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lunes, 16 de marzo de 2015

El psicoanálisis desde la ciencia y la teología (II)



Por. José Manuel González Campa, España.
Durante mucho tiempo se pensaba que la influencia del medio sobre el organismo humano era la responsable de la modulación del cerebro y de la consiguiente conducta de la persona. Hoy en día, la visión de algunos científicos ha cambiado. Esta nueva concepción la explícita, de manera magistral, el Profesor Rof Carballo en su obra Biología y Psicoanálisis, cuando pone de manifiesto que no se trata tanto de un medio que influye sobre el cerebro, sino de un cerebro que demanda un medio determinado. Esta interpretación científica concuerda con todo lo que hoy conocemos sobre las alteraciones bioquímicas que subyacen al hecho de que se produzcan dependencias psicopatológicas a las drogas (estupefacientes) que generan dependencia psíquica y física. En la historia del conocimiento humano hay dos momentos históricos fundamentales:
1º. Siglo XVI. El aragonés Miguel Servet, eminente médico y profundo teólogo, descubre la circulación pulmonar o circulación menor. Este descubrimiento constituye la infraestructura sobre la que se irán edificando todos los avances que ha llegado a alcanzar la medicina moderna. Para llegar a este descubrimiento parte de presupuestos teológicos que conjuga con los análisis de las biopsias que realizaba en cadáveres. Su gran descubrimiento se da a conocer en su obra De trinitatis erróribus. Por su trascendental descubrimiento de los factores, fundamentales, que informan la vida humana, fue quemado por la Inquisición Protestante en Ginebra con la congratulación de la Inquisición Católica. Al descubrir que el aire (griego = pneuma = espíritu, viento) contenía el oxígeno imprescindible para nuestra vida biológica, estaba apuntando (aunque no fuese consciente de ello) al Espíritu o Hálito Divino que informa nuestro pasado, presente y futuro metafísico.
2º. Siglo XIX. El austriaco-germánico, Sigmund Freud, descubre el Psicoanális y funda la Escuela Psicoanalítica. A partir de los descubrimientos del Dr.Freud, se da un gran avance en el conocimiento del hombre, sobre todo en cuanto a su Psique (alma), a sus contenidos y a su funcionamiento psicodinámico. Aparece por primera vez, en el lenguaje científico occidental, La Psicología del Inconsciente. Freud recoge el conocimiento de los dramaturgos griegos que ya hablaban del Inconsciente, en sus grandes Obras, aunque no lo mencionasen con ese nombre. Tal es el caso de Sófocles en sus obras Edipo Rey y Electra. En Francia el médico Pierre Janet (con el que estuvo formándose Freud) ya manejaba el concepto de Inconsciente. En la época que estamos evocando no existían la Psiquiatría y la Neurología como especialidades separadas. Los profesionales encargados de atender a enfermos neurológicos y psiquiátricos eran neurólogos. Sigmund Freud ejerció como neurólogo y estuvo en el hospital de la Salpetierre, en Francia, aprendiendo las técnicas psicológicas del Dr. Charcot para resolver los problemas de las enfermas histéricas por métodos hipnóticos. Más adelante su maestro Joseh Breuer le cedió una paciente tetraplégica, por causas psicológicas inconscientes, con la que empezó ha practicar el Método de las Asociaciones libres, al fracasar la terapia hipnótica y fue así como nació el Psicoanálisis.
El método psicoanalítico parte de la base de que las enfermedades mentales, que no tienen una etiología (causa) orgánica, están producidas por causas que están ubicadas en niveles inconscientes de la mente; y por consiguiente el paciente desconoce la (o las) razones de su padecimiento. La labor del Psicoanalista consiste en conseguir que el paciente haga consciente lo inconsciente, y así descubra todo aquello que tiene reprimido en su esfera subconsciente (sentimientos, pensamientos, emociones, traumas psíquicos, complejos alienantes, etc.) y qué es la causa de su enfermedad. De esta forma lo inconsciente asciende a su conciencia, liberándose de toda la angustia que constituye el centro y la raíz de sus padecimientos, de su enfermedad (neurosis, psicosis, trastornos de carácter y conducta, etc.).
La Biblia escrita a lo largo de miles de años (desde Moisés hasta el año cien del siglo primero) constituye un tratado extraordinario de Psicología. La Revelación bíblica pone de manifiesto la importancia del mundo de los sueños, la metodología para su interpretación y la relevancia que las pulsiones inconscientes juegan en el devenir de las personas, de las familias y de los pueblos. Existe una realidad, que no podemos pasar por alto, y es el hecho de que Dios escogió hacernos llegar una parte de lo más trascendental y trascendente de la misma actuando sobre la esfera inconsciente de los seres humanos. Para comprender mejor este fenómeno es conveniente recordar la estratificación de la Personalidad, tal y como se concibe desde la antropología bíblica y desde el psicoanálisis:
1. Antropología bíblica veterotestamentaria: el ser humano es concebido como UNO (jamás como un ser tripartito) que se manifiesta en un cuerpo (heb = basar = carne), un alma (heb =nefesh) y un espíritu (heb= ruah). Gén. 2:7 y 23-24. Ecl. 12:7.
2. En el Nuevo Testamento la estratificación de la Personalidad, se explicita de manera muy clara en la 1ª Epístola a los Tesalonicenses: el hombre (gr= antropos =ser humano) se expresa como una unidad psicosomatica en una dimensión corporal (gr = soma = cuerpo), anímica (gr =psique = alma) y espiritual (gr= pneuma= espíritu). El texto de 1ª Tes 5:23, en una lectura más acorde con el texto bíblico original, debería traducirse así: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo (gr= todo, maduro, acabado) y todo, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible en la venida de nuestro Señor Jesucristo”.
3. Desde el punto de vista psicoanalítico, la estratificación de la Personalidad se expresa, también considerando a la persona como UNA UNIDAD PSICORGÁNICA que se deviene, existencialmente, de manera psicodinámica como UNA UNIDAD ALMA-CUERPO. Para el psicoanálisis la Psique humana estaría constituida por tres estratos:

  • El YO (que corresponde a los contenidos conscientes de la mente).
  • El SUPERYO O CONCIENCIA ETICO-MORAL( que corresponde a la censura o capacidad de juzgar nuestras acciones desde el punto de vista ético: conciencia del bien y del mal).
  • El ELLO, ID, INCONSCIENTE O SUBCONSCIENTE.

Algunos de los discípulos de Freud fueron ampliando el campo de conocimientos de su maestro, tal es el caso de C.G. Jung. Este eminente psiquiatra suizo descubrió que no solo hay un inconsciente individual, sino que también existe UN INCONSCIENTE COLECTIVO común a todas las etnias humanas. En el inconsciente colectivo están almacenados todos los complejos psicológicos que denominamos ARQUETIPOS, por ser los tipos o complejos psicológicos más antiguos, los que al nacer ya llevamos impresos en los estratos más profundos de la esfera de nuestra intimidad.
Hoy sabemos que en determinadas circunstancias, los contenidos reprimidos (ya sea a nivel del inconsciente individual o del colectivo) pueden ascender al campo de la conciencia, al yo, y desestructurar el funcionamiento equilibrado de la psique, deviniéndola a un estado de alienación que se configurará en una entidad psicopatológica determinada (neurosis, psicosis, etc.). Pero las cosas no siempre suceden así: muchos contenidos reprimidos que llegan a inundar el campo de nuestra conciencia son liberadores y nos abren el camino a la posibilidad de liberarnos de nuestra angustia y alcanzar un grado de realización existencial del que antes carecíamos, descubriéndonos la causa de nuestra alienación y la posibilidad de liberarnos de ella. En este sentido podemos recordar lo que algunos prohombres dijeron en cuanto a la relación que existe entre la Divinidad y la esfera de la Intimidad del ser humano:
Dietrich Bonhoeffer, pensando en la relación subliminal entre el alma humana y Dios, afirmaba: “Dios está ahí y mucho más allá de ella”. Sin duda estaba pensando en un arquetipo divino contenido en lo más profundo y íntimo de nuestro ser.
Viktor Frankl, otro eminente psiquiatra, discípulo de Sigmund Freud, judío y víctima del nazismo en los campos de concentración, adquirió en sus sufrimientos y en el que descubría en todos sus correligionarios, víctimas del Holocausto, una conciencia de Dios que plasmó en un libro titulado “La presencia ignorada de Dios”. Este libro está fundamentado en la experiencia personal de un hombre excepcional y sobre todo en la enseñanza que encontramos en la Escritura:
Saulo de Tarso en Romanos 1:18 “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad”. Dos observaciones convienen hacer:
1º que la ira de Dios es contra la injusticia de los hombres y no contra los hombres y 2º que el verbo detener traducido literalmente del original significa reprimir. Esta realidad exegética nos ayuda a comprender por qué la humanidad, aunque es mayoritariamente religiosa, sin embargo pasa de una verdadera búsqueda del Dios que lleva reprimido en lo más profundo de su ser interior. Salomón en Eclesiastés 3:11 nos revela una profunda verdad que ratifica y fundamente la aseveración de Romanos: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo (Dios); y ha puesto eternidad (o el deseo vehemente por la eternidad o por la vivencia del tiempo indefinido) en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin”. Dios ha puesto en el inconsciente del ser humano un deseo de eternidad, para que el hombre se realice, plenamente, colmando ese deseo buscándole a Él. Llegados a este punto tenemos que considerar la importancia de los sueños en la Revelación de Dios.
Una gran parte de la misma se manifestó durante los sueños que tuvieron grandes personajes de la Historia bíblica, durante un periodo de tiempo de miles de años y cuya dimensión escatológica llega hasta nuestros días y los transciende. Es decir, esta parte de la Revelación se manifestó en un estado especial de conciencia, o dicho de otra manera en un estado de conciencia diferente del que tenemos en estado vigil: la conciencia onírica. Durante la actividad onírica se produce una alteración cualitativa de la conciencia: mientras la parte consciente de la mente, el YO, duerme, la dimensión inconsciente, de la misma, trabaja sin cesar. En el libro de Eclesiastés reza la siguiente afirmación, comprobada científicamente:”Porque todos sus días (es una alusión al hombre y su afanoso trabajo debajo del sol) no son sino aflicciones y pesadumbre, y sus trabajos frustraciones; aún de noche su corazón no reposa (Lit: no se acuesta)”. Los ejemplos de esta realidad son múltiples; citaremos algunos que han sido vividos de manera trascendente y trascendental en la Historia humana: el sueño de Jacob ( Gé.n 28:10-17) conocido, científicamente, como el sueño de la escala de Jacob.
Este sueño es un sueño arquetípico, surge del inconsciente colectivo del patriarca y le lleva a tomar consciencia de la realidad inefable de la existencia de Dios y de su influencia en la vida y destino de los hombres. Muchas personas que no son creyentes y que no han leído jamás la Biblia, han tenido y seguirán teniendo este mismo sueño (comprobación empírica en mi trabajo como psicoterapeuta). Dios moviliza los estratos más profundos del inconsciente para que determinados contenidos arquetípicos asciendan al campo de la conciencia (dado que durante el sueño la puerta del inconsciente se abre y el Superyo cesa en su función de censura) y informen al individuo de realidades trascendentes que están reprimidas en lo más profundo de la esfera de su intimidad. Este sueño de la escala de Jacob fue citado y utilizado por Jesús de Nazaret, desde el principio de su ministerio hasta los últimos días de su vida (Juan 1: 51 y Mateo 26:64), en relación con su procedencia divina y con su segunda venida y el establecimiento pleno de su Reino. Los sueños de José hacen referencia a su devenir personal y al de el Imperio egipcio ( Gén 37:1-11). Así podríamos pronunciarnos sobre los sueños del panadero y el copero del Rey y los del mismo Faraón (Gén. 40:1-23 y 41:1-36). En relación a estos sueños no podemos pasar por alto una aseveración, de la mayor importancia, que encontramos explicitada en la misma Escritura: ¿no son de Dios las interpretaciones? (Gén. 40:8).
Las visiones y sueños arquetípicos más importantes son aquellos/as, que en la Revelación bíblica, hacen referencia a la gloria de Dios. Estas realidades reveladas en visiones y sueños arquetípicos se manifiestan en estados de conciencia alterada por la acción del Espíritu de Dios sobre el YO de las personas que han sido elegidas como canales de la Palabra del Logos en la Historia. Estas alteraciones de la conciencia pueden llegar hasta sumir a la persona en un estado de éxtasis. El arquetipo que se percibe en estado de conciencia onírica y con alucinaciones hipnagógicas siempre es el mismo, aunque contemplado desde ángulos diferentes. En cualquier caso este arquetipo tiene, siempre, elementos comunes; de los cuales el más importante es el de una figura, como hijo de hombre, en el centro de la visión. Los personajes que tuvieron esta visión arquetípica (mencionados en la Biblia), fueron Moisés (Éxodo 19:1-20 a 20:1-22 y Éxodo 33:18-23), Ezequiel (Ezeq. 1:1-28), Daniel (Daniel 10:1-12) y el apóstol Juan (Apocalipsis 1:9-20). El análisis exegético riguroso de todos los pasajes citados nos lleva a la conclusión hermenéutica de que todos los que tuvieron una visión de la gloria de Dios, la tuvieron en un estado de conciencia onírica o extática con o sin alucinaciones hipnagógicas. La biblia da una gran importancia a los sueños y a su interpretación, porque en la comprensión de los mismos podemos encontrar un conocimiento de los propósitos de Dios para el presente y para el devenir de toda la Creación. Esto ocurre preferentemente con los denominados sueños escatológicos, como es el caso de los sueños del Rey Nabucodonosor y de Daniel, narrados en el capítulo segundo, cuarto y séptimo del libro del profeta más apocalíptico del Antiguo Testamento.
Los estudiosos de las religiones comparadas, especialmente C.G. Jung, han puesto de manifiesto que las imágenes y visiones arquetípicas se dan en toda clase de personas y culturas con idénticas formas y contenidos (ver los comentarios de Jung al libro de Job y al capítulo primero del libro de Ezequiel). Teniendo en cuenta que todos los seres humanos tenemos un origen común y único, es comprensible que así sea. La Ciencia parece haber demostrado que todos procedemos de una sola hembra (mujer a la que han puesto por nombre Eva), deducción que se deriva del estudio de unas sustancias que albergamos dentro del núcleo de las células de nuestro cuerpo denominadas mitocondrias. La Revelación bíblica, en los tres primeros capítulos del libro de Génesis, ratifica este descubrimiento. Yo sostengo que el Inconsciente nació, en la esfera de la intimidad de los seres humanos (Adán como varón y varona: Gén. 1:26-27; Gén. 2:23-24 y Gén. 3:20), con el hecho de la desetructuración amartica el término griego amartia significa pecado). Desestructuración que es conocida en la terminología de andar por casa como caída. Por otro lado no olvidemos que la entrada del pecado en el antropos dio lugar al nacimiento de la esfera Inconsciente con sus dos dimensiones:
a) el Inconsciente Individual, lleno de contenidos que habitaron primero nuestra Conciencia, nuestro YO, y que por diversas causas fueron reprimidos.
b) el Inconsciente Colectivo con contenidos ARQUETÍPICOS que son trasmitidos de generación en generación por vía genética.
En cuanto a la estratificación o tectónica de la Personalidad y su funcionamiento psicodinámico existe en la revelación bíblica suficiente material para comprobar que no se da contradicción alguna entre los descubrimientos psicoanalíticos y dicha revelación. Para ilustrar esta última aseveración vamos a reproducir unos textos de la carta del Apóstol Pablo a los Romanos y que se encuentran en su capítulo siete:
“Porque lo que hago (lit: pongo por obra), no lo entiendo (verbo griego: conozco); pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco (lit: odio), eso hago. Y si lo que no quiero (lit: deseo), esto hago, apruebo que la ley (estaríamos hablando de la censura, del Superyo, que valora éticamente la conducta y el sentido del bién y del mal) es buena. De manera que ya no Soy YO quien hace aquello, sino el pecado (termino griego amartia que significa, también error, fracaso y frustración) que mora (lit: habita) en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne (el vocablo griego que se emplea aquí apunta, en mi criterio a los contenidos que habitan en el corazón del hombre y cuando se liberan de la represión a que están sometidos, afloran a su Conciencia a su YO, y contaminan su conducta), no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí (lit: lo malo está presente conmigo). Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros que se rebela (lit: batalla, guerrea) contra la ley de mi mente, y me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí!   ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?”(Romanos 7:15-24).
Para resolver los problemas de la angustia que genera todo tipo de trastornos psicoemocionales y psicopatológicos de los seres humanos el Psicoanálisis ofrece una ayuda psicoterapéutica que permite a la persona hacer consciente lo inconsciente y empezar a resolver sus conflictos intrapsíquicos. Incluso psicoanalistas de la talla de Jan Erenhbal, hablan de que para resolver los conflictos, con raíces más profundas, es necesario llegar a la conversión (no necesariamente en el sentido cristiano). La conversión cristiana va más allá y ofrece satisfacción a las necesidades existenciales (el deseo de eternidad que anida en el centro de nuestro corazón) haciendo consciente la Imagen del Dios reprimido.

Fuente: Protestantedigital, 2015.

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