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sábado, 21 de enero de 2012

"Sólo un Dios nos puede salvar"

Por Leonardo Boff. Brasil.
Esta frase no viene de ningún papa, es de Martin Heidegger (1889-1976), uno de los más profundos filósofos alemanes del siglo XX, en una entrevista concedida al semanario Der Spiegelel 23 de septiembre de 1966, pero solamente publicada el 31 de mayo de 1976, una semana después de su muerte.
Heidegger siempre fue un atento observador de los destinos amenazadores de nuestra civilización tecnológica. Para él la tecnología, como intervención en la dinámica natural del mundo para beneficio humano, ha penetrado de tal manera en nuestro modo de ser que se ha transformado en una segunda naturaleza. 


Hoy en día no nos podemos imaginar sin el vasto aparato científico-técnico sobre el cual está asentada nuestra civilización, pero está dominada por una compulsión oportunista que se traduce en la fórmula: si podemos hacerlo, también nos es permitido hacerlo sin ninguna otra consideración ética. Las armas de destrucción masiva surgieron de esta actitud. Si existen, ¿por qué no usarlas?


Para el filósofo, una técnica así, sin conciencia, es la más clara expresión de nuestro paradigma y de nuestra mentalidad, nacida en los albores de la modernidad, en el siglo XVI, pero cuyas raíces se encuentran ya en la metafísica clásica griega.
Esta mentalidad se guía por la explotación, por el cálculo, por la mecanización y por la eficiencia aplicada en todos los ámbitos, pero principalmente en relación con la naturaleza. Esta comprensión ha entrado en nosotros de tal manera que consideramos la tecnología como la panacea para todos nuestros problemas. Inconscientemente nos definimos contra la naturaleza que debe ser dominada y explotada. Nosotros mismos nos hacemos objeto de la ciencia, al ser manipulados nuestros órganos y hasta nuestros genes. 


Entre ser humano y naturaleza se ha establecido un divorcio que se revela por la creciente degradación ambiental y social. El mantenimiento y la aceleración de este proceso tecnológico, según el filósofo, puede llevarnos a una eventual autodestrucción.
La máquina de muerte hace decenios que está ya construida. 


Para salir de esta situación no bastan los llamamientos éticos y religiosos, mucho menos la simple buena voluntad. Se trata de un problema metafísico, es decir, de un modo de ver y de pensar la realidad. Estamos en un tren que corre veloz sobre dos raíles; está yendo al encuentro de un abismo que hay más adelante y no sabemos cómo pararlo.
¿Qué hacer? Esa es la cuestión. 


Si quisiéramos, podríamos encontrar una mentalidad distinta en nuestra tradición cultural, en los presocráticos como Heráclito entre otros, que todavía veían la conexión orgánica entre ser humano y naturaleza, entre lo divino y lo terreno, y alimentaban un sentido de pertenencia a un Todo mayor.
El saber no estaba al servicio del poder sino de la vida y de la contemplación del misterio del ser. O en toda la reflexión contemporánea sobre el nuevo paradigma cosmológico-ecológico, que ve la unidad y la complejidad del único y gran proceso de la evolución, del cual todos los seres emergen y son interdependientes. Pero este camino nos es vedado por el exceso de tecnociencia, de racionalidad calculatoria y por los inmensos intereses económicos de los grandes consorcios que viven de este statu quo.


¿Hacia dónde vamos? En este contexto de indagaciones fue donde Heidegger pronunció esta famosa y profética sentencia: “La filosofía no podrá provocar directamente un cambio del estado presente del mundo. Y esto no es válido sólo para la filosofía sino también para toda actividad de pensamiento humano. Sólo un Dios puede aún salvarnos (Nur noch ein Gott kann uns retten). La única posibilidad que nos queda, en el pensamiento y en la poesía, es preparar nuestra disponibilidad para la manifestación de ese Dios o para la ausencia de Dios en tiempo de ocaso (Untergrund); dado que nosotros, ante el Dios ausente, vamos a desaparecer”
Lo que Heidegger afirma está siendo gritado también por notables pensadores, científicos y ecólogos. O cambiamos de rumbo o nuestra civilización pone en peligro su futuro. Nuestra actitud es de apertura a un adviento de Dios, esa Energía poderosa y amorosa que sustenta a cada ser y a todo el universo. Él podrá salvarnos. Esta actitud está bien representada por la gratuidad de la poesía y del libre pensar. Y como Dios, según las Escrituras, es “el supremo amante de la vida” (Sabiduría 11,24), esperamos que no permitirá un fin trágico para el ser humano. Éste existe para brillar, convivir y ser feliz.

Fuente: ECUPRESS& CRISTIANET

martes, 17 de enero de 2012

Padres católicos protestan contra 'Agenda Gay' de aceptación en las escuelas

Un grupo de padres católicos han desarrollado un grupo de oración, en un esfuerzo para evitar lo que ellos llaman un ataque de la agenda homosexual en sus escuelas públicas, diciendo que la inocencia de sus hijos está en riesgo.
Padres en Ontario, preocupados por la Equidad Dalton McGuinty y la política de Educación de Inclusividad, se reunieron la semana pasada para empezar iniciativas para prevenir que los ideales homosexuales se impongan a los salones de clase. "Me he enterado de que muchos católicos quieren hacer esto. Así que a partir de mañana todos vamos a rezar", dijo Kim Galvao de Concerned Parents of Ontario, a los padres en la reunión.
Ontario se convirtió en mayo en la última provincia de Canadá que adopta la política de McGuinty, que dice que las escuelas deben promover la aceptación de todas las "dimensiones de la diversidad", incluyendo a los estudiantes homosexuales y transexuales. Dice: "Las dimensiones de la diversidad incluyen, pero no se limitan a, ancestro, cultura, etnia, género, identidad de género, lenguaje, capacidad física e intelectual, raza, religión, sexo, orientación sexual y estatus socio-económico".
La política es parte de la Ley de Aceptación de las Escuelas que ha afirmado que los estudiantes son responsables de hacer comunidades más inclusivas para todas las personas, para incluir a "lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros, transexuales, doble espíritu, intersexual, queer y personas cuestionables."
"Ellos no pueden venir y decirnos lo que debemos enseñar a nuestros hijos y decirles a nuestros hijos que está bien tener dos mamás o dos papás, y que las relaciones homosexuales, y que el sexo [fuera del matrimonio] no es un pecado", Jacquie Guerrón, presidenta de Roman Catholic Parents Coalition dijo al Washington Post en mayo, después de que la política fue aprobada.
"Tenemos que luchar por la inocencia de nuestros niños. Una vez que se ha ido no hay forma de recuperarla", dijo.
Los padres resolvieron en la reunión para iniciar la "Save the Children Campaign Rosario." Para la campaña, los padres se reúnen cada sábado para rezar por las cuestiones en las que dicen "los políticos les han fallado." Las oraciones se llevarán a cabo como sesiones abiertas y se dará la bienvenida a todos los padres para que participen. También anima a los padres que no puedan asistir a orar en su casa.
Un enfoque similar en las escuelas públicas fue sugerido esta semana en los Estados Unidos, cuando Future of Sex Education dio a conocer las "normas nacionales de educación sexual." Las normas se han desglosado por los diferentes grados, de kindergarten a grado 12. Una norma propuesta es que los estudiantes de tercer grado deben ser capaces de "definir la orientación sexual como la atracción romántica de una persona a alguien del mismo sexo o un género diferente."
Muchos padres encuentran que las normas propuestas interfieren con sus derechos y denunciaron que las normas también impulsan una agenda homosexual en las escuelas públicas.

Fuente : Christian Post

domingo, 15 de enero de 2012

EL SACERDOCIO UNIVERSAL SEGÚN LUTERO

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México

Sólo hay un Dios, y sólo hay uno que puede ponernos en paz con Dios: Jesucristo, el hombre.
Timoteo 2.5
1. Base bíblica de los documentos de 1520
El movimiento de transformación y reconstrucción eclesiástica y social iniciado por Martín Lutero en Alemania colocó en el horizonte de los cambios necesarios la recuperación de una de las más antiguas enseñanzas bíblicas: el sacerdocio amplio, universal, de cada creyente, es decir, su responsabilidad delante de Dios para definir el rumbo de su salvación y a partir de la realización, únicamente por la gracia divina recibida por la fe, de la justificación, el acto supremo mediante el cual el único sacerdote , Jesucristo, consigue la declaración de inocencia por parte de Dios. Este proceso divino-humano lo enseña, evidentemente, el Nuevo testamento en diversos lugares, pero desde la antigüedad se atisbó la posibilidad de que las personas, individual y colectivamente, asumieran una responsabilidad, delante del Dios de la alianza, que fuera más allá de las acciones de intermediación llevadas a cabo por algún linaje sacerdotal. Se entendería, así, que el mismo surgimiento de éste tendría sólo un carácter provisional, pero lamentablemente la mentalidad sacerdotal y el temor del pueblo a tratar directamente con lo sagrado ocasionó que se cayera en la dependencia de la labor religiosa de un clero que de manera normal se institucionalizó, alejando a los creyentes de su responsabilidad.
En los tiempos de Lutero, la situación era muy similar, pues como afirma Humberto Martínez: “La gente necesitaba una religión clara, razonablemente humana y dulcemente fraternal que le sirviera de luz y apoyo, sobre todo a la naciente burguesía comercial, a la población de la nueva civilización urbana que afirmaba un cierto sentimiento nacional, laico e individualista. La Iglesia no ofrecía a los hombres de la época este tipo de religión. A los pobres, superstición y magia; a los estudiosos, doctrina de teólogos decadentes. Superstición en los de abajo; aridez espiritual en los de arriba: escolástica descarnada y lógica formal”.[1] En suma, la Iglesia, en su vertiente institucional, había asumido toda la responsabilidad que las Escrituras asignaban a las personas y les imponía a éstas una carga religiosa, psicológica y económica que sustituyó perniciosamente el compromiso de velar por su fe, su salvación y la marcha de la Iglesia. Por ello, Lutero después de redescubrir la realidad de la justificación, dio el paso hacia adelante:
La idea del sacerdocio universal de todos los creyentes se puede deducir, de alguna manera, del principio de la justificación por la sola fe. Si la fe es un don que Dios otorga a cada uno y a quien él quiere, no se necesitan los intermediarios. El cristiano es el único que puede tener la certeza de su propia fe y ninguna persona especial, el sacerdote, puede ratificarla. Ahora bien, como todos pueden, en principio, recibir la gracia de Dios y tener su propia certeza, todos somos, desde este punto de vista, iguales ante Dios. A todos nos corresponde seguir sus instrucciones, las que nos dejó en sus Escrituras, la expresión material de su Palabra. A todos por igual está abierto el libro sagrado que es, en su enseñanza básica, claro y no requiere de interpretaciones exteriores a él. En él se nos dice que todos tendrán un mismo bautismo, un Evangelio, y una fe, pues sólo éstos hacen a los hombres cristianos.[2]
En dos de sus importantes documentos de 1520, A la nobleza cristiana de la nación alemana acerca del mejoramiento del Estado cristiano y La cautividad babilónica de la Iglesia, Lutero aborda el asunto del sacerdocio de todos los creyentes. En el primero afirma tajantemente que no hay diferencia entre cristianos: “a no ser a causa de su oficio”, de tal manera que no hay una clase especial llamada “sacerdotal”, como han inventado los romanos, y otra “secular”.
De ello resulta que los laicos, los sacerdotes, los príncipes, los obispos y, como dicen, los “eclesiásticos” y los “seculares” en el fondo sólo se distinguen por la función u obra y no por el estado, puesto que todos son de estado eclesiástico, verdaderos sacerdotes, obispos y papas, pero no todos hacen la misma obra, como tampoco los sacerdotes y monjes no tienen todos el mismo oficio. Y esto lo dicen San Pablo y Pedro, como manifesté anteriormente, que todos somos un cuerpo cuya cabeza es Jesucristo, y cada uno es miembro del otro. Cristo no tiene dos cuerpos ni dos clases de cuerpos, el uno eclesiástico y el otro secular. Es una sola cabeza, y ésta tiene un solo cuerpo.
Del mismo modo, los que ahora se llaman eclesiásticos o sacerdotes, obispos o papas, no se distinguen de los demás cristianos más amplia y dignamente que por el hecho de que deben administrar la palabra de Dios y los sacramentos. Esta es su obra y función. […] No obstante, todos son igualmente sacerdotes y obispos ordenados, y cada cual con su función u obra útil y servicial al otro, de modo que de varias obras , todas están dirigidas hacía una comunidad para favorecer al cuerpo y al alma, lo mismo que los miembros del cuerpo todos sirven el uno al otro.[3]
Para él, todos los cristianos pertenecen a la clase sacerdotal y para apoyar esta afirmación recurrió a los apóstoles Pablo (I Co 12.12, “Todos juntos somos un cuerpo, del cual cada miembro tiene su propia obra, con la que sirve a los demás”) y Pedro (I P 2.9, “Sois un sacerdocio real…”). “Tomada literalmente esta tesis y acompañada de la certeza individual del creyente sobre su fe, se desprende la inoperancia de toda jerarquía eclesiástica, de la Iglesia …pero Lutero, quien institucionalizará su doctrina en forma de Iglesia, llega a aceptar que el magisterio es necesario entre los creyentes y la misma comunidad deberá nombrar a los más aptos de entre ellos. Pero es solamente el oficio, el cargo y la obra lo que los distinguiría, no una ‘condición especial’”.[4]
En el segundo, Lutero subraya, en abierta polémica con la doctrina católica del orden:
¿Hay algún padre antiguo que sostenga que los sacerdotes fueron ordenados en virtud de las palabras citadas? ¿De dónde proviene entonces esa interpretación novedosa? Muy sencillo: con este artificio se ha intentado plantar un seminario de implacable discordia, con el fin de que entre sacerdotes y laicos mediara una distinción más abisal que la existente entre el cielo y la tierra, a costa de injuriar de forma increíble la gracia bautismal y para confusión de la comunión evangélica. De ahí arranca la detestable tiranía con que los clérigos oprimen a los laicos. Apoyados en la unción corporal, en sus manos consagradas, en la tonsura y en su especial vestir, no sólo se consideran superiores a los laicos cristianos —que están ungidos por el Espíritu Santo—, sino que tratan poco menos que como perros a quienes juntamente con ellos integran la iglesia. De aquí sacan su audacia para mandar, exigir, amenazar, oprimir en todo lo que se les ocurra. En suma: que el sacramento del orden fue —y es— la máquina más hermosa para justificar todas las monstruosidades que se hicieron hasta ahora y se siguen perpetrando en la iglesia. Ahí está el origen de que haya perecido la fraternidad cristiana, de que los pastores se hayan convertido en lobos, los siervos en tiranos y los eclesiásticos en los más mundanos.
Si se les pudiese obligar a reconocer que todos los bautizados somos sacerdotes en igual grado que ellos, como en realidad lo somos, y que su ministerio les ha sido encomendado sólo por consentimiento nuestro, in-mediatamente se darían cuenta de que no gozan de ningún dominio jurídico sobre nosotros, a no ser el que espontáneamente les queramos otorgar. Este es el sentido de lo que se dice en la primera carta de Pedro (2.9): “Sois una estirpe elegida, sacerdocio real, reino sacerdotal”. Por consiguiente, todos los que somos cristianos somos también sacerdotes. Los que se llaman sacerdotes son servidores elegidos de entre nosotros para que en todo actúen en nombre nuestro. El sacerdocio, además, no es más que un ministerio, como se dice en la segunda carta a los Corintios (4.1): “Que los hombres nos vean como ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios”.[5]
2. Los ministerios y el sacerdocio universal
“En consecuencia, ten la seguridad, y que así lo reconozca cualquiera que considere que es cristiano, que todos somos igualmente sacerdotes, es decir, que tenemos la misma potestad en la Palabra y en cualquier sacramento”, escribió Lutero,[6] afirmando así el sacerdocio universal de los creyentes. Siguiendo a Baubérot y Willaime, podemos afirmar que el sacerdocio universal es una afirmación central de la reforma tanto luterana, como calviniana, y que esta concepción hace sacerdotes a todos por el bautismo es una aportación revolucionaria: se trastornó la economía del poder en los grupos religiosos y entregar derechos importantes a los laicos, pues la distinción misma clero-laicos es puesta en duda. No solamente el protestantismo rechazó el magisterio romano sino que rechazó también dejar la Iglesia en manos de unos clérigos que tienen el poder exclusivo de decidir…[7]
Se introdujo, así, potencialmente, la democracia a la iglesia, pues todo creyente bautizado tiene el mismo poder religioso que los demás. Mediante la eliminación de todo el poder religioso asignado a las autoridades eclesiásticas, y luego a los pastores, “la Reforma abrió el espacio eclesial a una discusión permanente sobre la fe cristiana e hizo virtualmente de todo lector de la Biblia un teólogo con la misma legitimidad que otro”.[8] De ahí que se ha llegado a decir que el protestantismo dio lugar a una “religión de laicos” (E. Troeltsch). O como explica Norberto Bertón: “Para Lutero la presencia ‘sacerdotal’ de todos los creyentes —una presencia activa y operativa— contribuye a la dedicación del mundo entero a su Señor, en un servicio al plan evangélico de salvación. […] El sacerdocio universal de los creyentes nestablece un puente para la dedicación del mundo que converja en un servicio cósmico efectivo. […] Todos son sacerdotes; una verdadera revolución eclesiológica. Una sacerdotalización de la totalidad; hizo laicos a los curas, ya los laicos curas interiores”.[9] Pero también el protestantismo se clericalizó progresivamente y el sueño del sacerdocio universal tomó el rumbo que combatió originalmente:
Sin embargo, una cosa es lo que expresa la doctrina y otra lo que se experimenta en la vida real. En verdad, el clericalismo no murió: sobrevivió sobre otras bases. Se abrió una nueva fuente de servicios a la religiosidad, la de los dispensadores de la doctrina correcta, la de los que manejaban el arte de predicar la Biblia y alentar la fe. El conocimiento de la Biblia requería de dedicación, de estudios en seminarios y universidades. Surge así con fuerza el profesionalismo religioso. El ministro protestante recupera mucho de la aureola de santidad del antiguo sacerdote, su autoridad se establece en las nuevas estructuras de las iglesias, que son controladas por los nuevos clérigos, y el sacerdocio universal de los creyentes se convierte en otra página mojada del ideario protestante.
Por supuesto que no hay nada en contra del profesionalismo. En definitiva, todos los adelantos en los campos de la cultura y el saber se han debido a la consagración, en áreas específicas, de personas con vocación. La Iglesia ha necesitado de profesionales, de músicos, de teólogos, maestros y predicadores, y gracias a Dios por estos. El problema radica en el ejercicio del poder en la iglesia, cuando por conocer un poco más de teología o tener más habilidad para hablar en público, ejercemos estos dones, no para servir, sino para erigirnos en autoridad controladora de los demás. Así surgen las iglesias pastor-céntricas.[10] Ésa es la razón de seguir reflexionando sobre el tema y buscar las alternativas eclesiológicas prácticas que retomen y apliquen el ideal bíblico y reformador.

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[1] H. Martínez, “Prólogo”, en Martín Lutero, Escritos reformistas de 1520. México, sep, 1988, p. 12.
[2] Ibid., p. 19.
[3] M. Lutero, “A la nobleza cristiana…”, pp. 33-34.
[4] H. Martínez, op. cit., p. 20.
[5] M. Lutero, “La cautividad babilónica…”, pp. 216-217. Énfasis agregado.
[6] M. Lutero, “La cautividad babilónica de la Iglesia”, en Escritos reformistas de 1520…, op. cit., p. 221.
[7] J. Beaubérot y J.-P. Willaime, “Ministerio y sacerdocio universal”, en ABC du protestatisme. Ginebra, Labor et Fides, 1990, p. 121.
[8] Ibid., pp. 121-122.
[9] N. Bertón, “El sacerdocio universal de los creyentes”, en Lutero ayer y hoy. Buenos Aires, La Aurora, 1984, pp. 71, 75. Énfasis original.
[10] F. Rodés, “El ideal ideal frustrado de la Reforma Protestante: el sacerdocio universal de los creyentes”, en Signos de Vida, CLAI, núm. 41, septiembre de 2006,
www.clailatino.org/Signos%20de%20Vida%20—%20Nuevo%20Siglo/sDv41/ideal%20frustrado.htm.

sábado, 14 de enero de 2012

Todos los ojos miran a Tim Tebow, de fe protestante, el Messi del deporte americano

Nadie le iguala en popularidad en la NBA, la Major League o la NHL. El ‘quarterback’ de los Denver Broncos es un referente social... y espiritual.
COLORADO, USA.
En el final de su segunda temporada como profesional, Tim Tebow se ha convertido en la estrella mediática más seguida en Estados Unidos. Nadie le supera, ni en la NBA, ni en la Major League ni en la NHL. El ‘quarterback’ de los Denver Broncos es un referente por su ética de trabajo, su actitud en el campo, y sobre todo, por su fe en Dios como cristiano evangélico .
Hijo de misioneros protestantes, a Tim Tebow le acaban de nombrar como el “Deportista más popular” del pasado mes de diciembre. Según la encuesta que lleva a cabo mensualmente la televisión deportiva por excelencia, ESPN , Tebow supera incluso a la súper-estrella del baloncesto, Kobe Bryant. La NFL, por su parte, le ha dedicado un especial en su página web .
El interés alrededor de este jugador de fútbol americano ha crecido por su inmensa progresión deportiva, pero también por su carácter. Tebow nació en las Filipinas, donde sus padres estaban sirviendo como misioneros bautistas. Uno de los detalles que más ha trascendido de su historia es que su madre decidió no abortar aún cuando se lo recomendaron por el riesgo que ella misma y el bebé corrían al ser tratada por una importante infección. La historia de ese niño sano pese a los malas previsiones y que después se convertiría en jugador de la NFL ha inspirado a muchas personas y el propio jugador ha protagonizado mensajes pro-vida junto a organizaciones como la cristiana Focus on the Family.
Además, en los últimos meses, todos los críticos que le apuntaban como poco más que un fanático religioso han tenido que reconocer la evidencia de que se ha convertido en el líder incontestable de su equipo . “No tiene precisión en los pases” o “no sabe correr” son críticas que aún ahora se oyen sobre el jugador, pero nadie niega ya que ha sido el artífice de remontadas espectaculares en varios partidos que parecían perdidos para su equipo. Los Denver Broncos no se cuentan entre los favoritos, pero siguen en los play-offs.
LA CIFRA 3.16 Y EL TEBOWING
Después de que el jugador llegara a 316 yardas en pases durante el último partido y a una media de de 31,6 yardas por pase completado, la conversación mediática alrededor del jugador aún ha crecido más. La coincidencia de las estadísticas con los números del versículo Juan 3:16 fue el tema de conversación en las tertulias post-partido . “Sus estadísticas hablan tanto de su fe como sus palabras” , comentaba un periodista. El jugador suele escribirse esa misma referencia sobre la típica mancha negra que los jugadores de fútbol americano se pintan debajo de los ojos. El lunes, tras la curiosa coincidencia de las cifras, “John 3:16” se convirtió por muchas horas en uno de los tres términos más buscados en Google.
Tebow no tiene problemas para mostrar su fe en Cristo ante las cámaras, y lo hace con naturalidad. Uno de sus gestos más comunes sobre el terreno de juego es doblar una rodilla, apoyar la otra sobre el suelo, y orar brevemente. El gesto ya ha sido bautizado como “Tebowing”. Lo copian ahora niños y jóvenes en todo el mundo, e incluso se ha creado una página web de fans que le imitan.
DEBATE Y PRESIÓN
Entre los propios cristianos evangélicos de Estados Unidos, ha surgido la duda sobre cómo tratar el fenómeno Tebow . A diferencia de otras celebridades que se llaman cristianos a sí mismos, Tim sí parece tener una vida íntegra y su exposición a los medios sólo ha ayudado a confirmar aún más claramente que sus palabras cuadran con sus actos.
La mayoría de los evangélicos consideran que la figura de Tebow favorece a la imagen pública de los cristianos evangélicos y debería ser apoyado como un modelo de vida cristiana. Otros recuerdan, sin embargo, que no deja de ser un humano más. Ponerle en un pedestal, opinan, sería negativo , especialmente si a lo largo de su carrera comete errores que arruinaran su imagen.
La presión para conseguirlo seguirá allí. Una de las ideas que más comentarios jocosos ha levantado en la NFL han sido sus declaraciones en las que insiste en su intención de llegar virgen al matrimonio . Entre las reacciones desafiantes está la de una modelo de la revista Playboy , que ha dicho que “es un bombón, es emocionante que sea virgen”, y asegura que su objetivo será conseguir que Tebow pierda esa virginidad.
REPUBLICANOS BUSCAN SU APOYO
Incluso los políticos estadounidenses se han interesado por Tebow . Según ha reconocido el propio jugador, varios candidatos de las primarias republicanas que se están celebrando en este inicio de año en Estados Unidos le han pedido su apoyo. Conscientes de su capacidad de influencia y de su aceptación entre los votantes evangélicos , varios han intentado contactarle con el fin de incluirle en su campaña política.
Un anuncio televisivo de Michelle Bachmann , que ahora ya se ha retirado de la carrera electoral, le mencionaba: “Se podría decir de Bachamnn lo mismo que de Tebow: ‘no tiene trayectoria, es Cristiana, y como Tebow, sigue luchando y sigue ganando apoyos’”.
También Rick Perry , gobernador de Texas, ha intentado aprovecharse de la ola de popularidad del jugador. “Espero ser el Tim Tebow de los caucases de Iowa”, dijo antes de que empezaran las primarias.
LA AUTENTICIDAD COMO PRUEBA
Muy posiblemente los Denver Broncos no conseguirán ganar el título este año. Pero el impacto de Tebow, más allá de lo deportivo, ya ha sido enorme. Como lo define una aficionada del equipo en el diario Christian Post, “la gente quiere saber qué es lo que hace que Tebow esté tan emocionado. Creo que lo bonito de él es que sabes dónde está y qué es lo que cree , pero no sale a exigir a sus fans que lean la Biblia, vayan a la iglesia o den sus ingresos a Ongs. No es la enseñanza evangélica sofocante que hace que mucha gente no quiera saber nada de la religión, sino que es una fe mostrada a través de su ejemplo que te hace pensar si es posible que detrás de él haya algo más que sería interesante descubrir”.

Fuentes:NFL, Christian Post, ESPN, Sky News, 442.
Autores: Joel Forster
© Protestante Digital 2011

viernes, 13 de enero de 2012

Mensaje Petróleo por la sangre de Muamar Gadafi

Por. Obed Juan Vizcaíno Nájera, Venezuela

En estos tiempos de dificultad económica, no debería ser pedir demasiado, a un país de la riqueza y recursos de Libia, que pague su parte de la cuenta” (Daniel Kawczynski)
Las mascaras se caen, ya Europa y los Estados Unidos comienzan a reclamar a Libia el precio de la “acción humanitaria” de la OTAN. La Sangre de Gadafi y de miles de de sus seguidores debe ser saldada con el petróleo libio, que fluirá libremente para la Europa occidental y los Estados Unidos. Derrotar y acabar con Gadafi era un paso necesario que anuncia premonitoriamente la invasión a Irán. Es por eso que se reafirma que ninguna acción militar de las potencias de occidente es espontanea o en defensa de las democracias árabes ni de ninguna parte del mundo.
La inminente desestabilización de la política y la encomia siria, obedece a los planes previos a la invasión a Irán. Por las fronteras iraquíes y turcas están entrando mercenarios árabes y latinoamericanos que están armando a sectores de oposición sirios y programando atentados contra las instituciones públicas de este país árabe. Por esas mismas fronteras turco-iraquí entraran las tropas y vuelos de la OTAN e israelíes desde el mediterráneo utilizando las costas y el territorio sirio.
Es asombroso ver como las grandes potencias occidentales se hacen de la vista gorda de aquellos regímenes árabes aliados, que en muchas décadas no han dado libertades democráticas a sus ciudadanos, pero que sin embargo atacan a Siria después de haber atacado a libia con los resultados que ya conocemos. Esta es una estrategia muy característica de las potencias imperialistas y colonialistas. Así hicieron con los regímenes militares en América latina en las décadas de los 50, 60 y 70 del siglo pasado.
Entre 600 los 1250 millones de libras esterlinas consistió la inversión del Reino Unido en el derrocamiento de Gadafi, sin contar la inversión que hizo cada país que participó en la operación contra el pueblo de Libia. La lógica capitalista estuvo presente en esta acción militar y genocida contra el gobierno de Gadafi, se invirtió en la muerte para sacar ganancias en exceso. El Consejo Nacional de Transición libio, está sirviendo en bandeja de plata a toda la nación siguiendo la premisa imperialista que la guerra es un negocio productivo.
Según el diputado conservador Daniel Kawczynski, presidente de la comisión parlamentaria británica sobre Libia, el Reino Unido debería ser el primero en beneficiarse para recuperar los millones de libras gastados en la intervención militar: “En estos tiempos de dificultad económica, no debería ser pedir demasiado, a un país de la riqueza y recursos de Libia, que pague parte de la cuenta”.
En estas nuevas cruzadas de las potencias occidentales, los lugares santos no son religiosos, son económicos. Se pelea por los recursos de los países que una vez fueron colonias europeas y que por un giro del destino poseen las grandes reservas de recursos naturales, tan necesarios para mantener el consumismo desmedido en los países desarrollados. También cuentan los países neocolonialistas en los países candidatos a invasiones, con el apoyo de grupos políticos, económicos y sociales que sin ningún sentimiento de lealtad o de patriotismo venden sus fidelidades por un puñado de monedas y beneficios económicos y sociales.
Recientemente, el viernes 6 de Enero 2012, decía Nuri Berruien, presidente de la Compañía Nacional de Petróleo de Libia, en Doha (Qatar): “Favoreceremos a nuestros amigos cuando otorguemos los contratos de explotación de las reservas de petróleo de Libia”. Al contrario con lo que supuestamente sucede con Venezuela y los países miembros de Petrocaribe, esto no causa ningún eco ni escándalos en las grandes trasnacionales de la información.
Comienzan a caerse las mascaras, se inicia el baile de los millones, Libia y su actual Consejo Nacional de Transición comenzaran el largo camino de la recolonización y repartición del territorio libio. La pérdida de la soberanía nacional como ha pasado en Irak y Afganistán será la característica de la Nueva Libia o quizás deberíamos llamarla Tripolitanita o Cirenaica como la había nombrado en tiempo del imperio romano el emperador Diocleciano.
Ahora el emperador es otro, Barack Obama, y también funciona como en tiempo de Diocleciano otra más poderosa y mortal tetrarquía, formada por los Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Alemania, la cual cuenta con un brazo armado como lo es la todopoderosa OTAN. A la fuerza están imponiendo un régimen militar-policial mundial y unipolar, en el cual solo se cumpla la voluntad de las grandes potencias noratlánticas.

Fuente: Obed Juan Vizcaíno Nájera.
Obedvizcaino@gmail.com
Maracaibo- Venezuela

miércoles, 11 de enero de 2012

ENLACE NO ES UN CANAL CRISTIANO SINO UN NEGOCIO

Por. Luis Eduardo Cantero, Argentina.


Me alegra que muchos se han dado cuenta de la gran estafa que producen estos programas; pero, no solo alli sino también en muchas iglesias cristianas renovadas de corte tradicional (Bautistas, presbiterianas, metodistas u otras), han aprendido de estos estafadores hacer lo mismo con los hermanos. ¿Hasta cuando nuestras iglesias despertarán y levantarán sus voces en contra de los mercaderes de las indulgencias de hoy?, necesitamos despertar un espiritu reformador para contrarestar estos males que circulan nuestra socieda cristiana. Lees invito a reflexionar a través de estos vidios:


Evangélicos (Pastores multimillonarios)

EVANGÉLICOS (¡ Quiero tu dinero, más, más, y mucho más!)

falsos cristianos al descubierto--- enlace y su casa de mercado---¡¡vaya changarrito!! 2 Ped 2:1-3

lunes, 9 de enero de 2012

RAÍCES BÍBLICAS DEL SACERDOCIO DE TODOS/AS LOS CREYENTES

Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México.

Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa.
Éxodo 19.6a

1. Éxodo: un pueblo de sacerdotes
La idea y eventual práctica de un sacerdocio amplio, universal, entre todos los creyentes en el Dios de Jesús de Nazaret no surgió con Lutero ni en la época de la Reforma protestante, pues lo que ésta hizo fue rescatar la propuesta divina de crearse para sí un pueblo entero compuesto de sacerdotes, es decir, de personas maduras y responsables de su relación con el pacto establecido por Dios con ellos/as. Así aparece con toda claridad en el pasaje de Éxodo 19, cuando, luego de tres meses de peregrinaje, el contingente del pueblo hebreo que había salido de Egipto guiado por Moisés arribó al desierto del Sinaí. Luego de que él “subió” ante Yahvé (v. 3a) y de que éste le recordara lo sucedido hasta ese momento, la última parte de lo expuesto a Moisés consiste precisamente en la afirmación de la elección divina, la celebración del pacto con el pueblo (v. 5) y la voluntad de que los hebreos sean “un reino de sacerdotes y de gente santa” (6a). Se trataba de un momento muy solemne pues inmediatamente después de que Moisés refirió esta situación al pueblo y de que éste aceptó las nuevas indicaciones, el texto narra que Yahvé anunció que se presentaría en “una nube espesa” a fin de que el pueblo escuchase el diálogo (v. 9). Lo que continúa son las instrucciones para la “consagración” del pueblo, el acto mismo y la presentación de los Diez Mandamientos.
Este relato contrasta bastante con la institución del oficio sacerdotal en Israel, el cual, como explica Roland de Vaux, era una “función” y no una “vocacion”, ni mucho menos un “carisma”, puesto que no son llamados ni elegidos como los profetas o los reyes. La época patriarcal ni siquiera conoció ese oficio y los patriarcas mismos, como cabezas de familia, eran quienes realizaban el sacrificio (Gn 22; 31.54; 46.1): “El sacerdocio no aparece sino en un estadio más avanzado de organización social, cuando la comunidad especializa a algunos de sus miembros para la custodia de los santuarios y el cumplimiento de ritos que poco a poco se van complicando”.[1] “El sacerdote heredó las prerrogativas religiosas del cabeza de familia de la época patriarcal”.[2] Por ello, esta visión renovadora del sacerdocio se complementa con el sueño o la utopía de Moisés de que todo el pueblo fuese profeta (Nm 11.29). Este ideal de un pueblo comprometido con la espiritualidad y la palabra divina lamentablemente nunca se cumplió.
2. Pablo y Hebreos: mediación y sacerdocio únicos de Jesús
Partiendo de la base de que los escritos del apóstol Pablo y la carta a los Hebreos tienen una visión del “sacerdocio de Jesús” completamente opuesta, pues mientras que él jamás aceptó esta idea y se refirió a Jesús como “único mediador (mesítes) entre Dios y los hombres” (I Tim 2.5), el argumento general de dicha epístola gira completamente alrededor de ese sacerdocio partiendo de la práctica del sacrificio vicario y de la sustitución acontecida en la cruz: “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote (eleémon génetai kai pistós arjiereus) en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (2.17). Esta oposición teológica y doctrinal, lejos de causar alguna contradicción irresoluble y además de mostrar la pluralidad teológica del Nuevo Testamento manifiesta, por otro lado, una gran coincidencia, en continuidad con lo anunciado por el Éxodo, en el sentido de que la responsabilidad que tiene cada creyente en Jesucristo sobre su fe y espiritualidad procede de esa mediación realizada por el redentor, puesto que si él asumió en su persona todo el peso de la ley y el pecado, al momento de conseguir la salvación.
Peter Toon advierte que esta doctrina “ha sido frecuentemente explicada de manera popular como el derecho de cada creyente individual a actuar de una manera sacerdotal —orar a Dios por sí mismo y por otros y enseñar los caminos divinos a otros. Como tal, se ha asociado a la justificación por la fe —siendo puesto “en paz con Dios”— por lo que cada quien puede actuar como sacerdote”.[3] Sugiere que un mejor abordaje consiste “en ligar el concepto de sacerdocio con el pacto, tal como sucede en el AT (Éx 19.5-6) y ver esta doctrina como un realce del privilegio corporativo y al responsabilidad del pueblo creyente de Dios del nuevo pacto. Así, cada congregación de creyentes fieles puede actuar como sacerdocio, siendo un microcosmos de la totalidad de la iglesia”.[4] De este modo, se salvaguarda la percepción individual y comunitaria del sacerdocio al mismo tiempo que se afirma la realidad del llamamiento para practicar dones y funciones específicas.
3. Pedro y Apocalipsis: la plenitud del “sacerdocio universal”
El apóstol Pedro, como bien recordará Calvino, más allá de cualquier interpretación sobre la superioridad de su labor apostólica, es quien afirma con todas sus letras la realidad del “sacredocio real”, dedicado a Dios, partiendo de la metáfora de Jesús como “piedra viva, escogida y preciosa” (I P 2.4), para que luego cada creyente sea, él o ella mismo/a, “piedra viva” también (v. 6), “casa espiritual” y “sacerdocio santo (jieráteuma agion) para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (v. 5b). De ahí parte su afirmación posterior que, como parte de una enumeración, incluye la calidad del linaje, la santidad de la nación como el conjunto adquirido por Dios en Cristo para salvación (v. 9). El “sacerdocio real” no es una categoría ontológica sino un oficio espiritual instalado por la obra de Cristo en la vida de cada creyente. No surge para instalar nuevas formas de superioridad religiosa sino para actualizar el proyecto divino de tenet un “pueblo de sacerdotes” que lo represente en el mundo.
Ésa es la orientación también del Apocalipsis, en donde el pueblo perseguido de Dios tiene una dignidad espiritual que los equipara con “reyes y sacerdotes” (1.6; 5.10) para manifestar las grandezas de la obra divina en el mundo. Estos hombres y mujeres llevan esa dignidad por todas partes como testimonio de la aplicación del trabajo redentor de Jesucristo y el simbolismo de su nuevo estado manifiesta una superación total de los esquemas religiosos antiguos, pues cada creyente tiene una responsabilidad enorme en la transmisión del testimonio de la obra salvadora de Dios en Cristo, lo mismo que hoy y siempre cada creyente ha recibido como encargo. De ahí que el sacerdocio de todos los y las creyentes sea un ministerio no sólo en potencia sino en acto permamente.

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[1] R. de Vaux, Instituciones del Antiguo Testamento. 3ª ed. Barcelona, Herder, 1985 (Biblioteca Herder, Sagrada escritura, 63), p. 449.
[2] Ibid., p. 452.
[3] P. Toon, “Priesthood of believers”, en Donald McKim, ed., Encyclopedia of the Reformed faith. Louisville, Westminster-John Knox, 1992, p. 303.
[4] Idem.