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sábado, 25 de marzo de 2017

¿Qué van a hacer si deportan a papá?



Por. Juan Francisco Martínez, EE.UU
Una de las situaciones más dolorosas al caminar con la comunidad indocumentada en los Estados Unidos es tener que ayudar a los padres a hacer planes para el cuidado de sus hijos si ellos son arrestados y deportados.
Nadie quiere pensar en esta posibilidad y los padres de familia no quieren asustar innecesariamente a sus hijos. Durante la administración del presidente Obama padres de familia con hijos nacidos en los Estados Unidos no eran deportados, apenas que hubieran cometido alguna felonía.
Pero en la nueva situación los agentes de migración ya han recogidos a personas que antes habrían podido estar seguros. Así que, hay que planificar pensando en la posibilidad de la deportación.
Para algunas personas la deportación de personas indocumentadas parece obvio. Al fin y al cabo no tienen permiso para estar en el país. Sin embargo, la situación real es que muchas de estas personas han estado en los Estados Unidos por muchos años. Se han establecido en el país y sus hijos han nacido aquí. Sus raíces ya establecieron aquí y algunos ya no tienen muchas ligas en sus países de origen.
Somos un país que decimos creer en la importancia de la familia. Por eso se le ha dado la discreción a agentes de migración de poder posponer indefinidamente la deportación de padres de familia y cualquier otra persona que no tuvieran récord criminal.
Pero, antes no se trataba como crimen mayor el estar sin autorización en el país y utilizar documentos falsos para trabajar. Con los cambios que propone la administración Trump, casi toda personas indocumentada que trabaja sería criminal siendo que tendría que haber infringido en alguna ley para conseguir trabajo. Así que, todos serían criminales y sujetos a ser deportados.
Si se decide tratar de deportar a un porcentaje significativo de la población indocumentada, el impacto se hará sentir a varios niveles. Por un lado tratar de sacar a millones de personas del país se haría imposible en el sentido práctico.
El gobierno no tiene la infraestructura para hacerlo. Y prácticamente no lo podría hacer sin infringir en los derechos legales de las personas y probablemente también de algunos ciudadanos estadounidenses.
Pero el impacto sobre las familias sería desastroso. Ya se han hecho estudios sobre el temor en que viven los hijos de los indocumentados y el daño que les hace vivir con el temor de la posible deportación de sus padres. Afecta su salud mental, sus estudios y su desarrollo en general.
Si se comienzan a hacer las deportaciones que prometió el presidente, un impacto va a ser tener a miles de niños desconectados de sus padres al cuidado de otros familiares o del estado.
Por supuesto que también estará el daño social y económico. Serían muchas las comunidades que sufrirían al perder trabajadores y personas que contribuyen a la comunidad. También serían muchas las iglesias afectadas directamente. Algunas hasta perderían a sus pastores. Y el daño económico sería fuerte.
La película comíca Un día sin un mexicano se hizo la pregunta, ¿qué le pasaría a California si desaparecieran todos los inmigrantes de América Latina? Y la reciente protesta el 16 de febrero hizo la pregunta, ¿qué le pasaría a los Estados Unidos sin inmigrantes? La respuesta clara en los dos casos es que el daño económico sería fuerte.
Sin embargo, estamos ante la realidad de que existe un espíritu anti-inmigrante fuerte en un segmento de la población de este país y que la administración actual representa esos intereses.
Así que, necesitamos trabajar para ayudar a las familias potencialmente afectadas. Aunque me duele, aunque quisiera que no se diera la situación, tengo que hacer la pregunta: ¿Qué van a hacer si deportan a mamá, a papá o los dos?

Fuente: Protestantedigital, 2017

jueves, 21 de enero de 2016

Homosexualidad, Biblia y cultura



Por. Pedro Álamo
El libro sagrado
Partimos de la base de que la Biblia es un libro sagrado que no tiene la intención de dictar normas o leyes que anulen la libertad del individuo, sino orientarlo a la convivencia, a la paz, al amor, a la fraternidad, a la concordia…, a la vida, de forma especial para los más desfavorecidos.
Sacar un texto fuera de contexto y usarlo como arma arrojadiza para aquellos que no se ajustan a la norma establecida sería un atentado a la intención de Jesús de Nazaret, porque eso era precisamente lo que hacían los fariseos en su tiempo. Mantener una determinada posición o conclusión a partir de una serie de términos bíblicos confusos, sin atender al entorno sociocultural en el que se escribió un texto es más que peligroso.
El libro sagrado se escribió en un contexto determinado, con unos componentes culturales específicos y en una terminología que, a veces, es difícil de entender. Jesús era judío y vivió en una sociedad judía, en la que la Toráh influía sobremanera en la forma de entender la vida y la espiritualidad.
Así las cosas, si nuestra orientación es la letra de la ley, podremos encontrar sentencias muy graves hacia muchas prácticas cotidianas que para nosotros son normales. Por ejemplo, la Toráh explicita que si alguno tenía un hijo rebelde, su padre y su madre lo debían llevar a los ancianos de la ciudad y debía ser apedreado (Dt 21.18-21); lo importante era el orden establecido, la autoridad patriarcal… Era la ley. En nuestro contexto sociocultural esto es una aberración.
Sin embargo, si nuestra orientación no es la letra, sino es el espíritu de la ley, podemos intentar explicar textos como el que acabamos de citar para comprender la cultura de la época y el interés en preservar el orden establecido en una sociedad patriarcal, pero ajeno a nuestra cultura y, por lo tanto, no normativo; por ello, erigir prácticas religiosas y normas morales sin atender a estos elementos imprescindibles en la hermenéutica, empuja directamente hacia el fanatismo, el integrismo y fundamentalismo farisaico.
Según sea el concepto que tengamos del libro sagrado nuestra comprensión de la religiosidad y la espiritualidad estará condicionada. Letra o espíritu, esa es la cuestión.
Los textos bíblicos
Los textos más importantes en el Antiguo Testamento sobre la homosexualidad aparecen en la Toráh, más concretamente, en el código levítico orientado a la santidad. Lo importante era diferenciarse de los demás pueblos para dar a conocer al Dios de Israel, un Dios santo.
Levítico 18 comienza con una exhortación al pueblo de Dios para que no se comporte como los que vivían en Egipto, ni como los que habitaban en Canaán (v.3). Todo el capítulo 18 está orientado a las relaciones sexuales dentro de la familia patriarcal; es decir, la clave para interpretar este pasaje lleno de prohibiciones es el parentesco. Así, habla de relaciones sexuales con parienta próxima (v.6), padre o madre (v.7), la mujer del padre (v.8), la hermana (v.9), la nieta (v.10), la hermana del padre o de la madre (v.12-13), la tía (v.14), la nuera (v.15), la cuñada (v.16), la sobrina (v.17)… Además, en todas estas relaciones sexuales, aunque sean de parentesco, se daba una situación de dominancia del varón respecto a la mujer, tema no menor en la sociedad de la época.
En este contexto menciona las relaciones con varón como con mujer (v.22) y se concluye que es abominación. En el verso 24 se dice que ese tipo de prácticas correspondía a la corrupción de las naciones que el Señor iba a echar delante de ellos. Además, se advierte que cualquiera que hiciere esas cosas, era abominación y debería ser cortado del pueblo (v.29). Lo mismo tenemos en el capítulo 20, reiterando la prohibición de tener relaciones sexuales con parientes.
En este sentido, no podemos obviar el contexto de estas relaciones, ya que la prohibición se da en el seno de la familia patriarcal. Por ello, llama la atención que entre los 2 capítulos que hablan de las relaciones sexuales prohibidas en los grados de parentesco de la familia (Lev 18 y 20), el redactor intercala las leyes de la santidad y la justicia (capítulo 19) poniendo el énfasis en las normas que permitían la convivencia en el pueblo de Dios y, de forma expresa, la renuncia a la venganza, exhortando al amor al prójimo como a uno mismo (19.18). Por lo tanto, podemos deducir que las leyes de la santidad en lo que afectan a las relaciones dentro de la familia estaban para proteger de la violencia o venganza a los miembros de esa familia. En este sentido, las relaciones sexuales entre varones dentro de una familia estaban prohibidas de la misma manera que lo estaban otras relaciones de parentesco para evitar la venganza y favorecer la convivencia  en el pueblo de Dios.
El trasfondo histórico-religioso también arroja luz sobre la intencionalidad del redactor bíblico ya que en Canaán se practicaban orgías sexuales en honor a Baal. Por eso, los hebreos asociaban la homosexualidad a la idolatría; esto apoyaría el que en Levítico 18, después de hablar de las relaciones de parentesco prohibidas desde el punto de vista sexual, se mencione el ritual sacrificial de ofrecer al hijo por fuego a Moloc (v.21) y a continuación habla de las relaciones homosexuales. Seguramente, también Deuteronomio 23.17-18, donde se dice que “no haya ramera de entre las hijas de Israel, ni haya sodomita de entre los hijos de Israel”, se esté refiriendo a personas dedicadas a la prostitución ritual en los templos paganos.
En resumen, cuando la Toráh habla de homosexualidad se prohíbe dentro de una misma familia, en situaciones de dominación, idolatría, violencia, prostitución, ritos paganos…
En el Nuevo Testamento llama la atención el hecho de que Jesús no habla de la homosexualidad. Esto solo es un argumento de silencio y, por lo tanto, poco concluyente; Jesús tampoco habla en contra de la esclavitud y, sin embargo, en las sociedades modernas en las que vivimos y en la cosmovisión religiosa actual, consideramos la esclavitud como una aberración superada en la Declaración Universal de los Derechos humanos en cuyo artículado expresa: “Nadie será sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas” (art. 4).
Con el apóstol Pablo sí que se introducen textos que tratan de regular las relaciones interpersonales dentro del seno de la Comunidad y de forma expresa habla de relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Veamos algunos textos.
Rom 1.18,ss. En esta sección se habla de la rebeldía del ser humano y, de forma más concreta, los versos 26-27 hablan de las mujeres que dejaron “el uso natural por el que es contra naturaleza” y de los hombres que, “dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres”. La palabra lascivia (orexis) es un término genérico para hablar de todo tipo de deseos. Lo llamativo aquí es que la relación sexual de hombres con hombres es calificada de “hechos vergonzosos” (asjëmosúnë); este término significa “vergüenza, desnudez”, y está en correlación con los textos del Antiguo Testamento que insisten en no descubrir la desnudez de los parientes.
La expresión “contra naturaleza” aplicado a las mujeres en este texto de Romanos, también llama la atención. El texto griego usa“parà phúsin”, y esta misma expresión aparece en 11.24 donde se habla del olivo silvestre y el injerto que se describe como “contra naturaleza” (parà phúsin), misma expresión. El hecho de que la rama injertada no sea original no significa que no tenga vida, que no crezca, que no dé fruto o que sea mala en sí misma, todo lo contrario, es diferente. La preposición “pará” con acusativo significa “al lado de”, “junto a”; usamos la expresión “paranomal” para hablar de aquello que no se ajusta a ciertos patrones generales, como una experiencia que está al lado de otra, que se parece, pero es diferente… En este sentido, ¿qué es natural y antinatural?, ¿cómo determinamos eso? Por ejemplo, volar es “antinatural” para un ser humano, pero cogemos un avión, nos divertimos haciendo parapente, saltamos en paracaídas… También es antinatural cortarse el cabello, llevar gafas, construir carreteras, devolver bien por mal, llevar ropa… Que no sea “según la naturaleza” no significa que sea malo en sí mismo; sencillamente, es diferente. Por ejemplo, ir en bañador en una playa es normal, pero caminar así por la ciudad no lo es. Es el contexto en el que nos movemos lo que determina la “normalidad” de las cosas.
El texto de Romanos nos habla de un deseo que surge en la persona y que le lleva a una situación que socialmente es aceptada como diferente y/o vergonzosa. En este sentido, el entorno cultural es tremendamente importante. Por ejemplo, en la cultura con tradición musulmana, la mujer ha de ir cubierta íntegramente y, de forma especial, la cabeza; lo contrario representa una gran afrenta que avergüenza a su marido. Pero en las tradiciones occidentales, incluidas las religiosas, la mujer es igual al varón en capacidad, dignidad y derechos, no representando ninguna vergüenza ni afrenta el hecho de que vaya con la cabeza descubierta; ¿qué es natural que la mujer lleve un velo sobre su cabeza o que no lo lleve?; la cultura es lo que lo determina. Por ello, parece ser que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, en la cultura romana y judía representaban una “desviación”, siendo una práctica vergonzosa en ciertos contextos, según veremos más adelante.
1ª Cor 6.9: Habla de que los injustos no heredarán el reino de Dios y menciona expresamente a los fornicarios, los idólatras, los adúlteros, los afeminados y los que se echan con varones. Continúa la lista en el verso 10 con los ladrones, los avaros, los borrachos, los maldicientes y los estafadores. Aquí tenemos 2 términos que hemos de considerar: “afeminados” y “los que se echan con varones”. La palabra “afeminados” (malakós) solo aparece 3 veces en el NT (Mat 11.8; Luc 7.25; 1 Cor 6.9); los 2 primeros se refieren al tipo de vestido y nuestro texto de Corintios que traduce “afeminados” en la versión Reina y Valera 1960, pero puede tener otras connotaciones como persona libertina o inmoral. Ahora bien, ¿quién determina lo que es moralmente aceptable en una sociedad? Esto nos da pistas para pensar que hay conductas que están aceptadas o rechazadas en función de la cultura en la que se den.
La otra expresión a considerar, “los que se echan con varones”, traduce el griego arsenokoítës que se usa solamente aquí y en 1 Tim 1.10; este término se compone de 2 palabras griegas: koíte (cama) y ársen (varón) y es un tanto inseguro identificarlo con la homosexualidad ya que había otros términos griegos para ello y que no son usados aquí. Lo más probable es que se trate de aquellas personas que estaban dedicadas a la prostitución masculina sagrada en los cultos paganos de Corinto y podrían ser identificadas como “corruptoras de jóvenes”. Con esto concuerda el texto que estamos viendo (1 Cor 6.9) cuando comienza hablando de fornicación y, a continuación, habla de “idólatras”… Todas las conductas aquí descritas en este texto se practicaban en la prostitución pagana; de nuevo tenemos aquí un entorno cultural peculiar.
Por otro lado, hemos de recordar que la ciudad de Corinto fue destruida por los romanos en el año 146 a.C., y sus ciudadanos fueron ejecutados o vendidos como esclavos y se prohibió reconstruir la ciudad. Fue Julio César, un siglo más tarde, quien fundó la nueva ciudad, como una colonia romana y se convirtió a partir del año 26 a.C. en sede del procónsul y capital de la provincia senatorial de Acaya. Entre sus habitantes había soldados romanos retirados; según Estrabón, muchos eran libertos romanos (estaban un escalón por encima de los esclavos), también había judíos, algunos griegos, pero eran los romanos los que dominaban la ciudad con su cultura y leyes, por lo que se sostiene que Corinto era una ciudad más romana que griega.
En el mundo griego la relación sexual entre personas del mismo sexo no representaba una aberración; es más, se entendía como el amor ideal y “perfecto”. Entre los romanos, en los inicios de la república la homosexualidad estaba absolutamente prohibida y no fue hasta finales de la república y comienzos del Imperio que hubo un cambio, las costumbres griegas se fueron asimilando y las relaciones homosexuales se iban normalizando, aunque se mantenían ciertas diferencias respecto a los griegos. Entre los romanos la relación homosexual principal se daba entre un hombre adulto libre y un joven esclavo, lo que nos puede dar indicios para pensar en una relación de dominación entre ambos (amo/siervo).
Así las cosas, si el trasfondo de estos textos del Nuevo Testamento es la prostitución sagrada masculina en los templos paganos y las relaciones de dominación y abuso hacia los jóvenes varones esclavos se daba en un contexto más romano que griego, podría ser entendible la orientación paulina condenatoria sobre este tipo de práctica sexual, a partir de los componentes culturales.
1 Tim 1.10 nos habla de que la ley fue dada para los pecadores…, y dice expresamente que fue dada para los fornicarios (pórnois), para los sodomitas (arsenokoítais), para los secuestradores (andrapodistaïs)… Los 3 términos usados parecen formar una unidad en este texto. El término “sodomitas” está enmarcado entre “fornicarios” y “secuestradores” o más bien, tratantes o traficantes de esclavos; esto nos da a entender que estamos en el meollo del negocio de la prostitución tanto femenina como masculina. Ropero apunta:
Según los últimos estudios del término “cama-varón(es)” (arsenokoítai), parece indicar relaciones sexuales abusivas en el contexto de explotación y opresión, probablemente relacionadas con la compra/robo de muchachos para emplearlos en tales menesteres, tanto en medios profanos como sacros. Quizá se estaría aludiendo aquí a los sacerdotes de los templos donde se practicaba esta abominación, descalificados así como “proxenetas” (Alfonso Ropero, Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, Clie, 2013, pág. 1201).
Con ello concuerda el final del verso 10: “cuanto se oponga a la sana doctrina”, en referencia a las prácticas degradantes que se hacían con el ser humano en la sociedad civil y religiosa pagana. El apóstol Pablo habla de una línea de conducta que se aleje de esas prácticas degradantes para caminar a la luz del evangelio de Cristo (sana doctrina), donde las relaciones interpersonales se dan desde el respeto al ser humano (independientemente de su orientación sexual), desde la igualdad, desde la fraternidad y el amor.
A modo de cierre…
Creo que es pertinente introducir aquí el concepto de pecado. Las prácticas citadas en muchos textos bíblicos se identifican cuando representa una maldad contra otro ser humano, pero aquello que no es una maldad contra otra persona no puede ser catalogado como pecado. El mal no está en la relación sexual entre 2 hombres (o mujeres) cuando ambos consienten, sino en el abuso, la obligación, la dominación, la violencia que uno puede ejercer sobre el otro, la prostitución, la promiscuidad, el parentesco, el tráfico con seres humanos… Sería conveniente y necesario contestar a la pregunta: ¿Qué maldad está cometiendo una pareja del mismo sexo que consciente y libremente ha tomado la decisión de desarrollar un proyecto común? Yo no soy homosexual, y mi respuesta a esta pregunta es que no está cometiendo ninguna maldad; eso me basta. Sin embargo, sí veo maldad en algunas relaciones heterosexuales, matrimonios consagrados en los que uno de los dos está subyugado, tiene miedo, padece violencia de género, está dominado por el dinero del otro…, y la parte débil ha de “aguantar” porque no ve una salida. La maldad no está en la relación sexual entre dos personas del mismo sexo, sino en la dominación y control que una persona ejerce sobre la otra.
Por otro lado, las sociedades modernas occidentales han aceptado y regulado las uniones entre individuos del mismo sexo, desde el respeto a la dignidad de la persona. ¿Por qué la iglesia, tantas veces a remolque de la sociedad, ha de poner cortapisas abanderando el literalismo bíblico y la intransigencia mal entendidos y peor gestionados? Ya es hora de que la iglesia levante la voz para protestar por el abuso de poder, por la estrechez de miras que impera en los gobernantes respecto a los que sufren y se dedique a proclamar el evangelio de buenas noticias de salvación para todo ser humano independientemente de su condición social, económica o sexual. El apóstol Pedro tuvo que aprender que Dios no hace acepción de personas, pero la iglesia señala con el dedo a los que no se ajustan al estándar de calidad típico del cristianismo tradicional, a los que son “contra natura” por el hecho de ser simplemente diferentes.
La iglesia ha de abrir sus puertas a todo ser humano de la misma forma que Jesús acogió en su Comunidad de seguidores a todo tipo de personas; uno de sus más íntimos, que luego le traicionaría, era ladrón, sustraía de la bolsa (Juan 12.6), pero Jesús en ningún momento le expulsó del grupo. Iglesias acogedoras, integradoras es lo que necesita nuestra sociedad y no inquisidores que busquen pecadores o culpables porque, sencillamente, todos lo somos.
Recordemos que no hace demasiado tiempo las mujeres (sí, nuevamente las mujeres) tenían prohibido hablar en las iglesias evangélicas, bajo pena de disciplina y excomunión y se fundamentaba en la claridad de los textos bíblicos que, ni estaban tan claros, ni se interpretaban correctamente; un poco antes ni siquiera podían votar en unas elecciones democráticas y no tenían derechos sobre los hijos… ¿No estaremos acaso, también en estos momentos, ante un fenómeno similar con el tema de la homosexualidad? Cada uno ha de responder a esta pregunta desde la honestidad y conciencia a la luz del evangelio de Jesús de Nazaret.

Pedro Álamo es Bachiller en Teología, Licenciado en Psicología, Pastor y Profesor de Teología hasta el año 2001. Actualmente ejerce como delegado comercial en una Compañía de servicios tecnológicos para editoriales. Autor de "La iglesia como comunidad terapéutica" y "Consejería de la persona. Restaurar desde la comunidad cristiana", publicados por la Editorial Clie. Miembro de la Iglesia Betel, en L'Hospitalet de Llobregat, Barcelona. Ha participado en tertulias radiofónicas sobre temas especializados de Teología en Onda Rambla, Barcelona.

Fuente: Lupaprotestante, 2016.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Tras el matrimonio gay, polígamos piden trato favorable



Una “familia polígama” ha asegurado que la decisión del Tribunal Supremo de los EEUU de legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, confirma que las leyes que restringen las relaciones consentidas entre adultos son retrógradas, incluso si ciertas uniones no son “populares”. Kody Brown y sus cuatro “esposas” presentaron en el juzgado documentos de su reality show “”Sister wives” (“Esposas hermanas”) que, desde su punto de vista, acreditan que un matrimonio polígamo puede ser “igual de sano que uno monógamo”. “Los Brown fueron investigados y no se encontró ningún delito ni falta en su matrimonio plural”, escribió su abogado, Jonathan Turley, en los papeles que presentó en la Corte de Apelación. La familia está defendiendo la victoria legal queobtuvo en 2014, cuando un juez federal consideró ilegales ciertas partes de la ley del estado de Utah que prohíbe la poligamia. Entonces, varios grupos a favor de la poligamia y las libertades individuales, calificaron esa decisión como un gran avance para evitar el arresto de las llamadas “familias plurales”.
Pero el Fiscal General del Estado, Sean Reyes, apeló, al considerar que el estado de Utah siempre ha aprobado la prohibición de la poligamia, para proteger la amenaza de abusos a mujeres y niños. A diferencia de los defensores del matrimonio gay, los Brown no buscan el total reconocimiento legal de la poligamia. “Se trata de un caso que criminaliza las relaciones adultas consentidas, y es una caso del siglo veintiuno, no del diecinueve”, ha argumentado Turley en sus alegaciones. “Está claro que los estados ya no deben usar leyes criminales para coaccionar o castigar a aquellos que eligen unirse de forma consentida pero impopular”, añadió.
NO ES UN CASO AISLADO
No solo los Brown han utilizado la legalización de los matrimonios homosexuales para defender la poligamia. En Montana, a Nathan Collier y sus “esposas”, Victoria and Christine, la aceptación del matrimonio gay les inspiró a solicitar una licencia matrimonial en el juzgado de Yellowstone, en un intento de legalizar la unión con su segunda pareja. Montana, como el resto de los 50 estados, prohíbe la poligamia, pero Collier ha asegurado que demandará al estado si no le dan la licencia. La causa polígama también ha recibido el apoyo del Instituto Cato, un lobby liberal que ha solicitado que el estado de Utah levante la prohibición contra la poligamia, porque Atenta contra la libertad de expresión.
“SISTER WIVES”, UN REALITY POLÍGAMO
El canal de televisión por cable TLC, estrenó el reality “Sister wives” en 2010, y tiene previsto comenzar una nueva temporada el 13 de septiembre. La familia Brown, con sus 17 hijos, vivían en la ciudad de Lehi, en Utah, pero ahora se han establecido en Las Vegas, y son miembros de la Hermandad Apostólica Unida, una iglesia con base en Utah, cuyos miembros siguen la doctrina de la poligamia.
LA POLIGAMIA, UNA REALIDAD HOY EN EEUU
Se estima que en la actualidad hay alrededor de 100.000 mormones fundamentalistas en EEUU, la mayoría de ellos en los estados de Utah, Idaho, Arizona y Nevada, aunque hay muchos en el resto de estados, así como en Canadá y Méjico. De ellos, solo unos 30,000 reconocen abiertamente ser mormones fundamentalistas, porque la mayoría prefiere no hacer pública su creencia religiosa. “Mormón fundamentalista” es el término utilizado para describir a un grupo religioso (o un individuo) que apoya las “escrituras mormonas” tradicionales, y sigue las enseñanzas de los primeros líderes mormones: Joseph Smith y Brigham Young. Además, practican la poligamia, y “La Orden Unida”, un sistema religioso comunal, mediante el que los miembros comparten su propiedad, sus bienes y sus ganancias, y el líder tiene la autoridad parcial o absoluta sobre ellos. Los mormones tradicionales, que pertenecen a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, abandonaron la poligamia en 1890, debido a la presión del gobierno federal. Hoy en día, practicar la poligamia es motivo de excomunión.
MINISTERIO CRISTIANO QUE AYUDA A ESCAPAR DE LA POLIGAMIA
Escapar de la poligamia es muy difícil, especialmente para mujeres que, en la mayoría de los casos, llevan hijos con ellas, debido al secretismo y el tipo de cultura de las comunidades que lo practican.
Pero siempre hay luz al final del túnel, y eso es lo que pensó Doris Hansen, una antigua mormona fundamentalista, cuando fundó el ministerio cristiano Shieldand Refuge Ministry”, con sede en Utah, que busca “llevar las buenas nuevas de Jesús, y ser un agente de libertad y restauración, para aquellos que buscan escapar de las cadenas, físicas, emocionales y espirituales de la poligamia y el fundamentalismo mormón”. Proporcionan información sobre la poligamia, apoyan a las víctimas y sus familias, y ayudan a la gente a salir de ambientes polígamos. Su proyecto más reciente se llama “El Hogar de Hagar”, un refugio para mujeres que han dejado la poligamia, y no están preparadas para ser autosuficientes. Siguiendo las palabras en Isaías 61:1-2, “Shield and Refuge Ministry”, con muchos ex mormones fundamentalistas en sus filas, “entiende la vida, las necesidades y el corazón de los mormones fundamentalistas, y sabe que, como cualquiera de nosotros, y el resto del mundo, necesitan a Jesús”.

Fuente: Protestantedigital, 2015.