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sábado, 13 de febrero de 2010

Un año negro

Por. Juan A. Monroy, España*

Aún cuando ya hemos vivido una parte del 2010, no por eso queremos arrinconar la memoria ni olvidar lo difícil que fue, para muchos y en muchos sentidos, el año que pasó, calificado por medios de comunicación como un año negro. Entramos en el 2010 con cuatro millones y medio de parados. El ministro de trabajo anunció el 26 de enero último que el paro seguirá creciendo.
La crisis económica dio lugar a que 3.000 empresas presentaran suspensión de pagos durante el año. Estas son cifras oficiales. Otras fuentes duplican el número. Hubo y hay españoles que pasan hambre. Según el Instituto Nacional de Estadística más de ocho millones de personas sobreviven en España con menos de 500 euros al mes. Casi el 20 por 100 de los españoles se encuentra por debajo del umbral de la pobreza.
La crisis económica ha originado un tenso debate en torno a la inmigración. Cuando el desempleo arrecia, entre los españoles crece la sensación o el prejuicio de que sobran los inmigrantes y se quejan de que el Gobierno haya dejado entrar a tantos. En sólo ocho años nuestro país ha pasado de 800.000 a cuatro millones y medio de inmigrantes, principalmente de Rumanía, Marruecos y Ecuador. Otro problema vivido por España en el 2009 y que viene de años atrás, es el de la corrupción en la que están involucrados políticos de casi todas las autonomías. Una nota del diario EL PAÍS decía que la policía ha detenido en los últimos cinco años a 943 personas en 232 operaciones contra la corrupción política y en las que se incautaron bienes por más de 3.000 millones de euros. Según la última encuesta del Eurobarómetro el 83% de los españoles considera que la corrupción es un problema importante políticamente.
Con ser graves, no son los únicos problemas heredados del año negro. Han producido también alarma social temas como el aumento de la violencia en general, el maltrato a las mujeres, la delincuencia juvenil, los estragos producidos por las drogas, la locura del cambio climático, que está elevando la temperatura del planeta, la alarma provocada por la llamada gripe A, la corrupción de la justicia, el aumento del sida, los debates en torno a la enseñanza escolar, los nuevos modelos de familia que están surgiendo con la legalización del matrimonio homosexual, los enfrentamientos que no cesan entre la Iglesia católica y el Estado, y muchos etcéteras más. El miedo, la incertidumbre oscura, la ansiedad, la crisis mundial de la economía, las empresas con los músculos destemplados, todas estas calamidades que ha arrastrado el año 2009 a lo largo de sus doce meses incubaron el virus de parálisis y desesperación de los cuarenta y cinco millones de personas que vivimos en este país llamado España.
¿Qué nos depara el futuro? ¿Cómo será el año 2010 del que ya llevamos algunos meses vividos? Para esta peregrinación esteparia sólo hay un camino seguro: la esperanza. Después de tantas noches oscuras, la esperanza es una invitación al nuevo día. Si la amargura se encuentra en las raíces del alma, en la región vecina se encuentra la esperanza. Aquí hablamos de esperanza en Dios. La llave del futuro no la tienen los políticos ni los economistas. La tiene Dios. El Creador del mundo no ha muerto ni duerme un largo sueño, ajeno a lo que está ocurriendo en estas latitudes. El tiene contados uno a uno los cabellos de nuestra cabeza. También controla la Historia y al hombre que la protagoniza.
Los cristianos hemos de evitar que la psicosis de inseguridad que se extiende por toda la capa de la sociedad española nos haga caer, también a nosotros, en las redes de la desconfianza y del miedo. Desde las alturas celestiales nos llegan estas palabras consoladoras: “No os afanéis por vuestra vida…Mirad las aves del cielo…No os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propia fatiga… Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia”.
*J. A. Monroy es escritor y conferenciante internacional.

Fuente: © J.A. Monroy, ProtestanteDigital.com (España, 2010).

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