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jueves, 10 de septiembre de 2009

La necesidad del evangelio para un tiempo turbulento y democrático

“Se le acercaron Jacobo y Juan…queremos que nos concedas lo que vamos a pedir…concédenos que en tu glorioso reino uno de nosotros se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda”
Así que Jesús los llamo y les dijo:
“Como ustedes saben, los que se consideran jefes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de todos. Por que ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.” Evangelio según Marcos 10: 35-45.
La situación de muchos países en Latinoamérica refleja una contienda de sectores que buscan mas poder y donde encontramos peleas internas según lo que recibimos por los medios gráficos y televisivos. Parece ser una constante de nuestro continente descalificar a otros, la lucha por tener poder, agresiones sutiles de todo tipo, la falta de veracidad, reclamar más autoridad y llamar bueno lo que es malo. Los resultados están a la vista con la pérdida de valores, el crecimiento de la pobreza, la exclusión o expulsión de más personas del mercado laboral donde la indigencia, la violencia e inseguridad completan el cuadro.
Las diferentes situaciones que se dan nos hacen recordar lo que le pasó al grupo de discípulos de Jesús. Entre los discípulos y Jesús mismo había diferentes maneras de interpretar el reino. En Latinoamérica parece que también hay diferentes maneras de interpretar lo que significa el reino o mejor dicho en nuestro caso los valores que debe tener una democracia.
Nos encontramos con una sociedad carente del conocimiento del evangelio pero con conocimiento de cómo funcionan las estructuras de poder. Se destaca la prepotencia de unos y otros. El pasaje bíblico hace referencia a la petición de Jacobo y Juan. Se observan la ambición y el egoísmo. Jesus responde: “Entre ustedes no debe ser así”.
El requisito para ser grande es ser servidor. Lo trascendente es renunciar a un afán de dominio y tener un sello completamente distinto: Ser esclavos de todos.
Jesús con su ejemplo precisa que el poder es para servir, amar al prójimo y la grandeza implica la capacidad de ser humilde. El criterio de autoridad, por tanto es la ventaja que reciben los demás (1). Si nuestra perspectiva es autoritaria y verticalista, nuestro estilo de vida será impositivo por lo tanto no cuestionaremos los abusos de autoridad.
Los diferentes sectores en pugna o conflicto en la sociedad latinoamericana muestran sus serias falencias. El peligro de los abusos de autoridad sigue latente. El camino de la oportunidad es ser semejante a Jesucristo y encarnar su modelo de vida.
Jesucristo vivió el grado más alto de grandeza a través del servicio para luego darlo a la Iglesia. Por eso desde ese momento el fundamento para una sociedad sana solo puede ser una imagen invertida del poder.
A esta altura lo que viene a mi mente es preguntarme: ¿Cómo esta la Iglesia de Jesucristo en Latinoamérica? ¿En nuestros países? ¿En que estado se encuentra la iglesia local?
Lo cierto es que Jesucristo quiere cambiar nuestra mentalidad y pragmatismo. Jesucristo quiere arrancar completamente de nuestras vidas el afán de dominio de una persona sobre otra. Ser servidores ahora. Para eso, hoy más que nunca necesitamos ser rescatados por Dios y asumir nuestra vulnerabilidad.
Oramos en este tiempo por Latinoamérica, por cada uno de los países que representamos para que puedan lograr el mejor consenso con una actitud de humildad delante de Dios y de los hombres, a favor de la justicia, la paz y la verdad. Oramos por la iglesia para que encarne la misión a semejanza de Jesucristo. El poder del amor y no el amor al poder. Que la Iglesia de Jesucristo sea una puerta abierta de bendición para todas las naciones.
Carlos Scott
Presidente
Comibam Internacional www.comibam.org
(1)Pronzato, Alessandro, Evangelio de Marcos, Ediciones Sígueme, Salamanca 1982, vol. ii, pag. 164.

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