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lunes, 9 de mayo de 2016

La mujer negra frente a los neonazis, símbolo de la lucha contra el racismo



Tess Asplund se plantó frente a una manifestación de corte racista en Suecia con el puño en alto. La imagen “muestra una de las luchas de nuestro tiempo”, opina el activista Daniel Poohl.
Por. Editor de Protestante digital, España
Algunos la señalan como una nueva heroína de la lucha contra el racismo. Se trata de Tess Asplund, una mujer negra de 42 años que el pasado domingo se plantó frente a una manifestación en la que 300 neonazis desfilaban por la ciudad de Börlange, en Suecia.
La marcha había sido organizada por el Movimiento Nórdico de Resistencia (NRM), un partido conocido por sus posturas de corte racista y del que se conocen agresiones por parte de sus integrantes. Tess Asplund se encontraba también manifestándose por el día del trabajo, cuando vio al grupo neonazi avanzando entre fuertes medidas de seguridad.
“Fue un impulso. Estaba tan enfadada (…), pensé: ¡demonios, no pueden manifestarse aquí! Tuve un subidón de adrenalina. Ningún nazi va a manifestarse aquí, no está bien”, ha declarado al diario británico The Guardian.
Durante su contra-protesta con el puño en alto, un gesto que la propia Asplund confiesa usar a menudo en sus marchas y que recuerda a las reivindicaciones de Nelson Mandela, fue apartada por un miembro del cuerpo de seguridad. Uno de los fotógrafos que intentó capturar la escena, David Lagerlöf, también fue apartado de la escena, pero eso no le evitó capturar un instante que se ha viralizado en las redes sociales.
LA EXTREMA DERECHA EN SUECIA
“Tengo amigos que han sido atacados por ellos y han tenido que cambiarse de domicilio. Yo también he recibido llamadas anónimas insultándome”, cuenta Asplund.
“Me siento avergonzada de que tengamos este problema”, expresó la mujer, que se describe como afro-sueca. “La policía dice que estamos en un país democrático, se pueden manifestar, pero ¡son nazis! Es horrible”, añade Asplund. 
“El racismo -continúa- se ha normalizado en Suecia. Pensé que este país avanzaría, pero eso no ha sucedido. Espero que salga algo positivo de esta imagen, si se transforma en un símbolo de que podemos hacer algo. Si una persona puede, cualquiera puede”, concluyó Tess Asplund.
REFLEJO DEL CONFLICTO PRESENTE EN EUROPA
La protesta se produce en un momento en el que la extrema derecha está tomando más protagonismo en el país, según Daniel Poohl, fundador de un movimiento antirracista en Estocolmo.
“Vivimos en una Europa donde las ideas de extrema derecha son cada vez más populares, pero también hay una reacción contra estas ideas. Hay muchas personas que quieren canalizar su impulso de resistir ante la idea de que Europa construya fronteras contra los refugiados, esa Europa que no puede cooperar más. La foto de Tess ha capturado uno de los conflictos de nuestro tiempo”, considera Poohl.

Fuente: Protestantedigital, 2016.

domingo, 8 de mayo de 2016

Vivir para servir, también sirve para vivir



Por. Óscar Margenet, España
Albert Schweitzer - aún hoy criticado por su teología- renunció a una vida exitosa para servir a los explotados. Pocos teólogos vivirían hoy por amor a otros como hicieron él y su esposa en Gabón.
La sana doctrina1 fue alentada por los apóstoles de Jesucristo desde el día de Pentecostés. En su defensa, el apóstol Pablo escribió sus cartas pastorales, en las que nos insta a vivir el Evangelio cada día de nuestra vida; única manera de marcar diferencias con las falsas doctrinas de avaros 2.
Porque hacer teología no es teorizar sobre la Revelación sino plasmarla en acciones de amor puro, en este artículo hablaremos de Albert Schweitzer3, el médico-misionero del siglo XX, cuya versátil personalidad integraba múltiples talentos.
Escribió libros sobre Jesús y su obra 4, en los que presenta al Hijo de Dios como un hombre poseedor de un secreto que todos deberíamos conocer para vivir vidas trascendentes.
Por razones de espacio y por considerarlo una excelente síntesis he adaptado un escrito del médico e historiador venezolano Eliéxer Rafael Urdaneta Carruyo titulado “Albert Schweitzer: el hombre como símbolo.” 5
Estudió diferentes disciplinas y en todas fue brillante: Filosofía, Teología, Música y Medicina; además, fue un gran erudito sobre la obra de Bach, de Jesucristo y de la historia de la civilización. Esta conjunción poco frecuente del pensador con el hombre de acción y del humanista con el científico y el artista ha hecho de Schweitzer un centro de polémicas hasta el día de hoy.
En marzo de 1913, después de arreglar inconvenientes burocráticos debido a que el matrimonio era alsaciano y luterano y Gabón, una colonia francesa y católica, emprendió su viaje de Günsbach a la entonces África Ecuatorial Francesa, acompañado de su esposa Helena Bresslau. Casados desde 1912, Helena sería su inseparable compañera y enfermera abnegada hasta su muerte.
El 16 de abril, remontando el río Ogooué, consiguieron llegar al asentamiento europeo más remoto, prácticamente desconocido por el hombre blanco que hoy es famoso en todo el mundo, Lambaréné.
Allí en la orilla del río, se instalaron, después de una larga travesía de más de 200 kilómetros por la costa, en plena selva tropical y virgen, al sur del ecuador, para construir su hospital.
El paisaje evocaba la génesis del mundo; las nubes, el río y el bosque se difuminaban en el horizonte que daba la sensación de ser increíblemente antiguo.
Durante la mayor parte del año, el calor era insoportable, la plaga fastidiosa y peligrosa, la humedad espantosa y todo aquello que la vista envolvía y podía abarcar estaba rodeado de nativos en la miseria más absoluta.
Se encontró con negros que sobrevivían en la miseria física más espantosa. Venían del fondo de la selva con enfermedades para las que no tenían otro recurso que el curandero y la magia. A esa gente, había que acogerlas; había que curarlas y había que convencerlas, a pesar del recelo con que lo aceptaban, que se estaba haciendo una obra para ellos.
Además, había que levantar de una vez un hospital que, aunque sencillo, pudiese brindar las condiciones necesarias para la realización del acto médico y había que realizar toda esa obra, ciclópea e inmensamente desproporcionada, con el esfuerzo físico de un hombre apoyado por una mujer.
Allí, ambos se dedicaron, con ahínco, a construir, dirigir y administrar, el primer hospital de la misión en el cual atendió a más de 2.000 pacientes tan sólo durante el primer año.
Lambaréné, por su parte, se transformó en centro de la redención de la raza negra. Allí, poco a poco, se hizo realidad el extraordinario ensayo de tolerancia y convivencia humana en el corazón de África.
Dirigió ese hospital por más de cuarenta años, hasta su muerte, realizando en él la digna tarea de asistir a los enfermos africanos, desposeídos de todo.
Este hecho, con el transcurso de los años, representó para Schweitzer una gran alegría interior al haber logrado algo más valioso que todo cuanto pensaba haber sacrificado.
Schweitzer llevó a África una manera de pensar que el negro desconocía en el blanco. Actuaba como si solicitase perdón ya que consideraba que cuanto hiciera en beneficio de los nativos era saldar una deuda, representada por los males que el hombre blanco había causado al hombre negro.
En la época de su llegada a África, los médicos eran muy pocos en ese continente y, en los escasos hospitales manejados por médicos militares, el número de camas reservadas a los africanos era ridículamente pequeño o inexistente.
En las colonias de dominio británico, había un médico por cada 4,000 personas en Uganda, uno por cada 6,000 en Costa de Oro y uno por cada 12,000 en Nigeria.
De allí, la enorme importancia médica del hospital que Albert Schweitzer decidió construir en Gabón en 1913. Por otro lado, el personal africano especializado que existía estaba concentrado en pocos países. En Nigeria, había 186 auxiliares de médicos formados en Dakar, 8 en Costa de Oro y 1 en Tanganica.
Tanta era la escasez de personal sanitario en toda África que, aún en víspera de la segunda guerra mundial, el nivel sanitario seguía siendo deplorable ya que las tres cuartas partes de la población del continente sufrían desnutrición.
En el crepúsculo de un día de septiembre de 1915, repentinamente, Schweitzer se hizo la pregunta: ¿Quién soy yo? Y se respondió a la vez: yo soy vida, que quiere vivir, rodeado de otras vidas, que también quieren vivir. Así acuñó la expresión respeto por la vida, idea que le serviría de base y de sostén para erigir sobre ella toda la moral schweitzeriana, una de las más valiosas con la que cuenta el hombre actual.
De la aceptación de este hecho, surgió una moral verdaderamente sólida y valedera cuya base sustentó con palabras reverenciales por la vida. Entonces, reflexionó sobre el mundo y sobre sí mismo; percibió que cuanto le rodeaba, tanto plantas como animales y semejantes, amaban la vida exactamente como él y concluyó que todo lo que vivía era digno de respeto 6.
Nuestra propia vida, según él, no se realizaría plenamente sino en la reverencia y el respeto por lo que ella significa para nosotros y para los otros seres vivos. La ética de la reverencia por la vida comprendía en sí misma el fundamento esencial del cristianismo: el amor, el sufrimiento, las alegrías y el empeño siempre por lograr el bien.
Esta fue la base de esa nueva ética que Schweitzer proclamó al mundo a través de sus libros y conferencias.
Su ejemplo desde el hospital Lambaréné caló hondo en la Europa de posguerra y años previos a la Guerra Fría. Por eso fue invitado numerosas veces a dictar conferencias en centros europeos.
Por su visión y acción pacifista recibió en 1953 el premio Nobel de la Paz de 1952. No desaprovechó tales merecimientos para disertar contra el armamentismo en los años 1957 y 1958, cuando EE.UU. perfeccionaba la bomba nuclear con numerosas detonaciones bajo tierra en el desierto de Nevada.
Este hombre, siendo ya maduro, renunció a la fama y a la gloria que había logrado como intelectual y músico para consagrar como médico su vida a los nativos olvidados de África. Su espíritu generoso en la acción le permitió penetrar en lo más recóndito del alma humana; su personalidad expresó en su más amplia dimensión, el deseo eternamente insatisfecho del hombre solitario frente a la inmensidad del universo. A través del ejercicio desinteresado de la medicina desarrolló su filosofía basada en el respeto por la vida.
¡Vaya ejemplo de servicio en un mundo egoísta y materialista como el que vivimos!
Podemos no estar de acuerdo con su antropocentrismo humanista, pero la grandeza de su obra radicó en lo que él hizo en favor de los demás para que los demás pudieran hacerlo por otros. Su singular ejemplo representó una fuerza moral en el mundo, mayor que la de millones de hombres armados para la guerra.
Por su obra filantrópica en África durante más de cincuenta años y por su amor profundo hacia todos los seres vivos; se transformó en una leyenda perenne como el médico de Lambaréné.
‘Quien no vive para servir, no sirve para vivir’ es una frase atribuida a Agustín de Hipona (c.400) que sirvió de inspiración a otros consagrados a servir al prójimo 7.
El Señor nos ayude a ver en nuestra generación materialista la tremenda necesidad que Albert Schweitzer descubrió entre los africanos, y guiados por su ejemplo, movidos por nuestro amor a Jesucristo y su obra incomparable sirvamos a nuestros contemporáneos. Ése es Su deseo 8.

Notas
Ilustración: una vista actual del hospital construido por los Schweitzer en Gabón, en el ecuador africano. La foto del matrimonio con niños en brazos es tomada de http://www.galenusrevista.com/Albert-Schweitzer.html  
01. Sana doctrina es una expresión paulina que define al Evangelio de Jesucristo tal como está expresado en el Nuevo Testamento, sin agregados provenientes de tradiciones humanas. 1ª Timoteo 1:10; 2ª Timoteo 4:3; Tito 2:1.
02. 2ª Timoteo 3:2; comparar con 2ª Pedro 2:3. La falsa doctrina de ‘la prosperidad’ es predicada por avaros.
03. Nació en Kaysersberg, Alemania, luego Alsacia francesa, en 1875; murió en 1965 y su tumba está en Lambaréné. 04. ‘El secreto histórico de la vida de Jesús’, Ediciones Siglo XX, Buenos Aires, 1967, es un ejemplo.
05. Obra publicada por la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina e Instituto Latinoamericano de Bioética y Derechos Humanos.
06. Salmo 150:6 ‘Todo lo que respira alabe a JAH. Aleluya’.
07. Robert Baden Powel (1857-1941) militar inglés fundador del movimiento mundial denominado Scoutismo, en 1922, que cuenta actualmente con 40 millones de practicantes (‘boy scouts’ y ‘girl scouts’); oriunda de Macedonia, Agnes Gonxha Bojaxhiu (1910-1997),Teresa de Calcuta, o más conocida como ‘Madre Teresa’ fundó la obra Misioneras de la Caridad (Calcuta) en 1950.
08. Mateo 5:13; Lucas 22:26,27; Juan 13:14-17; comparar con Malaquías 3:17,18 y Romanos 12:10.

Fuente: Protestantedigital, 2016

viernes, 6 de mayo de 2016

El discípulo más grande del mundo



Por. Pedro Alamo, España
Desde joven admiré a personas que servían al Señor y lo hacían por fe; vivían de donativos, sin saber lo que recibirían al mes siguiente y cubrían sus necesidades de una forma muy precaria. También he conocido a otras que, si se me permite expresarlo de este modo, no servían a Dios “a pleno tiempo” pero eran entusiastas del evangelio y desarrollaron una labor encomiable que ha permitido el crecimiento de la Iglesia. Y me he preguntado: ¿Quién es el discípulo más grande del mundo?
Cada uno de nosotros tiene unas circunstancias y condicionantes particulares que nos empujan en distintas direcciones; entonces, ¿cómo podemos seguir a Jesús en el siglo XXI? Encontramos en los evangelios personas que seguían a Jesús de diferente manera.
Primeramente, vemos a personas que son llamadas a dejarlo todo. Marcos 10.17-30 nos cuenta la historia del joven rico; una persona religiosa que tenía interés por saber cómo se obtenía la vida eterna. Jesús le recuerda los mandamientos; y el joven responde que los ha guardado desde su juventud. Entonces, Jesús le dice: vende todo lo que tienes y dalo a los pobres para tener tesoro en el cielo; y le invita a seguirle. Dice el texto: “él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (Mc 10.22). A continuación, Pedro dice a Jesús: “Nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido” (10.28).
Seguir a Jesús era una aventura, una vida llena de incertidumbre, ya que no sabían mucho acerca de este nuevo Rabí que aparecía en Galilea. ¿De qué vivirían? ¿Dónde irían? ¿Quién cuidaría de sus familias? ¿Dónde reposarían? ¿Cómo se alimentarían? Seguramente son preguntas que nosotros haríamos, y con razón. ¿Qué haríamos si alguien llama a la puerta de nuestra casa o se presenta en la empresa donde trabajamos y nos dice: “Sígueme”?
Estos pocos decidieron dejarlo todo y seguir a Jesús. ¿Por qué? Vemos en otra ocasión que Jesús llama a alguien y le dice “Sígueme”. Y éste le responde “déjame que primero entierre a mi padre” (Luc 9.59). Esto tenía que ver con cumplir los ritos religiosos y las convenciones sociales más respetables de la época. Pero Jesús le apremia diciéndole: “deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios” (Luc 9.60). Según Mateo 8.21, esta persona era un discípulo de Jesús.
En segundo lugar, encontramos, también en los evangelios, a otro grupo de personas que se mantienen en lo que podríamos llamar “la zona de confort”. Lejos de dejar su familia, su trabajo, sus vecinos, su vida cotidiana, se mantienen en una vida acomodada, sin grandes renuncias. Es un enclave en el que el ser humano se siente cómodo y seguro; lo conoce, lo controla, lo domina; le produce bienestar y tranquilidad. Es como estar en casa, sin presiones de ningún tipo, sin incertidumbres, protegido… El elemento clave es la seguridad. Todo lo contrario al primer grupo que hemos comentado y que deja todo por seguir a Jesús. Este segundo grupo no deja nada, cada uno sigue con su actividad después de conocer al Maestro.
La vida de Lázaro aparece relatada en el evangelio de Juan capítulos 11-12. No se dice mucho de él, pero sí lo suficiente para conocer un poco de su experiencia vital con Jesús: Lázaro tenía una hermana que era la que había ungido los pies de Jesús con perfume y los enjugó con sus cabellos (11.2). El relato al que hace referencia está en Mat 26.6,ss., donde se nos dice que el frasco de alabastro contenía un perfume “de gran precio”. Marcos puntualiza diciendo que era “perfume de nardo puro de mucho precio”. Juan también lo menciona así (Juan 12.3) y nos da alguna información adicional porque Judas, que llevaba las cuentas de la Comunidad de discípulos, dijo que se podía haber vendido ese perfume por 300 denarios (Juan 12.5) para repartirlo a los pobres. El denario era el salario diario de un jornalero. La equivalencia en nuestros días, calculándolo con el salario mínimo interprofesional en España, sería de unos 6.486 € en perfume derrochado, diría Judas. Esto es mucho dinero. Por otro lado, el sepulcro donde estaba el cuerpo de Lázaro era una cueva y tenía una piedra puesta encima. Normalmente así se enterraba a personajes distinguidos.
Todo esto nos da a entender que Lázaro estaba bien situado, disfrutaba de sus bienes y su familia se podía permitir ciertos lujos, viviendo en la abundancia. Y el evangelio nos dice que Jesús tenía una relación especial con estas personas: “Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro” (Juan 11.5). Es más, se nos puntualiza que Jesús lloró ante la tumba de su amigo Lázaro (Juan 11.35).
En tercer lugar, encontramos a otra persona que es instada a no seguir a Jesús. Lucas 8.26-39 nos cuenta la historia del endemoniado gadareno. El evangelio nos dice que este hombre estaba endemoniado desde hacía mucho tiempo. Aquí tenemos una referencia de la época para enfermedades que no tenían un origen físico, independientemente de lo que pensemos sobre las posesiones demoníacas, cuyo tema no este artículo. Nos dice el texto que este hombre no vestía ropa y moraba en los sepulcros. A continuación, nos habla del encuentro con Jesús. Vio al Señor y lanzó un grito. Se postra a sus pies y le reconoce como Hijo de Dios. Después viene el exorcismo; Jesús expulsa los demonios que lo atormentaban y el resultado es que el hombre está sentado a los pies de Jesús, en su juicio cabal (v.35).
El hombre sanado le rogó a Jesús que le dejara estar con él y sorprende la respuesta del Maestro: “Jesús le despidió, diciendo: vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo” (Luc 8.39). Esta persona, nos dice el texto, “fue publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él” (8.39). ¿Por qué Jesús no dejó que lo acompañara? ¿Acaso no hubiera sido un buen discípulo? ¿Es que no hubiera dado su vida por la causa de Jesús después de lo que hizo por él?
En el evangelio encontramos otro grupo de personas que sirven a Jesús con sus bienes. No se habla mucho de ellas, pero el evangelio es nítido. Lucas 8.1-3: “Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían con sus bienes”.
Aquí tenemos algunas pinceladas de personas bien situadas en la esfera social, con poder económico que participaban en el sostenimiento del proyecto de Jesús. Todos los proyectos necesitan dinero y el ministerio de Jesús y sus discípulos de ir anunciando el evangelio del Reino de ciudad en ciudad no podía ser una excepción. ¿Quién pagaba eso? Había personas dispuestas a correr con los gastos y no vemos ningún tipo de censura en Jesús que las empujara a renunciar a sus posesiones.
Entonces, ¿qué significa seguir a Jesús en nuestros días? De todos los casos que hemos comentado, ¿quién amaba más a Jesús? ¿Quiénes eran mejores discípulos? ¿Quién ilustra de forma más clara lo que es seguir a Jesús? Desde mi punto de vista, el principio que rige en los evangelios respecto al seguimiento de Jesús tiene que ver con la vocación de cada uno.
En el siglo XXI algunos son llamados a dejarlo todo para servir al Señor. Podríamos hablar de pastores, misioneros, obreros… Personas que renuncian a ciertas comodidades y privilegios por servir en el Reino de los cielos. Pero esto no es un principio general para todos; porque, si todos lo dejan todo, ¿quién aportará los recursos necesarios para hacer viable el proyecto del Reino de los cielos?
Otros permanecen en la zona de confort. Mantenerse en la zona de confort es normal en la vida del ser humano porque nos alejamos de aquello que nos produce incertidumbre, huimos de lo desconocido, del riesgo…, y nos aferramos a lo seguro. Bajo esta perspectiva, hay muchos seguidores de Jesús en el día de hoy que no son llamados a dejarlo todo y pueden vivir en la zona de confort con toda dignidad y, además, están cumpliendo con lo que Dios quiere para ellos; tienen su trabajo, conviven con sus familias, disfrutan del dinero que ganan…
En nuestros días hay otros que son instados a no seguirle de cerca. No es necesario dejarlo todo para servir a Dios y no es mejor el que lo deja todo que el que no deja nada y permanece en la zona de confort.
También hay otros que le sirven con sus bienes. Hay algunas personas que tienen una visión especial para ver cosas que otros no ven y creen en los proyectos, y dan de su dinero de una forma generosa. No miran lo que otros hacen porque, si Dios les ha puesto esa visión y convicción, actúan independientemente de lo que hagan los demás. Ojalá hubiera muchos de estos. Tener dinero no es malo en sí mismo, puede ser una bendición para la obra del Señor.
Lo que el evangelio nos enseña es que todas estas formas diversas de seguir a Jesús son necesarias. Y ninguno es mejor seguidor de Jesús que el otro porque cada uno ha sido llamado para estar en un lugar concreto y para servir de una manera específica.
No hay nada peor que uno quiera desempeñar una función para la que no ha sido llamado. Por ejemplo, imaginemos un coro de voces donde se pretende cantar de forma armónica. Pero hay alguien que se empeña en cantar sin tener oído. Esto es perjudicial para todos. De la misma forma, una persona que no ha sido llamada a un ministerio y se empeña en hacerlo causará daño a la Comunidad. Algunos ejemplos:
  • Un pastor que no tiene vocación pastoral y se embarca en esa aventura. Un pastor es el que sirve al rebaño, lo cuida, lo guía, lo protege, lo alimenta, pasa tiempo con él… Pero hay algunos que, más que pastores, parecen señores. No han sido llamados.
  • Un maestro que no sabe enseñar; se empeña en compartir la Palabra entre los creyentes y les aburre sobremanera, habla con los que no creen para convencerles de las bondades de Dios y la gente “huye despavorida”. No ha sido llamado.
  • Un diácono que no le gusta servir, sino más bien tener el título y mandar a los demás para que hagan el trabajo. No ha sido llamado.
  • Una persona que piensa que tiene el don de la exhortación y solo sabe dar “palos” a los demás, olvidando que el concepto bíblico de la exhortación tiene más bien que ver con el consuelo. No ha sido llamado.
Podríamos poner innumerables ejemplos. Para ser discípulo de Jesús hoy, es imprescindible descubrir a qué nos llama el Señor, verificar si estamos dispuestos y disponibles lo que conllevará ciertas renuncias y hacer lo que debemos con convicción, sabiendo que somos llamados por el Señor y encomendados por la iglesia. Tan discípulo de Jesús era el apóstol Pedro como Lázaro; uno lo dejó todo mientras que el otro permaneció en su zona de confort. Tanto el que lo deja todo como el que permanece en su zona de confort se han de enfrentar a diario con el reto de seguir a Jesús.
Así que, unos son llamados a dejarlo todo por seguir a Jesús, otros a permanecer en su zona de confort, otros son instados a no seguirle de cerca y otros a poner de su dinero de una manera generosa para el servicio de Dios. ¿Quién es mejor discípulo? El que cumple con su función allí donde Dios le ha llamado; ése es el discípulo más grande del mundo.
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1 Parafraseo el título del famoso libro de Og Mandino, “El vendedor más grande del mundo”, que recomiendo para todos los lectores. Cuenta la historia de una persona humilde que recibe las claves para convertirse en el mejor vendedor

Fuente: Lupaprotestante, 2016.