe plantearle preguntas a la realidad y orientaciones para enfocarla según principios y paradigmas bíblicos. Las escrituras hebreo-cristianas ofrecen paradigmas que debemos "conjugar" para las situaciones actuales. Ejemplos son el programa de alimentación internacional que organizó José en Egipto, el año sabático (Deut 15) y el Año de Jubileo (Lev 25), el Pentecostés, el último viaje de Pablo para traer ofrendas a los pobres de Jerusalén y todo el impresionante mensaje social y económico del Apocalipsis. El mensaje bíblico es riquísimo y muy transformador para la vida socio-política de los pueblos. La Biblia es un libro profundamente político.
P.-¿Piensa que a Dios le interesa la política?
R.-Para realizar su plan salvífico, Dios entró en la historia humana y comenzó con crear un pueblo suyo, para bendición a todas las naciones. Los pueblos son realidades políticas y Dios se interesa por ellos. Dios es Señor de la historia y la historia es política. Dios ama y busca la justicia y eso es profundamente político. Debe ser claro que "política" se refiere a la vida de la "pólis" (el pueblo, la comunidad). De la "politiquería" Dios se interesa pero para juzgarla.
Un sabio refrán, popularizado por Leonardo Boff, reza: "Todo es político, pero la política no es todo". La interpretación de la Biblia también debe ser política, pero no "politiquera". No se debe politizar el texto bíblico más político de lo que es, o en un sentido político contrario a su sentido original. Pero tampoco debemos despolitizar el texto bíblico, perdiendo la fuerza ético-política de su mensaje.
P.- ¿Qué es para usted la Misión Integral? ¿La ha entendido la iglesia latinoamericana?
R.-Es la comprensión multifacética del evangelio y su práctica concreta en todas sus dimensiones bíblicas. Busca superar los dualismos tradicionales entre alma y cuerpo, individuo y comunidad, eternidad y tiempo, iglesia y sociedad, fe y política. Busca integrar todas estas facetas en una sola fe viva. Esa fe se base en igual medida del "evangelio de Jesucristo" (encarnación, crucifixión, resurrección, regreso; evangelización) y "el evangelio del reino" (justicia, paz, igualdad). Vive integralmente la Gran Comisión, de hacer discípulos que obedecen lo mandado por Cristo (Mat 28:20) y la oración del Señor, "Venga tu reino, hágase tu voluntad en nuestras tierras hispanoparlantes, así como se hace en el cielo".
En mi opinión, muchas iglesias han entendido la dimensión social del evangelio, pero mucho menos la dimensión política.
P.- Pregunto: ¿Qué piensa de los evangélicos que han incursionado en la política de los países de América Latina?
 R.-Si están plenamente capacitados, inteligentes y bien orientados, y sobre todo si buscan el bien común y no el bien personal o eclesial, bienvenidos/as, pero que compitan a nivel nacional en uno de los partidos existentes. Como expliqué arriba, me opongo a los partidos protestantes aunque sean inevitables en nuestras circunstancias. Las iglesias protestantes constituyen un bloque importante de nuestras sociedades, casi totalmente carente de formación socio-política. La historia de los partidos "evangélicos" en América Latina es mayormente una vergüenza para el evangelio que pretenden representar. Muy pocos de ellos son luz y levadura del reino de Dios y su justicia. Casi nunca tienen una voz profética para la nación. Y para concluir, ¿qué mensaje darías a la iglesia hispanoparlantes?
Considero que la necesidad más urgente de nuestras iglesias es un mayor discernimiento al interpretar las Escrituras. Casi todos/as creen que la Biblia es Palabra de Dios, dada por acción del Espíritu Santo, pero a la hora de interpretarla muy pocos se acostumbran "escudriñar las escrituras, para ver si estas cosas [son] así" (Hech 17:11). Es importante recordar que el texto inspirado es una cosa y nuestras interpretaciones son otra cosa, muy humanas y falibles. Es interesante que la interpretación bíblica no aparece entre los dones carismáticos. Eso viene por examinar el texto y hacerle preguntas, con mucha oración ( bene orare, bene studere,  decía Lutero).
Hermanos y hermanas, ¡Comprometámonos con Dios, con su Palabra, con la Iglesia y con nuestros pueblos en su cruda realidad!
Finaliza la entrevista. Agradecemos a Juan Stam por aceptar dialogar con nosotros y traernos aires del otro lado del charco que nos recuerdan la amplitud del pueblo de Dios.
 
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Fuente: ©Protestante Digital 2014