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jueves, 16 de marzo de 2017

¿Qué clase de “Reforma” tiene intención de hacer el Papa Francisco?



Por. Leonardo De Chirico, Italia
“Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia una reforma perenne, de la que la Iglesia misma, en cuanto institución humana y terrena, tiene siempre necesidad” (La Alegría del Evangelio 26). Estas palabras del Papa Francisco, que son en realidad una cita del Vaticano II, reflejan una profunda convicción referente a la necesidad de una reforma continua en la iglesia. La pregunta es: ¿Qué clase de reforma tiene intención de hacer?
El reciente libro La reforma e le riforme nella Chiesa (La Reforma y las Reformas en la Iglesia) ayuda a contestar esta pregunta. Se trata de la publicación de los procedimientos de una conferencia internacional celebrada en Roma en 2015, organizada por la revista jesuita La Civiltà Cattolica sobre el tema de la reforma de la iglesia. El tamaño del libro, que contiene 30 artículos, y la proximidad de los editores al Papa (Spadaro es el jesuita editor de la revista y Galli es un teólogo argentino) contribuyen a hacer del libro una herramienta valiosa para comprender lo que piensa el Papa de la reforma.
NI UNA PALABRA NUEVA
En la iglesia occidental, las conversaciones sobre la reforma se han ido sucediendo desde los Concilios de Viena (1312), Constanza (1414-1418) y el de Letrán V (1512-1517). Por lo tanto, la palabra es parte del lenguaje de la Iglesia, incluso antes de la Reforma Protestante. El Concilio de Trento (1545-1563) lo utilizó abundantemente para promover cambios a nivel de la organización eclesiástica. En siglos posteriores se utilizó la palabra con precaución, por no decir con recelo, dado su sabor protestante. Fue con el Vaticano II (1962-1965) que empezó a circular (por ej. Lumen Gentium 4) usando también “aggiornamento” (actualizado) y renovación. Típicamente, el sentido católico de reforma es continuidad en el cambio y cambio en la continuidad. De nuevo, es el Vaticano II que establece el tono para la interpretación cuando dice que “cada renovación de la Iglesia está fundamentada esencialmente en un aumento de la fidelidad a su propia vocación” (Unitatis Redintegratio 6). Cuando se reforma, la Iglesia Católico Romana no pierde nada del pasado, sino que más bien trata de hacerse más fiel a lo que ya es. El criterio de reforma no es externo ni objetivo, como sería el caso si lo hicieran reconociéndolo en la Palabra de Dios, sino que siempre es interno y eclesial, esto es, la misma Iglesia establece los parámetros de su propia renovación.
Sobre este trasfondo, el Papa Francisco ha estado hablando sobre la reforma en el contexto de llamar a la iglesia a relanzar su ímpetu misionero. No hay a la vista ni la reforma de la doctrina ni de las devociones. En el relato papal, la reforma significa acelerar el proceso instigado por el Vaticano II.
LOS DOS EJES
La propia mentalidad de Francisco sobre la reforma de la Iglesia tiene dos pilares primordiales. El libro citado antes contiene una amplia evidencia afirmando ambos. El primero tiene que ver con el aumento de la “sinodalidad”, es decir, la participación de muchos integrantes en el proceso de la toma de decisiones. El papa quiere cambiar la forma en que se gobierna la Iglesia universal, de tal manera que la iglesia local, ya sean diócesis o conferencias episcopales, jueguen una parte mucho más importante en las decisiones que la afectan, sin cuestionar el ministerio universal del Papa. En resumen, Francisco desea acortar la distancia entre Roma y la Iglesia local, para asegurarse que todos actúan mejor juntos. En un resumen programático los editores escriben: “la reforma de la iglesia es la reforma sinodal de las iglesias locales y de la iglesia entera” (p. 12). La Reforma es, por consiguiente, una dinámica participativa que introduce algunos cambios estructurales menores en la organización interna de la iglesia.
El otro eje tiene que ver con la “revolución de la sensibilidad” de la que Francisco ha estado hablando desde su elección en 2013. Según este programa, la primacía de la misericordia necesita ser reconocida e implementada a todos los niveles. El Año de la Misericordia, recientemente terminado, ha indicado la naturaleza inclusiva y envolvente de lo que representa para el Papa insistir en la misericordia, desatendiendo a veces algunos aspectos de la enseñanza bíblica acerca del arrepentimiento de los pecados y volver sólo a Cristo para ser salvos de nuestra separación de Dios.
La sinodalidad y la misericordia son los dos índices de la reforma que el Papa tiene en mente. No hay ningún indicio de lo que la Reforma del siglo XVI significó para la iglesia, o sea, la recuperación de la autoridad suprema de la Biblia y el mensaje de salvación sólo por fe. No hay síntomas de ello en el sueño papal para una reforma. De acuerdo con el punto de vista de Francisco en el futuro de la Iglesia Católico Romana habrá espacio para más discusión y participación en los diferentes asuntos a todos los niveles y estará marcado por la omnipresencia de la misericordia. Esto es perfectamente legítimo de su parte e incluso admirable. Sin embargo, la siguiente pregunta permanece: ¿es ésta una reforma según el Evangelio? ¿Reconoce la misma realmente la primacía de Dios para llamar a la iglesia de nuevo al conjunto del consejo de Dios, arrepentirse de las desviaciones del Evangelio y renovar el compromiso de ser fiel al mismo? En sus cometidos con las estructuras y las actitudes, ¿entiende adecuadamente la necesidad de una reforma de la doctrina y la práctica según la Palabra de Dios?
Algunos evangélicos parece que están fascinados por la fenomenológica del Papa Francisco, a pesar de que no siempre entienden su visión teológica. Abordar el asunto de la “reforma” es un significativo punto de entrada en su mundo y da la oportunidad de empezar a comprenderlo. Cuando el Papa conmemora el 500º aniversario de la Reforma Protestante, lo que tiene en mente es una clase de reforma completamente diferente, es decir, una reforma que hará a su iglesia más católica y más romana; pero dudosamente más evangélica. 

Fuente: Protestantedigital, 2017

lunes, 6 de julio de 2015

Hus: "El Papa no es la cabeza de la iglesia"



Por. Will Graham, España.
Esta semana es el 600º aniversario de la muerte del reformador checo Juan Hus. El día 6 de julio 1415 murió quemado a manos de la Iglesia Católica Romana después de su condenación en el concilio de Constanza. Se está hablando mucho de Hus en estos días porque hace dos semanas el Papa Francisco pidió perdón a la Iglesia husita por su muerte. Discípulo del inglés Juan Wycliffe, Juan Hus –predicador potente y rector de la Universidad de Praga- fue un auténtico antecesor de la Reforma protestante. En términos del historiador Mario Escobar, Hus fue “el proto-lutero”. Como Protestante Digital ha destacado recientemente: “Quiso llevar la Biblia al pueblo y rechazó la estructura papal, descubriendo que Cristo es la verdadera cabeza de la Iglesia. Además criticó la venta de indulgencias, los excesos económicos de la iglesia católica y las divisiones que entonces se daban en el seno del mismo papado, con sedes en Roma y Avignon”. Hoy, como un acto de gratitud a Dios por su ministerio y valentía, quiero dedicar mi artículo semanal a recopilar las diez frases de Hus que más me gustan. También aprovecho esta ocasión para recordaros a todos, hermanos y hermanos, la observación de nuestro querido reformador Lutero: “En definitiva, todos somos husitas sin saberlo”. Aquí están las citas (todas sacadas, por cierto, de su obra más importante De ecclesia).
Capítulo 1: La Iglesia universal es la suma de todos los predestinados- tanto del pasado como del presente y del futuro.
Capítulo 6: Señor omnipotente, tú eres el camino, la verdad y la vida. Ciertamente sabes cuán pocos son los que andan contigo en el tiempo presente. Cuán pocos son aquéllos que andan en humildad, pobreza, pureza, diligencia y paciencia. El camino de Satanás es ancho; muchos andan por allí. Ayuda a tu rebaño débil para que no te abandone sino seguirte hasta el fin en el camino estrecho.
Capítulo 7: Ni el Papa ni los cardinales son la cabeza de la santa Iglesia universal. Sólo Cristo es la cabeza de la Iglesia.
Capítulo 8: El creyente tiene que estar dispuesto a exponer su vida al peligro de muerte por la certeza de la verdad hablada por Dios. Todos los cristianos han de creer implícita y explícitamente todas las verdades que el Espíritu Santo ha colocado en las Escrituras. De esta manera, el creyente no tiene porqué creer las palabras de los santos que no están en armonía con las Escrituras ni tampoco tiene porqué creer las decretos papales a no ser que estén conformes a las Escrituras.
Capítulo 9: Cristo prometió edificar su Iglesia sobre la roca que Pedro confesó. Y aquélla roca era Cristo. Por lo tanto, la Iglesia está edificada sobre Cristo.
Capítulo 11: Cuando los sacerdotes leen ciertos versículos en la Biblia que parecen dar a entender que han de ser ricos, vivir en comodidad, ser conocidos en el mundo y no sufrir por el amor de Cristo, los estudian, los proclaman y los dan a conocer a todos. Pero, cuando se encuentran con versículos que los llaman a imitar a Cristo mediante la pobreza, la ternura, la humildad, la paciencia, la pureza, el trabajo duro y la perseverancia, deciden pasarlos por alto aseverando que tales textos no tienen nada que ver con la salvación.
Capítulo 12: Nadie puede ser salvo a no ser que esté sometido a Jesucristo.
Capítulo 17: No queremos seducir al pueblo; queremos que sean unidos en su obediencia a la ley de Cristo […] Deseamos que los ministros vivan honestamente según la doctrina de Jesucristo, apartándose de la vanagloria, la avaricia y la comodidad.
Capítulo 23: Ni el Papa ni los obispos pueden excomulgar a nadie de la Iglesia a no ser que Dios no le haya excomulgado primeramente.
Capítulo 23: Bendito sea Dios omnipotente, el cual permite que su Iglesia tenga una vida tal que aun cuando el Papa está muerto, ella no se encuentra ni muerta ni sin cabeza. La vida de la Iglesia no depende del Papa, sino más bien de su única cabeza, Cristo. Un abrazo para todos. Nos vemos la semana que viene en Brisa fresca. Demos gracias a Dios por la antorcha que Hus encendió.
                                                 
Fuente: Protestantedigital, 2015.

miércoles, 13 de mayo de 2015

En pos del “efecto Francisco”: un relato con números



Por Hilario Wynarczyk (UNSAM), Argentina*
¿Qué importancia tiene la religión para la gente en la Argentina? ¿En qué medida la gente cree en los principios de moral sexual y familia de la enseñanza religiosa católica? ¿Podemos encontrar en esto algo así como las marcas del “Efecto Francisco”, el efecto de la exaltación de un sacerdote argentino al rol de Papa de Roma?
Pensé hallar datos para contestar a estas preguntas en los resultados de dos encuestas encargadas por la Revista Noticias en 1996, al celebrar los 1000 números, y de nuevo en 2015, al alcanzar los 2000. Datos provenientes de ambos relevamientos fueron presentados por Marina Abuso en un artículo titulado “Cómo nos vemos los Argentinos” en la edición del 24 de abril de este año 2015, en las páginas 88 a 95. A mi vez, yo recuperé esos datos y los trabajé con mis propios criterios de selección, ordenamiento y técnica, para escribir estas reflexiones.
Posibles limitaciones de los datos
Antes de continuar, debemos detenernos en las características básicas y limitaciones de las encuestas mencionadas. Ambas fueron realizadas por  Giacobbe y Asociados Opinión Pública. La de 1996 tuvo lugar cuando transcurría el primer tercio de la presidencia de Carlos Saúl Ménem, un peronista a favor del libre mercado y la privatización de empresas del Estado, genéricamente considerado el gestor de una política neoliberal. La del 2015 en el último año del segundo mandato presidencial de Cristina Fernández, del peronismo del Frente para la Victoria, orientado hacia un fuerte nivel de estatismo, el otorgamiento de subsidios a los sectores castigados por la desigualdad económica, y genéricamente considerado por sus críticos como populista.
La encuesta de 1996 abarca 1335 personas en todo el país, del 20 de enero al 10 de febrero. Esta encuesta fue del tipo autoadministrado por sobre cerrado (cada persona abría el sobre, encontraba las preguntas, y las contestaba). La del 2015 abarca 3000 casos, del 18 al 21 de abril de este año 2015, es decir, en las vísperas de las PASO (votaciones Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias) que tuvieron lugar en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y otros varios distritos electorales de la Argentina. Esta encuesta funcionó con cuestionario por Internet.
Los límites de ambos tipos de técnicas de recolección de datos (sobre cerrado e Internet) se encuentran en la mayor disponibilidad para responder por parte de personas con más instrucción formal, que cuentan con mayor cantidad de tiempo libre y están más familiarizadas con Internet. Además de estas circunstancias intervinientes en la calidad y los posibles sesgos de los datos de campo, resulta en principio más confiable la muestra del 2015, de 3000 casos, versus la de 2015, de 1335 casos. Aclaradas estas posibles limitaciones, consideramos muy bueno disponer de estos números y definitivamente resulta interesante trabajarlos analíticamente y en forma independiente para alimentar el  conocimiento y la discusión.
La religiosidad en la práctica
Lo primero que nos interesa ahora es considerar en qué medida la gente se relaciona en forma práctica con la religión, a partir de los datos disponibles en este caso. Y encontramos lo siguiente, de acuerdo con los criterios de selección y exposición adoptados para el presente artículo. En los datos que a continuación encontraremos, resultará claro el importante descenso del vínculo con alguna creencia religiosa por parte de la gente que responde, y que este descenso es especialmente fuerte en cuanto al compromiso institucional, a la vez que menos fuerte en cuanto al compromiso informal.
1.     PRAXIS RELIGIOSA. PORCENTAJES DEL TOTAL DE LAS PERSONAS ENCUESTADAS

Las personas que responden tienen compromiso con alguna creencia religiosa
 ENCUESTA DE 1996
 ENCUESTA DE 2015
Compromiso institucional
33,26  %
9,5  %
Compromiso informal
55,51 %
47,1  %
Total
88,77 %
56,6 %

Por otra parte, los siguientes datos nos indican que la gente desvincula significativamente la religión de la felicidad y esta desvinculación se tornó cuantitativamente más importante con el paso del tiempo entre los dos años de los estudios sobre cuyos datos nos basamos. Ahora bien, resulta algo muy llamativo que la religión no sea percibida como una condición para la felicidad, porque se supone que la religión es en gran parte procurada como un recurso contra las desazones de la vida y un camino hacia la felicidad.
2. LA PRAXIS RELIGIOSA Y SU IMPORTANCIA PARA LA FELICIDAD. PORCENTAJES DEL TOTAL DE LAS PERSONAS ENCUESTADAS.
Es posible ser feliz sin profesar una religión
ENCUESTA DE 1996
ENCUESTA DE 2015
48,46 %
71,2 %
NO
34,23 %
10, 8 %

Hasta aquí hemos visto dos dimensiones de la vida religiosa: el compromiso con alguna forma de religión y la importancia atribuida a la religión para la felicidad. Ahora será interesante notar cuál es la influencia de la religión como regla de la moral en materia de sexualidad, y la importancia atribuida a la idea de formar una familia y tener hijos. Los datos nos indicarán un considerable y creciente desapego con respecto a algunos criterios establecidos en las reglas de moral religiosa. Finalmente los datos de la fila que cierra la tabla, la cuarta fila, nos indicarán una percepción de la pérdida de importancia de la familia, muy similar entre 1996 y 2015.
3. RELIGIÓN Y CRITERIOS DE MORAL EN MATERIA DE SEXUALIDAD Y FAMILIA. PORCENTAJES DEL TOTAL DE LAS PERSONAS ENCUESTADAS.
Lo que la gente encuestada responde
ENCUESTA DE 1996
ENCUESTA DE 2015
La homosexualidad no me molesta
24,94 %
53,4 %
Que la mujer llegue virgen al matrimonio es nada importante
38,05 %
59,5 %
Es importante formar un hogar y tener hijos
78,2 %
33,7 %
La familia en la sociedad actual está perdiendo importancia
70,83 %
71,80 %

Satisfacción con el contexto y esperanza
Hasta aquí los datos muestran una baja y decreciente incidencia de la religión en la vida de las personas, y permiten deducir que no hubo un “efecto Francisco”, es decir, un impacto de la presencia pública del papa argentino, Francisco, que fuera suficientemente eficaz como para que los números marchen en sentido creciente.
¿Por qué será? Podríamos asumir, como ya lo hemos mencionado, la hipótesis de que la insatisfacción, la amargura, la falta de esperanzas, pueden producir un vacío y conducir las personas hacia las religiones. En sentido inverso, entonces, también podríamos  imaginar que la gente está muy feliz y se siente de acuerdo con sus circunstancias, y que por eso muchas personas no manifiestan un compromiso religioso. ¿Es así? Los datos siguientes muestran que no:
4. SATISFACCIÓN CON EL CONTEXTO  Y ESPERANZAS. PORCENTAJES DEL TOTAL DE LAS PERSONAS ENCUESTADAS.
Las personas encuestadas dan estas respuestas
ENCUESTA DE 1996
ENCUESTA DE 2015
Muy contento de vivir en la Argentina
55,66
26,4
La Argentina está cambiando para mal
19,25
54,2
Creo que la Argentina no será una gran potencia
29,81
53,4
El argentino no se esfuerza por mejorar
62,17
76
No volvería a votar por el candidato a presidente que votó en la última elección
37,45
53,90

5. NIVELES DE CONFIANZA EN VARIAS CLASES DE PERSONAS, MEDIDOS CON UN PUNTAJE DE 0 A 5 Y EXPRESADOS EN PROMEDIOS.
Confianza en
PROMEDIOS EN LA ENCUESTA DE 1996
PROMEDIOS EN LA ENCUESTA DE 2015
Amigos
3.98
3,94
Parientes
3.65
3.88
Compañeros de trabajo
2,48
2,72
Sacerdotes
2,41
2,20

El resultado hasta aquí es que la gente representada por la encuesta no está contenta con sus circunstancias sociales, no se inclina hacia la religión, pese a ello, y confía más en sus círculos sociales primarios constituidos por los amigos (en primer término) y los parientes (en segundo término), cuyos promedios tienden en ambos casos a acercarse a los 4 puntos dentro de una escala de 0 a 5. En cuanto al clima de queja que surge de varias respuestas cabe formular todavía la duda siguiente. Tal vez las personas que respondían, encontraban en la encuesta un espacio para expresar sus disconformidades y exageraban en las posiciones negativas.
Por otra parte, y dejando ahora los datos de la revista Noticias, podemos observar que en las recientes elecciones primarias para el gobierno de  la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (PASO, elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas, Obligatorias), Gustavo Vera,  legislador de la Ciudad de Buenos Aires, con cercanía personal al papa Francisco, dirigente de la ONG llamada La Alameda, un activista que lucha principalmente contra la trata de personas, los prostíbulos y la venta de drogas, y cuya presencia en la televisión por esos motivos se ha constituido en algo bastante frecuente,  alcanzó un 0,6 % de los votos. No llegó al 1,5 % mínimo requerido para tener derecho a competir en las elecciones definitivas que tendrán lugar en el mes de julio. En cambio Myriam Bregman y Luis Zamora, dos candidatos del Frente de Izquierda, consiguieron respectivamente el 2,2 % y el 2 %. Situados en el último escalón de las cantidades de votos, lograron sin embargo calificar para poder competir en las elecciones de julio.
Conclusiones
En fin, no hay dudas de que en la Argentina la atmósfera social está atravesada por un “efecto Francisco”. El papa aparece en los diarios varias veces por semana, los políticos quieren visitarlo y aparecer en fotografías con él; personalidades de la televisión, la política y el sindicalismo, se refieren a Francisco Primero con expresiones como “el Santo Padre”, “Su Santidad”, “nuestro papa”, “el Papa Celeste y Blanco”. Pero en los aspectos medidos por las encuestas no pareciera haber un movimiento de “efecto Francisco” en el sentido de una mayor participación religiosa y adhesión a principios morales sostenidos por la iglesia católica, mayoritaria en la Argentina (principios también sostenidos por muchos evangélicos).  Tampoco aparece un aumento de la satisfacción con las circunstancias sociales, aunque en este punto hemos hecho notar ciertas dudas acerca de posibles exageraciones de parte de los respondientes, si encontraban tal vez en las encuestas un lugar para colocar sus quejas.
Estos datos no pueden ser tomados como absolutamente confiables, pero nos permiten contar con una orientación para pensar y discutir…

Doctor en Sociología por la Universidad Católica Argentina, Máster en Ciencia Política con mención en Teoría y Método por la Universidad Federal de Minas Gerais y Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires.