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martes, 10 de noviembre de 2009

LA IGLESIA LATINOAMERICANA FRENTE AL RETO DE LA POSMODERNIDAD III

Por Luis Viñas
La posmodernidad está retando a la Iglesia Evangélica. Muchos en el ministerio sugieren que esa concepción diferente está influenciando velozmente la ideología contemporánea. La filosofía posmoderna es una reacción al fracaso de las propuestas políticas, a la inmoralidad científica y a la falta de respuesta religiosa a los problemas contemporáneos. La filosofía posmoderna propone nuevas características: un elevado interés en la comunidad, darle suma importancia a la experiencia personal, ver a la verdad como algo subjetivo, condenar las propuestas absolutas, respetar la pluralidad de opiniones, aceptar la fragilidad del progreso etc.
¿Qué está haciendo la Iglesia latinoamericana ante este nuevo paradigma filosófico? En su gran mayoría falta realizar un análisis profundo en relación a lo teológico, misionológico y los métodos o causas de acción para su influencia.
EL RETO TEOLÓGICO
La teología viene a ser la reflexión del querer articular la fe de tal modo que responda a los nuevos desafíos que surgen del contexto contemporáneo. Del narcisismo a la auto negación El narcisismo es un enamoramiento de sí mismo. La palabra procede del antiguo mito griego sobre el joven Narciso, de especial hermosura, quien se enamoró insaciablemente de su propia imagen reflejada en el agua1, y al querer atraparla muere ahogado. ¿Cómo podemos analizar teológicamente la amenaza del Narcisismo? En cualquier blog (en Internet) se pueden encontrar las propuestas del movimiento del potencial humano que propone el amor a uno mismo para poder amar a los demás2. Tengo que confesar que estas ideas no solo son extraídas de un blog, o de la literatura Kleenex que encontramos en las librerías. También escucho esas propuestas en diferentes encuentros cristianos. Esta auto deificación es denominada como el tercer mandamiento que se desprende de el gran mandamiento3. El tercer mandamiento es amarse a uno mismo para poder amar al prójimo.
John Stott hace los siguientes comentarios al respecto:
Primero, y gramaticalmente, Jesús no dijo 'el primer mandamiento es amar al Señor tu Dios, el segundo amar al prójimo, y el tercero amarse a uno mismo'. Habló únicamente del primer gran mandamiento y del segundo que se le parecía. La adición de 'como a ti mismo' proporciona una guía sencilla y práctica para el amor al prójimo, porque nadie aborreció jamás a su propia carne [cuerpo, vp]"(Efesios 5.29). A este respecto, es como la regla de oro de que "todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos" (Mateo 7). No cabe duda de que la mayoría de nosotros nos amamos a nosotros mismos. De modo que sabemos cómo querríamos ser tratados, y esto nos indicará cómo tratar a otros. El amor a uno mismo es algo que hemos de reconocer y una regla a tener en cuenta, no una virtud a ser recomendada. Segundo, y lingüísticamente, el verbo es agapao, y amor ágape significa auto sacrificio en el servicio de otros. Por lo tanto no puede ser algo dirigido a uno mismo. El concepto de sacrificarnos con el fin de servirnos a nosotros mismos es absurdo. Tercero, y teológicamente, el amor a uno mismo es lo que la Biblia entiende como pecado (2 Timoteo 3.1-5). Su amor estará mal orientado, hacia sí mismo en lugar de hacia Dios y el prójimo.
Fuente: ©2009 Logoi, Inc. Todos los derechos reservados www.logoi.org

lunes, 9 de noviembre de 2009

¿Cuáles son los retos para la Iglesia en Latinoamérica? II

Por Ricardo Estévez Carmona


Introducción
Un panorama a futuro en cuanto al desafío que nos plantea la Iglesia en Latinoamérica, puede mirarse desde dos perspectivas diferentes: una, desde quienes estamos en el ministerio; otra, desde quienes son nuestros ministrados.
Entre los primeros, tenemos una opinión comprometida con la visión general de nuestra denominación, misión, institución o iglesia en la que servimos. Algunos recibimos nuestro sueldo de una organización, de las ofrendas de nuestra congregación o del sostén provisto por nuestros auspiciadores en el país y/o el extranjero; por nada del mundo arriesgaríamos el sustento de nuestra familia por deslizar comentarios que puedan provocarles algún disgusto. Otros, aunque honorarios, procurarán no desentonar con el sentir general, pues tampoco querrán exponer sus puestos, cargos, responsabilidades y funciones en la iglesia, si por dejarse llevar por pruritos de franqueza aventuraran juicios proféticos o presagios apocalípticos, que pudieran resultar incómodos.
Aun rozando la frontera de nuestra integridad moral, por experiencia hemos aprendido que nuestra sinceridad debe adaptarse a las circunstancias particulares de cada cual, y así como no osamos juzgar criterios disímiles al nuestro, esperamos igual comprensión si por buscar la paz con todos evitamos ceder a los impulsos radicales de nuestro espíritu en lo profundo de la conciencia. Por más que simpaticemos con el profeta Micaías (1R 22; 2Cr 18) nuestra ética profesional nos inhibe de llevar las cosas al extremo de fastidiar a los que no piensan y sienten como nosotros.
En cuanto a los segundos, no siendo dependientes en lo económico ni teniendo que defender prestigio eclesiástico alguno, son enteramente libres para pensar, decir y escribir como les plazca, pero también constituyen el sector menos informado, por lo que normalmente optan por plegarse al sentir de los más entendidos. Sin embargo, el adelanto tecnológico, con la Internet principalmente, está logrando que buena parte de la membresía de nuestras iglesias tenga libre acceso a toda la información disponible en la red, en forma inmediata, fácil y económica. Aunque sin estudios teológicos formales, y apenas con una enseñanza media, nos plantean dificultades serias cuando algo que hemos dicho y que no les pareció correcto, lo plantean en un foro cristiano, y al poco rato les empieza a llover respuestas desde todas partes del mundo.
Este sector mayoritario de nuestras iglesias, constituye así tanto un positivo desafío como un peligro real a nuestra solvencia ministerial, de modo que el influjo cibernético tanto puede aprovechar en la mejor instrucción y edificación espiritual de nuestros ministrados, como para cuestionar nuestra formación y desempeño en el ministerio. Por supuesto, este aspecto apenas es observado en los ámbitos urbanos y juveniles, ya que en las áreas rurales y entre personas ya mayores no suele haber tal inquietud.
Salvaguardando por un lado toda responsabilidad personal, y aprovechando la ventaja de un aggiornamento acorde a la realidad contemporánea, trataremos de sintetizar nuestro asunto interpretando ese sentir libre y espontáneo de tantos cristianos latinoamericanos que en forma anónima hacen oír su voz en los foros, ya que no se animan o no se les da lugar a hacerlo en sus propias congregaciones.
Apatía de predicadores y sus oyentes
En contraste con los sermones que leemos en Los Hechos de los Apóstoles, los de la Reforma del Siglo XVI y los predicados en los avivamientos en Gran Bretaña y América del Norte hasta los inicios del Siglo XX, los dados en nuestro continente cada vez suelen ser más breves, menos bíblicos, con menor contenido teológico y mayor énfasis en lo social y psicológico. No es de extrañar entonces que tal formato no apasione a los oradores y mucho menos a sus oyentes. Las audiencias no tienen noticia de formas distintas a las acostumbradas, por lo que careciendo de los referentes históricos se conforman con lo que hay.
La elocuencia del otrora fogoso predicador puritano casi inmóvil en el púlpito pero estremeciendo a los oyentes en sus bancas, se ha trocado ahora en la dinámica que exhibe en un estrado desde donde grita, gesticula, salta y danza, cuando no camina y hasta corre por el pasillo micrófono en mano, en un inusitado despliegue de energía –de la carne, no del espíritu; ya que los presentes no distinguen. En reacción a esto, un reto que se presenta a cuantos se sienten llamados a la predicación en América Latina, es hacer una revisión de los recursos homiléticos, empapándose en los ejemplos bíblicos y aprendiendo de los históricos. Retomar la Sagrada Escritura y la unción del Espíritu Santo es todo un desafío.
Confusión: ¿A qué se va a la reunión?
A flor de labios la respuesta aprendida siempre será: -A adorar a Dios. Aunque parezca acertada y pertinente, no está acorde con la lección dada por el Señor Jesús a la mujer samaritana, quien hace a un lado el espacio físico o lugar geográfico para encarecer la realidad de la adoración en el espíritu del auténtico adorador (Jn 4:21-24). Así, lo que en el cristiano debe ser una actitud continua y constante se relega al momento de la reunión, para tras ella volverse a sumergir en las preocupaciones mundanas. Por supuesto, los “verdaderos adoradores” en su propia cámara y hogar, procurarán también hacerlo juntos en la congregación.
Una “adoración fuerte” se toma también por la intensidad de las sensaciones percibidas, sea por la estridencia de la música, la amplificación durante el canto, el batir palmas y zapatear, y las oraciones a grito pelado donde nadie entiende a nadie. Otra acertada respuesta podría ser que se va a la reunión (muchos dicen “a la iglesia” como si ignoraran que los congregados lo son y no el edificio), para aprender de Dios y de la Biblia. Pese a lo deseable que sería que así fuera, apenas excepcionalmente se hallará algún lugar donde se expliquen los atributos de Dios y se exponga la Palabra en forma sistemática. Generalmente los maestros enseñan lo que ya todos saben; y por no estar ellos mismos al momento aprendiendo, ni tienen ellos que enseñar ni los otros como aprender. Otra buena respuesta podrá ser que se va para disfrutar de la comunión fraternal. Pero son muy pocos los que llegan antes de hora o los que quedan un rato después del culto. Al participar de acuerdo al rígido programa estipulado, no hay más oportunidades que una breve tomada de mano con los de al lado y eventuales saludos con algunos, pues todos se precipitan luego a la puerta para salir cuanto antes. Quienes piensan que tal comparecencia dominical les libra del reproche de Hebreos 10:25 están equivocados. Acá cabría preguntar: ¿a qué no se va a la reunión? Respondemos: ni a entretenernos ni a divertirnos. Otro reto para el futuro de los cristianos latinoamericanos será el de darnos tiempo y ocasión para practicar Hebreos 10:24. Así, nadie dejaría de congregarse.
Creyentes, crédulos e incrédulos
Como buenos cristianos evangélicos de raigambre protestante y tradición reformada, mantenemos antiguos códigos como “La Biblia, toda la Biblia, nada más que la Biblia” o el “Sola Scriptura, Sola Gratia, Sola Fide” y la salvación únicamente por Cristo y su sacrificio a nuestro favor. Hasta ahí andamos bien. Sin embargo, en nuestro contacto con los hermanos, hallamos que algunos son creyentes -en quienes la Palabra de Dios actúa (1Ts 2:13)-; otros son crédulos (2Co 11:4; Gl 1:6) -dispuestos a creer a cualquiera y cualquier cosa-, y aun otros incrédulos que tampoco conocen a Dios aunque la iglesia ni cuenta se dé de ello (1Co 15:34) a pesar de saber que “no es de todos la fe” (2Ts 3:2). Que actualmente los creyentes en cualquier iglesia estén en minoría con respecto a la suma de crédulos e incrédulos, es posible que pueda sorprender a unos y que haya dejado de ser noticia para otros.
La pregunta suele ser: -¿Cómo pudo llegarse a eso? Las respuestas tendientes a explicar tal situación ponen la falla en el discipulado. Se aduce que el seguimiento a los profesantes en las campañas evangelísticas o a los que responden a las invitaciones a entregarse a Cristo, ha sido superficial y deficitario, apresurándose con el bautismo y admisión a la membresía de la iglesia. De este modo se exime de responsabilidad a los evangelistas, traspasándola a los conductores en las iglesias. Sin embargo, habiéndose siempre copiado lo que parece ha dado resultado en el hemisferio norte, a muy pocos se les ha ocurrido hacer una revisión de los métodos masivos de evangelización y técnicas efectistas para conseguir “decisiones”. O si lo hicieron, son renuentes a hablar de ello, o no hallan eco en otros. La “gimnasia salvífica” (levante la mano, póngase de pie, pase aquí adelante, arrodíllese, repita conmigo, llene su tarjeta de decisión) ha demostrado que apenas en contadas ocasiones ha dado resultados genuinos y permanentes, y aún esto por la sobreabundante gracia de Dios que pasó por alto las técnicas de manipulación.
Normalmente nadie parece convencido de su pecado ni arrepentido. Pero ¿qué pecador querrá salvarse si no tiene conciencia de estar perdido? La esteriotipada fórmula “Acepta a Cristo como tu Salvador personal” consigue asentimientos, pero sin que se produzcan conversiones. Si no se es renacido de arriba, por el Espíritu, ¿cómo podrán ser salvos? Por otra parte, la presentación de Jesucristo suele destacarlo como el gran solucionador de todos los problemas. Así que ¿por qué no aceptar a Cristo si Él puede dar paz, salud y prosperidad? Los que tienen suerte con el seguimiento y discipulado, se arriman a alguna iglesia y acaban por asimilarse a ella, en donde encuentran a otros cuantos en sus mismas condiciones. Es posible que testifiquen que algo sintieron cuando se hizo el llamado, si se les impuso las manos, el acompañamiento musical, etc. Pero apenas excepcionalmente alguno testificará que se ha visto libre de sus pecados porque ahora sabe que el mismo Cristo que los llevó sobre su cuerpo en la cruz los ha lavado para siempre con su sangre. Este no es ningún requisito teológico demasiado exigente. Sin embargo, es todo una rareza. Volver a predicar el evangelio en toda su pureza nos hará conocer el poder de Dios en la salvación de los pecadores. Cuando no los “famosos” sino en el nombre, la persona y la obra de Jesucristo sean nuevamente levantados, entonces muchos serán atraídos por Él en arrepentimiento y fe para ser salvos.
Recuperando y avanzando
Finalmente, una revisión a la luz de la Escrituras y de la historia, ayudará a retomar la senda que nunca debió abandonarse, junto al rico botín que fue dejado por el camino. Aunque los cambios son esenciales a toda idea de progreso, solamente contribuyen al mismo si son realmente mejores a lo que ya se tiene. No pocas veces se ha ensayado con novedosos métodos que siendo exitosos en otras partes, trasladados a la peculiaridad de nuestra propia cultura han resultado en fracaso. Hay formas, maneras, de llevar a cabo la evangelización, que no solamente cuentan con el aval de la Biblia, sino también de la historia. No necesariamente un calco; pero con adaptaciones menores acordes a la época y lugar donde se labora, es posible desarrollar emprendimientos que extenderán el reino de Dios entre nuestros pueblos latinoamericanos.
Todavía parece repercutir en nuestros oídos el reproche del Señor Jesús: “¿Por qué me llamáis ‘Señor, Señor’, y no hacéis lo que yo digo?” (Lc 6:46). Si lo confesamos como Cabeza de su Iglesia, ¿por qué despreciamos su señorío? (2Pe 2:10). ¿Seguiremos presumiendo de manejar al Espíritu Santo en lugar de dejarnos usar por Él? Si todos los miembros de las iglesias se pusieran a trabajar con sus dones, obedientes al Señor, en fidelidad a su Palabra, bajo la dirección de su Espíritu, por amor a las almas y para la mayor gloria de Dios, ¿cómo no se transformarían en vergeles los desiertos y pantanos espirituales de nuestro continente?

Fuente: ©2009 Logoi, Inc.
Todos los derechos reservados
www.logoi.org
Ganador del Segundo Premio del Concurso Literario LOGOI, noviembre 2009

domingo, 8 de noviembre de 2009

La Iglesia ante los Retos en América Latina (I)

Rvdo. Roberto Rodríguez Rodríguez

Los inicios de la Obra Evangélica
En América Latina y el Caribe, el protestantismo tiene raíces históricas que datan del siglo XVl. Para citar sólo algunos casos, en 1555 el capitán Le Clero, amigo y agente del conocido líder hugonote Almirante Gaspar Coligny, viajó a la Habana acompañando al corsario Jacques de Sore. Por esa época Nicolás Durand de Villegagnon, le escribió a Juan Calvino pidiéndole que le enviara pastores protestantes para su colonia en la Bahía de Guanabara (Río de Janeiro). Uno de los pastores enviados fue Jean de Léry.
Las actividades del corso y el contrabando trajeron a Cuba, de modo circunstancial a personas de otras religiones, llamadas “herejes”. En el libro el “Espejo de Paciencia” -primera obra literaria aparecida en la Islatambién se les denominaba “gente luterana” donde se describe el ataque del francés Gilberto Girón en 1604. En el 1741, los ingleses desembarcaron en Guantánamo, Cuba, donde fundaron la Comunidad Cumberland -de corta duración- donde celebraron cultos al estilo anglicano.
Las Misiones Foráneas
Después llegó la etapa de las misiones foráneas con el abnegado trabajo y la dedicación de aquellos grandes misioneros que trajeron el Evangelio a nuestros pueblos. Los misioneros sentaron una serie de pautas y principios que deben tenerse en cuenta hoy, como la pureza del mensaje, la Palabra de Dios como centro de la vida cristiana y como nuestra regla de fe y conducta, la entrega y el sacrificio personal de los siervos del Señor, entre otros. Se sabe que la gran mayoría de aquellos misioneros(as) pudieron dedicarse en sus países a negocios u otras profesiones más lucrativas y remuneradas, pero renunciaron a todas esas oportunidades para dedicar sus vidas a llevar el evangelio a lejanas regiones. Tales sacrificios jamás deberán ser olvidados. También debe imitarse su visión e interés de llevar el Evangelio a todos los rincones de nuestros países, incluyendo los campos y ciudades y los sectores indígenas.
Fundación de las Iglesias Nacionales
Como fruto del esfuerzo de los misioneros y misioneras, se organizaron las iglesias nacionales. Estas han pasado por diversas etapas de desarrollo. Recordamos el éxito de aquellos énfasis evangelísticos en décadas pasadas, como el Evangelismo a Fondo, el Evangelismo Agresivo, las grandes campañas evangelísticas y la predicación a través de los medios de difusión y la literatura. Todas las denominaciones han hecho su mejor esfuerzo. Como resultado, ha habido un crecimiento substancial de la obra evangélica en el continente. En el Brasil los pentecostales y los luteranos se han hecho fuertes. También las diferentes confesiones han crecido en Chile, y otros países del continente y en América Central y el Caribe. Hoy las iglesias cuentan con grandes evangelistas, teólogos y escritores latinoamericanos muy destacados y un buen número de misioneros(as) sienten el llamado a otros continentes. Sabemos de algunos que han ido a países del Islam.
Desafíos para la Iglesia en América Latina
Nuestro continente debe enfrentar muchos de los males que afectan al mundo de hoy, y que las iglesias no pueden desconocer, porque los cristianos también formamos parte de la sociedad humana. Están los problemas ecológicos fundamentalmente, el cambio climático, los problemas socioeconómicos, como la pobreza, las pandemias, las drogas, la pornografía, la prostitución, la pérdida de los valores, espirituales, sociales, y cívicos. La división de la familia, la discriminación de la mujer en algunos países, y el grave problema de la emigración. La CEPAL estima que más de 20 millones de latinoamericanos, o uno de cada veinticinco, viven lejos de sus familias y país de origen.
Presencia Cristiana
Hoy más que nunca hay necesidad de la praxis del Evangelio y del testimonio cristiano. Como luz, sal y levadura (Mat. 5: 13-16) la iglesia debe tener una presencia en la sociedad. “No te ruego que los quites del mundo sino que los guardes del mal” (Juan 17: 15). No podemos darnos el lujo de “pasar de largo” y dejar hombre herido en el camino. Hay que detenerse y ayudarlo. (Lucas 10: 31-33) La misión integral de la iglesia se expresa también en la participación de los creyentes en la vida de la sociedad y en las instituciones. “Como la araña que atrapas con la mano y está en palacios de rey” (Prov. 30:28), los creyentes debemos estar presentes en todas partes. Recordad a Daniel y los jóvenes hebreos que participaban de la vida de la sociedad, babilónica ejerciendo gran influencia sin “contaminarse” manteniendo sus principios, por lo cual se ganaron el respeto y la confianza de sus contemporáneos. Como no se concibe a un ejército acuartelado en tiempos de guerra. Tampoco la Iglesia -el ejército de Dios debe pasar todo el año “acuartelada” y “atrincherada” en los templos, mirándonos las caras, “confraternizando” y “gozándonos” mientras en torno a nosotros, el mundo llora y sufre.
Desafíos en el Campo Religioso
Existen otros retos para la iglesia que debemos enfrentar ya que sus efectos y consecuencias negativas, limitan, neutralizan y debilitan la capacidad de la Iglesia para jugar un papel más útil e importante ante estos retos generales. Veamos:
Estos desafíos pueden clasificarse en exteriores e interiores.
1. Primero está la denominada “invasión de las sectas”, la influencia de corrientes religiosas orientales y las tendencias teológicas negativas, la intolerancia religiosa, la intransigencia teológica y la influencia del liberalismo teológico.
2. Por otro lado, están las divisiones entre las iglesias evangélicas, que incluye el choque entre las
iglesias tradicionales o históricas y los nuevos grupos evangélicos, las corrientes y tendencias negativas, el profesionalismo del clero, la falta de preparación bíblico-teológica de sectores del clero protestante, los conflictos y choques en la evangelización, la llamada “pesca en pecera” y/o robo de miembros.
Es posible que algunos de esos desafíos sólo tengan un carácter regional, pero de hecho, son problemas reales para las iglesias.
Mentalidad Pre-colombina
Es lamentable que algunos eclesiásticos mantengan todavía una mentalidad “precolombina”. Atrincherados en sus antiguos prejuicios, métodos y esquemas. Por supuesto, que no hay que renunciar a las tradiciones y valores históricos tan caros para todos nosotros, porque se correría el riesgo de perder nuestra identidad como iglesia. Pero, hay que recordarles a algunos, que el tiempo ha transcurrido y que estamos en el siglo XXI con sus nuevas demandas y desafíos, que exigen y necesitan respuestas adecuadas y actuales. Los procedimientos y enfoques pueden variar de acuerdo a las nuevas circunstancias y demandas. La Biblia es más que un manual de conducta. Es un libro de principios que pueden ser aplicados a las necesidades y desafíos en todas las épocas y lugares. Esa es la razón fundamental de que La Biblia tiene un mensaje de valor permanente.
Influencia del Liberalismo Teológico
Por otro lado, el liberalismo teológico sigue tratando de despojar a Las Sagradas Escrituras de su carácter sobrenatural. También ofrece soluciones a los problemas sociales, basado en una especie de humanismo religioso. Pero recordar que el humanismo, que pone al hombre en el centro, deja fuera la fe. Hay que continuar insistiendo más que nunca en la inspiración de las Escrituras y en la inerrancia de La Palabra de Dios, sin mitos, ni errores, ni contradicciones, como guía segura en esta batalla de la fe. (2 Tim 3: 16)
Soluciones Irreales
También las sectas y algunas tendencias eclesiales negativas ofrecen soluciones totalmente irreales, y antibíblicas, como los que enseñan que el cristiano no tiene por qué sufrir, y el denominado “evangelio de la prosperidad” que apelando a lo peor que los hombres llevan por dentro, predican que los cristianos tienen y pueden ser ricos, lo que no deja de ser una ironía y contradicción en medio de la pobreza y desigualdades del mundo. Por supuesto, que el mal no está en las riquezas, sino en el afán y la ambición por ellas. Se ajusta más al espíritu de La Biblia, hablar de una distribución justa y equitativa de las riquezas. (Prov. 30:8)
El Peligro de Un Clero Profesional
Sin generalizar y sin pecar de injustos, pues hay muchos valores jóvenes en las iglesias, hay que señalar que existen sectores en el clero que no están debidamente preparados para la misión, que no están a la altura de las circunstancias, en especial entre los más jóvenes. Algunos hablan de que se están produciendo pastores “en serie”. Algunos los llaman pastores de “microwave”. Algunos están “quemando etapas” en la preparación de sus misioneros y pastores. En la formación teológica debe enfatizarse la misiología y la práctica pastoral.
Otra preocupación es la tendencia hacia un clero profesional. Que el pastorado se convierta en un modo de vida. Un pastor se refería a su trabajo diciendo “esta es mi comida y tengo que defenderla”. Hay que volver a enfatizar el llamamiento de Dios, y revivir la visión misionera de nuestros fundadores, y con Isaías decir: “Heme aquí envíame a mí” (Is. 6:8).
Unidad en la Diversidad
Las iglesias han crecido en número; sin embargo, persisten nuestras divisiones. Es impostergable ir hacia una unidad en la diversidad y terminar con el escándalo de la desunión. Una iglesia dividida es fácilmente manipulable. Debe continuarse promoviendo un acercamiento entre las diferentes confesiones y/o denominaciones. Manteniendo cada cual sus peculiaridades, enfoques y tradiciones - lo que de hecho ha contribuido a enriquecer el protestantismo- debe buscarse una unidad en la diversidad, para enfrentar como iglesia la problemática de nuestro continente. Este proceso debe comenzar o continuar en cada país, después a niveles regionales y continentales. Independientemente, de los esfuerzos que cada cual esté haciendo o pueda hacer por su lado, ante los actuales desafíos, es muy importante e indispensable esta unidad estratégica -no orgánica- de las iglesias. De esta forma la iglesia irá ganando espacios en la sociedad. Está por ver la influencia para bien, que una iglesia protestante unida, significaría para nuestro continente. Una iglesia con una sola voz sería muy respetada. Satanás conoce la influencia y la autoridad que una iglesia unida tendría y por eso no cesa en su afán de dividirnos.
Contactos
Una iglesia unida con intereses y objetivos comunes, propiciará la búsqueda de soluciones. Es absolutamente, prioritario establecer frecuentes contactos entre las diferentes denominaciones. Estos tendrían lugar a todos los niveles, nacional regional y continental. Con una agenda de trabajo que incluya todos estos temas que nos afectan e interesan como iglesia de Jesucristo. Todo esto ayudaría a encontrar soluciones y trazar estrategias comunes en la misión y dar respuestas adecuadas a todos estos desafíos. Trabajando en enfoques comunes y planes de evangelización, limando y superando las asperezas y roces que puedan surgir en la tarea
evangelística.

Fuente:Rvdo. Roberto Rodríguez Rodríguez
©2009 Logoi, Inc. Todos los derechos reservados www.logoi.org
Ganador del Concurso Literario de LOGOI, noviembre 2009