¡Vos podes ayudarnos!

---
;
Mostrando entradas con la etiqueta Reforma protestante. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reforma protestante. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de diciembre de 2017

La reforma radical: Thomas Müntzer

Por. Juan José Tamayo, España
En la celebración del V Centenario de la Reforma Protestante, que ha contado con numerosos eventos conmemorativos en todo el mundo a lo largo de 2017, he observado un silencio generalizado sobre la Reforma Radical, corriente fundamental dentro del cambio de paradigma teológico, eclesial y civilizatorio que supuso el protestantismo. Un silencio que se extiende a la figura de Thomas Müntzer, uno de los principales representantes de dicha corriente. Junto al silencio, pervive una imagen deformada de su vida, pensamiento y actividad eclesial y política, que lo ha convertido en una persona rechazada incluso dentro del mundo protestante.
Ha habido, con todo, algunas excepciones a dicho silencio. Es el caso de varias instituciones teológicas guatemaltecas como la Universidad Rafael Landívar, El Seminario Bíblico-Teológico de CEDEPCA y el Seminario Anabautista Latinoamericano Semilla, que me invitaron en octubre de este año a pronunciar una conferencia sobre la Reforma Radical y Thomas Müntzer. Vaya mi felicitación y agradecimiento.
Las interpretaciones sobre Müntzer han estado influenciadas por los juicios negativos, más aún, iconoclastas, de sus adversarios dentro de la Reforma, especialmente de Lutero y Melanchton. Lutero lo consideraba falso profeta, sanguinario y asesino, amén de poseído del diablo por incitar a la sedición. Melanchton lo acusaba de graves errores como osar pedir señales a Dios, no consolarse con la Escritura, ver en lo sueños un signo de haber recibido el Espíritu Santo y, lo más grave, predicar la desobediencia al poder, en contra del mandato de Pablo de Tarso de obedecer a la autoridad temporal establecida.
Müntzer es el eslabón perdido de la Reforma Protestante que necesitamos recuperar, liberarlo de los estereotipos interesados de sus correligionarios y rehabilitarlo en su verdadera significación histórica. Tal es la intención de este artículo. Müntzer fue una personalidad compleja en la que confluyen diferentes sensibilidades espirituales, intelectuales y políticas: la mística alemana, la apocalíptica y los movimientos heréticos medievales, la familiaridad con la Biblia y la crítica de los maestros de Wittenberg, especialmente de Lutero, por su alianza con los príncipes.
La mística se encuentra en el centro de su teología. La lectura de Tauler, discípulo del Maestro Eckart, supuso un cambio fundamental en su vida, que algunos califican de “conversión”. La experiencia mística es, para él, la conciencia de vaciamiento y abandono total del ser humano en las manos de Dios, más aún, la identificación entre Dios y el ser humano. Pero un abandono que no es pasividad, ni se queda en la esfera intimista, sino que se traduce políticamente en la lucha contra los poderosos y los vicios sociales provocados por ellos. Es el Espíritu, al que llama “nuestro maestro interior”, el que actúa directamente en el creyente sin mediaciones jerárquicas. Así, el cristianismo verdadero es el cristianismo del Espíritu.
Otra de las influencias fundamentales son los movimientos apocalípticos y heréticos del Medioevo, especialmente el de la Era del Espíritu del monje de Calabria Joaquín de Fiore y el de los husitas. Tales influencias dieron lugar a la llamada “utopía quiliástica”, que se caracteriza por la irrupción revolucionaria de la escatología en la historia. El milenarismo de Müntzer adopta una actitud militante y lleva a la organización de los campesinos y los mineros contra la Iglesia de los clérigos y la política opresora de los poderosos, que condujo a la Guerra de los Campesinos, calificada por Marx como “el hecho más radical de la historia alemana”, de la que Müntzer fue uno de sus principales líderes.
Su teología política se encuentra en las antípodas de Lutero. Hace una interpretación revolucionaria de la carta a los Romanos 13, considerada hasta entonces la base teológico-bíblica de la obediencia al poder. Para Lutero, la primera obligación de los gobernantes es utilizar la espada para mantener el orden público y preservar la paz, recurriendo incluso al poder militar, alegando que en dicha función contaban con el apoyo de Dios. Müntzer, por el contrario, llama a los duques de Sajonia a unirse a la sublevación del pueblo y a poner su espada a su servicio. De lo contrario les advierte que será el pueblo quien les arrebate la espada y la utilizará contra ellos. Justifica, así, la insurrección popular contra los gobernantes perversos.
Una de las interpretaciones más sugerentes de Thomas Müntzer es la que ofrece Ernst Bloch en su obra Thomas Müntzer, teólogo de la revolución, de 1921 (versión castellana: A. Machado Libros, Madrid 2002), donde defiende que la irrupción de la escatología en la historia en clave revolucionaria, tal como aparece en la predicación y práctica müntzerianas, es la mejor señal de que la religión no tiene por qué ser necesariamente aceptación acrítica de lo existente, ni solo la promesa de un futuro inaccesible, ni opio del pueblo. Más allá de la interpretación economicista del marxismo ortodoxo, Bloch descubre en Müntzer un plus de conciencia anticipadora, que no se reduce a los elementos económicos. Estos no constituyen la motivación única, ni siquiera la más genuina del alma humana.
El libro de Bloch plantea ya las relaciones entre cristianismo y revolución, entre la visión cristiana y la visión marxista de la historia, que, a su juicio “acaban por unificarse en una misma singladura y en un mismo plan de operaciones”.
El final de Müntzer es bien conocido. El 15 de mayo de 1525 fue detenido, sometido a un juicio sumarísimo, condenado a muerte y el 27 de mayo era decapitado delante de la puerta de Mülhausen junto con otros 53 revolucionarios entre los que se encontraba Heinrich Pfeiffer, el verdadero líder de la Guerra de los Campesinos. Pero su ejecución no logró acallar su proyecto mesiánico-milenarista-revolucionario, que jugó un papel muy importante en los movimientos revolucionarios modernos y estuvo presente entre los campesinos, obreros y burgueses en la Inglaterra de 1868 y en la Revolución Francesa. Esta, a juicio de Bloch, difícilmente hubiera prendido entre los sectores iletrados “tan solo por obra de Diderot, y aun de Rousseau”. Ni siquiera el laicismo burgués fue capaz de eliminar la fuerza teológica intrínseca al comunismo quiliástico.
Para un análisis más detallado de la figura y del pensamiento de Thomas Münzter, además de la obra ya citada de Bloch, remito a mi libro Religión, razón y esperanza. El pensamiento de Ernst Bloch (Tirant Lo Blanch, València, 2015, 2ª ed.) y a Tratados y sermones, del propio Müntzer, con introducción y traducción de Lluís Duch (Trotta, Madrid, 2001).


Fuente: Lupaprotestante, 2017

viernes, 22 de diciembre de 2017

Casiodoro de Reina, heterodoxo impenitente, amante de la libertad

Por. Alfonso Ropero, España
La Biblia Reina-Valera revisión 1960 constituye la Vulgata de todos los protestantes de habla española, que se resisten a admitir cualquier otra versión, por más que responda a un trabajo más profundo y académico, con recurso a un aparato científico más completo. Naturalmente, hay otras versiones que poco a poco van ganando terreno en muchas iglesias, pero sin lograr desbancar el prestigio de la Reina-Valera 1960.
Muchos de los lectores de esta Biblia, que conocen y aman tanto, desconocen, por contra, todo lo relativo a quienes fueron sus autores. Los más ilustrados tienen una ligera idea de que habían sido monjes católico-romanos que convertidos al evangelio fueron perseguidos por la Inquisición, de la cual consiguieron escapar, gracias a lo cual pudieron dedicarse a la traducción de la Biblia original en hebreo y griego al español de la época.
Sin embargo, ante la visión idílica que algunos presentan, me gustaría en este artículo tratar brevemente varios aspectos de la vida de Casiodoro de Reina (1520-1594), que me parecen reveladores del precio que tuvo que pagar por ser fiel al Evangelio y su conciencia. Me parece que es un personaje de la Reforma que tiene mucho que decirnos sobre aspectos que todavía inquietan y trastocan a nuestras iglesias con brotes inquisitoriales. Escribe un reciente biógrafo de Casiodoro, Constantino Bada Prendes, que derramó muchas lágrimas mientras investigaba en la vida de este hombre, al conocer las muchas contrariedades y procesos inquisitoriales que tuvo que soportar a lo largo de su ajetreada existencia (Constantino Bada Prendes).
Es bien sabido que Casiodoro de Reina fue un monje de monasterio de San Isidro del Campo (Sevilla), que pertenecía a la Orden de los Jerónimos, cuya lectura de la Biblia y de libros luteranos le llevó a abrazar la ideas reformistas que se estaban propagando en el norte de Europa. Alertada la Inquisición, Casiodoro y un buen número de frailes tuvieron que darse prisa para abandonar España. Los que no lograron hacerlo a tiempo terminaron en la hoguera, o bien disciplinados, según el grado de su implicación en la “herejía luterana”.
Huido a la Ginebra de Calvino, Casiodoro pronto advirtió que aquella tampoco era su tierra prometida. Espíritu libre y sensible tuvo que pasar por innumerables trances para sobrevivir en aquel mundo de sospecha constante, de desconfianza generalizada del otro por cuestiones doctrinales. Aun así, Casiodoro fue capaz, en solo diez años, y por su propia cuenta, en un ambiente hostil, de dar a luz una versión de Biblia que es todo un logro de la literatura religiosa. Por si fueran poco las penurias económicas, cuando ya estaba casi a punto de imprimir y sacar a la calle su edición de la Biblia, cayó gravemente enfermo teniendo que permanecer en cama durante cinco semanas, debatiéndose entre la vida y la muerte. “Me producía no poca tristeza —escribió posteriormente— el pensamiento de mi mujer y de mis hijos pequeños, a quienes parecía haber traído conmigo a Basilea únicamente para que empezaran un nuevo exilio lejos de nuestros amigos y conocidos, y sobre todo, privados de mí. Pero incluso esta tristeza la alejaba fácil y rápidamente encomendándolos a la Providencia de Dios que, primero a mí y después a ellos conmigo, nos había hecho experimentar su cuidado paternal en medio de tantas dificultades y frecuentes trabajos”.
Casiodoro es ejemplo de unos de esos espíritus nobles del reformismo español. De ningún modo estaba de acuerdo con el castigo capital del “hereje” o disidente religioso. Se dice que lloraba cada vez que pasaba cerca de la colina de Champel porque le traía a la memoria la terrible muerte en la hoguera sufrida allí por su compatriota Miguel Servet (1509-1553), el cual se había negado a admitir la tradicional doctrina de la Trinidad. Esta simpatía hizo que algunos calvinistas lo sometieran a vigilancia. También en doctrina Casiodoro fue sospechoso ante las autoridades de la ciudad; parece que daba más importancia a los matices éticos y prácticos que a los especulativos y teológicos. Ocurre que muchos reformadores comenzaron proclamando la salvación por gracia, por fe sola, pero en la práctica bien pronto cayeron en la gnosis, la salvación por el conocimiento correcto de la doctrina sobre la gracia, la fe sola o la predestinación, el bautismo o la Santa Cena; todos ellos motivos para jugarse la vida en la contienda. El criterio de fe verdadera ya no venía asegurado por la fe y la vida piadosa, sino por la doctrina y la ortodoxia, o más bien, la fidelidad a la doctrina del grupo.
En 1559 decide dejar Ginebra y marcharse a Frankfort, uniéndose allí a una iglesia de habla francesa. Sin embargo, cuando Isabel I asciende al trono de Inglaterra, Casiodoro decide encaminarse a Londres (1558), encontrándose a otros que huían de la persecución en España. Solicitó a la reina Isabel que le concediera el uso de una iglesia para sus reuniones, petición que sería atendida, permitiéndosele el uso de la iglesia de Santa María de Harás. Por un poco de tiempo habrá una congregación reformada española en Londres que se reunía tres veces por semana. En esos años, gozando de una relativa tranquilidad, pudo dedicarse a sus labores pastorales y hasta formar una familia (1562).
Pero su espíritu liberal y comprensivo levantaba sospechas. Pese a los años transcurridos desde su salida de España, la Inquisición le seguía los pasos mediante agentes que informaban de cada actividad que realizaba. Por otra parte, sus hermanos de fe no terminaban de fiarse de él. El grupo calvinista criticaba sus creencias, hasta el punto de ver en él un hereje potencial. Quizá no le podían perdonar sus simpatías hacia Servet y Sebastián Castellion (1515-1563) — opuesto a Calvino y los calvinistas—; su aprecio del luteranismo y de la corriente anabaptista.
El odium theologicum, que es un fuerte sentimiento que no repara ante nada, ideó la mejor manera de desacreditar a Casidoro y meterlo en un serio aprieto. En 1563 fue acusado del delito de sodomía. Los acusadores hicieron correr la versión de que Reina antes de su matrimonio había mantenido relaciones homosexuales con un mozo llamado Jean de Bayonne. Fue acusado formalmente por los pastores calvinistas de las iglesias francesa y holandesa en Londres. Reina negó la acusación como totalmente falsa. De nada le valió, bien pronto se inició el juicio, primero por cuestiones doctrinales, después por el susodicho cargo de sodomía. Sospechando que la decisión ya estaba tomada en su contra, Casiodoro huyó Inglaterra, iniciando así un peregrinaje que le llevaría a varios países, entre ellos, Holanda, Alemania, Francia y Suiza. En Amberes descubrió que las autoridades españolas habían puesto precio a su cabeza. En Estrasburgo el consistorio reformado le ofreció el cargo de pastor (1565). De nuevo aparecieron las sospechas teológicas sobre su ortodoxia. Reina debió explicar sus posiciones teológicas en una carta dirigida a la congregación. Y haciendo gala de una gran habilidad, consiguió refutar las acusaciones sirviéndose de las enseñanzas de los mismos reformado-res. A pesar de haber convencido al consistorio de Estrasburgo, su éxito no es completo: en el camino de su defensa se granjeó la enemistad del sucesor de Calvino en Ginebra, Teodoro Beza, el cual concluyó afirmando que, en el fondo, Reina era un luterano. Antes de tomar el cargo de pastor, Reina debía reparar el escándalo que quince años antes había provocado su huida de Londres: el cargo de sodomita, que pendía sobre él como espada de Damocles. Confiado en su inocencia y deseando cumplir el requisito de honradez para ocupar su cargo pastoral marchó a Londres para someterse a un nuevo juicio. El arzobispo anglicano Edmund Grindal solicitó la revisión de las actas del caso, y tras una cuidadosa de las mismas y de los antecedentes de sus acusadores se evidenció que los testigos que señalaron a Reina de sodomía, los españoles Francisco de Ábrego y Gaspar Zapata, habían actuado como agentes encubiertos al servicio de la Inquisición española e incluso salieron a la luz los pagos recibidos por ser parte del complot contra Casiodoro. Pero sus correligionarios, llevados por el odio teológico habían preferido creer antes a aquellos provocadores inquisitoriales que al propio Casiodoro. También se examinó su confesión de fe respecto a la interpretación de la Cena del Señor, que algunos consideraban excesivamente luterana. Casiodoro no tuvo reparos en firmar un documento en el cual declaró su adhesión a la Confessio Helvetica, una confesión calvinista emblemática, y a la Confessio in articulo de Coena, confesión que trata de conciliar la postura calvinista con la luterana sobre la Cena del Señor. Como resultado de todos estos actos e investigaciones, el tribunal exoneró a Casiodoro de todos los cargos de herejía y conducta inmoral (1579).
La injusta persecución de que fue objeto, la humillación de repetir una y otra vez su confesión de fe para contentar la ortodoxia de los guardianes de verdad, no lo detuvo para entregarse sacrificadamente a la traducción de la Biblia en castellano, que con mucho esfuerzo y dificultades fue publicada en 1569, destinada a convertirse en el símbolo del protestantismo hispano y memoria eterna de este singular personaje.
Aparte de la Biblia, nos dejó otro legado importante, su espíritu pacificador y comprensivo. Como alguien ha dicho “supo ser tolerante en una sociedad intolerante y dogmática”. Casiodoro es sin duda un ejemplo de lo mejor de ese espíritu cristiano abierto y tolerante, que ejerce con una caballerosidad ejemplar. De haber conseguido la formación de una Iglesia Reforma Española creo que la cristiandad habría sido testigo de una nueva manera de Reforma inclusiva, pacífica y netamente evangélica. Casiodoro expresó con valentía su opinión que “también a los anabautistas se les debía considerar como hermanos”. Y esto lo dijo en una época que tanto católicos como protestantes competían en dar caza y muerte a estos creyentes que se negaban a bautizar niños y defendían el bautismo de adultos en base a la profesión de fe en Cristo —la tesis de un Casiodoro anabautista es sostenida por Manuel Díaz Pineda en su estudio histórico-doctrinal de la Reforma española, y también por Perez Zagorin.
Por si fuera poco, Casiodoro propagó entre los refugiados españoles el libro de Castellion donde defiende que no se deben quemar los herejes, y afirma que Miguel Servet había sido quemado injustamente. El argumento de Castellion era irrebatible: “Matar a un hombre no es defender una doctrina, es matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet, no defendieron una doctrina, mataron a un ser humano; no se hace profesión de fe quemando a un hombre, sino haciéndose quemar por ella. Buscar y decir la verdad, tal y como se piensa, no puede ser nunca un delito. A nadie se le debe obligar a creer. La conciencia es libre… que los judíos o los turcos no condenen a los cristianos, y que tampoco los cristianos condenen a los judíos o a los turcos… y nosotros, los que nos llamamos cristianos, no nos condenemos tampoco los unos a los otros… Una cosa es cierta: que cuanto mejor conoce un humano la verdad, menos inclinado está a condenar (Stefan Zweig, Castellio contra Calvino: Conciencia contra violencia. El Acantilado,  Barcelona 2012).

Nota bibliográfica:
Manuel Díaz Pineda, La Reforma en España. Siglos XVI-XVIII. CLIE, Barcelona 2017.
Enrique Fernández Fernández, Las Biblias castellanas del exilio. Editorial Caribe, Miami 1976.
Ignacio Javier García Pinilla, “El foco reformador de San Isidoro del Campo”, en Actas Simposio San Isidoro del Campo, 1301-2002, 61-91. Consejería de Cultura, Sevilla 2004.
1975.        Gordon Kinder, Casiodoro de Reina: Spanish Reformer of the Sixteenth Century. Tamesis Books ltd., Londres 1975.
Manuel Gutierrez Marín, Historia de la Reforma en España. Producciones Editoriales del Nordeste, Barcelona 1973.
Doris Moreno Martínez, Casiodoro de Reina. Centro de Estudios Andaluces, Sevilla 2017.
José C. Nieto, El Renacimiento y la otra España. Visión sociespiritual. Librairie Droz, Ginebra 1997.
Raymond S. Rosales, Casiodoro de Reina, patriarca del protestantismo hispano, Editorial Concordia, Saint Louis 2002.
Perez Zagorin, How the Idea of Religious Toleration Came to the West. Princeton University Press, Princeton 2003


Fuente: Lupatrotestante, 2017

sábado, 2 de diciembre de 2017

Los olvidados de la Reforma protestante

Por. Alfonso Pérez Ranchal, España
El pasado 31 de octubre las redes sociales se llenaron de felicitaciones por el día de la Reforma Protestante. Tampoco faltaron, durante ese mes, artículos en diferentes revistas en donde el rostro que predominaba era el de Lutero.
Todavía recuerdo cómo en mi ciudad natal cada vez que se acercaba esta fecha se anunciaba una conferencia en donde se invitaba a todos los creyentes y de paso a otras personas que estuvieran interesadas en el tema.
Siendo un adolescente, y más tarde un joven, tal y como se presentaba al reformador hizo que en mí se despertara una gran admiración por él. Se hablaba sobre todo de su etapa como agustino, de sus luchas, de su descubrimiento de la salvación por gracia. Recuerdo que se le mostraba como a un hombre al que únicamente alimentaba su vida la pasión que sentía por Dios y su Palabra, qué gran valentía tuvo frente al mismo Emperador, pensaba. También se hablaba de su matrimonio con Catharina von Bora para resaltar, con todo lo que estaba cayendo a su alrededor, el magnífico ejemplo de esposo y padre que era. De pasada se nombraba a Calvino y a otros reformadores como Zwinglio.
Al presente debo decir que si de esto trata la celebración anual de la Reforma por mi parte no tengo nada que decir. Por supuesto que se dieron grandes logros gracias a estos reformadores pero en la misma medida en la que a otros se los ha olvidado es mi falta de entusiasmo por este tipo de efemérides.
La realidad de lo que allí ocurrió es mucho más compleja y no es honesto presentar únicamente “las grandes hazañas” obviando o aparcando “los grandes errores”. Pero todavía es más preocupante, si cabe, que para que todo encaje en la exaltación de estos reformadores se tenga que hacer invisibles a otros hombres y mujeres que en no pocos aspectos los superaron. Pienso que no se habla de ellos ya que dejarían en muy mal lugar a las columnas del protestantismo ya que en algunos casos estos “otros” tuvieron serios enfrentamientos con ellos y además llevaban la razón.
Tal fue el caso de Erasmo de Rotterdam, un intelectual y cristiano de una talla excepcional que preparó el terreno para lo que después sucedería. Sus escritos se “colaron” por muchos rincones de aquella Europa antes de que Lutero apareciera en escena. Era un hombre tranquilo, un auténtico humanista enamorado de la cultura y con unas ideas muy claras sobre la necesidad de una reforma dentro de la Iglesia Católica. Supo sortear la condena de sus escritos y llegar con ellos a muchas personas que clamaban y anhelaban esta reforma eclesial. Cuando Lutero irrumpió, y las primeras grandes tensiones se dieron, Erasmo supo ver con gran preocupación la radicalización de posturas y las consecuencias que podrían traer. Supo leer las situaciones que se estaban dando y señalar los grandes males que vendrían casi de inmediato: intransigencia, odio y divisiones incurables dentro de la cristiandad.
Lutero intentó “ganárselo” para su causa pero él no cedió. Lo mismo procuraron hacer por el lado católico e incluso lo intentó el mismo Emperador. Pero él, espíritu libre, no quiso apuntarse a ningún bando. Tenía muy claro la necesidad de una reforma pero también de que la misma fuera dándose paso a paso, lejos de posiciones extremas y que la razón y el respeto por el ser humano fueran esenciales. Su proyecto se fue al traste y tuvo un agrio enfrentamiento con el mismo Lutero.
Erasmo rehuía cualquier discusión pero fue finalmente la negación de toda libertad humana frente a Dios y su salvación, defendida por Lutero, lo que le hizo comenzar un intercambio epistolar. Lutero, alguien explosivo al defender sus opiniones, descargó sobre Erasmo toda clase de improperios y descalificaciones. El humanista, desde entonces y hasta el fin de sus días, llevó sobre sí una gran tristeza al comprobar cómo lo que él había predicho se cumplía a rajatabla. Una cristiandad rota, odios enconados, muerte y desprecio entre naciones que se decían cristianas.
La historia se ha encargado de colocar a cada cual en su lugar, pero claro, debe ser una historia que se relate al completo para que así pueda ser conocida.
Otro tanto pasó con el enorme Sebastián Castellio que se dice que dejó prematuramente esta vida al fallecer de muerte natural pero, personalmente, no tengo ninguna duda de que mucho contribuyó a este final el gran sufrimiento que tuvo que soportar por parte de Calvino. Tenía 48 años y su física estaba muy debilitado. Fueron muchos años de calumnias, de jornadas laborales interminables para así poder mantener a su familia en medio de todo tipo de presiones.
No podía entender cómo en la Ginebra que Calvino regía con mano de hierro se podía condenar a morir como hereje a alguien tal y como pasó con Miguel Servet. Denunció públicamente este enorme despropósito y señaló a Calvino como el mayor de los responsables a pesar de que éste intentó disimular su responsabilidad. El reformador ginebrino no soportaba la crítica y además pensaba estar investido de una especie de infalibilidad por lo que siempre creía tener la interpretación correcta del texto bíblico.
Desde entonces Calvino intentó por todos los medios silenciar a Castellio quien abogaba por la libertad de conciencia, de poder defender diferentes posiciones en medio del respeto mutuo. Gritó ante la monstruosidad de esa especie de “Santa Inquisición” ginebrina lo que le acarreó toda clase de sufrimientos. Como ya he apuntado, falleció de muerte natural pero podría haber acabado de igual forma que Servet.
De nuevo el silencio escandaloso se cierne sobre Castellio al que ni siquiera conocen muchos de los que dicen celebrar la Reforma. Y es que, otra vez, si hablamos de Castellio resulta que el lado más oscuro de Calvino aparece…
En este sentido tiempo me faltaría para hablar de lo que se ha llamado la Reforma Radical cuyo exponente más conocido son los anabaptistas después conocidos como menonitas. Fueron masacrados tanto por protestantes como por católicos por defender algunas posturas que hoy en día todos mantienen. En medio de otros tantos errores acertaron en señalar que aquella reforma únicamente llegaba a algunos aspectos mientras que algunos otros esenciales quedaban sin tocar. Abogaban por una vuelta radical al evangelio y a una condena de todo tipo de violencia. Pero ya la Reforma había entrada de lleno en el campo de lo político, las guerras y la represión eran un hecho y esto último se llevaba a cabo tanto en el terreno protestante como en el católico. Ellos fueron atrapados en medio de las furias enfrentadas y se buscó hacerlos desaparecer.
Por último, me gustaría acordarme de las mujeres, una vez más ellas son las grandes ausentes. Tuvieron, en ocasiones, un protagonismo muy relevante pero pronto se las relegó al papel de madres y esposas ejemplares. Nombres tales como la propia esposa de Lutero, Catharina von Bora, u otras como Argula von GrumbachUrsula de Munstenberg (1491-1534), Isabel de Brandeburgo (1485-1545) o Isabel de Brunswick (1510-1558).
Si hemos de celebrar la Reforma hagámoslo pero, como decía al principio de este artículo, siendo honestos con lo que allí ocurrió. Sin duda hubo aciertos de gran calado pero también se dieron graves errores. Si vamos a traer a colación a los principales protagonistas de aquellos tiempos convulsos no deberíamos dejarnos atrás a los que no encajan con nuestra visión para de esta forma realizar una exaltación desmedida y alejada de la realidad.
Es cierto que se trata de una fecha para recordar pero si hablamos de Lutero también deberíamos hacerlo de Erasmo de Rotterdam; si escribimos sobre Calvino no deberíamos olvidar a Castellio; y otro tanto de aquellos que llamaron a una reforma radical y, por supuesto, también estaban las mujeres…
Ahora sí que me apunto a rememorar aquél siglo XVI, con sus luces y con sus zonas oscuras. Un siglo de una enorme importancia que marcó la historia para siempre y que tratando a todos sus protagonistas por igual pone de manifiesto una enorme riqueza que de lo contrario permanece oculta. El protestantismo fue muy variado en sus mismos inicios y defendió toda una serie de valores algunos de los cuales fueron sepultados por las figuras más destacadas pero que no deberíamos olvidar por lo impresionante de su relevancia. De esta forma no solo se muestra la historia al completo sino que se coloca en primera línea a hombres y mujeres de una enorme talla y que, sin duda, también eran “protestantes”.


Fuente: Lupaprotestante, 2017.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Misericordia y protestantismo

Por. Alfredo Abad, España
¿Cuándo encontraré un Dios misericordioso? (Martín Lutero)
La gran pregunta de arranque de lo que supuso para Europa la Reforma Protestante no fue tanto que Martín Lutero clavase sus 95 tesis sobre la puerta de la Catedral de Wittemberg, un 31 de octubre, para dar inicio a un debate teológico, sino su propia experiencia personal ante esta búsqueda del Dios misericordioso.
Es cierto que se ha fijado el episodio de las 95 tesis, por su contenido y significado, como la fecha que se celebra anualmente como inicio de la Reforma, no obstante, tanto en los precursores de la Reforma como Juan Hus (1372-1415) en Bohemia o John Wyclif (1320-1384) en Inglaterra, como en los reformadores posteriores lo importante era la autenticidad en la relación con Dios.
Martín Lutero (1483-1546) entendió un día que Dios no era un juez que pesaba en su balanza los méritos humanos, sino un Padre, que en su misericordia, quería sacar a su criatura de su caída y hacerla participar de su santidad y de su felicidad. Descubrió que el corazón de Dios es la bondad, la misericordia y la gracia.
Los reformadores desde diferentes ángulos y fuentes, Lutero (reformador en Alemania) se inspiraba principalmente en el apóstol Pablo, Bucero (reformador en Estrasburgo) en los evangelios o Oecolampadio (reformador en Basilea) en los escritos joánicos, llegan a la misma conclusión: Dios es amor. Esta convicción se impone en ellos para enfrentarse a la teología nominalista y escolástica de la época, rígida y dogmática, para subrayar la importancia de la gratuidad, de la gracia, en su relación con Dios.
Predicarán a favor de un Dios muy distinto al que se predicaba en la Edad Media, más sostenido en el miedo y el pago de indulgencias, que apuntaba al Dios-Juez implacable, ante el que solo podían encontrarse a través de las mediaciones, fundamentalmente de la iglesia. Las personas solo podían enfrentarse a sus angustias, y en la época eran notables, a través de remedios relacionados con el sacrifico, de sumisión, económico o de absolución sacerdotal. Las reliquias o los santos ofrecen un contacto casi físico con la divinidad. Posteriormente la Iglesia Católica ha hecho también su propia reforma o “aggiornamento”, sin embargo algo de ese acento perdura.
Paul Tillich, teólogo alemán del s. XX, señala que este acento se sitúa sobre la realidad de la presencia de Dios en ciertos lugares, objetos, instituciones, textos y ceremonias. A través de ellos Dios tiene un rostro concreto y se hace tangible. El acento de la reforma protestante es iconoclasta, rompe con la imagen, pero también con el dogmatismo, eclesiocentrismo, ritualismo y sacramentalismo. La presencia de Dios no es material sino espiritual. La relación con Dios es un acontecimiento por medio del Espíritu y no por medio de una institución. Tillich señala que ambos acentos se necesitan y son complementarios, aunque de manera conflictiva.
Este cambio de acento, como en la experiencia existencial de Lutero, se produce en los reformadores protestantes insistiendo en el Dios de amor. Subrayaran diferentes aspectos, por ejemplo Zwinglio (reformador de Zurich) insiste en el buen pastor (Juan 10, 11-14), Martín Bucero cambiará en todas las liturgias de Estrasburgo la invocación de Dios por la formula bíblica de “Padre”. Juan Calvino (reformador de Ginebra) dice que lo que importa es contemplar el rostro benigno de Dios: “Si tenemos la menor chispa de la luz de Dios, que nos descubre su misericordia, somos suficientemente iluminados para tener una firme seguridad”.
Para el protestantismo la relación con la misericordia de Dios es una palabra de liberación, de perdón que ofrece confianza y compromiso. Los reformadores buscaran confrontar a cada persona con la Palabra de Dios, en la Biblia, la predicación y los sacramentos, para que cada uno encuentre una relación saludable con Dios, una relación auténtica. Es a partir de esta relación, por medio de la acción del Espíritu, que la misericordia se traduce en compromiso con la humanidad, para que la igualdad, la justicia, la ética y la paz alcancen a toda criatura. Apelarán a la libertad de conciencia, como compromiso responsable con ese Dios de amor, y al sacerdocio universal de todos los creyentes, como compromiso comunitario e igualitario, para la transformación de la sociedad en la perspectiva del Reinado de Dios.
Un ejemplo claro de esta misericordia y su extensión a toda criatura fue la Declaración de Barmen (1934), a cuyo Sínodo asistieron por ejemplo Karl Barth o Dietrich Bonhoeffer, que afirmó que “la Iglesia es una comunidad de hermanos unidos en el amor de Cristo y rechaza cualquier doctrina que pretenda que deje esta convicción para supeditar su mensaje a los vaivenes de la política (Efesios 4, 14-16)”. Frente a la barbarie del nazismo, la misericordia –amor de Cristo– no permitía a la iglesia ser cómplice del desprecio por la vida de algunos seres humanos, judíos, por ejemplo.
Hoy necesitamos de este compromiso con la misericordia de Dios para no ser cómplices de ninguna clase de barbarie, por cierre de fronteras, exclusión social o cualquier otro tipo de discriminación. Lutero encontró al Dios de misericordia e hizo de Él su bandera en el compromiso a favor de la libertad cristiana.


Fuente: Lupaprotestante, 2017.

sábado, 25 de noviembre de 2017

La Reforma protestante: cambio de paradigma eclesial y civilizatorio y protagonismo de las mujeres

Por. Juan José Tamayo, España
Este año se ha declarado por primera vez en Alemania fiesta nacional el 31 de octubre en conmemoración de la fecha en la que, presumiblemente, Martín Lutero clavó sus 95 tesis sobre las indulgencias y las reliquias (Disputatio pro declaratione virtutis indulgentiarum) en las puertas de la iglesia de Wittenberg. Es considerado el punto de partida de la Reforma Protestante.
Ciertamente, el 31 de octubre de 1517 es una fecha para no olvidar, ya que se trata de una de las efemérides más significativas de la historia europea y quizá también de la historia universal. “No puedo describir la emoción, la verdadera y dramática sensación que provocan”, fue el comentario de Erasmo de Rotérdam, a quien no le extrañó el ruido creado por su publicación, ya que Lutero había cometido “dos faltas imperdonables: haber atacado la tiara del papa y el vientre de los frailes”.
Las 95 tesis marcan el inicio de la Reforma Protestante, un acontecimiento que supuso una transformación profunda de la sociedad, la cultura, la política, la economía y el cristianismo europeos y dio lugar a un cambio de paradigma eclesial y civilizatorio.
Lo que empezó siendo una experiencia religiosa atribulada de un joven profesor de filosofía y de teología en la Universidad de Wittenberg, atormentado por una acusada conciencia de pecado, preocupado por la salvación de su alma e insatisfecho con la rígida disciplina de la orden agustiniana a la que pertenecía, terminó convirtiéndose, a principios del siglo XVI, en una Reforma radical de la Iglesia cristiana.

La Reforma era un clamor generalizado dentro y fuera de la Iglesia. Venía reclamándose cada vez con más fuerza desde finales del siglo XIV ante la falta de respuestas del cristianismo institucional a los desafíos de la nueva era que estaba naciendo. Pero también ante la corrupción generalizada que se daba entre los dirigentes de la Iglesia, según reconocía Maquiavelo como explicación de la corrupción y de la irreligiosidad de los italianos: “Nosotros los italianos somos los más irreligiosos y corruptos porque la Iglesia y sus representantes nos han dado el peor ejemplo”.

El papa Francisco coincide con Maquiavelo en la corrupción de la Iglesia de entonces hasta considerarla la causa de la protesta de Lutero: “En ese tiempo… había corrupción en la Iglesia, mundanidad, apego al dinero, al poder, y por eso él [Lutero] protestó”.
La Reforma protestante fue un movimiento plural que se movió en dos direcciones. Una, la magisterial, representada por los maestros de Wittenberg, entre los que destacan Lutero y Melanchton, y por Calvino, perteneciente a la segunda generación.
Otra es la radical, representada, entre otros, por Tomas Müntzer, destacado líder en la Guerra de los Campesinos, a quien en Ernst Bloch llama “teólogo de la liberación” en una obra del mismo título publicada en 1921 (Thomas Müntzer, teólogo de la revolución, editorial Antonio Machado, Madrid, 2002), y Karlstadt, que se mostraba “afligido por el desprecio de Lutero hacia [la carta de] Santiago” y llamaba la atención sobre su descuido de los aspectos morales de la Reforma. Sin embargo, la tendencia, tanto dentro como fuera del protestantismo, es a supervalorar la reforma magisterial y a devaluar la radical.
El teólogo protestante mexicano Dan González habla de dos Luteros: “el original”, que al principio fue un crítico severo de los príncipes, y el que, a raíz de la Guerra de los Campesinos, contradice sus propias ideas y se pone del lado de los príncipes, a quienes en su escrito Contra las bandas despojadoras y asesinas de campesinos –calificado por el teólogo Zahrnt de “horrible y desprovisto de humanidad”–  pide aplasten violentamente el levantamiento campesino a cambio de los favores recibidos. En él califica a los campesinos sublevados de “súbditos del diablo”, que tienen que ser liquidados “como perro rabioso”.

En realidad, la reforma radical no fue una desviación de la reforma de Lutero ni una exageración de las doctrinas de la primera hora, sino su aplicación más auténtica.

Frente a la tendencia al silenciamiento y olvido de las mujeres en la Reforma, es necesario reconocer su papel fundamental y darles voz y visibilidad. Entre las más significativas cabe citar tres: Argula von Stauff, Úrsula Weida y Katharina Schütz.
La primera destacó por ser siempre fiel a su conciencia, criticar a los teólogos por su olvido de la justicia y defender que las mujeres y los laicos podían ser teólogos. Ursula Weydan polemizó con el abad de Pegau sobre la naturaleza de la Palabra de Dios y de la iglesia y se opuso a la literalidad de la Primera Carta a los Corintios, que formula lo que ella llama el “código de silencio de la mujer”. Katharina Schütz Zell, autodeclarada “madre de la iglesia”, osó llamar a Dios “Madre amorosa”. ¡Toda una revolución hecha por las mujeres en la teología patriarcal de los reformadores varones!

—————–

El autor es Teólogo vinculado a la teología de la liberación. Es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría”, de la Universidad Carlos III, en Madrid, y secretario general de la Asociación de teólogas y teólogos Juan XXXIII. Conferencista internacional y autor de más de 70 libros.

domingo, 22 de octubre de 2017

La Reforma protestante: antes, durante y después

Por Telésforo Isaac- República Dominicana
Para hablar o escribir de la Reforma Protestante y enfocar el antecedente del proceso de la evolución y lo que aconteció después, se debe ser minucioso al pensar y explorar el trascendental acontecimiento  histórico; pues, hechos de esta índole deben ser cuidadosamente examinados a fin de tener conocimientos exhaustivos y fidedignos para así determinar el porqué de lo que pasó y el resultado alcanzado.
La Reforma Protestante no fue un estallido espontaneo provocado por la acción de la publicación de las 95 tesis de Martin Lutero el 31 de octubre de 1517. La detonación fue el resultado de un cúmulo de situaciones que deben ser conocidos y analizados escrupulosamente para conocer las causas. Se debe poner  especial atención en la Europa de los siglos anteriores al XVI, y más precisamente, durante los últimos años de la Edad Media.
La situación imperante en Europa cuando estalló el movimiento que inició de manera contundente los cambios de la religión era tensa, confusa, e intrigante y con un complicado conjunto de variables. Sin embargo, se pueden señalar las condiciones o aspectos más  notables que incidieron en la provocación de la arrancada; entre otros, se anotan las siguientes:
  • Los ataques a las irregularidades de la Iglesia comenzaron desde el siglo XIV con precursores de la Reforma que venían reclamando la necesidad de recuperar la teología bíblica cristocéntrica, la correcta dirección y el estado normativo de la Iglesia. Se destaca como primero a Jan Huss 1370, líder bohemio, rector de la Universidad de Carolina de Praga, teólogo y filósofo, y a sus asociados. En Inglaterra el precursor de los cambios religiosos fue John Wycliffe (1320-1384), teólogo, filosofo, profesor de la Universidad de Oxford y traductor de la Biblia al inglés. Otra voz reclamante de reforma religiosa que antecede o coincide con Lutero fue el alemán Ulrico Zwinglio, (1484-1531). Este era de pensamiento revolucionario con interés en cuestiones políticas, más que en asuntos tradicionales de la religión; en eso disentía a Lutero.
  • Se atacaron algunas imposiciones dogmáticas no propias de la fe y de la práctica apostólica y tradicional.
  • Hubo rechazos de ciertas prácticas consideradas supersticiosas.
  • Fueron múltiples las intrigas del papado por la autoridad eclesial.
  • Sobreabundaban los intereses bien marcados del clero y de prominentes laicos por la preocupación en cuestiones políticas, económicas y dominios de territorios.
  • Habían enredos y luchas por la supremacía del papado en un continuo y agravante conflicto con el Imperio Germánico y con los soberanos de los países que conformaban los pueblos de Europa.
  • De momento, hubo crecimiento de los cambios sociales y del nacionalismo que ejercían los reyes, los nobles, y los estamentos feudales.
  • Causó malestar en el sentimiento de muchos la venta de cargos eclesiásticos y de reliquias de santos y mártires.
  • Se percibía con pena la decadencia de la espiritualidad de gran parte del clero.
  • Lo que fue más incitante en el comienzo del proceso de la Reforma, fue la inaudita venta de las indulgencias de los pecados para la recolección de fondos para financiar la remodelación de la Basílica de San Pedro en Roma.
  • El auge del proceso de cambio tuvo apogeo porque se inició y se desarrolló en una época de transformación ideológica, científica, filosófica, nacionalista, innovación social y de sentimientos humanitarios.
  • Fue un período cuando se logró la necesaria fuerza de las  soberanías que ejercían los reyes, los nobles, los estamentos feudales, la clase dominante y el crecimiento de la burguesía en el ejercicio por su influencia en Europa.
Con ese trasfondo, el fraile domínico divulgó las 95 tesis y encendió de manera chispeante la llama del proceso de la Reforma Protestante. Esta marejada religiosa se desarrolló concomitantemente con el flujo de los Movimientos del Renacimiento y la Ilustración; pues, estas corrientes socio-culturales-políticas- económicas tuvieron una amplia difusión con la ayuda de la invención de la imprenta. Estas corrientes de naturaleza renovadora y desarrollista,  propiciaron el ambiente para la transformación religiosa. El tiempo fue favorable para que la Reforma tuviera alcance en toda Europa y mas allá.
El movimiento de la Reforma suprimió dogmas y cambió aspectos triviales y obsoletos que fueron introducidos en la doctrina y la liturgia en la Edad Media; pero, el movimiento continua y expresa su estado en perpetua evolución diciendo: “Iglesia Reformada, Siempre Reformando”.
Ante el proceso de cambio por consecuencia de la Reforma Protestante, la Iglesia Católica Romana se movilizó y organizó un movimiento llamado la Reforma Católica o  la Contrarreforma. Su propósito fue contrarrestar el empuje de la Reforma Protestante que fue iniciada por Martin Lutero, y que debilitó de manera sensible a la Iglesia Católica en Europa, principalmente en la parte norte.
Durante los años 1517 a 1543 se convocó el Concilio de Trento que reunido, estableció pautas, formas y organismos para neutralizar el crecimiento y fortalecimiento de la Reforma Protestante.
Entre las decisiones más prominentes del Concilio de Trento están la prohibición de libros no aceptados para la lectura de los católicos. Se incentivó la creación de la catequización de los pueblos, especialmente de las nuevas tierras descubiertas recientemente. Fue instaurado un tribunal para captar, juzgar y condenar a los que se consideraran herejes. Se establecieron nuevas órdenes y comunidades de religiosos, entre los más notables, la Compañía de Jesús, “Jesuitas”.
Otros asuntos implantados fueron: la consagración de la Autoridad Papal, la reafirmación del celibato del clero y el establecimiento de seminarios para preparar a los sacerdotes y otros misioneros. Se prohibió la venta de indulgencias y se hicieron esfuerzos para contribuir al fortalecimiento del Catolicismo y así estancar la expansión de la Reforma Protestante.
La Iglesia Católica Romana ha convocado concilios y otras asambleas para examinar interioridades y miramientos de cómo es mejor entender,  evangelizar, servir social y espiritualmente en el mundo de hoy.
El protestantismo, en muchos casos y lugares, ha continuado su expansión, a veces en múltiples subdivisiones de grupos de forma autónoma y autodeterminante.

El autor es Obispo Emérito Iglesia Episcopal/Anglicana
ALCNOTICIAS, 2017.

jueves, 2 de marzo de 2017

El aporte de la reforma protestante para la sociedad civil



Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México
Debemos recuperar la teología bautismal de Lutero: si eres bautizado, ya eres sacerdote, obispo y Papa.
M.K.
El martes 21 de febrero por la noche, en el Instituto Goethe de la ciudad de México, en un auditorio prácticamente lleno, la Dra. Margot Kässmann, embajadora especial de la Iglesia Evangélica Alemana (EKD) para la conmemoración de los 500 años de la Reforma Luterana, presentó la conferencia titulada “El aporte de la Reforma Protestante para la sociedad civil”.
En la introducción se refirió a las actividades con que en Alemania se están llevando a cabo las celebraciones por tan importante acontecimiento, aunque sin dejar de subrayar que muchos las ven como algo contradictorio. Puso el caso del tráiler que está viajando por varios países y que está siendo patrocinado por Volkswagen, una empresa germánica emblemática, pero que ha estado en entredicho recientemente. Entre otras acciones más, mencionó que habrá una exposición mundial en Wittenberg, la ciudad de Martín Lutero, un campamento juvenil y varios Días de la Iglesia (como se acostumbran en ese país) en los que esperan reunir más de 250 mil personas, además de que el 31 de octubre será un día feriado nacional en los 16 Estados federados, fruto de un acuerdo parlamentario.
En la primera parte de su exposición, se refirió al título de la conferencia, en el sentido de lo que significa la Reforma luterana para la sociedad civil por causa de sus fuertes incidencias políticas. Sobre todo, destacó que la libertad religiosa fruto de la misma, condujo a varias libertades, tal como lo propuso Lutero. Añadió que esa libertad también tiene que ver con que la fe y la razón sigan entrelazadas. En este punto abundó sobre lo sucedido en la actual Alemania, en la que el gobierno, ante el aumento de inmigrantes musulmanes que optan por el cristianismo, se encuentra ante el dilema de reconocerlos como cristianos o no. Ante casos como ése, una de las grandes lecciones de la Reforma es aprender a decirle no a un Estado autoritario, tal como sucedió en la República Democrática Alemana. Allí recordó que, incluso Angela Merkel, actual canciller alemana, ha resaltado el componente misionero de la Reforma luterana. Señaló que es preciso escuchar este espíritu de la Reforma en la conmemoración.
Sobre la individualización, siguiente aspecto de su conferencia, Kässmann insistió en que la Lutero afirmó que nada puede revertir la promesa del bautismo y la posibilidad de que los muchos dones que hay en la iglesia se manifiesten. Además, el reformador obtuvo consecuencias muy importantes al establecer el lugar del individuo en relación con la salvación: si Cristo es omnipresente, el papa no es necesario, y ningún vicariato lo es ante la fe del individuo ante dios. Por ello, el poder el papa se opone al mensaje bíblico, lo cual es una mala noticia para los clérigos, pues su papel mediador es innecesario. Todos los creyentes son sacerdotes para ejercer el ministerio u oficio al que han sido llamados e, incluso, una sirvienta no vale menos que nadie. Dios condona los pecados a través de la sola fide, con lo que la iglesia deja de ser la mediadora de la salvación. Cualquiera puede leer la Biblia para perfeccionar su conciencia.
Acerca del lenguaje y la educación el punto de partida es similar: cualquiera puede confesar al Dios trinitario, leer la Biblia y pronunciarse sobre la fe. Eso conduce la necesidad de acceder de manera universal a la educación. La gente creerá, entonces, por sí misma, no porque el sacerdote explique el dogma. No se depende de él. Se trata de que cada quien luche por desarrollar su propia fe. De ese modo, los creyentes entran en un diálogo creativo de fe. La educación pública tuvo un empuje muy fuerte desde la época de Lutero. La educación debería ser para todos y así poder contribuir adecuadamente a l sociedad. Él exigía eso a los príncipes de su tiempo. A Felipe Melanchthon, colaborador suyo, le pedían desde toda Europa una reforma universitaria que extendiese la educación para todos. Bucero, Zwinglio, Calvino y otros reformadores fueron intelectuales que contribuyeron a eso mismo. Todo ello permite que hoy se practique la crítica, de ahí que al fundamentalismo no le guste mucho la educación. La consigna de origen católico: “Cree en lo que te dicen, o vete, o muérete”, ya no es aplicable en este contexto. Ya no se está sujeto a nadie de manera obligatoria y es menester hacer muchas preguntas, por lo cual surgió la lectura crítica de la Biblia. Es una lucha personal por la fe. Y eso vale también para los musulmanes reformistas de hoy.
Lutero escribió también sobre el dinero, pues combatió la usura, vivir de ella. El capital domina a las personas y su postura anticapitalista seguiría igual porque él criticó los institutos monetarios de su tiempo. Las personas que sólo quieren acumular no pueden ser confrontadas por el amor. Lo más importante es el buen común. El oikos tiene una parte muy importante de servicio. Ante Dios, las personas pueden ser libres, pero en la sociedad son peones. Un usurero se retira de esta vida y no la vive a plenitud. Aumentar la importancia del capital, como sucede hoy, es el principio de los casinos. Las personas, como Dieter Bohlen, sólo ven el dinero como cosa más relevante. La pobre egomanía hace que se desvanezca sustentabilidad social. De ahí que el abuso de la libertad y de los dones dados por Dios no sea lo más deseable. No por nada se combaten la codicia y envidia en epístolas de Timoteo. Esas deformaciones morales no caben en una sociedad solidaria. Algo similar acontece también en la actividad empresarial que puede poner en riesgo la estabilidad de un país. La orientación de la Reforma es vivir en aras del bien común.
La vocación y la profesión fueron los siguientes puntos. Dado que no todos podemos ser mendigos y no podemos ser una carga para la sociedad, es preciso trabajar responsablemente. Una persona puede tener posesiones, pero siempre a la vista del bien común. Una conciencia alegre consiste en quedarnos en nuestra profesión y ejercerla positivamente. Las tares “inferiores” también son valiosas para el conjunto. Y ello incluye también al trabajo no remunerado. En el oikos cada quien tiene un lugar en la sociedad. No hay un escalafón social real, lo cual debe impactar también a la economía y a la actividad empresarial desde una perspectiva evangélica. Debe haber un dinamismo consciente de la responsabilidad social. El individuo puede tener una actividad empresarial, pero siempre con la conciencia de su responsabilidad para con el otro. Una buena pregunta es cuánta discrepancia hay entre la riqueza y la pobreza presente en un país. Por ello, el líder de Volkswagen es una vergüenza para Alemania. La paz social importa más. La disparidad actual entre ricos y pobres la sociedad ya no la aguanta más. En Alemania ahora se enseñan los “valores protestantes” a los inmigrantes que van a ser ciudadanos, pero eso es contradictorio a la luz de lo sucedido recientemente en esa compañía. Si se quiere integrar a los refugiados no es posible que se transmitan, en los hechos, valores negativos.
La Reforma, agregó, hace muy buenas preguntas, tal como le sucedió a Lutero en Worms (1521). Su respuesta, en otras palabras fue: Yo encontré los valores en la Biblia. Si me demuestran que no es así, me retracto”. Se necesitan más personas así, con esa firmeza moral y ética. Y nose trata de nuevos deals como dice Donald Trump. Los cristianos sabemos que los límites no son absolutos. Necesitamos más compromiso, mas esperanza, además de que, si se recuerda el principio luterano: Simul iustus et peccator (“Justo y pecador al mismo tiempo”), es preciso dar la cara, asumir las cosas fallidas con responsabilidad.
Al final, hubo un intenso foro de preguntas y respuestas, en la que la expositora se mostró muy interesada en la historia de la presencia protestante en México y, nuevamente, salió a la luz el tema de Volkswagen, además de la necesidad de un testimonio cristiano más sólido y visible en el mundo. La Dra. Kässmann, autora de dos libros publicados en español (Madres de la Biblia. 20 retratos para nuestro tiempo, 2012, y En la mitad de la vida, 2014) continuará su gira por Guadalajara, Guatemala, El Salvador y Costa Rica.

Fuente: Protestantedigital, 2017