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jueves, 9 de marzo de 2017

Los avaros y el Reino de Dios



Por. Juan Stam, Costa Rica
¿Qué es la avaricia? Para San Pablo, no sólo bloquea la entrada al reino de Dios, sino que está también entre los vicios que descalifican para ocupar cualquier oficio en la iglesia.
Cada cultura tiene su propia escala de valores y antivalores. En algunas épocas de la historia de Israel, para muchos judíos guardar el sábado tenía una prioridad destacada, de la máxima gravedad. Por ejemplo, para ellos la fornicación era pecado, sin duda, pero aún peor era el pecado de no respetar el sábado. También era pecado grave comer cerdo o sentarse en la mesa con gentiles incircuncisos.
Es obvio que nuestra cultura contemporánea concentra sus valoraciones fuertemente en lo sexual, hasta lo obsesivo. Para las personas seculares (“mundanos”, para emplear el término bíblico), el placer sexual parece ser la meta prioritaria de la existencia humana, y una vida de orgasmos sísmicos se considera la summum bonum de todos los valores en la vida.
Nuestra cultura está obsesionada con el sexo.
Muchos cristianos, por su parte, también están obsesionados con el sexo y reflejan esta misma concentración pansexista, pero invertida. Para ellos los pecados sexuales son los más graves, a veces los únicos pecados que les preocupan (junto con la borrachera, en un segundo lugar).
Un empresario puede explotar a sus empleados pagándoles sueldos de miseria, pero asiste a la iglesia, ofrenda y no “cae en pecado” (¿cómo que “cae”? ya está en pecado), es un buen cristiano, toma la Santa Cena y a lo mejor puede ser anciano o diácono de la congregación.
El presidente de un país “cristiano” puede mentir descaradamente para justificar así matanzas sangrientas, pero si pertenece a una iglesia, reproduce el discurso religioso y no causa escándalos sexuales, sigue siendo “hermano” en la fe.[1]
Se nos olvida muy fácilmente que según el Nuevo Testamento los pecadores sexuales y los borrachos no son los únicos que “no heredarán el reino de Dios”.[2]
Entre los diez grupos de 1 Cor 6:9-10 van incluido los idólatras (¿los hay en nuestras iglesias?)[3], los avaros (¡Los hay, y muchos!), ladrones, estafadores y calumniadores (¡de todos ellos tenemos!). Gal 5:19-21, en su lista de 15 pecados que cierran las puertas del reino, añade brujería, odio, discordia, celo, ira, rivalidades, disensiones, sectarismos, envidia “y otras cosas parecidas”.[4]
Entre los seis pecados que según Efesios 5:4-6 excluyen del reino de Dios van incluidos la avaricia, necedades y chistes groseros. La larga lista de 21 pecados vergonzosos en Rom 1:24-31 incluye avaricia, envidia, engaño, chismes y “toda clase de maldad”.[5]
Se ve que eran muy rigurosas las exigencias de la comunidad cristiana. ¿Quién de nosotros no sería culpable de por lo menos una o dos de estas ofensas? Lo que más sorprende en estas listas es la frecuente inclusión de la avaricia, en los mismos términos que la de la borrachera y los pecados sexuales. Si esos pecados escandalosos excluyen del reino de Dios, entonces también la avaricia, en los idénticos términos, excluye de reino de Dios.
De hecho en las doce listas de vicios en los escritos paulinos, la avaricia aparece más frecuentemente que la borrachera.[6] Y es más, en dos de las listas San Pablo agrega una frase sumamente grave, cuando escribe “la avaricia, la cual es idolatría” (Ef 5:5; Col 3:5), el más condenable de todos los pecados.[7]
¿Puede algún cristiano o cristiana negar que la avaricia es pecado?
La Real Academia Española define la avaricia en pocas palabras pero de mucho peso, como “Afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas”.[8]
El Diccionario Cuyás, un poco más sucinto, lo define como “un apego desordenado a las riquezas”.
De las varias palabras griegas para la avaricia, dos son especialmente reveladores. La más común, “pleonexia”, se deriva, según Ceslas Spicq (tomo III, p.117), de “pleon” (“más”) y el verbo “ejw” (“tener”). Por eso Louw y Nida, en su léxico griego, lo definen como “un fuerte deseo de adquirir más y más posesiones materiales, o de poseer más cosas que las que otros tienen… ” (Louw-Nida I:291-2). La avaricia es un deseo insaciable; cuánto más posee, más desea.
Otro término para la avaricia es “filarguros”, que significa “amor al dinero”; podríamos decir que son “dinerófilos”, “enamorados del dinero” (Lc 16:14; 1Tm 6:10; 2Tm 3:2).
Esta dinerofilia, según 1Tm 6:10, es “la raíz de toda clase de maldad”. La avaricia -esta pasión cuasi-erótica por el dinero y por las cosas- muy fácilmente conduce a la idolatría (Isa 2.7-8; Mt 6:24). La persona avara consagra toda su vida al dinero y deposita toda su fe y esperanza en la riqueza. Cree que posee sus bienes, pero pronto es poseído por ellos. A menudo la avaricia termina distanciándolo de su familia, del prójimo y de Dios mismo, porque ahora está sirviendo a otro dios. “Dios sabe muy bien”, escribió Orígenes, “qué es lo que uno ama con todo su corazón y alma y fuerza; eso para él es su Dios”.
Que cada uno de nosotros se examine ahora, y silenciosamente en su propio corazón decida cuál es la llama de amor que principalmente y sobre todo está encendida dentro de su ser”.[9] La avaricia es relativamente fácil de definir, pero muy difícil de identificar. Rarísimas veces alguien va a decir, “yo reconozco que soy avaro”.
Hace poco un amigo me hablaba de un pastor que mostraba muchos síntomas de “prosperidaditis aguditis”, pero el amigo aclaró que “él no es avaro, lo que pasa es que le gustan las cosas lujosas”. Es muy fácil racionalizar la avaricia y justificar la acumulación y los lujos. Parece que sólo la voz del Espíritu Santo en el corazón del rico le podrá convencer de su avaricia.[10] Por eso dice San Pablo, hablando del papel de la ley como revelación de Dios, “tampoco hubiera conocido la codicia, si la ley no dijera: no codiciarás” (Rom 7:7).”
Para San Pablo, la avaricia no sólo bloquea la entrada al reino de Dios, sino está también entre los vicios que descalifican para ocupar cualquier oficio en la iglesia (1Tm 3:3,8; Tito 1:7). En el caso de pecados visibles y escandalosos, como borrachera o adulterio, la situación hubiera sido evidente y relativamente fácil de identificar, pero sospecho que fue muy difícil de aplicar esta restricción en el caso de la avaricia. ¿Quién decide si alguien es avaro o no, con cuáles criterios? ¿En qué punto la prosperidad legítima se convierte en avaricia?
En el fondo se trata de una actitud del corazón, de criterios relativos y poco precisos. ¿Cómo habría funcionado eso en el proceso de escogencia de los líderes congregacionales en los tiempos de San Pablo? Me cuesta imaginar que algún rico, al ser considerado para el liderazgo, hubiera dicho, “Me disculpan, hermanos y hermanas, pero no puedo ocupar ningún puesto porque soy avaro, lo tengo que reconocer”. ¡Más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja!! Me imagino más bien que otra persona, a lo mejor un líder de la congregación, tendría que señalar al avaro con su dedo y confrontar, como Natán ante David, este pecado en la comunidad.
“Lo siento mucho, hermano, y me da mucha pena, pero usted no puede ocupar ninguna carga en la iglesia de nuestro Señor, porque usted es un avaro.” Me imagino la respuesta: “¿Quién es un avaro? ¡¡¡Yo no!!!”
Todos tenemos que hacernos la pregunta, ¿Qué clase de mayordomo soy de los bienes que mi Señor me ha confiado? Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón. Ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno. (Sal 139:23-24)
BIBLIOGRAFIA
Louw Johannes y Rugene Nida, Greek-English Lexicon of the New Testament (NY: United Bible Society 1989) Spicq, Ceslas, Theological Lexicon of the New Testa,emt (Peabody:Henderson 1994)

NOTAS AL PIE
[1] Es notorio en muchos países latinoamericanos que los congresistas evangélicos/as se especializan en los temas sexuales pero no tienen nada que decir sobre la corrupción, la pobreza y hasta asesinatos políticos.
[2] Otros textos que hablan de exclusión del reino de Dios son Mt 5.20; 7:21-22; 18:3 y Jn 3:3,5.
[3] Véase “¿Es posible ser idólatra sin darse cuenta?” en juanstam.com, 7 de enero de 2007.
[4] Según las listas de Apoc 21:8 y 21:25, no podrán entrar en la Nueva Jerusalén los cobardes, los incrédulos y los mentirosos (CF. 22:15).
[5] La lista en 1Tm 1:9-10, de pecadores ante la ley de Dios, incluye los irreverentes, los que maltratan a sus padres y los traficantes de esclavos. Col 3:5 incluye avaricia junto con cuatro pecados sexuales.
[6] La borrachera se menciona en las listas de 1Cor 5:10; 6:10 y Gal 5:21; la avaricia en Rom 1:29; 1Cor 5:11; 6:10; Ef 5:3,5, más la lista de Mr 7:22.
[7] Esa frase corresponde al dicho de Jesús, “nadie puede servir a Dios y a la riqueza” (Mt 6:24; Lc 16:13). Es muy significativo que para su reformulación de la disyuntiva radical de Elías, “O Yahvéh o Baal, pero no los dos” (1R 18:21), Jesús opta por poner a “Mamón” como equivalente de “Baal”. Parece
implicar que “servir a las riquezas” era (y es) la idolatría más sutil y peligrosa de todas y que es totalmente irreconciliable con la fe en Dios.
[8] La Academia define “codicia” como “Afán excesivo de riqueza; Deseo vehemente de algunas cosas buenas; apetito sexual”…
[9] Orígenes, Homilía sobre el libro de los Jueces, citado en Christian Century 9.4.97, p. 371).
[10] Entiendo bien que los ricos no son los únicos avaros, pero creo que la Biblia está pensando principalmente en ellos cuando haba de avaricia.

Fuente: Protestantedigital, 2017

jueves, 2 de marzo de 2017

El aporte de la reforma protestante para la sociedad civil



Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México
Debemos recuperar la teología bautismal de Lutero: si eres bautizado, ya eres sacerdote, obispo y Papa.
M.K.
El martes 21 de febrero por la noche, en el Instituto Goethe de la ciudad de México, en un auditorio prácticamente lleno, la Dra. Margot Kässmann, embajadora especial de la Iglesia Evangélica Alemana (EKD) para la conmemoración de los 500 años de la Reforma Luterana, presentó la conferencia titulada “El aporte de la Reforma Protestante para la sociedad civil”.
En la introducción se refirió a las actividades con que en Alemania se están llevando a cabo las celebraciones por tan importante acontecimiento, aunque sin dejar de subrayar que muchos las ven como algo contradictorio. Puso el caso del tráiler que está viajando por varios países y que está siendo patrocinado por Volkswagen, una empresa germánica emblemática, pero que ha estado en entredicho recientemente. Entre otras acciones más, mencionó que habrá una exposición mundial en Wittenberg, la ciudad de Martín Lutero, un campamento juvenil y varios Días de la Iglesia (como se acostumbran en ese país) en los que esperan reunir más de 250 mil personas, además de que el 31 de octubre será un día feriado nacional en los 16 Estados federados, fruto de un acuerdo parlamentario.
En la primera parte de su exposición, se refirió al título de la conferencia, en el sentido de lo que significa la Reforma luterana para la sociedad civil por causa de sus fuertes incidencias políticas. Sobre todo, destacó que la libertad religiosa fruto de la misma, condujo a varias libertades, tal como lo propuso Lutero. Añadió que esa libertad también tiene que ver con que la fe y la razón sigan entrelazadas. En este punto abundó sobre lo sucedido en la actual Alemania, en la que el gobierno, ante el aumento de inmigrantes musulmanes que optan por el cristianismo, se encuentra ante el dilema de reconocerlos como cristianos o no. Ante casos como ése, una de las grandes lecciones de la Reforma es aprender a decirle no a un Estado autoritario, tal como sucedió en la República Democrática Alemana. Allí recordó que, incluso Angela Merkel, actual canciller alemana, ha resaltado el componente misionero de la Reforma luterana. Señaló que es preciso escuchar este espíritu de la Reforma en la conmemoración.
Sobre la individualización, siguiente aspecto de su conferencia, Kässmann insistió en que la Lutero afirmó que nada puede revertir la promesa del bautismo y la posibilidad de que los muchos dones que hay en la iglesia se manifiesten. Además, el reformador obtuvo consecuencias muy importantes al establecer el lugar del individuo en relación con la salvación: si Cristo es omnipresente, el papa no es necesario, y ningún vicariato lo es ante la fe del individuo ante dios. Por ello, el poder el papa se opone al mensaje bíblico, lo cual es una mala noticia para los clérigos, pues su papel mediador es innecesario. Todos los creyentes son sacerdotes para ejercer el ministerio u oficio al que han sido llamados e, incluso, una sirvienta no vale menos que nadie. Dios condona los pecados a través de la sola fide, con lo que la iglesia deja de ser la mediadora de la salvación. Cualquiera puede leer la Biblia para perfeccionar su conciencia.
Acerca del lenguaje y la educación el punto de partida es similar: cualquiera puede confesar al Dios trinitario, leer la Biblia y pronunciarse sobre la fe. Eso conduce la necesidad de acceder de manera universal a la educación. La gente creerá, entonces, por sí misma, no porque el sacerdote explique el dogma. No se depende de él. Se trata de que cada quien luche por desarrollar su propia fe. De ese modo, los creyentes entran en un diálogo creativo de fe. La educación pública tuvo un empuje muy fuerte desde la época de Lutero. La educación debería ser para todos y así poder contribuir adecuadamente a l sociedad. Él exigía eso a los príncipes de su tiempo. A Felipe Melanchthon, colaborador suyo, le pedían desde toda Europa una reforma universitaria que extendiese la educación para todos. Bucero, Zwinglio, Calvino y otros reformadores fueron intelectuales que contribuyeron a eso mismo. Todo ello permite que hoy se practique la crítica, de ahí que al fundamentalismo no le guste mucho la educación. La consigna de origen católico: “Cree en lo que te dicen, o vete, o muérete”, ya no es aplicable en este contexto. Ya no se está sujeto a nadie de manera obligatoria y es menester hacer muchas preguntas, por lo cual surgió la lectura crítica de la Biblia. Es una lucha personal por la fe. Y eso vale también para los musulmanes reformistas de hoy.
Lutero escribió también sobre el dinero, pues combatió la usura, vivir de ella. El capital domina a las personas y su postura anticapitalista seguiría igual porque él criticó los institutos monetarios de su tiempo. Las personas que sólo quieren acumular no pueden ser confrontadas por el amor. Lo más importante es el buen común. El oikos tiene una parte muy importante de servicio. Ante Dios, las personas pueden ser libres, pero en la sociedad son peones. Un usurero se retira de esta vida y no la vive a plenitud. Aumentar la importancia del capital, como sucede hoy, es el principio de los casinos. Las personas, como Dieter Bohlen, sólo ven el dinero como cosa más relevante. La pobre egomanía hace que se desvanezca sustentabilidad social. De ahí que el abuso de la libertad y de los dones dados por Dios no sea lo más deseable. No por nada se combaten la codicia y envidia en epístolas de Timoteo. Esas deformaciones morales no caben en una sociedad solidaria. Algo similar acontece también en la actividad empresarial que puede poner en riesgo la estabilidad de un país. La orientación de la Reforma es vivir en aras del bien común.
La vocación y la profesión fueron los siguientes puntos. Dado que no todos podemos ser mendigos y no podemos ser una carga para la sociedad, es preciso trabajar responsablemente. Una persona puede tener posesiones, pero siempre a la vista del bien común. Una conciencia alegre consiste en quedarnos en nuestra profesión y ejercerla positivamente. Las tares “inferiores” también son valiosas para el conjunto. Y ello incluye también al trabajo no remunerado. En el oikos cada quien tiene un lugar en la sociedad. No hay un escalafón social real, lo cual debe impactar también a la economía y a la actividad empresarial desde una perspectiva evangélica. Debe haber un dinamismo consciente de la responsabilidad social. El individuo puede tener una actividad empresarial, pero siempre con la conciencia de su responsabilidad para con el otro. Una buena pregunta es cuánta discrepancia hay entre la riqueza y la pobreza presente en un país. Por ello, el líder de Volkswagen es una vergüenza para Alemania. La paz social importa más. La disparidad actual entre ricos y pobres la sociedad ya no la aguanta más. En Alemania ahora se enseñan los “valores protestantes” a los inmigrantes que van a ser ciudadanos, pero eso es contradictorio a la luz de lo sucedido recientemente en esa compañía. Si se quiere integrar a los refugiados no es posible que se transmitan, en los hechos, valores negativos.
La Reforma, agregó, hace muy buenas preguntas, tal como le sucedió a Lutero en Worms (1521). Su respuesta, en otras palabras fue: Yo encontré los valores en la Biblia. Si me demuestran que no es así, me retracto”. Se necesitan más personas así, con esa firmeza moral y ética. Y nose trata de nuevos deals como dice Donald Trump. Los cristianos sabemos que los límites no son absolutos. Necesitamos más compromiso, mas esperanza, además de que, si se recuerda el principio luterano: Simul iustus et peccator (“Justo y pecador al mismo tiempo”), es preciso dar la cara, asumir las cosas fallidas con responsabilidad.
Al final, hubo un intenso foro de preguntas y respuestas, en la que la expositora se mostró muy interesada en la historia de la presencia protestante en México y, nuevamente, salió a la luz el tema de Volkswagen, además de la necesidad de un testimonio cristiano más sólido y visible en el mundo. La Dra. Kässmann, autora de dos libros publicados en español (Madres de la Biblia. 20 retratos para nuestro tiempo, 2012, y En la mitad de la vida, 2014) continuará su gira por Guadalajara, Guatemala, El Salvador y Costa Rica.

Fuente: Protestantedigital, 2017

miércoles, 1 de marzo de 2017

Algunas lecturas sobre la Reforma Protestante (VIII)



Por. Carlos Martínez García, México
Continúo con la reseña iniciada la semana pasada. El libro en cuestión es el coordinado por Peter Marshall, The Oxford Illustrated History of the Reformation, Oxford University Press, Oxford, 2015. La vez anterior referí los capítulos acerca del cristianismo medieval, el dedicado a Martín Lutero, el calvinismo y la reforma de la Reforma y la sección sobre la Reforma radical.
El quinto capítulo es desarrollado por Simon Ditchfield, “La Reforma y renovación católica”. Ditchfield es profesor de historia en la Universidad de York, Inglaterra, entre sus obras destacan Liturgy, Sanctity, and History in Tridentine Italy (Cambridge University Press, 2002), y de reciente aparición la que coordina con Helen Smith, Conversions: Gender and Religious Change in Early Modern Europe (Manchester University Press, 2017).
Para Ditchfield antes, durante y después del siglo XVI hubo personajes y fuerzas al interior del catolicismo romano que buscaron reformarlo y renovarlo. Los misioneros católicos que de Europa salieron hacia distintas partes del orbe intentaron transmitir una fe más cercana al ejemplo del Evangelio, pero sus esfuerzos se vieron contaminados con los intereses políticos y económicos de las potencias católicas que tuvieron más interés en saquear las riquezas de los nuevos territorios y menos en favorecer las tareas de quienes llegaron a evangelizar.
El autor del capítulo describe y evalúa los alcances y límites del Concilio de Trento, el cual tuvo cuatro periodos: de diciembre de 1545 a marzo de 1547 (en Trento); de abril de 1547 a enero de 1548 (en Bolonia); mayo de 1551 a abril de 1552 (en Trento); y, finalmente, de enero de 1562 a diciembre de 1563 (en Trento). Al principio este Concilio tuvo escasa asistencia e interés por parte de los altos clérigos, en la sesión inicial estuvieron presentes solamente cuatro cardenales, veintiún obispos y cinco generales de las órdenes religiosas.
La participación de los teólogos en el Concilio de Trento fue más nutrida que la de los clérigos en las tres primeras sesiones. En Trento quedaron normadas las enseñanzas católicas acerca de la justificación, transubstanciación, penitencia, el índice de libros prohibidos, el establecimiento de seminarios diocesanos, la necesidad de visitas obispales anuales, veneración de santos e imágenes, reformas en el clero regular y en el monástico, y, particularmente, afirmaciones doctrinales cuya meta fue señalar a un adversario que se consolidaba, el protestantismo.
Ditchfield señala que desde el siglo XVI hasta el presente el catolicismo romano alcanzó dimensiones globales. En este proceso se diseminó por los cuatro continentes, aunque ha tenido poco impacto en dos de ellos: (Asia y África), mientras ha sido “creativamente reinterpretado en las Américas”. Hoy gran parte de la fuerza misionera católica romana descansa en la “periferia” que ministra en Europa Occidental.
El capítulo “Las reformas británicas” es autoría de Peter Marshall. Las naciones que conforman la Gran Bretaña, observa Marshall, tuvieron antes y a lo largo del siglo XVI agitaciones de corte religioso. En la última centuria mencionada, al emerger la que sería denominada Reforma protestante, el rey Enrique VIII se manifestó abiertamente contrario a la misma y defendió a la Iglesia católica y la institución papal. Lo hizo con tal vigor que fue nombrado Fidei defensor (defensor de la fe) por el papa León X en noviembre de 1521.
Por propias convicciones y/o mediante conocimiento de la lid de Lutero en Alemania, distintos personajes ingleses abrazaron la causa de reformar al cristianismo y se opusieron a la Iglesia católica romana. Uno de ellos, y quien a causa de su oposición a Enrique VIII y el clero católico inglés debió exiliarse, fue William Tyndale. Él publicó su traducción inglesa del Nuevo Testamento en 1526, que se imprimió en Colonia y Worms, el cual contenía “explícitos comentarios luteranos”.
La Reforma religiosa impulsada por Enrique VIII, considera Marshall, comenzó en 1534 con el Acta de dispensaciones. Desde entonces y hasta la muerte del monarca, en 1547, Gran Bretaña estuvo convulsa en lo religioso. Además de la oposición de los obispos católicos británicos que decidieron permanecer fieles a Roma, Enrique VIII debió enfrentar la disidencia de distintos grupos minoritarios que abogaban por una reforma más radical, ya que consideraban al intento reformador del rey “un catolicismo sin papa”.
Poco a poco fue gestándose en Gran Bretaña el movimiento de iglesias libres, llamadas no conformistas por negarse a restringirse al molde religioso de Enrique VIII y quienes le sucedieron en el reinado a partir de 1547. La definición religiosa de Inglaterra fue pendular, de tendencia protestante entre 1547 a 1553, intento de restauración católica con María la Sangrienta (1553-1558), y consolidación de la vía inglesa para diferenciarse del catolicismo con Isabel I (1558-1603). En el reinado de Isabel I, periodo de consolidación de la Iglesia de Inglaterra, se robustecieron las opciones religiosas que decidieron no ceñirse a la Iglesia oficial. De forma subterránea el catolicismo preservó su perfil, algunos clérigos y feligreses debieron enfrentar persecuciones e incluso la pena capital. En tanto los integrantes de las iglesias libres resistieron los embates y construyeron comunidades de fe por todas partes de Gran Bretaña y, por otra parte, enfilaron hacia nuevos horizontes en busca de libertad religiosa y de conciencia. El proceso inició, sostiene Marshall, hacia 1620 con los Padres peregrinos, quienes fueron producto de las varios tipos de Reforma(s) que emergieron en Inglaterra y le dieron al protestantismo nuevos perfiles.
La sección final es de Alexandra Walsham y se titula “Los legados de la Reforma”. Ella es autora de Charitable Hatred: Tolerance and Intolerance in England, 1500-1700 (Manchester University Press, 2008), y The Reformation of the Landscape: Religion, Identity and Memory in Early Modern Britain and Ireland (Oxford University Press, 2012).
Walsham apunta que si bien es cierto la Reforma fue un punto de quiebre en la historia del cristianismo y de Occidente, la percepción de dicho cambio y su profundidad ha pasado por un largo proceso. Una vez consumada la ruptura con Roma y comenzado a dar pasos para consolidar la nueva opción teológica y eclesiástica, Lutero y sus partidarios concibieron su lucha como “el triunfo de la luz sobre las tinieblas, de la verdad sobre la falsedad, y haber puesto a la civilización europea en el sendero hacia la modernidad”.
Para Walsham el proceso no fue lineal ni tan claramente de logros como consideraban los reformadores. Sostiene que las herencias de largo alcance y las repercusiones de la Reforma son “contradictorias [ya que] Las pasiones espirituales y políticas que desataron tuvieron amplias ramificaciones: ellas afianzaron, y eventualmente perfilaron, el pluralismo confesional y denominacional al que inicialmente se opusieron; convergieron con presiones sociales y económicas que alteraron las formas en las que las personas actuaban al igual que afectaron las condiciones materiales de la vida cotidiana de esas personas”. Agrega que la Reforma, en sus distintas vertientes, fomentó a la vez que complejizó las tendencias intelectuales y culturales, cambiando cómo la gente concebía a Dios, el mundo natural y el súper natural. La Reforma construyó sobre nuevas bases cómo individuos, comunidades y naciones se identificaron y definieron a sí mismos. Todo ello debido a la energía generada por los conflictos, confrontaciones y diálogos originados a partir de una crítica al orden religioso tradicionalmente establecido.

Fuente: Protestantedigital, 2017