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miércoles, 23 de diciembre de 2009

Obama y Marty: Dos caras de una misma fantasía

Por: Obed Juan Vizcaíno Nájera. Venezuela

Bueno Obama es el nuevo presidente norteamericano, hijo de una mujer blanca, Ana Dunham, y de un hombre africano de Kenia, llamado también Barack Obama. El nuevo presidente norteamericano es un afroamericano, no desciende directamente como la gran mayoría de los afroamericanos estadounidenses, de las personas de color traídos a la fuerza de África para trabajar forzosamente como esclavos en las inmensas plantaciones de algodón y otros cultivos, en gran parte de los Estados Unidos.
Los padres de Barack se conocieron en la Universidad de Hawai, el nuevo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica fue criado por su madre y sus abuelos maternos, vivió por algún tiempo en Indonesia. Obama estudio en Nueva York, en la Universidad de Columbia, en la cual se graduó en 1983, culmina sus estudios de derecho en Harvard en 1991.
¿Quien es Marty? La simpática y atormentada cebra de la película Madagascar, que al cumplir los diez años entra en una seria crisis de la edad media, por lo tanto decide conocer y recorrer al mundo. Esta crisis de Marty arrastra a sus amigos, compañeros del zoológico de Nueva York a una aventura que comienza en las calles de la gran manzana y los lleva a África. Un grupo de animales criados en cautiverio en las cuatro paredes de un zoológico, sin ningún instinto salvaje o natural que les hiciera aptos para enfrentar los nuevos retos que les preparaba su aventura.
Descubrimos cierta similitud y paralelismos entre los personajes de la película Madagascar y Obama y sus seguidores más a la izquierda. Todos o casi todos se dejan arrastrar por la euforia del triunfo obtenido en los Colegios Electorales, no están apreciando en verdad que la verdadera aventura apenas comienza, que está mas allá de las calles alumbradas y pulcras, de cualquier ciudad norteamericana.
Obama tiene su origen en el África, por vía de sus familiares paternos, Marty y sus amigos también tenían sus orígenes en África, pero habían sido domesticados desde hace ya muchas generaciones. No eran animales completamente salvajes y obama no es un hombre completamente negro, ni descendiente de las personas Africanas desarraigadas por la fuerza por la fuerza de la ambición de algunos personajes que puede ser que tengan a sus descendientes entre muchos que apoyan y han financiado la campaña electoral de Barack Obama.
En una parte de los diálogos de la película Madagascar, Marty, expresa la gran incertidumbre de no saber si era una cebra blanca con rayas negras o si en verdad era una cebra negra con rayas blancas. Obama a veces se lucía, demostrando que el no era completamente negro, ni completamente blanco. Tampoco se presentó nunca como un mestizo o como un mulato, ni hablaba como la gente del Bronx o de Harlem o como la gente de color del sur de los estados Unidos.
Pareciera que un hombre blanco estuviera encerrado por un raro accidente genético en el cuerpo de un hombre blanco. Su fenotipo es el de una persona de color, pero su genotipo quiere revelarse como el de un hombre blanco, como su familia materna, quizás para evitarse algunos trastornos, rechazos o discriminaciones tan propias de la muy culta sociedad norteamericana.
Ojala y no se dé con Obama el caso como en un conocido cuento de los hermanos Grimm, que nos narra la historia de un Rey que se dejó engañar por unos astutos sastres que lograron presentarlo ante sus súbditos desnudo, eso si, creyéndose bien vestido, hasta que la voz inocente de una niña gritó: ¡El Rey está desnudo! Ojala y no se del caso de una voz que grite delante de Obama: ¡El Presidente es negro! Y se caiga toda la fantasía de todo un pueblo.
La incertidumbre nos salta a quienes vivimos lejos de la frontera de los Estados Unidos de Norteamérica, porque en más de una ocasión oímos y vimos a Obama arremeter contra Venezuela y contra nuestro presidente. Nos recuerda a veces este caso de Obama a la Malinche Marina, quien se convirtió en amante y traductora del asesino y genocida de Cortez. India seducida que sirvió como instrumento de conquista y muerte contra su propia gente.
Quizás era una estrategia del oportunismo electoral, pero demostraba así que debajo una mullida piel de oveja puede esconderse un lobo feroz que pudiera lanzar sus dentelladas contra nuestra Revolución Bolivariana, ante la urgente necesidad de apoderarse de nuestras Fuentes energéticas e hídricas.
Quiera Dios que Barack Obama no sea una traición para su propio pueblo norteamericano y en especial que no se convierta en traidor de los millones de afrodescendientes norteamericanos y de millones de latinos y otras minorías que depositaron sus esperanzas en él.
Por lo pronto es necesario decirle a Obama o a cualquier otro agresor norteamericano o de cualquier latitud, que no nos encontraran diciéndole ingenuamente: ¡Qué ojos tan grandes tienes Obama y que boca tan grande tienes! Aquí hay un pueblo que sabrá defender a esta Revolución y al honor de nuestros antepasados libertadores y libertadoras de estas tierras de gracia.
Ya Venezuela cambió, no vamos esta vez a cambiar petróleo por centavos, sepa quien ponga la planta insolente sobre este sagrado suelo bolivariano, que la ofensa se les convertirá en dolor y la pretensión en derrota.

¡El pueblo nunca olvida!

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