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viernes, 12 de diciembre de 2014

Navidad, algo más que caridad



Por. Manuel López*
Nos dejó Manuel López. Pasó a la presencia de su Señor, y nuestro. Como sentido homenaje a una persona que dejó profunda huella en nuestra revista -que era también suya-, volvemos a publicar un artículo que escribió durante la Navidad del año 2012. ¡Manuel nunca te olvidaremos!
Ahora toca dar gracias por su vida, y por su aportación al protestantismo hispano, así como orar por María Rosa, su esposa, y por sus hijos y nietos.
“¡Dime cómo es tu Adviento y te diré la Navidad que esperas!”, leo en una web de doctrina social cristiana. Qué bien… si no fuera porque ahí nos duele cuando bajamos del arrebatamiento emocional de las alturas espirituales a la cruda realidad de este valle de lágrimas.
A ver. A uno de cada dos jóvenes españoles, desearle “Feliz Navidad” puede sonarle a frase hueca, cuando no a broma pesada. No tener trabajo ni esperanza de conseguirlo, tan solo la perspectiva de tener que salir del país a buscarse la vida a saber dónde no parece panorama propicio para el goce del espíritu navideño que estos días nos recuerdan a todas horas la musiquilla y los estribillos de los villancicos.
Se dice pronto, pero ahora mismo ya son 1,7 millones de familias las que tienen a todos sus miembros en paro. Uno de cada cuatro españoles está en el desempleo: seis millones sobre una población activa de 23 millones de ciudadanos en edad laboral. 2.500 parados nuevos cada día.
“Los mercados”, ya se sabe, tan contentos: la destrucción de empleo, acompañada de los brutales recortes en educación, sanidad, servicios sociales, escalada de subida de impuestos y tasas, corrupción, represión policial, etc., en un escenario obsceno de orgía de la usura bancaria está siendo un “éxito” rotundo.
Mal que pese en los despachos eclesiásticos, lo cierto es que “adviento” no es palabra que esté de moda. “En algunas iglesias cristianas”, define el Diccionario, “tiempo litúrgico de preparación de la Navidad, en las cuatro semanas que la preceden”.
Muy generosa definición, por cierto, pues así como está claro que adviento no es voz familiar entre la ciudadanía laica, hemos de convenir que en el imaginario de los creyentes cristianos el adviento se focaliza en el encendido de una nueva vela en el culto del domingo y poco más. Terminado el culto, cada cual a su casa y hasta el siguiente domingo.
Urge -entre tantas otras cosas, pero esto es lo que toca ahora- reivindicar el sentido del Adviento. En las iglesias -excepto en la tuya y la mía, que son perfectas- el tiempo de Adviento va ligado a postales cursis con las consabidas leyendas en obsoleta caligrafía de colegio de señoritas bien. La “celebración” queda limitada a un acto rutinario en el orden de culto para el que tantas veces el mayor interés que se pone es en que haya una caja de cerillas a mano, ahora que cada vez fuma menos gente, por lo que raro es que alguien lleve un mechero encima.
O sea, que, exagerando un poco -o no tanto-, puede decirse que en no pocos casos -hablo de las iglesias en general, insisto, no de la tuya y la mía, que, como nadie ignora, son perfectas- el Adviento se queda en un punto digamos protocolario del programa del “espectáculto” con el encendido de la vela. Cuando, a eso de las 13:15 horas acaban en la acera las despedidas tras el culto, la vela del Adviento ya ha sido apagada hasta la reedición del trámite del encendido de las antiguas y la nueva vela en el culto del domingo siguiente…
“San” Lunes, y los siguientes santos días de la semana son teórico adviento en el Diccionario. Adviento práctico, menos.
Dejé dicho en mi Café para todos del número anterior -“Aburre Calvino” (“…y Lutero”)- que tenía unos parrafillos medio redactados en torno a la manipulación a mi juicio flagrantemente interesada, tan pseudocalvinista como pseudoluterana, de conceptos manipulables como son la Fleissigkeit y la Strenge. “Lo llaman laboriosidad y austeridad”, añadía, “pero no es sino codicia e inmisericordia”.
En mala hora mezclaron a Calvino y Lutero en esta ofensiva criminal contra nosotros los europeos del Sur. Y en peor hora, si cabe, incautos y desmemoriados creyentes van y se apresuran a hacer coro a los depredadores del Estado del Bienestar que tan caro nos costó conseguir.
“Noche de paz”… y justicia social 
Tiempo de paz, tiempo de amor… Alegría, alegría, llega la Navidad. Es el tiempo de confraternizar, de acordarse de las buenas obras los que tienen los posibles que no las conciencias a salvo. Sentar un pobre a la mesa por Navidad molaba entre lo más selecto y piadoso de la cristiana gente pudiente en épocas pasadas. Ahora, imposible, con 200 nuevos parados cada hora.
Un año más -salvo en tu iglesia y la mía, claro está- muy mucho me temo que siga sin registrarse allá un gran entusiasmo por incluir en el orden de culto la lectura del Magnificat de María:
Hizo proezas con su brazo; esparció  a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.
Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes.
A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos… Lc. 1:51-53.
Los poderes fácticos, ya se sabe, tan contentos con que iglesias, oenegés, organizaciones caritativas y demás le hagan al Estado el trabajo sucio de sustituir derechos por caridad.
El debate de fondo latente caridad vs. Derechos sociales -el germen de una “Operación Magnificat”- sigue estando ahí a la espera de que de una vez por todas nos atrevamos a ponerlo sobre el tapete….
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Publicado en la sección del autor “Café para todos”, El Eco Bautista, 4/2012.
Lupaprotestante, 2014.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Navidad, algo más que caridad

Por.  Manuel López, España*
“¡Dime cómo es tu Adviento y te diré la Navidad que esperas!”, leo en una web de doctrina social cristiana. Qué bien… si no fuera porque ahí nos duele cuando bajamos del arrebatamiento emocional de las alturas espirituales a la cruda realidad de este valle de lágrimas.
A ver. A uno de cada dos jóvenes españoles, desearle “Feliz Navidad” puede sonarle a frase hueca, cuando no a broma pesada. No tener trabajo ni esperanza de conseguirlo, tan solo la perspectiva de tener que salir del país a buscarse la vida a saber dónde no parece panorama propicio para el goce del espíritu navideño que estos días nos recuerdan a todas horas la musiquilla y los estribillos de los villancicos.
Se dice pronto, pero ahora mismo ya son 1,7 millones de familias las que tienen a todos sus miembros en paro. Uno de cada cuatro españoles está en el desempleo: seis millones sobre una población activa de 23 millones de ciudadanos en edad laboral. 2.500 parados nuevos cada día.
“Los mercados”, ya se sabe, tan contentos: la destrucción de empleo, acompañada de los brutales recortes en educación, sanidad, servicios sociales, escalada de subida de impuestos y tasas, corrupción, represión policial, etc., en un escenario obsceno de orgía de la usura bancaria está siendo un “éxito” rotundo.
Mal que pese en los despachos eclesiásticos, lo cierto es que “adviento” no es palabra que esté de moda. “En algunas iglesias cristianas”, define el Diccionario, “tiempo litúrgico de preparación de la Navidad, en las cuatro semanas que la preceden”.
Muy generosa definición, por cierto, pues así como está claro que adviento no es voz familiar entre la ciudadanía laica, hemos de convenir que en el imaginario de los creyentes cristianos el adviento se focaliza en el encendido de una nueva vela en el culto del domingo y poco más. Terminado el culto, cada cual a su casa y hasta el siguiente domingo.
Urge -entre tantas otras cosas, pero esto es lo que toca ahora- reivindicar el sentido del Adviento. En las iglesias -excepto en la tuya y la mía, que son perfectas- el tiempo de Adviento va ligado a postales cursis con las consabidas leyendas en obsoleta caligrafía de colegio de señoritas bien. La “celebración” queda limitada a un acto rutinario en el orden de culto para el que tantas veces el mayor interés que se pone es en que haya una caja de cerillas a mano, ahora que cada vez fuma menos gente, por lo que raro es que alguien lleve un mechero encima.
O sea, que, exagerando un poco -o no tanto-, puede decirse que en no pocos casos -hablo de las iglesias en general, insisto, no de la tuya y la mía, que, como nadie ignora, son perfectas- el Adviento se queda en un punto digamos protocolario del programa del “espectáculto” con el encendido de la vela. Cuando, a eso de las 13:15 horas acaban en la acera las despedidas tras el culto, la vela del Adviento ya ha sido apagada hasta la reedición del trámite del encendido de las antiguas y la nueva vela en el culto del domingo siguiente…
“San” Lunes, y los siguientes santos días de la semana son teórico adviento en el Diccionario. Adviento práctico, menos.
Dejé dicho en mi Café para todos del número anterior -“Aburre Calvino” (“…y Lutero”)- que tenía unos parrafillos medio redactados en torno a la manipulación a mi juicio flagrantemente interesada, tan pseudocalvinista como pseudoluterana, de conceptos manipulables como son la Fleissigkeit y la Strenge. “Lo llaman laboriosidad y austeridad”, añadía, “pero no es sino codicia e inmisericordia”.
En mala hora mezclaron a Calvino y Lutero en esta ofensiva criminal contra nosotros los europeos del Sur. Y en peor hora, si cabe, incautos y desmemoriados creyentes van y se apresuran a hacer coro a los depredadores del Estado del Bienestar que tan caro nos costó conseguir.
“Noche de paz”… y justicia social
Tiempo de paz, tiempo de amor… Alegría, alegría, llega la Navidad. Es el tiempo de confraternizar, de acordarse de las buenas obras los que tienen los posibles que no las conciencias a salvo. Sentar un pobre a la mesa por Navidad molaba entre lo más selecto y piadoso de la cristiana gente pudiente en épocas pasadas. Ahora, imposible, con 200 nuevos parados cada hora.
Un año más -salvo en tu iglesia y la mía, claro está- muy mucho me temo que siga sin registrarse allá un gran entusiasmo por incluir en el orden de culto la lectura del Magnificat de María:
Hizo proezas con su brazo; esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.
Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes.
A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos… Lc. 1:51-53.
Los poderes fácticos, ya se sabe, tan contentos con que iglesias, oenegés, organizaciones caritativas y demás le hagan al Estado el trabajo sucio de sustituir derechos por caridad.
El debate de fondo latente caridad vs. derechos sociales -el germen de una “Operación Magnificat”- sigue estando ahí a la espera de que de una vez por todas nos atrevamos a ponerlo sobre el tapete….
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Publicado en la sección del autor “Café para todos”, El Eco Bautista, 4/2012.

Autor: Manuel López es periodista, fotógrafo, profesor de Comunicación e Imagen y consultor de prensa. Editor adjunto de "Periodistas en Español" (www.periodistas-es.org). Bautista. Miembro de Cristianos Socialistas.

Fuente: Lupaprotestante

viernes, 7 de diciembre de 2012

Adviento, día: Esperanza transformadora

Adviento, día 4: Predicadores de otro estilo

Por. Harold Segura C., Costa Rica*
«Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: —Siento compasión de esta gente porque ya llevan tres días conmigo y no tienen nada que comer. No quiero despedirlos sin comer, no sea que se desmayen por el camino. Los discípulos objetaron: —¿Dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado suficiente pan para dar de comer a toda esta multitud?». Mateo 15.32–33 – nvi
¡He aquí un predicador diferente! A él le interesa el bienestar espiritual de su auditorio, pero no por eso deja sin atender sus necesidades físicas y materiales, como el cansancio que los agobia después de una extenuante jornada o el hambre que los acosa. Él no quiere despedirlos como lo han hecho otros maestros de la fe: que se vayan con hambre, aunque se desmayen, pues se han ido llenos de palabras que satisfacen el alma.
La homilética de Jesús (el arte de su predicación) no se concentra exclusivamente en las filigranas de la retórica discursiva. Él habla bien y llama la atención por su fina pedagogía, pero hablar bien es también actuar en concordancia con lo que se predica. Él tiene genuino interés en lo que dice (es palabra de salvación), pero igual interés en las necesidades de quienes escuchan lo que él dice. Por eso no quiere despedirlos con hambre.
Jesús les transmitió de inmediato la preocupación a sus discípulos. Estos le explicaron que era imposible conseguir pan para tanta gente en un lugar despoblado. Ni había dinero, ni había dónde conseguir pan.
Al final, como sabemos, el problema se resolvió con un milagro. Hubo pan para todos los oyentes y sobraron varias cestas. El objetivo de la predicación se logró: se anunció el reino de Dios con palabras y con obras; se habló del amor de Dios y también se demostró.
Para seguir pensando:
«El amor no puede permanecer en sí mismo. No tiene sentido. El amor tiene que ponerse en acción. Esa actividad nos llevará al servicio».
Teresa de Calcuta
Oración:
Para que la proclamación del evangelio por parte de nuestras iglesias no sea un discurso sólo de palabras, sino también un testimonio de vida.

Adviento, día 5: Una fe que tiene sentido

«Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca». Mateo 7.24–25 – NVI
La fe es una manera de construir la vida; no es un credo para adornar la existencia con una discreta pizca de religión. La fe que tienen sentido es la que le da sentido a la existencia.
Por lo anterior, Jesús presenta su propuesta espiritual en palabras relacionadas con la construcción de una casa levantada sobre firmes fundamentos y que se mantiene en pie aun cuando caen las lluvias, crecen los ríos y soplan los vientos.
Lo que pone a prueba la fe no son las preguntas del catecismo, sino las cuestiones prácticas que plantea la vida diaria. Entre las alegrías y tristezas, las gratificaciones y las frustraciones vamos demostrando con nuestras actitudes la veracidad de nuestras creencias espirituales. Y el fundamento es uno: Jesús y sus palabras. ¡No existe cimiento más seguro!
Oír las palabras del Maestro y practicarlas resume la esencia de nuestra fe (7.24). Seguir a Jesús es ser un oyente de la palabra (K. Rahner), al mismo tiempo que un actuante de ella. Oír y hacer; oír lo que él nos dice por medio del Espíritu y traducir en la cotidianidad el significado de esas palabras eternas para nuestra condición temporal. Así se distinguen los discípulos del Maestro; por el fundamento de su vida.
Para seguir pensando:
«Lo distintivo de la acción cristiana es el seguimiento de Cristo. Cristo Jesús es la encarnación personal, viva y determinante de su causa: encarnación de un nuevo estilo de vida».
Hans Küng
Oración:
Por la renovación de la fe cristiana en nuestro mundo; para que sea una fe que oriente el sentido de vida y la esperanza que necesitamos

Adviento, día 6: Conforme a nuestra fe

«Cuando entró en la casa, se le acercaron los ciegos, y él les preguntó: —¿Creen que puedo sanarlos? —Sí, Señor —le respondieron. Entonces les tocó los ojos y les dijo: —Se hará con ustedes conforme a su fe». Mateo 9.28–29 – NVI
Jesús reconoce la necesidad apremiante de los ciegos y sabe que tiene poder para sanarlos, pero antes del milagro entabla un diálogo con ellos acerca de su fe. La pregunta fue directa y la respuesta breve e inmediata; para ellos no había tiempo para discusiones extensas que pusieran en riesgo su posibilidad de ver. Afirmaron que creían que Jesús podía sanarlos.
Pero, ¿qué significa que Jesús actuara conforme a la fe de ellos?, ¿significa acaso que si no hubieran tenido esa fe Jesús no hubiera operado el milagro? No lo sabemos. Pero lo cierto es que algunas cosas no suceden si no creemos, si no media la fe auténtica y sincera.
La fe, cuando se vincula a la vida, a la libertad y a la esperanza, es una fuerza trasformadora que nos moviliza y nos convierte en agentes de trasformación; es una convicción vital que produce en nosotros deseos de vivir y de luchar para que la vida sea plena, para que la luz de Jesús venza la oscuridad de nuestras cegueras.
Una fe así inspira la esperanza, como ocurrió en el caso de estos ciegos. Ellos entraron a la casa donde se hallaba Jesús, se le acercaron, respondieron a su pregunta y recibieron lo que esperaban. Su fe no los paralizó (como suele suceder a veces); los impulsó a actuar e ir en búsqueda del Maestro.
¡Cuántas cosas buenas podrían suceder en este mundo si tan solo tuviéramos la fe que nos moviliza! Muchas cosas sucederían conforme a esa fe.
Para seguir pensando:
«¡Ah, perdóname, Jesús, si desvarío al exponer mis deseos, mis esperanzas, que rayan en lo infinito! Perdóname… ¡y cura mi alma dándole todo lo que espera!».
Teresa de Lisieux
Oración:
Por las iglesias y organismos cristianos que trabajan en programas de movilización juvenil con miras a la trasformación de nuestras sociedades.

*Harold Segura C., pastor y teólogo colombiano, Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International. Reside en San José, Costa Rica.

Fuente: Lupaprotestante

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Adviento, día 2: Los presumidos fiduciarios de la fe

Por.Harold Segura C, Costa Rica* 
«—Señor, no merezco que entres bajo mi techo. Pero basta con que digas una sola palabra, y mi siervo quedará sano. Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores, y además tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno: “Ve”, y va, y al otro: “Ven”, y viene. Le digo a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.
Al oír esto, Jesús se asombró y dijo a quienes lo seguían:
—Les aseguro que no he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe».

Mateo 8.8–10 – NVI
En este episodio, la persona a quien Jesús señala como ejemplo de fe es una que se encuentra fuera del círculo de la religión oficial. Este hombre ni es maestro de la ley, ni funcionario de la sinagoga; es un centurión del ejército romano. En otras palabras, es un militar que viene ante Jesús interesado por la salud de uno de sus subalternos. ¡Vaya a saber lo que pensaron los discípulos cuando lo vieron venir!
El lenguaje del centurión es pragmático; su concepto de autoridad es propia de quienes ejercen las funciones militares: órdenes breves y obediencias incondicionales. Así, bajo esa mentalidad propia de su oficio interpretó la fe en Jesús. Y por su sencillez y sinceridad (de la que se derivó una teología) recibió lo que pidió y, además, fue elogiado por creer como pocos.
Ya Jesús nos ha acostumbrado a verlo usar como ejemplo a los que menos esperamos y a enjuiciar y cuestionar a los supuestos fiduciarios de la fe. Para él lo que más vale es la sencillez del corazón, la solidaridad con el necesitado (el centurión intercede por su siervo paralítico) y la humildad de quien lo busca pidiendo auxilio. Para él está primero lo que hacemos, sin importar quién lo haga; solo después cuenta lo que creemos en su forma dogmática o doctrinal. ¡Qué desconcierto para los religiosos de todos los tiempos!
Para seguir pensando:
«El milagro no fue que Dios dividiera las aguas del Mar Rojo, sino que, una vez divididas, el pueblo fuera lo bastante fiel como para estar dispuesto a caminar confiadamente entre las murallas de agua. Esa es también nuestra tarea».
Joan Chittister
Oración:
Para que el Señor renueve la fe de quienes nos llamamos cristianos y cristianas; para que esa fe tenga una proyección práctica en nuestra vida diaria.
 
*Harold Segura C., pastor y teólogo colombiano, Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International. Reside en San José, Costa Rica.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Adviento, día 1: Vivir la espera

Por. Harold Segura C. Costa Rica*
Tengan cuidado, no sea que se les endurezca el corazón por el vicio, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida. […] Estén siempre vigilantes, y oren para que puedan escapar de todo lo que está por suceder, y presentarse delante del Hijo del hombre». Lucas 21.34, 36 – nvi
Las primeras comunidades cristianas vivieron animadas por la esperanza del inminente regreso de Jesús. Esta esperanza caracterizó su fe y definió sus estilos de vida.
Seguir a Jesús significa vivir a la espera; significa vivir bajo la certeza de que existe un mañana mejor. Ni las alegrías fugaces de este mundo, ni las tristezas duraderas tienen la última palabra. Ni las prosperidades de los pocos, ni las miserias de los muchos se mantendrán así por siempre. Creer en Jesús es creer en el triunfo de la justicia sobre la injusticia, de la paz sobre las guerras, del amor sobre el odio.
Pero la esperanza cristiana no es como aquellas que nos invitan a mirar el futuro sin hacer nada que cambie el presente. Es, por el contrario, una esperanza que trasforma nuestra manera de ser y de estar en este mundo. Por creer que el mañana será mejor, ya no se soporta cualquier presente y se lucha para transformarlo.
«Tengan cuidado» y «estén siempre vigilantes y oren» son las advertencias para quienes viven con esperanza en este mundo. Esta es una esperanza que moldea nuestra espiritualidad y nuestra ética.
Para seguir pensando:
«[…] poseer una esperanza que ensancha el corazón significa ampliar el espacio de la libertad, mira el camino que hay por delante y capta el perfume del aire mañanero que alborea después del día gris».
Oración:
Por las iglesias (católica, evangélicas y otras cristianas) en América Latina y El Caribe, para que el Espíritu aliente su responsabilidad social y las haga portadoras de esperanza
 
 
Autor: Harold Segura C. Pastor y teólogo colombiano, Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International. Reside en San José, Costa Rica.
Fuente: Lupaprotestante & su blog