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miércoles, 22 de noviembre de 2017

Latinoamérica: Iglesia católica ‘imita’ a los protestantes

Por. Samuel Escobar, España
América Latina: protestantismo popular y misionología católica (III)   Las aproximaciones misionológicas han tenido su efecto en los cambios que empezaron a darse al interior de la Iglesia Católica Romana. Quizás el indicador más preciso fuese el Sínodo de Obispos para América que reunió a cerca de 300 obispos y cardenales, del 16 de noviembre al 12 de diciembre de 1997 en Roma. En forma explícita se juntó a los jerarcas de América Latina con los de Estados Unidos y Canadá, lo cual muestra una estrategia destinada a conseguir mayor cooperación oficial entre estas regiones. Se puso énfasis en la llamada "nueva evangelización"  de modo que "la iglesia en el pasado había acentuado las soluciones sociológicas para la pobreza mientras que ahora el énfasis estaría en la conversión".[1] Esta nueva estructura regional significará en la práctica, por ejemplo, más ayuda financiera del norte para el sur, y coordinación de esfuerzos en relación con los hispanos en Estados Unidos que se han estado haciendo evangélicos a un ritmo preocupante para los católicos.
El Documento Ecclesia in America es el texto de la "Exhortación Apostólica Post-sinodal" que el Papa presentó en Mexico el 22 de enero de 1999. Aquí se encuentra un resumen oficial de la agenda pastoral y social de la Iglesia de Roma para los próximos años. El párrafo No. 73 del documento se ocupa de los evangélicos y lo que dice de ellos es revelador. Roma siempre distingue entre las iglesias protestantes que participan en el diálogo ecuménico dirigido desde Ginebra por el Consejo Mundial de Iglesias, y las iglesias evangélicas y pentecostales, más dinámicas y evangelizadoras a las cuales denomina "sectas".[2] Ecclesia in America afirma: "La acción proselitista que las sectas y nuevos grupos religiosos desarrollan en no pocas partes de América, es un grave obstáculo para el esfuerzo evangelizador". Luego hace referencia a actitudes ecuménicas que los católicos deben tener, pero no deja lugar a dudas en cuanto al exclusivismo católico: "...estas actitudes no han de poner en duda la firme convicción de que sólo en la Iglesia católica se encuentra la plenitud de los medios de salvación establecidos por Jesucristo."
Hay también un esfuerzo autocrítico que tiene dos aspectos significativos.
1.- Uno se refiere a las metodologías pastorales y propone que ante el avance evangélico la Iglesia se embarque en "un profundo estudio que se ha de realizar en cada nación y también a nivel internacional para descubrir los motivos por los que no pocos católicos abandonan la Iglesia". Esto deberá llevar a "una revisión de los métodos pastorales empleados de modo que cada Iglesia particular ofrezca a los fieles una atención religiosa más personalizada, consolide las estructuras de comunión y misión y use las posibilidades evangelizadoras que ofrece una religiosidad popular purificada, a fin de hacer más viva la fe de todos los católicos en Jesucristo por la oración y la meditación de la Palabra de Dios."  
2.- El segundo punto de autocrítica se refiere a un cambio de énfasis de lo social a lo espiritual. El documento hace referencia a las observaciones de algunos de los participantes en el Sínodo, en el sentido de que "hay que preguntarse  si una pastoral orientada de modo casi exclusivo a las necesidades materiales de los destinatarios no haya terminado por defraudar el hambre de Dios que tienen estos pueblos, dejándolos así en una situación vulnerable ante cualquier oferta supuestamente espiritual".
Como señalábamos antes en esta serie de artículos, varios estudiosos católicos del Protestantismo latinoamericano habían venido señalando esta cuestión, haciendo referencia especial a las iglesias evangélicas populares donde lo principal que las personas encuentran no es dinero ni ayuda social sino "una experiencia de Dios".  El documento llega a la conclusión de que "Una Iglesia que vive intensamente la dimensión espiritual y contemplativa, y que se entregue generosamente al servicio de la caridad, será de manera cada vez más elocuente testigo creíble de Dios para los hombres y mujeres en búsqueda de un sentido para la propia vida".
Lo que el documento sinodal señala es algo que hemos empezado a notar en toda América Latina: sacerdotes y laicos católicos están imitando muchos de los métodos pastorales y de evangelización que han sido creados y usados por los protestantes, en especial por las iglesias populares. Así, por ejemplo, muchos programas de televisión católicos tienen la misma estructura de los programas evangélicos, la himnología popular de la década de los años 70 y 80 fue incorporada a los cancioneros católicos, y se usan tanto el estudio bíblico en pequeños grupos como las reuniones en casas con su tiempo de testimonio, meditación bíblica y oración. En algunos casos estos métodos se han modificado y adaptado, pero en otros casos es difícil distinguir entre lo católico y lo evangélico.
CONCLUSIÓN
Los cambios en el Catolicismo constituyen un desafío a la identidad de los evangélicos y a su creatividad. Nos hacen pensar en muchos aspectos de la vida práctica de las iglesias en los que puede haber también un aprendizaje de lo que este despertar católico está creando. Hoy en día, por ejemplo, sobre estudio bíblico, dinámica de grupos, trabajo con gente joven y adolescentes, uso del arte para la enseñanza cristiana, videos sobre temas cristianos y bíblicos, las librerías católicas tienen material producido originalmente en castellano o traducido, mucho más abundante y variado que las librerías evangélicas. Sin embargo, más allá de las cuestiones metodológicas, los cambios en el Catolicismo nos obligan a definir cuáles son los distintivos de nuestra fe evangélica.
Si hay una iglesia que imita los métodos evangélicos en forma exitosa, cabe preguntarse ¿en qué nos distinguimos de ella? ¿Por qué seguimos existiendo como iglesias diferentes? Esto nos plantea el problema teológico de los fundamentos de la fe evangélica expresada en los varios "rostros del Protestantismo" para usar la frase del teólogo metodista José Míguez Bonino. Las cuestiones teológicas y de identidad son importantes y los evangélicos tienen que usar los recursos misionológicos que les provee la comprensión de su historia y su teología. Aunque una actitud posmoderna ante la fe relega las cuestiones teológicas a un segundo plano, éstas son indispensables para la comprensión de la realidad misionera que plantea el Protestantismo popular.
Notas
[1].Thomas J. Reese "The Synod points out needs" America (revista jesuita de Estados Unidos) Enero 3, 1998; p. 3.
[2].Un resumen de literatura al respecto se puede ver en mi capítulo del mencionado libro Historia y Misión. pp. 17-22. 


Fuente: Protestantedigital, 2017

viernes, 29 de julio de 2016

Protestantismo latinoamericano analiza su pasado y futuro



Por. Samuel Escobar, España
Los núcleos de la región Norteamérica de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) se reunieron para una consulta teológica en Wheaton del 30 de junio al 2 de julio.
La reunión giró alrededor de la temática del histórico congreso de iglesias y organizaciones misioneras protestantes que se realizó en Panamá en 1916, en lo que se considera como el primer gran encuentro de protestantes latinoamericanos en el siglo XX.
Se trataba de celebrar dicho congreso y revisar el impacto histórico que tuvo y sus repercusiones en la historia del protestantismo latinoamericano, visto con la perspectiva de un siglo.
Se consideró también la significación de dicho evento para el futuro, ahora que el pueblo evangélico de América Latina está participando en la misión global con el envío de misioneras y misioneros a otras partes del mundo.
Participaron 8 mujeres y 28 varones, representando a los núcleos de Chicago, Cleveland/Chattanooga, Los Ángeles, Miami y Phoenix, la mayoría de los cuales tienen una larga trayectoria en la FTL. Se unieron a ellos dos miembros de la FTL de otras regiones: Samuel Escobar que vive en España y Tomás Gutiérrez del Perú.
En la buena tradición de la FTL, las ponencias fueron preparadas de antemano y circuladas para su consideración previa a la consulta, lo cual facilitó la reflexión colectiva y la redacción de conclusiones.
Escobar ofreció una breve referencia misionológicaa la conferencia misionera protestante de Edimburgo 1910, en la cual por influencia anglo-católica no se permitió la participación de misiones que trabajaban en países considerados cristianos como los de América Latina, católicos, o los de Europa oriental, ortodoxos.
El esfuerzo por corregir tamaño error histórico se manifestó en la convocación del Congreso de Panamá, como expuso Juan Martínez del Seminario Fuller en el análisis histórico de su ponencia: Panamá 1916 - Sus raíces y sus frutos en el mundo evangélico,comentada por Lindy Scott del WithworthCollege.
Pasado y presente fueron objeto de la reflexión en dos ponencias, la de Samuel Pagán, biblista y profesor del Centro de Estudios Bíblicos en Jerusalén :Panamá 1916 y 2016: Lecturas, comprensiones y aplicaciones del mensaje de la Biblia,y la del historiador Tomás Gutiérrez Sánchez, Protestantismo y democracia en América Latina: La incidencia del congreso de Panamá en las sociedades latinoamericana scomentada por Oscar García-Johnson del Seminario Fuller.
La mirada se dirigió al futuro en dos ponencias. La de Alexandra Zamora, promotora de misiones y organizadora de la consulta :El rostro del mundo misionero tiene rasgos latinos, comentada por Wilmer Estrada-Carrasquillo del Seminario Bíblico Pentecostal en Cleveland Tennessee y por Sídney Rooy, historiador y uno de los fundadores de la FTL.
Zamora examinó la realidad de la presencia latinoamericana en las misiones a nivel global y el desafío que se presenta a los evangélicos de habla hispana en Norteamérica.
Por su parte Elizabeth Conde-Frazier, Decana Académica en Esperanza College de Filadelfia, expuso su ponencia: La misión evangelizadora de la educación cristiana, que fue comentada por Gretchen Abernathy, quien colabora en la publicación dela revista semestral de la FTL en inglés Journal of LatinAmerica Theology, que dirige Lindy Scott.
Durante la reflexión en las plenarias y en pequeños grupos un tema que se fue imponiendo fue el de la identidad del protestantismo latinoamericano y en particular la del pueblo evangélico de habla hispana en Norteamérica.
Este tema tiene particular importancia cuando se piensa en la vocación específica de la FTL en Estados Unidos, donde los hispanos constituyen una minoría creciente con su problemática misional y pastoral inconfundible.
Los asistentes constituídos en Asamblea decidieron pedir a Alexandra Zamora que continuase como Secretaria Regional de la FTLy encargar la publicación de los materiales de la consulta en castellano a Oscar García-Johnson y Juan Martínez, esperando que el Journal de la FTL las publique en inglés.
En un momento culminante de la consulta los pastores Silvina y Javier Kosacki dirigieron la celebración de la cena del Señor al son de música latinoamericana.

Fuente: Protestantedigital, 2016

jueves, 15 de octubre de 2015

¡Gracias a Dios por España!



Por Samuel Escobar, España
Reflexionando en vísperas del 12 de Octubre he llegado a la conclusión que he de celebrarlo también, dando “gracias a Dios por España”. No es que preste atención a la retórica del nacional catolicismo que escucharemos mucho en estos días, sino que tengo razones poderosas para agradecer a Dios por España.
En primer lugar por la España de hoy, en la cual me ha tocado vivir esta etapa de mi vida. Por la calidad de vida que es posible en este país y que muchos otros inmigrantes que conozco agradecen también. Por el sistema de salud que ha sido una bendición especialmente durante la enfermedad de mi esposa, y que es lo mejor que he visto de todos los países donde me ha tocado vivir.
Y hay también razones históricas de más larga duración. Cuando pienso que es posible viajar desde California hasta la Patagonia y comunicarse en castellano en más de una veintena de países, doy gracias por esa lengua castellana que trajeron los españoles en el siglo XVI. Así escribía el historiador colombiano Germán Arciniegas: “En el Nuevo Mundo, donde el aislamiento había mantenido las lenguas estancadas, donde no se podía ir de Centroamérica al Sur sirviéndose de palabras comunes, se introdujo en brevísimo espacio de tiempo una lengua común que permitió comunicase a toas las colonias desde Mexico hasta Chile y el Río de la Plata. Cada nueva capital de un virreinato, de una gobernación, cada pequeña villa que se fundaba, era una capital o una villa de lengua castellana.”
Arciniegas nos recuerda también que este paso de la lengua castellana al nuevo mundo se dio justamente en el siglo en que esa lengua había alcanzado máximo esplendor “un idioma con raíces latinas, griegas y árabes. Un idioma, entonces, con toda la fuerza del siglo en que se mostró más vigoroso y rico, más creador y poético, más heroico, místico, teatral, jurídico: universal. Es el siglo de Cervantes, de Santa Teresa, de Lope de Vega, de Quevedo.” Y como evangélico estoy profundamente agradecido que en ese siglo Dios levantara a creyentes evangélicos españoles, capaces y valientes, como los traductores Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera que pese al asedio de la Inquisición se arriesgaron a la empresa de traducción de la Biblia de sus originales hebreo y griego. Ese es el castellano rico y sonoro que tantos evangélicos hemos aprendido desde niños en la Biblia.
Reconozco que varios protestantes latinoamericanos hemos escrito sobre los defectos y abusos del proceso de cristianización que acompañó a la conquista española de América. Y sin embargo tengo que agradecer a Dios por los misioneros españoles que intentaron cultivar una práctica misionera a la manera de Cristo y que se esforzaron en comunicar el Evangelio bíblico. Algunos de ellos, como Bartolomé de las Casas, fueron también críticos agudos del proceso cristianizador superficial y abusivo, que por fin se impuso.
Mi buen amigo y hermano Estuardo Macintosh, misionero escocés que trabajó treinta años en el Perú, me llamó la atención por primera vez a un libro del siglo XVI en el cual él es un especialista: De procuranda indorum salute, escrito en latín por el jesuita español José de Acosta, quien lo tradujo al castellano como Predicación evangélica en Indias. Se trata de un verdadero “Manual” para misioneros que tienen lecciones tan valiosas que los misioneros de hoy haríamos bien en conocer y practicar. Macintosh lo ha traducido al inglés. Guardo como un tesoro la edición que he conseguido, de 619 páginas, publicada en Madrid en 1952.
Desde mi niñez mi fe evangélica se fortaleció con aquellos himnos que cantábamos con entusiasmo y vigor y que dieron forma a nuestra espiritualidad. Así aprendimos de memoria, por ejemplo: “Nunca Dios mío cesará mi labio de bendecirte, de cantar tu gloria, porque conservo de tu amor inmenso grata memoria.” Y así con más de un centenar de cánticos escritos o traducidos por evangélicos españoles del siglo XIX y XX como Juan Bautista Cabrera o José M de Mora. Gracias a Dios por esos poetas españoles cuyas obras cantan todavía millones de evangélicos de habla castellana.
Más recientemente he conocido la obra de Diego de Hojeda quien publicó en Sevilla, en 1611 La cristiada “que trata de la vida y muerte de Cristo nuestro Salvador” y que luego fue publicada numerosas veces a lo largo del siglo XIX. Hojeda había nacido en Sevilla en 1571 y antes de cumplir veinte años viajó a Lima, donde profesó como sacerdote en 1591. Luego vivió en Cusco y Huánuco, donde murió en 1615. Remitiéndose a los juicios de Menéndez y Pelayo y Quintana, el escritor peruano Ventura García Calderón dice respecto a Hojeda: “Su Cristiada presenta la paradoja de que la mejor epopeya cristiana de España haya sido escrita en un convento peruano.” Las dos primeras estrofas del Libro Octavo nos permiten ver el tono contemplativo y místico de esta epopeya:
Mas ¡ay que baja por el aire apriesa
sobre el cuerpo de Cristo el fiero azote!
¡Ay Dios, que llueven, cual de nube espesa,
golpes en el Supremo Sacerdote!
¡Ay Dios que de sacar sangre no cesa,
para que toda en el dolor se agote
la cruel disciplina!¡Ay Dios amado!
¡Ay Jesús, por mis culpas azotado!
Yo pequé, mi Señor, y tú padeces;
yo los delitos hice y tú los pagas;
si yo los cometí, tú, ¿qué mereces,
que así te ofenden con sangrientas llagas?
Mas voluntario, tú, mi Dios, te ofreces;
tú del amor del hombre te embriagas;
y así porque le sirva de disculpa,
quieres llevar la pena de su culpa.

El sufrimiento y la muerte de Cristo son entendidos con un significado expiatorio que expresa el propósito divino de redimir al ser humano de sus culpas. Gracias a Dios por La Cristíada. Gracias a Dios por España.
Gracias a Dios por el pueblo evangélico en la España de hoy, ese pueblo que se está multiplicando, y que en esta España de cultura post-moderna y libertad religiosa intenta dar testimonio de la obra salvadora y transformadora de Cristo. Quienes formamos parte de ese pueblo hemos de recordar que en España no estamos en una tabula rasa donde nada se sabe de Dios y de Cristo. Anunciar a Cristo en la España de hoy requiere una fe arraigada en la Palabra, humildad, sabiduría y discernimiento.

Samuel Escobar
Valencia, 12/10/15

Notas
1 Germán Arciniegas, El continente de siete colores, Aguilar, Bogotá, 1989; p.42.
2 Ibíd.
3 Publicado en Sevilla como parte de su obra más amplia Historia natural y moral de las Indias,publicada en Madrid en 1952.
4 Biblioteca de Cultura Peruana, Los místicos De Hojeda a Valdés, compilación e introducción por Ventura García Calderón, Desclée de Brouwer, París 1938¸p.21
5 Ibíd. p. 29

Fuente: Blog de René Padilla

domingo, 4 de octubre de 2015

Refugiados sirios en Europa



Por. Samuel Escobar, España
En el s. II, hubo mercaderes sirios cristianos que llevaron el Evangelio a la Galia (Francia). La presencia cristiana más temprana en India se atribuye también a mercaderes sirios.
El martilleo constante de los medios de comunicación nos conmueve con escenas de multitudes de refugiados en su marcha hacia Europa, escenas que sacuden nuestra conciencia. Quienes vivimos en Europa nos estamos preguntando cómo van a responder los cristianos europeos a esta crisis. Ya muchos de ellos en lugares tan distantes como Hungría o Suecia han empezado a responder a partir de su conciencia cristiana y con los medios a su alcance. Y hemos de reconocer que las muestras de compasión y solidaridad no son monopolio de los cristianos. Algo se está haciendo pero hay mucho más qué hacer. Las escenas de estos sirios cruzando Croacia han traído a mi memoria un hecho histórico y una reflexión teológica. El más célebre historiador de la misión cristiana Kenneth Scott Latourette nos recuerda, en el primero de los siete tomos de su Historia que en el siglo segundo había relaciones comerciales entre la Galia, lo que es hoy Francia, y Siria. Entre los mercaderes sirios había creyentes en Cristo que contribuyeron a la evangelización de esa región.[1] Y la presencia cristiana más temprana en la India, se atribuye también a mercaderes sirios y es redescubierta en el siglo dieciséis cuando llegan allí los portugueses.[2]
 Por otra parte, de Croacia proviene Miroslav Volf, un distinguido teólogo evangélico que actualmente enseña en la Facultad de Teología de la Universidad de Yale en Estados Unidos. En estas mismas páginas, en un artículo anterior, di cuenta del libro que lo ha hecho famoso Exclusion and Embrace.[3] Se trata de una profunda reflexión sobre el tema de cómo los seres humanos construímos nuestra identidad y la medida en que al hacerlo nos distanciamos de los demás, de “los otros”.
Tuve el privilegio de conocer a Volf en 1991. Él era entonces profesor del Instituto Bíblico de Osijek, un hermoso pueblo en lo que era entonces Yugoslavia. Unos meses después vi con sorpresa en la televisión como ese pueblo había estallado, destrozado por la tragedia de la división de ese país entre croatas, serbios y bosnios. Siguió una cruel guerra fratricida en la cual se dieron extremos increíbles de genocidio y destructividad. El odio racial y la exclusión llevaron a estos europeos del Este a cometer las mismas barbaridades que luego vimos repetirse entre los grupos étnicos de Rwanda, en el este de África.
En el libro Exclusión y abrazo, Volf nos propone una exploración teológica de los temas de la identidad propia, la de “los otros,” y la reconciliación. Afirma que la comprensión del mensaje cristiano y la misión de la Iglesia hoy tienen que tomar en cuenta estos temas porque alrededor de ellos están algunos de los más serios desafíos a la fe que enfrentaremos en las próximas décadas. Como seres humanos formamos parte de familias, pueblos, razas, naciones, realidades de las cuales se nutre nuestra identidad. Y también como humanos tomamos conciencia de que hay otros seres humanos que pertenecen a otras familias, pueblos, razas y naciones. Hay un momento inicial de exclusión que pasa por descubrir, afirmar y disfrutar aquello que es exclusivamente nuestro y que nos diferencia de “los otros.”
Cuando ese proceso de exclusión se intensifica y exagera llegamos a concebir como único modo de vida posible el separarnos de los demás afirmando nuestra propia identidad y excluyendo a los otros. Sin embargo, las realidades sociales como la migración o la formación de naciones nos imponen la convivencia con otros que son diferentes a nosotros. Si la actitud excluyente predomina, termina por hacer imposible esa convivencia y se manifiesta en formas de exclusión como fueron la segregación racial en los Estados Unidos o el apartheid en Sudáfrica. En estos sistemas quienes tienen el poder organiza la sociedad en forma que excluye a los que son diferentes. La exclusión lleva consigo el desprecio, el reducir a los otros a una vida inferior, el cortarles oportunidades de avanzar en la vida, el multiplicar los privilegios para “los nuestros” a costa de sacrificios y desventajas para “los otros.” Hoy en día es lamentable el crecimiento de actitudes xenófobas de algunos partidos políticos que tienen influencia creciente en países como Francia, Alemania, Italia o Grecia.
Si examinamos con cuidado el Nuevo Testamento vemos que en el centro mismo del mensaje del Evangelio de Jesucristo hay una crítica a la exclusión y una invitación a abandonar esa actitud. En la teología de Volf la cruz de Cristo es central y viene a ser una invitación a reconsiderar nuestra actitud sustituyendo la exclusión por el abrazo fraternal, la receptividad al otro a la luz de una nueva identidad que ahora proviene de nuestra relación con Cristo. Cuando los refugiados sirios o de cualquier otra nacionalidad empiecen a vivir en las ciudades europeas, enfrentaremos el desafío a dejar de lado la exclusión y ofrecer más bien el abrazo. En España eso ha sucedido, hasta cierto punto, con la llegada de latinoamericanos o europeos del Este que han encontrado en muchas iglesias el abrazo fraterno. Y seguramente iremos descubriendo entre los refugiados de hoy personas que creen en Cristo, y que pueden ser utilizados para vivir y anunciar el mensaje de Cristo, igual que aquellos comerciantes sirios del siglo segundo o del noveno que fueron al sur de Francia o a la India como portadores del Evangelio.
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[1] Kenneth Scott Latourette, A History of the Expansion of Christianity, Tomo 1, The First Five Centuries Zondervan, Grand Rapids, 1970; p. 98.
[2] Kenneth Scott Latourette, Tomo 2, The Thousand Years of Uncertainty, p. 281.
[3] Miroslav Volf, Exclusion and Embrace, Abingdon Press, Nashville, 1996.

Fuente: Protestantedigital, 2015.