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domingo, 4 de octubre de 2015

Refugiados sirios en Europa



Por. Samuel Escobar, España
En el s. II, hubo mercaderes sirios cristianos que llevaron el Evangelio a la Galia (Francia). La presencia cristiana más temprana en India se atribuye también a mercaderes sirios.
El martilleo constante de los medios de comunicación nos conmueve con escenas de multitudes de refugiados en su marcha hacia Europa, escenas que sacuden nuestra conciencia. Quienes vivimos en Europa nos estamos preguntando cómo van a responder los cristianos europeos a esta crisis. Ya muchos de ellos en lugares tan distantes como Hungría o Suecia han empezado a responder a partir de su conciencia cristiana y con los medios a su alcance. Y hemos de reconocer que las muestras de compasión y solidaridad no son monopolio de los cristianos. Algo se está haciendo pero hay mucho más qué hacer. Las escenas de estos sirios cruzando Croacia han traído a mi memoria un hecho histórico y una reflexión teológica. El más célebre historiador de la misión cristiana Kenneth Scott Latourette nos recuerda, en el primero de los siete tomos de su Historia que en el siglo segundo había relaciones comerciales entre la Galia, lo que es hoy Francia, y Siria. Entre los mercaderes sirios había creyentes en Cristo que contribuyeron a la evangelización de esa región.[1] Y la presencia cristiana más temprana en la India, se atribuye también a mercaderes sirios y es redescubierta en el siglo dieciséis cuando llegan allí los portugueses.[2]
 Por otra parte, de Croacia proviene Miroslav Volf, un distinguido teólogo evangélico que actualmente enseña en la Facultad de Teología de la Universidad de Yale en Estados Unidos. En estas mismas páginas, en un artículo anterior, di cuenta del libro que lo ha hecho famoso Exclusion and Embrace.[3] Se trata de una profunda reflexión sobre el tema de cómo los seres humanos construímos nuestra identidad y la medida en que al hacerlo nos distanciamos de los demás, de “los otros”.
Tuve el privilegio de conocer a Volf en 1991. Él era entonces profesor del Instituto Bíblico de Osijek, un hermoso pueblo en lo que era entonces Yugoslavia. Unos meses después vi con sorpresa en la televisión como ese pueblo había estallado, destrozado por la tragedia de la división de ese país entre croatas, serbios y bosnios. Siguió una cruel guerra fratricida en la cual se dieron extremos increíbles de genocidio y destructividad. El odio racial y la exclusión llevaron a estos europeos del Este a cometer las mismas barbaridades que luego vimos repetirse entre los grupos étnicos de Rwanda, en el este de África.
En el libro Exclusión y abrazo, Volf nos propone una exploración teológica de los temas de la identidad propia, la de “los otros,” y la reconciliación. Afirma que la comprensión del mensaje cristiano y la misión de la Iglesia hoy tienen que tomar en cuenta estos temas porque alrededor de ellos están algunos de los más serios desafíos a la fe que enfrentaremos en las próximas décadas. Como seres humanos formamos parte de familias, pueblos, razas, naciones, realidades de las cuales se nutre nuestra identidad. Y también como humanos tomamos conciencia de que hay otros seres humanos que pertenecen a otras familias, pueblos, razas y naciones. Hay un momento inicial de exclusión que pasa por descubrir, afirmar y disfrutar aquello que es exclusivamente nuestro y que nos diferencia de “los otros.”
Cuando ese proceso de exclusión se intensifica y exagera llegamos a concebir como único modo de vida posible el separarnos de los demás afirmando nuestra propia identidad y excluyendo a los otros. Sin embargo, las realidades sociales como la migración o la formación de naciones nos imponen la convivencia con otros que son diferentes a nosotros. Si la actitud excluyente predomina, termina por hacer imposible esa convivencia y se manifiesta en formas de exclusión como fueron la segregación racial en los Estados Unidos o el apartheid en Sudáfrica. En estos sistemas quienes tienen el poder organiza la sociedad en forma que excluye a los que son diferentes. La exclusión lleva consigo el desprecio, el reducir a los otros a una vida inferior, el cortarles oportunidades de avanzar en la vida, el multiplicar los privilegios para “los nuestros” a costa de sacrificios y desventajas para “los otros.” Hoy en día es lamentable el crecimiento de actitudes xenófobas de algunos partidos políticos que tienen influencia creciente en países como Francia, Alemania, Italia o Grecia.
Si examinamos con cuidado el Nuevo Testamento vemos que en el centro mismo del mensaje del Evangelio de Jesucristo hay una crítica a la exclusión y una invitación a abandonar esa actitud. En la teología de Volf la cruz de Cristo es central y viene a ser una invitación a reconsiderar nuestra actitud sustituyendo la exclusión por el abrazo fraternal, la receptividad al otro a la luz de una nueva identidad que ahora proviene de nuestra relación con Cristo. Cuando los refugiados sirios o de cualquier otra nacionalidad empiecen a vivir en las ciudades europeas, enfrentaremos el desafío a dejar de lado la exclusión y ofrecer más bien el abrazo. En España eso ha sucedido, hasta cierto punto, con la llegada de latinoamericanos o europeos del Este que han encontrado en muchas iglesias el abrazo fraterno. Y seguramente iremos descubriendo entre los refugiados de hoy personas que creen en Cristo, y que pueden ser utilizados para vivir y anunciar el mensaje de Cristo, igual que aquellos comerciantes sirios del siglo segundo o del noveno que fueron al sur de Francia o a la India como portadores del Evangelio.
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[1] Kenneth Scott Latourette, A History of the Expansion of Christianity, Tomo 1, The First Five Centuries Zondervan, Grand Rapids, 1970; p. 98.
[2] Kenneth Scott Latourette, Tomo 2, The Thousand Years of Uncertainty, p. 281.
[3] Miroslav Volf, Exclusion and Embrace, Abingdon Press, Nashville, 1996.

Fuente: Protestantedigital, 2015.

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