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sábado, 21 de mayo de 2016

Reclaman a la Iglesia Metodista Unida actitud mas decidida para enfrentar el racismo y la violencia a minorías



ESTADOS UNIDOS-
Más de un centenar de manifestantes interrumpieron el inicio de la sesión plenaria de la Conferencia General 2016 de la Iglesia Metodista Unida que se realiza en Portland, Oregon, exigiendo una actitud mas diligente y decidida de la Iglesia para enfrentar el racismo y la violencia contra las minorías en los Estados Unidos.
Líderes hispano/latinos apoyaron la manifestación en representación de las minorías y en solidaridad con el resto de los grupos que instan a la Iglesia Metodista Unida, a tomar posiciones mas decididas para confrontar el racismo y la creciente violencia y represión institucional con el pueblo afro/americano y las otras minorías raciales.
Con consignas reivindicando la importancia de la vida de las personas negras, así como de otros grupos minoritarios marginados por la sociedad como la comunidad LGBTQ, los/as inmigrantes y las minorías raciales, los/as manifestantes tuvieron palabras de reflexión y oración. Esta manifestación se produce en el inicio de la sesión vespertina de la plenaria, cuando se discutirían reportes, algunos relacionados con racismo.
Apoyo a quienes se identifican como minorías sexuales
Una carta pública titulada “mucho Amor y Luz”, firmada por 500 clérigos/as, candidatos/as al ministerio y líderes laicos LGBTQ, de diferentes denominaciones cristianas de los EE.UU., fue enviada a los 111 líderes ministeriales de La Iglesia Metodista Unida que declararon públicamente su identidad homosexual el pasado 9 de mayo, en vísperas del inicio de la Conferencia General.
“Estamos aquí porque Dios nos ha llamado a servir en esta denominación y nuestras almas son alimentadas por la teología en la que hemos sido criados/as”, afirmaron los 111 metodistas en un comunicado titulado Una carta de amor a nuestra iglesia”. Los/as firmantes proceden de todas las jurisdicciones de los Estados Unidos y de las Filipinas (uno de los firmantes). Este grupo se identifica como “Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgénero, Diferentes, Cuestionadores/as e Intersexuales” en la carta.
Esta carta fue publicada una semana después de que otros/as 15 clérigos/as y candidatos/as de la Conferencia Anual de Nueva York dieran un paso similar al declarar públicamente su orientación sexual y dos días después de que el Rev. David Meredith, pastor metodista unido en la Conferencia Oeste de Ohio, se casó con su pareja Jim Schlachter de 28 años.
Estas acciones podrían poner estos/as ministros/as en riesgo de perder sus credenciales de acuerdo a las leyes de la iglesia. Entre los/as 864 delegados/as de todo el mundo quienes están tomando parte de la Conferencia General, la cual aprobará los lineamientos y normas a seguir por la iglesia durante los próximos cuatro años, se encuentran algunos/as de los firmantes de la carta.
La carta también indica que, independientemente de los que decida la Conferencia General, hay muchos/as metodistas unidos/as que están tomando acciones e iniciativas en torno al tema de la diversidad sexual en la iglesia de acuerdo con Matt Berryman, Director Ejecutivo la Red de Ministerios de Reconciliación (un grupo no oficial dentro de la IMU aboga por que la iglesia sea más inclusiva). Esta red ha coordinado y promocionado esta y otras acciones, que desafían la legislación actual de la iglesia, como parte de una campaña titulada “Es La Hora”, la cual se desarrolla en el marco de la Conferencia General 2016.

Fuente: Iglesia Metodista Unida-Ministerio Latino

martes, 4 de agosto de 2015

El pecado es invisible



Por Víctor Hernández, España*
La vida en el Espíritu es la formulación que hace Pablo para definir la vida cristiana: a partir de la experiencia de encuentro con Jesucristo, con su cruz y resurrección, da inicio una forma de vida novedosa. No consiste meramente en un cambio de vida, en el sentido moral o en el sentido de estilo de vida, sino que consiste en una transformación a partir del poder del Espíritu del Jesús resucitado. Así lo dice la promesa de Jesús a los discípulos: “Y yo le pediré a Dios el Padre que les envíe al Espíritu Santo, para que siempre los ayude y siempre esté con ustedes. Él les enseñará lo que es la verdad.” (Juan 14:16-17, TLA).
La vida en el Espíritu o “andar conforme al Espíritu”, como también lo expresa Pablo (Romanos 8:1), consiste en una vida donde tiene lugar el proceso de transformación que el Espíritu opera en cada creyente y en la comunidad. Es una transformación en la cual se manifiesta, de manera actual, el poder de la resurrección, el poder de vida sobre la muerte. Este poder de la resurrección no tiene que ver meramente con una vida futura, sino con la vida presente, la vida histórica. Ese poder de la resurrección afecta el presente, pues se contrapone al modo en que funcionan las cosas en la sociedad; incluso es una amenaza contra el orden social, o para decirlo con un verso de la poeta Julia Esquivel: “nos han amenazado de resurrección“. La vida en el Espíritu es una vida afectada, transformada, por la resurrección.
Creo que para comprender mejor esta vida en el Espíritu, es necesario entender la noción de pecado. ¿Qué es el pecado? ¿Tiene sentido hablar de pecado hoy día o es un concepto antiguo que ya no dice nada? Habitualmente se asocia la idea de pecado con inmoralidades sexuales o con comportamientos “desviados de una norma”, pero esto no ayuda mucho porque produce un malentendido: suponer que es fácil saber qué es pecado y dónde se le halla. En las definiciones teológicas y las confesiones cristianas clásicas, se dice que el pecado es aquello que nos separa de Dios, que nos separa de la vida, que rompe el vínculo con el prójimo y, al final, también rompe el vínculo consigo mismo. El pecado nos aliena de todos y todo.
En la enseñanza del Nuevo Testamento el pecado es invisible. Creo que no hemos reparado mucho en esta enseñanza. El pecado no es tanto aquel comportamiento reprobable que miramos, sino algo que no es visible pero que es real y opera de manera efectiva. Por tanto, es importante superar el malentendido que asocia pecado con una “tipificación de delitos o desviaciones” (que es lo que hacen los códigos jurídicos o morales). El pecado, en cambio, tiene una dimensión de invisibilidad, de operar de manera inmanente pero sin que se le mire, como si fuera algo “natural”.
El pecado sólo se hace visible a partir de la fe. En el evangelio de Juan es muy común hablar de la fe como el acto de mirar, de abrir los ojos. Si de pronto podemos ver es porque antes no podíamos. Hay una ceguera, una imposibilidad de ver la realidad del pecado en la sociedad, que se termina cuando tiene lugar esa experiencia espiritual del encuentro de los discípulos de Jesús: se les abren los ojos, pueden mirar lo que se les revela por medio de Jesús, es decir que sus ojos pueden ver la presencia de Dios (Juan 1:39, 12:45; 14:9). El “poder ver” a partir del seguimiento de Jesús es una experiencia espiritual: viene dado por la gracia.
Y por la gracia, la gracia del perdón, se puede ver el pecado o los efectos del pecado. Previo a esa experiencia no es posible, porque el pecado no es visible: estamos ciegos espiritualmente a su realidad, a su operación y consecuencias. Pablo lo explica muy bien en la carta a los Romanos, cuando plantea que podemos caminar en el Espíritu porque “no hay ya ninguna condenación” (8:1ss). Y, en razón de esa nueva condición de “no condenados” se puede comprender el pecado, dice Pablo, como “la injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Romanos 1:18). Es importante la expresión de Pablo, sobre el “encarcelamiento” de la verdad, porque apunta a la manera como el pecado se invisibiliza, de manera que la verdad queda prisionera y no se la puede encontrar fácilmente.
Creo que esto se puede comprender mejor con un ejemplo contemporáneo: me refiero a la homofobia. Sabemos que la homofobia se refiere a una serie de prácticas, actitudes y posicionamientos que rechazan y excluyen a personas que no se ajustan a las normas de la heterosexualidad. Las personas homosexuales (y de otras identidades de género) padecen la homofobia como marginación, acoso, desigualdad, rechazo, como una violencia, naturalizada desde la posición que defiende la “vida normal”. Precisamente porque la homofobia forma parte de una polémica viva en la actualidad, lo comento como ejemplo del pecado invisible o la dimensión invisible del pecado.
Esto se comprende mejor si hacemos la analogía con otros “pecados invisibles” como el racismo o el machismo. Es importante reconocer la “estructura invisible” o el orden que hace posible su “no visibilidad”. Así, por ejemplo, el racismo no es algo que se pueda mirar, en la medida en que forma parte de un orden y se vive inmerso en él. La gente racista no se mira a sí misma como racista (yo no les discrimino, sólo que no les quiero en mi país y no les quiero junto a mis hijos). Si pensamos en el ejemplo histórico del apartheid en Sudáfrica (sistema legal entre 1948 y 1993, que discriminaba a personas negras, indias o “de color”), hemos de tener presente que dicho sistema se sostenía por las creencias, prácticas y actitudes que consideraban “normal” dicho orden social. La iglesia reformada holandesa apoyó el régimen del apartheid y no fue sino hasta 1992 que reconoció el apartheid como pecado. El racismo no se veía desde adentro de la posición dominante de los blancos. Los blancos no veían nada mal en ese orden. Era lo “natural”. Incluso, se podían hacer excepciones que, como premio a servicios especiales prestados al gobierno, otorgaban a los negros el título de “blanco honorario” o cuando hubo que hacer negocios con japoneses, se les daba ese título a personas asiáticas. Todo este relato del apartheid nos permite visualizar “lo invisible” del pecado, dicho casi como un oxímoron. Costó mucho, y a muchas personas, lograr abolir el apartheid y fue necesario visibilizar aquello que no era visible. Desde la perspectiva de la fe cristiana, esto se formula así: el racismo se deriva del pecado, hay algo pecaminoso en la práctica del racismo.
Me parece que lo mismo pasa con la práctica del machismo y con la práctica de la homofobia (o la práctica del patriarcalismo y la heteronormatividad): operan como algo que penetra y atraviesa muchas ideas, gestos, decisiones, prácticas, emociones y actitudes que tienen como consecuencia la violencia sistemática contra mujeres o personas de identidad de género no heterosexual. Es la dimensión invisible del pecado, “la injusticia que aprisiona con injusticia la verdad”, el pecado que produce heridas y muerte, el pecado que rompe los vínculos y que instituye un mundo injusto, donde unos dominan y oprimen a los otros, pero es el pecado que logra instituir esa realidad como algo “natural”, incluso como algo legitimado por la religión.
Aquí es donde opera el poder de transformación del Espíritu de Jesucristo, porque abre los ojos. A partir de la experiencia de perdón sin límite del Padre de Jesús es posible una nueva mirada: el reconocimiento del pecado que está allí, en las creencias y prácticas que producen injusticia y cuyo fruto es la muerte (exclusión, rechazo, marginación). Pero no sólo se mira el pecado que era invisible, sino que se mira algo más importante: las posibilidades de un mundo nuevo, sin exclusiones, un mundo reconciliado, que en el lenguaje del Nuevo Testamento se llama Reino de Dios, nueva creación. Un sueño. El sueño de Dios, del que siempre nos habla Jesús por medio de sus parábolas y su vida. Y uno siente, entonces, que puede levantarse y trabajar por ese mundo, que puede tener nuevas fuerzas para contribuir a la transformación del mundo, conforme a la voluntad de Dios. Y no lo hacemos por nuestras solas fuerzas o ideas, sino que lo hacemos sostenidos, atravesados por el Espíritu de Jesucristo, que como dice Julia Esquivel, nos hace: Vivir muriendo / Caminar esperanzados / Y saberse resucitados.

*Víctor Hernández. Doctor en psicología y licenciado en teología. Pastor de la Iglesia Evangélica Española. Actualmente se dedica a la psicoterapia y psicología clínica, es también pastor de la Església Evangélica Betlem en Barcelona.

Fuente: Lupaprotestante, 2015.

sábado, 5 de abril de 2008

EE.UU. recuerda el asesinato de Martin Luther King, en tiempos de Barack Obama

Por Virginie Montet. AFP

Estados Unidos conmemora este viernes 4 de abril el 40 aniversario del asesinato de Martin Luther King en tiempos en que la popularidad de Barack Obama, candidato negro a la Casa Blanca, revive el 'sueño' de los héroes de la lucha por los derechos civiles.El 4 de abril de 1968, a los 39 años, el pastor Martin Luther King Jr era asesinado de un balazo en la cabeza en el balcón de un pequeño motel del centro de Memphis (Tennessee-sur), el Lorraine Motel. Nacido el 15 de enero de 1929, el Premio Nobel de la Paz tendría 79 años de vivir hoy.El misterio del asesinato permanece tras la muerte hace 10 años de quien se declaró culpable del crimen, James Earl Ray, un ex convicto condenado a 99 años de prisión, quien reconoció haberlo hecho para luego clamar por su inocencia.La teoría de un complot donde Ray no era más que el brazo armado ha sido evocado con frecuencia. Nadie se explica como un detenido fugado de una penitenciaria de Missouri habría planificado el asesinato por sí solo.
I have a dream...
Quien luego se convirtiera en un mártir de la lucha por los derechos cívicos era ya un héroe carismático de la igualdad racial, desde el boicot de 1956 de los autobuses de Montgomery (Alabama, sur) a las grandes marchas no violentas, hasta su célebre discurso de agosto de 1963: "Yo tengo un sueño"."Yo tengo un sueño... Un día cualquier negro de este país, cualquier hombre de color en el mundo entero será juzgado por su valor personal antes que por el color de su piel", sostuvo el reverendo King ante 250.000 personas en Washington.La cuatro palabras "yo tengo un sueño", que rememoran uno de los discursos más recordados de la humanidad, se volvieron célebres desde entonces.
Obama se apropia del legado de King.
Unos cuarenta años más tarde, cuando el senador de Illinois, Barack Obama, en campaña por su nominación presidencial, abordó el problema siempre presente del racismo durante un discurso en Philadelphia (noreste), más de uno trazó un paralelismo con la elocuencia del pastor de Atlanta."Es el discurso más importante sobre el problema de la raza y sobre el destino de nuestro país desde el discurso 'yo tengo un sueño' de King", afirmó Chaka Fattah, representante negro de la Cámara de Representantes, al tiempo que varios colegas calificaron de histórico el discurso.Según un sondeo difundido por la cadena de televisión CBS, más de dos tercios de los estadounidenses (69%) opinaron que Obama había dado cuenta en ese discurso del "bloqueo racial" en el país, la "cólera" de los negros y el "resentimiento" de los blancos, y había hablado correctamente sobre las relaciones entre las razas."Nunca fui tan ingenuo como para creer que una elección bastaría para hacer desaparecer nuestras divisiones raciales", dijo Obama."Sin embargo, tengo la firme convicción que es trabajando juntos que podremos ir más allá de las viejas heridas del racismo", añadió al candidato a la Casa Blanca.Aunque un 52% de los estadounidenses saludan "la gran influencia" de Martin Luther King, el 39% de los negros consideran hoy que "el camino es aún largo" para llegar a la igualdad racial, según un sondeo realizado entre mil personas, por la Universidad de Ohio.En todo el país, en ceremonias religiosas y en conferencias, se va a celebrar la memoria del apóstol de la no violencia, como en la Universidad Vanderbilt (Tennessee) que verá a la adalid de los derechos humanos y ex militante comunista, Angela Davis, de 64 años, exponer sobre el tema: "No vivimos hoy el sueño del reverendo Martin Luther King".
Galeria de fotos: Vida y obra de Martin Luther King: http://media.rcn.com.co/rcn/galeria/
Martin Luther King, 40 años después del crimen de Memphis:
Fuente: Noticias Radio Cadena Nacional "RCN"