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lunes, 7 de septiembre de 2015

Los cristianos ante el nuevo "icono pop" de la economía, Thomas Piquetty



Por. Nicolau João BAKKER, svd
INTRODUCCIÓN
En este artículo me gustaría presentar a los lectores el sorprendente libro del economista francés Thomas Piquetty, El Capital en el siglo XXI. El libro se convirtió inmediatamente en un best-seller. Así como Carl Max (+1883), Piketty, el nuevo “icono pop” de la economía, según The Economist, realiza un profundo análisis del capitalismo, abarcando un período histórico mucho más amplio. Con distintos equipos, altamente especializados, investigó, durante quince años, las fuentes mundiales más confiables, sacando a la luz, por medio de una serie de gráficos y tablas, una auténtica tomografía computarizada del sistema capitalista.
Considero que el libro tiene gran relevancia para los cristianos, porque todos estamos ante una sociedad cada vez más compleja, deseosos de captar lo que Dios tiene que decirnos mediante –como nos recuerda Gaudium et Spes 4 y 11– una lectura atenta de los signos de nuestro tiempo. Y es bueno recordar que el eje que hace girar todos los engranajes de la sociedad es la economía. Quien no sabe leer cómo funciona la economía, difícilmente será una “luz que brille ante las gentes” (Mt 5,16). Quiero presentar en este artículo solamente una especie de guía de lectura para el libro de Piketty. Que él hable por sí mismo. Como la Gudium et Spes nos pide leer los signos de los tiempos “a la luz del Evangelio”, añadiré algunas observaciones, en este sentido, después del texto.
I GUÍA DE LECTURA
Cuestión 1: De la renta nacional, ¿qué parte le corresponde al trabajador?
Piketty dice: Por definición, el ingreso nacional mide el conjunto de los ingresos de los que disponen los residentes de un país a lo largo de un año (p. 57)… Ingreso nacional = ingresos del capital + ingresos por el trabajo (p. 60)… Hoy en día en los países ricos, el ingreso nacional de alrededor de 30.000 euros por habitante, se divide aproximadamente en 21.000 euros de ingreso por trabajo (70%) y 9.000 euros de ingreso del capital (30%) (p. 68)… El caso más importante es, sin duda, el de la alta participación del capital durante las primeras fases de la Revolución Industrial (1800-1860). En el Reino Unido, cuyos datos son más completos, los trabajos históricos disponibles, sobre todo los de Robert Allen (que bautizó como “Engel’s Pause” a la larga paralización salarial), sugieren que la participación del capital se expandió en diez puntos porcentuales del ingreso nacional, pasando de cerca de 35-40% a finales del siglo XVIII y principios del XIX, a 45-50% a mediados del siglo XIX, momento en el que se escribía el Manifiesto Comunista (p. 220).
  El concepto de renta nacional es básico en el análisis de la economía, pues permite conocer cuál es la parte que corresponde al trabajador y al capital. Los gráficos de Piketty muestran la curva en U: el capital que era fuerte en el siglo XIX, decreció en la primera mitad del siglo XX (motivos, entre otros: guerras, devaluación inmobiliaria y financiera, altos impuestos sobre la renta), y volvió a crecer con fuerza en la segunda mitad del siglo XX (especialmente con la onda neoliberal).
Cuestión 2: De la renta nacional, ¿cuál es la parte que corresponde al capital?
Piketty dice: La relación capital/ingreso siguió una trayectoria muy parecida, (en el Reino Unido y Francia) con una relativa estabilidad en los siglos XVIII y XIX (el capital nacional valía de seis a siete años de renta nacional en 1910), pasando después por un enorme choque en el siglo XX, para finalmente encontrarse en este inicio del siglo XXI, en niveles cercanos a los observados en vísperas de las guerras del siglo XX (p. 132)… El capital cambió de naturaleza –era en tierras, se volvió inmobiliario, industrial y financiero– pero no perdió su importancia (p. 135)… El decil superior de la distribución de los capitales, aún más que el de los salarios, es en sí mismo sumamente desigual. Mientras que el decil superior es del orden del 60% de la riqueza total, como sucede hoy en los países europeos, la del percentil superior suele ser de aproximadamente del 25% y la del 9% restante de más o menos 35% (p. 284).
Una tesis central en el libro de Piketty es que la tendencia actual es la del fortalecimiento del capital. Si la renta media anual de la economía de un país –por los más diferentes motivos– es de, p.ej. 12% de la renta nacional, y la tasa de crecimiento de la renta nacional por habitante fuera del 2%, a largo plazo “el país habrá acumulado el equivalente a seis años de renta nacional en capital”… Un país que economiza mucho y crece lentamente, acumula, a largo plazo, una enorme reserva de capital”… “Es la disminución del crecimiento –sobre todo demográfico– lo que conduce al regreso del capital” (p. 185)… ”En resumen: el crecimiento moderno basado en el crecimiento de la productividad y de la difusión de los conocimientos, permitió evitar el apocalipsis marxista y equilibrar el proceso de acumulación del capital. Pero no modificó las estructuras profundas del capital, o al menos, no redujo verdaderamente su importancia macroeconómica con respecto al trabajo” (p. 258).
Cuestión 3: El mercado libre, ¿es un ángel o un demonio?
Piketty dice: La desigualdad fundamental que expresaremos como r > g, en que r es la tasa de rendimiento del capital (es decir, lo que en promedio produce el capital a lo largo de un año, en forma de beneficios, dividendos, intereses, rentas y demás ingresos del capital, como porcentaje de su valor) y g indica la tasa de crecimiento (es decir, el incremento anual del ingreso y de la producción), tendrá un papel esencial en este libro. En cierta manera, resume la lógica de conjunto de mis conclusiones (p. 42)… Es importante recalcar que la desigualdad fundamental, r > g, –principal fuerza de divergencia en nuestro esquema explicativo– nada tiene que ver con una imperfección del mercado… Es posible imaginar instituciones y políticas públicas que permitan contrarrestar los efectos de esta lógica implacable –como un impuesto progresivo sobre el capital– pero su instrumentación plantea problemas considerables en términos de coordinación internacional (p. 43). En resumen: la fuerza fundamental de divergencia que subrayamos en este libro, y que se puede resumir como la desigualdad r > g, nada tiene que ver con una imperfección de los mercados, cuya resolución no se alcanzará con mercados cada vez más libres y más competitivos” (p. 466).
Para Piquetty, el mercado libre es ángel, pero a falta de políticas públicas adecuadas, se transforma en demonio.
Cuestión 4: En el sistema capitalista, ¿los ricos son siempre cada vez más ricos?
Piketty dice: La principal fuerza desestabilizadora se vincula con el hecho de que la tasa de rendimiento privado del capital r puede ser significativa y duraderamente más alta que la tasa de crecimiento del ingreso y la producción g.
La desigualdad r > g implica que la recapitalización de los patrimonios procedentes del pasado será más rápida que el ritmo del crecimiento de la producción y los salarios. Esta desigualdad expresa una contradicción lógica fundamental. El empresario tiende inevitablemente a transformarse en rentista y a dominar cada vez más a quienes sólo tienen su trabajo (p. 643)… Lo más sorprendente es, sin duda, que en todas esas sociedades (de Europa), la mitad más pobre de la población no posee casi nada: el 50% de los más pobres de capitales poseen siempre menos de 10% de la riqueza nacional, y en general menos del 5% (p. 281).
Para Piketty, de hecho, “la contradicción central del capitalismo r > g” hace que los ricos tiendan a hacerse cada vez más ricos, y, por las tablas y gráficos que presenta, es ésta la tendencia de la actual fase neoliberal del capitalismo.
Cuestión 5: ¿Cuál es la situación del capitalismo actual?
Piketty dice: Desde 1970-1980, se asiste a una explosión sin precedentes de la desigualdad en los ingresos en Estados Unidos. La participación del decil superior pasó poco a poco de aproximadamente 30-35% del ingreso nacional en los años setenta a más o menos 45-50% en 2000-2010, es decir, un alza de casi 15 puntos del ingreso nacional estadounidense (p. 321)… De los 15 puntos de ingreso nacional absorbidos por el decil superior, alrededor de 11 puntos –casi tres cuartas partes– fueron para el 1% (es decir, el grupo con ingresos anuales superiores a 352.000 dólares en 2010), de los cuales aproximadamente la mitad fue para el 0.1% (el grupo con ingresos de más de 1,5 millones de dólares (p. 324). La nueva desigualdad estadounidense corresponde a la llegada de los “superejecutivos” (p. 331)… La participación del milésimo superior –el 0.1% de los más ricos– pasó del 2 al casi 10% del ingreso nacional (p. 350)… Los órdenes de magnitud obtenidos con respecto a la participación del percentil superior en el ingreso nacional en los países pobres o emergentes son, en una primera aproximación, sumamente parecidos a los observados en los países ricos (p. 358)… En la actualidad los impuestos han llegado a ser regresivos en la cima de la jerarquía de los ingresos en la mayor parte de los países, o están a punto de serlo (p. 549).
Piketty atribuye la aparición de los superejecutivos al surgimiento de las macroempresas modernas y al extremismo meritocrático, sin ninguna relación lógica con el aumento de la producción, además de la “la muy fuerte disminución de la tasa marginal superior en los países anglosajones desde los años setenta y ochenta, parece haber transformado por completo los modos de fijación de las remuneraciones de los altos ejecutivos” (p. 369).
Cuestión 6: ¿Podemos continuar hablando de “el” capitalismo?
Piketty dice: Para un mismo salario promedio de 2.000 euros por mes, la distribución escandinava, más igualitaria, correspondía a 4.000 euros mensuales para el 10% de los mejor pagados (de los cuales el 1% de los mejor pagados recibía 10.000 euros al mes), 2.250 euros para el 40% del medio y 1.400 euros para el 50% de los peor pagados. En cambio, la distribución norteamericana, la menos igualitaria observada hasta ahora, correspondía a una jerarquía más marcada: 7.000 euros para el 10% de arriba (de los cuales, el 1% superior recibía 24.000), 2.000 euros para un 40% del medio y solo 1.000 euros mensuales para el 50% de abajo (p. 280)… La historia de las desigualdades depende de las representaciones que se hacen los factores políticos, sociales y económicos de lo que es justo y lo que no lo es, de las relaciones de fuerza de esos actores y de las elecciones colectivas que resultan de ello; es el producto conjunto de todos los actores interesados (p. 36)… Volvamos un siglo atrás, a la Bella Época. Hacia 1900-1910 no existía una clase media, en el sentido preciso de que el 40% del medio era casi tan pobre en patrimonio como el 50% de los más pobres (el 1% de los más pudientes tenían más del 50% del total de la riqueza) (p. 285).
Dependiendo del enfoque, tiene sentido hablar de “el” capitalismo, pero en general, es necesario dejar claro de qué capitalismo estamos hablando. Dependiendo del tiempo y del lugar, las realidades son totalmente diferentes. No tiene sentido levantar las placas “condenado” o “aprobado” sin entrar en los detalles. Las generalizaciones inútiles son muy comunes, también en la Iglesia.
Cuestión 7: En su análisis del capital, ¿Marx se equivocó o acertó?
Piketyy dice: Marx pasó totalmente por alto la posibilidad de un progreso técnico duradero y de un crecimiento continuo de la productividad, una fuerza que, como veremos, permite equilibrar –en cierta medida– el proceso de acumulación y de creciente concentración del capital privado. Sin duda, carecía de datos estadísticos para precisar sus predicciones… El principio de acumulación infinita defendido por Marx contiene una intuición fundamental para el análisis del siglo XXI como del siglo XIX (p. 23-24).
  Así como para el capitalismo, tampoco valen las placas de “aprobado” o “desaprobado” para el marxismo. Todo depende de la perspectiva de la discusión. Marx fue el icono del pasado, Piketty es el icono del presente.
Cuestión 8: Al hacer su análisis “del Capital”, ¿Piketty aporta algo nuevo?
Piketty dice: La lección general de mi investigación es que la evolución dinámica de una economía de mercado y de la propiedad privada que es abandonada a sí misma, contiene en su seno fuerzas de convergencia importantes, relacionadas, sobre todo, con la difusión del conocimiento y de calificaciones, pero también poderosas fuerzas de divergencia, potencialmente amenazadoras para nuestras sociedades democráticas y para los valores de justicia social en que están basadas… La solución correcta es un impuesto progresivo anual sobre el capital. Así sería posible evitar la interminable espiral de desigualdad y preservar las fuerzas de la competencia y los incentivos para que no deje de haber acumulaciones originarias (p. 644-645)… El impuesto progresivo expresa, en cierta forma, un compromiso ideal entre justicia social y libertad individual (p. 561).
La propuesta de un impuesto progresivo sobre el capital, como complemento a los impuestos sobre la renta y la herencia, no elimina el sistema capitalista, sino que lo innova en el sentido de impedir la “acumulación infinita” que forma parte de su DNA.
Cuestión 9: En el sistema capitalista, ¿los salarios son siempre rebajados?
Piketty dice: En Europa Occidental, en América del Norte o en Japón, el ingreso promedio pasó de un poco más de 100 euros por mes y por habitante en 1700 a más de 2.500 euros por mes en 2012, multiplicándose más de 20 veces. En realidad, el crecimiento de la productividad, o sea, de la producción por hora trabajada, fue aún más elevado. El poder adquisitivo promedio en el Viejo Continente apenas creció entre 1700 y 1820, luego se multiplicó por más de dos entre 1820 y 1913, y por más de seis entre 1913 y 2012 (p. 103).
Cuidado con esta “media” del poder de compra. Las medias esconden grandes disparidades. Todos ganaron, pero algunos bastante más que otros.
Cuestión 10: Con la caída del Muro de Berlín, ¿venció el capitalismo?
Piketty dice: La teoría de Kuznets elaborada en 1955, trata sobre los años mágicos del período de la postguerra –cuando las economías desarrolladas crecían con tasas de hasta un 5% anual– que en Francia fueron conocidos como los “Treinta Gloriosos”, el intervalo comprendido entre 1945 y 1975. Para Kuznets, bastaba tener paciencia y esperar que el crecimiento comenzase a beneficiar a todos. La filosofía de la época podía ser resumida en una frase: 'Growth is a rising tide that lifts all the boats' (El crecimiento es como la marea alta que levanta todos los barcos). Optimismo semejante fue propuesto por Robert Solow en 1956 (como la teoría del “crecimiento equilibrado” para todos los grupos sociales (p. 25).
  La euforia capitalista de los “Treinta Gloriosos”, de hecho, llegó a su auge –a pesar de la estanflación después de 1975– con la caída del Muro de Berlín (1989). La obra de Piketty traza un panorama histórico mucho más amplio, con gráficos y tablas casi incontestables. El hecho real es que surgió, en la postguerra en Europa, lo que Piketyy llama “la clase media patrimonial” (en EEUU Simón Kuznets, hablaba del 10% más rico representado su “curva en U invertida”): buena parte de la riqueza del 10% más rico acabó siendo para el 40% del medio. Lo que es importante observar, es que el 50% de abajo quedase casi en lo mismo. Piketty dice: “No nos equivoquemos, el desarrollo de una verdadera “clase media patrimonial” constituye la principal transformación estructural de la distribución de la riqueza en los países desarrollados en el siglo XX” (p. 285).
Cuestión 11: La tal “meritocracia”, ¿es la solución?
Piketty dice: En el futuro podemos conjugar los defectos de dos mundos. De un lado, el regreso de la enorme desigualdad del capital heredado y, del otro, discordancias salariales exacerbadas y justificadas mediante consideraciones en términos de mérito y productividad (cuyo fundamento factual, como vimos, es claramente muy endeble). El extremismo meritocrático puede llevar a una carrera-persecución entre los superejecutivos y los rentistas, en perjuicio de todos aquellos que no son ni los unos ni los otros (p. 459).
Piketty afirma que “la desigualdad no es necesariamente mala en sí: el tema central es saber si se justifica, si tiene razones de ser” (p. 34). Pero dice también: “Cuando la tasa de remuneración del capital supera de modo constante la tasa de crecimiento de la producción y del ingreso –lo que sucedía hasta el siglo XIX, y amenaza con volverse la norma en el siglo XXI–, el capitalismo produce mecánicamente desigualdades insostenibles, arbitrarias, que cuestionan de modo radical los valores meritocráticos en los que se fundamentan nuestras sociedades democráticas” (p.15). La meritocracia, para Piketty, admite la desigualdad, en cuanto que sea justa (p. 37). “El capital es potencialmente útil para todos, y si las sociedades fueran organizadas lo suficiente, todos podríamos beneficiarnos de él” (p. 166). ¿Qué hacer, sin embargo, con los dolientes y paralíticos que quedan a la orilla de la camino?
Cuestión 12: La economía, ¿manda en la política, o no siempre?
Piketty dice: La historia de la distribución de la riqueza jamás dejó de ser profundamente política (p. 36)… Existen medios para que la democracia y el interés general logren retomar el control del capitalismo y de los intereses privados, al tiempo que rechazan los repliegues proteccionistas y nacionalistas. Este libro intenta hacer propuestas en este sentido, apoyándose en las lecciones de esas experiencias históricas, cuyo relato constituye la trama principal de la obra (p. 15)… El fracaso, cada vez más evidente, de los modelos estatales soviéticos y chinos en los años setenta, conducía a los dos gigantes comunistas a aplicar, a principios de los ochenta, una liberación gradual de su sistema económico (p. 155)… La desigualdad aumentó notablemente desde 1970-1980, pero con fuertes variaciones entre países, lo que, una vez más, sugiere el papel central de las diferencias institucionales y políticas (p. 261)
Piketty cree firmemente que una política de impuestos, anuales y globales, sobre el capital, es perfectamente capaz de imponer un eficaz control sobre las “locuras” (p. 522) de la economía liberal. Formas estatizadoras no forman parte de su propuesta, aunque está abierto a nuevas formas de propiedad colectiva y control democrático del capital (p. 640).
Cuestión 13: ¿El crecimiento económico es una necesidad?
Piketty dice: El crecimiento siempre consta de un componente puramente demográfico y uno propiamente económico, el cual permite la mejora de las condiciones de vida (p. 89)… Si durante los siglos venideros se mantuviera el mismo ritmo de crecimiento demográfico que el observado entre 1700 y 2012 –es decir, 0.8% anual– se llegaría a una población mundial del orden de 70.000 millones de habitantes en 2.300 (p. 99)… Con un crecimiento poblacional bajo, es bastante posible, en apariencia, que la tasa de rendimiento del capital supere con claridad la tasa de crecimiento, condición que –como señalamos en la introducción– es la principal fuerza que impulsa hacia una gran desigualdad en la distribución de la riqueza a largo plazo (p. 88)… No existe ningún ejemplo de un país que se encuentre en la frontera tecnológica mundial y cuyo crecimiento de la producción por habitante sea constantemente superior a 1.5% (p. 111).
Hoy se discute la conveniencia del crecimiento económico nulo, o hasta del decrecimiento. Piketty no entra en esta cuestión. Ve el crecimiento como el medio más adecuado para beneficiar también a la clase trabajadora.
Cuestión 14: El medio ambiente, ¿tiene futuro dentro del sistema capitalista?
Piketty dice: El Informe Stern publicado en 2006, impresionó a la opinión pública… Para Stern, la pérdida de bienestar mundial es tal que desde ahora se justifica gastar el equivalente a cuando menos cinco puntos del PIB mundial cada año para tratar de limitar el cambio climático futuro (p. 637)
Juzgando el problema del medio ambiente para el futuro, Piketty se luce...: el problema es fruto del sistema (económico), pero como acepta el sistema, necesita decir que el problema puede ser resuelto dentro del mismo.
Cuestión 16: Los paraísos fiscales y otras barreras a la democracia real
Piketty dice: La función principal del impuesto sobre el capital no es financiar al Estado social. Sino regular el capitalismo. Se trata, por una parte, de evitar una espiral de desigualdad sin fin y una divergencia sin límite de la desigualdad derivada de la riqueza y, por otra permitir una regulación eficaz de las crisis financieras y bancarias. Sin embargo, antes de poder desempeñar este doble papel, en primer lugar, el impuesto sobre el capital debe permitir alcanzar un objetivo de transparencia democrática y financiera sobre la riqueza y los activos que poseen unos y otros en el ámbito internacional (p. 577)… El impuesto sobre el capital sería una especie de catastro financiero del mundo, actualmente inexistente… Cada autoridad fiscal nacional debe recibir todas las informaciones (internacionales) necesarias para permitirle calcular el patrimonio líquido de cada ciudadano (p. 579)… La transparencia financiera internacional es clave para el conjunto del Estado fiscal moderno (p. 585).
Investigaciones realizadas indican que el 10% del PIB mundial está escondido en los paraísos fiscales. Piketty admite que, sin los debidos controles bancarios y sin una transparencia financiera internacional popularmente accesible, su propuesta de un impuesto progresivo sobre el capital es poco viable. La creciente competencia entre los países es el gran obstáculo actual.
Cuestión 16: El impuesto progresivo sobre el capital, ¿es la mejor solución?
Piquetty dice: La institución ideal que permitiría evitar una espiral desigualitaria sin fin y retomar el control de la dinámica en curso, sería un impuesto mundial y progresivo sobre el capital (p. 519)… El impuesto progresivo sobre el capital es una herramienta más apropiada para responder a los retos del siglo XXI que el impuesto progresivo sobre el ingreso inventado en el siglo XX (aunque veremos que estas dos herramientas pueden desempeñar papeles útiles y complementarios en el futuro) (p. 521) Es necesario inventar nuevas herramientas para retomar el control de un capitalismo financiero que se ha vuelto loco (p. 522)… La cuestión del desarrollo de un estado fiscal y social en el mundo emergente adquiere una importancia capital para el porvenir del planeta (p. 545). Si la regresividad fiscal en lo más alto de la jerarquía social se confirmara y ampliara en el futuro, es probable que tuviera consecuencias importantes en la dinámica de la desigualdad de la riqueza y en el posible retorno de una intensa concentración de capital (p. 550). Las mayores fortunas mundiales (incluso las heredadas) aumentaron en promedio a tasas muy elevadas a lo largo de las últimas décadas (del orden del 6-7% anual) sensiblemente más altas que el incremento promedio de los patrimonios) (p. 474)… Un impuesto igual al 1 ó 2% del valor de la fortuna es relativamente bajo para un creador de empresas muy rentables que podría llegar a obtener un rendimiento del 10% anual sobre su patrimonio (p. 588).
Piketty dice que está “vacunado” de por vida contra los convencionales y perezosos discursos anticapitalistas (p. 46). No quiere cambiar el sistema económico, mucho menos desmontar el Estado Social moderno. Su propuesta es: perfeccionarlo. Siendo la media de los ingresos de los ricos más alta que la media de los ingresos de los pobres, propone, además del impuesto sobre los ingresos (cuyo “nivel óptimo… sería superior al 80%” (p. 570) y a la herencia, también un impuesto directo y progresivo sobre el capital acumulado. “Hemos mencionado la posibilidad de una lista de tasas impositivas al capital con tasas limitadas a 0.1% o 0.5% anual sobre los patrimonios de menos de un millón de euros, de 1% para fortunas entre uno y cinco millones de euros, de 2 a 5% para aquellas de entre cinco y diez millones de euros, o 10% anual para las fortunas de varios cientos o miles de millones de euros” (p. 644)… “Su instrumentación plantea problemas considerables en términos de coordinación internacional” (p. 43).
Cuestión 17: La deuda pública brasileña, ¿tiene solución?
Piketty dice: La deuda pública favorece sobre todo a quienes tienen los medios para prestarle al gobierno, y a quienes hubiera sido preferible hacerles pagar impuestos. El hecho es que con una deuda pública cercana a un año de ingreso nacional (más o menos el 90% del PIB) en promedio de los países ricos, el mundo desarrollado se encuentra hoy con un nivel de endeudamiento que no se había visto desde 1945 (p. 605)… Son tres los principales métodos que se pueden combinar en diferentes proporciones: impuesto sobre el capital, inflación y austeridad. El impuesto excepcional sobre el capital privado es la solución más justa y más eficiente. En su defecto, la inflación puede desempeñar un papel muy útil… La peor solución, tanto en términos de justicia como de eficiencia, es una dosis prolongada de austeridad (p. 606).
La actual deuda pública brasileña (bruta) es de aproximadamente de 2,5 billones (millones de millones) de reales, pasando del 62% del PIB. El actual tratado de Maastricht (Europa) propone un máximo del 60%. El problema es la tasa absurdamente alta de los intereses que, en Brasil, es mucho mayor que en los países desarrollados; comprometiendo hasta el 45% de nuestro presupuesto público anual. ¡Una verdadera espada de Damocles! Con superávit anual del 2 al 3% del PIB, puede llevar más de un siglo saldar esta deuda.
Cuestión 18: ¿Continúa creciendo el abismo entre países pobres y ricos?
Piketty dice: El porcentaje de los países ricos (Unión Europea, Estados Unidos/Canadá, Japón) en el ingreso mundial alcanza 46% en 2012 y se coloca en paridad de poder adquisitivo, contra 57% en tasa de cambio normal. La “verdad” se sitúa tal vez entre esas dos cifras y es, sin duda, más parecida a la primera. Pero en todo caso, los órdenes de magnitud se mantienen, así como el hecho de que la participación de los países ricos en el ingreso mundial disminuye regularmente desde la década de 1970-1980.
Sin importar la medición utilizada, el mundo parece haber entrado en una fase de convergencia entre países ricos y pobres (p.84)… La experiencia histórica sugiere que el principal mecanismo que permite la convergencia entre países es la difusión de los conocimientos, tanto en el ámbito internacional como en el nacional (p. 88)… Hoy en día, la participación del milésimo superior es aparentemente de casi 20% de la riqueza total y la del percentil superior puede situarse entre el 80 y 90%; la mitad inferior de la población mundial posee, sin duda alguna, menos de 5% del patrimonio total (p. 482).
Los países ricos y pobres (África y Asia) continúan distanciándose unos de otros, aunque el ritmo está disminuyendo. El gráfico 1.3 de Piketty muestra la desigualdad mundial de 1700 al 2012. Adoptando la media mundial como 100%, el hiato aproximado es de: 140%/90% (del PIB por habitante) en 1700, 220%/37% en 1950, 245%-45% en 1990 y 225%/61% en 2012 (p. 77).
Cuestión 19: ¿Cómo será en el futuro el escenario de la economía?
Piketty dice (cuadro 2.1, p. 90): La tasa de crecimiento del PIB mundial fue en promedio de 0.1% del año 0 al 1700, 0,5% de 1700-1820, 1,5% de 1820-1913 y 3% de 1913-2012. En los mismos períodos el crecimiento de la población mundial fue de 0,1%, 0,4%, 0,6% y 1,4%. La producción por habitante, también en estos mismos períodos fue: 0,0%, 0,1%, 0,9% y 1,6%. Entre 1700 y 2012, la media de la producción mundial fue de 1,6%, del crecimiento poblacional 0.8%, y la producción por habitante 0,8%... Según las previsiones de la ONU, la tasa de crecimiento poblacional puede permanecer debajo del 4% hasta 2030-2040 y se establece en torno al 0,1% a partir de 2070-2080 (como antes de 1700)…. La ley del “crecimiento acumulado” es idéntica a la ley de “rendimientos acumulados” conforme a la cual una tasa de rendimiento anual de algunos puntos porcentuales, acumulada a lo largo de varias décadas, lleva mecánicamente a un muy significativo incremento del capital inicial… La tesis central de este libro es justamente que una diferencia aparentemente pequeña entre la tasa de rendimiento del capital y la tasa de crecimiento puede producir, a largo plazo, efectos muy potentes y desestabilizadores en la estructura y la dinámica de las desigualdades en una sociedad determinada (p. 90-92).
Piketty prevé para el futuro, un crecimiento económico lento (aproximadamente 1%). Aun así, las consecuencias para las sociedades serán muy significativas, para el bien o para el mal.
II. A LA LUZ DEL EVANGELIO
La Biblia no tiene intención de ofrecer análisis científicos. Los autores sagrados dicen lo que el Espíritu de Dios les inspiraba, partiendo de su propia lectura del contexto social y cultural de la época, y tomando en cuenta la riqueza espiritual transmitida por los antepasados. La Iglesia, hasta hoy, recorre el mismo camino. Recientemente, en el Sínodo sobre la Palabra de Dios (2007), el papa Benedicto XVI nos recordaba la importancia de la lectura canónica: la lectura del presente se ilumina con la lectura del pasado (uniendo la Palabra revelada con la Tradición vivenciada). Así, Dei Verbum 8 dice: “La Iglesia, en el transcurso de los siglos, camina continuamente hacia la plenitud de la verdad divina”.
Hoy percibimos que algo muy parecido acontece en todas las religiones: todos los pueblos de este mundo, en la búsqueda de una vivencia, convivencia y sobrevivencia feliz, se enfrentan a los desafíos del presente, inspirándose en las riquezas culturales (religiosas) del pasado. Nuestra actual teología del pluralismo religioso se enriquece con una antropología –en este caso más biológica que cultural– que ve al ser humano dotado de una carga genética (Benedicto XVI habla de una “gramática” y Tomás de Aquino de una ley natural) donde las simientes del bien y del mal compiten entre sí, con la feliz tendencia de que las simientes del bien llevan la mejor parte. Si de alguna forma, el Espíritu de Dios permea toda la realidad, el “final feliz” está garantizado. Se aproxima el “banquete nupcial”. ¡Felices los invitados! (Ap 19,9). La utopía de un final feliz es una utopía humana casi universal.
Leyendo el libro de Piketty, me vino a la mente el tono, a veces bastante ácido, de las disputas polémicas en torno a la teología de la liberación latinoamericana. Y no solamente en los niveles más altos de la jerarquía eclesial, sino también a nivel básico de líderes laicos comprometidos con la pastoral social. Con relación a la sociedad, en qué propuesta embarcar: ¿marxismo, socialismo, capitalismo? Si no es ni socialismo, ni capitalismo, ¿cuál es la alternativa? ¿Otro mundo es posible? Piketty se declara vacunado contra los discursos anticapitalistas. Opta por el mercado libre. Pero el capitalismo que propone es muy diferente del que hemos visto hasta ahora. Su propuesta de un impuesto progresivo no solamente sobre los ingresos, sino también sobre el capital acumulado, va mucho más al encuentro de lo que la Iglesia siempre defendió: preservar la libertad, pero atarla al objetivo mayor del bien común. Desigualdad, dice Piketty, sólo cuando es útil al bien común. La propuesta “laica” de Piketty, sin duda, se aproxima bastante a las propuestas de la Iglesia.
Pero no me parece que sea ésta la propuesta de Jesús. Por más que la teoría económica de Piketty, puesta en práctica, pueda provocar un revisión radical de las “locuras” del actual capitalismo neoliberal o financiero –y, pastoralmente, debemos apoyar cualquier acción concreta en esa dirección–, la Iglesia, en principio, no puede aceptar ningún tipo de capitalismo, por más decente que sea. Como tampoco puede darse por satisfecha con alguna de las experiencias socialistas puestas en práctica hasta hoy. La propuesta de Jesús es mucho más radical que cualquier propuesta de la izquierda política. Por más radical que una sociedad sea, ella no silenciará la oración del pueblo: “Que venga tu Reino”. El mensaje cristiano apunta a algo que va más allá de lo históricamente viable. El Reino de Dios ya “está en medio de ustedes”, pero su concreción final estará siempre en el porvenir (Mt 7,14).
La narración bíblica que más bellamente habla de todo esto –resumiendo la historia de Israel y la historia de la humanidad– es la que habla de los graneros abarrotados y de los lirios del campo (Mt 12,13-34). En la perspectiva del Reino es inútil acumular bienes sobre bienes, consumir siempre más, y destruir graneros para construir otros mayores. Si Dios viste tan bien lo que es insignificante, ¿por qué preocuparse tanto? Mucho más que una doctrina, el cristianismo es una espiritualidad, un Camino a seguir. Lo que importa no es acumular sino compartir. Solamente cuando Dios gobierna, el corazón humano puede descansar. Nadie permanecerá a la orilla del camino. La sociedad no será meritocrática, sino “gratuitocrática”, y hasta los cojos y paralíticos van a andar. La profunda creencia humana en la utopía de la “Tierra sin Males”, considerada para algunos pura alienación, en verdad es la energía más fuerte que habita el corazón humano. Eso no dispensa a la Iglesia de hacer un análisis racional del sistema económico y trabajarlo pastoralmente, pero ésa es otra cuestión.
Diadema, SP, Brasil
Julio 2015
Traducción de José Miguel Paz
Fuente: Koinonia

miércoles, 21 de marzo de 2012

Nuestra Historia y cultura a debate: “España aún no soporta que se difiera de ciertas posturas”

César Vidal trata su serie en Libertad Digital sobre países europeos, cultura religiosa y crisis, y la ola de comentarios y críticas de algunos sectores católicos "rancios", que existe en colectivos de todo signo.
En las últimas semanas, el escritor evangélico César Vidal está publicando en Libertad Digital una serie histórica titulada “Las razones de una diferencia” sobre el impacto de la crisis en los países de herencia cultural católica frente a los países con raíces protestantes . “La serie muestra – explica Vidal - cómo en buena medida nuestras deficiencias vienen sufriéndose desde hace medio milenio en España, Italia, Portugal o gran parte de Hispanoamérica está muy relacionada con una cultura católica”.
En torno a estos artículos se ha generado cierta polémica con otros autores – como contamos hace unos meses , frente a Pío Moa – pero también se han producido manifestaciones contrarias en otros medios digitales católicos.
César Vidal ha comentado en la entrevista realizada por Daniel Oval para Protestante Digital sus reflexiones al respecto. “Alguno de estos medios ha decretado el boicot de mis libros. Creo que hay cosmovisiones que no están acostumbradas a vivir en libertad”, afirma Vidal. En su opinión hay quienes “en el momento en el que uno cuestiona determinados tratos de privilegio o no asume su lectura de la historia, porque es falsa, se produce una reacción fuerte”.
Cultura protestante, católica y crisis (C. Vidal) César Vidal trata la serie que escribe en Libertad Digital sobre países europeos, cultura religiosa y crisis, y la ola de comentarios y críticas de algunos sectores católicos "rancios". Una entrevsta de Daniel Oval.
Estos “sectores”, dice Vidal, “aspiran a seguir marcando por dónde debe seguir estos países. Cuando se comprueba que su influencia ha sido nefasta para estos países y se denuncia, hay una reacción de virulencia”.
No es la primera vez que Vidal enfrenta la oposición desde ciertos grupos. “La primera vez que destruyeron libros míos fue en 1995, porque había publicado sobre la historia del Holocausto, y hubo grupos neonazis que atacaron librerías donde estaban expuestos. Después he visto a Cristina Almeida decir que cuando veía mis libros en El Corte Inglés le daba ganas de prenderlos fuego. Que una web católica, muy rancia por cierto, quiera boicotear mis libros me da mucha pena. En España todavía hay personas, instituciones y entidades que no soportan que no se comulgue con sus ruedas de molino. Cualquier cosa que choque con su visión dogmática provoca una reacción en contra. Pero esto viene de muy lejos”.
Aunque también haya recibido apoyo de otros sectores, a Vidal no le preocupan las amenazas. “La historia es la que es y como decía Lincoln, no podemos escaparnos de ella. La amenaza es que puedo perder lectores. Suponiendo que esto sea cierto, me parece secundario. En eso sigo el ejemplo de Jesús, cuando vio que las multitudes se marchaban, no se fue corriendo tras ellas. No tenemos que agradar a los hombres, sino a Dios”.
SOBRE LA ÉTICA DEL TRABAJO
En la serie que escribe César Vidal en Libertad Digital se exponen varias cuestiones que en su opinión marcan la diferencia entre los países de tradición católica y los de tradición protestante. Entre ellas, el autor destaca la diferencia en cuanto a la ética del trabajo.
“En los países donde triunfó la Reforma en el XVI se vuelve a los principios bíblicos -explica Vidal-. Descubrieron que el trabajo no es un castigo de Dios, porque Adán ya trabajaba antes de la caída. Además, ven que todos los trabajos son buenos”, por tanto “el trabajo no es una maldición que soportamos ocho horas al día, sino una posibilidad enorme de realizarnos nosotros, de servir a la sociedad, a nuestros semejantes, y aún de dar testimonio”.
“Por el contrario, en la Europa sureña se llega a la aspiración de estar en un trabajo donde no se trabaje. Es algo que parece contradictorio. Efectivamente el impacto que tiene en una sociedad es devastador”, dice César Vidal, que también escribe una serie sobre la Reforma en su blog en Protestante Digital.
EL PECADO DE LA MENTIRA
Otro factor diferencial, continúa Vidal, se refiere a la aceptación de la mentira. En los países donde triunfa la Reforma, “la mentira es muy grave. Por eso se juzga a los políticos de otra manera: un político que miente tiene un castigo social enorme, está acabado. La mentira tiene un gran castigo social, y en el tráfico mercantil, enorme”.
En cambio, en los países del sur de Europa “no existe esa visión rigurosa de la mentira. El impacto que tiene esto en la política es devastador, porque perpetúa a los políticos mentirosos en el poder. Pero en el marco de la inversión es terrible. Porque uno desconfía si los tratos son seguros, si se considera la estafa como habitual. En el caso de España, (la confianza de los inversores) está muy por debajo de la que debería ser de acuerdo a la producción de riqueza del país. Los PIIGS están mucho peor por la mentira, porque no son países fiables”.
EL DESARROLLO DE LA DEMOCRACIA
La idea de democracia, mantiene Vidal, no ha sido asumida de igual forma en los países de herencia católica que en los de herencia protestante. Este concepto, en los países de tradición protestante, “arranca de una visión de desconfianza del poder: El ser humano tiene una naturaleza caída y por tanto para evitar que el poder degenere en tiranía, el poder debe estar dividido para que se contrapese, como dice la Constitución de los EEUU. Por eso los ciudadanos no juzgan tanto por la pertenencia a un partido, sino por el comportamiento que tienen sus políticos en el poder”.
En cambio, “en los países del sur de Europa los partidos se han construido con la visión de la única iglesia verdadera. Hemos vivido épocas en las que el “partido” sólo era el comunista. Eso se ha extendido a otros partidos. Por eso la gente acaba creyendo en una política sin un criterio sano. Piensan que no hay salvación política fuera del partido, igual que no hay salvación fuera de la iglesia católica”.
Para César Vidal se mantiene una “visión optimista del poder e, igual que había una iglesia madre, se piensa en un poder absoluto y político que pueda ser un buen padre”.
Aunque “La España católica tuvo un siglo de Oro en términos literarios, éste termina por razones religiosas. Se convierte en el brazo de la Contrarreforma, mientras que países mucho más pequeños y más pobres como Inglaterra o Holanda despegan porque asumen los principios bíblicos (…) Esto se sigue viendo hoy. No es casualidad que los PIIGS sean los países católicos. Ahí es donde escuece el análisis. La visión es la causa. Porque podría haber sido distinto si en lugar de expulsar a los judíos y quemar a los protestantes los hubieran acogido”, plantea el escritor.
EL PESO DE LA HERENCIA CULTURAL
César Vidal también ha explicado cómo también los evangélicos podemos arrastrar algunos de estos valores históricos y culturales en cuestiones de ética, trabajo y democracia. “Hay muchos católicos que han salido de la iglesia, pero la iglesia no ha salido de ellos. Han dejado de dar culto a imágenes o de buscar intercesores, pero no han asumido la cultura del trabajo, de esfuerzo, de austeridad y ahorro, no han obsorbido la cultura de la división de poderes, y por el contrario mantienen valores como el descuido en el trabajo, cierta forma de codicia con corruptelas, o una visión totalmente autoritaria de determinadas cosas. Esta es una de las grandes tareas que hay que afrontar: que determinados valores católicos que siguen impresos en creyentes evangélicos que proceden de sociedades católicas hay que desarraigarlos para plantar los valores que hay en la Biblia”.
El escritor admite que, a pesar de las diferencias, tanto países de herencia católica como de herencia protestante están sucumbiendo ante el avance del secularismo. “El elemento de secularización de las sociedades se ha producido en todos los países. Pero el problema es que en el momento en el que se ha producido, aquel que tiene los valores que arrancan de la Reforma han conservado mucho bueno, mientras que la secularización en el sur se ha conservado mucho malo y a cambio no han tenido nada bueno”.
RECUPERACIÓN
César Vidal escribió recientemente un artículo en Protestante Digital sobre las posibilidades de recuperación del país titulado "Seis meses" , donde defiende la necesidad de una búsqueda de Dios para un milagro de una recuperación real. “Estamos llamados a poner las cosas negro sobre blanco y no sabemos qué respuesta puede tener. Esta sociedad está en un momento delicado. Seguramente estamos en el momento más peligroso de los últimos ocho años, una encrucijada que veremos si se responde o se se reciben las consecuencias de lo que han sido los últimos años”.
En las próximas semanas César Vidal concluirá con su serie en Libertad Digital, de la que van 20 entregas “pero todavía quedan algunas más”. También anunció que continuará con su serie sobre la Reforma. “En las próximas entregas abordare el asunto de si hemos incorporado los valores de la Reforma o solo nos hemos cambiado de una iglesia a otra”, expresa finalmente el escritor.
Cultura protestante, católica y crisis (C. Vidal)



© Protestante Digital 2012

jueves, 1 de mayo de 2008

ESTANCAMIENTO ECONÓMICO Y SOCIAL EN UN PAÍS ADINERADO.Análisis y Propuestas de Economía Política.

Juan Guillermo Espinosa

Estamos viviendo un momento muy especial de grandes cambios y mutaciones, de avances y retrocesos, tanto en el ámbito Nacional como en el Internacional, que nos exigen un diagnóstico claro de la situación que enfrentamos, para saber actuar y responder con los enfoques, las políticas, la eficiencia social y la oportunidad que este tiempo requiere.

La Crisis Internacional en Curso: Llega La Estanflación

En un contexto global, a partir de los primeros años de la década del 2000, poco después de la catástrofe de las Torres Gemelas en 2001, la economía mundial experimentó “varios años buenos”. Desde ese entonces el crecimiento mundial ha sido fuerte y adicionalmente, el desfase entre los países en desarrollo y los países desarrollados ha disminuido, con India y China a la cabeza con altas tasas de crecimiento del PIB. Sin embargo, todo indica que “los buenos tiempos” están llegando a su fin, debido a los grandes desequilibrios mundiales causados por el enorme endeudamiento externo de Estados Unidos, que ha estado siendo financiado desde el exterior y por países de menor desarrollo relativo, desde hace ya varios años. Estados Unidos a su vez, ha dicho que el mundo debía estar agradecido porque ellos mantienen este nivel de vida por encima de sus posibilidades, ya que así ha ayudado a mantener la economía mundial en movimiento, permitiendo que un buen número de países en Asia, Europa y aún en varios países subdesarrollados productores de materias primas (como es el caso de Chile), acumularan cientos de miles de millones de dólares en sus reservas internacionales.

Pero siempre se ha reconocido que el crecimiento de EE.UU. durante el mandato del Presidente Bush era insostenible y ahora, parece acercarse “El día del ajuste de cuentas”. Precisamente, debido a las políticas económicas seguidas por el Gobierno de Bush y por la mal concebida guerra en Irak, se produjo desde el 2003 en adelante, la cuadruplicación de los precios del petróleo hasta el día de hoy. Hasta ahora, tres factores principales han permitido parcialmente al mundo a capear la drástica subida del precio del petróleo. En primer lugar, la aparición de China en el escenario internacional, con sus enormes aumentos de productividad, basados en niveles elevados de inversión que ha exportado sus bajos precios. En segundo lugar, EE.UU. aprovechó esta nueva situación para “reducir las tasas de interés” a niveles increíblemente bajos, induciendo así una burbuja inmobiliaria con primeras y segundas hipotecas disponibles para todo el mundo. En tercer lugar, los trabajadores de todo el mundo han sufrido las consecuencias a lo largo de estos años aceptando niveles de remuneraciones reales más bajas y una proporción menor del PIB.Todo este cuadro anterior, ya desde el segundo semestre de 2007 se ha acabado y está ahora cambiando día a día. En particular, la insólita situación en la cual EE. UU. importa mucho más que lo que exporta, con un déficit comercial equivalente a varios puntos de su PIB, ha configurado un cuadro en que: el resto del mundo entregaba sus bienes y servicios a EE.UU. sin otra contrapartida que dólares, que se acumularon en el medio internacional en cantidades extraordinarias. Pero estos dólares representan exigencias futuras del resto del mundo sobre la economía norteamericana, que en gran medida deberían transformarse en eventuales compras de activos o bienes en ese país.

La crisis financiera en EEUU continuará, porque no es una crisis por falta de liquidez sino que por falta de solvencia principalmente de las instituciones financieras. Los bancos no se prestan entre si por una desconfianza generalizada, que se originó en parte importante, porque muchos no hicieron oportunamente las provisiones que correspondían para cubrir los prestamos incobrables que se fueron acumulando rápidamente y, como es habitual en el mercado bancario y financiero sin supervisión o controles adecuados, no declararon o encubrieron las pérdidas verdaderas que empezaron a tener. Según la revista “The Economist”, queda aún mas de la mitad de las pérdidas por declarar. Por lo tanto, lo que ahora se observa es que este exceso de consumo lentamente empieza a disminuir para poder pagar a los poseedores de dólares en el exterior. En respuesta al menor consumo norteamericano, los países desde los que se importaba todo tipo de mercaderías, deberán empezar a adaptar y a reorientar la sobreproducción de sus economías dejando de considerar a EE.UU. como el gran consumidor que ha sido hasta la fecha. Todos estos ajustes, naturalmente, pueden tener en un futuro no lejano un alto costo en empleo y en pérdida de riqueza.

Hoy para EE.UU. - como ha señalado el premio Nóbel de Economía Joseph Stiglitz - la pregunta relevante es: si sólo habrá una recesión corta y aguda o una desaceleración prolongada, pero menos profunda. El problema adicional, es que EE. UU. ha exportado sus problemas al extranjero, no solo al vender hipotecas y papeles sin valor alguno, sino que en particular ha exportado “sus malas, engañosas y ostentosas prácticas financieras”, ahora resultantes en un dólar cada vez más débil, en parte producto de la falla de su macro y micro política. Quizás la única noticia positiva en medio de este decepcionante panorama internacional, es que las fuentes del crecimiento mundial hoy son más diversificadas que hace una década, ya que los motores reales del crecimiento en los últimos años han empezado a ser los países que se clasifican en el segundo o en el tercer mundo. Lo anterior, en ninguna forma quiere decir que un crecimiento menor, o definitivamente una recesión en la mayor economía del mundo - que equivale a cerca de 27% de la economía global - no va a tener importantes consecuencias globales. Inevitablemente se producirá una desaceleración en todo el mundo.

La Situación de Chile Hoy y en el Futuro Próximo
Desde hace mas de 1 año los sectores de ingresos medios y mas bajos del país están claramente perdiendo su poder adquisitivo, mientras simultáneamente han visto agudizado su nivel de endeudamiento familiar y personal a tasas de interés desproporcionadamente elevadas y paradojalmente muy superiores a las que se dan en países mas desarrollados que el nuestro. Frente a esto y ya desde el gobierno anterior, pero especialmente ahora con las actuales autoridades económicas, hemos asistido a un importante deterioro en la orientación y en la sensibilidad social de las políticas económicas. Se instaló entre nosotros un enfoque de políticas económicas ortodoxas e inflexibles, que han tendido a amarrar o a mantener la acción del Estado en un bajo nivel, mientras se han dado amplias facilidades para desarrollar sus negocios a los grandes grupos económicos, ignorando incluso las responsabilidades de supervisión antimonopólicas y de abusos indiscriminados que se dan en contra de los consumidores, especialmente en el sistema financiero y en el retail. Todo esto se ha acrecentado durante esta administración, que ha dispuesto de unas condiciones externas excepcionalmente favorables (El fisco chileno hacia fines de este año habrá almacenado en el exterior gracias al cobre y otros productos básicos, una cantidad cercana a los US30 mil millones de dólares). Entre tanto, en el manejo de nuestras políticas macro y micro económicas, estamos simultáneamente experimentando una fuerte regresión hacia posturas mas ortodoxas y neoliberales que la mayoría creía ampliamente superadas.

Hasta ahora, en nuestro país se decía que “la macro estaba bien pero la micro era el problema”. Pero ahora, tanto la macro como la microeconomía están con problemas. Enfrentamos una inflación de dos dígitos en alimentos y vivienda. En particular los precios del grupo de alimentos tuvieron un aumento en los últimos doce meses hasta marzo de 2008 en un 18%, lo cual golpea con mucha fuerza a los dos quintiles mas pobres de la población por su alta incidencia en su canasta de consumo cercana a un 38% de sus gastos mensuales. En igual forma la creación de nuevos empleos se ha estancado y el desempleo está rápidamente aumentando. Aunque se dan muy diversas razones para su paralización, en el último tiempo hemos presenciado el cierre de importantes empresas a nivel nacional con un fuerte e impactante despido de trabajadores. Así por ejemplo ha ocurrido con: Paños Bellavista Tomé, Cerámicas Cordillera, una gran fábrica de Porcelanas; la General Motors en Arica; algunas de las principales salmoneras en el sur. Además, la fuerte caída de las exportaciones de madera ha producido importantes despidos en la región de Temuco y el término de la producción de camisas Arrow Chile que se traslada ahora a China. Todo lo anterior es sin considerar la menor contratación de temporeras en el agro y el menor número de trabajadores contratados en la mayor parte de las empresas agro exportadoras.
Lo anterior y mucho mas, se ha debido en gran parte a la fuerte pérdida de competitividad de la economía de Chile como resultado de la fuerte alza del precio de la energía por el lado de los costos y a la fuerte caída del valor del dólar en nuestro mercado local, que el Banco Central dejó caer impertérrito, reaccionando ahora en abril de 2008 en forma parcial y tardía. Frente a esta situación que se dificulta cada día, como Concertación y para la DC como partido más grande de la coalición, nuestro presente y futuro no puede ser el de la simple instalación en la administración del poder en forma muda, insensible o indiferente. Nunca como ahora se hace necesario actuar rápido, con medidas para el corto plazo que apremia, así como también para corregir deficiencias profundas que se arrastran desde los años 80.

Afortunadamente ahora, tenemos un conjunto de lineamientos e ideas claras que se derivan del V Congreso de la DC (Octubre de 2007), así como también de varias propuestas interesantes que se anticipan del encuentro del PS que se ha realizado en estos días. En cualquier país civilizado y solidario, cuando se está en una situación de dificultad y se ve: que hay grandes sectores económicos que están en problemas, que hay sectores productivos que están paralizando y que hay un desempleo en crecimiento, nadie se cuestiona si es que hay que actuar o no. Sin embargo y por el contrario, en los países en donde el poder político y económico está concentrado, el poder concentrado es un buscador incansable de excusas para demorar o para postergar las medidas y tareas que buscan, precisamente, distribuir o democratizar el poder. La sociedad y la economía de Chile necesitan urgentemente ser transformadas: tenemos demasiada desigualdad; tenemos demasiada concentración económica; tenemos demasiada concentración en nuestras fuentes informativas y en los medios de comunicación que nos alimentan negativamente todos los días; todavía tenemos demasiado elitismo autoritario y demasiado poca democracia.

La cuestión de fondo es que hasta hoy: el único poder que tiene el 90% de los ciudadanos es su voto cada 4 años. En cambio los que concentran el poder económico, político y social votan todos los días. No debemos olvidar, que los monopolios, la concentración económica, la concentración del poder y la desigualdad, siempre producen efectos negativos. Hoy, más que antes debemos ser capaces de sostener nuestras convicciones con firmeza y hacer que el Gobierno rectifique en donde está cometiendo errores o sobretodo, está inmóvil o cometiendo injustas omisiones. La enorme mayoría del país se ha dado cuenta de que hoy o rectificamos esta ausencia de medidas y estas políticas que no son nuestras, o vamos derecho a enfrentar importantes derrotas electorales y políticas en el tiempo que viene.
Algunas Consideraciones Finales

En los últimos 10 años el crecimiento y el desarrollo de la economía nacional dejaron de estar en los altos niveles que mantuvieron entre los años 1988-1997. A partir de 1998, pareció instalarse en el país la idea de que ya era poco mas lo que debíamos hacer, que el desarrollo estaba al alcance de la mano y que no era necesario avanzar en profundas reformas que aún se encontraban pendientes. Más de alguna de nuestras mas altas autoridades políticas y empresariales, anunció que el desarrollo se alcanzaría para el Bicentenario el 2010, aún cuando mas recientemente ya se ha aplazado para alrededor del 2020. Sin embargo, al ritmo que vamos y con los enfoques que aplicamos, no vamos a llegar a ser desarrollados en varias décadas más.

Peor aún, estamos entrando en un período “bastante difícil” como final y tardíamente lo ha reconocido el propio Ministro de Hacienda recientemente. En la realidad, ya hace algún tiempo el país ha venido enfrentando un bajo crecimiento, con un desempleo creciente, con una inflación importada que no se reconoce, mientras en paralelo dada las políticas imperantes, aumenta la concentración y la desigualdad se profundiza. Según un estudio reciente del Banco Mundial, en el escenario internacional se pone una atención creciente en los países que se denominan del segundo mundo, los que se asocian con su condición de ingresos medios, y anuncia que en los próximos años podría producirse “un nuevo grupo que ascienda al primer mundo”. Entre estos últimos, entre otros, incluye a Malasia, Tailandia y Chile. Destaca sin embargo, que en las circunstancias actuales, “el principal riesgo en estos países es la desaceleración en su crecimiento”, lo que origina inevitablemente: presiones sociales, disputas distributivas, crispación y tensión política, que va instalando la típica “profecía auto-cumplida” de la oportunidad histórica pérdida. Estos son países que han abierto sus economías al mundo - aunque entre ellas Chile es el que lo ha hecho en mayor grado - y que dependen críticamente de su éxito exportador, que la experiencia de los países Asiáticos enseña que pasan por algunas fases o etapas de desarrollo progresivo.

En una primera fase, este desarrollo exportador consiste sólo en acceder oportunamente a los mercados tradicionales ahora más abiertos. En el caso de Chile, según el estudio del Banco Mundial todavía estamos en la fase en que un 85% del aumento de nuestras exportaciones corresponde a empresas que producen “más de lo mismo”, es decir, productos básicos o materias primas sin mayor elaboración y que en los últimos años se han visto muy favorecidas por las alzas en sus precios y el aumento de sus mercados. Un 10% adicional de este aumento exportador, aparece por los nuevos mercados abiertos por los TLCs. Y sólo apenas un 5% del aumento de nuestras exportaciones, consiste en nuevos productos, con nuevas tecnologías, que diversifican la canasta exportadora. Ciertamente el estudio del Banco Mundial califica este grado de diversificación exportadora de Chile, como un resultado bastante pobre y considera que, “el hacer más de lo mismo no conduce al desarrollo en un plazo razonable”. Además, con la ausencia de una política de desarrollo del sector exportador – en donde es fundamental y prioritario mantener un tipo de cambio alto y sostenido a lo largo de un período prolongado, según el propio Banco Mundial - no conseguiremos en el futuro previsible dar el salto que falta. Así, las posibilidades de acceder a niveles superiores de desarrollo se esfumarán irremediablemente, si seguimos las mismas políticas que venimos practicando en estos últimos 10 años.

Nunca como ahora de acuerdo a nuestra experiencia reciente, queda tan claro que inclinarse por lo financiero en desmedro de lo productivo no conduce al desarrollo; que restringir al sector público en sus posibilidades de inversión, coordinación y desarrollo en sectores básicos como la energía, la infraestructura, el transporte y otros, a favor de un sector privado que sólo invierte en lo que le proporciona altas y seguras utilidades, tampoco logrará hacerlos despegar de este nivel mediocre que hemos alcanzado, en que nos auto-engañamos pensando que estamos al borde del desarrollo ya que estamos repletos de bienes importados gracias a los altos precios del cobre y a que las casas comerciales y los bancos han repletado el mercado de tarjetas de crédito de todo tipo. Si observamos los “sectores líderes” de la economía Chilena, en donde se producen las más altas utilidades y se concentran los grandes grupos económicos, veremos que se trata de: los sectores de menor densidad tecnológica, en donde se alcanzan las mayores utilidades y el menor valor agregado, en donde el trabajo requiere menos preparación y puede ser mediocremente remunerado. Nos referimos principalmente al sector bancario y financiero, a las grandes empresas de retail, al sector inmobiliario y de la construcción y a otros servicios similares.

Como hemos señalado, en los últimos años hemos permitido la lenta pero progresiva disminución de la influencia del Estado sobre la economía y ya desde hace varios años, la economía empieza a predominar claramente sobre la política. Inexorablemente hemos pasado de una economía de mercado, a una sociedad de mercado en donde se comercializa la educación, la salud, la previsión y los bienes públicos. El retroceso en que nos encontramos, hace aparecer que el orden económico predominante ya no va a cambiar en el tiempo que viene. Sin embargo, la profunda crisis internacional en que estamos entrando, nos abre nuevas oportunidades para rectificar y retomar el camino de la construcción de un Estado Social de Derecho, con un buen nivel de crecimiento pero con verdadera equidad. Como lo están señalando los mas diversos estudios relativos al medio internacional que empezamos a enfrentar, el futuro estará dominado por tres poderes luchando por la hegemonía internacional, esto es: por EEUU, China y la Unión Europea. Al día de hoy, ya es claro que el modelo anglo norteamericano no solo está en grandes problemas, sino también no puede seguir siendo el modelo orientador de nuestras decisiones estratégicas. A la vez, más allá de los grandes aumentos en nuestro intercambio comercial con China, las diferentes orientaciones culturales, políticas, económicas y sociales nos indican claramente que no es un modelo a seguir en nuestra organización social y política interna. Las circunstancias objetivas internacionales, nos están indicando claramente en cambio que nuestro futuro como sociedad y como nación debe ser el camino seguido por la Unión Europea , en donde predomine una verdadera economía social de participación, con mayores niveles de democracia, equidad, integración e inclusión social.
Fuente: Presentación realizada en la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), el martes 22 de Abril de 2008. Blog de guillermo es www.elmostrador.cl Es un articulo para reflexionar y comparar con nuestros procesos a nivel Latinoamericano. ¿Vos que decis?