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martes, 22 de septiembre de 2009

Aborto, sanidad, y la doble moral

Más de una vez hemos tratado el tema de la doble moral; ahora con el debate de la Sanidad pública en EEUU se muestra con toda claridad esta doble moral en muchos defensores pro-vida.
En primer lugar desplegaremos ante sus ojos la situación de la sanidad en EEUU. La sanidad pública gratuita cubre allí sólo aspectos indispensables básicos: que nadie muera de una apendicitis, o de una puñalada, sin ser atendido. Pero si entramos en diagnósticos o tratamientos más costosos, la cosa cambia. Sólo la poderosa sanidad privada, un auténtico negocio, es capaz de atender estos casos… a precio de oro. Resultado: sólo los más adinerados (¡o hipotecándose!) pueden costearse una sanidad que cubra todos los posibles riesgos con seguros con cuotas desorbitadas, o abonar los altos precios de las pruebas, terapias y atención médica.
Así, una persona de clase media, no digamos pobre, puede ver cómo un hijo suyo muere de leucemia porque no tiene dinero suficiente. O que por falta de medios una persona en plena edad laboral, con familia a su cargo, fallezca sin poder realizarse un trasplante hepático o cardiaco, o una quimioterapia para un cáncer curable de mama. Por poner algún ejemplo más. Dicho esto, la dificultad del cambio que plantea Obama (y antes otros presidentes de EEUU) es el lobby sanitario privado, que vería menguar de forma drástica sus ingresos; ya que muchos asegurados anularían sus pólizas al poder ser atendidos por la sanidad pública con la misma cobertura.
Y aquí viene la pregunta. Antes estos niños, hombres y mujeres que mueren ¿qué dicen las asociaciones pro-vida? Prácticamente nada. Y si comparamos esto con el volumen de la queja en contra del aborto, es un silencio desgarrador. ¿Vale menos la vida de un “nacido” que la del no nato? No, desde luego. Incluso se añade en el caso de la muerte del ya nacido el mayor daño del impacto a sus familiares y amigos. Esta doble moral no cuestiona en nada el mal que el aborto supone. Sería también una doble moral decir: como se calla ante la muerte de personas por déficit sanitario corregible, callemos también ante el aborto. Un mal no soluciona otro mal. Pero sí sirve para ver por qué a veces la voz moral o social de los creyentes tiene poca influencia en la sociedad. Le falta la contundencia de la integridad. Y la gente está cansada de defensores de valores puntuales, a menudos manipulados por intereses políticos, económicos o de otra índole.
Se necesitan voces auténticas, íntegras, que defiendan lo que creen les convenga o les perjudique. Con una moral que no se reduce a parcelas concretas, sino que se aplica de la misma forma a todos los aspectos de la vida. Por eso, igual que en su día manifestamos nuestra postura (coincidente con la de la Alianza Evangélica Española) en relación al aborto; aquí y ahora denunciamos el atentado contra la vida que suponen sistemas sanitarios en los que el ser humano es una mercancía. Y, de la misma forma, la hipocresía del silencio de quienes defienden la vida ante esta situación injustificable. Al fin y al cabo la sanidad pública es un modelo de solidaridad y justicia que son la base de la fe cristiana. Todos colaboramos a lo largo de nuestra vida, aunque estemos sanos, para que cuando llegue la enfermedad nadie quede sin atender y muera o sufra consecuencias evitables de la enfermedad.

Fuente: Redacción es la Dirección de Protestante Digital© Protestante Digital, 2009, España.

lunes, 21 de septiembre de 2009

El rostro de Calvino hoy: por todas partes

Calvino y sus diversas herencias en la tradición reformada (III)Por. Leopoldo Cervantes - Ortiz, México*

Con base en lo expuesto en esta serie, entre las múltiples opciones, posibilidades de desarrollo y mutaciones de la herencia calviniana, cinco siglos después proliferan enfoques de todos tipos y aplicaciones.

Ejemplificaremos algunas de las más llamativas (*).

La revista Time, en una encuesta sobre las 10 fuerzas que mueven al mundo, encontró que el llamado “neo-calvinismo” es una de las primeras. No obstante, para algunos observadores, esta corriente no es más que un retorno al conservadurismo disfrazado de supuesta renovación.(1) Richard J. Mouw, presidente del Seminario Fuller, en su libro Calvinism in the Las Vegas airport. Making connections in the modern world [Calvinismo en el aeropuerto de Las Vegas. Haciendo conexiones en el mundo moderno, Grand Rapids, Zondervan, 2004] sugiere que esta corriente, bien entendida como una religión dúctil, sirve muy bien para viajar y “hacer conexiones” (como reza el subtítulo), en el mejor espíritu posmoderno.(2)
En español, siguen los abordajes a la influencia de Calvino sobre el surgimiento del Estado moderno, algo que en otras latitudes no es ninguna novedad, pero que en nuestra lengua sigue siendo casi un descubrimiento. Muestra de ello es el libro de José Antonio Álvarez Caperochipi, quien revisa el impacto jurídico del movimiento religioso y en el capítulo dedicado a Calvino, parte de los aspectos eclesiásticos y la predestinación para aterrizar en los principios de organización de las comunidades reformadas, para plantear desde ahí el origen y desarrollo de la teoría del Estado según el reformador, enfocando dos aspectos fundamentales: el derecho a la resistencia y los inicios de la sociedad democrática. El capítulo siguiente se ocupa de cómo se secularizó el calvinismo en Inglaterra.(3)
Desde Suiza, la pastora Isabelle Graesslé en una entrevista (citada en el artículo anterior) afirma, tajantemente: “El calvinismo cree que todos somos iguales” y argumenta, entre otras cosas: “No merecemos la salvación, pero no justifica que nos quedemos de brazos cruzados”.(4) El desparpajo con que se expresa Graesslé es una postura que hace mucha falta en los círculos reformados, precisamente en la búsqueda de un mayor diálogo con las perspectivas actuales, menos orientadas hacia el dogmatismo de otros tiempos.
Una relación impensada, desde América Latina, es la que plantea el Rev. Obed Vizcaíno entre calvinismo y chavismo, pues como parte de los nuevos rostros de la fe reformada en nuestro continente, también es preciso afrontar los dilemas políticos con los recursos de la tradición religiosa. Evidentemente, una apuesta de esta naturaleza puede revisarse según cambien las coyunturas, pero arriesgar una postura no es algo muy frecuente. Porque estas palabras son sumamente enfáticas: “La iglesia Presbiteriana de Venezuela (calvinista), conjuntamente con otras Iglesias evangélicas del país, hemos sido vanguardia en muchos procesos liberadores que hemos vivido en nuestra patria en diferentes momentos históricos”.(5) El aporte calvinista, en este caso, provee una herramienta de análisis histórico e ideológico de la experiencia propia.
Finalmente, desde Turquía llega la noticia de que existe una suerte de “calvinismo islámico”, es decir, que por fin el espíritu empresarial está entrando en las categorías mentales y prácticas del mundo islámico en un país que desea ser europeo a toda costa. Para tal fin, algunos empresarios han “descubierto” que sus industrias sólo podrán despegar si ponen a funcionar el “espíritu calvinista” de la economía. Como refiere Sukru Karatepe, ex alcalde de la ciudad de Kayseri “Había leído a Weber, quien escribió sobre cómo los calvinistas trabajan duro, ahorran dinero y luego lo reinvierten en negocios”.(6)
De modo que, más allá del morbo de algunos blogs y sitios web, empeñados en mostrar el “rostros oscuro” de Calvino (algo que los calvinólogos de todos los signos han hecho hasta cansarse…), es posible encontrar lecturas y aplicaciones de todos tipos para la influencia del reformador francés, especialmente en estos tiempos en los que todo pasa por el tamiz de la crítica, y cuando es posible construir y desarrollar múltiples perfiles interpretativos que siguen poniendo sobre la mesa la actualidad de Calvino y su, muchas veces, impredecible influencia.

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(*) Ciclo de conferencias: “El pensamiento reformado en el contexto cultural actual”, Presbiterio del Estado de México (INPM), Iglesia Toluca, 5 de septiembre, 2009

1) David van Biema, “The New Calvinism”, en www.time.com/time/specials/packages/article/0,28804,1884779_1884782_1884760,00.html.
2) Cf. Brian Jones, “Calvinism in the Las Vegas Airport, by Richard J. Mouw”, en http://brianjones.org/books/book-review-calvinism-in-the-las-vegas-airport-by-richard-j-mouw
3) Cf. J.A. Álvarez Caperochipi, Reforma protestante y Estado moderno. Granada, Comares, 2008.
4) R. Carrizo Couto, op. cit.
5) O. Vizcaíno Nájera, “Carta al señor general Muller Rojas sobre el calvinismo”, en El Faro, mayo-junio de 2009, p. 92. Originalmente en www.aporrea.org/actualidad/a62553.htmln
6) Cf. Aasiya Lodhi, “El calvinismo islámico turco”, en BBC Mundo, 13 de marzo de 2006, http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/business/newsid_4801000/4801882.stm

Artículos anteriores de esta serie:

1 Calvino, el más católico de los reformadores
2 Caricaturas y mitos calvinianos

*Cervantes-Ortiz es escritor, médico, teólogo y poeta mexicano.

Fuente: © L. Cervantes-Ortiz, ProtestanteDigital.com (España, 2009).

domingo, 20 de septiembre de 2009

«Amazing Grace», la lucha abolicionista del político protestante W. Wilberforce, en los cines españoles

Este pasado 11 de septiembre se estrenó en las pantallas españolas la película “Amazing Grace”, una cinta épica e histórica acerca del pionero luchador contra la esclavitud, el político inglés de fe evangélica William Wilberforce.
La película se llama así por conocido el himno cristiano del mismo título (significa “Gracia salvadora”) compuesto por John Newton, que había sido capitán de barcos negreros durante muchos años, hasta que fue alcanzado por esta “gracia salvadora” abrazando la fe en Jesús. En una tormenta en el mar se convirtió, se arrepintió profundamente del sufrimiento causado a miles de personas esclavizadas y se hizo pastor protestante. Wilberforce le conoció y quedó impactado por él, influyendo en su lucha en contra de la esclavitud.
El estreno mundial de la película el pasado año coincidió con una fecha clave, ya que se cumplían 200 años de la votación que puso completamente fuera de la legalidad el tráfico de seres humanos en los dominios británicos.
LA PELÍCULA
Ioan Gruffudd (Black Hawk derribado, Los cuatro fantásticos) interpreta a Wilberforce, un hombre nacido en la época del Gran Imperio Británico, cuando la influencia del país en todo el mundo se encontraba en su máximo esplendor. Era, no obstante, una época en que se atisbaba el emerger del descontento popular, un tiempo en que los reformistas luchaban y lo daban todo por ser escuchados. Buen amigo del Primer Ministro más joven de Inglaterra, William Pitt el Joven (Benedict Cumberbatch, de la miniserie de TV To the ends of the Earth), ambos lucharán para lograr la abolición de la esclavitud.
WILBERFORCE, ANGLICANO Y AMIGO DEL PRIMER MINISTRO
William Wilberforce nació en 1759 en Hull, condado de Yorkshire. Hijo de un rico mercader y huérfano a los 17 años, se traslado con sus tíos a Londres. En 1776, Wilberforce entabló una profunda amistad con William Pitt, al que conoció estudiando en el St John´s College de Cambridge. Pitt acabaría siendo nada menos que Primer Ministro de Inglaterra durante 20 años.
Wilberforce entró en la actividad política antes de su conversión a Jesús; siendo tras esta experiencia espiritual que –tras muchas dudas- decidió seguir en esta labor y utilizarla como un instrumento para reformar la sociedad a partir de los valores éticos y morales del Evangelio.
Aunque conoció el metodismo que predicaba Juan Wesley, fue siempre miembro de la Iglesia Anglicana, y fundador de como tal de una sociedad misionera Church Misionary Society (CMS).
CONTRA EL ESCLAVISMO
Su campaña abolicionista no fue tarea fácil, ya que tocaba aspectos económicos y de estatus social muy arraigados. Pese a todo, Wilberforce y sus compañeros abolicionistas –Charles Fox en la Cámara de los Comunes y Lord Grenville en la Cámara de los Lores- no cejaron en el empeño.
Finalmente Lord Grenville y tras una intensa y larga lucha consiguió que la Cámara de los Lores aprobara por un margen insospechadamente favorable un proyecto de ley abolicionista. La Cámara de los Comunes confirmó posteriormente dicho proyecto de ley.
Aunque ya había sido abolido anteriormente en territorio británico el tráfico de esclavos (en cuanto a su captura y comercio) no se habían convertido en liberados aquellos que ya tenían esta condición antes de abolir el comercio de seres humanos.
Wilberforce tuvo tiempo de ver cómo el Acta de Abolición de la Esclavitud fue aprobada por la Cámara de los Comunes el 26 de julio de 1833. Pareció que vivía sólo para poder verlo con sus ojos, ya que tres días después falleció.
MULTIMEDIA
- Trailer de la película (en inglés, subtitulada en castellano) Amazing grace (video, 6 Mb )

- Una amplia reseña de “William Wilberforce, el M. L. King del siglo XIX que logró abolir la esclavitud en el Imperio británico” (por Samuel Crespo)

Fuente: Agencias, ProtestanteDigital. Edición: ACPress.net

sábado, 19 de septiembre de 2009

FEDERICO PAGURA: ¿Un teólogo arrabalero?

José Aurelio Paz. Matanzas

Con fotos del autor

Federico Pagura no está hecho de carne. Está hecho de historias. Historias que él mismo cuenta desde la ingenuidad del niño y la profundidad del teólogo. Pero cuando esas palabras comienzan a tomar cuerpo, más que su boca es su espíritu de trashumante quien convoca al diálogo, y es cuando las palabras van convirtiéndose en sus pies, sus ojos, su boca, pero, sobre todo, en su corazón.
Si bien como dijera Leopoldo Marechal “el tango es una posibilidad infinita”, así mismo es este hombre enamorado de la vida que siempre nos sorprende. Resulta que, ahora, Federico hace teología desde los bares y cantando tangos, a contrapelo de lo que puedan decir los ortodoxos, esos que no sacan a la Biblia del aula y de la iglesia por temor a que se “contamine”; incluso a que puedan pensar que la vejez le ha dado por cometer locuras; pero a pesar de los ochenta y tantos años, él sigue siendo el niño que nació en la Argentina, país vasto y profundo como su misma gente. Ante esta posibilidad de que lo censuren, sonríe para desarmar cualquier duda y su mirada es todo un bandoneón, ese misterioso instrumento germánico que vino a cantar las alegrías y angustias del hombre platense.
Cuenta que, en su niñez, el tango no estuvo presente. “Había nacido yo en el 1923, en Arroyo Seco, provincia de Santa Fe, pero ante la crisis del ’29, mi familia se trasladó a Rosario, una especie de Chicago argentino, como le llamaban, por su riqueza industrial. Asistía, en esa época, a un colegio norteamericano de mi iglesia, de manera que lo que absorbíamos era pura cultura americana."
-¿Era, entonces, el tango un “pecado”?
“No es que lo fuera, sino que solo aprendíamos canciones tradicionales norteamericanas. Por la mañana español y en las tardes el inglés. Simultaneábamos el Himno Nacional argentino con el de los Estados Unidos. Entonces el tango solo estaba presente en mi casa, en mi madre, en su piano que tocaba, porque le encantaba el tango; pero yo no sentía atracción por él.”
-¿Tiene conciencia de cuándo lo descubre como expresión del alma argentina?
“Siendo adolescente asisto a un campamento de verano. Mecánicamente estoy silbando uno cuando, de pronto, el director, que era un laico, me dice con cierto reproche: “¿Cómo es eso, Pepito, silbando un tango?”…
-¿Pepito le dijo?
“Sí, porque yo soy Federico José, por mi abuelo materno y Natalio por el paterno, que era italiano. Pues bien, el tango no estaba hecho para un joven cristiano y menos metodista. Recordemos que estamos ante un género que canta a la fatalidad, muy ligado al sexo, al erotismo como instrumento de lujuria, y eso no era propio de los ‘cánones éticos’ de la época…”
-Sí, el propio Ernesto Sábato ha dicho, algo bien polémico, que “se trata de una de las manifestaciones de ese sentimiento de inferioridad del argentino (que se complace en destruir lo que no se siente capaz de hacer)”
“Pues bien, comienzo a descubrirlo por cantantes que me gustaban más por la manera en que lo interpretaban que por lo que decían, como es el caso de Libertad Lamarque, Azucena Maizani, Carlos Gardel… Pero luego descubro a Discépolo, el autor de ese famoso Cambalache, y quedo fascinado por sus letras, por su escepticismo y su mirada ética que acusa a una realidad sociopolítica. Escribe con una crudeza tremenda; es por eso que aún, hoy en día, los gobiernos le temen, porque sigue la causa de la justicia y es un hombre que ha sufrido mucho.
“Incluso llego a conocer, entre las muchachas que iban al campamento, a la hija de Lenzi, el autor del tango A media luz, y así se va adueñando de mi vida, poquito a poquito, por distintos caminos, porque me di cuenta que es una música que tiene una filosofía muy propia y excelentes poetas.
“Ya de obispo de la Iglesia de Panamá y Costa rica me encuentro con un peluquero, en El Salvador, que, mientras me cortaba el cabello (yo tenía mucho más pelo entonces que ahora), me cantaba todos los tangos de Gardel al saber que era yo argentino. Los sabía todos de memoria, cosa que yo nunca he podido hacer. Creo que era un ferviente enamorado de Gardel. Luego, un pastor de mi iglesia, en San José de Costa Rica, tocaba la guitarra y también se los conocía toditos. Pero lo tuve en sangre, de verdad, cuando discutía con mi compañero de maestría, quien después fue mi obispo, Carlos Gatinoni. Un día le digo que me gustaría escribir un tango positivo, que se oponga a tanto pesimismo, que contrariamente a la nostalgia y a la pesadumbre, la borrachera y el suicidio, hable de la vida, del Evangelio, y Gatinoni me dice: ‘Federico, eso es imposible’. Creo que ese es el detonante para que escribiera, después, Tenemos Esperanza.”
-Entonces, ¿es ese su primer tango?
“Nada de eso. El primero se llama Solitario y lo escribí para un concurso de dentífricos Odol que no ganamos. Era un tango muy religioso, porque cuento cómo el hombre, incluso, puede estar rodeado de multitudes en un gran espectáculo, una carrera o un partido de fútbol y sentirse muy solo. Hablaba de que hay un compañero que ha venido a caminar con nosotros el camino de la vida; Jesús, y entonces digo que esa cruz que llevas al cuello no es un símbolo vacío, que ese Jesús es alguien que te quiere y quiere decirte algo… Quizás, algún día, lo haga conocer.
“Después es que viene Tenemos esperanza. No me pregunte cómo y cuando lo escribí, porque no lo recuerdo. Sé que lo hice bajo un estado de gracia. Luego se lo mando a mi amigo Homero Perera, que estaba en Mendoza, para que le ponga música. Yo estaba trabajando, por aquel entonces, con los refugiados chilenos que habían escapado de la dictadura de Pinochet y sentía esa necesidad de transmitirles algún sentimiento de que la situación de su país, más temprano que tarde, tendría que cambiar.
“Poco tiempo después el pastor Roberto del Río, muy amigo mío, venía silbando una melodía que me parecía hermosa y le digo: ‘Qué silbas, Roberto?’ Y me dice: ‘¡Tu tango, anoche acabamos de estrenarlo en la graduación del seminario’. Resulta que a Homero le habían pedido algo para esa ocasión. A la carrera le compuso la música y ni siquiera me avisó. Así fue que nació lo que un amigo y pastor luterano ha denominado ‘La Marsellesa de los protestantes’. He recibido muchas cartas de todas partes del mundo diciendo que es el mejor himno contemporáneo. No lo sé, pero sí sé que nació de la necesidad de expresarnos en tiempos de persecución, de muerte y dictadura.”
-Y ese fue el detonante para que nacieran otros…
“Sí, porque los he seguido escribiendo, aunque también he hecho letras para canciones que hablan de América Latina, su realidad y sus retos. Incluso, apareció un tango que quería yo escribir respondiendo a otro que se llama Las 40, en el que se dice: ‘Aprendí todo lo malo, aprendí todo lo bueno,/ sé del beso que se compra, sé del beso que se da;/ del amigo que es amigo siempre y cuando le convenga,/ y sé que con mucha plata uno vale mucho más./ La vez que quise ser bueno en la cara se me rieron;/ cuando grité una injusticia, la fuerza me hizo callar;/ la experiencia fue mi amante; el desengaño, mi amigo.../ Toda carta tiene contra y toda contra se da…’ Entonces, mi letra contrarresta ese pesimismo hablando de los valores humanos y de la vida que se haya en el Evangelio, de la fe y la esperanza que se dan en la lucha a favor de los pobres. Esa es la apuesta verdadera. Yo no apuesto por la mentira y la falsedad, sino por la verdad y la justicia.”
-Pero, aún, no me ha respondido la pregunta que dio pie a este diálogo. ¿No teme a que le crean con Alzheimer por eso de irse cantando por ahí? ¿O que le consideren un teólogo arrabalero?
Vuelve a sonreír con la mansedad de un hombre que ha vivido mucho: “No, no tengo temor a lo que piensen. Mi Dios es un dios de mil maneras”, dice. Hay una pintora llamada Yunque Dalmau; ese es su nombre artístico. Ella exhibió sus cuadros en un salón de las oficinas de nuestra iglesia, en Buenos Aires, al que le han puesto el nombre de mi esposa, Rita Margarita Alegría, en premio a su amabilidad y amor por las artes. Comenta ella, allí, que es una ferviente amante de Gardel y le dicen que a mi me encantaban los tangos y viene a conocerme. Luego, nace la idea de irnos a los bares de Rosario, yo a hacer teología desde el tango y ella a pintar.
“Hablamos, entonces, con un cantor que asistía a mi iglesia y él estrena el tango Chapa floja que escribiera yo en honor a la vida del pastor José de Lucas, quien era un magnífico bailador de tango junto a su esposa y, además, un luchador por los derechos humanos con una pastoral obrera muy interesante. Luego el cantor se enferma. Buscamos otro y nos dice que no. Y, finalmente, me animo yo a cantarlos, mientras Yunque pinta. Nos fue muy bien y decidimos que teníamos que buscar un lugar fijo y nos fuimos a La Esquina de Pugliese (aquel buen compositor que fue comunista y conocí en tiempos de dictadura) y hemos tenido tanta aceptación que decidimos continuar; claro, al piano está Homero, que es un magnífico instrumentista y atrae a mucha gente. También hemos llevado nuestro performance a las iglesias y allí explico sobre el valor del tango.”
-¿Y no piensa que eso puede afectar su imagen como una personalidad de la teología más avanzada de nuestro continente, como un indiscutible líder mundial del ecumenismo con un compromiso preclaro a favor de la justicia social?
“No. Unos me felicitan, otros se sonríen o se quedan sorprendidos porque no me conocen en esta nueva faceta, pero creo que en lugar de restarme, me suma, porque la vida es eso; una constante búsqueda, una constante transformación, no de las esencias, sino de su envoltura.”
-Y hablando de la vida, viene a mi mente la muerte. ¿Le gustaría que le despidieran de este mundo cantándole Tenemos esperanza?
“Podría ser… podría ser… aunque, me gusta mucho un himno que era el preferido de Rita y le cantamos cuando colocamos sus cenizas en una urnita, en el jardín de la iglesia que nosotros construimos y donde fuimos muy felices. Allí mi hijo, el que es actor, cantó eso que dice ‘Señor, heme en tus manos/ dirígeme y hasta el fin de mis pasos/ mi guía sé./ Sin ti ni un solo paso quisiera dar/ mi vida hasta su ocaso te he de entregar…’ Expresa una oración, un ruego, una entrega, pero creo que dejaría en libertad a quienes tuvieran la tarea de hacerlo, a menos que se me ocurra preparar mi propia liturgia para ese momento. “De todos modos creo que sí, que la gente cantaría Tenemos esperanza, porque sintetiza una utopía que todos llevamos dentro y porque se ha metido en las venas profundas de las iglesias.”

Ver más noticias de José Aurelio Paz
Fuente: Agencia Latinoamericana y Caribeña de Comunicación (ALC)

viernes, 18 de septiembre de 2009

William Wilberforce, el M.L. King del siglo XIX que abolió la esclavitud en el Imperio británico



Sublime gracia que salvó a un impío como yo reza uno de los himnos más conocidos en las iglesias evangélicas del mundo entero, una gracia que inspiró a un antiguo capitán de barco negrero, John Newton, tras una profunda experiencia de arrepentimiento y conversión a Jesús para componer una melodía y una letra que dos siglos después no ha perdido un ápice de su fuerza. Esta misma gracia también guió al principal artífice de la abolición de la esclavitud en el imperio británico, William Wilberforce, en su incansable labor hasta que, tres días antes de su muerte, vio como el Parlamento británico daba luz verde a la abolición de esta lacra social que aún hoy padecen millones de personas.
Precisamente es la vida de William Wilberforce la que acaba de llegar a los cines españoles el pasado 11 de septiembre, relatando su feroz lucha contra la esclavitud, con el título de “Amazing Grace”. Era mediados de 1785, cuando un joven rico y miembro del Parlamento británico desde los 21 años, William Wilberforce, se debatía entre seguir o abandonar la vida política a causa de su reciente conversión al cristianismo de raíz evangélica. Compañeros políticos y, ahora también, de fe tenían que soportar las burlas de una clase acomodada británica que no veía con buenos ojos ningún tipo de fervor religioso, y eso era algo que este gran orador de Yorkshire conocía. Después de consultar con su buen amigo de tiempos universitarios, y en esos momentos también primer ministro, William Pitt, y también con el líder cristiano John Newton, que había abrazado la fe cristiana después de largos años como capitán de un barco negrero, estos le aconsejaron continuar con su vida política “con mayor diligencia y compromiso” de lo que había hecho hasta la fecha. Así, Wilberforce optó por trasladar su nueva fe a la vida política para transformar la sociedad desde los órganos de poder.
HISTORIA DE UNA LUCHA
William Wilberforce nació el 24 de agosto de 1759 en Hull, condado de Yorkshire. Hijo de un rico mercader y huérfano a los 17 años, se traslado con sus tíos a Londres. Por su tía Hannah conoció el metodismo, denominación protestante fundada por John Wesley en el seno de la Iglesia anglicana. El metodismo sacaba la predicación a las calles, fuera de los templos, y pedía con ardor una reforma de las costumbres frente a un anglicanismo cada vez más “culto de Estado”, enfatizando la vida en santidad. Muerto Wesley, el metodismo se separó de la Iglesia Anglicana.
En 1776, Wilberforce entabló una profunda amistad con William Pitt, al que conoció estudiando en el St John´s College de Cambridge. Pitt acabaría siendo nada menos que Primer Ministro de Inglaterra durante 20 años. En septiembre de 1780, y después de haber comprado su escaño con una inversión de 8.000 libras –algo habitual entre los políticos de su tiempo-, Wilberforce había entrado en el Parlamento como independiente, dando su voto a uno u otro partido sin comprometerse con ninguno en concreto. A partir de 1785, las ideas políticas de Wilberforce sufrirían un importante y decisivo impacto que surgía de su nueva fe en Jesús y que le llevaría a defender la justicia social en una sociedad que, hasta la fecha, tenía bastante asumida la esclavitud.
Realmente, Wilberforce no fue el primer británico ni el primer protestante en clamar en contra del comercio de personas en Inglaterra. Un predicador tan influyente como el metodista John Wesley, pensadores de la talla de Adam Smith o grupos de cuáqueros ya habían abogado contra esta práctica que obligó a desplazar más de once millones de africanos a América, de los cuales un millón y medio perecieron durante el trayecto. De hecho, el parlamentario Wilberforce conoció estas ideas entre los años 1783 y 1784, pero no tomó partido por esta causa hasta después de su conversión al cristianismo, un año después. Pasado el tiempo, los grupos de personas que ya trabajaban contra la esclavitud organizaron una cena con Wilberforce para proponerle, formalmente, que él llevara esta causa hasta el parlamento británico, entendiendo que la única manera que tenían de luchar contra este comercio era desde los propios órganos legislativos que amparaban la esclavitud. Además de la lucha en contra de la esclavitud, Wilberforce trabajó en otro de sus principales retos políticos: conseguir una reforma moral en una Gran Bretaña que él consideraba decadente.
Después de varios años dedicados a recopilar testimonios y pruebas de las condiciones en las que eran transportados los africanos, la propuesta de abolición del comercio con esclavos –que no de la esclavitud- llegó al Parlamento en abril de 1791, pero fue rechazada por una amplia mayoría. Según los historiadores, la proximidad de la Revolución Francesa y las revueltas que se habían vivido en diferentes colonias del país vecino, habían sido el caldo de cultivo ideal para que las fuerzas conservadoras y contrarias a la abolición ganasen la votación con facilidad.
Este clima acompañó a Wilberforce y a todos los grupos que apoyaban la abolición del comercio con personas hasta bien entrado el siglo XIX. De esta manera, no fue hasta el invierno de 1807 que el primer ministro, Lord Grenville, volvió a impulsar la propuesta que recibió el apoyo de los parlamentarios británicos el 23 de febrero de ese año. No obstante a su salud cada vez más precaria, este inglés luchó a favor de la abolición completa de la esclavitud y, finalmente, vio su sueño cumplido tan sólo tres días antes de pasar a la presencia de Dios.
Doscientos años después, la localidad que le vio nacer, Hull, realizó un homenaje a la figura de este Martín Luther King del siglo XIX, homenaje que no quiso dejar pasar la ocasión para recordar que hoy en día hay más esclavos que en tiempos de Wilbeforce. Así, este inglés encontró en su fe los valores y la fuerza necesaria para impulsar, desde la minoría política, un proceso que acabó por igualar, en términos legales, aquello que ya está establecido en la Biblia: que todos los hombres son iguales ante Dios.
MULTIMEDIA
Fuente y Redacción: Samuel Crespo, Protestante Digital, Agencias, ACPress.net

jueves, 17 de septiembre de 2009

¿Qué pasa con los amigos del trabajo si uno es despedido?

Laura Rivchun perdió algo más que su trabajo cuando fue despedida en septiembre del año pasado. Perdió los almuerzos con sus compañeros del trabajo, la complicidad durante las reuniones laborales, las escapadas a tomar un trago al terminar la jornada. La camaradería que surge cuando alguien trabaja con un grupo reducido de personas.
"Una se siente muy sola cuando es despedida", dijo Rivchun, una neoyorquina de 58 años, que tenía un puesto administrativo en una firma de reclutamiento y trabajaba muy estrechamente con otras tres personas. "Nos divertíamos. Pensábamos igual".
Los despidos masivos derivados de la crisis económica están poniendo a prueba muchas amistades forjadas en los sitios de trabajo. ¿Pueden sobrevivir cuando alguien se va?
Aquí algunos consejos para que la partida no sea el fin de una amistad:

PARA EL QUE SE QUEDA:

NO SE SIENTA CULPABLE: Es normal que uno sienta un poco de culpa, dice Katherine Muller, psicóloga del Centro Médico Montefiore de Nueva York. Pero uno no debe olvidar que no tuvo papel alguno en la decisión, señaló. Y si uno participó de algún modo, no trate de ocultarlo. Dígale a su amigo algo tipo, "estuve en la junta que tomó la decisión; lamento mucho que pases por este momento difícil".

ESCUCHE LO QUE LE DICEN: No se moleste si su amigo habla pestes de la empresa, dijo Yager. Es común que alguien diga "no me gustaba trabajar aquí". Sea comprensivo con su amigo, sin hablar mal de la empresa, acotó Muller. Si su amigo sigue despotricando, trate de cambiar de tema. Pero tenga en cuenta que el despido es lo único que tiene su amigo en su mente.

SEA COMPRENSIVO: No se queje mucho de lo que le pasó durante el día, que al menos usted tiene trabajo, expresó Timothy Keiningham, coautor de "Why Loyalty Matters" (Por qué la lealtad es importante). Pásele a su amigo cualquier dato que tenga con una posibilidad de trabajo, asesórelo, estimúlelo y bríndele su apoyo. Pequeños gestos pueden hacerle saber a su amigo que uno está con él, indicó Keiningham.

HAGA NUEVAS AMISTADES EN EL TRABAJO: Si se siente mal al perder a sus compinches, trate de hacer nuevas amistades, recomienda Muller. Invite a alguien a comer, o a una caminata.

PARA EL QUE SE FUE:

NO SE ENOJE CON LOS QUE NO FUERON DESPEDIDOS: No diga cosas hirientes, como "trabajaba más que tú y me despidieron, mientras tú sigues allí", recalcó Yager.

Seguramente los despidos no fueron obra de los amigos que siguen en la empresa y no corresponde tomársela con ellos, dijo Patty Sias, profesora de comunicaciones de la Universidad Estatal de Washington en Pullman. Además, es mejor que no se pelee con nadie pues nunca se sabe si en el futuro surgirá la posibilidad de que vuelva a ser empleado por la firma.

DESAHÓGUESE, PERO SIN EXAGERAR: Sus amigos lo comprenderán, pero no se queje en voz alta de la compañía y de otros empleados, señaló Sias. "Cuanto mejor maneje usted su despido, mejores serán las probabilidades de que logre preservar las amistades que había hecho, e incluso de encontrar trabajo en el futuro", manifestó.

MANTÉNGASE EN CONTACTO: Si sobrevive la amistad, tendrá la sensación de que no perdió su tiempo, de que algo le ha quedado por más que ya no recibe un sueldo, dijo Sias. Además, sus amigos del trabajo pueden ayudarlo a conseguir otro empleo, ya sea pasándole datos o sirviendo como referencia.

CONSÍGASE NUEVOS AMIGOS: Renueve su círculo de amistades, recomienda Muller. Lo ideal es conservar los viejos amigos de la oficina y hacerse nuevos amigos.

PARA LOS DOS:

VÉANSE DE VEZ EN CUANDO: Cuando trabajaban juntos, se veían todo el tiempo. Ahora que no lo hacen, deben esforzarse por verse de tanto en tanto, indicó Sias.

ENFÓQUENSE EN LAS COSAS QUE TIENEN EN COMÚN: Las amistades que sobreviven son las que trascienden la esfera laboral, afirmó Sias. "Tal vez haya amistad entre las familias, pueden verse los fines de semana, hablar de cosas que no tienen nada que ver con el trabajo".

Por ejemplo, Rivchun dice que se mantiene en contacto con una compañera que también fue despedida. A las dos les gustan los museos y los mercados de pulgas. Dice que el tiempo que pasan juntas ahora parece más genuino que cuando se encontraban en el baño para hablar sin tapujos.

NO FUERCE LAS AMISTADES: Algunas amistades no sobrevivirán, advirtió Yager. Algunas pistas de que alguien no quiere reparar la relación: cuando no se devuelven llamadas, cuando uno busca excusas para no encontrarse con el otro, cuando uno siente que no había una amistad verdadera sino una relación laboral, cuando uno no extraña a la persona y, de hecho, se siente aliviada de no tener que lidiar con ella.
Fuente: Yahoo salud

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Pentecostés y la multiculturalidad del Evangelio

Por. Dr. Juan Stam, Costa Rica

La interpretación del día de Pentecostés** ha sido muy parcializada. Se ha concentrado casi exclusivamente en la experiencia del don de lenguas, sin dar igual importancia al profundo sermón de Pedro (Hch 2:14-41) y la radical comunidad que nació ese día (2:42-47). De la experiencia pentecostal, se ha concentrado casi exclusivamente en los fenómenos mismos y no en su significado. Y se ha olvidado casi por completo un tema central del relato: la naturaleza multicultural con que nació la iglesia aquel día. Este tema está presente, explícita o implícitamente, en cada uno de los tres momentos del relato.
Los impresionantes fenómenos de Hechos 2:1-13 no eran meros espectáculos, un sensacionalismo sin sentido. En la descripción, cada frase viene cargada de rico sentido bíblico-teológico. Los apóstoles, saturados desde su niñez de las escrituras hebreas, hubieran captado intuitivamente el mensaje que Dios les estaba comunicando. El primer fenómeno, "un ruido como el de una violenta ráfaga de viento" (2:2)1, traería recuerdos del relato de la creación de Adán, donde se emplea el mismo sustantivo (pnoê, viento, aliento de vida, Gen 2:7; 7:22) y del viento que había de soplar sobre los huesos secos (Ezq 37:5-10; cf. Jn 20:22). Sugeriría para ellos el nacimiento de la iglesia, por el soplo divino, como cuerpo del segundo Adán. El adjetivo feromenês (arrastrador, de ferô) se usaba para describir un huracán o un torbellino (Isa 17:12; 28:15; 29:6). ¡Sin lugar a dudas el Espíritu viene, hoy como ayer, con toda la fuerza de un huracán!
La siguiente frase es paradójica: ese viento "llenó toda la casa donde estaban sentadas".2 Un viento puede sacudir una casa, o hasta tumbarla, pero ¿cómo puede un viento "llenar" una casa? La frase alude a una serie de textos sobre la consagración del tabernáculo, (Ex 40:34-25) o el templo (1 R 8:10; 2 Cr 7:1-2 cf. Isa 6:1; del templo escatológico Ezq 10:4; 43:2-5), cuando una nube de gloria "llenó toda la casa".3 En cambio, en el Pentecostés toda la casa se llenó no de nube sino del viento poderoso del Espíritu. Este detalle, junto con el siguiente, marca a la iglesia como el templo del Espíritu del Señor.
El relato de la dedicación del templo de Salomón en 2 Cron 7:1 yuxtapone los mismos dos elementos del día de Pentecostés: "Cuando Salomón terminó de orar, descendió fuego del cielo y consumió el holocausto y los sacrificios, y la gloria de Yahvé llenó la casa". De igual manera, al inaugurar los sacrificios del tabernáculo, se manifestó la gloria de Dios y "de la presencia de Yahvé salió un fuego, que consumió el holocausto..." (Lev 9:24).4 Con fuego del cielo Dios confirmó también el sacrificio de Elías en el monte Carmelo (1 R 18:24,38), y quizá también el de Abel (Gén 4:4). Todo ese trasfondo bíblico enriquece al mismo simbolismo en Hechos 2: el Pentecostés es la solemne consagración del Nuevo Templo. Desde el Pentecostés, el fuego de Dios cae sobre el altar de nuestras vidas.
En este contexto, tan rico con un profundo significado bíblico-teológico para cada detalle, es de esperar que el don de lenguas también sea un mensaje que marque la naturaleza de la naciente iglesia. Podemos estar seguros de que no fue simple exhibicionismo o sensacionalismo (un "show"). Entonces es crucial la pregunta, ¿por que optó Dios por manifestarse precisamente por este don de lenguajes en el día de Pentecostés?
Pedro mismo, en su sermón, explica un aspecto de la lógica teológica del don de lenguas en aquel día: Jesús había prometido enviar el Espíritu después de su resurrección y ascensión. Ahora, afirma Pedro, "exaltado por el poder de Dios, y habiendo recibido del Padre el Espíritu prometido, ha derramado esto que ustedes ahora ven y oyen" (2:33). Es sencillo y contundente el argumento: sabemos que Jesús ha llegado a la diestra de Dios, porque desde ahí nos ha enviado el Espíritu, como ustedes han visto.
Pero eso no explica todo el fenómeno. ¿Por qué lenguas? ¿No era suficiente el poderoso sermón de Pedro, en que afirma claramente el hecho del don del Espíritu? ¿Por qué no hubiera sido un culto masivo de sanidades o de revelación profética de secretos de los presentes? Si Pedro les predicó en una lengua franca, a lo mejor griego (o arameo), y miles se convirtieron, ¿para qué hizo falta otra modalidad de comunicación verbal anterior?
Aquí es necesaria otra aclaración. En las epístolas paulinas, y en la práctica de glosolalía hoy, se trata normalmente de un hablar extático, en un elevado estado espiritual y síquico, que no corresponde a ningún idioma de ningún pueblo real. En cambio, las lenguas del día de Pentecostés fueron lenguajes humanos existentes.5 Y tenemos que preguntar, ¿Por qué eso? ¿No hubiera tenido igual efecto un don de lenguas extáticas, sin que fueran los idiomas que hablaban los presentes? Y otra pregunta: ¿Qué sentido tiene la inclusión de una larga lista de pueblos de los presentes (2:9-11)? Si fueran lenguas extáticas, ese recuento geográfico y étnico no tendría nada que ver con el tema.
Creo que tres frases en el relato del Pentecostés nos revelan el significado más profundo, y la razón de ser, de este don pentecostal:
"Cada uno los escuchaba hablar en su propio idioma" (2:6, dialektos).
"Cada uno de nosotros los oye hablar en su propia lengua en que había nacido" (2:8, idia dialektô hemôn en hê eggenêthêmen).
"todos por igual los oímos proclamar en nuestras lenguas (en tais hemeterais glôssais) las maravillas de Dios" (2:10)

En este pasaje, Lucas emplea dos palabras que significan "idioma". La primera, glôssa, es el término más común para algún idioma humano. Literalmente se refiere a la lengua como órgano físico, pero muy comúnmente significa lenguaje o idioma. Es el origen de la descripción del don de lenguas como "glosolalia". El otro término, dialektos, es un sinónimo generalmente equivalente, pero a veces puede tener un sentido más específico como "el lenguaje de una nación o una región" (Danker, A Greek-English Lexicon, p.232). Ese sentido se subraya por la frase "en que hemos nacido" (2:8), o sea, la lengua materna. . No bastaba escuchar la buena nueva en un idioma extranjero, aunque se lo podía entender; todos tenían que oír "las maravillas de Dios" en los tonos específicos de su propia lengua materna, en que habían nacido.
Esas evidencias no dejan lugar a dudas con respecto al suceso. ¡Los apóstoles, en la plenitud del Espíritu, de repente comenzaban a hablar en los idiomas de todos los presentes, idiomas que ellos mismos no conocían! F.F. Bruce y otros han sugerido que al ir hablando los apóstoles, comenzaban a incorporar frases y oraciones en otros idiomas, pero que los oyentes sí podían reconocer como sus propias lenguas y entender el mensaje ("las maravillas de Dios" (2:11). La sugerencia parece convincente.
Entre los judíos el Pentecostés se entendía también como celebración de la comunicación de la ley en el monte Sión. Según una tradición rabínica, "los diez mandamientos se promulgaron con una sola voz, pero dice, 'todo el pueblo percibió sus voces' (Ex 20:18), lo cual muestra que cuando la voz emergió, se dividió en siete voces y después en setenta idiomas, y cada pueblo recibió la ley en su propio idioma" (Midr. Tanchuma 26c). El impresionante paralelismo con Hechos 2, incluso la referencia a "unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos", refuerza el sentido multicultural del Pentecostés.
La importancia central de este tema queda todavía más clara cuando tomamos en cuenta el largo registro de naciones en 2:9-10, que interrumpe abrupto al relato narrativo. Si el don de lenguas ese día hubiera sido un simple hablar en éxtasis, sin relación a idiomas existentes, ¿qué posible sentido podría tener esta lista? La única razón de esta lista, aparentemente superflua y un poco aburrida al leer el capítulo, es que Juan quiso subrayar de esa manera, de nuevo, la multiculturalidad del evangelio. La lista simplemente especifica geográficamente lo que significaba "todas las naciones bajo el sol" (2:5). El evangelio respeta todas las lenguas y todas las culturas, para encarnarse auténticamente en ellas.
Ahora nos queda muy clara la razón y el sentido teológico del don de lenguas en el día de Pentecostés. No hubiera bastado escuchar, en un idioma extranjero para todos, el elocuente sermón de Pedro, en alguna lengua franca, aunque lo hubieran entendido bien. Cada pueblo, sin excepción alguna, tiene que escuchar la Palabra de Dios en los acentos más auténticos de su lengua materna, de su propia cultura, de su propia manera de vivir la realidad. Eso tenía que demostrarse desde un puro principio, en el día del nacimiento de la iglesia. La primera acción misionera de la iglesia, antes de predicar el primer sermón, fue dejar a todos escuchar "las maravillas de Dios" con toda la cadencia y la sonoridad, y las resonancias sentimentales, de la lengua materna.
El Pentecostés significa que el evangelio no tiene idioma oficial; ni el hebreo ni el griego (mucho menos el latín ni el inglés) pueden definir las categorías y las configuraciones culturales de nuestra fe. El idioma del evangelio es la lengua materna de cada creyente: cakchiquel, quechua, aymara, la que sea. Es la lengua en que tu madre te cantaba las canciones de cuna y te contaba las primeras historias que escuchaste. Sólo así el evangelio podrá expresarse y vivirse en los acentos auténticos de cada comunidad de fe. En el día del Pentecostés, el evangelio nació con auténtica identidad multicultural en cada sociedad evangelizada y por evangelizarse.
Cuando el evangelio llega a un pueblo, la única cultura a que pertenece debe ser la misma cultura del pueblo que recibe el mensaje. El evangelio puede encarnarse con fidelidad sólo en la auténtica idiosincrasia de cada pueblo. Por eso, ser pentecostal significa ser contextual y autóctono. Imponer algún lenguaje extraño o patrones cultures extranjeros es anti-pentecostal.
Esto significa que la persona maya o quechua, al convertirse al evangelio, no va a dejar de ser maya o quechua sino va a ser más maya o más quechua que nadie. En Cristo, va a descubrir nuevas dimensiones de su identidad étnica, nuevas y mejores formas de expresar la identidad de su cultura, cualquiera que sea. En Cristo la cultura no se destruye sino que se perfecciona. Cuando el mestizo o el indígena americano pierde su cultura al aceptar el evangelio, se está violando la voluntad del Señor y Redentor de todas las culturas. Eso se ve aun más dramáticamente en el lejano oriente, donde el "hindú" de la india pierde hasta el nombre de su cultura (es "hindú", no "indio" aunque es de la India). Los primeros misioneros denunciaban toda la cultura de la India como paganismo, en vez de buscar equivalentes funcionales para las fiestas, las tradiciones y las costumbres que constituían el meollo de la cultura nacional.
Pablo, en sus viajes misioneros, practicó también el principio de la identidad cultural. Frente a los judaizantes, Pablo rechazó el requisito de hacerse judío antes de poder hacerse cristiano para promover una nueva encarnación del evangelio en términos netamente gentiles (cf. 1 Cor 9:20-15).6 Después, cuando el Espíritu Santo le prohibió ir a Bitinia y le llamó a entrar al continente europeo (Hch 16:6-10), hacia el centro estratégico del mundo mediterráneo, comenzó un largo proceso de nuevas expresiones de la fe de acuerdo con las diferentes culturas de los que abrazaron el evangelio. Con el tiempo, el evangelio se contextualizó profundamente como un evangelio europeo, y después norteamericano, imponiendo lo euro-atlántico encima del mensaje original del evangelio. Un ejemplo de eso es la manera de hacer teología, muy racionalista pero totalmente ajeno al pensamiento de un aymara del Perú o de cualquier persona de la China o la India. La ortodoxia occidental nor-atlántica se identifica con el evangelio mismo y se pretende imponerla sobre los convertidos de otras culturas.
Esto ha producido una situación doblemente anti-cultural en muchos países. Tomemos a modo de ejemplo a Guatemala.7 Un misionero europeo o norteamericano llega a la capital con el evangelio (y gracias a Dios por ese tesoro), pero junto con el evangelio trae muchos kilos de "equipaje" agregado, ajeno a la cultura "chapina" y hasta contradictorio a ella. Se forma una sub-cultura europeizada o norteamericanizada, que ya no habla con los acentos del pueblo, como hablaban los apóstoles en el día de Pentecostés. Es una isla dentro de la cultura guatemalteca, una especie de quiste, que ya no es ni auténticamente guatemalteca ni auténticamente evangélica.
Después el mismo misionero norteamericano, o un hermano "ladino" de la capital, con su evangelio desnaturalizado, norteamericanizado y "ladinizado", llega a Chimaltenango, centro vital de la cultural cakchiquel, para evangelizar a los indígenas que no son "ladinos". Resulta entonces una misión doblemente alienante. Tal situación no puede ser la voluntad de Dios ni es la misión de la iglesia. En el caso de los cakchiqueles, a Dios gracias, ellos han rechazado esta doble imposición cultural y están luchando por encarnar el mensaje bíblico en los auténticos términos de su propio pueblo indígena.
Conclusión: Podemos afirmar para concluir que el Apocalipsis da una última expresión del mensaje bíblico de la multiculturalidad del evangelio. Llama la atención la mucha importancia que este libro dedica a la gran variedad de culturas y etnias en toda la tierra. Cristo, el Señor del universo y de todas las naciones (12:5; 15:4), nos "ha redimido con su sangre de todo linaje y lengua y pueblo y nación" (5:9). La multitud de los redimidos será de "todas las naciones, tribus, pueblos, lenguas" (7:9). Cuando la vocación profética de Juan se renueva, entre la sexta y la séptima trompetas, se le ordena profetizar otra vez sobre "muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes" (10.11). Según 14:6 un ángel predica "el evangelio eterno a...toda nación, tribu, lengua y pueblo".
La importancia que Juan da a esta fórmula puede verse como índice del significado de las realidades étnicas, sociales y lingüísticas para él. Más allá de un simple concepto abstracto de "universal", estas expresiones señalan la preservación escatalógica de las diversidades que marcan nuestra historia; Juan parece concebir "la vida perdurable" como caracterizada por las mismas identidades culturales de ahora. Al final del capítulo 21 Juan afirma que "las naciones andarán a la luz de ella [la nueva Jerusalén]; y los reyes de la tierra traerán su gloria y riqueza a ella...Y llevarán la gloria y la riqueza de las naciones a ella" (21:24,26). La mención de "naciones" y "reyes" en 21:24,26 parece indicar que Juan no está pensando simplemente en "los gentiles", como conglomerado abstracto, sino en entidades que son de alguna naturaleza socio-políticas. La nacionalidad no es algún agregado accidental al ser humano, para ser superada y dejada atrás en la vida eterna, sino pertenece a cada uno esencial y eternamente.
El mensaje del Pentecostés, como el de Pablo y del Apocalipsis, afirma con vigor el valor de las culturas humanas. Esta multiculturalidad se anunció ya en el día de Pentecostés por medio del don de lenguas. Por eso, irrespetar a otras culturas, querer imponer nuestra cultura sobre otras, e identificar el evangelio con una sola cultura, es profundamente anti-pentecostal. El evangelio de nuestro Señor y Salvador, el "Logos" del universo entero, florece en cada cultura según los valores y la hermosura de ella. En el jardín de Dios, se cultiva cada flor según su particular belleza cuando encarna al evangelio en su propia cultura.


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**Conocí al hermano Mitchell cuando lo invitamos, creo que en los años 60, a darnos unas charlas en el viejo Seminario Bíblico Latinoamericano. Nos habló sobre la antropología y la etnología de los pueblos peruanos originarios, los quechuas y los aymaras. Nos explicó los conceptos indígenas del mundo y la geografía, de su ética y sus valores y de su método de enseñanza por medio de historias. Esas charlas fueron un despertar para mí y cambiaron mi manera de pensar en muchos aspectos. Debo mucho a esa breve visita hace años, y ahora tengo el placer de dedicarle a "Bill", con mucho aprecio y agradecimiento, este breve escrito.



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1 La traducción de esta frase por RVR, "un viento recio que soplaba", es tanto inexacto como curioso. ¿Cómo sería un viento que no soplara?
2 Algunos afirman que fue el estruendo, y no el viento, que llenó la casa. La gramática y el simbolismo, como también los antecedentes bíblicos, indican que el viento es el sujeto del verbo.
3 A diferencia de esa nube de gloria, en Ap 15:8, antes de derramarse las copas de ira, el templo se llena de humo.
4 En seguida el texto relato que cuando Nadab y Abiú, los hijos de Aarón, "ofrecieron ante Yahvé un fuego que no tenían por qué ofrecer", salió de la presencia de Yahvé un fuego que los consumió" (Lev 10:1-3). En Num 3:4 y 26:61 se describe como "fuego profano" o "fuego extraño".
5 Algunos han argumentado que el único milagro fuera un milagro de escuchar, de cada receptor en su propio idioma, en vez de un milagro de hablar, de parte de los apóstoles, pero el argumento carece de bases sólidas. Es probable que Pablo se refería a las dos modalidades del don de lenguas con su frase, "lenguas humanas y angelicales" (1 Cor 13.1).
6 Algunos autores han sugerido que en los largos años entre su conversión y su primer viaje misionero, Pablo se dedicó a asimilar la cultura de los gentiles, a los que iba a dedicar su vida como misionero. Antes de convertir a los gentiles, él mismo se convirtió a la cultura greco-romana. Eso puede verse en las referencias a la literatura griega que cita Pablo, en la nomenclatura que introduce para las congregaciones y los líderes (ekklêsia, episkopos), en el lenguaje que a veces usa ("adopción" en sentido romano; "jugar el todo por el todo" paraboleúomai Fil 2.30) y en sus referencias a los deportes helenísticos (1 Cor 9:24-27). Siendo judío, aprendió a pensar y actuar como gentil para llevar las buenas nuevas a los gentiles. ¡Hasta se hizo fanático de los deportes!
7 Aquí me refiero a la iglesia guatemalteca como simple ejemplo, no como juicio a una iglesia que merece mi mayor respeto.

Fuente: Lupaprotestante