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domingo, 27 de diciembre de 2015

Spielberg y el trato a los enemigos



Por. José de Segovia, España
No sé si la nueva película de Spielberg trata sobre Guantánamo, pero nos revela que la humanidad se muestra en la forma en que tratamos a nuestros enemigos. Como Jesús dice, no hay nada especial en ser favorable a los tuyos, hablar bien de los que piensan como tú y ser generoso con tus amigos. Naturalmente, amamos a los que nos aman, pero el amor que Dios nos presenta en Cristo Jesús, alcanza al enemigo, camina la milla extra, pone la otra mejilla y busca la paz, dando la vida por el otro (Mateo 5:38-48). En ese sentido, “El puente de los espías” es un gran relato de Navidad.  
Pocas películas hay en la cartelera, tan a contra corriente, como esta. Parece de otra época. Tiene el ritmo y el aire de cuando el cine era otra cosa, no un espectáculo vacuo de entretenimiento para adolescentes, sino un retrato complejo de personajes adultos. La maestría que Tom Hanks demuestra en la interpretación de este abogado de Brooklyn, James Donovan, inmerso en las entrañas de la Guerra Fría, nos demuestra que un actor es algo más que alguien que hace de sí mismo. Se trata de construir una personalidad –en este caso, histórica–, sin los reduccionismos del que recurre a la caricatura de una figura de cartón piedra.
El respetado crítico de New Yorker, Richard Brody, observa en el personaje algo de Spielberg mismo. Muchos le han acusado de acabar con el nuevo Hollywood que aparece a finales de los sesenta, cuando los grandes estudios llegaron a hacer películas tan oscuras como “Easy Rider”, “El Padrino”, “Chinatown” o “Taxi Driver”. Lo cierto es que “Tiburón” sigue siendo una de las obras más estudiadas de la Historia del cine. Spielberg supo jugar con las reglas del sistema, mostrando una táctica y habilidad, no exenta de empatía y bonhomía, que ha ganado el aprecio de directores como Martin Scorsese o Paul Thomas Anderson.  
El verdadero Rudolf Abel es prodigiosamente interpretado por el actor de teatro británico Mark Rylance
La escena que abre el filme, ha sido enormemente elogiada por la crítica, por su ingeniosa expresividad. Un encuadre panorámico, muestra en el centro de la composición a un pintor que acaba su autorretrato de espaldas al espectador. A la izquierda, distinguimos su rostro en el espejo, donde estudia sus facciones y nos devuelve la mirada. Vemos al hombre reflejado dos veces, en el cristal y en la pintura. Se trata del impresionante actor de teatro británico, Mark Rylance, haciendo de un supuesto espía ruso, que intenta escapar a continuación, en una prodigiosa secuencia de persecución en el metro de Nueva York, que recuerda tantas maravillosas películas de los setenta, como “French Connection”.
DESDOBLAMIENTO
El desdoblamiento del personaje de Rudolf Abel, acusado de espionaje por la CIA –algo que él, nunca reconoció–, nos introduce en la doble vida que hace fascinantes, estos relatos. Como tantos otros, Spielberg admira “El espía que surgió del frío” (1965), la desoladora obra de Martin Ritt sobre la novela de John LeCarré, interpretada por un complejo Richard Burton. Para él, no es sólo la mejor adaptación de un libro de Le Carré, considerado por Graham Greene como la mejor novela de espías, sino que para Spielberg, es su película favorita de espías de todos los tiempos.
En la película, Tom Hanks hace de un abogado que tiene que defender a un hombre, acusado espionaje
Mi pasión por los relatos de espías nace en la adolescencia, cuando la distancia entre lo que uno aparenta, y el mundo interno que ocultas, se agiganta a pasos descomunales. Como ha dicho Javier Marías, el espía encarna la dualidad del ser humano. Si nos interesan, es porque no son lo que parecen. Detrás de la aburrida vida gris de un abogado de seguros como Donovan, hay un mundo oscuro y complejo, donde nada es lo que aparenta. Las historias de espías nos preguntan quiénes somos, cuál es la verdad, qué es la lealtad y si hay alguien realmente inocente.
Donovan no es ningún ángel. Tom Hanks nos lo presenta intentando dividir la indemnización del seguro de un conductor accidentado entre los cinco que han sufrido daños, que deberían recibir cada uno, la misma cantidad. Es en esos términos que busca preservar la vida de su defendido, como posible canje por algún prisionero americano, al otro lado del Telón de Acero. Es alguien que fuerza las reglas, para conseguir el beneficio que busca. Y no es el devoto padre de familia que al principio imaginamos. La chica que interpreta la hija del cantante de U2 (Eve Hewson), cuando tirotean la casa, su padre se acerca para consolarla, pero ella pasa de largo, corriendo a los brazos de su madre (Amy Ryan), una esposa al estilo de las que hacía Donna Reed en el Hollywood clásico.
¿QUÉ HACEMOS CON NUESTROS ENEMIGOS?
El protagonista de “El puente de los espías” no sólo cree en el poder de la palabra, sino que también busca reconocerse en el otro, el enemigo declarado. El cristianismo de Jesús tampoco confía en la violencia, sino en el poder del Espíritu que obra con la Palabra, el cambio que te permite amar al enemigo. Al descubrirnos tal y cómo somos, pecadores como los demás, no mejores que otros, nos podemos identificar con aquel que en principio, sólo produce nuestro rechazo. Nos compadecemos de él y podemos amarle, por la obra sobrenatural del Espíritu de Dios.
El puente de los espías es en cierto sentido, un relato de Navidad
Eso es lo que hizo Dios con nosotros, al venir a este mundo. Al hacerse hombre, “sufrió nuestra contradicción de pecadores contra sí mismo” (Hebreos 12:3). Por lo que nada humano, le es ahora ajeno. Conoce todas nuestras debilidades, aunque no tuviera falta. Puede identificarse con nosotros y saber lo que pensamos o sentimos. Esa es la maravilla de la Encarnación, algo que ninguna religión conoce, que hace diferente al cristianismo del pensamiento judío o griego. Si nuestra fe no nos hace identificarnos con otros, ni sentir compasión por ellos, tenemos que dudar si nos estamos comportando como discípulos de nuestro Maestro.
¿Por qué los cristianos muestran tanto rechazo y agresividad? Basta navegar las redes sociales, para ver el lenguaje ofensivo con que arremeten contra todo aquel que se desvía del camino correcto. Los defensores de la “sana doctrina” se comportan a menudo, como fanáticos, llenos de odio e intolerancia, para el que no piense como ellos. Cuando alguien tiene un estilo de vida, que no corresponde a la fe cristiana, se complacen en anunciarle el juicio divino y la condenación eterna. No tienen ningún reparo en contradecir la profesión de fe de cualquier persona, por su simple apariencia, o impresión personal. Y si encima se declara ateo, o satisfecho de su conducta no cristiana, no recibirá más que palabras llenas de rencor y enemistad… ¿dónde está el amor por nuestros enemigos?
AMOR INMERECIDO
Si defendemos lo que es justo, tendremos enemigos. Podemos justificar nuestra hostilidad, pero Jesús nos dice: ¡ámalos, de todas formas! Quien te rechaza, espera que te pongas en contra de él. Jesús dice: “¡sorpréndele!, ¡hazle bien!” (Lucas 6:35). Nuestro amor tiene que ser algo más que bonitas palabras. Se ha de mostrar en la práctica. Cuando dices que amas al homosexual, aunque rechazas su pecado, si tu actitud no es más que de juicio y condenación, no sé dónde está ese amor del que hablas.
El mundo está dividido por muros que Dios derriba, pero el hombre levanta de nuevo
Si nuestras convicciones políticas son tan excluyentes, que no puedes dejar de denigrar al contrario, tu ideología es de odio y no de amor al prójimo. Cuando tenemos buenas relaciones con las autoridades, porque buscamos algo a cambio, no estamos prestando nada, sino esperando una contrapartida. El amor tiene un coste. Y ese no es esperar nuestra recompensa en este mundo. 
Los enemigos tienen poder para quitar, pero no para devolver lo quitado. Jesús, sí. Nuestro futuro está en sus manos, no en las de ellos. En su amor inmerecido, nos promete el galardón que el mundo no puede darnos. Es paciente y misericordioso para con nosotros. Vemos una y otra vez, su bondad, en que siendo malos e ingratos, se ha entregado por nosotros hasta el final, dándonos a su propio Hijo, hasta morir en la cruz. Así hemos de amar a nuestros enemigos.

Fuente: Protestantedigital, 2015

domingo, 30 de marzo de 2014

Historias Escondidas: Poniendo rostro humano a la inmigración

 
Ellos son Arona, Ismail, Mihaela, Manolo, Anne y Babu. Seis procedencias, seis historias personales que permanecían escondidas en la antigua ciudad de Burgos y que han salido a la luz en un trabajo documental creado con la intención de romper tópicos y mostrar que el concepto de integración, tan degradado hoy en día, es posible y deseable.
Al frente de Historias Escondidas, un proyecto cinematográfico y documental, está Aitor de la Cámara, como guionista y director creativo.“Simón Menéndez, de la Asociación Hechos y yo, ideamos esta campaña”, cuenta Aitor. Fue a propuesta de la Coordinadora de Entidades Pro Inmigrantes de Burgos (compuesta por Cáritas, Burgos Acoge, Cruz Roja, Accem, Asociación Hechos, San Vicente de Paul y Proyecto Atalaya), la cual quería lanzar una campaña de sensibilización intercultural con motivo del Día Internacional del Migrante.
“Queríamos que 6 personas de diferentes países (La India, Mauritania, Costa de Marfil, Senegal, España y Rumania) contaran su experiencia en primera persona con el objetivo de facilitar el desarrollo, tanto individual como colectivo, de valores positivos para la convivencia, y abordar la diversidad como factor de enriquecimiento social”, añade Aitor.
CONTRA LOS TÓPICOS
El escenario común es Burgos, donde conviven cien nacionalidades. Una ciudad que se dice que “es fría en todos los sentidos” pero lo cierto es que “hay muchas personas inmigrantes que están muy a gusto en Burgos, y viendo los seis documentales puedes darte cuenta de que es verdad, así que se puede decir que la ciudad de Burgos es una ciudad que acoge al que viene de fuera y que tiene un gran número de personas inmigrantes que se han integrado en la vida y en las costumbres de la ciudad”, explica Aitor de la Cámara, que se mostraba además “agradecido” a todos los protagonistas por disponerse a abrir su casa y contar una historia que puede cambiar la concepción estereotipada del inmigrante.
Porque esa es la intención de estos documentales: transmitir una perspectiva positiva de aquellos que han llegado -o están llegando- a este país desde el extranjero. “Cuando solo oyes malas noticias acerca de los problemas que causa la inmigración, y lo único que escuchas son cifras y estadísticas, es fácil olvidarte de que detrás de todo eso hay personas con nombre propio, con una historia, y una razón por la cual han salido de su país”, expresa Aitor de la Cámara.
Se estima que unos 232 millones de personas buscan en países distintos nuevas oportunidades para mejorar su vida. Esto son sólo seis casos, seis historias que “intentan acercar al espectador a estas realidades para ayudarles a empatizar con la realidad de la emigración y la inmigración”.
Entre las historias se incluye la de Manolo. “Un hombre que salió de Burgos en los años 50 para tener una vida mejor en Argentina, y a pesar de que las cosas le empezaron a ir bien, de la noche a la mañana una estafa lo dejó en la ruina y tuvo que regresar a España. Esta historia nos recuerda que en otras épocas España ha sido un país del que han emigrado muchos para buscar un futuro mejor”, enfatiza Aitor.
Detrás de este proyecto se encuentran cristianos evangélicos que entienden que la defensa del inmigrante es parte de la misión que enconmendó Jesús a sus seguidores. “Jesús nos habló muy claramente en cuanto a cómo debemos tratar a la persona inmigrante en Mateo 25:35, 'Porque estuve hambriento, y vosotros me disteis de comer; estuve sediento, y me disteis de beber; llegué como un extraño, y me recibisteis en vuestra casa'... Prácticamente desde que Adán y Eva salen del paraíso, el pueblo de Dios ha estado saliendo de su lugar de origen” dice el director de los documentales.
“Incluso en la actualidad – dice Aitor de la Cámara - como cristianos, sabemos que nuestro destino final es otra ciudad; que aquí estamos de paso. Por este motivo debemos mostrar compasión y ayuda al que viene de fuera”.
El formato escogido, de grabar seis micro-documentales, busca un impacto inmediato y un acceso y distribución muy rápida gracias a las redes sociales. Es por eso que el proyecto Historias Escondidas se encuentra en la  web , en  YouTube ,  Twitter  o  Facebook,  donde va acumulando seguidores a medida que se va compartiendo de perfil en perfil.
Entre los materiales preparados, está también la edición en DVD, y próximamente se va a desarrollar un material didáctico para poder acompañar estos cortos, dice Aitor, “por si colegios o diferentes entidades quieren trabajar el tema de la inmigración”. 


Nombre: Babu. Procedencia: Adakkathode, India. En España desde 1997.

Nombre: Anne Laure. Procedencia: Man, Costa de Marfil. En España desde 2006.
“Un hombre mayor me para y me pregunta: ¿cuánto cobras? Refiriéndose al sexo. Te quedas sin saber por qué estás aquí... Porque vino una africana y se dedicaba a ser prostituta, nos meten a todas en la misma bolsa”.
Nombre: Manolo. Procedencia: Burgos, emigró a España en 1958. En España desde 1978.
“Sales para luchar, trabajar, y llegas con las manos vacías. No estaba conforme con lo que tenía, vivía con miseria”.
Nombre: Mihaela. Procedencia: Galati, Rumanía. En España desde junio de 2005.
 “Te miran un montón. Cuando entras en una tienda, van detrás tuyo por si fueras a robar... Me inculcaron desde pequeña que tenía que esforzarme y estudiar para salir adelante”.
Nombre: Ismail. Procedencia: Gorilakhe, Mauritania. En España desde 2009.
 “Me metí en una patera para buscar algún futuro. Te imaginas que tendrás una vida mejor, pero obviamente, las cosas son mucho más difíciles”.
Nombre: Arona. Procedencia: Dakar, Senegal. En España desde 1992.
 “Tenía ganas de conocer mundo. Vine con un grupo de percusión. Tenía un visado de siete días, y después de eso, era como dicen aquí, un ilegal”.
 Más información en  Historias Escondidas.

Autores: Daniel Hofkamp

Editado por: Protestante Digital 2014

martes, 4 de marzo de 2014

Los Oscar 2014: Espacio, amor y familia en soledad

Por. Daniel Hofkamp, España* 

El personaje que interpreta Sandra Bullock en  Gravity  admite, entre lágrimas, su sufrimiento ante la pérdida de un hijo. Pero lo confiesa a sí misma, en un diálogo imaginario en la soledad del espacio que le rodea.
Bajando a la tierra, el tímido ultramoderno que interpreta Joaquin Phoenix en  Her  nos sitúa en un futuro -que no parece tan lejano- desviviéndose en una relación con un Sistema Operativo. El romance, experimentado desde la perfecta estimulación emocional que le provoca ese “ser-máquina” parece un buen reflejo de la disfuncionalidad humana para concretar una relación íntima con un semejante.
 Camina solo por las calles de  Nebraska  –la gran olvidada de los premios- un anciano, entre la desorientación de la edad y la de una vida que no cumplió sus expectativas. En una escena para el recuerdo, todos los hombres de la familia se sientan juntos a ver el partido de fútbol. Nadie habla, ninguno cruza su mirada con sus más allegados. Tan juntos, “unidos”, e infinitamente solos.
SOLOS Y DESORIENTADOS
La soledad ante las crisis personales, en las relaciones íntimas y en la vida familiar aparecen, y no por casualidad, en el imaginario cinematográfico de lo mejor que nos deja este año. La tecnología permite comunicarnos como nunca y sin embargo estamos más limitados para las relaciones, por lo que acabamos recluyéndonos en la soledad que apuntaba no hace tanto tiempo  La red social .
“Hay desorientación”, dice José de Segovia en  un artículo, 'Fuera de sitio',  que resumía las películas del 2013 encontrando ese curioso patrón en muchas de las mejores producciones del cine nacional e internacional.

Abunda en ello  el crítico Luis Martínez en un artículo en El Mundo que titula 'Plano secuencia en soledad absoluta':  “De un extremo a otro, del romanticismo al cine moderno, la soledad, la incomunicación, se ha convertido en el mismo argumento que recorre desde las comedias trágicas de Beckett a los relatos deshabitados y desorbitados de Stanislaw Lem. Y, de repente, todo vuelve sobre el escenario del cine reciente”.
GRAVITY: ¿SOLOS EN EL UNIVERSO?
 “ Gravity  es un verdadero ejercicio de cine accesible a todo el mundo, con puro espectáculo y buenos personajes dentro de buenas historias, además con un equipo más reducido de lo habitual en el cine comercial”, expresa el guionista Daniel Jándula, que apostaba por el triunfo de la película en la gala del 2014. Sólo  12 años de esclavitud  ha cuestionado su triunfo completo, llevándose el duro drama sobre los esclavos el premio a mejor película.
 Gravity  ha triunfado entre la crítica pero también entre el público, siendo una de las películas más taquilleras del año. Entre sus logros está el darle narratividad al 3D, la última innovación que trajo James Cameron, pulió Ang Lee en  La Vida de Pi  y ha doctorado el mexicano Alfonso Cuarón. Un Hollywood que, evidentemente, sigue saltando las fronteras nacionales como demuestra cada año dando cabida a más películas y artistas de otras latitudes.
En una película tan tecnológica -se desarrolla casi al completo en el espacio- el drama devuelve al espectador a lo que más nos intriga todavía: el interior del ser humano. “Como Sandra Bullock, queremos regresar a nuestro planeta, para sentirnos de nuevo seguros. El film de Cuarón nos habla de la capacidad humana para evitar la extinción, pero también de nuestras limitaciones. A pesar de nuestra tecnología, somos seres vulnerables. No podemos determinar nuestro destino y asegurar nuestra vida”, explica José de Segovia.
Vulnerables en el espacio, que se muestra peligroso e inmanejable. Pero, ¿no lo es también la vida en la tierra? “En cualquier momento -continúa José de Segovia- un accidente puede acabar con nosotros, como ocurre con la hija del personaje de Bullock, o sus compañeros de equipo. Ella dice que nunca la enseñaron orar, pero ¿hay Alguien que escuche su plegaria?, ¿o es por suerte, que sobrevive? Según creamos que la gracia, o el azar, gobiernan el universo, así entenderemos la expresión final de “gracias” al final de esta película”. Una expresión que, si mira al Creador, tal vez puede empezar a derrotar la soledad infinita que sufrimos y que tanto ha reflejado el cine de este año.
*Autores: Daniel Hofkamp

Fuente: Protestante Digital 2014

domingo, 2 de febrero de 2014

El precio de la Tierra prometida

Por. José Segovia Barrón, España*
“Todo el mundo tiene un precio”, dice la publicidad de la película “Tierra prometida” –ahora publicada en DVD–. La mirada bucólica y serena de Gus Van Sant a un campo en crisis, nos presenta a un Matt Damon atrapado en un paraíso desolado. Carreteras solitarias, casas desvencijadas y rótulos de neón, son los signos recurrentes de  un itinerario fantasmal, en busca de la Tierra Prometida.
“No soy un mal tipo”, dice Steve Butler. El personaje de Damon representa la cara amable del capitalismo. Es alguien que realmente cree que la industria es la salvación del campo. Ha venido a este pueblo de la América profunda con su pragmática colega –la inteligente señora Coen, Frances McDormand, más contenida aquí que lo habitual–, para conseguir que su compañía pueda perforar el suelo de estas granjas, por la técnica conocida como “fracking” –fracturación hidráulica que extrae el gas a alta velocidad, al atravesar la tierra con agua y químicos–.
El problema ecológico que esto produce, no es más que el trasfondo del dilema de un protagonista desgarrado por contradictorios sentimientos de amor y odio hacia sus orígenes. Su aparente sinceridad no es más que una fórmula bien ensayada para ganar la confianza de los lugareños. Lo primero que hace al llegar a un motel, es olvidarse del traje y de la corbata, ponerse las viejas botas de su abuelo y comprarse unas camisas de franela, que vayan a juego con el antiguo Ford Bronco lleno de barro, que ha alquilado para la ocasión.
El personaje de Damon cree que hace bien su trabajo. Se camufla con el ambiente, pero ha repetido tanto sus trucos, que le empiezan a sonar infantiles y algo superficiales. Cada vez que llega a una granja donde hay un niño jugando, Steve le pregunta: “¿Eres tú el dueño de este sitio?” Cuando el chaval le contesta confuso que no, él siempre dice: “Entonces, ¿por qué haces tú todo el trabajo duro?”…
¿Demasiado bueno para ser cierto?
Conocemos al protagonista durante una entrevista con un ejecutivo de la empresa para la que trabaja –una poderosa compañía energética–, intentando conseguir un puesto más alto en la jerarquía; es decir, mayor sueldo. El cree que su éxito profesional se debe a su pasado, puesto que se crió en una granja de un pueblo pequeño.
Los dos trabajan metódicamente una lista de direcciones, explotando sus experiencias personales, hasta arrinconar al residente, que acaba firmando, bloqueado, sobre la línea de puntos. Es así cómo los humildes habitantes de una localidad le venden su futuro, creyendo que van a ser millonarios sin esfuerzo alguno. “¡Es como jugar a la lotería!”, dice. Aunque también tiene sus riesgos, como muestra el viejo profesor de instituto –interpretado por el veterano Hal Holbrook–, que sabe más de lo que aparenta.
Todo parece demasiado bueno para ser cierto. Y probablemente lo es, pero ¿qué es bueno y qué es cierto? La breve historia de Dave Eggers –que iba a ser el debut como director de Matt Damon, en su tercera colaboración ya con Van Sant–, nos presenta a alguien dividido entre su fascinación por Rosemarie DeWitt –una inteligente y solitaria maestra de escuela, que ha dejado la ciudad– y la rivalidad de un dudoso ecologista –interpretado por el propio autor de los diálogos con Damon, John Krasinski–.
En la competición, Steve se ha encontrado esta vez con alguien más listo y encantador que él, que aparece de repente con un montón de fotografías que ilustran la pesadilla de los letales efectos contaminantes que puede traer el proyecto. Lo que pasa es que ambos se comportan como vendedores. Uno armado de incendiarias evidencias científicas y otro averiguando el precio del alcalde. Es por eso que el discurso de esta película no es nada panfletario. Todo es sutil en una historia donde los actores parecen decir más con los ojos que con las palabras.
Cine para pensar
Es raro ya encontrar películas como ésta, que pasan algo desapercibidas en medio de la saturación de la cartelera que llena los centros comerciales. No son grandes producciones de Hollywood, llenas de efectos especiales, pero tampoco cumplen los falsos criterios de autor del llamado cine independiente. Nos recuerda historias de otra época, cuando la América de Rockwell inspiraba la solidaridad de las fábulas de Capra, pero sobre todo la soledad del cine de los setenta, cuando el individuo se enfrenta a todo tipo de conspiraciones, buscando su lugar en el mundo.
Su ambiguo mensaje ecológico ha provocado el rechazo de aquellos que esperaban una película de denuncia. Los que aprecian el cine de autor, la han desdeñado como uno de los productos comerciales que hace Van Sant, para financiar sus obras más experimentales, como si esta no fuera también una opción personal. Muchos se preguntan cuál es la tesis de esta modesta historia, aparentemente pequeña, cuya mirada llana no tiene necesidad de engolar la voz, ni subrayar los temas.
El centro neurálgico de la trama está en la conciencia del protagonista, que empieza a cuestionar sus métodos e identificarse con las personas. Su astuto e inesperado golpe de efecto de guión, no te evita la tarea de escudriñar en el fondo, navegar en sus sutilezas y dejarse iluminar por los gestos de sus personajes. Como una buena pintura, necesita un ejercicio de introspección. Es una película sensible, que da bastante que pensar, muy sorprendente.
El mundo importa
Van Sant nos habla de cuestiones permanentes, como el valor de la tierra, el orgullo de la herencia, la dignidad del trabajo y el legado que dejamos a nuestros descendientes. Cuando Dios miró la creación que había hecho, la consideró “buena en gran manera” (Génesis 1:31). La creación no es un simple escenario para la salvación de las almas. Dios ama el mundo material y le importa.
En el pensamiento greco-romano, lo bueno es el alma o el espíritu. El mundo físico es algo débil, corrupto y contaminante. Para los judíos, sin embargo, la materia era algo bueno. Dios hizo el mundo con sus colores, sabores, luces y sonidos. El creó todas las formas de vida. Dios ha hecho tanto el alma como el cuerpo.
Los judíos no veían la salvación como la liberación del cuerpo y la materia. Para ellos, la muerte era una tragedia. No era escapar del mundo material, como para los griegos, sino que muchos en los días de Jesús esperaban la resurrección en la carne de los justos, cuando Dios renovara todo el mundo, quitando todo sufrimiento y muerte.
Fuera de la Biblia, la resurrección no es sólo imposible, sino indeseable. Ningún alma que se hubiera liberado del cuerpo, quisiera volver a él. Incluso para aquellos que creían en la reencarnación, el regreso a la vida corporal no significaba otra cosa que el hecho de que el alma no había sido liberada todavía del cuerpo. El propósito era librarse de la realidad material y física.
Para los cristianos, la salvación no es la liberación del cuerpo. En vez de ver la materia como una ilusión (orientalismo), o una copia temporal del mundo ideal (Platón), el cristianismo nos presenta la fe más materialista del mundo. El propósito de nuestra vida no es una existencia desencarnada, sino un mundo restaurado. La resurrección de Jesús nos promete una nueva tierra, donde habita la justicia (2 Pedro 3:13).
El futuro de la tierra
Este mundo no es un mero decorado para la historia de la salvación. Hay un llamado a la conversión y al perdón, pero también el anuncio de la renovación de este mundo con el fin de la enfermedad, la pobreza, la injusticia, la violencia, el sufrimiento y la muerte. Dios nos promete, por la resurrección de Cristo, un cielo y una tierra renovada, donde ya no habrá contaminación posible (Apocalipsis 21).
Jesús no es simplemente salvado en espíritu, sino resucitado en la carne (1 Corintios 15). La idea de una resurrección individual en medio de la Historia, mientras el resto del mundo continúa sufriendo enfermedad, decadencia y muerte, era para los judíos inconcebible. Para los griegos, era algo irrisorio (Hechos 17:32), pero para los judíos, era incomprensible. Es por eso que la esperanza cristiana no es griega, ni judía, sino cristiana.
La resurrección de Cristo nos muestra que este mundo importa. Nuestra vida y este mundo, tiene un precio: la sangre del Cordero. Por esa preciosa sangre, podemos ser redimidos (1 Pedro 1:19). Nuestra liberación es pagada por un precio. Somos comprados con su sangre, siendo redimidos para Dios (Apocalipsis 5:9). “Todos tenemos un precio”, pero Él lo ha pagado una vez y para siempre. En ese nuevo mundo por eso, todos cantan la gloria del Cordero, que está sentado en el Trono.
Ahora bien, no sólo aquellos que han sido comprados por su sangre, adoran al Cordero. “Todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay”, oyó Juan decir: “Al que está sentado en el Trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos” (v. 13). Ese es el sonido de la Tierra Prometida.

* José de Segovia Barrón (Madrid, 1964) es periodista, teólogo y pastor de la Iglesia Evangélica del barrio de San Pascual de Madrid y presidente de la Comisión de Teología de la Alianza Evangélica Española. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense, estudió teología en la Universidad de Kampen (Holanda) y la Escuela de Estudios Bíblicos de Welwyn (Inglaterra). Es profesor del Facultad Internacional de Teología IBSTE en Castelldefels, el Centro Evangélico de Estudios Bíblicos (CEEB) de Barcelona y la Facultad de Teología Protestante UEBE en Alcobendas (Madrid). Escribe una columna semanal los martes para Protestante Digital y ha escrito libros sobre arte y fe (Entrelíneas, Consejo Evangélico de Madrid, 2003), Ocultismo (Andamio, 2004), Historias extrañas sobre Jesús y El príncipe Caspian y la fe de C. S. Lewis (Andamio, 2008), Huellas del cristianismo en el cine (Consejo Evangélico de Madrid, 2010) y El asombro del perdón (Andamio, 2010).

Fuente: Lupaprotestante, 2014.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Lutero en el cine

Por. José de Segovia Barrón, España*
Muchos creemos que la Reforma fue la obra de un gran Dios, no la historia de un gran hombre.
La víspera del Día de Todos los Santos –hoy más conocida como Halloween, que no es ningún invento ocultista, sino una fiesta católica–, el 31 de octubre de 1517, un joven monje agustino clavaba un largo papel con noventa y cinco tesis, en la puerta de la iglesia de Wittenberg. La lucha de este hombre contra el poder religioso inicia una Reforma, que continúa hasta el día de hoy. El cine nos muestra su figura, a lo largo de los años, con distintos resultados, pero una misma fascinación.
Hans Kyser era un guionista alemán que trabajó con directores como Murnau o Pabst. Como escritor, tenía una particular inclinación por la adaptación de sucesos y personajes históricos. La única película que dirigió era Lutero (1928). El reformador aparece así en el cine mudo con una obra de cierto presupuesto y gran dirección artística. Los decorados, el vestuario y los efectos especiales son espectaculares. No así la dirección de actores, que en general tienden a la sobreactuación o a ser tan inexpresivos como una figura de cera. La atmósfera está bien lograda y es correcta técnicamente, pero el resultado es algo monótono. La copia que se puede ver actualmente tiene subtítulos y una voz americana de fondo, que comenta aspectos de la vida de Lutero, ¡así que ya no es cine mudo!
En la época sonora, Lutero es un personaje de una película alemana de 1939, que se conoce en inglés como El corazón inmortal. La hizo el director Veit Harlan con Bernhard Minetti en el papel del reformador, pero no será hasta 1953 que se hace realmente la mejor película sobre Lutero . Es una coproducción americana con Alemania, dirigida por Irving Pichel, que se rueda en el país del reformador con el actor irlandés Niall MacGinnis como protagonista. Los amantes del cine de terror recuerdan siempre a MacGinnis por su papel del ocultista Karswell, en el clásico de Jacques Tourneur, La noche del demonio (1957).En la edición que se ha hecho en DVD por el cincuenta aniversario, Robert Lee cuenta la historia completa del film.
UN CLÁSICO NOMINADO A LOS OSCAR
 Irving Pichel era actor y director desde los años treinta. Había comenzado en el teatro, pero llega a California con el comienzo del sonoro, a finales de los años veinte. Había sido guionista para la Metro, pero pronto destacó en papeles como Fagin de Oliver Twist o el mayordomo de La hija de Drácula . Su primera película es un film de terror para la RKO, El malvado Zaroff, en 1932.
Debido a su asociación con varios sospechosos de comunismo durante los años cuarenta –como Abraham Polonsky–, en la revista The Hollywood Quarterly , es llamado a declarar por McCarthy en la caza de brujas . Se logra librar de la lista negra y puede así trabajar en todo tipo de películas, desde musicales ( Dance Hall ) a filmes de aventuras ( O.S.S. ), cine negro ( Ellos no creen en mí ), ciencia-ficción ( Con destino a la luna ) o adaptaciones de Steinbeck ( Donde nacen los héroes ). Es también el narrador de míticas películas de John Ford, como La legión Invencible o ¡Qué verde era mi valle!
Pichel hace la película de Martin Lutero justo después de rodar un western con Randolph Scott, Santa Fe. Fue la penúltima película antes de morir de un ataque al corazón el año siguiente. Pichel ya tenía experiencia en otros proyectos cristianos, puesto que había colaborado con el pastor episcopal Friedrich y sus Cathedral Films para escuelas dominicales, en dos grandes producciones que llegaron a los cines: El gran mandamiento (1939) y Día de triunfo (1954). Esta segunda fue de hecho la última que dirigió, para la que contó con actores de la talla de Lee J. Cobb y Joanne Dru.
Lutero tiene dos nominaciones para el Oscar por la excelente dirección artística de dos alemanes (Fritz Maurischat y Paul Makwitz) y la impresionante fotografía en blanco y negro del francés Joseph Brun. Es una buena película, que merece la pena revisar, en cierto sentido superior a la versión actual. Un auténtico clásico, que debería tener una mejor distribución en DVD, accesible a un público general.
El año 74, vuelve Lutero al cine, interpretado por Stacey Keach , veterano actor de televisión, conocido sobre todo por su papel protagonista en series tan populares como la del detective Mike Hammer en los años ochenta o Prison Break (donde interpreta el papel del alcaide). La obra de teatro de John Osborne nos muestra a un sorprendente Lutero, casado aquí con Judy Dench, que hace el papel de Catalina de Bora. La obra del autor de Mirando hacia atrás con ira, que llevó al escenario Albert Finney, resulta en la versión de Guy Green demasiado teatral. No hay nada del asombro y la alegría que despierta el redescubrimiento del Evangelio, tan poderosamente capturado en la última película que se ha hecho sobre Lutero.
EL JOVEN REFORMADOR 
La película más fácil de encontrar ahora en DVD , es la última versión que se ha hecho en el cine sobre la vida de Lutero (2003) . Muchos tienen así la oportunidad de ver esta producción de habla inglesa, en la que el reformador aparece ante el gran público con el atractivo de un joven asombrado por el poder liberador de la Palabra de Dios .
El protagonista de Shakespeare In Love , Joseph Fiennes, resalta su fragilidad con una humanidad lejos de la figura monstruosa que ha fabricado de él la leyenda negra . Por eso, quien piense que la Reforma no es más que cuestión de política y crea que Lutero no fue sino un mero instrumento de los príncipes alemanes contra los campesinos, no reconocerá al personaje que tiene delante en la pantalla. Ya que en esta historia hay más Evangelio que en toda La Pasión entera de Mel Gibson. Porque el tema de esta película es en realidad la gracia de Dios, que nos revela a un Padre amante y lleno de misericordia .
La película arranca con la ya mítica tormenta por la que Lutero decide hacerse monje en Erfurt en 1505, a pesar de la oposición de su padre. Es allí donde conoce al vicario general de los agustinos en Alemania, Staupitz, magistralmente interpretado por el actor suizo Bruno Ganz, que tantas grandes películas hizo en el nuevo cine alemán con directores como Wim Wenders.
Su habitual papel contenido adquiere aquí un singular dramatismo en este interesante personaje, que ha venido a ser prototipo del catolicismo-romano más filo-protestante, siempre tan cerca, pero a la vez tan lejos de la Reforma. Para él, como para tantos católicos hoy, el problema del protestantismo es que no ve lo positivo que todavía hay en la Iglesia de Roma, aunque le recomienda a Lutero leer la Biblia cada día, mandándole a Wittenberg para estudiar.
La famosa visita de Lutero a Roma ha sido rodada en Italia misma por Eric Hill –director británico, afincado en América, que ha hecho hace poco una película sobre Bonhoeffer–. Se detiene allí en el inmenso circo, en que se ha convertido la religión papista. Esta experiencia deja a Lutero escandalizado ante semejante espectáculo de manipulación, superstición e inmoralidad por parte del clero.
Es esa pompa y lujo vaticano la que lleva a León X a hacer una venta masiva de indulgencias, que es mostrada en la película con todo detalle y exactitud histórica. Pero esta denuncia de la corrupción, lejos de verse como algo anacrónico, muestra una actualidad singular por su enfrentamiento contra toda tiranía y opresión espiritual. En ese sentido las noventa y cinco tesis de Lutero contra el comercio vaticano, no sólo inician un proceso de Reforma de la Iglesia el 31 de octubre de 1517, sino que siguen siendo una denuncia contra todo tipo de corrupción religiosa.
LA PALABRA LIBERADORA

El mensaje de Lutero va más allá que una mera declaración del valor de la libertad de conciencia. Pocas veces en el cine se ha visto un tratamiento tal de la Biblia como algo emancipador para el hombre. Cuando tantos identifican hoy el cristianismo bíblico con fundamentalismos e integrismos religiosos, basados en un fanatismo peligroso, Lutero nos presenta la Palabra de Dios como una realidad liberadora .
Ya que entender que la autoridad del Papa no está por encima de las Escrituras, ni que los Evangelios pueden ser negados por las palabras de los hombres, lleva a una fe que ya no está basada en el consuelo, sino en la verdad misma. Es por eso que Lutero se niega a arrodillarse ante la autoridad de Roma, que representa el cardenal Cayetano, porque su conciencia está ahora “cautiva de la Palabra de Dios”.
Es interesante también el papel que tiene la política en la Reforma. El apoyo del príncipe Federico el Sabio –interpretado aquí por un Peter Ustinov a punto ya de fallecer, pero lleno de una sabiduría e inteligencia que ya quisieran tener muchos actores jóvenes– hace posible la traducción de la Biblia. Es esta obra la que realmente produce la Reforma, pero también el redescubrimiento de la experiencia de gracia de Lutero .
Aunque ese apoyo de los príncipes en Augsburgo, con el que se cierra la película, se convierte en “el abrazo del oso” con la guerra contra los campesinos. Es ahí donde vemos las consecuencias prácticas de la visión de Lutero sobre los dos reinos, que divorcia en cierto sentido la realidad espiritual de la temporal.
GRACIA ASOMBROSA
Lutero es presentado aquí también como alguien entrañable por su relación con el personaje de una niña minusválida llamada Greta, que aparece a lo largo de toda la película. Es como la afirmación de Jesús de que el Reino pertenece a los niños.
Esa compasión de Dios por una criatura indefensa es la que resalta una y otra vez, como cuando entierra al enfermo mental que se ha suicidado en “campo santo”. Es en ese sentido que esta es una historia sobre la gracia de Dios, aunque no se mencione nunca la palabra. Tampoco se habla por cierto de justificación, pero no hay mejor explicación que la que da Lutero en su emotivo sermón, cuando predica entusiasmado por el pasillo de la iglesia de Wittenberg. Ya que una de las virtudes de esta obra es precisamente su lenguaje, capaz de hacer entender las ideas centrales de la Reforma de una forma clara y sencilla, perfectamente comprensible para cualquier espectador .
Ese amor activo es el que destaca al final de la película en el relato evangélico conocido como del hijo pródigo, cuando le explica a los niños que el Padre corre en busca de su hijo. Es la asombrosa gracia de Dios, que se muestra en un hombre como Lutero, con todas sus debilidades, capaz de confesar a su esposa Catalina que hay días que se siente tan deprimido, que ni siquiera se puede levantar de la cama. Es por eso que muchos creemos que la Reforma fue una obra de Dios. Ya que esta no es la historia de un gran hombre, sino de un gran Dios, que ama profundamente a criaturas tan miserables y atormentadas como aquel monje.

miércoles, 18 de abril de 2012

Bethany Hamilton: Surf, fe y una historia de cine

Para esta profesional sin brazo izquierdo tras un ataque de tiburón, “Cristo lo signfica todo”.
Bethany Hamilton, una surfista atípica, es la protagonista de una de las historias deportivas más interesantes de los últimos años. Marcada desde que era adolescente por un grave accidente decidió seguir adelante poniendo todo su futuro y sus esperanzas en Dios. Ahora es profesional y Hollywood ha hecho una película sobre su vida. “Soul Surfer” se estrena en los cines españoles este fin de sema.
Bethany Hamilton es conocida en el ambiente del surf por su historia peculiar. Nacida en Hawai en una familia de aficionados a las tablas, pronto destacó por su habilidad sobre las olas. Con ocho años se presentó a su primera competición y se llevó los dos premios en juego. Antes de los 12 años, varias marcas deportivas ya les esponsorizaban.
Sin embargo, el momento que ha marcado su vida llegó cuando, con trece años, fue atacada por un tiburón mientras practicaba en la isla más al norte de Hawai, Kauai. Su brazo izquierdo quedó destrozado, perdió el 60% de sangre de su cuerpo y tuvo que pasar por varias operaciones consecutivas para salvar la vida. Un mes después volvía entrar al agua, con un brazo amputado y con el objetivo de convertirse en surfista profesional.
UNA HISTORIA QUE CONTAR
El impacto de su experiencia rápidamente captaría la atención de los medios de comunicación y en pocos meses su historia apareció en grandes televisiones como ABC, CNN y NBC, entre otras. Con sólo catorce años su historia ya se había difundido por Estados Unidos. Pero su objetivo, explica Hamilton, seguía siendo mejorar sobre la tabla, participar en competiciones como cualquier otra deportista.
En 2004 salía su libro autobiográfico “Soul Surfer”, en el que explicaba su punto de vista sobre lo vivido hasta el momento, el impacto que la pérdida de un brazo significó para ella y cómo su confianza en un Dios soberano marcó todo. Los premios seguían llegando, por parte de canales de televisión deportivos como ESPN o la cadena musical MTV. La presentadora más popular de Estados Unidos, Oprah Winfrey, la invitó a su programa.
También pudo explicar su experiencia en diferentes iglesias evangélicas, participaría ayudando a víctimas del tsunami en Tailandia y hablando a soldados heridos en una base militar en Alemania.
A LA GRAN PANTALLA
Tras publicar varios otras publicaciones, el libro autobiográfico de Hamilton se convertía en película en 2011, y “Soul surfer” pasaba a ser el principal apodo de Bethany. La surfista, que ahora tiene 22 años, no dejó la competición. Después de ganar numerosas competiciones en categorías inferiores, su palmarés incluye ya varios puestos de mérito en las máximas competiciones de surf femenino. Entre ellos, un tercer lugar en la Rio Surf International (2010), otro tercer puesto en la Roxy Pro Surf Festival en Australia y un segundo lugar en la Billabong ASP World Junior Championship en 2009.
“CRISTO LO SINGIFICA TODO”
Hamilton explica en una página web personal cómo vive su fe. “Creo en Dios, nadie me ha obligado a ello y creo que nadie puede ni debería intentar forzar a alguien a creer. Poner tu fe en Dios es algo a lo que cada persona tiene que llegar por sí misma”.
De su experiencia y conversaciones con mucha gente a lo largo de los últimos años, Hamilton saca la conclusión de que “mucha gente no piensa en este tipo de cosas hasta que les pasa algo realmente terrible, o como en el caso de mis padres, hasta que se hacen mayores. Pero recuerdo haber puesto mi confianza en Jesús cuando era un niña”.
“Cuando la gente me pregunta sobre lo que mi fe en Cristo significa, respondo: ‘Todo’. Y esto era una realidad tanto antes del ataque del tiburón como después. Creo realmente que esta fe es una gran parte de lo que me ha conseguido superarlo”. “Es un tremendo alivio”, explica, “el poder poner tu confianza en Dios y quitarte las cargas de encima”.
Simple y directa en su forma de ver su vida espiritual, Hamilton es sincera: “Mis planes de ser una surfista profesional recibieron un duro golpe esa mañana de Halloween. Fue como mi tsunami personal”. Pero añade que ha “trabajado duro desde entonces y ahora estoy compitiendo con las mejores surfistas del mundo”.
“Para mí, saber que Dios me ama y que tiene un plan para mi vida que ningún tiburón puede quitarme ni ningún resultado deportivo puede cambiar, es como tener una roca sólida debajo de mí”. Y añade: "Situaciones difíciles pueden sucederle a cualquier persona. Esto es la vida. Y este es mi consejo: no pongas todas tus esperanzas y tu fe en algo que fácilmente podría desaparecer de golpe. Sinceramente, esto puede ser casi cualquier cosa”.
Concluye asegurando que “lo único que no te fallará nunca es Dios y tu fe en Él. Sólo puedo decir que Él me da una base realmente fuerte para todo lo que hago en mi vida”.
IMPACTANDO EN OTRAS VIDAS
En los últimos años, Hamilton ha creado “Bethany’s friends”, una fundación dedicada a ayudar a otras personas que como ella han sufrido ataques de tiburones. También participa activamente con la organización cristiana World Vision.
Más específicamente en el mundo del surf, está vinculada a las organizaciones Walking on Water y Christian Surfers, que también existe en España. Además, se puede ver una entrevista en vídeo con ella en el proyecto “I am Second”, una plataforma desde la que todo tipo de deportistas, actores y músicos cristianos explican su visión de la vida.
INCERTIDUMBRE RESUELTA
“Soul Surfer” se estrenó en Estados Unidos hace exactamente un año y varias informaciones habían anunciado su estreno en España, pero el lanzamiento oficial se fue retrasando hasta aparecer, ahora sí, en las carteleras de la mayoría de cines. Los cines españoles la estrenan el 20 de abril.
Puede ver una noticia y el tráiler de la película "Soul Surfer" aquí. Más sobre Bethany Hamilton, su trayectoria, trofeos y su fe en su web oficial.


Autores: Joel Forster

© Protestante Digital 2012

lunes, 27 de febrero de 2012

Ermanno Olmi. El deber de la caridad

Por Pablo De Vita, Argentina.

En la primera edición del Festival de Cine italiano BaCi se proyectó Il villaggio di cartone del veterano realizador Ermanno Olmi.
“Así de cerca casi no te reconozco, Busco tus ojos pero me miras desde un tiempo lejano”.
Hacia fines de noviembre tuvo lugar la presentación del BACI, primer festival de cine italiano de Buenos Aires, con notable asistencia de público en la sala Gaumont del INCAA. Entre otras, se proyectaron las películas La Nostra vita de Daniele Luchetti, Happy family de Gabriele Salvatores, La Passione de Carlo Mazzacurati y L’uomo che verrà de Giorgio Diritti, junto a cortometrajes de jóvenes realizadores.
Con acierto, el festival incluyó como función de clausura la última película de Ermanno Olmi, Il villaggio di cartone, que sólo unas semanas atrás tuvo su premiere fuera de concurso en la Mostra de Venecia.
Su cine fue muy aplaudido en nuestro país, particularmente la exitosa El árbol de los zuecos, considerada su obra maestra y que le valiera la Palma de Oro de Cannes. También la traslación del cuento homónimo de Joseph Roth, La leyenda del santo bebedor, le otorgó reconocimiento internacional y otro galardón: el León de Oro de Venecia.
En la última década, Olmi continuó en actividad aunque sus películas no tuvieran más lugar en nuestras pantallas comerciales. Festivales como el de Mar del Plata y Pantalla Pinamar permitieron conocer Il mestiere delle armi (El oficio de las armas) y Centochiodi (Cien clavos), que reafirman su gravitación en el cine italiano y la búsqueda de nuevas formas expresivas como la parábola sobre el devenir de los hombres, que es su actual modelo narrativo luego del realismo, siempre conservando una marcada inspiración cristiana.
La historia de Il villaggio di cartone (La aldea de cartón) presenta a un anciano sacerdote que observa impotente cómo, en virtud de la ausencia de fieles, su parroquia es desacralizada y debe cerrar sus puertas. Se retiran todos los elementos de culto inclusive el gran crucifijo del altar. Pero en la noche y por su cercanía con el mar, es tomada por un numeroso grupo de inmigrantes ilegales del norte de África en busca de refugio. El cura los encuentra dentro y prohíbe a las fuerzas de seguridad ingresar en el templo. En la despojada iglesia los inmigrantes utilizan los bancos para improvisadas carpas y la fuente bautismal se resignifica al recibir las goteras del techo en esa noche de tormenta.
La vida del sacerdote se entronca con el deber sagrado de la caridad: “Cuando la caridad es un riesgo, es el momento de la caridad”, dirá. Y ese encuentro pareciera permitirle conocer el verdadero significado de la vida como ofrenda a Dios.
Olmi entrega una obra tan profunda como dolorosa y una reflexión sobre la lenta desaparición de una forma de entender el mundo, solicitando comprender cómo y por qué se producen estos cambios en la contemporaneidad. “O cambiamos nosotros el curso de la historia o la historia nos cambiará a nosotros”, es la sentencia final de Il villaggio di cartone. En buena medida, la película es el reflejo de la crisis de un importante sector de la actual intelectualidad cristiana ante determinadas posiciones de Roma. Por si quedaran dudas, durante su presentación en el Festival de Venecia llamó a la Iglesia católica a “recordar más a menudo la enseñanza de Cristo”.
El veterano Michael Lonsdale vuelve a colocarse la sotana luego de su brillante papel en De dioses y hombres para componer a ese anciano de mirada cansina y lleno de preguntas pero sin dudas acerca de la verdad simbólica de la casa de Dios. En el elenco también se destaca Rutger Hauer como el sacristán para el cual el imperio de la fuerza de los hombres es casi más importante que la fe. Olmi elabora una historia no complaciente ni superficial acerca de la alteridad y los semejantes, sumada a la reflexión teórica sobre el curso de la historia y el necesario papel de la Iglesia consustanciada con la solidaridad y la misericordia. Una ventana fílmica a las dudas, a las certezas y al sentido del misterio que, lamentablemente pese a su extraordinaria calidad, no tiene asegurado su estreno en la Argentina.

Fuente: Revista Criterio # 2378, Argentina

miércoles, 25 de enero de 2012

La duda y el secreto de El topo

Por. José de Segovia Barrón, España*
¿Cómo hablar de la verdad a una generación a la que ya no le interesa la solución a los enigmas, sino en quién poder confiar?
La mejor película británica del año –según algunos críticos– está hecha por un sueco, Tomas Alfredson. El director de Déjame entrar ha sorprendido a los ingleses con una fiel adaptación de la novela de espías de John Le Carré, El topo. Convertida en una serie de televisión a finales de los setenta –protagonizada por Alec Guiness–, el film recupera prodigiosamente el ambiente de aquella época. Lo que a Le Carré le interesa sin embargo de la Guerra Fría, no es el conflicto ideológico, sino la duda que produce la desconfianza, que nos muestra al ser humano como alguien solo y vulnerable.
Un topo es un agente doble, que actúa infiltrado en este caso en el servicio secreto británico –donde trabajó Le Carré–, a favor de los rusos. La novela fue publicada en inglés con el título de un juego infantil – Tinker, tailor, soldier, spy – en 1974, una década después de que se descubriera que Kim Philby y otros altos oficiales del M16 estaban dando información a los soviéticos. Es evidente que el escritor, que era ya conocido por su tercera novela – El espía que surgió del frío (1963), adaptada al cine dos años después, bastante correctamente por Martin Ritt y Richard Burton–, pensaba en su antiguo colega, Philby, como el topo.
La película cuenta con la colaboración del octogenario novelista, que proporcionó detalles sobre muchos aspectos del funcionamiento del M15 y M16. El estilo frío pero melancólico del cineasta sueco se adapta como un guante a este thriller cerebral, donde cada gesto está estudiado. La matizada interpretación que hace Oldman de Smiley –el antihéroe que protagoniza muchos de los libros de Le Carré–, recuerda a Guiness, no sólo en las gafas y corte de pelo, sino en su soledad, introversión y elegancia. El personaje transmite una extraña sensación de abatimiento controlado, con la mirada taciturna e inquietante, que acompaña su dicción pausada.
LOS DISFRACES DE LA TRAICIÓN
Envejecido John Hurt –jefe de la cúpula del M16, conocido por el nombre de Control– advierte que “no se fíe de nadie”, a un joven agente de confianza, que envía en una misión a Hungría –Checoslovaquia en la novela, que leí de adolescente–, para descubrir al topo . Algo falla inesperadamente y Control es expulsado de la cúpula, junto a su lugarteniente Smiley, que es llamado de nuevo para desenmascarar al agente doble.
El número de sospechosos se reduce a cinco: el ambicioso personaje interpretado por Toby Jones (“el calderero” del título original), el elegante galán Colin Firth (“el sastre”), el implacable Ciaran Hinds (“el soldado”), el solícito David Dencik (“el pobre”), y para su sorpresa, Control incluía también en su investigación al propio Smiley (“el espía”), que tiene como ayudante a Benedict Cumberbatch (el peculiar actor que interpreta ahora la sorprendente serie que ha hecho la BBC de Sherlock Holmes).
La sutil música del español Alberto Iglesias acompaña la intrigante trama de conspiración y traición, que desarrollan unos lacónicos diálogos, conformando un ambiente de sospecha y ansiedad realmente enervante. Todo en torno a Smiley resulta falso: la información que supuestamente Jones ha descubierto, la pretendida lealtad al país de uno de ellos, y la fidelidad de una esposa, que le engaña continuamente. No hay nada genuino. Esto provoca la aflicción que demuestra su lúgubre rostro.
EL PESO DEL DESENCANTO
En el libro de conversaciones con John Le Carré de la Universidad de Mississippi, el escritor dice que “Smiley es alguien entregado a la duda, en ese sentido, una figura totalmente contemporánea”. Esa es la explicación por la que una película así, sobre el final de la Guerra Fría en 1973, fascina a tantos, todavía hoy. Su intriga complicada y turbia nos presenta un héroe realmente postmoderno. A Smiley no le interesan las ideologías. Le preocupa más la confianza que la verdad.
Esta excelente película, densa, compleja y sutil, revela la autenticidad encubierta tras la impostura de los disfraces de la traición . Es un film básicamente atmosférico, donde más que resolver misterios y desvelar identidades ocultas, lo que importa es sentir el peso del desencanto. Ya que el cansancio de Smiley nace de un hastío vital.
En una sociedad donde disponer de más información no equivale a conocer mejor a las personas, todo se rige por el principio de la incertidumbre. ¿Cómo hablar de la verdad a una generación a la que ya no le interesa la solución a los enigmas, sino en quién podemos confiar? El cristianismo presume de conocer la verdad absoluta, pero carece de la confianza que haga que muchos estén dispuestos a escucharla.
¿VERDAD O CONFIANZA?
Verdad que debemos presentar al mundo no es quiénes somos los cristianos, sino quién es Aquel, cuya verdad nos hace libres ( Juan 8:32 ). La imagen que muchos tienen del cristianismo hoy es terriblemente narcisista, tan ocupado en lo que hace, en sus logros espirituales y morales, totalmente absorto en sí mismo . La mirada que nos libera, sin embargo, es la que nos aparta de nosotros mismos, para ver al “Autor y consumador de la fe” ( Hebreos 12:2 ). Es Él quien merece toda nuestra confianza.
La principal diferencia entre el efecto práctico que produce la traición que la Biblia llama pecado, y la buena noticia del Evangelio, es que uno nos hace mirar hacia dentro, y otro hacía fuera. Cuando pensamos en nosotros mismos, nuestros errores y logros, buenas o malas obras, fuerza o debilidad, lealtad o traición, nuestra confianza flaquea, como la de Smiley. La fe viene cuando “ponemos nuestros ojos en Cristo”.
La introspección que nos hace centrarnos en nosotros mismos no es el autoexamen que fomenta la Biblia. La Ley nos hace ver la realidad de lo que somos, pero el Evangelio nos hace confiar en Cristo . No es en nosotros que encontramos valor, fuerzas y capacidad. Es en Jesús, que encontramos seguridad.
LA GRACIA DE OLVIDARSE DE UNO MISMO
Pablo se veía al final de su vida como “el menor de los santos” ( Efesios 3:8 ) y “el mayor de los pecadores” ( 1 Timoteo 1:15 ). Su crecimiento espiritual consistía en una mayor dependencia de Cristo y su misericordia . Porque el objetivo de la vida cristiana no es que podamos llegar al momento en que necesitemos menos a Cristo, porque seamos ya mejores. Es poder decir como aquel viejo pastor en su lecho de muerte: “estoy seguro que voy al cielo, porque ya no recuerdo ninguna buena obra que haya hecho”. Conocer la gracia de Dios es olvidarse de uno mismo.
El énfasis en la Biblia no es en la obra de los redimidos, sino en la obra del Redentor. Ese el mensaje que tenemos que anunciar al mundo: no lo que hacemos los cristianos, sino lo que Cristo hace. Esa es la esperanza que nuestra sociedad necesita, la verdad que merece toda confianza.
Los cristianos también necesitamos esa seguridad, para enfrentarnos a nuestras dudas secretas: la confianza que no viene de nuestra fidelidad, sino de la fe en Cristo Jesús. El creyente es el que ya no se mira a sí mismo, piensa en lo que era antes y lo que es ahora, como resultado de sus esfuerzos, sino que ve a Jesús y su obra, descansando sólo en ella. Esa es la verdad que nos libera: Aquel en quien podemos confiar, y olvidarnos de nosotros mismos.

Autores: José de Segovia Barrón.

Periodista, teólogo y pastor en Madrid. Es actualmente pastor de la Iglesia Evangélica del barrio de San Pascual de Madrid y presidente de la Comisión de Teología de la Alianza Evangélica Española .Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense , estudió teología en la Universidad de Kampen (Holanda) y la Escuela de Estudios Bíblicos de Welwyn (Inglaterra). También, es profesor del Instituto Bíblico y Seminario Teológico de España (IBSTE) en Castelldefels y el Centro Evangélico de Estudios Bíblicos (CEEB) de Barcelona. Y escribe una columna semanal los martes para Protestante Digital y ha escrito libros sobre arte y fe ( Entrelíneas, Consejo Evangélico de Madrid , 2003), Ocultismo (Andamio , 2004), Historias extrañas sobre Jesús y El príncipe Caspian y la fe de C. S. Lewis (Andamio , 2008), Huellas del cristianismo en el cine (Consejo Evangélico de Madrid , 2010) y El asombro del perdón (Andamio , 2010).

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