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martes, 16 de mayo de 2017

‘Profecía’ y ‘cumplimiento’, significado bíblico



Por. Juan Stam, Costa Rica
Es posible usar términos bíblicos, pero con sentido pagano. Eso pasa, por ejemplo, con los términos "alma" y "espíritu", que se suelen interpretar platónicamente en vez de bíblicamente.
Ocurre también con el malentendido de "profecía" y "cumplimiento" entre casi todos, incluso los evangélicos.
En nuestro tiempo, con una abundancia nunca igualada de profetas y seudo-profetas, es urgente aclarar bien el sentido de estos dos términos.
No es fácil, ni mucho menos automático, poder entender los términos bíblicos en el mismo sentido que sus autores. Con la palabra "iglesia", por ejemplo, nadie de tiempos bíblicos hubiera pensado en un edificio, ni en una organización ("Iglesia Bautista" o "Iglesia Metodísta") sino mayormente en la asamblea como reunión, el acto de reunirse.
Es obvio que con las palabras "misionero" (extranjero) y "misión" ("La Misión Latinoamericana") pasa lo mismo. Este desafío tampoco se cumple con superficiales referencias a los idiomas originales ("En griego esta palabra significa..."). La tarea, más bien, es entrar en el mundo de los autores bíblicos y comenzar a pensar junto con ellos, como ellos pensaban, lo más que nos sea posible.
Ese esfuerzo nos puede traer grandes sorpresas. Tal es el caso con los términos "profecía" y "cumplimiento". Veamos...
LA PROFECÍA
Si pregunto a cualquier grupo de personas hoy, "¿qué entienden ustedes por profecía?", me darán la misma respuesta: profetizar es predecir sucesos futuros. De hecho, eso ocurría entre los profetas bíblicos.
Dios conoce el futuro y puede revelarlo cuando él quiera. Pero entender eso como el significado y la esencia del don profético, es más bien el concepto pagano de la profecía, como la practicaban los famosos oráculos griegos, o Nostradamus, el horóscopo y muchos adivinos hoy. Generalmente resulta ser adivinación, que la Biblia condena, y no verdadera profecía.
Para entender bien la profecía, debemos comenzar con el testimonio bíblico.
Abraham es la primera persona que la Biblia llama "profeta" (Gén 20:7), no por predecir el futuro (cosa que nunca hizo) sino porque podría interceder por Abimelec.
El fundador del profetismo, y prototipo para todo profeta después, hasta hoy, es Moisés (Deut 18:15), pero él tampoco se dedicó a vaticinar el futuro. Moisés fue profeta porque trajo al pueblo la Palabra de Dios, con todas sus implicaciones y exigencias éticas. Aun el texto donde Moisés se llama profeta, y que siglos después se entendía como profecía predictiva del Mesías, en su contexto original es una amonestación contra la abominación de la adivinación (Deut 18:9-15).
Los grandes profetas hebreos tampoco fueron profetas porque vaticinaban sucesos futuro, sino porque exigían al pueblo una obediencia radical a la voluntad de Dios. Su función era denunciar el pecado y la injusticia, llamar al arrepentimiento, y anunciar la voluntad de Dios.
En su brillante libro, "La lectura eficaz de la Biblia" (Editorial Vida, 1985), Gordon Fee y Douglas Stuart han confirmado este hecho demostrando que de los escritos proféticos del Antiguo Testamento, no más de cinco por ciento tiene que ver con cosas futuras, aunque sean a pocos años (caída de Samaria, de Asiria, de Babilonia, etc).
Además, apenas dos por ciento es mesiánico (o sea, llega hasta Cristo) y menos de un por ciento puede considerarse aun futuro para nosotros hoy. Y es justo mencionar que Fee y Stuart son evangélicos bíblicos, sin la menor intención de negar lo predictivo.
Si sólo cinco por ciento de los escritos proféticos trataba del futuro, ¿de que se trataba el otro 95 por ciento? Para saber, sólo hay que leerlos. Se trataba del pecado y la injusticia social, económica y político. Se trataba de la discriminación contra el pobre, el forastero, la viuda y el huérfano. Se trataba de la hipocresía y la idolatría del sistema en que vivía Israel. De hecho, la pequeña parte que es predictivo también llama a sus oyentes a arrepentirse y hacer la voluntad de Dios. El futuro les interesa a los profetas sólo en función del presente.
El profeta no lo es porque vaticina el futuro, ni deja de serlo si no vaticina nada. Amós no profetizó nada del futuro remoto, más allá de la destrucción de Samaria por su corrupción e incumplimiento del pacto. Amós pronunció una palabra tronadora contra Israel, Judá y las naciones circunvecinas (Amós 1:3-2:6).
Los profetas no siempre vaticinaban el futuro, porque eso no era su tarea esencial, pero ningún profeta nunca se calló la voz ante la injusticia. ¡Eso es ser profeta!
EL CUMPLIMIENTO
Entre un idioma y otro, los términos nunca son totalmente idénticos, sino sólo son más o menos parecidas. Las palabras en cualquier lengua tienen muchos significados interrelacionados que pocas veces se separan entre sí.
Por ejemplo, "cumplir" en castellano significa muchas cosas distintas: cumplir la ley, cumplir con una promesa, cumplir años (o una sentencia en la cárcel), pero en español "cumplir" no puede significar "llenar" (un vaso de agua por ejemplo), que es el sentido básico de sus equivalentes en hebreo (MaLaA) y griego (plêroô). El inglés "fulfill" es un poco más parecido pero también muy diferente.
Tanto en hebreo como en griego, el significado básico para la idea de cumplimiento es "llenar" o "rellenar".
Según el concepto pagano, y también la opinión común de nuestro tiempo, una profecía es el anuncio de un suceso futuro, en forma clara y con detalles de tal forma que se podrá reconocer su realización cuando ocurra, lo que sería su cumplimiento.
Por ejemplo, si vaticino que habrá un terremoto en Nueva York el 15 de mayo a la medianoche, y efectivamente ocurre dicho terremoto precisamente a la medianoche, la profecía "se cumplió". Si hay terremoto pero en otra hora u otro día, la profecía no se cumplió o se quedaría en duda.
Aunque varios autores del Nuevo Testamento hablan del "cumplimiento" de profecías, en un sentido parecido a este concepto tradicional, un análisis más a fondo muestra que lo entendían de otra manera. Podemos demostrar esto con un análisis del evangelio según San Mateo y del libro de Apocalipsis.
El autor del Nuevo Testamento que más apela a "profecías cumplidas" es San Mateo, en su evangelización especialmente de los judíos.
Unas dieciséis veces Mateo afirma que alguna profecía se había cumplido en Jesús (1:22; 2:5; 2:15; 2:17; 2:23; 3:3: 4:14; 8:17; 12:17; 13:14; 13:35: 15:7; 21:4; 24:15; 26:56: 27:9). Sin embargo, cuando analizamos cada uno de esos versículos, surgen problemas muy serios. La gran mayoría de las profecías citadas por Mateo no tiene nada de carácter predictivo en su texto hebreo (Os 11:1; Jer 31:15; Isa 40:3; 53:4; 6:9; Sal 78:3; Isa 29:13; Zac 11:12-13).
Si el texto original no tiene carácter predictivo, no puede ser una "predicción" para "cumplirse" en el sentido tradicional (no-bíblico). Un ejemplo claro es Jeremías 31:15 que, al describir la marcha de los israelitas hacia el exilio, afirma en forma poética que Raquel lamentó por ellos con llanto y lloro amarga. Curiosamente, el libro de Génesis no dice que Raquel lloró antes de morir cuando dio a luz a Benjamín. Pero ni Génesis ni en Jeremías da el menor sentido futuro o mesiánico a la frase. De igual forma, Oseas 11:1 simplemente afirma el hecho bien conocido, que Dios sacó a su pueblo de Egipto, pero no sugiere la menor proyección al futuro para que valiera como predicción.
Mateo 2:23 alude a una profecía que Jesús "habría de ser llamado nazareno", lo que "se cumplió" con el regreso de la sagrada familia de Egipto para establecerse en la ciudad de Nazaret. Pero nadie ha podido encontrar en el Antiguo Testamento tal predicción del lugar de residencia del Mesías, y los esfuerzos por explicar lo que Mateo quería decir con esta frase, quedan lejos de ser una predicción de esa índole.
Aún en las alusiones en Mateo que más parecen ser predicciones (1:22; 2:5; 12:17; 21:4), Mateo cambia el texto original y lo interprete a espaldas del contexto histórico, cosa que no se permite cuando se trata de predicciones.
En fin, ninguna de los 16 pasajes en Mateo puede considerarse una "predicción cumplida" en el sentido tradicional.
Dadas estas evidencias, sería fuerte la tentación de concluir que San Mateo estaba seriamente equivocado, pero esa conclusión sería más bien una equivocación seria.
Más bien, los equivocados somos nosotros cuando imponemos sobre este evangelio conceptos de "profecía" y "cumplimiento" ajenos a su autor. Para Mateo, como para los demás autores bíblicos, la "predicción del futuro" era una parte mínima de la profecía, que consistía más bien en una Palabra de Dios para el presente (aun cuando hable del futuro).
Y fiel al sentido de los verbos ""MaLaA" del hebreo y "plêroô" del griego, entendían el "cumplimiento" como el llenar una vieja Palabra de Dios con nuevo significado, para nuevas circunstancias. Entendido así, las "profecías cumplidas" (re-llenadas) de Mateo tienen un sentido convincente. Los hebreos lo llamaban "midrash" o "pesher"; hoy lo llamamos "relectura".
Al analizar más al fondo el libro más profético (en el sentido bíblico) del Nuevo Testamento, el Apocalipsis, se hace evidente que este autor tampoco pensaba en el esquema tradicional de predicción y cumplimiento.
Aunque Juan alude constantemente a los profetas hebreos, en ningún momento afirma que las visiones suyas revelan algún "cumplimiento" de ellas entendidas como si fueran predicciones. Es más, cuando Juan menciona detalles de los escritos proféticos, se acostumbra cambiar el texto original. El cabello blanco del Anciano de Días ahora aparece sobre el Hijo del hombre (1:14); las cuatro bestias del mar de Daniel 7, en Apocalipsis 13 se fusionan en una bestia con las características de las cuatro; la promesa de Isaías 60:14, que los gentiles vendrían a postrarse ante los judíos, se cambia a lo opuesto en Apocalipsis 3:9, donde los judíos vendrían a arrodillarse ante los cristianos de Filadelfia. De hecho, una de las claves para entender el Apocalipsis son los cambios que él hace con las profecías anteriores.
Queda claro que en el Apocalipsis Juan no está pensando en el esquema tradicional (pagano y moderno) de predicciones cumplidas, y también que no escribió su libro con el propósito de vaticinar cosas futuras en sí y para sí, sino para dar una llamada profética a la obediencia a la voluntad de Dios. Por eso 1:3 promete bendición específicamente a los que guarden su profecía.
La hermenéutica contemporánea nos ha enseñado a ver el mensaje bíblico a partir de los hilos temáticos de la historia de la salvación, como paradigmas que se conjugan de nuevo con cada situación histórica (Mígúez Bonino, "La fe en busca de eficacia"; Schökel, "Hermenéutica de la Palabra").
En un sentido similar, se llama "hermenéutica tipológica", donde "tipos" corresponden a los paradigmas ya mencionados (Daniélou, van Rad, Zimmerli). Desde esa perspectiva, las "profecías cumplidas" de Mateo tienen sentido y todo el Nuevo Testamento se entiende mejor. "Profecia" es mucho más que predicción, y aun la profecía predictiva no consiste básicamente en predicciones de sucesos futuros sino en paradigmas tipológicas por los que Dios nos llama a la fidelidad.

Fuente: Protestantedigital, 2017

viernes, 29 de mayo de 2015

‘PROFECÍA’ Y ‘CUMPLIMIENTO’, SIGNIFICADO BÍBLICO



Por. Juan Stam, Costa Rica
Es posible usar términos bíblicos, pero con sentido pagano. Eso pasa, por ejemplo, con los términos "alma" y "espíritu", que se suelen interpretar platónicamente en vez de bíblicamente. Ocurre también con el malentendido de "profecía" y "cumplimiento" entre casi todos, incluso los evangélicos. En nuestro tiempo, con una abundancia nunca igualada de profetas y seudo-profetas, es urgente aclarar bien el sentido de estos dos términos. No es fácil, ni mucho menos automático, poder entender los términos bíblicos en el mismo sentido que sus autores. Con la palabra "iglesia", por ejemplo, nadie de tiempos bíblicos hubiera pensado en un edificio, ni en una organización ("Iglesia Bautista" o "Iglesia Metodísta") sino mayormente en la asamblea como reunión, el acto de reunirse. Es obvio que con las palabras "misionero" (extranjero) y "misión" ("La Misión Latinoamericana") pasa lo mismo. Este desafío tampoco se cumple con superficiales referencias a los idiomas originales ("En griego esta palabra significa..."). La tarea, más bien, es entrar en el mundo de los autores bíblicos y comenzar a pensar junto con ellos, como ellos pensaban, lo más que nos sea posible. Ese esfuerzo nos puede traer grandes sorpresas. Tal es el caso con los términos "profecía" y "cumplimiento". Veamos...
LA PROFECÍA
Si pregunto a cualquier grupo de personas hoy, "¿qué entienden ustedes por profecía?", me darán la misma respuesta: profetizar es predecir sucesos futuros. De hecho, eso ocurría entre los profetas bíblicos. Dios conoce el futuro y puede revelarlo cuando él quiera. Pero entender eso como el significado y la esencia del don profético, es más bien el concepto pagano de la profecía, como la practicaban los famosos oráculos griegos, o Nostradamus, el horóscopo y muchos adivinos hoy. Generalmente resulta ser adivinación, que la Biblia condena, y no verdadera profecía. Para entender bien la profecía, debemos comenzar con el testimonio bíblico. Abraham es la primera persona que la Biblia llama "profeta" (Gén 20:7), no por predecir el futuro (cosa que nunca hizo) sino porque podría interceder por Abimelec. El fundador del profetismo, y prototipo para todo profeta después, hasta hoy, es Moisés (Deut 18:15), pero él tampoco se dedicó a vaticinar el futuro. Moisés fue profeta porque trajo al pueblo la Palabra de Dios, con todas sus implicaciones y exigencias éticas. Aun el texto donde Moisés se llama profeta, y que siglos después se entendía como profecía predictiva del Mesías, en su contexto original es una amonestación contra la abominación de la adivinación (Deut 18:9-15).
Los grandes profetas hebreos tampoco fueron profetas porque vaticinaban sucesos futuro, sino porque exigían al pueblo una obediencia radical a la voluntad de Dios. Su función era denunciar el pecado y la injusticia, llamar al arrepentimiento, y anunciar la voluntad de Dios. En su brillante libro, "La lectura eficaz de la Biblia" (Editorial Vida, 1985), Gordon Fee y Douglas Stuart han confirmado este hecho demostrando que de los escritos proféticos del Antiguo Testamento, no más de cinco por ciento tiene que ver con cosas futuras, aunque sean a pocos años (caída de Samaria, de Asiria, de Babilonia, etc). Además, apenas dos por ciento es mesiánico (o sea, llega hasta Cristo) y menos de un por ciento puede considerarse aun futuro para nosotros hoy. Y es justo mencionar que Fee y Stuart son evangélicos bíblicos, sin la menor intención de negar lo predictivo.
Si sólo cinco por ciento de los escritos proféticos trataba del futuro, ¿de qué se trataba el otro 95 por ciento? Para saber, sólo hay que leerlos. Se trataba del pecado y la injusticia social, económica y político. Se trataba de la discriminación contra el pobre, el forastero, la viuda y el huérfano. Se trataba de la hipocresía y la idolatría del sistema en que vivía Israel. De hecho, la pequeña parte que es predictivo también llama a sus oyentes a arrepentirse y hacer la voluntad de Dios. El futuro les interesa a los profetas sólo en función del presente. El profeta no lo es porque vaticina el futuro, ni deja de serlo si no vaticina nada. Amós no profetizó nada del futuro remoto, más allá de la destrucción de Samaria por su corrupción e incumplimiento del pacto. Amós pronunció una palabra tronadora contra Israel, Judá y las naciones circunvecinas (Amós 1:3-2:6). Los profetas no siempre vaticinaban el futuro, porque eso no era su tarea esencial, pero ningún profeta nunca se calló la voz ante la injusticia. ¡Eso es ser profeta!
EL CUMPLIMIENTO
Entre un idioma y otro, los términos nunca son totalmente idénticos, sino sólo son más o menos parecidas. Las palabras en cualquier lengua tienen muchos significados interrelacionados que pocas veces se separan entre sí. Por ejemplo, "cumplir" en castellano significa muchas cosas distintas: cumplir la ley, cumplir con una promesa, cumplir años (o una sentencia en la cárcel), pero en español "cumplir" no puede significar "llenar" (un vaso de agua por ejemplo), que es el sentido básico de sus equivalentes en hebreo (MaLaA) y griego (plêroô). El inglés "fulfill" es un poco más parecido pero también muy diferente. Tanto en hebreo como en griego, el significado básico para la idea de cumplimiento es "llenar" o "rellenar". Según el concepto pagano, y también la opinión común de nuestro tiempo, una profecía es el anuncio de un suceso futuro, en forma clara y con detalles de tal forma que se podrá reconocer su realización cuando ocurra, lo que sería su cumplimiento. Por ejemplo, si vaticino que habrá un terremoto en Nueva York el 15 de mayo a la medianoche, y efectivamente ocurre dicho terremoto precisamente a la medianoche, la profecía "se cumplió". Si hay terremoto pero en otra hora u otro día, la profecía no se cumplió o se quedaría en duda.
Aunque varios autores del Nuevo Testamento hablan del "cumplimiento" de profecías, en un sentido parecido a este concepto tradicional, un análisis más a fondo muestra que lo entendían de otra manera. Podemos demostrar esto con un análisis del evangelio según San Mateo y del libro de Apocalipsis. El autor del Nuevo Testamento que más apela a "profecías cumplidas" es San Mateo, en su evangelización especialmente de los judíos. Unas dieciséis veces Mateo afirma que alguna profecía se había cumplido en Jesús (1:22; 2:5; 2:15; 2:17; 2:23; 3:3: 4:14; 8:17; 12:17; 13:14; 13:35: 15:7; 21:4; 24:15; 26:56: 27:9). Sin embargo, cuando analizamos cada uno de esos versículos, surgen problemas muy serios. La gran mayoría de las profecías citadas por Mateo no tiene nada de carácter predictivo en su texto hebreo (Os 11:1; Jer 31:15; Isa 40:3; 53:4; 6:9; Sal 78:3; Isa 29:13; Zac 11:12-13). Si el texto original no tiene carácter predictivo, no puede ser una "predicción" para "cumplirse" en el sentido tradicional (no-bíblico). Un ejemplo claro es Jeremías 31:15 que, al describir la marcha de los israelitas hacia el exilio, afirma en forma poética que Raquel lamentó por ellos con llanto y lloro amarga. Curiosamente, el libro de Génesis no dice que Raquel lloró antes de morir cuando dio a luz a Benjamín. Pero ni Génesis ni en Jeremías da el menor sentido futuro o mesiánico a la frase. De igual forma, Oseas 11:1 simplemente afirma el hecho bien conocido, que Dios sacó a su pueblo de Egipto, pero no sugiere la menor proyección al futuro para que valiera como predicción.
Mateo 2:23 alude a una profecía que Jesús "habría de ser llamado nazareno", lo que "se cumplió" con el regreso de la sagrada familia de Egipto para establecerse en la ciudad de Nazaret. Pero nadie ha podido encontrar en el Antiguo Testamento tal predicción del lugar de residencia del Mesías, y los esfuerzos por explicar lo que Mateo quería decir con esta frase, quedan lejos de ser una predicción de esa índole. Aún en las alusiones en Mateo que más parecen ser predicciones (1:22; 2:5; 12:17; 21:4), Mateo cambia el texto original y lo interprete a espaldas del contexto histórico, cosa que no se permite cuando se trata de predicciones. En fin, ninguna de los 16 pasajes en Mateo puede considerarse una "predicción cumplida" en el sentido tradicional. Dadas estas evidencias, sería fuerte la tentación de concluir que San Mateo estaba seriamente equivocado, pero esa conclusión sería más bien una equivocación seria. Más bien, los equivocados somos nosotros cuando imponemos sobre este evangelio conceptos de "profecía" y "cumplimiento" ajenos a su autor. Para Mateo, como para los demás autores bíblicos, la "predicción del futuro" era una parte mínima de la profecía, que consistía más bien en una Palabra de Dios para el presente (aun cuando hable del futuro).
Y fiel al sentido de los verbos ""MaLaA" del hebreo y "plêroô" del griego, entendían el "cumplimiento" como el llenar una vieja Palabra de Dios con nuevo significado, para nuevas circunstancias. Entendido así, las "profecías cumplidas" (re-llenadas) de Mateo tienen un sentido convincente. Los hebreos lo llamaban "midrash" o "pesher"; hoy lo llamamos "relectura". Al analizar más al fondo el libro más profético (en el sentido bíblico) del Nuevo Testamento, el Apocalipsis, se hace evidente que este autor tampoco pensaba en el esquema tradicional de predicción y cumplimiento. Aunque Juan alude constantemente a los profetas hebreos, en ningún momento afirma que las visiones suyas revelan algún "cumplimiento" de ellas entendidas como si fueran predicciones. Es más, cuando Juan menciona detalles de los escritos proféticos, se acostumbra cambiar el texto original. El cabello blanco del Anciano de Días ahora aparece sobre el Hijo del hombre (1:14); las cuatro bestias del mar de Daniel 7, en Apocalipsis 13 se fusionan en una bestia con las características de las cuatro; la promesa de Isaías 60:14, que los gentiles vendrían a postrarse ante los judíos, se cambia a lo opuesto en Apocalipsis 3:9, donde los judíos vendrían a arrodillarse ante los cristianos de Filadelfia. De hecho, una de las claves para entender el Apocalipsis son los cambios que él hace con las profecías anteriores.
Queda claro que en el Apocalipsis Juan no está pensando en el esquema tradicional (pagano y moderno) de predicciones cumplidas, y también que no escribió su libro con el propósito de vaticinar cosas futuras en sí y para sí, sino para dar una llamada profética a la obediencia a la voluntad de Dios. Por eso 1:3 promete bendición específicamente a los que guarden su profecía. La hermenéutica contemporánea nos ha enseñado a ver el mensaje bíblico a partir de los hilos temáticos de la historia de la salvación, como paradigmas que se conjugan de nuevo con cada situación histórica (Mígúez Bonino, "La fe en busca de eficacia"; Schökel, "Hermenéutica de la Palabra"). En un sentido similar, se llama "hermenéutica tipológica", donde "tipos" corresponden a los paradigmas ya mencionados (Daniélou, van Rad, Zimmerli). Desde esa perspectiva, las "profecías cumplidas" de Mateo tienen sentido y todo el Nuevo Testamento se entiende mejor. "Profecía" es mucho más que predicción, y aun la profecía predictiva no consiste básicamente en predicciones de sucesos futuros sino en paradigmas tipológicas por los que Dios nos llama a la fidelidad.

Fuente: Protestante digital, 2015.

jueves, 22 de enero de 2015

Pentecostés: iglesia profética de cristianos proféticos

Por. Juan Stam, Costa Rica
Vimos la pasada semana que el concepto bíblico de la profecía se descubre mejor por el análisis de los escritos proféticos de las escrituras hebreas (Isaías a Malaquías, en nuestro canon), junto con los "profetas anteriores" (Moisés, Miriam, Samuel, Elías, Eliseo, Natán etc). Ese grupo numeroso no se caracterizaba por concentrarse en el futuro a expensas de su contexto del presente. Al contrario, su eje central era el cumplimiento fiel del pacto de Dios con Israel y con las demás naciones.
También analizamos 1Cor 14:29-33. Este pasaje, tan lleno de sorpresas, no trata de profetas itinerantes o "de oficio" sino de mensajes  proféticos que surgían espontáneamente en medio del culto. Eran profetas congregacionales, en Corinto más de veinte años después del Pentecostés. Un hecho que se daba entre las congregaciones que fundó San Pablo, constatándose –como vimox- que hubo dos extremos en cuanto a la profecía (“antipentecostales” y “ultrapentecostales”) que en ambos casos tuvo que regular y controlar el apóstol. Hoy vamos a ver que hasta Pentecostés, Dios daba el don del Espíritu a ciertas personas específicas, nunca a todo el pueblo.  Era individual. Pero desde  Pentecostés es corporativo, de todo el cuerpo de Cristo.
PENTECOSTÉS Y LA IGLESIA PROFÉTICA
En el día de Pentecostés, en que nació la iglesia cristiana, se cumplieron un antiguo anhelo de Moisés y una profecía de Joel. En una ocasión Moisés convocó a setenta ancianos al Tabernáculo, donde Yahvéh les impartió el Espíritu y profetizaron.  Dos ancianos, Eldad y Medad, no se acudieron a la reunión pero a pesar de esa rebeldía el Espíritu vino sobre ellos y también profetizaron. Cuando un joven reportó eso a Moisés, en vez de molestarse por esa aparente amenaza a su autoridad, respondió, "¿Estás celoso por mí? ¡Cómo quisiera que todo el pueblo del Señor profetizara, y que el Señor pusiera su Espíritu en todos ellos!" (Num 11:24-29). Ese anhelo de Moisés se realizó plenamente el día de Pentecostés. El profeta Joel, en un momento de crisis nacional y juicio divino, anunció tiempos de salvación en que Dios derramaría su Espíritu sobre toda carne (Joel 2:28-29). Este texto de las escrituras hebreas sirvió de base para el sermón de Pedro el día de Pentecostés:

17 “Sucederá que en los últimos días —dice Dios—, derramaré mi Espíritu sobre todo el género humano ["toda carne"]. Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán, tendrán visiones los jóvenes y sueños los ancianos. 18 En esos días derramaré mi Espíritu sobre mis siervos y mis siervas, y profetizarán. Hech 2:17-18)  

1.- Este pasaje repite dos veces que en el día de Pentecostés Dios derramó su Espíritu sobre "toda carne".[4]
Antes del Pentecostés, Dios daba el don del Espíritu a ciertas personas específicas, nunca a todo el pueblo.  Era individual, pero desde el Pentecostés es corporativo, de todo el cuerpo de Cristo. De esa forma, la promesa del Espíritu atañe a la iglesia misma como entidad y a todos y cada uno de sus miembros como personas. El don se imparte sin discriminación alguna, sea de edad, sexo o categoría socio-económica (hijos, hijas, jóvenes, ancianos, siervos/as;  cf. Gal 3:28). Muchos textos del N.T. enseñan que todo cristiano/a, desde el momento de entregar su vida a Cristo, es morada del Espíritu Santo (Efes 1:13; 1Cor 12:13; 2 Cor 1:22; Jn 14:18). El Espíritu es la vida común del Cuerpo de Cristo y asigna los dones y funciones de cada miembro (1Cor 12:11). De estos hechos la primera epístola de Juan saca una conclusión sorprendentemente radical:

17 Estas cosas les escribo acerca de los que procuran engañarlos. 27 En cuanto a ustedes, la unción que de él recibieron permanece en ustedes, y no necesitan que nadie les enseñe. Esa unción es auténtica —no es falsa—y les enseña todas las cosas.  
¡Qué bajada de piso para los que pretendemos ser maestros del pueblo del Señor! ¡El texto nos dice que sobramos! (Cf. Stg 3:1). Pone al mismo nivel maestro y alumno y declara que desde el Pentecostés la comunidad tiene el mejor de los maestros, ¡el Espíritu Santos! Somos "maestros ayudantes" que acompañamos al pueblo creyente; no somos autoridades ni indispensables  Esto también es consecuencia del Pentecostés y explica la base del escrutinio congregacional de las profecías.  
2.- Es impresionante como el pasaje de Joel, citado por Pedro, se concentra en un solo ministerio del Espíritu: la profecía.  Los hijos e hijas profetizarán, los jóvenes tendrán visiones, los ancianos tendrán sueños y los siervos y siervas de Dios profetizarán.[5] Esta marca para siempre a la iglesia, que nace en ese suceso, como una comunidad profética por esencia. ¡Desde el Pentecostés la iglesia es una comunidad de visionarios y soñadores ("yo tengo un sueño", Martin Luther King)!
La frase "sobre toda carne" podría significar "sobre toda clase de creyentes". Sin distinción de edad o sexo, pero el sentido natural es más amplio e inclusivo. El antecedente de Num 11;29 y las enseñanzas del N.T. sobre la morada del Espíritu en todo creyente favorecen la interpretación de que cada creyente, sin excepción, comparte el don del Espíritu del Pentecostés. Eso significa que todo creyente también, al igual que la iglesia misma, tiene un llamado profético y un deber de cumplirlo de alguna manera.  
EL MISMO Y ÚNICO ESPÍRITU
El Espíritu que Dios derramó sobre la iglesia naciente era el mismo Espíritu de los antiguos profetas de Israel. Dios no tiene otro Espíritu más cómodo y más agradable, menos exigente y amenazante al status quo. El prototipo para la iglesia tiene que ser el mensaje y la praxis de esos antiguos portadores de la verdad y la voluntad de Dios. De forma similar, todo cristiano está llamado/a a una presencia profética, de alguna forma, en la iglesia y en la sociedad. A la luz del significado bíblico y del modelo de la práctica profética, podemos concluir que la iglesia nació para ser una comunidad de discernimiento crítico, de cuestionamiento, de dialogo y debate abierto.
Desde el Pentecostés, la denuncia y el anuncio proféticos son deberes de la iglesia, como lo son para todos los y las fieles. Es deber también para todos y todas participar activa y críticamente en el análisis de las decisiones de las Iglesias, las aclaraciones doctrinales y los debates exegéticos sobre la interpretación bíblica. Si estamos llamados a examinar las profecías, mucho más imperativo es cuestionar a los políticos, los biblistas y teólogos, y hasta los mega-pastores. 
Después del Pentecostés, suprimir la criticidad profética o evadir el debate sólo para quedar bien y no tener problemas es desobediencia al imperativo bíblico.[6] Esta perspectiva sobre la profecía es profundamente liberadora en nuestra moderna sociedad burguesa, donde la "religión" se relega casi totalmente a la esfera privada, donde tener convicciones se malinterpreta como falta de tolerancia y donde la crítica directa se condena como falta del amor.
Nuestro llamado profético, de todos y todas, nos libera para afirmar convicciones radicales, que entendemos como la voluntad de Dios... ¡y también libertad para equivocarnos!
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NOTAS AL PIE
[4] Hace unos años escuché una novedosa interpretación de "toda carme", cuando un ganadero dijo por televisión, "mis vacas son carne también y tienen el Espíritu Santo". ¡A veces la interpretación literal produce desastres teológicos!  Por otra parte, la traducción "todo el género humano", tomada fuera de contexto, podría sugerir un derramamiento del Espíritu Santo sobre todo ser humano, sin excepción alguna.
[5] El texto de Hch 2:18 agrega el verbo final, "y profetizarán", que falta en el texto hebreo y en la Septuaginta.

[6] v El otro extremo, de críticas irresponsables e injustas (critconería), es pecado y hace mucho daño en las iglesias.

Fuente: Protestantedigital, 2015.