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viernes, 31 de marzo de 2017

Educación sexual integral: un camino para seguir recorriendo



Por. Claudia Lombardo-Argentina
La Ley de Educación Sexual Integral (…) implicó un cambio profundo para la comunidad escolar, ya que no sólo supone la incorporación de nuevos contenidos, sino que significa una apuesta hacia una escuela abierta a la problemática de los alumnos y sus familias; a la vida entrando a la escuela…
La sanción de la Ley de Educación Sexual Integral (Ley 26.150, de 2006) abrió un camino nuevo para la educación argentina, ya que estableció un nuevo derecho: el de recibir educación sexual integral para todos los educandos de los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada de todo el país.
La creación de este derecho implicó un cambio profundo para la comunidad escolar, ya que no sólo supone la incorporación de nuevos contenidos, sino que significa una apuesta hacia una escuela abierta a la problemática de los alumnos y sus familias; a la vida entrando a la escuela; a la valoración de las emociones y de los sentimientos en las relaciones interpersonales; al fomento de valores y actitudes relacionados con el amor, la solidaridad, el respeto por la vida y la integridad de las personas y el ejercicio de los derechos relacionados con la sexualidad; al trabajo articulado con las familias y los centros de salud. Este cambio impone un desafío, porque tanto los docentes como la escuela toda, deben asumir ese lugar de contención y de acompañamiento en el trabajo de crecer y de adquirir valores.
Aunque muchas escuelas y docentes venían trabajando estas temáticas, como es el caso de las escuelas que pertenecen a la IEMA y otras comunidades religiosas, que desde su marco constitutivo consideran al niño como un ser integral, no todos los equipos directivos ni todos los docentes se encontraban preparados para asumir esta tarea que, a la sazón, constituye una obligación de los educadores.
El Ministerio de Educación realizó un trabajo sostenido para el cumplimiento de la nueva ley: elaboró el documento “Lineamientos curriculares para la Educación Sexual Integral”, aprobado por todos los ministros y ministras de Educación en Consejo Federal, en 2008 y creó el Programa de Educación Sexual Integral.
Las acciones del programa ESI incluyeron: estrategias de capacitación virtual para docentes y directivos de todo el país, estrategias de capacitación con encuentros presenciales y de trabajo en profundidad que se aplicó en 17 provincias, el diseño y distribución de documentos con los lineamientos y de sensibilización de los derechos vinculados al tema, la elaboración y difusión en las escuelas de materiales didácticos para su utilización en el contexto de las aulas y para trabajar con las familias.
Contar con herramientas conceptuales y metodológicas, es esencial para lograr la implementación de un cambio que se propone incorporar la sexualidad, que deja de ser representada como una dimensión acotada a las relaciones sexuales y al ámbito privado, para ser considerada como un contenido escolar, asentado en objetivos claros, pertinentes, factibles y evaluables en el al Proyecto Educativo Institucional de cada escuela y en cada aula, y además, para construir una enseñanza que busca revisar prejuicios e imágenes estereotipadas, promover la equidad de género y el marco de derechos humanos.
Si bien todas esas acciones desarrolladas por el Ministerio de Educación, apuntaron a la construcción de esas herramientas fundamentales para generar las condiciones que aseguren el cumplimiento de la ley, demuestran no ser suficientes para que se produzca un impacto significativo en las escuelas y que se concrete un trabajo sistemático que vaya más allá de los eventos aislados que suelen darse como respuestas de compromiso frente a la obligatoriedad impuesta por la ley. De hecho, en varias encuestas realizadas por agrupaciones gremiales, un alto porcentaje de docentes consideran insuficiente la capacitación recibida y no se sienten seguros para afrontar la tarea.
Se hace necesario, entonces, profundizar el trabajo y además de sostener en el tiempo la capacitación de docentes y directivos, es importante generar acciones de acompañamiento para consolidar la institucionalidad y transversalidad de educación sexual integral en los proyectos institucionales en cuestiones que no cubren las capacitaciones masivas, y que ayuden a abordar estas temáticas y las de mayor complejidad: género y diversidad sexual, violencia y abuso sexual, embarazo y maternidad/paternidad en adolescencia. Pero además requiere del apoyo y participación de toda la comunidad, familias, pediatras, especialistas en salud adolescente, clubes, iglesias, medios de comunicación, etc.
Como señalamos, la ley abrió un nuevo camino para que las instituciones educativas de gestión pública y privada, laicas o confesionales, asumamos este desafío que se nos plantea y abordemos estos temas con una mirada amplia y actualizada que tienda a transformar prácticas culturales prejuiciosas y no inclusivas y fomentar, basándonos en sólidos valores, la construcción de actitudes positivas frente a la sexualidad, la igualdad, el diálogo, la inclusión y el respeto por las diferencias.
El camino abierto nos presenta una oportunidad que no debemos desaprovechar, como miembros de la comunidad cristiana tanto en las instituciones educativas propias como en las instituciones escolares públicas, y también en los diferentes ámbitos sociales en los que nos desarrollamos, para garantizar el derecho fundamental de los niños de tener la mejor educación posible.

La autora es Lic. en Cs de La Educación y Magister en Didáctica por la UBA. Miembro de la Comisión de especialistas convocados por el Ministerio de Educación para la elaboración de los lineamientos curriculares de la Ley de Educación Sexual Integral (2008), Prof de UCEL, Directora del Programa UBA XXI, UBA. Ha dictado numerosos cursos de capacitación en el área del cuidado de la salud y sexualidad.

viernes, 24 de julio de 2015

¿Y dónde dejamos la educación sexual?



Por Alexander Cabezas, Costa Rica
La educación sexual no puede entenderse únicamente en su función genital biológica y reproductiva; esto sería ignorar la integridad del ser humano en lo que concierne a su área social, emocional, psicológica y espiritual, entre otras. Sin embargo, han sido algunos paradigmas erróneos los que se han encargado de transmitir una perspectiva reduccionista y distorsionada de la sexualidad, algo que ha acrecentado las brechas que existen para una sana concepción.
Las consecuencias de estos sesgos son evidentes cuando no se logran puntos de equilibrio ni de acuerdos que permitan construir estrategias para enseñar algo sobre sexualidad de forma equilibrada, profesional y responsable en los diversos espacios y en especial en el dialogo y en la comunicación con los adolescentes y los jóvenes.
Claro ejemplo de ello es que sólo hace unas pocas décadas los adolescentes, que hoy ya son padres o abuelos, iniciaron su vida sexual en los locales donde las “chicas malas” del pueblo (un término despectivo para referirse a las mujeres que ejercían la prostitución), con el fin de “hacerlos hombres” (como si ser hombre se definiera por su capacidad de tener sexo). En muchos casos, estas mismas mujeres fueron las primeras, y quizás las únicas, maestras en materia de educación sexual que tuvieron nuestros ancestros. Pero para colmo de males, después se alentaba a estos jóvenes a utilizar su experiencia sexual inicial para buscar  una chica “pura y virgen” con el objetivo de cumplir sus sueños de construir un hogar.
De este pobre entendimiento, que rebaja a la mujer a ser un simple objeto sexual, se ha valido el machismo para justificar el placer únicamente para el hombre, al mismo tiempo que considera que el deber de la mujer es complacer los deseos de su marido y engendrar hijos sin ningún tipo de consideración por sus emociones o deseos.  Este mensaje popular se perpetuó con la ayuda de algunas enseñanzas bíblicas, fuera de contexto, que promovían que era el hombre el que debía ejercer poder sobre la mujer. De estas distorsiones, muchos arrastramos todavía algunas secuelas.
Con vergüenza reconozco que, en mi adolescencia, uno de los descubrimientos que más me impactó fue cuando me compartieron que las mujeres también tenían capacidad para experimentar placer como los hombres. Pensaba que los deseos sexuales eran tan viles, sucios y depravados, que eran la carga que teníamos que sobrellevar como género masculino.  Este ejemplo ilustra la escasa formación que se me había brindado en el campo sexual.
Pese al cambio de los tiempos, seguimos encontrando una escasa comprensión y formación del tema en el hogar, en la escuela y en la iglesia. Esto quiere decir que hablar de educación sexual sigue siendo un tema tabú.
Los jóvenes, ante el silencio de los sus progenitores y frente a sus demandas y necesidades, se forman o deforman, con el aporte que reciben de sus padres, la televisión, Internet u otro medio de comunicación que muestra el sexo como una transacción comercial desvinculado del amor, el compromiso y las relaciones interpersonales estables y maduras.
¿Tienen algo que decir la iglesia?
Sin pretender generalizar, aún existen muchos sectores eclesiales que continúan guardando silencio y que han  sido víctimas de un enfoque platónico que se viene arrastrando desde los primeros siglos de nuestra era. Las ideas griegas y platónicas permearon la iglesia con conceptos dualistas, lo cual produjo una separación entre lo espiritual y lo físico y se comenzó a entender el  sexo sólo como función reproductiva.
Quizás por ello, el libro de Cantar de los Cantares, (Shir hashirim” en hebreo),  recibió fuertes críticas y oposiciones para formar parte del Canon Bíblico. Incluso, Martin Lutero y otros, quisieron excluirlo. A algunos líderes se les ocurrió la idea de  suavizar su contenido y entenderlo como una alegoría en la que cada imagen relacional tenía que ser entendida como una relación entre Jesús y su Iglesia; algo que, por otra parte, violenta las reglas hermenéuticas de interpretación.
Como iglesia nos ha costado entrar en el dialogo de la educación sexual. Obviamente existen excepciones, pero debemos reconocer que ha sido más la labor de algunas organizaciones cristianas la que ha tenido que desarrollar el tema desde una perspectiva más amplia y, nuevamente, ante el silencio y marginación de la Iglesia.
El camino debe construirse desde la creación de puentes de comunicación, dialogo, modelos, que incluyan, el respeto, la dignidad, la tolerancia, la autopercepción y la aceptación, entre otros factores indispensables que, por supuesto, deberían iniciarse en el hogar y reforzarse en otros círculos más amplios, incluyendo las iglesias. Es todo un reto, no lo niego, sobre todo en estos tiempos en los que los medios de comunicación nos bombardean con estereotipos distorsionados de lo que es el sexo. Pero “no nos avergoncemos de hablar de lo que Dios no se ha avergonzado en crear” (Clemente de Alejandría).

Alexander Cabezas Mora, costarricense. Consultor en temas de niñez e iglesia. Profesor de varios seminarios teológicos en Costa Rica. Tiene una maestría y una licenciatura en teología y un bachillerato en Educación Cristiana.

Fuente: Lupa protestante, 2015.