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lunes, 28 de mayo de 2012

Teología de la indignación (II): Dios como indignado

Por. Samuel Escobar, España
Si bien la revelación cristiana nos habla del amor y la paciencia de Dios, también nos habla de la indignación de Dios frente al pecado y la injusticia.

Vimos el pasado domingo que Hessel nos presenta una visión trágica de la historia. Esta visión pesimista que ve la historia terminando en tragedia, ve la aventura humana como un túnel sin salida.
Y eso me lleva a la visión cristiana de la historia, porque si como cristianos creemos que Jesús resucitó no podemos adoptar una visión trágica y pesimista de la historia humana. Tanto la enseñanza de Jesús como la de los apóstoles está marcada por la nota de la esperanza, que es una nota que nos lleva a vivir el presente como luz y sal en el mundo, con gozo a pesar de las aflicciones, y a mirar el futuro con la esperanza de un mundo cualitativamente diferente, de una nueva creación : “Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir” (Ap 20:4).
UNA VISIÓN CRISTIANA DE LA HISTORIA
La fe cristiana es histórica, toma en serio la Historia , le da sentido y la transforma y encierra una visión de la historia. Para la enseñanza del Nuevo Testamento, tan real e importante como la encarnación y la muerte de Jesús en la cruz es el hecho de la resurrección del Señor crucificado. Escribiendo a la Iglesia de Corinto acerca de este tema, el apóstol Pablo afirma rotundamente: “Y si Cristo no ha resucitado nuestra predicación no sirve para nada, como tampoco vuestra fe” (1 Cor. 15: 14). Los cuatro Evangelios culminan con la historia de la sorpresa de las discípulas y los discípulos ante la tumba vacía, y la experiencia del encuentro con Jesús resucitado. La realidad de esta experiencia es el marco en que se da el mandato a los discípulos para lanzarse al mundo con sentido de misión. Lo ha dicho el teólogo uruguayo Mortimer Arias en un magistral estudio sobre la Gran Comisión:
El hecho histórico, verificable, de la experiencia pascual es el surgimiento de una nueva comunidad, la Iglesia, poseída de un sentido de misión universal. Surge de entre las cenizas, como el Ave Fénix, en medio de un pequeño grupo marginal, aplastado por la condena y crucifixión de Jesús, disperso y desalentado, que de pronto se levanta para testificar de la presencia y el poder de Cristo obrando en ellos y a través de ellos. [1]
La resurrección de Jesús es el triunfo de la vida sobre la muerte, es la vindicación de la víctima, es la confirmación de que con la llegada de Jesús una realidad nueva, aquello que Jesús llamaba el Reino de Dios, ha hecho su irrupción en la historia humana .
Las fuerzas hostiles que se sintieron amenazadas por la presencia y el estilo de Jesús le presentaron oposición desde el comienzo mismo de su ministerio público . Esta oposición creciente de la cual los Evangelios dan cuenta significa un continuo conflicto, una oposición a las obras de Jesús. La popularidad de su enseñanza atrajo las burlas y envidia de fariseos y escribas , los maestros religiosos oficiales. Sus milagros y la novedad de su mensaje fueron percibidos como una amenaza por los saduceos , administradores del templo, símbolo de la institución religiosa dominante, y los sacerdotes sus funcionarios. Los encargados de imponer el orden imperial romano, gobernadores como Poncio Pilato o reyezuelos como Herodes, lo vieron como una amenaza al férreo orden brutalmente impuesto por la fuerza del Imperio. Todos ellos coincidieron en una confabulación para deshacerse de Jesús de manera expeditiva y sin el menor criterio de justicia . Cualquiera que esté familiarizado con la historia de los imperios, desde los faraones hasta nuestros días, sabe que la historia de la pasión de Jesús es verosímil, porque historias de injusticia parecida se repiten continuamente.
Sin embargo lo distintivo de la historia de Jesús es el sentido que él mismo atribuye a su muerte y el hecho de que la tumba no pudo retenerlo ni la muerte callarlo para siempre. Aquel que en la agonía de la cruz clamó “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has desamparado?” (Mc. 15: 34), fue levantado de entre los muertos por el poder de Dios. La fe en el Cristo resucitado fue motivación para la misión pero ese hecho por sí solo no explica el avance de la Iglesia desde la periferia de un rincón del imperio romano hasta la realidad global de nuestros días. El Padre y el Hijo como Señor resucitado envían al Espíritu Santo como el acompañante y la fuerza del poder que abrirá caminos para los misioneros y misioneras en el mundo y los sostendrá en medio de toda clase de conflictos y sufrimientos. Según la enseñanza de Jesús mismo el Espíritu Santo acompañaría a los apóstoles (enviados) como consejero y consolador (Jn. 14: 16), les llevaría a la comprensión de la propia persona de Cristo (Jn. 14: 25-26) a quien glorificaría (Jn. 16: 13-15), actuaría en el mundo con su propio poder, “convencerá al mundo de su error en cuanto al pecado la justicia y el juicio” (Jn. 16: 8). La presencia de Jesús prometida como compañía a sus mensajeros hasta el fin del mundo (Mt. 28: 20) o donde dos o tres se reúnen en su nombre (Mt. 18: 20) se hace realidad por la presencia y ministerio del Espíritu Santo.
EL PODER DE LA NO VIOLENCIA
Hessel convoca a los jóvenes a la indignación y también a la no violencia . Sartre citado por Hessel, había dicho: “Y si es cierto que el recurso a la violencia contra la violencia corre el riesgo de perpetuarla, también es verdad que es el único medio de detenerla.” Hessel dice que la no violencia es un medio más eficaz para detener a la violencia: “Estoy convencido de que el porvenir pertenece a la no violencia, a la conciliación de las diferentes culturas. Es por esta vía que la humanidad deberá superar su próxima etapa.” (p. 21). Ofrece dos ejemplos de no violencia: “El mensaje de un Mandela, de un Martin Luther King encuentra toda su pertinencia en un mundo que ha sobrepasado la confrontación de las ideologías y el totalitarismo conquistador.”
La referencia a Martin Luther King me trae a la memoria la famosa carta que escribió este pastor bautista desde su celda en la cárcel de Birmingham . El gobierno racista de Alabama lo había encarcelado por sus actividades no violentas en defensa de los derechos de los negros. Nos cuenta su biógrafo Emmanuel Buch que un grupo de ocho pastores, obispos y rabinos habían publicado una carta pública pidiéndole que detuviera su activismo y que “había que esperar”. Dice Buch: “Acusaron su intervención de extremista, inoportuna, desestabilizadora, arriesgada e impropia de un pastor…” [2] King les respondió desde la cárcel con una frase que llegaría a ser el título de uno de sus libros: “Por qué no podemos esperar”. Había sido la indignación frente a la lacra del racismo la que hizo de este pastor bautista un abanderado de los derechos civiles.
Quienes querían que todo siguiese como estaba, pasivos e indiferentes ante la injusticia y la discriminación, aconsejaban esperar y no meterse. King escribió:
“…cuando se ha visto cómo muchedumbres enfurecidas linchaban a su antojo a madres y padres, y ahogaban a hermanas y hermanos por puro capricho; cuando se ha visto cómo policías rebosantes de odio insultaban a los nuestros, cómo maltrataban e incluso mataban a nuestros hermanos y hermanas; cuando se ve a la gran mayoría de nuestros veinte millones de hermanos negros asfixiarse en la mazmorra en el aire de la pobreza, en medio de una sociedad opulenta… Llega un momento en que se colma la copa de la resignación, y los hombres no quieren seguir abismados en la desesperación.” [3]
Fue la indignación frente a la violencia y el racismo la que dio fuerzas y llevó a King a su lucha por la justicia y fue su fe en Cristo y su visión de la historia la que lo sostuvo .
El 3 de abril de 1968 en el templo Clayton de la ciudad de Memphis, King predicó y en su sermón dijo estas palabras: “Al igual que cualquier otra persona me gustaría tener una larga vida. La longevidad tiene el rango que merece. Pero no me preocupa eso ahora. Sólo quiero cumplir la voluntad de Dios. Y Él me ha permitido subir a la montaña y he tendido la vista en derredor y he visto la Tierra Prometida. Tal vez no llegue a ella con vosotros pero quiero que sepáis esta noche que nosotros como pueblo llegaremos a la Tierra Prometida. Por eso esta noche soy feliz. Nada me preocupa. No temo a ningún hombre. Mis ojos han visto la gloria de la venida del Señor.” [4] Al día siguiente una bala asesina le quitó la vida. Pero su causa triunfó y su país fue transformado por la fuerza de la no violencia.
INDIGNACIÓN DEL SEÑOR
Hemos de reconocer que si bien la revelación cristiana nos habla del amor y la paciencia de Dios, también nos habla de la indignación de Dios frente al pecado y la injusticia.
Basta recordar el tono indignado en que hablan profetas como Isaías, Jeremías, Ezequiel y Amós .
Y también recordar a Jesús . Hay una escena que me ha llamado mucho la atención últimamente. En el comienzo del cap. 21 de Lucas Jesús se ha detenido a observar como ofrendaba la gente “y vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca del templo. También vio a una viuda pobre que echaba dos moneditas de cobre. Os aseguro – dijo – que esta viuda pobre ha echado más que todos los demás. Todos ellos dieron sus ofrendas de lo que les sobraba pero ella, de su pobreza, echó todo lo que tenía para su sustento.” (Lc 21: 1-4). Aquí está el Maestro reconociendo el tremendo valor de las pequeñas acciones de fe y de obediencia. Esta escena está precedida de otra en los versículos finales del cap. 20. “Mientras todo el pueblo lo escuchaba, Jesús dijo a sus discípulos. – Cuidaos de los maestros de la ley: Les gusta pasearse con ropas ostentosas y les encanta que los saluden en las plazas, ocupar el primer puesto en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetes.” (Lc 20: 45-46). Y luego, en lo que me parece un crescendo de santa indignación, Jesús agrega: “Devoran los bienes de las viudas y a la vez hacen largas plegarias para impresionar a los demás. Éstos recibirán peor castigo.” (Lc. 20: 47)
Es que nuestro Salvador y Maestro nunca permaneció indiferente ante la injusticia o la necesidad y muchas veces fue conmovido por la indignación o la compasión . No encuentro base para compartir la visión hegeliana de la historia y el optimismo de Hessel. Pero le doy la razón respecto a lo fatal que puede ser la indiferencia. Dice él: “Yo les digo a los jóvenes: buscad un poco, encontraréis. La peor actitud es la indiferencia, decir ‘paso de todo, ya me las apaño’. Si os comportáis así perdéis uno de los componentes esenciales que forman al hombre. Uno de los componentes indispensables: la facultad de indignación y el compromiso que la sigue.” (p. 31).
En mis largos años de ministerio en cinco continentes he conocido chicas y muchachos a quienes su fe renovada en Cristo los hizo sensibles y les enseñó a indignarse frente a la injusticia y la necesidad .
Su nueva visión de la historia, centrada en Cristo, los llevó a entregar la vida en el servicio misionero a los pobres, en la lucha por la justicia, en el ejercicio consciente de su profesión, en la formación de familias ejemplares en tiempos difíciles, en la mediación en conflictos, en el desarrollo económico, en la predicación y la enseñanza al servicio del Reino de Dios.
Con ellos oro, con profundo sentido de la historia: “Venga Tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.”

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[1] Mortimer Arias, La gran comisión, CLAI: Quito, 1994; pp. 13-14.
[2] Emmanuel Buch, Martin Luther King , Sinergia: Madrid, 3ra. Ed., 2001; p. 59.
[3] Ibid., pp. 60-61.
[4] Ibid., p. 91.

Autores: Samuel Escobar
Fuentes: El eco bautista

©Protestante Digital 201

lunes, 21 de mayo de 2012

Teología de la indignación (I): Hessel y su visión histórica de la indignación

Por. Samuel Escobar, España*
Predica a sus jóvenes lectores: “Os deseo a todos, a cada uno de vosotros, que tengáis vuestro motivo de indignación”.
Tiempo atrás escribí un artículo sobre la diferencia entre domesticar y educar , en la vida de las iglesias evangélicas. Partía de la acertada y elocuente distinción entre estas dos formas de concebir la educación, que debemos al pedagogo brasileño Paulo Freire, fallecido en 1997. En el año 2001 la editorial española Morata, especializada en pedagogía, publicó un libro póstumo de Freire con el título de Pedagogía de la indignación. Es el título que escogió la viuda de Freire para estas cartas y ensayos que son una muestra elocuente del talante cuestionador y utópico del famoso brasileño.
Lo he traído a colación para explicar el título de esta serie de dos artículos míos: “Teología de la indignación”. Porque he de confesar que la lectura del celebérrimo libro ¡Indignaos! del pensador y activista social francés Stéphane Hessel, que ha tenido tanta repercusión en España, me llevó a una reflexión que terminó siendo teológica, creo yo. Aquí la comparto con la esperanza de que me lleve a tener algún diálogo fraterno que me anime, me confirme o me corrija.
Publicado por el autor en 2010, a sus noventa y tres años, este panfleto de 60 páginas ha tenido una repercusión increíble en Francia donde lo han leído más de un millón y medio de personas. La edición en español, prologada por José Luis Sampedro, otro anciano y vigoroso luchador, había llegado ya a 400,000 lectores en España, cuando compré mi ejemplar de la octava reimpresión, en mayo del 2011.*Ya es materia de dominio público la repercusión del movimiento de los indignados en España, en los meses finales del año pasado y los primeros de este 2012.
LA PRÉDICA DE LA INDIGNACION
Estas páginas son para el autor como una herencia que deja a las nuevas generaciones, y empieza en tono casi de nostalgia: “Noventa y tres años. Es algo así como la última etapa. El final ya no está muy lejos.” (p. 20). Hace luego memoria de su vida política, especialmente de su participación en el movimiento de resistencia francesa contra la ocupación nazi a partir de 1941. Ve en los postulados de ese movimiento el origen y fundamento de algunos de los aspectos más apreciados en la Francia democrática de hoy: la seguridad social; la organización racional de la economía que garantice la subordinación de los intereses particulares al interés general; la enseñanza para todos, sin discriminación; la libertad de la prensa, su honor y su independencia. Hessel ve con alarma que todos estos logros están amenazados en la Europa de hoy: “son los cimientos de las conquistas sociales de la resistencia lo que hoy se pone en tela de juicio.” (p. 24). Ante esa amenaza Hessel llama especialmente a los jóvenes a la indignación y la resistencia.
Hessel que es judío y sobrevivió al campo de concentración nazi de Buchenwald, hace un resumen de cómo la indignación frente al nazismo lo sostuvo en el cautiverio y lo llevó a escapar y embarcarse luego con la resistencia francesa. Y al final de la segunda guerra mundial tomó parte en el esfuerzo por luchar contra las causas de la guerra, por construir un nuevo orden internacional, por formular la Declaración Universal de los Derechos Humanos y participar activamente como diplomático en la reconstrucción de Europa.
Ello le lleva a predicar a sus jóvenes lectores: “Os deseo a todos, a cada uno de vosotros, que tengáis vuestro motivo de indignación. Es un valor precioso. Cuando algo te indigna como a mí me indignó el nazismo, te conviertes en alguien militante, fuerte y comprometido. Pasas a formar parte de esa corriente de la historia, y la gran corriente debe seguir gracias a cada uno.” (p. 26).
El folleto culmina con una apelación : “Apelemos todavía a ‘una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no proponen otro horizonte para nuestra juventud que el del consumo de masas, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición a ultranza de todos contra todos.’ A aquellos que harán el siglo XXI, les decimos, con todo nuestro afecto: ‘Crear es resistir, resistir es crear’” (pp. 47-48).
En muchas publicaciones evangélicas, he leído palabras pastorales que advierten contra los mismos males: el consumismo incontrolado, el desprecio a los débiles y los diferentes, el olvido de las virtudes básicas para la convivencia, la competición insensible e inhumana. En nuestras filas evangélicas esto se constituye en un llamado a recordar el ejemplo de vida de Jesús, los principios éticos de la vida cristiana presentados tan claramente en la Biblia, y la renovación de nuestra identidad evangélica y la vivencia de sus valores.
UNA VISIÓN DE LA HISTORIA
Es cuando Hessel hace referencia a una visión de la historia, cuando me lleva a la exploración teológica. Como citaba hace un momento nos dice que la indignación es un valor precioso: “te conviertes en alguien militante, fuerte y comprometido. Pasas a formar parte de esa corriente de la historia, y la gran corriente debe seguir gracias a cada uno.” Una sección de su escrito articula dos visiones de la historia. Nos cuenta que cuando llegó a ser estudiante de la famosa Escuela Normal, en 1939, el filósofo Sartre, su “condiscípulo mayor”, lo llevó a asumir la noción de libertad y responsabilidad, pero su propio talante lo llevó a otra postura: “Pero mi optimismo natural, que quiere que todo aquello que es deseable sea posible, me llevaba hacia Hegel. El hegelianismo interpreta que la larga historia de la humanidad tiene un sentido: es la libertad del hombre que progresa etapa por etapa. La historia está hecha de conflictos sucesivos, la aceptación de desafíos. La historia de las sociedades progresa y, al final, cuando el hombre ha conseguido su libertad completa, obtenemos el Estado democrático en su forma ideal.” (p. 29).
Hessel se quedó con Hegel y no adoptó la visión de Karl Marx, discípulo de Hegel que veía la historia como una continua lucha de clases que llevaría por fin a la revolución proletaria que instauraría una sociedad sin clases, feliz, que ya no necesitaría el consuelo de la religión. La utopía que nunca llegó.
La otra visión de la historia que Hessel nos presenta es una visión trágica: “Los progresos alcanzados por la libertad, la competitividad, la carrera del ‘siempre más’, todo esto puede vivirse como un huracán destructor.” (p. 29). Cita entonces al filósofo alemán Walter Benjamin, amigo del padre de Hessel, que tenía esa otra visión: “Para Benjamin, quien se suicidó en setiembre de 1940 para huir del nazismo, el sentido de la historia es la marcha inevitable de catástrofe en catástrofe.” (p. 29). Esta visión pesimista que ve la historia terminando en tragedia, ve la aventura humana como un túnel sin salida. Cuando leo a algunos columnistas de diarios españoles de hoy sospecho que en el fondo tienen una visión parecida, y que la nota de desencanto y hasta de cierto cinismo refleja una pérdida total de la esperanza. Y eso me lleva a la visión cristiana de la historia, porque si como cristianos creemos que Jesús resucitó no podemos adoptar una visión trágica y pesimista de la historia humana.
Tanto la enseñanza de Jesús como la de los apóstoles está marcada por la nota de la esperanza, que es una nota que nos lleva a vivir el presente como luz y sal en el mundo, con gozo a pesar de las aflicciones, y a mirar el futuro con la esperanza de un mundo cualitativamente diferente, de una nueva creación: “Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir” (Ap 20:4). Y esto nos lleva a una teología cristiana de la indignación. Pero esto lo veremos la próxima semana. Esperelo!!!

* Stéphane Hessel, ¡Indignaos! Ediciones Destino: Barcelona, 2011.
*Autores: Samuel Escobar
Fuentes: El eco bautista

©Protestante Digital 2012

lunes, 7 de noviembre de 2011

¡Indignadísimos!

Por. Eugenio Orellana, España

Y metiendo David su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, y la tiró con la honda, e hirió al filisteo en la frente; y la piedra quedó clavada en la frente, y cayó sobre su rostro en tierra. Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano ( 1 Samuel 17.49-50 ).
«Este sábado [15 de octubre]» escribía Sergio Muñoz Bata, «miles de personas tomaron las calles en 900 ciudades, en 100 países, para protestar contra la avaricia de las corporaciones, el servilismo de los políticos y un sistema financiero global diseñado para proteger al 1% más rico del planeta». Luego de hacer otras afirmaciones de igual contundencia, agregaba: «Como era de esperarse, la primera reacción del establishment político y mediático ante las protestas ha sido ignorarlas». Ya lo habíamos señalado en un artículo anterior refiriéndonos a la fuerza orientadora y manipuladora que tiene la prensa : Lo que dicen los diarios, las revistas noticiosas y los informes televisivos es, para el 90% de la gente, palabra que hay que creer como si viniera inspirada por el mismísimo Dios; del 10% restante, al 5% no le da ni frío ni calor en tanto que el otro 5% es el que sufre. Y lucha. Y se desangra.
Si estos medios no informan algo que ocurrió, ese algo nunca ocurrió.
Una delegación de estudiantes chilenos anduvo de viaje por países europeos explicando el dilema que se vive en nuestro país desde que el gobierno militar entregó a intereses privados insaciables y tiburonescos los sectores productivos y de servicio: Educación, previsión social, atención de la salud, las fuentes de agua, la gran minería del cobre, el ecosistema y otros. Siguiendo el criterio que señalamos, esta delegación nunca salió de Chile. Se puede entender que la prensa que vive del sistema se acople a los intereses mercantilistas y económicos que le son afines. Porque si no, no hay avisaje y al no haber avisaje, no hay dinero; y al no haber dinero, no hay prensa. Y al no haber prensa, no hay cómo defender a ese 1% de que habla Muñoz Bata. El caso de los medios cristianos, con ser parecido al de los seculares, no es igual. Los nuestros no viven del avisaje sino que se identifican con el sistema por convicción. Los creyentes, en cuanto ciudadanos, nos identificamos con el Partido Popular español, con el Partido Republicano en los Estados Unidos, con la UDI (Unidad Democrática Independiente) de Chile, solo para mencionar tres. Y lo hacemos así porque sentimos que nos representan aunque en la realidad estén lejos de hacerlo.
Nuestra prensa, en consecuencia, se alinea del lado de la injusticia social, política, económica. E incluso el tema religioso lo maneja a veces en forma bastante cuestionable. Sin embargo, es noticia el fenómeno social que representan miles de personas en 900 ciudades de 100 países se han puesto de acuerdo en forma espontánea para protestar por lo mismo. Y como tal debería movilizar a los medios con tanto ardor como lo hacen cuando matan a Gadafi o cuelgan a Hussein. Pero prefieren hacer mutis.
Lo que ocurre en Chile no se había visto ni en los peores tiempos de la dictadura militar. Que miles de estudiantes resistan por más de medio año en un movimiento que no solo los mantiene movilizados a ellos sino al que han adherido sus padres, apoderados, familiares, profesores y trabajadores de las más diversas áreas es algo que nadie jamás lo imaginó. ¡Esto es noticia y los medios deberían correr con el mismo fervor con que las fuerzas policiales militarizadas corren palos; ¡pero no! Hay que mirar para otro lado o tomar las movilizaciones como si se tratara de un juego de niños. Darles la importancia que se merecen es ir contra el establishment . ¡Y al establishment hay que protegerlo aunque sea como la sanguijuela pegada a nuestra yugular!
En todo el mundo, y particularmente en Chile, este movimiento se alza, además que contra el sistema económico, contra los políticos que han demostrado que, en la práctica, no sirven gran cosa . En Chile, mientras un trabajador gana un salario mensual de 110 mil pesos (menos de 200 dólares) un diputado gana OCHO MILLONES de pesos mensuales pudiendo llegar con viáticos y otras prebendas a ONCE MILLONES por mes. Esta mañana, viernes 4 de noviembre, alguien me preguntó qué pasaba conmigo que no había vuelto a escribir en Protestante Digital. Tengo que confesar que este artículo había quedado aparcado y sin terminar desde mediados de octubre.
Le contestaba a la persona que me preguntó que había decidido cambiar, de escrito a verbal, mi apoyo a los estudiantes chilenos y a los indignados del mundo. Con mi esposa Cire, le decía, estamos dedicando más tiempo a orar por ellos que a escribir por ellos. Porque creo, le seguía diciendo, que la oración es como la inyección en la vena: entra directamente a donde queremos que llegue; en cambio, una cápsula, una gragea o un elixir tiene que hacer un recorrido bastante más largo para alcanzar el mismo fin. Y tiene el inconveniente adicional que, en el camino, puede olvidar para qué fue administrado confundiéndose con el mal al que debería atacar o, simplemente, siendo engullido por éste. Con lo que escribo corro el riesgo de ganarme la animadversión de quienes ven el mundo desde una perspectiva diferente; en cambio, con mis oraciones, me peleo con Dios y eso me resulta más reconfortante. Porque a Él le puedo decir sin tapujos lo que quiero expresar en apoyo de los indignados y en contra de ese 1% que es el que nos tiene como estamos y al mundo patas para arriba. Le recuerdo, por si lo hubiere olvidado(?), que Él es el Dios de toda justicia y que si bien vamos de mal en peor dando tumbos hacia nuestro destino final, no deja de ser el Dios justo que sabemos que es. Y que en algún momento tiene que meter su mano para «tratar» de poner cada cosa en su lugar. Y Dios no solo me entiende y me perdona cuando me pongo demasiado agresivo e impaciente sino que seguimos siendo los amigos que somos. Con Él puedo descargar toda mi bronca contra los wolestrit , contra los países y otros medios, seculares o no, que se han concertado para ignorar el más impresionante movimiento de masas desde los tiempos de los hipis y de Dany el Rojo. Y que prefieren dedicar su espacio a especulaciones filosóficas sobre la inmortalidad del cangrejo, a contarnos de lo linda que es la guagua de Sarkozy y la Carla Bruni, o de los 202 goles que ha convertido Messi en 286 partidos.
Y Dios me entiende; y, además, me contesta. No siempre como yo quisiera, pero el Don contesta. Un día de estos le pedía que así como estuvo con David para guiar la piedrecilla de modo que fuera a dar en el único lugar vulnerable del gigante, estuviera con la Camila Vallejo y sus compañeros dirigentes del movimiento estudiantil chileno para dirigir la piedrecilla que ellos están lanzándole al gigante que amenaza con aplastarlos. ¿Nos hemos preguntado alguna vez si David tuvo el apoyo del pueblo israelita, autoridades incluidas, en esa empresa loca en la que se embarcó? ¿No habrá ocurrido, en su caso, lo mismo que ocurre ahora con los indignados de Chile, Nueva York, Chicago, Atlanta, Los Angeles, Italia, España, Israel, Grecia, Colombia, etcétera, etcétera? ¿No habrá vivido también el olvido de los medios, las risas de los políticos y los gritos de: «¡Vete a tu casa, ridículo!» «¡Vuelve a cuidar las ovejas de tu padre será mejor!» «¿Te crees el héroe, infeliz?» «Deja a los filisteos tranquilos que, al fin y al cabo, no lo pasamos tan mal con ellos» «¿Derrotar a Goliat? ¡Sueño de opio, idiota!»?
«Señor», le decimos a Dios, «no te apartes de la Camila y sus compañeros dirigentes.
Ellos son como David. La prensa los ignora, los políticos se ríen de ellos, la gente no soporta que la saquen de su monotonía y el gobierno le da largas al asunto esperando que se cansen y se vayan a sus casas, derrotados. No los dejes solos. Guía la piedrecilla para que le dé en la frente al gigante que parece invencible. Hazlo, Señor, por amor de tu nombre». En eso estamos. Quizás ustedes no estén de acuerdo conmigo pero yo creo que la piedrecilla de David puede echar por tierra a los modernos gigantes y derribar las aparentemente indestructibles torres de dinero tras las cuales se parapetan los modernos Titanic, como dice Maruja Torres en su artículo «El hundimiento» de ayer jueves 3 de noviembre de 2011, página 48 de El País y que cito íntegro, a continuación.
EL HUNDIMIENTO
Maruja Torres
Da la impresión de que, en el actual Titanic –por acudir a una fácil metáfora de naufragio–, que encierra a los componentes de la Unión Europea, quienes se han equivocado de rumbo o, peor aún, los que han obtenido grandes fortunas haciendo que se equivoquen los demás, se encuentran en el bar, corriéndose una francachela. ¿Que se ahogan en tercera clase? ¡Ah, mientras no nos lleguen sus gemidos ni sus pataleos! El problema es que Papandreu ha abierto un agujero que conduce a la barra del bar. La suya es una decisión posiblemente demagógica y algo oportunista, una forma de salvar la cara ante los votantes. Pero es una decisión desesperada y también oportuna: a ver qué hacéis con esto, a ver si seguís brindando por no estar ahí abajo, con la plebe.
Qué susto, qué rasgadura de clámides y qué estiramiento de melenas, se ha producido entre los bacalaocortantes de la UE y sus acólitos. Estos tahúres se sienten ofendidos. Papandreu, el arrogante patricio socialista griego, ha roto la baraja. ¿Qué esperaban? ¿Modales, a estas alturas? ¿Después de haber aceptado, sin que se les moviera un pelo de una ceja, que la presidencia del Banco Central Europeo sea ocupada por Mario Draghi? Cierto, para opinar sobre esta debacle hay que saber economía. Pero hay que tener, sobre todo, decencia y memoria. Y la memoria nos dice que Draghi, con su sonrisa de caimán bien alimentado, fue directivo en Europa del banco estadounidense Goldman Sachs, precisamente en 2002, cuando el Gobierno griego de entonces –conservador: saga Karamanlis– requirió a dicha entidad maquillar sus cuentas públicas y sus cifras reales de déficit.
Así que no nos vengan ahora con esa virtuosa reacción de “esto no se puede hacer”. ¿Qué es lo que no debe hacerse? Todas las reglas ya han sido rotas. Nota al artículo de Maruja : Aunque no somos expertos en enjuagues europeos, se parecen tanto con lo que ocurre en esta parte del mundo que no nos cuesta mucho ubicarnos. Son, precisamente, asuntos como los que toca Maruja los que nos han hecho titular este artículo en la forma en que lo hemos hecho: ¡Indignadísimos!


Autores: Eugenio Orellana

©Protestante Digital 2011

martes, 18 de octubre de 2011

El lado oscuro de Apple

Mientras el mundo recuerda a Steve Jobs, cientos de trabajadores de la compañía viven una pesadilla.

Por Thomas Castroviejo, España

La muerte de Steve Jobs desconcertó a Jia Jingchuan; antes de su muy mediatizado y lamentado fallecimiento, el icónico fundador de Apple había sido la única persona a la que esta trabajadora china podía escribir para pedir ayuda. Jia Jingchuan estaba enferma y Jobs era responsable indirecto: es una de las 137 obreras de la fábrica de Foxconn, en Taiwán, víctima del n-hexane, un químico empleado por sus jefes para aumentar la productividad. Este lugar no sería tan famoso si no fuera porque allí se fabrican todos los iPods, iPads y iPhones del mundo.
Resulta que el n-hexane, con suerte, solo produce desmayos o fuertes migrañas; sin ella, afecta al sistema nervioso de los empleados. Jia cayó en un punto intermedio entre ambos síntomas. Era 2009. Desde entonces, estuvo escribiendo cartas a Jobs pidiendo ayuda y alertándole de las condiciones de la fábrica en la que sus aplaudidas visiones se hacen realidad. Es una práctica común: con turnos de 12 horas, 98 horas extra al mes y un día libre de cada quince, son muchos los trabajadores que, desesperados, intentaron avisar a Jobs de que el origen de sus productos no casaba con la visión idílica de "tecnología punta hecha fácil para el hombre de a pie" que propugnaba.
"Siento mucho la muerte de Jobs", explica Jia. "Su empresa ha hecho más fácil la vida de la gente y ha cambiado toda la industria; pero mi salario era tan bajo que no podía pagarme los productos que yo misma construía".
Son tiempos duros en Foxconn. No es que anden justos de gente (todo lo contrario: hay muchísimo campesino chino que cambia la campiña por una oportunidad de vivir en Taiwán), sino que la demanda nunca había sido tan alta hasta ahora. Entre el iPad 2, el nuevo iPhone y la gente que busca ponerse al día a través de los inventos de Jobs, casi ningún país da abasto llenando sus tiendas de aparatos Apple. Mientras, la empresa, que se comprometió públicamente a una política de trato legítimo a sus empleados, baja la cabeza ante las draconinanas condiciones de quienes fabrican sus productos. Básicamente, fingen no saber que pasan unas 12 horas al día frente a una cadena de montaje, repitiendo el mismo gesto una y otra vez. Tienen una hora para comer y dos descansos de 10 minutos. Si no son todo lo productivos que se espera de ellos, tienen que compensarlo con horas extra en sus ratos libres.
Hay que matizar: sí, hay suicidios, pero no más que en cualquier otra fábrica china (y muchos menos que en las universidades estadounidenses). Y sí, los trabajadores lo tienen duro, pero no son esclavos: abandonan el campo voluntariamente para trabajar en Taiwán y pueden dimitir cuando quieran. ¿Justifica esto los abusos? No está nada claro. No deja de rechinar el hecho de que haga falta someter a un grupo de personas para que el resto del mundo pueda tener las golosinas tecnológicas de Apple.
Esta es una semana crucial para la compañía; es la primera desde la muerte de Jobs, ya mismo empiezan a vender el nuevo iPhone. No van por mal camino: 24 horas después de permitir que su reserva online, ya han agotado existencias. Los trabajadores de Foxconn tendrán que trabajar más para atender a tanta demanda. Y mientras, los homenajes personales a las puertas de las tiendas Apple serán solo para Steve Jobs.
Fuente: Yahoo Noticias