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sábado, 6 de noviembre de 2010

¿Qué hay detras de las corrientes apostólicas e iglesias renovadas? Entre la oferta y la demanda.




Por. Luis Eduardo Cantero*

La apología era una de las disciplinas que surgió dentro del seno de la iglesia cristiana en sus comienzos. Era una argumentación filosófica cristiana, que tenia como objetivo dar razones de este movimiento de seguidores de Cristo (cristianismo). Los padres del Siglo II, como Justino y Tertuliano, hicieron uso de esta ciencia, a ellos la sociedad los llamó apologistas; porque se esforzaron por defender las doctrinas cristianas, ante a las amenazas de los enemigos del cristianismo.
En la edad media los escolásticos decidieron incluirla como una asignatura más, dentro del programa de Teología. Aquí los motivos ya no era justificar la razón de ser del cristianismo, sino de darle credibilidad al creyente que tiene al profesar la fe en Cristo. (1) El creyente no estaba sometido a vivir a ciegas la fe, sino que esa fe debería hacer uso de la razón. Puesto que la fe esta en armonía con la razón y no es, un sentimiento a ciegas. Como algunos líderes “renovados y apostólicos” quieren hacer de ésta un instrumento para sus propios fines.
Un ejemplo, lo percibimos en las nuevas corrientes místicas apostólicas, iglesias renovadas, etc. Pues, estos grupos, aunque no todos, tienen como finalidad convertir al creyente a su propia ideología suprairrealista (oraciones místicas, retiros para escuchar la voz del Espíritu Santo). Porque la conversión de los corazones es un fin en si mismo, cuyos principales medios son: someterse a un lavado de cerebro, a través de cursos, seguido de pactos, sacrificios de darlo todo a merced de vivir en la penumbra o en la vida próspera: ganancia.
Estos apóstoles e iglesias renovadas de hoy hacen uso de esta disciplina de la apologética, por medio de sus discursos, talleres de sanidad de economía, retiros espirituales, etc., hacen que sus seguidores apuesten a lo que ellos enseñan y defienden como “verdad revelada” por Dios. Justificando sus acciones con argumentos medievales de que Dios les habló, y les profetizó tal cosa. Y que hoy como aquellos tiempos debemos estar dispuestos a escuchar la profecía dada en la Palabra o por boca del profeta o apóstol. No dudamos que Dios pueda hablar, pero hay que tener mucho cuidado con estas nuevas corrientes renovadas, que en vez de ayudar a los creyentes afianzar en la fe, en la doctrina, terminan generando problemas existenciales y por ende, psicológicos.
Lo que quiero es que entendamos la lógica del juego, que hay detrás de estas corrientes ideológicas no teológicas. Ellos hacen uso de la oferta y la demanda, procuran producir en la gente la necesidad de entrar en el juego de la apuesta; ésta es solo un medio entre otros para hacer creer que la era apostólica de hoy, es verdadera; entonces hacen uso de una argumentación falseada, acompañada de actos de unción, de milagros, etc. Su objetivo es impulsar al creyente, como a los creyentes veteranos a desear creer. Para poder cautivar a los feligreses “maduros, veteranos”, les dicen que ellos habiendo tenido una conversión con Dios aún no tienen toda la llenura o plenitud del Espíritu Santo, pues no saben nada de Dios, de sus misterios, como las profecías, el hablar en lenguas, etc. Que necesitan una segunda experiencia, (algo parecido a los movimientos místicos de los primeros siglos). Estas cosas se convierten en un objeto de apuesta que el creyente y no creyente debe creer y asumir, porque, según que exista o no, hay alternativa de ganancia o pérdida.
No apostar a favor de estas ideologías “apostólicas”, “renovadas” y sus argumentos es de hecho apostar en contra. Pues, según esta doctrina esta en juego el destino, no se puede ser neutro: por el solo hecho de vivir de una manera u otra, se toma partido en pro o en contra de Dios. Lo que esta en juego aquí es la vida del sujeto (creyente o no), vivir la vida de una u otra manera tiene sus causas y consecuencias, según nos plantea las ciencias humanas (Teología, la Filosofía y la Psicología). El sujeto (creyente o no) es consciente de eso y desea vivir mejor, como dice Von Mises, “que cierta incomodidad en el sujeto actuante que lo impulsaba a buscar una situación mejor…” (2) Pero, a diferencia del uno del otro, me parece que el creyente debería ser más inteligente, porque ha abrazado la fe, conoce la Biblia, que el no creyente. Sin embargo, es subyugado y cae en los enredo de las ideologías apostólicas y renovadas.
Me puse a reflexionar como filósofo y me pregunto y respondo como filósofo, ¿Por qué el creyente se deja seducir por estas corrientes suprairrealistas? Porque esta en juego su vida, su destino, que implica ganancia o pérdida. Pues, todos apuntamos a la primera, casi todos cuando jugamos a las cartas o la play, apostamos o depositamos un dinero a termino fijo en un Banco nacional o internacional, en el fondo queremos ganancia, ganancia en lo apostado o en lo depositado. Aquí el coeficiente es medio: lo que se apuesta es la vida presente. Si yo logro algo, implica que mejoraría mi situación, mi entorno y por ende, mi familia. Entonces aquí el apostar es razonable, apostar a favor. Aquí la oferta y demanda obtuvo una ganancia. Pero, si un creyente obtuvo lo contrario a la ganancia, ya no es razonable, porque obtuvo pérdida, entonces hay un justificativo de los ideólogos de estas corrientes renovadas y apostólicas que le faltó fe o necesita una liberación, etc.
Ante esta realidad que viven muchos creyentes latinoamericanos, vale la pena que hagamos de la apologética una herramienta para depurar las falsas ideología que están haciendo daño al verdadero evangelio enseñado por Jesús, sus discípulos, los reformadores y los cristianos en la historia. La Biblia nos enseña que la vida no solo se limita al logro material, es mucho más que eso. Jesús fue ejemplo de eso y nos mostró personas que iban detrás de estos fines materiales, y ¿qué les dijo? Desde esta perspectiva la lógica se invierte, pues apostar por Jesús es ganancia posible, infinita; la vida presente finita: desgraciada, en Jesús se convierte en una felicidad multiplicada por dos infinitos, uno de duración y otro de intensidad. El coeficiente es una posibilidad de ganancias contra una ideología material, pero finito de posibilidad de perder.
La conclusión filosófica cristiana es apostar a favor del verdadero evangelio enseñado por Jesús, hacer uso de nuestra razón, de nuestro libre albedrio, no nos dejemos llevar por falsas ilusiones. Volvamos a tomar de la fuente de la Palabra de Dios. Les invito a llenar esos vacios. Deje que Dios le guie. Dejemos los placeres sensibles, los éxitos efímeros, todo aquello que nos hace dejar de lado el verdadero fin a lo cual Dios nos ha llamado. Y recuperemos la visión del Reino de Dios. Procuremos “mentes sanas, cuerpos sanos y lograremos creyentes sanos, libres y dispuestos a cumplir la Gran Comisión. Así vamos a tener una iglesia sana.

*El autor es Doctor en Filosofía, pastor bautista, Decano y profesor del Seminario Teológico Misionero Tiranno, Bs. As. Argentina. Profesor adjunto de la Universidad FLET, Miami, EE.UU. www.luiseduardocantero.es.tl

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(1) Roger Verneux, Historia de la Filosofía moderna, Barcelona, Herder, 1980, p. 53
(2) Ludwig von Mises, Human Action, A Treatise on Economics. Henry Regnery Company, 1966, p. 13.


Publicado por Editor de Contenidos de Cristianet, Argentina.

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