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domingo, 27 de diciembre de 2015

Spielberg y el trato a los enemigos



Por. José de Segovia, España
No sé si la nueva película de Spielberg trata sobre Guantánamo, pero nos revela que la humanidad se muestra en la forma en que tratamos a nuestros enemigos. Como Jesús dice, no hay nada especial en ser favorable a los tuyos, hablar bien de los que piensan como tú y ser generoso con tus amigos. Naturalmente, amamos a los que nos aman, pero el amor que Dios nos presenta en Cristo Jesús, alcanza al enemigo, camina la milla extra, pone la otra mejilla y busca la paz, dando la vida por el otro (Mateo 5:38-48). En ese sentido, “El puente de los espías” es un gran relato de Navidad.  
Pocas películas hay en la cartelera, tan a contra corriente, como esta. Parece de otra época. Tiene el ritmo y el aire de cuando el cine era otra cosa, no un espectáculo vacuo de entretenimiento para adolescentes, sino un retrato complejo de personajes adultos. La maestría que Tom Hanks demuestra en la interpretación de este abogado de Brooklyn, James Donovan, inmerso en las entrañas de la Guerra Fría, nos demuestra que un actor es algo más que alguien que hace de sí mismo. Se trata de construir una personalidad –en este caso, histórica–, sin los reduccionismos del que recurre a la caricatura de una figura de cartón piedra.
El respetado crítico de New Yorker, Richard Brody, observa en el personaje algo de Spielberg mismo. Muchos le han acusado de acabar con el nuevo Hollywood que aparece a finales de los sesenta, cuando los grandes estudios llegaron a hacer películas tan oscuras como “Easy Rider”, “El Padrino”, “Chinatown” o “Taxi Driver”. Lo cierto es que “Tiburón” sigue siendo una de las obras más estudiadas de la Historia del cine. Spielberg supo jugar con las reglas del sistema, mostrando una táctica y habilidad, no exenta de empatía y bonhomía, que ha ganado el aprecio de directores como Martin Scorsese o Paul Thomas Anderson.  
El verdadero Rudolf Abel es prodigiosamente interpretado por el actor de teatro británico Mark Rylance
La escena que abre el filme, ha sido enormemente elogiada por la crítica, por su ingeniosa expresividad. Un encuadre panorámico, muestra en el centro de la composición a un pintor que acaba su autorretrato de espaldas al espectador. A la izquierda, distinguimos su rostro en el espejo, donde estudia sus facciones y nos devuelve la mirada. Vemos al hombre reflejado dos veces, en el cristal y en la pintura. Se trata del impresionante actor de teatro británico, Mark Rylance, haciendo de un supuesto espía ruso, que intenta escapar a continuación, en una prodigiosa secuencia de persecución en el metro de Nueva York, que recuerda tantas maravillosas películas de los setenta, como “French Connection”.
DESDOBLAMIENTO
El desdoblamiento del personaje de Rudolf Abel, acusado de espionaje por la CIA –algo que él, nunca reconoció–, nos introduce en la doble vida que hace fascinantes, estos relatos. Como tantos otros, Spielberg admira “El espía que surgió del frío” (1965), la desoladora obra de Martin Ritt sobre la novela de John LeCarré, interpretada por un complejo Richard Burton. Para él, no es sólo la mejor adaptación de un libro de Le Carré, considerado por Graham Greene como la mejor novela de espías, sino que para Spielberg, es su película favorita de espías de todos los tiempos.
En la película, Tom Hanks hace de un abogado que tiene que defender a un hombre, acusado espionaje
Mi pasión por los relatos de espías nace en la adolescencia, cuando la distancia entre lo que uno aparenta, y el mundo interno que ocultas, se agiganta a pasos descomunales. Como ha dicho Javier Marías, el espía encarna la dualidad del ser humano. Si nos interesan, es porque no son lo que parecen. Detrás de la aburrida vida gris de un abogado de seguros como Donovan, hay un mundo oscuro y complejo, donde nada es lo que aparenta. Las historias de espías nos preguntan quiénes somos, cuál es la verdad, qué es la lealtad y si hay alguien realmente inocente.
Donovan no es ningún ángel. Tom Hanks nos lo presenta intentando dividir la indemnización del seguro de un conductor accidentado entre los cinco que han sufrido daños, que deberían recibir cada uno, la misma cantidad. Es en esos términos que busca preservar la vida de su defendido, como posible canje por algún prisionero americano, al otro lado del Telón de Acero. Es alguien que fuerza las reglas, para conseguir el beneficio que busca. Y no es el devoto padre de familia que al principio imaginamos. La chica que interpreta la hija del cantante de U2 (Eve Hewson), cuando tirotean la casa, su padre se acerca para consolarla, pero ella pasa de largo, corriendo a los brazos de su madre (Amy Ryan), una esposa al estilo de las que hacía Donna Reed en el Hollywood clásico.
¿QUÉ HACEMOS CON NUESTROS ENEMIGOS?
El protagonista de “El puente de los espías” no sólo cree en el poder de la palabra, sino que también busca reconocerse en el otro, el enemigo declarado. El cristianismo de Jesús tampoco confía en la violencia, sino en el poder del Espíritu que obra con la Palabra, el cambio que te permite amar al enemigo. Al descubrirnos tal y cómo somos, pecadores como los demás, no mejores que otros, nos podemos identificar con aquel que en principio, sólo produce nuestro rechazo. Nos compadecemos de él y podemos amarle, por la obra sobrenatural del Espíritu de Dios.
El puente de los espías es en cierto sentido, un relato de Navidad
Eso es lo que hizo Dios con nosotros, al venir a este mundo. Al hacerse hombre, “sufrió nuestra contradicción de pecadores contra sí mismo” (Hebreos 12:3). Por lo que nada humano, le es ahora ajeno. Conoce todas nuestras debilidades, aunque no tuviera falta. Puede identificarse con nosotros y saber lo que pensamos o sentimos. Esa es la maravilla de la Encarnación, algo que ninguna religión conoce, que hace diferente al cristianismo del pensamiento judío o griego. Si nuestra fe no nos hace identificarnos con otros, ni sentir compasión por ellos, tenemos que dudar si nos estamos comportando como discípulos de nuestro Maestro.
¿Por qué los cristianos muestran tanto rechazo y agresividad? Basta navegar las redes sociales, para ver el lenguaje ofensivo con que arremeten contra todo aquel que se desvía del camino correcto. Los defensores de la “sana doctrina” se comportan a menudo, como fanáticos, llenos de odio e intolerancia, para el que no piense como ellos. Cuando alguien tiene un estilo de vida, que no corresponde a la fe cristiana, se complacen en anunciarle el juicio divino y la condenación eterna. No tienen ningún reparo en contradecir la profesión de fe de cualquier persona, por su simple apariencia, o impresión personal. Y si encima se declara ateo, o satisfecho de su conducta no cristiana, no recibirá más que palabras llenas de rencor y enemistad… ¿dónde está el amor por nuestros enemigos?
AMOR INMERECIDO
Si defendemos lo que es justo, tendremos enemigos. Podemos justificar nuestra hostilidad, pero Jesús nos dice: ¡ámalos, de todas formas! Quien te rechaza, espera que te pongas en contra de él. Jesús dice: “¡sorpréndele!, ¡hazle bien!” (Lucas 6:35). Nuestro amor tiene que ser algo más que bonitas palabras. Se ha de mostrar en la práctica. Cuando dices que amas al homosexual, aunque rechazas su pecado, si tu actitud no es más que de juicio y condenación, no sé dónde está ese amor del que hablas.
El mundo está dividido por muros que Dios derriba, pero el hombre levanta de nuevo
Si nuestras convicciones políticas son tan excluyentes, que no puedes dejar de denigrar al contrario, tu ideología es de odio y no de amor al prójimo. Cuando tenemos buenas relaciones con las autoridades, porque buscamos algo a cambio, no estamos prestando nada, sino esperando una contrapartida. El amor tiene un coste. Y ese no es esperar nuestra recompensa en este mundo. 
Los enemigos tienen poder para quitar, pero no para devolver lo quitado. Jesús, sí. Nuestro futuro está en sus manos, no en las de ellos. En su amor inmerecido, nos promete el galardón que el mundo no puede darnos. Es paciente y misericordioso para con nosotros. Vemos una y otra vez, su bondad, en que siendo malos e ingratos, se ha entregado por nosotros hasta el final, dándonos a su propio Hijo, hasta morir en la cruz. Así hemos de amar a nuestros enemigos.

Fuente: Protestantedigital, 2015

miércoles, 11 de septiembre de 2013

‘Fe’ en Guatemala y mera religiosidad

Por. José de Segovia Barrón, España*
“Algunos pastores se jactan del crecimiento evangélico como una muestra del poder de Dios (…) sin embargo, la realidad muestra que esta presencia no ha impactado las estructuras sociales, económicas, culturales y políticas de la sociedad”
Guatemala tiene el mayor porcentaje de evangélicos de toda América Latina. Sin embargo, tiene uno de los índices más altos de pobreza, desigualdad, violencia y corrupción según me han contado estos días, que estoy con el Centro Esdras en el Seminario Teológico Centroamericano.
He querido aprovechar este tiempo de lluvia, para ver una película guatemalteca que ha traído a los cines, el conflicto interior de un pastor evangélico.
“Fe” es el primer largo de ficción que ha realizado un joven documentalista llamado Alejo Crisóstomo. Lo ha presentado simultáneamente en los siete países que conforman América Central (Nicaragua, Honduras, Belice, Guatemala, El Salvador, Panamá y Costa Rica), aunque el director, igual que la productora, es “medio guatemalteca, medio chilena”. El protagonista, Jimmy Morales, es uno de los actores más populares de Guatemala, por el popular programa de televisión que hace con su hermano, “Moralejas”, en el que interpreta diferentes personajes.
La película presenta la crisis de un pastor evangélico. Por una serie de circunstancias, ligadas a su círculo de amigos y a la familia de su esposa, Arturo Herrera es uno de esos pastores con cierta influencia en la clase alta guatemalteca. Es un hombre de fe muy dedicado, pero en su honestidad, siente que podría hacer más y se pregunta por qué Dios le ha encomendado la misión, que se ve llamado a hacer en la tierra.
Un día que le invitan a predicar en la cárcel de Ciudad de Guatemala, conoce a un pescador de Río Dulce llamado Beto, acusado del asesinato de una niña de trece años. El pastor interpreta el encuentro como un mensaje de Dios y una vez que el pescador sale de prisión, decide ayudarle dándole trabajo y alojamiento en su iglesia. Su familia y su congregación se vuelven en contra, a la vez que sus propias certezas se tambalean cuando se descubre que se ha cometido un crimen cerca de su iglesia.
MEGA-IGLESIAS
Aunque las cifras varían –como siempre–, desde el treinta hasta más del cincuenta por ciento de la población, no hay duda que Guatemala es el país latinoamericano con más evangélicos –por los menos, trece millones, según las estadísticas más conservadoras–.
Según la Alianza Evangélica, existen veintisiete mil iglesias evangélicas, aunque algunas de ellas prefieran llamarse simplemente cristianas.
Estos días he tenido la oportunidad de visitar la primera mega-iglesia –conocida popularmente como la Frater–, donde he podido hablar con el pastor Jorge López, que fundo esta Fraternidad Cristiana en 1978 con tan sólo veintidós miembros, mientras que ahora reúne más de doce mil personas en un gigantesco auditorio. Es cierto que te choca el lujo de estas instalaciones, en una nación donde más del 56% de la población vive bajo el nivel de la pobreza, pero es sorprendente que todo esto se haya construido sin apoyo extranjero.
A ella asisten personas tan influyentes de la sociedad de Guatemala, como un juez del Tribunal Supremo –el propio presidente del último Tribunal Supremo Electoral fue un evangélico–. El edificio está, por cierto, rodeado de agentes de seguridad armados, como otros muchos sitios que he visto aquí. Las calles están llenas de soldados con metralletas, dispuestos a disparar. Se respira aquí un ambiente de inseguridad, ante el problema del crimen y violencia latente, durante ya tantos años. Hay distritos de la ciudad, donde ni siquiera la policía se atreve a entrar.
LA OTRA CARA DEL CRECIMIENTO
Según Israel Ortiz, director del Centro Esdras, “algunos pastores se jactan del crecimiento evangélico como una muestra del poder de Dios”, hasta el punto de que “se han atrevido a subrayar que Guatemala es la nueva Jerusalén de América”. Para él, “sin embargo, la realidad nos muestra que esta presencia no ha impactado las estructuras sociales, económicas, culturales y políticas de la sociedad”. Ya que “el factor numérico no asegura una presencia cualitativa en la sociedad”.
De hecho, para el teólogo guatemalteco, “el factor numérico, lejos de ser una clave para el cambio, puede convertirse en un refugio para la religiosidad sin compromiso y la ausencia de una acción responsable en el mundo”. La obsesión evangélica por los números va acompañada de un “evangelio de prosperidad”, como el que proclama Cash Luna, el pastor de la Casa de Dios, que ha superado ya a la Frater –donde se convirtió–, con dieciséis mil miembros y veinticinco emisoras en todo el país.
El análisis del SEPAL (Servicio Evangelizador para América Latina) sobre “El estado de la Iglesia Evangélica en Guatemala”, subraya que la Iglesia crece numéricamente, pero no en calidad de vida.
Al cineasta y docente guatemalteco –radicado en Costa Rica–, Alejo Crisóstomo, le intrigaba mucho la fuerza con la que ha crecido la religión evangélica y quiso conocerla. En el país donde vive, se ha publicado también un libro sobre “El crecimiento y la deserción en la iglesia evangélica costarricense”. Ambos estudios explican el problema por una falta de discipulado.
MÁS ALLÁ DE LOS PREJUICIOS
El director de “Fe” tenía “ganas de que el protagonista fuera un pastor evangélico, un padre de familia con el que pudiera recorrer este viaje en el que juzgamos constantemente a base de prejuicios; que a veces son incluso más fuertes que la fe”. El ha querido hacer una película sobre “el poder de los prejuicios en las relaciones humanas”, pero también acerca de “los pilares sobre los que se construyen la fe y la verdad”.Se trata de un proyecto al que ha dedicado los cinco últimos años de su vida desde que debutara cinematográficamente con dos cortometrajes yun documental sobre una Guatemala pluricultural y multiétnica. Mientras, ha participado también en el proyectointernacional sobre “La vida en un día” de 2011.
Crisóstomo dice que comparte sus conflictos con varios de sus personajes, pero especialmente con el pastor: “tiene los conflictos y dudas que tengo; sobre la vocación, sobre la razón por la que estamos en esta tierra; la inocencia de querer hacer lo correcto y el peso de una sociedad que exige una perspectiva que no compartimos”.
NUESTRO LUGAR EN EL MUNDO

El protagonista de la película “Fe” se pregunta cuál es su lugar en un mundo dominado por la violencia y los prejuicios. Tras analizar la presencia de los evangélicos en la política de Guatemala, Israel Ortiz concluye: “salvo honrosas excepciones, la mayoría ha pasado sin pena ni gloria”. Hasta “quienes han tenido la oportunidad de impulsar cambios sustanciales poco han logrado”. ¿Cómo es esto posible?
La explicación para el director del Centro Esdras es que “los evangélicos no hemos sido sal y luz del mundo como demanda la Palabra” ( Mateo  5:13-16). La realidad es que “muchos cristianos no sólo no se diferencian del resto de la sociedad, sino han sido atrapados por ideas, conductas y estilos de vida del sistema imperante”. Por lo que nos “resulta difícil vivir según los valores éticos del reino de Dios”.
No podemos dudar que el Espíritu Santo está impulsando un avivamiento en países como Guatemala. La pregunta que se hacen hombres como Ortiz, es si esta experiencia está en consonancia con el Evangelio. O sea, si está produciendo cambios sustanciales en la vida personal y comunitaria, tal y como ocurrió en las iglesias de Jerusalén, Antioquia o Tesalónica, que vemos en  Hechos de los Apóstoles .  Puesto que “un avivamiento debe mostrarse por medio de cambios en la forma de pensar y vivir de los conversos y su entorno”, dice el teólogo guatemalteco.
EL PODER DEL EVANGELIO
La conclusión no puede ser más evidente: “Si no vemos mayor impacto en nuestras naciones, debemos preguntarnos, si los creyentes experimentan una auténtica conversión o sólo una experiencia religiosa”. Jesús no se fió de las multitudes que le seguían y decía creer en Él ( Juan  2:24). Más bien, les confrontó abiertamente, incluyendo a los doce (6:60-67). ¿Qué debemos hacer, entonces?
Proclamar ese Evangelio, que es poder de Dios para salvar y transformar vidas. La conversión de Zaqueo ( Lucas  19:1-10) muestra el poder transformador del Evangelio. Su encuentro con Jesús cambió su vida. No sólo entendió que la justicia del Reino demandaba una restitución, sino que la gracia de Dios en Cristo Jesús hizo que distribuyera parte de sus bienes a aquellos que había defraudado.
Esa es la justicia mayor, que decía Jesús que debía diferenciar a sus discípulos de los religiosos de su época ( Mateo  5:20). Dice Packer que “el Evangelio trae soluciones al problema del sufrimiento y la injusticia, pero lo hace resolviendo primero el problema más profundo: la relación del hombre con su Hacedor”. Si el Evangelio no nos cambia, ¿qué nos puede cambiar?
 
 
Fuente: ©Protestante Digital 2013

miércoles, 23 de enero de 2013

Análisis de José de Segovia: Martin Luther King ‘quiso hacer la voluntad de Dios’

De forma profética, dijo antes de morir: “Dios me ha permitido llegar a la cima de la montaña y he visto la tierra prometida. Puede que yo no vaya (…pero) no temo a hombre alguno. Mis ojos han visto la gloria de la venida del Señor”
 
Pastor evangélico y activista político, Premio Nobel de la Paz en 1964, Martin Luther King Jr. nació en Atlanta (Georgia) el 15 de enero de 1929. Fue pastor bautista, como también lo fueron su padre y su abuelo. En Estados Unidos siempre se dedica el tercer lunes del mes de enero a su conmemoración (este año será este 21 de enero).
Martin Luther King (MLK) se graduó en el Crozer Theological Seminary en 1951 y recibió su Doctorado de Filosofía Ph.D. de Boston University en el año 1955. En 1954, King fue elegido pastor de la Iglesia Bautista de Dexter Avenue en Montgomery, Alabama, liderando el boicot al bus de Montgomery en 1955. En 1957 participó en la fundación de la Conferencia Sureña del Liderazgo Cristiano (SCLC, siglas en inglés), creado para organizar el activismo por los Derechos Civiles.
A menudo no se menciona la relación entre la fe de Marthin Luther King y su actividad social y política ¿hasta qué punto estaban unidas? Abordamos esta cuestión de la relación de la fe y la obra de MLK con el periodista y teólogo español José de Segovia.
En su análisis explica que MLK fue formado en la “teología liberal blanca” con énfasis en el activismo social, más allá de lo que se entiende como un cristianismo ortodoxo. “Pero en sus momentos de crisis en su lucha social siempre volvía a la fe ortodoxa evangélica”, por lo que lo ve como un continuo buscador de reencuentros con la fe que vivió de niño, “conviviendo en tensión ambas experiencias, la intelectual o racional que duda y la vivencial que quiere arraigarse en lo básico de la fe cristiana en Jesús” .
“YO TENGO UN SUEÑO”
Se cumplen ahora 50 años de su famoso discurso “Yo tengo un sueño”, un discurso social y político, afirma De Segovia, pero “lleno de esperanza que sólo puede ser de origen divino” , con frases en las que existe “la fuerza de las palabras de carácter bíblico, y una visión que creo que venía de Dios”.
En este sentido, y sobre todo ante la radicalización que suponía Malcom X, sólo la fe de MLK le sirve para salir adelante, y en esto “creo que debemos ver la providencia de Dios, que abrió el camino entre la tibieza blanca y el radicalismo violento negro”.
La fe cristiana de Martin Luther King (J. de Segovia)
 
“Podríamos decir que es la visión social del Evangelio, y la injusticia social que entra en contradicción con el mensaje bíblico lo que lleva a MLK a enfrentar el problema de la injusticia con los negros” .
El ve a todos los hombres como iguales, y busca un proceso pacífico de lucha por los derechos civiles que es sumamente complicado y difícil, y que le supuso una tensión enorme, que sin duda influyó en los errores que cometió ("sin que esto le justifique").
Pero entiende De Segovia que debemos reconocer que había una inspiración cristiana en su vida y actividad, aunque también tenía dudas sobre algunos aspectos concretos de la fe cristiana, él desde luego “vivió su activismo como una misión de parte de Dios”.
SU ÚLTIMO DISCURSO
De hecho, dice el teólogo español, le conmueve el último discurso de MLK, poco antes de ser asesinado. “Quisiera tener una larga vida, pero eso no es lo importante, simplemente quiero hacer la voluntad de Dios.”, dijo la noche anterior a su muerte King ante los fieles congregados en Mason Temple. 
Y de forma profética, recuerda José de Segovia, expresó “Dios ha permitido que llegara a la cima de la montaña y desde allí he visto la tierra prometida. Y es posible que no vaya a la tierra prometida con ustedes (…pero) Estoy feliz esta noche. Nada me preocupa. No temo a hombre alguno. Mis ojos han visto la gloria de la venida del Señor”.
Esto demuestra de forma clara, afirma De Segovia, que “MLK no es ya el mismo joven de las dudas de fe iniciales de su vida pública, fruto de su educación teológica liberal, sino que las crisis y la fragilidad le han llevado a sostenerse aferrado a la esperanza en Dios y en la misión, con sus defectos y contradicciones, luchando contra el pecado del racismo. Sin duda fue utilizado por la providencia de Dios para dar un giro a la situación injusta del pueblo negro en EE.UU.”
En este sentido, MLK aprendió del método Gandhi, pero añadiendo la dimensión de su fe, aprendiendo que la violencia no era ni el único camino, ni siquiera el camino. La resistencia pasiva de Ghandi se suma a la luz de la tierra prometida y la gloria del Señor que vio MLK.
¿Cómo reaccionaron las iglesias evangélicas ante la actividad de MLK? “Incluso hasta el día de hoy sigue habiendo posturas contrarias , a favor y en contra. A menudo quienes quieren atacarle utilizan citas de sus ideas o de su vida de juventud o fuera de contexto” explica De Segovia. “Parece que quien está en contra utiliza cualquier argumento para desacreditarle, de hecho ya fue acosado durante su vida y sometido a un auténtico espionaje”.
LEGADO TEOLÓGICO
¿Influyó de alguna forma la actuación de MLK en la teología del compromiso social de los creyentes? De Segovia cree que su legado está adormecido , existiendo a veces actitudes xenófobas en los EE.UU. de hoy en día, incluso entre los propios cristianos, en contra de la revelación bíblica y buscando sólo defender un estatus quo de injusticia social.
Por otro lado, explica José de Segovia que las iglesias evangélicas afroamericanas están en continuo crecimiento en Norteamérica , lo que ayuda a la normalización social, aportando unos fundamentos bíblicos y sociales que dan dignidad y esperanza a todo ser humano, sin distinción de raza.
Editado por: Protestante Digital 2013
 
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jueves, 1 de noviembre de 2012

Lutero en el cine

Por. José de Segovia Barrón, España*
Muchos creemos que la Reforma fue la obra de un gran Dios, no la historia de un gran hombre.
La víspera del Día de Todos los Santos –hoy más conocida como Halloween, que no es ningún invento ocultista, sino una fiesta católica–, el 31 de octubre de 1517, un joven monje agustino clavaba un largo papel con noventa y cinco tesis, en la puerta de la iglesia de Wittenberg. La lucha de este hombre contra el poder religioso inicia una Reforma, que continúa hasta el día de hoy. El cine nos muestra su figura, a lo largo de los años, con distintos resultados, pero una misma fascinación.
Hans Kyser era un guionista alemán que trabajó con directores como Murnau o Pabst. Como escritor, tenía una particular inclinación por la adaptación de sucesos y personajes históricos. La única película que dirigió era Lutero (1928). El reformador aparece así en el cine mudo con una obra de cierto presupuesto y gran dirección artística. Los decorados, el vestuario y los efectos especiales son espectaculares. No así la dirección de actores, que en general tienden a la sobreactuación o a ser tan inexpresivos como una figura de cera. La atmósfera está bien lograda y es correcta técnicamente, pero el resultado es algo monótono. La copia que se puede ver actualmente tiene subtítulos y una voz americana de fondo, que comenta aspectos de la vida de Lutero, ¡así que ya no es cine mudo!
En la época sonora, Lutero es un personaje de una película alemana de 1939, que se conoce en inglés como El corazón inmortal. La hizo el director Veit Harlan con Bernhard Minetti en el papel del reformador, pero no será hasta 1953 que se hace realmente la mejor película sobre Lutero . Es una coproducción americana con Alemania, dirigida por Irving Pichel, que se rueda en el país del reformador con el actor irlandés Niall MacGinnis como protagonista. Los amantes del cine de terror recuerdan siempre a MacGinnis por su papel del ocultista Karswell, en el clásico de Jacques Tourneur, La noche del demonio (1957).En la edición que se ha hecho en DVD por el cincuenta aniversario, Robert Lee cuenta la historia completa del film.
UN CLÁSICO NOMINADO A LOS OSCAR
 Irving Pichel era actor y director desde los años treinta. Había comenzado en el teatro, pero llega a California con el comienzo del sonoro, a finales de los años veinte. Había sido guionista para la Metro, pero pronto destacó en papeles como Fagin de Oliver Twist o el mayordomo de La hija de Drácula . Su primera película es un film de terror para la RKO, El malvado Zaroff, en 1932.
Debido a su asociación con varios sospechosos de comunismo durante los años cuarenta –como Abraham Polonsky–, en la revista The Hollywood Quarterly , es llamado a declarar por McCarthy en la caza de brujas . Se logra librar de la lista negra y puede así trabajar en todo tipo de películas, desde musicales ( Dance Hall ) a filmes de aventuras ( O.S.S. ), cine negro ( Ellos no creen en mí ), ciencia-ficción ( Con destino a la luna ) o adaptaciones de Steinbeck ( Donde nacen los héroes ). Es también el narrador de míticas películas de John Ford, como La legión Invencible o ¡Qué verde era mi valle!
Pichel hace la película de Martin Lutero justo después de rodar un western con Randolph Scott, Santa Fe. Fue la penúltima película antes de morir de un ataque al corazón el año siguiente. Pichel ya tenía experiencia en otros proyectos cristianos, puesto que había colaborado con el pastor episcopal Friedrich y sus Cathedral Films para escuelas dominicales, en dos grandes producciones que llegaron a los cines: El gran mandamiento (1939) y Día de triunfo (1954). Esta segunda fue de hecho la última que dirigió, para la que contó con actores de la talla de Lee J. Cobb y Joanne Dru.
Lutero tiene dos nominaciones para el Oscar por la excelente dirección artística de dos alemanes (Fritz Maurischat y Paul Makwitz) y la impresionante fotografía en blanco y negro del francés Joseph Brun. Es una buena película, que merece la pena revisar, en cierto sentido superior a la versión actual. Un auténtico clásico, que debería tener una mejor distribución en DVD, accesible a un público general.
El año 74, vuelve Lutero al cine, interpretado por Stacey Keach , veterano actor de televisión, conocido sobre todo por su papel protagonista en series tan populares como la del detective Mike Hammer en los años ochenta o Prison Break (donde interpreta el papel del alcaide). La obra de teatro de John Osborne nos muestra a un sorprendente Lutero, casado aquí con Judy Dench, que hace el papel de Catalina de Bora. La obra del autor de Mirando hacia atrás con ira, que llevó al escenario Albert Finney, resulta en la versión de Guy Green demasiado teatral. No hay nada del asombro y la alegría que despierta el redescubrimiento del Evangelio, tan poderosamente capturado en la última película que se ha hecho sobre Lutero.
EL JOVEN REFORMADOR 
La película más fácil de encontrar ahora en DVD , es la última versión que se ha hecho en el cine sobre la vida de Lutero (2003) . Muchos tienen así la oportunidad de ver esta producción de habla inglesa, en la que el reformador aparece ante el gran público con el atractivo de un joven asombrado por el poder liberador de la Palabra de Dios .
El protagonista de Shakespeare In Love , Joseph Fiennes, resalta su fragilidad con una humanidad lejos de la figura monstruosa que ha fabricado de él la leyenda negra . Por eso, quien piense que la Reforma no es más que cuestión de política y crea que Lutero no fue sino un mero instrumento de los príncipes alemanes contra los campesinos, no reconocerá al personaje que tiene delante en la pantalla. Ya que en esta historia hay más Evangelio que en toda La Pasión entera de Mel Gibson. Porque el tema de esta película es en realidad la gracia de Dios, que nos revela a un Padre amante y lleno de misericordia .
La película arranca con la ya mítica tormenta por la que Lutero decide hacerse monje en Erfurt en 1505, a pesar de la oposición de su padre. Es allí donde conoce al vicario general de los agustinos en Alemania, Staupitz, magistralmente interpretado por el actor suizo Bruno Ganz, que tantas grandes películas hizo en el nuevo cine alemán con directores como Wim Wenders.
Su habitual papel contenido adquiere aquí un singular dramatismo en este interesante personaje, que ha venido a ser prototipo del catolicismo-romano más filo-protestante, siempre tan cerca, pero a la vez tan lejos de la Reforma. Para él, como para tantos católicos hoy, el problema del protestantismo es que no ve lo positivo que todavía hay en la Iglesia de Roma, aunque le recomienda a Lutero leer la Biblia cada día, mandándole a Wittenberg para estudiar.
La famosa visita de Lutero a Roma ha sido rodada en Italia misma por Eric Hill –director británico, afincado en América, que ha hecho hace poco una película sobre Bonhoeffer–. Se detiene allí en el inmenso circo, en que se ha convertido la religión papista. Esta experiencia deja a Lutero escandalizado ante semejante espectáculo de manipulación, superstición e inmoralidad por parte del clero.
Es esa pompa y lujo vaticano la que lleva a León X a hacer una venta masiva de indulgencias, que es mostrada en la película con todo detalle y exactitud histórica. Pero esta denuncia de la corrupción, lejos de verse como algo anacrónico, muestra una actualidad singular por su enfrentamiento contra toda tiranía y opresión espiritual. En ese sentido las noventa y cinco tesis de Lutero contra el comercio vaticano, no sólo inician un proceso de Reforma de la Iglesia el 31 de octubre de 1517, sino que siguen siendo una denuncia contra todo tipo de corrupción religiosa.
LA PALABRA LIBERADORA

El mensaje de Lutero va más allá que una mera declaración del valor de la libertad de conciencia. Pocas veces en el cine se ha visto un tratamiento tal de la Biblia como algo emancipador para el hombre. Cuando tantos identifican hoy el cristianismo bíblico con fundamentalismos e integrismos religiosos, basados en un fanatismo peligroso, Lutero nos presenta la Palabra de Dios como una realidad liberadora .
Ya que entender que la autoridad del Papa no está por encima de las Escrituras, ni que los Evangelios pueden ser negados por las palabras de los hombres, lleva a una fe que ya no está basada en el consuelo, sino en la verdad misma. Es por eso que Lutero se niega a arrodillarse ante la autoridad de Roma, que representa el cardenal Cayetano, porque su conciencia está ahora “cautiva de la Palabra de Dios”.
Es interesante también el papel que tiene la política en la Reforma. El apoyo del príncipe Federico el Sabio –interpretado aquí por un Peter Ustinov a punto ya de fallecer, pero lleno de una sabiduría e inteligencia que ya quisieran tener muchos actores jóvenes– hace posible la traducción de la Biblia. Es esta obra la que realmente produce la Reforma, pero también el redescubrimiento de la experiencia de gracia de Lutero .
Aunque ese apoyo de los príncipes en Augsburgo, con el que se cierra la película, se convierte en “el abrazo del oso” con la guerra contra los campesinos. Es ahí donde vemos las consecuencias prácticas de la visión de Lutero sobre los dos reinos, que divorcia en cierto sentido la realidad espiritual de la temporal.
GRACIA ASOMBROSA
Lutero es presentado aquí también como alguien entrañable por su relación con el personaje de una niña minusválida llamada Greta, que aparece a lo largo de toda la película. Es como la afirmación de Jesús de que el Reino pertenece a los niños.
Esa compasión de Dios por una criatura indefensa es la que resalta una y otra vez, como cuando entierra al enfermo mental que se ha suicidado en “campo santo”. Es en ese sentido que esta es una historia sobre la gracia de Dios, aunque no se mencione nunca la palabra. Tampoco se habla por cierto de justificación, pero no hay mejor explicación que la que da Lutero en su emotivo sermón, cuando predica entusiasmado por el pasillo de la iglesia de Wittenberg. Ya que una de las virtudes de esta obra es precisamente su lenguaje, capaz de hacer entender las ideas centrales de la Reforma de una forma clara y sencilla, perfectamente comprensible para cualquier espectador .
Ese amor activo es el que destaca al final de la película en el relato evangélico conocido como del hijo pródigo, cuando le explica a los niños que el Padre corre en busca de su hijo. Es la asombrosa gracia de Dios, que se muestra en un hombre como Lutero, con todas sus debilidades, capaz de confesar a su esposa Catalina que hay días que se siente tan deprimido, que ni siquiera se puede levantar de la cama. Es por eso que muchos creemos que la Reforma fue una obra de Dios. Ya que esta no es la historia de un gran hombre, sino de un gran Dios, que ama profundamente a criaturas tan miserables y atormentadas como aquel monje.

miércoles, 29 de agosto de 2012

William Blake, profeta místico de la contracultura

Por. José de Segovia Barrón, España*

El diablo, para Blake, ya no es el “gran engañador” de la Biblia, sino el “verdadero hombre”.
Las visiones místicas de William Blake (1757-1827) han llegado al CaixaForum de Madrid. La exposición de la Tate Gallery de Londres nos muestra la turbadora obra de este poeta, artista y grabador. Rechazado en su época, fue recuperado por prerrafaelitas y simbolistas, hasta convertirse en el profeta de la contracultura de los años sesenta. Sin embargo, gran parte de su obra está basada en la Biblia. ¿Era Blake un cristiano heterodoxo?, ¿o un pensador esotérico?
Sus versos místicos –publicados ahora en una edición bilingüe de Alianza–, aparecieron ya con el título de Visiones en una obra de la Editorial Era de México en 1974. Su literatura es bastante hermética, pero tiene imágenes deslumbrantes. En sus libros proféticos (1788-1896), Blake crea un sistema cosmológico que nos transporta a un reino mítico, donde las fuerzas del bien y del mal chocan entre sí en un conflicto eterno, cercano al maniqueísmo o catarismo.
En el Libro de Urizen (1794) –magníficamente traducido por José Luis Palomares para una edición de Hiperión, acompañada por las ilustraciones originales y una erudita introducción–, Blake entiende que vivimos en un mundo dominado por el Dios de la ley, opresor, pero en última instancia impotente. Urizen encarna la figura divina de ese gobierno racional –al que se enfrenta Orc–, que protagoniza también el Libro de Ahania y el de Los –su equivalente femenino, que crea a la mujer, bajo la forma de Enitharmon, que simboliza la piedad–.
EL DIOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO
Blake separa, como Marción, el Dios del Antiguo Testamento del Dios de Jesús, que encontramos en los Evangelios. Es más, contrapone el nombre de Elohim –que presentaría la faceta más dura de la justicia de Dios–, con Jehová, –que correspondería a su cara misericordiosa–. La Naturaleza y la Ley son fruto para él de la Caída, que se produce cuando el hombre es obligado a salir del reino espiritual, recibiendo un cuerpo.
El Dios del Antiguo Testamento para él es falso, porque en términos gnósticos, el poeta ve la creación como errónea. La verdadera realidad es espiritual. Por lo que “si las puertas de la percepción se limpiarán, todo se le aparecería al hombre cómo es, infinito”. Esas puertas que inspiraron el libro de Aldous Huxley y el nombre de los Doors, reciben en los años sesenta una interpretación psicodélica, que originalmente no tenía nada que ver con la droga.
Blake vive una vida gris, muy diferente a la de otros poetas románticos, conocidos por sus excesos. Bautizado, casado y sepultado por la iglesia anglicana, el artista no es la figura amoral que algunos sugieren con algunas de sus frases. Si “el mal activo es mejor que el bien pasivo”, es porque adora la imaginación caótica como esencia de la vida, del gozo, y del Ser esencial. A ello enfrenta Urizen como un ser duro, viejo y barbado, el Señor del Libro, que como el super-ego de Freud, nos restringe y limita constantemente.
PROFETA DE LA CONTRACULTURA
En los años sesenta, el pensamiento de Blake se empieza a relacionar con el de otro poeta simbolista, Arthur Rimbaud (1854-1891), que sigue impresionando a muchos todavía hoy. Ambos parecen sugerir que la forma de vencer el lado oscuro de nuestra vida – que la Biblia llama pecado – , es entregándose a él, para disfrutándolo, robarle su poder negativo . Este autor francés decía que para “cultivar el alma” era necesario trastornar los sentidos. Por eso “intenta descubrir todas las formas de amor, de sufrimiento, de locura”, escribía Rimbaud: “Apura todo veneno, para poder quedarte con su quintaesencia”.
Influidos por estas ideas, artistas como Bob Dylan, cantan sobre un “paraíso”, donde la moralidad y la realidad son de tu propia elección. Ya que, para ellos, tras Las Puertas del Edén (1965) no hay moralidad (“no hay pecados”), ni realidad (“no importa lo que sea verdad, o lo que no”), ni juicio (“no hay procesos”).
El diablo, para Blake, ya no es el “gran engañador” de la Biblia, sino el “verdadero hombre”, libre ya de toda tradición o código moral. Es el sueño romántico al que profesan su simpatía los Rolling Stones en 1968. Los Proverbios del Infierno de Blake son como una revelación para Jim Morrison de los Doors , en los que encuentra una nueva religión, donde “el camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría”. Su indulgencia con el mal se convierte en un ritual de purificación espiritual, por “el que desea algo, y no lo hace, apesta”.
RELIGIÓN VISIONARIA
La mística de Blake es una religión visionaria, que sigue atrayendo a músicos como Van Morrison, que vive obsesionado por este tipo de experiencias. Álbumes como Hermosa visión, el habla inarticulada del corazón, Sin gurú, método, ni maestro , o canciones como Un nuevo tipo de hombre , están dedicadas por eso a William Blake, al que relacionan muchos ahora también con el pensamiento esotérico, al que desemboca la teosofía con Alice Bailey y Krishnamurti.
Lo absurdo de algunas de estas creencias, lo vemos en una de las obras de la exposición. Su amigo, el artista y astrólogo John Varley, cuenta cómo el poeta tuvo una visión espiritual del fantasma de una pulga, cuyo espíritu le dijo que todas las pulgas estaban ocupadas por almas de hombres que “por naturaleza son excesivamente sedientos de sangre”. Ideas como ésta no están basadas en la Biblia, sino que son una mezcla de ocultismo con filosofías orientales al estilo de Nueva Era .
Es en definitiva el problema de una religión desligada del Libro, donde la Escritura es sustituida por nuestras propias experiencias. Se pierde entonces el rumbo y la guía, en un mundo espiritual en el que no debemos introducirnos si no es bajo la dirección segura de la Palabra de Dios. No es sorprendente por eso que su última obra, El Evangelio Eterno, sea una reinterpretación de la figura de Cristo. Según ella, Jesús odia a sus enemigos, porque, dice Blake, esa es la única manera de amarlos.
FE Y MISTICISMO
Es interesante que cuando el apóstol Juan habla en su primera carta de cómo podemos saber si somos cristianos, no recurre al testimonio de una experiencia mística de Dios, sino que pone en evidencia las consecuencias que ha de producir la fe en la vida de una persona.
"En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu” (1 Jn. 4:13). Y ¿cuáles son los efectos de la obra del Espíritu de Dios? No son visionarios, sino confesionales (“todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios”, v.15) y morales (“el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él”, v. 16).
Pero ¿cómo se muestra ese amor? “Este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y nos amemos unos a otros, como nos lo ha mandado. Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado” (1 Jn . 3:23-24).
Esto no es una experiencia extática o emocional. No podemos juzgar nuestro estado espiritual por meros sentimientos. Estos pueden ser fácilmente falsificados, puesto que su intensidad depende siempre de nuestra personalidad y carácter. La prueba es por eso finalmente doctrinal (4:2-3). Y eso es una buena noticia, ya que no hace falta ser místico para ser cristiano.

Autores: José de Segovia Barrón

©Protestante Digital 2012

jueves, 9 de agosto de 2012

Los Inklings: C.S. Lewis, Tolkien, y Charles WilliamsCharles Williams, teología romántica

Poeta, novelista y pensador cristiano, fue una de las causas de la separación entre Lewis y Tolkien.
Por. José de Segovia Barrón, España*
Charles Williams no es un autor muy conocido para el público de habla hispana –por lo menos, en comparación con sus compañeros del grupo literario Los Inklings, C. S. Lewis y J. R. R. Tolkien–. Poeta, novelista y pensador cristiano, fue una de las causas de la separación entre Lewis y Tolkien. El escritor de El Señor de los anillos veía con recelo la fascinación que produjo en el autor de Crónicas de Narnia su anglicanismo e interés por lo oculto. Ediciones Alamut ha publicado recientemente en Madrid una nueva traducción de la novela de Williams, Todos los Santos, con la introducción de T. S. Eliot.
Murió repentinamente, el año 1945, en Oxford, donde trabajaba en la editorial de la Universidad, aunque no había estudiado en ella. Empezó en Londres, pero no pudo acabar la carrera, a causa de los problemas económicos que tuvo su padre. Por lo que se puso a trabajar en una librería metodista. En uno de sus gestos quijotescos, Lewis se empeñó en que la Universidad de Oxford le diera una licenciatura honorífica –cosa que con mucho esfuerzo logró, en 1943–, aunque era básicamente autodidacta.
Será en Oxford, donde formó con Lewis y Tolkien uno de los círculos literarios más influyentes del siglo XX: los Inklings. La mayor parte de aquellos escritores eran cristianos, pero no todos. Reivindicaron la ficción y la fantasía, el espíritu y la imaginación, en la era de la máquina y la materia que Europa vivía por el mito del progreso, tras los felices años veinte.
Williams no sólo influyó en Lewis –la figura divina de Aslan en Crónicas de Narnia, viene de El lugar del león ( The Place of the Lion, 1933), que como Esa horrible fortaleza, está también basada en su obra–, sino en muchos escritores y músicos de finales del siglo XX, como el canadiense Bruce Cockburn –cuyo disco de 1979, Dancing in the Dragon´s Jaws ( Bailando en las fauces del dragón ),está inspirado en la obra de Williams–, o Mike Scott de los Waterboys –que ha leído sus libros, aunque los encuentre “un poco secos”.
EL ESPÍRITU EN LA ERA DE LA MÁQUINA
Todas sus novelas muestran una fuerza sobrenatural que irrumpe en la realidad contemporánea, provocando diferentes reacciones, que dan lugar a la “salvación” o “condenación” de sus personajes. Algunos admiten su debilidad y buscan ayuda o restauración, mientras otros tratan de aprovecharse de ese poder sobrenatural para su propio beneficio, lo que les conduce al fracaso. Los símiles bíblicos son inevitables.
Williams era un anglicano ortodoxo, aunque no particularmente evangélico. En su obra no aparece el lenguaje teológico convencional de expresiones como “Dios”, “cielo” o “salvación”. Las historias están narradas por personajes que él define como “respetables” y que en modo alguno son creyentes en algo sobrenatural. A pesar de ello, es considerado como un místico. Debido a su interés por el ocultismo, algunos creen que es esotérico, aunque él dice que su fe es la del Credo de Nicea. Los cristianos aficionados a Lewis tienden, por otra parte, a pasar por alto su evidente relación con los rosacruces y la Orden Hermética del Alba Dorada.
Es difícil hacer un análisis teológico de su obra, porque no usa la terminología tradicional. Williams habla de La Misericordia –en vez de Dios–, la Ley de la Ciudad –pensando en la Ciudad de Dios de Agustín–, o El Camino de la Sustitución y el Intercambio –refiriéndose a la cruz–. Sus expresiones son tan inusuales, que Tolkien solía decir que no sabía de qué hablaba. A Lewis, sin embargo, le encantaba. Le parecía imaginativo y genial. Hablaba mucho del amor romántico y la coinherencia de los seres humanos, como expresión del amor divino.
A diferencia de Lewis en aquella época, Williams no era soltero. Se había casado con su primera novia en 1917, Florence Conway. Aunque parece que estaba enamorado de una bibliotecaria, que trabajaba con él en la editorial de la Universidad de Oxford desde 1924, Phyllis Jones. Su lucha por reconciliar su fidelidad a los votos matrimoniales con el sentimiento romántico, está sin duda detrás de su “teología romántica”, que identifica el amor con Jesucristo y el matrimonio con su vida.
EL AMOR AL OTRO
La difícil prosa de Williams nos muestra un carácter de Dios que pone el énfasis en su naturaleza eterna e infinita, incomprensible para nuestra mente humana. Es un Dios grandioso y, por lo tanto, en último término desconocido. Es curioso que sea éste uno de los rasgos de Dios más ignorados en la actualidad, en que los mismos cristianos gustan de hacer una divinidad a su medida, perfectamente manejable.
“La famosa frase Dios es amor –dice Williams–, se asume generalmente que quiere decir que Dios es algo así como nuestra gratificación emocional inmediata, no que el amor tiene que ver con el Otro y con la santidad de Dios”. Mientras Aslan es para Lewis un león manso, la figura de Dios para Williams, no tiene rostro alguno y lleva el nombre de La Misericordia o La Protección. Es como la percepción que de Dios puede tener un no creyente, como fuerza impersonal, de la que sólo intuye ciertas características.
Así en Guerra en el Cielo ( War in Heaven, 1930), el cáliz de una pequeña iglesia de pueblo es identificado como el mítico Santo Grial, y robado por una especie de satanistas. Hay tres hombres que tratan de conseguirlo: un cristiano (archidiácono), un joven duque (católico decepcionado) y un editor claramente agnóstico. Cada uno de ellos reacciona de forma diferente ante la percepción de una presencia sobrenatural. Williams no llega a describir conversiones, en el sentido cristiano del término, pero sí una conciencia del temor de Dios para algunos personajes, que en un momento dado, cambiará su vida.
EL AMOR GANA
Williams quería mostrar que el poder de Dios era más grande que el de cualquier fuerza maligna. En tres de sus novelas, un objeto mágico es el centro de la trama: un talismán oriental en Muchas dimensiones ( Many dimensions, 1931) que da extraordinarios poderes sobre el espacio y el tiempo –hasta que interviene el Juez supremo, para traer justicia– ; una baraja del Tarot en Los mayores triunfos ( The Greater Trumps , 1932), –que desaparece en una tormenta de carácter sobrenatural provocada por un Bufón como un tipo de Cristo, que al final trae paz y orden–; y en Guerra en el Cielo , el Santo Grial –donde describe hasta una misa negra, pero no para despertar interés por ella, sino para contrastarla con la Santa Cena, al usar al final el cáliz desaparecido para una celebración cristiana–.
Los personajes de las novelas de Williams se comunican temor unos a otros. Es por eso que, para él, el bien supone también calma y fortaleza. Y esto no se puede alcanzar sin una transformación sobrenatural. “El perfecto amor echa fuera el temor”, dice la Primera carta de Juan (4:18). Así en Los mayores triunfos , una mujer, llena del amor sobrenatural de Dios, encuentra su fortaleza en su mayor debilidad. Como Pablo descubre: “cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10).
La lucha entre la luz y las tinieblas, que atormenta el corazón de sus personajes, acaba finalmente en el triunfo de la luz. Si el vagabundo solitario de Descenso a los Infiernos descubre la luz, es por un acto de la voluntad soberana de Dios, que se muestra al hombre por su única gracia. “En esto consiste el amor –dice el apóstol Juan–: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10).
La teología romántica de Williams no es que él fuera romántico en su teología, sino que consideraba el romance como algo teológico. Veía las implicaciones espirituales del amor romántico. La teología romántica es, para él, cristología. El amor y Cristo son una misma cosa, porque la redención no tiene otro propósito que la unión con Cristo. Y la Biblia no tiene otra forma de expresarla, que la manera íntima en que dos personas llegan a unirse en un destello del verdadero amor, por el que Cristo se entrega por nosotros ( Efesios 5:25). Puesto que “en esto hemos conocido el amor, en que Él puso su vida por nosotros” (1 Juan. 3:16).

*Autores: José de Segovia Barrón

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miércoles, 25 de enero de 2012

La duda y el secreto de El topo

Por. José de Segovia Barrón, España*
¿Cómo hablar de la verdad a una generación a la que ya no le interesa la solución a los enigmas, sino en quién poder confiar?
La mejor película británica del año –según algunos críticos– está hecha por un sueco, Tomas Alfredson. El director de Déjame entrar ha sorprendido a los ingleses con una fiel adaptación de la novela de espías de John Le Carré, El topo. Convertida en una serie de televisión a finales de los setenta –protagonizada por Alec Guiness–, el film recupera prodigiosamente el ambiente de aquella época. Lo que a Le Carré le interesa sin embargo de la Guerra Fría, no es el conflicto ideológico, sino la duda que produce la desconfianza, que nos muestra al ser humano como alguien solo y vulnerable.
Un topo es un agente doble, que actúa infiltrado en este caso en el servicio secreto británico –donde trabajó Le Carré–, a favor de los rusos. La novela fue publicada en inglés con el título de un juego infantil – Tinker, tailor, soldier, spy – en 1974, una década después de que se descubriera que Kim Philby y otros altos oficiales del M16 estaban dando información a los soviéticos. Es evidente que el escritor, que era ya conocido por su tercera novela – El espía que surgió del frío (1963), adaptada al cine dos años después, bastante correctamente por Martin Ritt y Richard Burton–, pensaba en su antiguo colega, Philby, como el topo.
La película cuenta con la colaboración del octogenario novelista, que proporcionó detalles sobre muchos aspectos del funcionamiento del M15 y M16. El estilo frío pero melancólico del cineasta sueco se adapta como un guante a este thriller cerebral, donde cada gesto está estudiado. La matizada interpretación que hace Oldman de Smiley –el antihéroe que protagoniza muchos de los libros de Le Carré–, recuerda a Guiness, no sólo en las gafas y corte de pelo, sino en su soledad, introversión y elegancia. El personaje transmite una extraña sensación de abatimiento controlado, con la mirada taciturna e inquietante, que acompaña su dicción pausada.
LOS DISFRACES DE LA TRAICIÓN
Envejecido John Hurt –jefe de la cúpula del M16, conocido por el nombre de Control– advierte que “no se fíe de nadie”, a un joven agente de confianza, que envía en una misión a Hungría –Checoslovaquia en la novela, que leí de adolescente–, para descubrir al topo . Algo falla inesperadamente y Control es expulsado de la cúpula, junto a su lugarteniente Smiley, que es llamado de nuevo para desenmascarar al agente doble.
El número de sospechosos se reduce a cinco: el ambicioso personaje interpretado por Toby Jones (“el calderero” del título original), el elegante galán Colin Firth (“el sastre”), el implacable Ciaran Hinds (“el soldado”), el solícito David Dencik (“el pobre”), y para su sorpresa, Control incluía también en su investigación al propio Smiley (“el espía”), que tiene como ayudante a Benedict Cumberbatch (el peculiar actor que interpreta ahora la sorprendente serie que ha hecho la BBC de Sherlock Holmes).
La sutil música del español Alberto Iglesias acompaña la intrigante trama de conspiración y traición, que desarrollan unos lacónicos diálogos, conformando un ambiente de sospecha y ansiedad realmente enervante. Todo en torno a Smiley resulta falso: la información que supuestamente Jones ha descubierto, la pretendida lealtad al país de uno de ellos, y la fidelidad de una esposa, que le engaña continuamente. No hay nada genuino. Esto provoca la aflicción que demuestra su lúgubre rostro.
EL PESO DEL DESENCANTO
En el libro de conversaciones con John Le Carré de la Universidad de Mississippi, el escritor dice que “Smiley es alguien entregado a la duda, en ese sentido, una figura totalmente contemporánea”. Esa es la explicación por la que una película así, sobre el final de la Guerra Fría en 1973, fascina a tantos, todavía hoy. Su intriga complicada y turbia nos presenta un héroe realmente postmoderno. A Smiley no le interesan las ideologías. Le preocupa más la confianza que la verdad.
Esta excelente película, densa, compleja y sutil, revela la autenticidad encubierta tras la impostura de los disfraces de la traición . Es un film básicamente atmosférico, donde más que resolver misterios y desvelar identidades ocultas, lo que importa es sentir el peso del desencanto. Ya que el cansancio de Smiley nace de un hastío vital.
En una sociedad donde disponer de más información no equivale a conocer mejor a las personas, todo se rige por el principio de la incertidumbre. ¿Cómo hablar de la verdad a una generación a la que ya no le interesa la solución a los enigmas, sino en quién podemos confiar? El cristianismo presume de conocer la verdad absoluta, pero carece de la confianza que haga que muchos estén dispuestos a escucharla.
¿VERDAD O CONFIANZA?
Verdad que debemos presentar al mundo no es quiénes somos los cristianos, sino quién es Aquel, cuya verdad nos hace libres ( Juan 8:32 ). La imagen que muchos tienen del cristianismo hoy es terriblemente narcisista, tan ocupado en lo que hace, en sus logros espirituales y morales, totalmente absorto en sí mismo . La mirada que nos libera, sin embargo, es la que nos aparta de nosotros mismos, para ver al “Autor y consumador de la fe” ( Hebreos 12:2 ). Es Él quien merece toda nuestra confianza.
La principal diferencia entre el efecto práctico que produce la traición que la Biblia llama pecado, y la buena noticia del Evangelio, es que uno nos hace mirar hacia dentro, y otro hacía fuera. Cuando pensamos en nosotros mismos, nuestros errores y logros, buenas o malas obras, fuerza o debilidad, lealtad o traición, nuestra confianza flaquea, como la de Smiley. La fe viene cuando “ponemos nuestros ojos en Cristo”.
La introspección que nos hace centrarnos en nosotros mismos no es el autoexamen que fomenta la Biblia. La Ley nos hace ver la realidad de lo que somos, pero el Evangelio nos hace confiar en Cristo . No es en nosotros que encontramos valor, fuerzas y capacidad. Es en Jesús, que encontramos seguridad.
LA GRACIA DE OLVIDARSE DE UNO MISMO
Pablo se veía al final de su vida como “el menor de los santos” ( Efesios 3:8 ) y “el mayor de los pecadores” ( 1 Timoteo 1:15 ). Su crecimiento espiritual consistía en una mayor dependencia de Cristo y su misericordia . Porque el objetivo de la vida cristiana no es que podamos llegar al momento en que necesitemos menos a Cristo, porque seamos ya mejores. Es poder decir como aquel viejo pastor en su lecho de muerte: “estoy seguro que voy al cielo, porque ya no recuerdo ninguna buena obra que haya hecho”. Conocer la gracia de Dios es olvidarse de uno mismo.
El énfasis en la Biblia no es en la obra de los redimidos, sino en la obra del Redentor. Ese el mensaje que tenemos que anunciar al mundo: no lo que hacemos los cristianos, sino lo que Cristo hace. Esa es la esperanza que nuestra sociedad necesita, la verdad que merece toda confianza.
Los cristianos también necesitamos esa seguridad, para enfrentarnos a nuestras dudas secretas: la confianza que no viene de nuestra fidelidad, sino de la fe en Cristo Jesús. El creyente es el que ya no se mira a sí mismo, piensa en lo que era antes y lo que es ahora, como resultado de sus esfuerzos, sino que ve a Jesús y su obra, descansando sólo en ella. Esa es la verdad que nos libera: Aquel en quien podemos confiar, y olvidarnos de nosotros mismos.

Autores: José de Segovia Barrón.

Periodista, teólogo y pastor en Madrid. Es actualmente pastor de la Iglesia Evangélica del barrio de San Pascual de Madrid y presidente de la Comisión de Teología de la Alianza Evangélica Española .Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense , estudió teología en la Universidad de Kampen (Holanda) y la Escuela de Estudios Bíblicos de Welwyn (Inglaterra). También, es profesor del Instituto Bíblico y Seminario Teológico de España (IBSTE) en Castelldefels y el Centro Evangélico de Estudios Bíblicos (CEEB) de Barcelona. Y escribe una columna semanal los martes para Protestante Digital y ha escrito libros sobre arte y fe ( Entrelíneas, Consejo Evangélico de Madrid , 2003), Ocultismo (Andamio , 2004), Historias extrañas sobre Jesús y El príncipe Caspian y la fe de C. S. Lewis (Andamio , 2008), Huellas del cristianismo en el cine (Consejo Evangélico de Madrid , 2010) y El asombro del perdón (Andamio , 2010).

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