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jueves, 1 de septiembre de 2016

¿Cómo responder al ateísmo de Nietzsche?



Por. Will Graham, España
Después de explicar el contexto histórico de “la muerte de Dios” en el pensamiento de Nietzsche la semana pasada, ahora queremos contestar uno por uno sus ocho objeciones clave contra la fe cristiana.
¡A disfrutar!
1. El cristianismo es un crimen contra la vida.
Nietzsche opina que la fe cristiana promueve una actitud perniciosa hacia la vida, la tierra y el cuerpo humano. Se opone a lo físico y a lo vital. Pero francamente no sabemos de qué tipo de cristianismo nos estará hablando el alemán. Si hubiese leído más el Nuevo Testamento, se habría dado cuenta de que uno de los propósitos del Mesías fue traer sanidad física y restauración en todos los sentidos. El Cristo fantasma era producto del gnosticismo griego, no de la Biblia hebrea. Cristo fomentaba los valores de la vida a lo largo de su ministerio terrenal. Comía, bebía y se gozaba.
Aun antes de llegar al Nuevo Pacto, Génesis revela que Dios el Padre es el creador de la vida. Es Él quien coloca en nosotros deseos, pasiones, sentimientos, etc. No quiso que fuésemos máquinas impersonales. Y el Espíritu, tal cual se nos describe en las Escrituras, es el Espíritu de vida. Dios es pro-vida.
Es pro-cuerpo también. No nos olvidemos de que el cuerpo tiene un papel importante en la historia de la salvación del Dios de vida. En el Edén Dios creó a dos seres corporales. Hace dos mil años, su Hijo se encarnó físicamente. Y en el futuro escatológico, creemos en la resurrección corporal de los muertos. La visión bíblica es muy distinta a la imagen que nos indica Nietzsche. Dios es pro-vida, pro-tierra y pro-cuerpo. Sólo nos pide que no abusemos de aquello que nos ha concedido.
Tal vez Nietzsche, en vez de mirar hacia los millones de árboles de los cuales podía comer, sólo podía ver aquél que le fue prohibido. Bajo ningún pretexto se puede considerar al cristianismo bíblico como contrario a la vida. De hecho, si no fuese por la bondad del Dios bíblico no habría vida en el cosmos. Ni siquiera Nietzsche hubiera experimentado la dulce sensación de estar vivo si no fuese por la gracia del Todopoderoso.
2. El cristianismo se posiciona a favor de los débiles, los enfermos.
Nuestra respuesta a esta objeción es: ¡gloria a Dios! ¡Dios es bueno! Nos alegramos mucho de que el cristianismo se preocupe por los débiles y los enfermos. ¿Acaso no necesitaba Nietzsche depender de la compasión de su madre cuando era un bebé indefenso y del amor de su hermana mientras ella le cuidó durante los últimos once años de su vida? Menuda ironía.
En esta línea de pensamiento escribió el alemán, “Dios en la cruz, ¿entendéis ya la horrible segunda intención que hay oculta detrás de este símbolo? Todo lo que sufre, todo lo que está colgado de la cruz, es divino” (El anticristo, §51). La identificación de Dios con el sufrimiento no nos resulta “horrible” a los creyentes sino gloriosa. Para nosotros es un gran consuelo que Dios se preocupe por los que sufren. Significa que el Señor nos entiende y nos consuela cuando sufrimos.
¿Cómo podría el hombre (la mujer) relacionarse con un Dios que fuese ajeno al sufrimiento? Sería un ser frío, mecánico, distante, lejano, cerrado. Ese tipo de ‘Dios’ que construye Nietzsche es un monstruo. Moltmann (1926-) lo expresó bien, “Un Dios que no puede sufrir es más desgraciado que cualquier hombre. Pues un Dios incapaz de sufrimiento es un ser indolente. No le afectan sufrimiento ni injustica. Carente de afectos, nada le puede afectar, nada conmoverlo. Pero el que no puede sufrir, tampoco puede amar. O sea que es un ser egoísta. El Dios de Aristóteles no puede amar”.1
El Dios de Aristóteles no puede amar. El ‘Dios’ de Nietzsche tampoco. De nuevo, nos alegramos de que el Dios cristiano sea un Dios de amor y compasión y no una deidad filosófica.
3: El cristianismo produce una moral de esclavos e hipócritas resentidos.
Nietzsche no se da cuenta de que Jesús criticaba a los hipócritas resentidos también. ¿Cuántas veces se metió el Señor con los fariseos y saduceos por su doblez y fingimiento en las cosas de Dios? El mismo Jesús era aun más vehemente que el propio Nietzsche en condenar la religiosidad vacía (leed Mateo 23 si no me creéis). De todas formas, se podría usar este mismo argumento de Nietzsche contra el ateísmo ya que hay muchos ateos hipócritas que dicen una cosa y viven otra.
El problema principal para el alemán es que no entiende que hay muchas personas que quieren servir a Dios con todo su corazón. Cuando Nietzsche piensa en un creyente, se le viene a la mente la idea de un esclavo atado, es decir, alguien que actúa únicamente por temor.
Pero los cristianos no somos prisioneros aterrorizados. ¿Quién nos obliga a leer la Biblia, a orar y a asistir a la Iglesia? ¡Nadie! Todo esto se da como fruto de la nueva vida del Espíritu que Dios puso en nosotros. Nadie nos está forzando a hacer cosas contra nuestra voluntad. Servimos y obedecemos a Dios porque nos da gozo hacerlo. Bertrand Russell (1872-1970), el renombrado ateo inglés, criticó a Nietzsche porque el alemán no era capaz de creer en la existencia de creyentes gozosos.
Russell escribió, “Hay dos clases de santos: el santo por naturaleza y el santo por temor. El primero tiene un amor espontaneo a la humanidad; hace el bien porque el hacerlo lo hace feliz. El santo por temor, como hombre que se abstiene de robar sólo por miedo a la policía, sería un malvado si no se viera refrenado por el pensamiento de los fuegos del infierno y por la venganza del prójimo. Nietzsche sólo puede imaginar esta clase de santo; se siente tan lleno de temor y de odio que el amor espontáneo a la humanidad le parece imposible. Nunca ha concebido un hombre que, con toda la ausencia de temor del superhombre y su enorme orgullo, no cause, sin embargo, ningún dolor porque no sienta el deseo de hacerlo”.2
4. El cristianismo es un mal moral
Es sumamente problemático cuando Nietzsche apela al concepto del mal para desacreditar la fe cristiana. Después de todo –según su lógica- el bien y el mal en realidad no existen. Son inventos del hombre. Por lo tanto, Nietzsche no está siendo coherente con su filosofía cuando condena al cristianismo como un mal moral. El mal, según el alemán, es cien por cien relativo.
A lo mejor, Nietzsche considera al cristianismo como algo malo. Pero habrá otros (como yo) que opinan que es algo deseable y bueno. Entonces, ¿quién es Nietzsche para que le demos crédito? ¿Por qué hay que seguir su interpretación subjetiva tocante al bien y al mal? Hace falta una base racional más sólida que las convicciones personales de Nietzsche para desarrollar una ética social. Un Legislador moral como Dios puede ofrecernos semejante base.
5. El cristianismo está a favor de la democracia
De nuevo, repetimos ¡gloria a Dios! ¿No sería esta acusación más bien una razón para aceptar la fe cristiana que rechazarla? Al fin y al cabo, ¿qué sistema político nos puede ofrecer Nietzsche en lugar de la democracia? ¿Una especie de Estado gobernado por una clase de superhombres que crean sus propios valores y pisotean a los demás? Como me comentó el profesor evangélico Benjamín Gálvez, “El mismo Nietzsche en tanto y cuanto enfermo y demente debería haber sido destruido por su superhombre. No hay sitio para débiles, ni enfermos en su pensamiento”.
El siglo XX nos ha enseñado una y otra vez la gran necesidad que hay de restringir al hombre. Nos acordamos de lo que pasó en Alemania bajo Hitler, en la Unión Soviética bajo Stalin, en Camboya bajo Pol Pot, etc. El ser humano es un ser peligroso. En términos del filósofo inglés Thomas Hobbes: el hombre es un lobo para el hombre.
Dada la corrupción socio-política del hombre, la democracia es una de las mejores formas de salvaguardar a una sociedad de las manos de la tiranía. Nos alegramos de que Nietzsche hiciese una conexión tan estrecha entre la fe cristiana y la democracia. Pero lejos de ser un argumento para rechazar la fe cristiana, es una razón de abrazarla.
6. El cristianismo es absolutista
A Nietzsche no le gusta el cristianismo porque es una confesión de fe que se atreve a afirmar verdades absolutas. El cristiano cree que en el sentido de la vida, en el bien y el mal y en la universalidad de la verdad. No obstante, el gran problema con esta objeción de Nietzsche es que su filosofía acaba siendo igual de absolutista que el cristianismo que procura reemplazar. Si uno empieza a leer cualquier página de cualquier libro de Nietzsche, enseguida encuentra frases absolutistas.
Tengo a mi lado el libro El viajero y su sombra (1880). Lo voy a abrir al azar y a ver qué frase absolutista encuentro. Espera un segundito…
Bueno, he abierto el libro por la página 44 y la segunda frase pone, “La moral es, ante todo, un procedimiento para conservar la comunidad y para preservarla de su destrucción”.3 ¿Qué es esto sino una frase absolutista? Es una afirmación dogmática que el lector tiene que aceptar. Es así o es así.
Interesantemente Nietzsche escribe libros con el fin de enseñar que la verdad no existe. No obstante, para llevar a cabo tal meta, tiene que emplear frases verdaderas para transportarnos hacia su conclusión. Quiere decirnos que no hay tal cosa como sentido en la vida, sin embargo, espera que su lector capte el sentido de sus razonamientos.
En la filosofía de Nietzsche el sentido de la vida es que los fuertes prosperen e inventen sus propias verdades y principios morales. No deja de ser un sentido absolutista. Al condenar el cristianismo por ser absolutista Nietzsche se está disparando en el pie ya que su propia cosmovisión es totalmente absolutista.
7. Yo sólo creería en un Dios que supiera bailar
“Yo sólo creería en un Dios que supiera bailar” es una frase conocida de Nietzsche puesta en la boca de Zaratustra. El significado es que Nietzsche no quería seguir al Dios muerto, estancado y estático del cristianismo. Un Dios verdadero tendría que ser pro-vida, pro-cuerpo, pro-pasión, pro-baile. Paradójicamente, es precisamente ese el tipo de Dios que se da a conocer en los escritos bíblicos.
Como ya hemos explicado, el Dios de la Biblia es pro-vida, pro-cuerpo y pro-tierra. Y en cuanto al tema del baile, la Escritura proclama que, “El Señor está en medio de ti, poderoso, Él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos” (Sofonías 3:17). La idea en el hebreo es que Dios da vueltas bajo gran emoción demostrando su amor hacia su pueblo. Ahora bien, reconocemos que ese Dios no fue bien representado en la Alemania del siglo XIX; pero Nietzsche tendría que haber leído más las Escrituras.
Más allá de Sofonías 3:17 y otros textos parecidos está el concepto teológico del pericoresis. Se refiere a la forma dinámica en la cual las personas de la bendita trinidad se relacionan entre sí. En castellano, la mejor definición sería algo como ‘recirculación’. En la deidad, hay un movimiento continuo, libre, fresco, emocionante. Dios no es un abuelo aburrido que pasa todo el día sentado en su sillón favorito.
Es un Señor repleto de vigor, energía y pasión. El meollo de la fe cristiana gira alrededor de este concepto de Dios. Evidentemente es un Dios con el cual Nietzsche no estuvo familiarizado. Tim Keller explica algo de esta naturaleza bailadora de Dios, “Sin demandas específicas que obliguen a esa relación, cada una de las tres personas integrantes orbita voluntariamente alrededor de las otras dos, haciendo manifiesto su amor en deleite y adoración. Cada una de las tres personas de la Trinidad ama, adora, respeta y se regocija en las otras dos, resultando en una danza dinámica y vibrante de gozo y amor”.4
Keller prosigue citando un pasaje precioso del apologeta norirlandés C.S. Lewis, “En el cristianismo, Dios no es un ser impersonal, ni un objeto estático, ni tampoco una única persona hecha manifiesta, sino una actividad dinámica y vibrante, una vida con energía propia, una representación con personajes reales, una dimensión que, si se me permite decirlo sin parecer irreverente, tiene algo de danza tripartita en divina coreografía […] [Con un] patrón relacional que es […] fuente de tremenda energía y belleza, irrumpiendo con fuerza incomparable en el centro mismo de la existencia”.5
Nietzsche dijo que sólo creería en un dios que supiera bailar. Podemos responderle: “Conocemos al Dios a quién buscas, Fredi… ¡Nuestro Dios baila!”
8. Dios está muerto
El último punto es la aseveración nietzscheana de que “Dios está muerto”. A pesar de entender el concepto como un análisis socio-cultural de la Europa de su generación, hay un pasaje bien revelador en el cuarto tomo de Así habló Zaratustra que podría expresar la verdadera razón por la cual Nietzsche quiso descartar a Dios de su vida.
Zaratustra, el protagonista del libro, va andando por el camino hasta llegar a un reino de muerte. “Surgían por doquier peñascos negros y rojos y no había pasto, árboles ni canto de pájaros. Pues se trataba de un valle del que todos los animales del bosque huían, incluso las bestias feroces; sólo una especie de repelentes y gruesas serpientes verdes iba allá a morir cuando se habían hecho viejas.
De ahí que los pastores llamaban a este valle “Sepulcro de Serpientes”.”6 De repente, en medio del Sepulcro, Zaratustra ve a un hombre en la distancia. Aquél hombre era espantoso. Nietzsche lo llama ‘el más feo de todos los hombres’. El hombre más feo le pregunta a Zaratustra, “¿Quién soy?”
Zaratustra, mirándolo atentamente, se da cuenta de quién es: “Bien te reconozco: ¡tú eres el asesino de Dios!” Luego el más feo de todos los hombres prosigue explicando la razón por la cual mató a Dios.
Dice, “Pero, Ése [Dios] debía absolutamente morir. Veía con ojos que veían todo; veía las profundidades y fondos del hombre, toda su ignominia y fealdad ocultas. Su compasión desconocía la vergüenza; se metía en mis más sórdidos rincones. Ese harto curioso, importuno, demasiado compasivo, debía morir sin remisión. Siempre me miraba; estaba yo resuelto a vengarme de tal testigo o morir yo mismo. ¡El Dios que veía todo, incluso al hombre, tenía absolutamente que morir! ¡El hombre no soporta a testigo de esa naturaleza!”.7
El más feo de todos los hombres, entonces, asesinó a Dios por razones morales. No podía soportar la luz de la mirada penetrante de los ojos divinos. El hombre mata a Dios porque quiere ser libre para vivir conforme a sus propios caprichos. No quiere tener que rendir cuentas a nadie. Tal vez sería bueno volver a leer este pasaje del más feo de todos los hombres a la luz de la vida de Nietzsche. ¿Acaso se trata de un párrafo autobiográfico? ¿Nietzsche quitó a Dios de su vida porque no podía soportar la santidad del Señor?
Conclusión
Después de analizar la crítica nietzscheana de Dios lanzada hacia el cristianismo, vemos que se basa mucho en la subjetividad del filósofo. En primer lugar, en ninguna parte intenta el alemán comprobar la no existencia de Dios. En segundo lugar, sus argumentos contra el cristianismo y el Dios del cristianismo tampoco son convincentes por las razones antes desarrolladas.
Nietzsche proclamó que Dios había muerto en su generación. Pero a la luz del gran mover del Espíritu en Asia, África y algunas partes de Sudamérica en nuestros días, sociológicamente hablando, Dios está ahora más vivo que nunca.
Ahora bien, es verdad que Nietzsche llevó la razón en algo, a saber, que Dios ha muerto. Pero el alemán se olvidó del otro lado del viernes santo: ¡qué Dios también ha resucitado!
La semana que viene:
Confesiones de un viejo maldito

Fuente: Protestantedigital, 2016

domingo, 7 de agosto de 2016

Juan Sánchez Núñez: No es pecado la homosexualidad



Por. Will Graham, España
En este segundo artículo dedicado a la ‘Ética teológica y homosexualidad’ (2015) escrito por Juan Sánchez Núñez y disponible en la página web de la Iglesia Evangélica Española (IEE), nos centraremos en el capítulo dos: “¿Cómo valorar hoy la homosexualidad?”
Seguiremos el patrón de la semana pasada cuando estudiamos el primer capítulo, ofreciendo una crítica evangélica a las propuestas de Sánchez, profesor de Ética teológica en la Facultad de Teología SEUT.
Repetimos lo que destacamos la semana pasada: con esta lectura crítica no estamos negando la importancia de amar a la comunidad gay con la compasión de Cristo. En esta línea estamos cien por cien de acuerdo con Sánchez y la IEE porque los protestantes entendemos que el Dios del Evangelio nos llama a amar a nuestro prójimo. Lo que pretendemos con estos dos estudios es simplemente sopesar las propuestas éticas de Sánchez a la luz de la fe evangélica. Además, invitamos a todos nuestros lectores a descargar y leer el documento de Sánchez por sí mismos para comprobar si las críticas aquí presentadas son justificadas. Cada crítica está apoyada con citas del libro y el número de las páginas citadas entre paréntesis.
El profesor Sánchez divide su segundo capítulo en los siguientes seis puntos: 1) La esencial aportación de las ciencias: el matrimonio homosexual; 2) De los actos homosexuales a las personas homosexuales; 3) Nueva valoración de la sexualidad: derecho a la propia identidad; 4) La persona homosexual: igual, dignidad y respeto; 5) Visión antigua de la homosexualidad; 6) Visión actual de la homosexualidad; 6) Las personas homosexuales en nuestra sociedad y en nuestras iglesias.
Haremos diez observaciones críticas sobre el contenido de este segundo capítulo.
1.- Sánchez confunde la ciencia moderna con la ética
Como señalamos la semana pasada, Sánchez cae en el error de confundir la ciencia moderna con la ética. La ciencia moderna puede deciros que si colocáis una gota de veneno en el vaso de agua de vuestro amigo que éste morirá al beberlo. No obstante, lo que la ciencia moderna no os puede decir es si es moralmente correcto o incorrecto poner el veneno en el vaso. Así que cuando Sánchez arranca su ponencia aseverando que “Hoy, sería imposible entender la homosexualidad, sin tener en cuenta la esencial aportación de las ciencias modernas al conocimiento de la misma” (18) está simplemente confundiendo categorías.
La ciencia moderna no nos puede enseñar nada sobre la esfera de la ética ya que la ciencia es moralmente neutral. Puesto que Sánchez basa toda su exposición a favor de la homosexualidad en esta presuposición errónea, el resto de su exposición carece de peso intelectual. Con razón nos exhortan las Escrituras a no construir nuestras casas sobre la arena.
2.- Sánchez sufre de esnobismo cronológico
Juan Sánchez Núñez
Otro error que predomina en el análisis de Sánchez es lo que mi paisano C.S. Lewis designó como “chronological snobbery”. Traducido al castellano, sería algo como “esnobismo cronológico”. ¿A qué se refería Lewis con este término?
A grandes rasgos es la presuposición de que el presente es mejor que el pasado. Esta convicción, apelando a la noción de progreso (otro concepto filosófico), considera que lo “antiguo” y lo “tradicional” son necesariamente inferiores al presente. Este prejuicio filosófico de Sánchez le lleva a describir todos los estudios actuales sobre la homosexualidad con vocablos cargados de sentidos positivos. Para él, la aceptación de la homosexualidad en la sociedad y en la iglesia se trata de un avance. El matrimonio homosexual es “novedoso” y “revolucionario” (18).
De todas formas, para usar la lógica de Sánchez contra su propio argumento, los cristianos sabemos que la homosexualidad es tan “antigua” y “tradicional” como Sodoma y Gomorra. Abundaba la homosexualidad en los días del Imperio Griego y luego en el Imperio Romano también. De hecho, el mismo Sánchez revela que, “un historiador, experto en el estudio del Imperio Romano, nos dice que la mayoría de los emperadores romanos tuvieron amantes masculinos” (18).
El matrimonio homosexual no es fenómeno nuevo. Fue gracias a la cristianización del Imperio Romano a partir del cuarto siglo que los matrimonios gais llegaron a ser prohibidos. En su pasión por el presente, Sánchez se olvida de lo “anticuado” que es el matrimonio gay. Si Sánchez desprecia tanto a los evangélicos clásicos por su postura “antigua”, “reduccionista” y “tradicional” tocante a la homosexualidad, tendría que mostrar la misma irreverencia hacia la homosexualidad ya que es igual de “anticuada”.
3.- Sánchez justifica la homosexualidad en base a la biogenética
No hay que fijarse en los actos homosexuales, razona Sánchez, sino en las personas homosexuales porque la persona homosexual “no es alguien que ha elegido su condición sexual” (19). La homosexualidad es un fenómeno biológico, genético.
Primero, las cosas no son tan claras como Sánchez nos quiere dar a entender. ¿Nos quiere decir que la ciencia moderna está unánimemente de acuerdo en que la homosexualidad no es una elección? Esperamos que no. Y si insiste en decir que es así, que nos comparta las fuentes de los estudios tan conclusivos que tiene en mente. En el mejor de los casos, Sánchez simplemente se ha confundido al hacer tal afirmación. En el peor de los casos, está mintiendo.
Segundo, aun en el caso dado de que la ciencia moderna concluyese que la homosexualidad fuera una condición genética o biológica, ¿qué más daría? ¿Acaso no enseña la fe cristiana que todos nacemos pecadores, malos, viles y depravados?
Yo también nací en pecado con un sinfín de deseos vergonzosos que me siguen acompañando hasta el día de hoy: lujuria, desviaciones sexuales, avaricia, codicia, odio, celos, etc. Pero según las Escrituras, ¿qué tengo que hacer con estos deseos? ¿Satisfacerlos ya que forman parte de mi constitución humana? ¿O negarlos? ¿Os imagináis si dijese yo a un juez: “No, señor juez, es que usted no entiende. Nací con un fuerte deseo de matar y violar. Por lo tanto, no me puede mandar a la cárcel por violar y matar a esa mujer inocente. Simplemente estaba siguiendo los dictados de mi ADN”?
Aunque nazcamos con ciertas predisposiciones en el corazón, esto no quiere decir que podamos dar rienda suelta a semejantes deseos a través de nuestros actos. La persona tiene que controlar sus actos. Es un agente moral responsable.
4.- La ética de Sánchez es secularista
Como observamos la semana pasada, no hay nada en la ética de Sánchez que un ateo materialista no sería capaz de enseñarnos. Es una moralidad secular, ilustrada, humanista, neo-pelagiana carente de Cristo. En vez de vivir para la gloria de Dios y gozar de Él para siempre, Sánchez nos asegura que lo más importante en cuanto a la ética teológica es la realización personal de cada uno (21). Uno tiene que desarrollarse “plenamente como persona” (22). Es una ética egocéntrica, y por lo tanto anticristiana, donde cada uno sigue los caprichos y antojos de su propio corazón.
La idea de que Dios determina qué es lo bueno y lo malo nunca se le ocurre a Sánchez. De hecho, en el primer capítulo de su obra, se mofa de tal noción. Entonces, si hay un conflicto entre la voluntad revelada de Dios en las Escrituras y la realización personal de un individuo, tiene que prevalecer el deseo de la criatura.
Es el triunfo del subjetivismo modernista. Sánchez ha descoronado al Dios de la Biblia en el nombre de la ilustración humanista. Su ética no corresponde al modelo neotestamentario de la moralidad en la cual los creyentes responden gozosamente ante el anuncio del Evangelio obedeciendo al Señor de todo corazón.
5.- Sánchez confunde el racismo y el feminismo con la homosexualidad
Uno de los argumentos más deshonestos y peor intencionados de Sánchez es cuando compara la homosexualidad con el racismo y el feminismo (20). El problema con esta analogía es que el color de la piel y el género de una persona no son cuestiones éticas, pero la homosexualidad sí lo es. Dios nunca condena a nadie por su color de piel ni por su género en las Escrituras. Sin embargo, sí censura la actividad homosexual una y otra vez.
6.- La antropología de Sánchez es secularista
Aunque Sánchez dedique su libro al tema de la ética teológica, revela que la homosexualidad es antes que nada “una cuestión antropológica” (22). “Sólo después de esta primera y fundamental valoración, que más que ética es antropológica, podemos pasar a la valoración teológica y moral de los actos homosexuales” (20).
En vez de empezar su antropología desde el relato bíblico donde Dios creó a un hombre y a una mujer, Sánchez se aferra a un concepto modernista del ser humano definido en términos de autonomía y realización personal. “Por homosexualidad no entendemos directa y exclusivamente los comportamientos homosexuales, sino la condición homosexual de un ser humano que, a través de sus comportamientos, busca la realización personal” (21).
Allí está la antropología de Sánchez: el ser humano es uno que busca la realización personal. Es decir, es aquél que hace lo que le da la gana para conseguir su propia felicidad. No hay ningún concepto de un ser humano creado para la gloria del Dios trino. En términos bíblicos, la propuesta de Sánchez es la antropología de la serpiente del Edén. El hombre se convierte en su propio dios. “Sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:5).
7.- Sánchez se refiere a “situaciones desviantes”
En página 21 Sánchez escribe que “hay que descartar como formas definitorias de la homosexualidad aquellas que, dentro de la condición homosexual, son anómalas o desviantes, como por ejemplo: la pederastia, la prostitución, la violación, etc.”
Ahora bien, en base a su ética y antropología humanista, ¿por qué está mal la pederastia, la prostitución o la violación? Si la ética no se define en referencia a la voz del Omnipotente registrada en las Escrituras, sino en términos de “realización”, “desarrollo personal” y el “amarse” y el “aceptarse a uno mismo”, ¿quién es Sánchez para tachar a la pederastia, etc. como algo nocivo? ¿Qué pasa, por ejemplo, si alguien cree que está genéticamente programado hacia la pornografía gay infantil y se entrega a descargar miles de imágenes obscenas con el fin de sentirse sexualmente realizado y satisfecho? ¿O qué pasa si dos hermanos o dos hermanas carnales se aman y se quieren casar con las mismas ganas de auto-realización? ¿Qué propondría la ética humanista de Sánchez ante tales situaciones?
8.- Sánchez asevera que la homosexualidad no es un pecado
Portada del libro.
Dado que Sánchez no edifica su ética teológica sobre las Escrituras sino según intereses seculares, no resulta sorprendente que acaba este segundo capítulo afirmando que la homosexualidad no es un pecado. “Hoy en día la homosexualidad no puede ser vista como una enfermedad, ni como un vicio, ni mucho menos como un pecado. Decir que es pecado ser homosexual, es como decir que es pecado ser negro, o es pecado ser mujer. No, la homosexualidad ni es pecado, ni es una enfermedad, ni es un vicio, es una condición sexual de igual dignidad y valor que la condición heterosexual” (22).
Primero, Sánchez aviva el argumento sucio de comparar la homosexualidad con el racismo y el feminismo. Ya refutamos esta analogía en nuestro quinto punto. Segundo, fijaros en la total ausencia de contenido bíblico a la hora de hacer semejante aseveración. Si Sánchez fuese un político secular dando su ponencia humanista sobre la homosexualidad, podríamos dejar que sus comentarios pasen desapercibidos.
Al fin y al cabo, el mundo es el mundo. Los incrédulos no oyen la voz del buen pastor. Pero Sánchez y los portavoces de la IEE (aunque nos consta que no todas las congregaciones de la IEE) están defendiendo la presencia de la homosexualidad en el ministerio cristiano. ¡Se están metiendo con la gloria de Dios, el Evangelio de Cristo, la santidad del Espíritu, el bienestar del pueblo de Dios y la sola scriptura! ¿Quién es Juan Sánchez Núñez para definir qué es o no es pecado? ¿Acaso es más sabio que el propio Dios?
9.- Sánchez ofrece falsa esperanza a los homosexuales
¿Qué mensaje tiene Sánchez para los homosexuales? Dice: “Yo diría que aquí, la palabra fundamental que pronuncia la teología, que le dice a la persona homosexual (lo mismo que a la persona heterosexual), que es hija de Dios, que es amada y aceptada por Dios tal y como es, y que en ese amor y en esa aceptación debe encontrar fuerzas para aceptarse y amarse a sí misma, y ser capaz de vivir con dignidad y la alegría de un hijo de Dios” (22).
Después de desarrollar su ética y antropología secularista, todo lo que Sánchez tiene que decir a los homosexuales es que son hijos e hijas de Dios. ¿Qué pasa con el llamamiento a la santificación? ¿Y el tomar la cruz y el negarse a uno mismo? ¿Acaso Dios nos ha dado el derecho de ofrecer esperanza a alguien mientras que éste siga sin fe en Cristo y sin frutos de arrepentimiento? ¿Acaso no tiene que convencernos el Espíritu Santo de que verdaderamente somos hijos de Dios? Evidentemente, apreciamos el deseo pastoral de Sánchez, pero cuestionamos la legitimidad de su propuesta por razones bíblicas.
10.- Sánchez encuentra inspiración en un pastor gay en Turín
Sánchez finaliza el segundo capítulo de su libro hablando sobre una compañera italiana suya llamada Teresa. Escribe que, “La iglesia bautista italiana, junto con la iglesia valdense y metodista, han venido trabajando el tema de la homosexualidad, y después de un proceso de discernimiento sinodal, similar al que vienen realizando las iglesias de la IEE, han aceptado que haya pastores homosexuales al frente de sus iglesias.
Sin ir más lejos, en la iglesia bautista de Turín donde el hermano de Teresa es miembro, el pastor es homosexual y vive con su pareja en la vivienda pastoral que hay encima de la iglesia” (23).
Turín es un patrón para lo que Sánchez quiere ver en España. Nos parece trágico que éste sea “el desafío” actual que Sánchez discierne para la iglesia ibérica. ¿Nos reímos o lloramos?
En vez de enfocarse en la necesidad de estar centrados en el Evangelio, la predicación expositiva, la teología bíblica y sistemática, en la apologética, en el llamamiento a la santidad, en el envío de misioneros a otros países, en el servicio de la iglesia hacia los pobres y necesitados, etc.; Sánchez se dedica a elogiar la iglesia bautista italiana por ordenar a ministros homosexuales.
Conclusión
En suma, refutamos las propuestas de Sánchez por las siguientes razones:

  • Sánchez confunde la ciencia con la ética.

  • Sánchez sufre de esnobismo cronológico.

  • Sánchez justifica la homosexualidad en base a la biogenética.

  • La ética de Sánchez es secularista

  • Sánchez confunde la homosexualidad con el racismo y el feminismo.

  • La antropología de Sánchez es secularista.

  • Sánchez se cree capaz de definir qué es una situación desviante.

  • Sánchez asevera que la homosexualidad no es un pecado.

  • Sánchez ofrece falsa esperanza a los homosexuales.
  • Sánchez encuentra inspiración en un pastor gay en Turín.

Fuente: Protestantedigital, 2016