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domingo, 20 de septiembre de 2015

Ideología de género, se desmonta el mito



Por Pablo Caballero Llorente*
Unas pocas preguntas inocentes fueron suficientes para desmontar el mito de la ideología de género en una TV noruega.
El pasado verano tuvo lugar un golpe devastador para la “Ideología de Género”, curiosamente en los países pioneros de esta teoría. El Consejo Nórdico de Ministros (Consejo Intergubernamental de Cooperación Nórdico: Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca e Islandia) cerró el Instituto de género nórdico NIKK. Llama la atención que la noticia tuviera poca cabida entre nosotros. Tal vez porque es una ideología dominante que no consiente otras alternativas a su modo de pensar. La libertad de pensamiento es sagrada, pero con dos condiciones: que no pretendamos imponerlo a nadie y que se pueda opinar de modo realmente libre.
NIKK había sido el promotor de la “Ideología de Género” y proporcionaba la base “científica” a las políticas sociales y educativas que, a partir de 1970, contribuía a que los países nórdicos fueran más “sensibles al género”. La decisión de cerrar el Instituto fue tomada después de que la televisión estatal noruega emitiera un documental en el que se expone el carácter absolutamente anticientífico del NIKK y su “investigación”. ¿Por qué el citado Consejo Intergubernamental decidió cerrarlo? Porque ese programa de televisión −puede verse YouTube con el título “lavado de cerebro” (primera parte, segunda parte)−, con un entrevistador desenfadado y sin prejuicios, dejó al desnudo a los cerebros de NIKK.
En su documental, Harold Eia −así se llama el reportero− realiza algunas preguntas inocentes a los principales investigadores y científicos del NIKK. Luego transmite las respuestas a los científicos del mundo, sobre todo Reino Unido y EE.UU. Esas respuestas provocan risas e incredulidad entre la comunidad científica internacional, porque esta ideología no viene apoyada por ninguna investigación empírica. Eia, después de filmar esas reacciones, regresa a Oslo, y se las muestra a los investigadores de NIKK que se quedan sin habla, totalmente incapaces de defender sus supuestos. Unas pocas preguntas inocentes fueron suficientes para desmontar el mito de la ideología de género en una TV noruega.
En Italia ha aparecido un libro “Quiero a mamá: desde la izquierda contra el falso progreso”, cuyo autor es Adinolfi, cofundador del PD italiano (izquierda de Walter Veltroni), que explica de muchos modos cómo y en qué influye la ideología de género y anima a luchar razonadamente contra ella. Está movido por leyes y sentencias que, basadas en esa ideología, admiten las mismas cosas que ya conocemos en España. En un pasaje escribe, por ejemplo, esto: “Hay que proclamar una verdad: somos hombres y mujeres… ¡qué estudios de género! Y no solo eso. Todos nosotros provenimos de la unión de un hombre y una mujer. Todos. Indistintamente. Esta es una verdad y, como decía Husserl, la verdad tiene una característica: es autoevidente, no hay necesidad de demostrarla”.
En Beijing 1995 se dijo que la expresión ideología de género se refiere a las relaciones entre hombres y mujeres basadas en roles definidos socialmente que se asignan a uno u otro sexo. Lo que significa que ser hombre o mujer no tiene nada que ver con la realidad biológica, sino con las funciones que la sociedad ha asignado a cada sexo. La gente sencilla se asombrará, pero esta ideología impone que la sociedad nos asigna un papel u otro en función del sexo, pero que no somos mujeres u hombres en virtud de la genitalidad. Tras eso, unos son educados en la masculinidad y otros en la feminidad. La ideología de género afirmará que ambos roles vienen a ser una construcción social y no una determinación de nuestra genitalidad. Por tanto, lo adecuado es que cada uno elija.
Sería muy largo el recorrido por los sucesos anteriores y posteriores a esa reunión de Beijing, pero lo cierto es que esta cuestión de no identificar sexo biológico con lo que cada uno es, ha ido pasando a las legislaciones de diversos países y, por supuesto, del nuestro. Quizá lo último ha sido una ley andaluza sobre el tema. He leído un artículo donde se dice que es delictivo no estar de acuerdo con tal asunto. Comencé diciendo que cada uno puede opinar lo que desee, excepto vivir de que se imponga su doctrina −hasta con aviso de delito− sin posibilidad de réplica. Uno puede convertirse en homófobo, misógino o en tranxesófobo (creo que he leído esa palabra u otra parecida). Y ser perseguido por la justicia.
No condenaré a nadie, pero me resisto a que me impongan nada, ni siquiera la fe porque una fe impuesta no sirve. Pueden sacarme las guerras de religión, la inquisición o lo que gusten, pero prefiero que todos seamos respetuosos con todos. Pueden también decir una vez más que la Iglesia tiene que ponerse en orden con el tiempo en que vivimos, pero pienso −y lo expreso sin ambages− que muchas veces son los tiempos los que se nos van de las manos, es decir, que aparecen modas, ideas o costumbres que deberían concordar mejor con la naturaleza de las cosas. Desde la escucha a la opinión diversa, pienso posible decir sosegadamente que la sexualidad es aquella dimensión humana en virtud de la cual la persona es capaz de una donación personal específica, como mujer u hombre

*(Pablo Cabellos Llorente. Las Provincias 1 diciembre de 2014)
Fuente: Observatorio de Bioética

sábado, 19 de septiembre de 2015

Ideología de género, ¿se puede seguir sosteniendo científicamente?



Por. Justo Aznar, España*
La ideología de género sostiene que el sexo se construye, no se determina genéticamente con el nacimiento. Es el medio ambiente, la educación, las relaciones sociales y familiares y a la postre el deseo de cada individuo el que determina qué sexo se puede asignar a cada persona.
Sin embargo, no parece que exista evidencia médica para sostener esta postura, más bien al contrario, parece que es el sexo genético el factor más determinante para definir la condición sexual de un individuo y no lo que afirma la ideología de género.
A esta controversia nos parece que ha venido a arrojar una indudable luz el caso de David Reimer, un joven transexual, que acabó suicidándose tras una tormentosa trayectoria vital. La noticia se recoge en el ABC digital (http://www.abc.es/ sociedad, con fecha 24 del 8 de 2015), artículo que por su interés transcribimos.
Brenda no supo que había nacido siendo un varón hasta que tuvo 15 años. Fue una tarde de 1980 cuando su padre, torturado por el sufrimiento que veía, le reveló el historia que habían estado manteniendo en secreto: había nacido en Canadá siendo Bruce, junto a su hermano gemelo Brian, pero una negligencia médica durante una circuncisión en 1965 había destruido sus genitales.
En un intento desesperado porque la vida de su hijo fuera satisfactoria, sus padres se pusieron en contacto con un psicólogo que aseguraba que la condición sexual no es innata, sino que es asignada mediante la educación en los primeros años de vida. Es decir, que si trataban a Bruce como Brenda, este se convertiría en una mujer plena, en vez de sufrir como un hombre sin pene. Se trataba de John Money, un psicólogo del hospital Johns Hopkins (Baltimore) famoso por sus teorías sobre el género. Además, era una oportunidad inigualable para Money de demostrar sus teorías, ya que tendría un sujeto de control: Brian, con la misma carga genética que su hermano, pero que tendría una orientación diferente.
El 3 de julio de 1967, los médicos sometieron a Bruce a una castración quirúrgica (quitándole los testículos) y le modelaron una vagina. Bruce se convirtió en Brenda a la vez que en un conejillo de indias. Mientras, las instrucciones para sus padres, Janet y Ron, fueron claras: no contarle jamás lo que había ocurrido.
Los niños fueron creciendo y la situación se fue complicando. Según contaría Janet ya en los años 90 al periodista de la revista «Rolling Stone» John Colapinto, la primera vez que trató de ponerle un vestido a Brenda intentó arrancárselo. «Recuerdo que pensé: “¡Dios mío, sabe que es un chico y no quiere que le vista como a una chica!”». Pero no solo fue aquello. Cuando su hermano jugaba a afeitarse con su padre, Brenda también quería. «Mi padre me dijo: “No, no. Tú vas con tu madre”. Me puse a llorar, “¿Por qué no puedo afeitarme también?”», contó él mismo. Desde pequeña incluso insistía en orinar de pie.
Por su parte, su gemelo identificaba a Brenda como a una hermana. «Pero ella nunca actuó como tal», reconoció al periodista de «Rolling Stone». «Si le regalaban una comba, para lo único que la usaba era para atar a la gente o para azotarla como si tuviera un látigo. Nunca la usó para su propósito real. Jugaba con mis juguetes mientras que los suyos, como una lavadora, solo los usaba para sentarse».
Estudio John/Joan 
Sin embargo, para cuando cinco años después el doctor Money publicó el primer libro sobre el «estudio John/Joan» (como lo había bautizado) bajo el título «Man & Woman, Boy & Girl», las conclusiones que reflejaban eran las opuestas. Money aseguraba que tras haber enfatizado en el uso de la ropa femenina, Brenda ya tenía una clara preferencia por los vestidos. Que se sentía orgullosa de su pelo largo. Que por Navidades había pedido una casa de muñecas y un carrito de paseo. Que la orientación de género se había impuesto.
Para cuando Brenda llegó a la adolescencia sufría depresión y se había intentado suicidar al menos una vez. También tomaba estrógenos. Cuando el doctor Money le instó a que se sometiera a otra cirugía, se negó rotundamente. Fue entonces cuando sus padres decidieron contárselo. Fue entonces cuando Brenda pudo volver a ser un chico. Eligió de nombre «David» en honor al héroe bíblico que, desafiando todas las probabilidades, mató al gigante Goliat. Se sometió a una faloplastia y se quitó los pechos que le habían crecido gracias a las hormonas. Para cuando cumplió 23 años, se casó.
Los dos gemelos acabaron suicidándose en un lapso de dos años
Sin embargo, su familia había quedado destrozada. Su madre Janet cayó en depresiones clínicas repetidas que requerían hospitalización. Su padre Ron se convirtió en un alcohólico. Su gemelo Brian abandonó los estudios y trató de suicidarse en varias ocasiones hasta que lo consiguió en 2002. Dos años después, con 38 años, David hacía lo mismo tras haberse divorciado años atrás de su mujer.
Objetivo soporte médico  en contra de la ideología de género
La historia de David Reimer saltó a la luz en 1997 gracias al doctor Milton Diamond de la Universidad de Hawai, quien convenció a David de que contar su caso ayudaría que no le ocurriera a nadie más. Meses después salía publicado también el artículo de John Colapinto que en el año 2000 se editaría en un libro titulado “Tales médicos, quirúrgicos y sociales combinados no tuvieron éxito en hacer que este niño aceptara una identidad de género femenina entonces, tal vez, tengamos que pensar que hay algo importante en la constitución biológica del individuo».
Nos parece que poco mas se puede añadir a este controvertido caso, que si bien, por su individualidad no puede significar algo definitivo sobre la ideología de género, sí que aporta un objetivo soporte, aunque parcial en su contra (Ver libro “Como la naturaleza lo hizo”).

*Justo Aznar
Observatorio de Bioética UCV