¡Vos podes ayudarnos!

---
;

viernes, 10 de abril de 2009

Cristo Jesús fue Resucitado

Alegrémonos porque Cristo ha resucitado; que esta luz siga brillando en los corazones de los fieles. Nos motive a seguir haciendo la tarea para una sociedad que necesita un mensaje esperanzador. Luis Edo Cantero

jueves, 9 de abril de 2009

Felices pascua le desea: Luis Eduardo Cantero

Hay en el mundo un lenguaje que todos comprenden: es el lenguaje del entusiasmo, de las cosas hechas con amor y con voluntad, en busca de aquello que se desea o en lo que se cree. Paulo Coelho
Felices Pascuas

martes, 7 de abril de 2009

Soy un radical, conservador, liberal.

Por Juan Stam. San José, Costa Rica.

En mi juventud, de mis años universitarios, ayudé a organizar un debate sobre el tema, ¿"Es posible ser 'conservador' en teología pero 'liberal' en política"? ¡Interesante pregunta! Casi todos, en la Universidad Wheaton de los años 40, dábamos por sentado que ser "evangélico" significaba necesariamente ser también republicano en política nacional. El compañero que defendió la posibilidad de mantener la fe evangélica sin ser conservador en política ganó el debate rotundamente y abrió una ventana de luz en mi mente que me liberó para emprender un peregrinaje con Dios, que me llevó después por los caminos de América Latina.Los tres términos del título de estas líneas son muy imprecisos, especialmente cuando se emplean para categorizar peyorativamente a otras personas. En nuestros círculos evangélicos, "liberal" suele significar cualquier cosa que no nos gusta y que a nuestro parecer se aparta de la fe ortodoxa. Pero en otros círculos "conservador" significa reaccionario, dogmático y a-críticamente cerrado a las evidencias. Y para muchos, "radical" implica extremista y a veces hasta terrorista. Pero al contrario, creo que cada uno de estos términos significa un valor positivo que todos debemos encarnar.

(1) Ser conservadores significa empeñarnos por conservar con fidelidad el mensaje bíblico y la rica herencia de la historia de la iglesia. La fe cristiana se rige por un "canon" y se nos ha transmitido a través de veinte siglos de testimonio fiel. Creo que muchos mal-llamado "conservadores" no tienen la menor idea de lo que pretenden conservar, pues no se dedican al estudio serio de las escrituras ni mucho menos a la historia de la teología. La inmensa mayoría de los cristianos y las iglesias que son "evangélicos" de hueso colorado (como decimos en Costa Rica) no tiene la menor idea de los grandes Reformadores y los principios fundamentales de la teología reformada, anabautista y arminiana-wesleyana. Sin sentido histórico es imposible ser realmente conservador.La verdad que la mayor parte del conservadurismo no es teológica sino ideológica. Expresa un temor ante el cambio y una alergia aguda contra todo pensamiento crítico. Eso no es realmente conservador sino reaccionario y fundamentalista. Es la actitud de "la vida sigue igual" y "nada ha cambiado desde el principio de la creación" (2 Pedro 3:4). Esa actitud me parece una traición al Dios que hace nuevas todas las cosas (Ap 21:5). Yahvéh (nombre mal traducido como "Jehová") es el Dios que acompañó a un pueblo nómada en su peregrinaje por el desierto. Es probable que "Yo soy el que soy" significa mejor "Yo seré el que seré" (Ex 3:14). Es el Dios de un futuro dinámico, no de un pasado estático.

(2) El diccionario de la Real Academia define "liberal" en primer término como " Generoso, que obra con liberalidad". Conforme a ese sentido fundamental del término, ¿cómo podría un cristiano o una cristiana no querer ser "liberal"? ¡Y mucho menos un evangélico, que sabe que vive de la generosa gracia de Dios! Me parece una contradicción muy triste que tantos cristianos sean "il-liberales" con actitudes mezquinas en vez de generosas y bondadosas. Según algunos estudios sociológicos, los miembros de muchas iglesias muestran más prejuicio y más fanatismo que los que no asisten a ninguna iglesia. Algunas iglesias son patogénicas, que vuelven a las personas más cerradas y prejuiciadas de lo que habían sido. ¡Que Dios nos tenga misericordia, y nos ayude a ser más liberales!Otra definición de "liberal" reza, "Inclinado a la libertad, comprensivo", lo que también debe caracterizar al pueblo de Dios. Esto incluye la libertad de pensamiento, sin la que no podríamos buscar la verdad, de la que ningún ser humano es dueño, ni examinar nuestras convicciones y conducta por sanos criterios cristianos. El evangelio es libertad en Cristo (Jn 8:32; Gal 5:1,4,13) y predicar el legalismo es negar a Cristo para ofrecer "otro evangelio" que merece la condena de Dios (Gal 1:8). Qué irónico y lamentable que tantas iglesias ayer y hoy están en un legalismo anti-evangélico, sea de los viejos tabúes (no fumar, no bailar, no beber vino) o nuevos legalismos (el diezmo; asistencia a cultos, la sumisión al pastor-dictador o al "apóstol").Otro significado de "liberal" es "aficionado a dar". Pues, en ese sentido, ¡que Dios nos hace a todos ultra-liberales! Ser liberal con todos, y especialmente a los más necesitados, es una dimensión indispensable de la ética cristiana. Se nos olvida que entre los que no entrarán al reino de Dios están los avaros (cf. 1 Jn 3:17). En muchas iglesias ellos entran por la puerta ancha, pero al reino de Dios ni por la puerta de atrás, porque no son liberales.
En teología, "liberal" tiene un sentido histórico muy específico. Fue un movimiento teológico que comenzó a finales del siglo XVIII y dominó el XIX. Su mayor fundador, de apellido Schleiermacher, intentó volver el evangelio compatible con la mentalidad racionalista de su época. Interpretaba la religión en los términos sicológicos de "sentimiento piadoso de dependencia absoluta", Cristo como el ser humano con el mayor grado de ese sentimiento, la Biblia como una antología de la historia de la piedad, etc. Central al movimiento liberal fue "el evangelio social", una teología válida pero a veces reduccionista (reducir el evangelio a su dimensión social). Contra ellos surgieron los fundamentalistas, con una especie de "evangelio anti-social" y su propio reduccionismo aun más craso. Toda la teología consistía en la interpretación literal de la creación, la inspiración divina de las escrituras, la deidad de Jesucristo (menos o nada sobre su humanidad), la muerte y resurrección de Cristo y su segunda venida (pero casi nada sobre la iglesia, el reino de Dios y su justicia, la nueva creación). Fue quizá más extremo su reduccionismo en el terreno ética: la moral cristiana se limitaba a los clásicos tabúes: no fumar, no tomar, no bailar, no ir al cine, no jugar naipes, y no pertenecer a sociedades secretas. ¿Podría haber una ética más inadecuada y trivial? Teológicamente, no quiero ser ni liberal ni fundamentalista, sino evangélico.No es sorpresa que los fundamentalistas no lograron refutar o vencer a la teología liberal. A quien le tocó fue más bien a Karl Barth, con su "Teología de la Palabra" que volvía a las escrituras y a la Reforma protestante. Afirmó muy enfáticamente la trascendencia de Dios y la deidad de Cristo, a veces, en sus primeras etapas, hasta disminuir lo humano o la inmanencia. Su teología, que él bautizó como "teología evangélica", fue el polo opuesto del liberalismo. Sin embargo, muchos conservadores, en su ignorancia, lo han acusado de "liberal". Así funciona el tan frecuente abuso de los membretes para caricaturizar a otros con quienes no estamos de acuerdo.
(3) La definición básica de "radical", de nuevo según la RAE, es "perteneciente o relativo a la raíz" o. "fundamental, de raíz". La persona radical va a la raíz de las cosas y las lleva, sin cobardía ni cálculos, hasta sus últimas consecuencias. A través de mi largo peregrinaje he venido descubriendo que muchas de las sagradas tradiciones que heredé no correspondían a las enseñanzas bíblicas ni las verdades de la fe. He venido aprendiendo que los tabúes fundamentalistas no eran mandamientos divinos absolutos, y que más bien la voz de Yahvéh me venía exigiendo conductas nuevas, en medio del mundo y de la historia, de la que nunca me habían enseñado. En otras palabras, el evangelio me radicalizó.Al fin, ¿que soy? ¿Conservador? Sí, y liberal y radical también, soy todos y no soy ninguno. Pero lo que quiero ser es un evangélico radical conservador y liberal. ¡Qué desafío más grande!
Fuente: Cristianet.com.ar

lunes, 6 de abril de 2009

Soy un evangélico católico pentecostal

Por Juan Stam. San José, Costa Rica.



Cuando mi esposa Doris y yo llegamos a Basileia en 1961, conocimos un grupo de españoles, mayormente de la iglesia reformada, que habían comenzado un estudio bíblico y estaban orando que Dios les enviara un pastor de habla española. Respondimos entusiasmados, pero había un pequeño problema. El consistorio de la iglesia reformada, con toda razón, quería saber de qué iglesia era yo.
Cuando mi esposa Doris y yo llegamos a Basileia en 1961, conocimos un grupo de españoles, mayormente de la iglesia reformada, que habían comenzado un estudio bíblico y estaban orando que Dios les enviara un pastor de habla española. Respondimos entusiasmados, pero había un pequeño problema. El consistorio de la iglesia reformada, con toda razón, quería saber de qué iglesia era yo. Mi respuesta fue, "soy pastor de la Asociación de Iglesias Bíblicas Costarricenses", conocida como la "AIBC". Todavía veo la confusión en el rostro del pastor reformado, y siento la mía a tratar de aclararle qué era mi afiliación eclesiástica. Una semana después el pastor me buscó de nuevo y me dijo que el consistorio no lograba entender eso de la AIBC y que por favor se lo volviera a aclarar. Afortunadamente, todo se resolvió y tuvimos una experiencia pastoral inolvidable. En esta vida humana, es importante tener una identidad, y una identidad que otros puedan reconocer. Da mucha seguridad poder decir, "Yo soy presbiteriano" o "soy pentecostal" o alguna otra afiliación respetada. Es un poco inquietante llevar una identidad no reconocida. Pero también nuestra identidad nos puede limitar. Por ejemplo, "soy presbiteriano y gracias a Dios no soy bautista" o "soy un anglicano respetable y decoroso y no como esos pentecostales escandalosos" (o "soy pentecostal y no como esos anglicanos fríos y espiritualmente muertos"). La iglesia es una sola, y no debo ser lo que soy contra lo que son otros, sino junto con ellos y ellas en la gran comunidad de fe.
(1) Yo soy evangélico y lo soy con toda la convicción de mi ser. Para mí, esa palabra está escrita sobre mi corazón y mente en letras de oro. "No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios..." Pero no lo soy en el sentido de los "conservative evangelicals" de los Estados Unidos, ni exactamente en el uso latinoamericano como simple equivalente virtual de "protestante". Soy evangélico porque me ha alcanzado la gracia de Dios y esa gracia es el fundamento firme de mi existencia. Bien nos decía Karl Barth que al fin y al cabo, toda la fe evangélica se reduce a dos palabras: Gracia como clave a la teología y Gratitud como base y motivación de la ética. En las palabras conmovedoras de la Confesión de Heidelberg, las tres cosas que necesito saber son cuán grande es mi pecado, cuán grande es la gracia de Dios y cuán grande debe ser mi gratitud. (Como evangélico que soy, esas viejas confesiones no dejan de conmoverme con profunda emoción). Para mí, teología evangélica significa dos cosas fundamentales: Teología de la gracia de Dios y Teología de la Palabra de Dios. Ser evangélico significa una relación especial con la Palabra de Dios, tanto como Palabra encarnado en Cristo, Palabra inspirada en las escrituras (testimonio a la Palabra encarnada) y Palabra proclamada en la predicación y el testimonio. Ser evangélico significa para mí un gran amor y una pasión por las escrituras, por supuesto sin pretender tener monopolio de la fidelidad bíblica. Siempre he insistido en que todo trabajo teológico tiene que estar bien fundamentado en exégesis cuidadosa del texto bíblico, explícita o implícitamente, o no es un buen trabajo teológico. Por eso me impresiona mucho la afirmación de Barth en el prólogo al primer tomo de su Dogmática de la Iglesia, que no podía seguir fundamentando su teología en la existencia, como había hecho, sino sólo en la Palabra de Dios.
2) Pero sorpresa, ¡Por ser evangélico, no dejo de ser católico! La palabra "católico" se deriva de la combinación de dos palabras griegas, "kata" (según) y "holos" (el todo) para dar el sentido de "según el todo; universal". Los padres de la iglesia hablaban de la iglesia universal como hê ekklêsia katolikê y las "epístolas generales" como "epístolas católicas". Otro término parecido es oikoumenê, y su adjetivo correspondiente, oikoumenikos, que se refieren a la totalidad del mundo habitado. Así de nuevo, la iglesia universal, en todo el orbe, es por su naturaleza "la iglesia ecuménica". No reconocerlo sería desconocer la unidad de la iglesia en el cuerpo de Cristo. En la tradición cristiana, tanto católica como reformado, la iglesia se identificaba por ciertas "notas" clásicas, como "la iglesia una, santa, apostólica y católica". ¡Por supuesto! Como evangélico, creo lo mismo, interpretado en sentido bíblico. Cristo tiene un solo Cuerpo y una sola Esposa; la iglesia es una. La iglesia es "sin mancha ni arruga" en Cristo y está llamada por Dios; es santa. La iglesia está fundada sobre los apóstoles como testigos designados por Cristo (Hech 1; 1 Cor 15) y está llamada a ser fiel a ese testimonio; de esa manera, la iglesia es también apostólica. (La iglesia es apostólica cuando es bíblica, no cuando pretende tener apóstoles hoy). Y la iglesia de Cristo es una sola en todo el mundo habitado, o sea, es también católica y ecuménica.. Mi corazón evangélico y pentecostal puede gritar "¡Amen!" El problema no es con el adjetivo "católica" sino con otro que se añade, que es "romana". Ese es un adjetivo geográfico muy específico y limitante, y podría interpretarse como opuesto a "católico" como universal e inclusivo. De hecho, en amplios sectores de la iglesia católico-romana ha habido, desde inicios del siglo veinte, importantes movimientos hacia un catolicismo más bíblico, evangélico y ecuménico, ¡y por ende más católico! Tengo entre los libros de mi biblioteca uno que se titula, "Hacia una iglesia católica más evangélica". Y recuerdo un sacerdote católico que participó en un encuentro en Europa, que confesó a nuestro grupo, "Pido a Dios cada día que mi iglesia sea menos romana y más evangélica". Creo que las iglesias evangélicas también tenemos mucho que aprender en cuanto a un amplio y generoso espíritu católico. Lo contrario de "católico" es "sectario" y no hay que analizar mucho para descubrir que algunas iglesias evangélicas son sectarias (aun cuando no sean "sectas" doctrinalmente). La catolicidad de la iglesia ecuménica significa empatía y solidaridad no sólo con todo lo cristiano sino con todo lo humano. Un poeta latino dijo, “Homo sum, nihil humanum a me alienum puto” ("Soy hombre; no considero ajeno nada humano") Y mucho más, si somos cristianos. Por eso un padre de la iglesia (San Ireneo, si recuerdo bien) profundizó la expresión: "Christianus sum, nihil humanum mihi alienum est". Esto tiene mucho significado para la misión de la iglesia. Primero, porque la iglesia está llamada a hacernos más humanos, más sensibles, menos cerrados y prejuiciados. Segundo, porque esa identificación con la otra persona es el secreto de una evangelización auténtica. Don Kenneth Strachan, poco antes de su muerte, escribió un valioso libro, "El llamado ineludible", en que señala que la base de nuestra evangelización debe ser la común humanidad que compartimos con todos y todas. Cuando es así, la evangelización hará más humanos tanto a los evangelizados como a los que evangelizan.
(3) También soy pentecostal. No concibo cómo puede haber cristianos que no sean pentecostales, si toda la iglesia nació en el día de Pentecostés y nació profética. Me parece una lamentable desviación semántica que el título de "pentecostal" se limita, muy estrechamente, a sólo un sector de la iglesia cristiana. Bíblicamente entendida, son pentecostales quienes (1) aceptan con gozo los dones del Espíritu Santo (Hechos 2:1-13), predican expositivamente la Palabra de Dios (Hch 2:14-41) y practican radicalmente, en una comunidad revolucionaria, las demandas del evangelio (Hch 2:42-47; 4:32-37). En ese sentido, toda la iglesia está llamada a ser pentecostal. Gracias a Dios por el movimiento pentecostal contemporáneo y todo el bien que ha traído a la iglesia, liberándola de una mentalidad estática y cerrada. Personalmente, he sido muy edificado y bendecido por mis experiencias con este movimiento. Por supuesto, a veces han cometido errores y han caído en extremos. Creo que enfrentamos hoy una situación parecida a la de San Pablo. Por un lado, ante los tesalonicenses "anti-pentecostales", Pablo los exhorta a no apagar al Espíritu y no menospreciar las profecías, pero a la vez a examinar todo (1 Tes 5:19-21). En cambio, con los corintios, que eran "ultra-pentecostales", Pablo les exhorta a hacer todas las cosas en orden (1 Cor 14:27-31,40). El anti-pentecostalismo es estéril y no debe ser nuestra actitud, pero tampoco los extremismos del ultra-pentecostalismo. Los dones del Espíritu Santo son diversos, y los reparte como él quiere (1 Cor 12:11). No hay un sólo don que define el pentecostalismo, sino el conjunto de carismas que imparte el Espíritu, que hemos de recibir con gozo y gratitud. Ser pentecostal significa vivir en la desbordante alegría del Señor y en la libertad que da el Espíritu. Bueno, es por eso que me identifico como un evangélico católico pentecostal.... y también menonita, también moravo, también metodista, y quiera Dios, sobre todo cristiano y humano.
Fuente: Cristianet.com.ar

domingo, 5 de abril de 2009

UN MENSAJE A LA CONCIENCIA: EL CORAZÓN DEL CIRUJANO

Por el Hermano Pablo, E.E.U.U.

El quirófano estaba iluminado. Los médicos se veían muy diligentes y profesionales. Todo se hallaba pulcro y limpio, tal como debe estar cuando se hacen operaciones al corazón. Y el doctor Juan José Prieto, de Santiago de Chile, le estaba realizando una intervención quirúrgica a un paciente.De repente, mientras explicaba todo el proceso operatorio, el cirujano sintió un vahido, seguido de un agudo dolor en el pecho, y se desmayó. El doctor Prieto había sido víctima de un infarto. Por suerte para él, lo atendieron de inmediato.El caso del doctor Prieto comprueba que los médicos se enferman tanto como sus pacientes, y que padecen y soportan los mismos males físicos, morales y espirituales que cualquier ser humano.El refrán «Médico, cúrate a ti mismo» es muy antiguo. Lo mencionó el Señor Jesucristo un día cuando estaba en la sinagoga de Nazaret. A los que se burlaban de él, les dijo: «Seguramente ustedes me van a citar el proverbio: “¡Médico, cúrate a ti mismo! Haz aquí en tu tierra lo que hemos oído que hiciste en Capernaúm”» (Lucas 4:23).Jesús había sido criado en Nazaret. Desde niño lo habían visto en esa ciudad, y la gente pensaba que él pretendía ser un maestro entre ellos. Se burlaban de Jesús porque eran incrédulos y obstinados. De ahí las palabras de sarcasmo: «¡Médico, cúrate a ti mismo!»Pero a las palabras de este refrán se les puede dar otra aplicación, no en sentido de burla sino en la forma más literal posible. Como ejemplos tenemos al profesor que les aconseja a sus estudiantes a proceder de cierta manera, mientras que él hace lo opuesto; al policía que le aplica a algunos la ley al pie de la letra, mientras que a otros —los que tienen con qué «comprarlo»—, les concede toda la libertad que desean; y al padre que demanda de su hijo absoluta rectitud y moralidad, mientras que él mismo le es infiel a su esposa, que es la madre de ese hijo. En esos casos no hay duda de que cabe la sentencia: «¡Médico, cúrate a ti mismo!»Las exigencias que les imponemos a otros ¿las cumplimos nosotros? Si sabemos lo que es bueno, sano y recto, debemos poder hacerlo. No es posible seguir ejemplos que no existen. Con Cristo en el corazón somos como el médico que obedece lo que él mismo aconseja. El Señor da la motivación y la fuerza. Entreguémosle nuestro corazón a Cristo, y Él nos dará una vida nueva.
www.conciencia.net
UN MENSAJE A LA CONCIENCIA es una producción de la Asociación Hermano Pablo, entidad sin fines lucrativos que depende de los donativos de quienes la apoyan. Quiero donar ahora.

viernes, 3 de abril de 2009

Conversión de Saulo: fue `en hebreo´

Wenceslao Calvo, España*
Si preguntáramos a cualquier cristiano cuál ha sido el momento crucial en su vida seguramente la respuesta sería unánime: el de su conversión. Ya sea que ésta haya sido un proceso más o menos prolongado o haya sido resultado de una rápida vicisitud, todos coincidirán en señalar esa experiencia como la de mayor importancia, sobrepasando con creces a cualquier otra. Y no es de extrañar que así sea, ya que allí se ha trazado una línea divisoria por la que la persona en cuestión tiene un antes y un después, algo que el Nuevo Testamento describe con términos tan radicales y profundos como nueva creación y nuevo nacimiento, es decir, algo que está más allá del poder de cualquier institución o individuo. No se trata de un ir de menos a más, ni de un progreso o desarrollo, sino de un cambio; un cambio de naturaleza, de posición y de destino. Un paso de muerte a vida(1). Es solo un paso… Pero ¡qué paso!
Es natural y universal dar un paso de vida a muerte y todos los hijos de Adán han dado o daremos ese paso, queramos o no, en su debido momento. Pero la conversión supone cambiar la dirección de ese paso, es decir, ir en contra de la inapelable ley natural por la que todos estamos irremisiblemente abocados a la muerte. Para eso se necesita algo más que recursos humanos: hace falta el poder de Dios, el único poder capaz de romper la inercia natural de un movimiento descendente. Eso es el evangelio. Seguramente una de las conversiones más fructíferas que ha habido, si no la que más, ha sido la de aquel judío natural de Tarso cuyo nombre era Saulo pero que ha pasado a la Historia con el de Pablo. Muchos grandes pintores han querido con sus pinceles retratar la inmortal escena con mayor o menor acierto, en la que el perseguidor es derribado a tierra deslumbrado por aquella súbita luz cegadora en el camino a Damasco. Ese instante cambiará no sólo el curso de su vida personal sino que también incidirá profundamente en el rumbo de la Historia en general. Pero lo que lógicamente ningún pintor ha podido plasmar con su paleta fue la conversación que Saulo sostuvo con aquella voz que le habló en aquel momento singular.
Para conocer el contenido de tan fundamental conversación hemos de ir al libro de los Hechos, donde aparece registrada en tres ocasiones(2). De esas tres hay una(3), la que Pablo mismo relata ante el rey Agripa, que contiene un detalle que no aparece en las otras dos. Se trata del momento en el que Jesús, a quien hasta ese instante Saulo conceptúa como un usurpador, se dirige a él llamándolo dos veces por su nombre y preguntándole la razón de su persecución. El dato insólito, que solo aparece aquí, está en la siguiente frase: ´…oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea…´ No hay que pasar por alto esta referencia a la lengua en la que Jesús le habla por primera vez a Saulo. Todo lo contrario. Aunque es seguro que Saulo era bilingüe, hablante del griego (lengua franca) y del hebreo (lengua materna), y presumiblemente multilingüe, al no ser improbable suponer que supiera latín y alguna de las lenguas locales anatolias de su región de nacimiento, lo importante es que Jesús le va a hablar en su lengua materna, es decir, aquella con la que Saulo se identifica por encima de todo. La lengua que define su identidad nacional, familiar, cultural, personal y religiosa. La lengua que lo sitúa en unas coordenadas en las que su corazón y su mente se sienten como en casa. De manera que las palabras que van a dar un giro revolucionario para siempre en su vida le llegan en la lengua de su corazón. Pudieron suceder muchas cosas en el camino a Damasco. Jesús pudo haberle hablado a Saulo en griego, en latín, en licaónico o incluso en alguna lengua no humana sino angélica. Pudo hacerlo hasta en chino, si él hubiera querido. Y hacer que Saulo entendiera lo que le estaba diciendo. Sin embargo, lo que sucedió es que se dirigió a él en su lengua materna.
Esto hace resaltar dos cuestiones fundamentales:
  1. Una es el uso por parte de Dios del instrumento más natural y asequible para llegar al corazón humano, esto es la lengua materna de cada individuo.
  2. Otra es que hace uso de tal instrumento para efectuar el cambio más trascendental que imaginarse pueda: la conversión del corazón.

Todo esto supone la sabia acomodación por parte de Dios de un medio natural (la lengua materna) a un fin espiritual (la conversión). Ése fue el método en el caso de Saulo de Tarso y es el método que en general usa Dios para efectuar la conversión de cualquier persona al evangelio, lo cual, de nuevo, nos conduce a la importancia que tiene el dar la Palabra a cada persona en su lengua materna. Por eso no hay que escatimar esfuerzos, aunque el grupo lingüístico necesitado nos parezca a nosotros despreciable en lo numérico o irrelevante en presencia social o cultural. Para Dios no hay grupos lingüísticos menospreciables, porque un día habrá delante del trono gente ´…de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas…´(4) De las lenguas que nosotros conceptuamos como importantes y también de las que estimamos como insignificantes. Si quieres saber más de muchas de esas lenguas puedes visitarlas, aunque sea virtualmente, en www.proel.org. Pero especialmente pregúntate qué puedes hacer al respecto para el cumplimiento de esa gran escena delante del trono.

___________
1) Juan 5:24

2) Hechos 9:4-6; 22:7-10; 26:14-18

3) Hechos 26:14-18

4) Apocalipsis 7:9

*Wenceslao Calvo es conferenciante, predicador y pastor en una iglesia de Madrid

Fuente: © W. Calvo, ProtestanteDigital.com (España, 2009).

jueves, 2 de abril de 2009

Más de mil personas renuncian públicamente al bautismo católicoromano

PE - Buenos Aires, 31/03/09 - En lo que se suele denominar un acto de “apostasía”, al tener en cuenta la nomenclatura de la Iglesia Católica Romana (ICR), 1085 personas pidieron que sean desvinculadas del libro de bautismo de la ICR.

Este acto, que ya se lo califica como de “apostasía colectiva”, se produjo el lunes 30 al ser presentada la lista en el Arzobispado de la ICR, de Buenos Aires, en protesta por la línea política y sexual de esa iglesia.El segundo paso se produciría en la ciudad de Mendoza, mientras que en Córdoba hubo movilizaciones frente al Arzobispado local.El movimiento comenzó meses atrás, en particular Mendoza, por personas que marcan la distancia que toman al ser bautizadas sin sus consentimientos, refiriéndose a la costumbre del bautismo de niños y niñas. Se agrega el hecho de que no se ven representadas por la ICR y que no quieren que la institución católicaromana reciba subsidios desde el Estado y esté incorporada al presupuesto estatal.En realidad el término adecuado es “desafiliación” ya que la denominación de “apostasía” corresponde al lenguaje eclesial y no corresponde a quienes están interesados en que se sepa que ellos no pertenecen a esa organización. No se descarta que la ICR cree un registro de “apóstatas”.Desde lo legal se encuentra el fundamento en la Ley 25.326, llamada Protección de Datos Personales, en la que se establece el derecho de la ciudadana y el ciudadano a que se rectifique, actualice o suprima su nombre de un banco de datos. Por una cuestión de interpretación dogmática la ICR no puede borrar el nombre de los y las bautizadas, ya que una vez hecho el bautismo hecho está y no se puede volver atrás.
Fuente: Cristianet, 2009