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martes, 5 de diciembre de 2017

Evangélicos y Política en Chile en búsqueda de la gloria y el poder

Por. Josaphat Jarpa, Chile
Existe en este último tiempo un mayor interés de entender la política evangélica en Chile. La aparición del pastor evangélico David Hormachea en la franja televisiva electoral del candidato presidencial José Antonio Kast llamando a votar por “quien crea en Dios y defienda la moral absoluta”, sumado a los esfuerzos del Pastor Javier Soto en promocionar por los medios a Kast como el nuevo mesías, abre la constante, incierta y compleja pregunta ¿Cuál es el lugar político de los evangélicos en Chile?
No es un ejercicio fácil, los casos Brasil y Colombia principalmente, en donde sectores de las Iglesias Evangélicas marcaron una tendencia en la agenda pública. Así, son significativos los casos del Impeachment a la presidenta de Brasil Dilma Rouseff y el plebiscito por el acuerdo para la terminación del conflicto de la guerrilla y la construcción de la paz en Colombia, donde evangélicos se movilizaron por el NO, por incluirse en el acuerdo políticas que promovían la denominada “Ideología de Género”.
La relación de evangélicos en América Latina y el Caribe con la Derecha no es nueva. El historiador costarricense Arturo Piedra hace una exhaustiva revisión en su tesis doctoral “Evangelización protestante en América Latina. Análisis de las razones que justificaron y promovieron la expansión protestante”. Uno de sus principales aportes es la identificación de la intervención de los Estados Unidos en los países del sur, no sólo desde una esfera política y económica sino también cultural y religiosa, fortaleciendo alianzas con sectores que adherían al emergente movimiento religioso conservador que nace en EE.UU., a decir, el fundamentalismo evangélico, que desde la década de los 60 experimenta una gran expansión en América Latina y el Caribe, instalando una teología exclusivista, imperialista y colonial, que tiende tensiones excluyentes con ciertas tendencias de la época principalmente el marxismo, el liberalismo, el humanismo y el feminismo.   Su expansión logró hegemonizar las disputas teológicas, anulando lecturas alternativas de las teologías cristianas en el continente, concentrando el poder y la exclusividad de la verdad.
El mejor representante de este movimiento en la actualidad es el propio David Hormachea, egresado de la Universidad de Biola, lugar protagónico en la elaboración de revista “Fundamentos” que origina el movimiento del Fundamentalismo evangélico. Es difícil olvidar que el año 2000, Hormachea criticó al obispo Emiliano Soto, presidente de la Mesa Ampliada, cuando este llamó a votar por Eduardo Frei, con la frase “los pastores no deben meterse” , sin embargo en internet se encuentran vídeos de Hormachea apoyando a Donald Trump , Manuel José Ossandón , y en su reciente apuesta a José Antonio Kast, el candidato de la ultra derecha, apoyado por militares condenados por crímenes de lesa humanidad, grupos neonazis, y sectores del integrismo católico, históricos obstaculizadores del reconocimiento de los evangélicos en Chile .
La razón de Hormachea y de otros actores de la región para apoyar a los sectores conservadores de sus respectivos países es “detener el debacle cultural” entre otras, la promoción de lo que denominan “ideología de género”, concepto promovido ferozmente como el nuevo “anti-cristo”, y que constituye una estrategia internacional para frenar las luchas y avances sociales que han sostenido los movimientos sociales de mujeres y de la diversidad sexual. Se trata de un freno que accionado representa la autoridad y el poder de quienes deciden en la economía, la cultura y la religión a nivel global. Genilma Boehler , profesora de la Universidad Bíblica Latinoamericana, dice al respecto: “El gran problema es que, hoy día, los estudios de género ponen en duda a las verdades relativas a las posturas éticas, a la biogenética, a los estudios de la sexualidad humana, a las morales cerradas bajos las llaves de los fundamentalismos, a los modelos hegemónicos y por supuesto que al momento actual; si hacemos un análisis de coyuntura política y miramos el regreso de los dominios políticos de las élites crueles y excluyentes, mantener a la gente desinformada y luchando entre sí, es estrategia planificada y no ingenua, tampoco neutral[1]”.
No obstante en Chile, el crecimiento de la derecha evangélica no se da con la fuerza que algunos quisieran. Existen algunos motivos que podríamos identificar muy brevemente, por ejemplo la cultura religiosa de los evangélicos de base, quienes aún se niegan a la participación política en el espacio público, evitando la polarización en su práctica de fe y comunitaria. Es una forma masiva de pensar dentro las Iglesias Pentecostales mayoritarias a la nominación “evangélicas”, que se complementa con una cultura despolitizada en los sectores empobrecidos, en donde se sitúa mayormente estas Iglesias, lugares de precaria formación ciudadana, y enajenadas de la problemática social.
Otro sector no alcanzado son aquellos que han abrazado otros tipos de experiencias de construcción comunitaria, trabajando con mayor atención en los problemas sociales de sus comunidades en donde la política nacional no se lee de la misma forma, ni con los mismos énfasis, por ejemplo quienes dedican sus templos y lugares de reunión para desde ahí conformar comedores libres, centro comunitarios, jardines infantiles, la rehabilitación de personas por el consumo de drogas, sin ánimo de lucrar sino con una práctica misericordiosa y solidaria con sus iguales.
Se puede identificar un tercer sector no alcanzado, y estos son quienes tienen una mirada crítica al modelo neoliberal, promueven una lectura de fe en diálogo con la sociedad y los derechos humanos. Tienen una activa participación través espacios políticos alternativos , se encuentran en el campo educativo, con la situación migrante, la niñez, con las mujeres, las comunidades indígenas, la diversidad sexual, el dialogo interreligioso entre otras causas.
Lo primero y relevante que habría que identificar es que la confesionalidad evangélica no es perteneciente ni a izquierdas, ni derechas, aunque en este último tiempo se trate de promocionar un solo rostro evangélico en particular. Los más interesados en la hegemonización de dicha identidad son aquellos que gozan de los privilegios de la jerarquía religiosa y cultivan una ambición por el poder de forma irrenunciable en desmedro de la adoración a Dios desde una vida piadosa. Pero esta “Derecha Evangélica” niega su identidad política, en circunstancias de que sus discursos, relaciones y propuestas se encuentran en este sector, por una clara razón se sitúan aquí, la derecha gane o pierda “siempre ganará”.   En efecto, son los que tienen el control de las riquezas en nuestro país. De allí que no es forzoso sostener que acercarse a este sector es acercarse al poder y la gloria, esto es, al poder absoluto al que señala implícitamente Hormachea.
La articulación de la Derecha evangélica para estas elecciones tiene como fecha importante el mes de Mayo de este año, con el nombramiento del “Consejo Ciudadano” de la candidatura presidencial del empresario Sebastián Piñera a través de la inclusión de dos obispos evangélicos: El obispo Jorge Méndez, quien representa el “Consejo Nacional de Obispos y Presidentes Evangélicos de Chile” entidad de personalidad jurídica de Derecho Público creada el año 2007, que según el sitio web de Transparencia, lo integran diez personas, todos hombres, mayores de 50 años, ninguno con adhesión a alguna Iglesia con alcance nacional, y del listado constituyente tres de ellos se encuentran fallecidos. Será un simple detalle que dentro de sus estatutos se identifique como un ministerio “apolítico”. El otro obispo, es Eduardo Durán Castro, que según consigna un reportaje de La Tercera[2] goza de un patrimonio en propiedades avaluadas en $1.800 millones, empresas y vehículos de lujos. Un poco escandaloso para una persona que ha dedicado mayormente en su vida laboral como pastor a hablar de Jesús, el hijo de un carpintero de Nazareth. Ambos auto identificados en el debate público como “representantes” del mundo evangélico.
Otra fuerza relevante en esta articulación son quienes han apostado a constituir partidos políticos confesionales, según el reportaje del medio evangélico Cosmovisión[3] serían cuatro los nuevos partidos evangélicos : el Partido Nuevo Tiempo, ubicado en la zona norte principalmente en la región de Antofagasta; El Partido Unidad Cristiana Nacional en la región de la Araucanía; el Partido Unidos en Fe, que salió a la luz pública luego de levantar el apoyo como candidato presidencial a Franco Parisi ; y el Partido Cristiano Ciudadano quienes habían levantado como su propio candidato presidencial a Abraham Larrondo, y que tras diversos escándalos al interior del Partido no lograron juntar las firmas necesarias para inscribirlo frustrando su postulación. Estos cuatro partidos proceden de diferentes cunas culturales, e intentan posicionarse cada uno como el representante político del mundo evangélico, sin embargo comparten algunas características claramente no neutrales, como validar la moral sexual conservadora como principal eje articulador, deslegitimizar cualquier posición que esté a favor de la despenalización del aborto, el matrimonio igualitario, la Ley de Identidad de Género y la Ley de Protección Integral de los derechos de la Infancia. Los cuatro partidos tienen una estrecha relación con la derecha chilena, de hecho, dos de los partidos mencionados, han decidido dar su apoyo público al candidato de la extrema derecha José Antonio Kast.
Importante también es considerar la agrupación de candidatos evangélicos amparados en una plataforma llamada: “Por un Chile para Cristo” que consignan en su sitio web: “cumpliremos la hermosa promesa que Dios nos ha dado “CHILE SERA PARA CRISTO[4]”. Entre los candidatos destacan: Andrea Ojeda, candidata por el distrito 8, ex funcionaria del gobierno de Piñera en donde fue protagonista del episodio de la recepción de una invitación dirigida al mismo Piñera para asistir a un homenaje al violador de Derechos Humanos Miguel Krassnoff, diciendo: “Éxito en la actividad”; Ojeda es socia de RyS Inversiones II S.p.A., como consigna un reportaje en El Mostrador[5] , manteniendo la la cuestionable relación de un ex jefe entre la política y el dinero . Otro candidato es el también ex funcionario en el gobierno de Piñera, Eduardo Durán Salinas, hijo de Obispo de la Catedral Evangélica de Chile, con quien comparte una gran fortuna y fue quien se apropió del espacio del último Te Deum Evangélico para promocionar su candidatura política con clara complicidad de otros actores del acto. También se encuentra en esta agrupación la Pastora/Profeta de la Teología de la Prosperidad Angélica Pino, al igual que los tres anteriores, militante de Renovación Nacional.
No obstante, la derecha evangélica chilena, sufre algunas complejidades propias de su cultura para un mayor fortalecimiento, como lo son sus estructuras jerárquicas, clientelares y autoritarias, esta forma de relación dentro de algunas iglesias evangélicas se debe a la considerable influencia de ex militares jubilados como pastores llevó a un tipo de cultura evangélica en claves militarizadas. Asimismo, la relación patronal propia de un sistema de aristocracia rural terrateniente convierte a cada pastor como un pequeño patrón de fundo. Esto hace que los líderes evangélicos se apropian de verdades y estas sean incuestionables para la feligresía. CIPER reveló un importante reportaje[6]sobre las pugnas para instalar en Chile el poder político evangélico. Las razones “teológicas-doctrinales” de algunas denominaciones evangélicas quedan desplazadas por las riñas de poder que desean como un mandato de Dios instalarse en una nueva elite religiosa.
Lo complejo de este sector evangélico que se suma a la contienda electoral democrática no concibe la democracia como un valor interno dentro de sus propios espacios comunitarios. En un contexto de profunda crisis ética por los recientes casos de corrupción, estos sectores tienen una gran deuda con sus feligreses en transparentar las ganancias de sus negocios encubiertos en un ropaje sagrado. Es sabido como gran cantidad de Iglesias se dividen por escándalos de dinero y poder, pero existe una frágil moral que supone que los candidatos evangélicos van a lograr aportar al debate democrático cuando ellos mismos son parte de organizaciones débilmente transparentadas, democratizadas y éticamente hoy no son respetadas por una parte de la sociedad que las identifica como intolerantes. Las propios feligreses confían en Dios, en su comunidad en gran cantidad de casos, pero no necesariamente en sus líderes.
Este mismo sector intentó hacerse propietario de la Universidad del Mar en pleno contexto de movilizaciones por el derecho a la educación que cuestionaba el lucro, paradójicamente a la fecha no ha sido capaz de presentar un proyecto que aporte con importantes recursos para la investigación teológica en sus propias corporaciones, las cuales viven del desamparo y la precariedad de intentos frustrados para generar conocimiento . En realidad, no es ese el asunto que les preocupa sino “un sentido de propiedad”, porque esto es lo que entrega poder en un sistema neoliberal como el chileno. Es débil la relación de la formación teológica con la participación política en estos sectores, evidencian su adaptación al modelo y el deseo de alcanzar su poder.
La cultura del poder en Chile tiene símbolos muy concretos, su historia colonial en la construcción de la moral, la separación de las clases sociales, y posteriormente el imaginario neoliberal instalado en la Dictadura de Pinochet. El poder que propone el sistema neoliberal para una sociedad aspiracional, es de gran atracción, y así también lo es para algunos líderes evangélicos. Es por eso que uno de sus enemigos clásicos como la Iglesia Católica, se transforma curiosamente en un gran aliado en la “defensa de los valores”. La necesidad de llegar a un mejor estatus y un mejor reconocimiento es un elemento principal para comprender la política de la derecha evangélica chilena. El conservadurismo chileno le da sentido al evangélico aspiracional, que no formula un pensamiento crítico al orden, que le es complejo cuestionar las violaciones a los derechos humanos y nombrar “dictadura” al “gobierno militar”, pero le es fácil criticar las manifestaciones sociales por la educación, las pensiones, el medio ambiente, la corrupción, etc.
El mensaje transgresor de Jesús al poder religioso y político que lo llevo a su sufrimiento y la Cruz, es silenciado por la aspiración de alcanzar la gloria. Es necesario sospechar de quienes dicen hoy apostar en defensa de los valores pero olvidan el lugar no privilegiado de Jesús. Esos son los valores de quienes aman el orden actual, aman la desigualdad y las injusticias, desprecian el grito de los excluidos y los marginados de hoy.
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[1] G. Boehler. ¿Por qué se oponen los fundamentalismos religiosos a lo que llaman “ideología de género”? Evento: “Retos y dilemas de la educación para la afectividad y la sexualidad en Costa Rica frente al conservadurismo religioso”. Ponencia presentada en la Universidad Estatal a Distancia-UNED, el 29 de septiembre de 2017, en San José, Costa Rica. Publicado en: http://www.ubl.ac.cr/index.php/blog/item/259-ideologia-de-genero
[2] J.P. Sallaberry y S Labrín. (24.09.2017). LA TERCERA: El alto patrimonio detrás de la Catedral Evangélica. Recuperado de http://www.latercera.com/noticia/alto-patrimonio-detras-la-catedral-evangelica/
[3] Director. (23.04. 2017). COSMOVISIÓN: [POLÍTICA] 4 Partidos Evangélico y 2 Candidatos Presidenciales irrumpen en la carrera electoral. Recuperado de http://cosmovision.cl/politica-4-partidos-evangelico-2-candidatos-presidenciales-irrumpen-la-carrera-electoral/
[4] Por Un Chile Para Cristo. (Sin Fecha). Quienes Somos. Recuperado de https://www.porunchileparacristo.com/quienes-somos
[5] A. Carmona. (08.11.2017) EL MOSTRADOR: Los millonarios contratos que entregó la Municipalidad de Puente Alto a empresa vinculada a ex asesora de Piñera. Recuperado de http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2017/11/08/los-millonarios-contratos-que-entrego-la-municipalidad-de-puente-alto-a-empresa-vinculada-a-ex-asesora-de-pinera/
[6] P. Ramírez y G. Pizarro. (26.10.2017) CIPER: Las pugnas y negociaciones para instalar en Chile el poder político evangélico. Recuperado de http://ciperchile.cl/2017/10/26/las-pugnas-y-negociaciones-para-instalar-en-chile-el-poder-politico-evangelico/


Fuente: Lupaprotestante, 2017.

miércoles, 18 de octubre de 2017

De las pretensiones respecto del uso de los adjetivos «católico» y «evangélico»



Por. Héctor B. Olea C.- República Dominicana
¿Es pretenciosa la autodefinición del catolicismo romano de considerarse «la iglesia católica» (la verdadera y única iglesia universal) aun cuando no tenga presencia en todos los confines de la tierra?
¿Es pretenciosa la autodefinición de un sector del cristianismo protestante de considerarse «el pueblo o sector evangélico» (los verdaderos y únicos portadores y representantes de la expresión válida del evangelio?
Por supuesto que sí. En tal sentido es preciso poner de relieve, respecto del adjetivo «católico», lo siguiente.
La palabra «católico» viene de la palabra griega «katholikós», que significa «universal». El primer testimonio en la literatura cristiana del uso de la palabra «católico», se encuentra en la carta que le dirigió Ignacio de Antioquía a la iglesia de Esmirna a finales del siglo I de la era común. En dicha carta, Ignacio de Antioquía usa la expresión «katholiké ekklesía».
Respecto a la interpretación de dicha frase, el teólogo e historiador Ramón Trevijano afirma: “Ha sido interpretada en sentido espacial, como “universal”, por la contraposición que traza el texto entre la iglesia del obispo (la particular) y la iglesia de Cristo (la universal)” (Trevijano, Ramón. (2004). Patrología. España: Biblioteca de Autores Cristianos, página 40).
Consecuentemente, es preciso decir que el significado con que se usa actualmente el término «católico» no se corresponde con su uso temprano y original en la historia de la iglesia y del Cristianismo; esto así pues dicho calificativo se empleó originalmente para describir el carácter universal del cuerpo de Cristo, no para referir a una iglesia en sentido institucional y particular.
Y con relación al adjetivo «evangélico», es preciso decir que:
La palabra «evangélico» está íntimamente ligada a la palabra griega«euanguélion». La palabra griega «euanguélion» (transliterada como «evangelio») históricamente y en el Nuevo Testamento mismo se usa para referir no a un tipo de literatura, sino, en primer lugar, a las buenas nuevas del Reino de Dios proclamadas por Jesús (considérese como ejemplos, Mateo 4.23; 9.35; 24.14; Marcos 1.14). En segundo lugar, para referir tanto a la proclamación como  al contenido de mensaje («kerigma», o «kerúgma») de la primitiva comunidad cristiana que proclamaba la muerte (mediante crucifixión) y resurrección de Jesucristo. Ejemplos de este uso bíblico del término son: Romanos 10.16; 1Corintios 1.17; 9.14; 15.1-4; 2 Corintios 2.12; 4.5).
Será a partir del siglo II cuando la palabra «euanguélion» comience a usarse para  referir a un tipo de literatura específica que trata sobre la vida, ministerio, muerte y resurrección de Jesús.
Por lo que hemos dicho, se puede concluir en que el uso de la palabra«euanguélion» para señalar a los cuatro primeros libros del Nuevo Testamento, y otros de su género que no entraron en el canon, no es bíblico. Este uso es posterior al vocabulario que encontramos en el conjunto de libros que la cristiandad en general ha aceptado como literatura canónica del Nuevo Testamento.
En consecuencia, tenemos que decir que a la luz del Nuevo Testamento mismo y a la luz de la historia temprana del cristianismo, el término «evangélico» no significó  más que “algo” o “alguien” relacionado con el mensaje del evangelio y/o con los cuatro primeros libros del Nuevo Testamento, y otros de su género que no entraron en el canon.
Consecuentemente, es preciso decir que el sentido confesional y actual de la palabra «evangélico» no se corresponde con su uso temprano en la historia de la Iglesia y del Cristianismo. En verdad y, en un principio la palabra«evangélico» nunca señaló o distinguió a un grupo (ortodoxo) en oposición a otro (heterodoxo o menos ortodoxo) dentro de la misma fe cristiana.
Finalmente, que al menos un sector del «cristianismo católico» se autoproclame la iglesia (como si fuera la única expresión válida y legítima del cristianismo histórico), se equipara con las pretensiones de algunos grupos dentro del «cristianismo protestante y evangélico» cando también se autoproclaman como la verdadera y única expresión válida del evangelio. En suma, cuestionable lo uno, cuestionable lo otro, así de sencillo.
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El autor es biblista y teólogo protestante. Profesor universitario de hebreo, griego, estudios bíblicos, y teológicos. También es el presidente y fundador del Instituto Dominicano de Ciencias Bíblicas IDCB, Inc. El Profesor Olea Cordero fue miembro del equipo de estudiosos de las lenguas bíblicas que trabajó en la versión de la Biblia llamada La Nueva Traducción Viviente.

Fuente: ALCNOTICIAS, 2017


jueves, 5 de enero de 2017

Evangélicos a la conquista de América



Por. Por Priscila Guilayn- España
Su voto es decisivo. Lo ha sido en la elección de Trump y en el ‘no’ de Colombia a la paz con las FARC. Por si fuera poco, acaban de ganar la Alcaldía de Río de Janeiro y ya piensan en la Presidencia de Brasil… Así es su asalto al poder.
Algún día, los evangélicos elegirán a un presidente de la República y trabajará por nosotros y por nuestras iglesias para cumplir la misión que, desde hace 2000 años, es nuestro mayor desafío: llevar el Evangelio a todas las naciones de la Tierra». Expresada hace cinco años, la promesa del obispo evangélico brasileño Marcelo Crivella -actual alcalde electo de Río de Janeiro- parece cada vez menos descabellada.
La victoria de Crivella, exsenador y antiguo ministro de la destituida presidenta Dilma Rousseff, en la megalópolis brasileña supone un punto de inflexión en las aspiraciones políticas evangélicas en el continente americano. Desde los años ochenta y noventa, la influencia política de las iglesias evangélicas en la región ha vivido una progresión ascendente, en muchos casos con el objetivo declarado de alcanzar el poder. Su extremo conservadurismo y religiosidad, sin embargo, habían provocado hasta ahora el rechazo de los votantes hacia todos aquellos partidos y candidatos que declaraban su confesionalidad.
    Su auge se gestó en los 80. El Gobierno de Reagan apoyó a los evangélicos para frenar la teología de la liberación
Crivella ha traspasado ese límite. Y de qué forma. Porque, además de ser obispo de uno de los credos evangélicos más poderosos -la Iglesia Universal del Reino de Dios: un inmenso imperio económico y religioso con más de 12 millones de fieles repartidos por unos 200 países-, su formación, el Partido Republicano Brasileño (PRB), es el brazo político de su congregación. «Hasta ahora, estas candidaturas siempre tocaban techo -explica el antropólogo Ronaldo Almeida, de la Universidad Unicamp de São Paulo, estudioso de la Universal desde hace dos décadas-. Crivella, sin embargo, ha superado ese rechazo hacia los evangélicos. Y esta es la gran novedad».
Con la Presidencia de la República en el punto de mira, el ejemplo brasileño podría extenderse por un continente donde la fuerza del voto evangélico demuestra su influencia decisiva y creciente en cada elección. En la de Donald Trump a la Casa Blanca, sin ir más lejos, a quien apoyó el 81 por ciento de los votantes evangélicos; muchos de ellos, de origen hispano -la comunidad donde más crecen estos credos en Estados Unidos-, pese a las amenazas del magnate de levantar un muro con México y realizar deportaciones masivas de inmigrantes. O en la victoria del ‘no’ en Colombia, donde la movilización de dos millones de evangélicos fue clave para rechazar el acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC.
El giro del continente
Esta creciente influencia evangélica en la política -entienden expertos como Andrew Chesnut, profesor de estudios religiosos de la Universidad de Virginia, en Estados Unidos- es uno de los motores que están llevando al continente hacia la derecha. Consciente de este poder desde el principio, el propio Trump, que ha declarado recientemente su «excelente relación con Dios», pronunció unas reveladoras palabras en su primer discurso como candidato ante la convención del Partido Republicano: «Me gustaría dar las gracias a la comunidad evangélica», asegurando, con una humildad poco habitual en él, que ese apoyo había significado mucho, aunque «no estuviera seguro de merecerlo». Muchos evangélicos conservadores, en todo caso, aunque satisfechos con la victoria de Trump frente al «progresismo de Hillary Clinton», ya abogan por presentar candidatos propios la próxima vez.
De algún modo, el pentecostalismo norteamericano, que se extendió hacia el sur desde inicios del siglo XX, con oleadas de misioneros predicando entre pobres, indígenas y antiguos esclavos, ha revertido su flujo. Ahora son las iglesias latinoamericanas, en especial las de Brasil -gran potencia actual del movimiento- las que envían a sus pastores a Estados Unidos.
El auge actual de los evangélicos y su penetración en el poder en Latinoamérica, de hecho, se gestó desde Washington en los años ochenta. Eran tiempos de Guerra Fría y de revoluciones, y la Administración de Ronald Reagan, tras identificar como «agente desestabilizador» a la Iglesia católica comprometida políticamente con la insurgencia -la llamada ‘teología de la liberación’-, vio en los evangélicos un inmejorable aliado para contrarrestar aquella ‘deriva’ católica. En el primer Documento de Santa Fe -informes periódicos que el sector ultraconservador republicano elaboraba sobre América Latina- ya se recomendaba la ayuda a las congregaciones protestantes para reemplazar a la Iglesia católica de las élites gobernantes. Con su mensaje de que la única revolución genuina en América Latina es la espiritual, los pentecostales se beneficiaron de este apoyo para acoger en su regazo a millones de pobres e ir tomando posiciones en todos los ámbitos.
    A Trump lo apoyó el 81 por ciento de los votantes evangélicos; muchos, de origen hispano
La Iglesia Metodista Unida, uno de los cultos más importantes en Estados Unidos, por ejemplo, brindó generoso apoyo a las congregaciones que empatizaban con los regímenes militares de Guatemala -el general evangélico Efraín Ríos Montt desató en los ochenta una devastadora contrainsurgencia con la Biblia en la mano- y de El Salvador, aliados de Estados Unidos. Aquella colaboración inició un proceso de acercamiento al poder y de influencia ideológica de esas congregaciones en asuntos de Estado por todo el continente.
«En Guatemala están a un paso de convertirse en mayoría religiosa. Es en este país donde el fenómeno es más evidente, ya que su influencia política viene desde los ochenta -tal y como subraya Juan Fonseca, profesor de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Lima, especializado en Historia de estas iglesias-. Los evangélicos llegaron al Gobierno con un discurso ultraconservador, pronorteamericano y duro con las minorías. Y no hablo solo de Ríos Montt. Jorge Antonio Serrano, presidente en los noventa [un viejo aliado del sangriento general], fue miembro activo y militante de una iglesia neopentecostal. En Honduras y en El Salvador también están muy presentes, así como en Costa Rica, con fuerte presencia en el Congreso e influencia en las políticas de la presidenta Laura Chinchilla».
Fortunato Mallimaci, sociólogo de la religión especializado en América Latina, cree que esta ascensión no se debe tanto a un despertar de los grupos evangélicos, ya que estos en realidad nunca se han dormido. «Lo hemos visto recientemente en Brasil, Colombia y Estados Unidos -analiza este estudioso argentino-. La movilización de los religiosos es hoy mucho más amplia que la que consiguen los partidos políticos, que han perdido encanto entre la gente».
El ejemplo colombiano es la última gran demostración de este poder. A ojos de los evangélicos -unas 6000 iglesias y diez millones de fieles, sobre una población de 47 millones- el acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC ponía en peligro la familia tradicional, ya que el texto subrayaba la necesidad de implementarlo «promoviendo la equidad entre las personas con orientación sexual e identidad de género diversa». Ante esta ‘amenaza’, dos millones de evangélicos votaron en masa permitiendo la victoria del ‘no’.
Contra la agenda ‘liberal’
La ruta del poderío evangélico prosigue por Perú. Allí, al igual que en Colombia y Brasil, comenzaron su ascensión política en los noventa. «Los evangélicos entraron al Congreso masivamente con Alberto Fujimori -explica el historiador peruano Juan Fonseca-. Más tarde, el ministro evangélico Humberto Lay Sun, candidato a la Presidencia en 2006 derrotado en primera vuelta, fue clave para la victoria, muy reñida, de Alan García sobre Ollanta Humala en la segunda. Aquel apoyo les permitió ganar un reconocimiento sin precedentes en políticas públicas, mientras establecían un discurso frontal contra la agenda que ellos llaman ‘liberal’ sobre mujeres, aborto o diversidad sexual». Ahora, su apoyo a Keiko Fujimori en las últimas elecciones a punto estuvo de devolver a la familia del exdictador al poder.
    En Guatemala están a un paso de convertirse en mayoría religiosa. Su discurso es ultraconservador
En Chile tampoco les ha ido mal a los pentecostales, una nación en la cual habían depositado grandes esperanzas desde los tiempos de Augusto Pinochet. «Se pensaba que iba a ser el país que más rápidamente alcanzaría la mayoría evangélica, pero su crecimiento se ha ralentizado ante el avance de la ‘no creencia’», prosigue Fonseca. Pinochet buscó en ellos legitimación religiosa y, a cambio, estos consiguieron exención de impuestos para la construcción de sus templos, lo que les permitió expandirse (hoy suponen ya el 20 por ciento de la población), obtener licencias de radio e incluso incluir su credo en las clases de Religión en las escuelas. En el año 2000 presentaron su propio candidato a la Presidencia, el pastor Salvador Pino, aunque acabó siendo inhabilitado. En 2007, La Moneda -el palacio presidencial- pasó a contar con una capellán evangélica.

    El Gobierno de Reagan apoyó a los evangélicos para frenar la teología de la liberación
Así las cosas, Brasil es hoy el país donde el conservadurismo del movimiento evangélico está mejor organizado. Allí, el denominado Frente Parlamentario Evangélico [o Bancada de la Biblia] ocupa el 16 por ciento de los escaños del Congreso. Además, forman un grupo muy cohesionado en una cámara extremadamente fragmentada con 27 partidos. Ahora bien, una cosa es obtener influencia política y otra bien distinta es alcanzar la Presidencia de un gigante como Brasil.
«El éxito de los evangélicos en las elecciones al Congreso se ha debido a que lograron movilizar la identidad religiosa -analiza la socióloga Christina Vital, especialista en religión, política y derechos de la Universidad Federal Fluminense, en Río de Janeiro-, pero para llegar al Gobierno deben apoyarse en diferentes sectores de la sociedad y presentar un discurso mucho más amplio». Una lección que tanto el alcalde electo de Río, Marcelo Crivella, dos veces candidato frustrado a la Alcaldía y otras dos al Gobierno del Estado de Río de Janeiro, como su partido evangélico parecen haber aprendido. El asalto al palacio de Planalto, sede de la Presidencia de la República, está en marcha.
Una ‘España’ de evangélicos
En un hábil ejercicio de funambulismo político, Crivella -defensor del creacionismo que llegó a calificar la homosexualidad como una «conducta maligna» y un «terrible mal»- adoptó en su última campaña la etiqueta de «socialista moderno, intransigente defensor de la tolerancia, la libertad y la dignidad de la persona» para salir victorioso en la ciudad-escaparate de Brasil.
La dimensión del logro de Crivella como punto de inflexión en las aspiraciones políticas evangélicas, se amplifica si se tiene en cuenta que el nuevo alcalde de Río no es, ni mucho menos, uno más de los 42 millones de evangélicos (casi la población española) que hay en Brasil. Crivella ha ganado sin ocultar que es pieza clave de la Iglesia Universal del Reino de Dios y sobrino de su fundador y máximo líder, el obispo Edir Macedo, un millonario -compró un banco hace tres años- mencionado con frecuencia en las listas de grandes fortunas de la revista Forbes, cuyo patrimonio crece parejo al poder de su iglesia.
    Los evangélicos buscan poder político y cultural. Compran radios, discográficas, televisiones…
Un poder apoyado en un imperio mediático -un diario, más de 70 emisoras de radio, discográficas y la Rede Record, segunda televisión de Brasil, donde proliferan las telenovelas bíblicas- convertido en eficaz herramienta de proselitismo. «Los pentecostales -sostiene el antropólogo Almeida- quieren ocupar los espacios sociales en la política, la economía y la justicia para ser hegemónicos en lo político, pero también en lo cultural».
Con ese fin, Crivella parece haber optado por un mensaje conciliador buscando fomentar una imagen que asuste menos. «La Iglesia no tendrá ninguna relación con mi gestión», afirmó poco antes de ser elegido. Podrá demostrarlo a partir del 1 de enero, fecha de su investidura, que deberá discurrir, por cierto, entre besos de parejas homosexuales: el «Besazo contra la LGTBfobia», convocado a través de las redes sociales.
Una marea imparable
Los evangélicos son ya el grupo religioso que más crece en la actualidad en todo el continente americano. El 81 por ciento de los votantes estadounidenses de este credo votó a Donald Trump. Y en Colombia la movilización de 2 milllones de evangélicos fue decisiva para el triunfo del ‘No’ a la paz con las FARC.
Brasil / Dir Macedo: líder de la Iglesia Universal del Reino de Dios
El obispo Macedo es el predicador más rico de Latinoamérica, según indica la lista Forbes. Y es que a sus dotes religiosas une las de autor de best sellers, magnate de los medios y hasta banquero. Es el tío del alcalde electo de Río de Janeiro y artífice de su carrera política. Fundó su iglesia en 1977 y desde entonces no ha dejado de crecer, aunque ya en 1992 fue detenido por fraude. En 2014 inauguró una megaiglesia en São Paulo, réplica del Templo de Salomón, como símbolo de su poder.
EE.UU. / James Dobson: Focus on The Family
Evangélicos, voto, james dobson
Los líderes evangélicos no son una novedad en EE.UU. Antes que Dobson estuvieron Billy Graham, que apoyó tanto a republicamos como a demócratas; Jerry Falwell, furibundo homófobo; y Pat Robertson, telepredicador multimillonario que llegó a presentarse a la Presidencia. James Dobson está considerado el líder evangélico más influyente. Y todavía lo será más después de haber apoyado expresamente a Donald Trump, lo que no deja de ser significativo siendo la mayoría de sus feligreses latinos.
Guatemala / Jorge H. López : la Fraternidad Cristiana de Guatemala
Jorge H. López es el fundador de La Fraternidad Cristiana en ese país, popularmente conocida como la Megafrater, el mayor templo neopentecostal de Centroamérica. Hoy cuenta con más de dos millones de seguidores, pero comenzó en 1965 con una veintena en un hotel. López tenía entonces 15 años. Su discurso pronorteamericano le abrió pronto puertas políticas.
Colombia / Miguel Arrázola: Iglesia Ríos de Vida
Miguel Arrázola es, junto con su esposa, María Paula, el líder de la iglesia Ríos de Vida, que tiene su principal sede en Cartagena. Entre sus seguidores se encuentran conocidos futbolistas colombianos, lo que contribuye a su popularidad. Es un ferviente partidario del expresidente Álvaro Uribe y, con él, lideró la campaña contra el acuerdo de paz con las FARC. Su principal argumento es que la integración de la guerrilla «pone en peligro la familia tradicional».
Perú / Alberto Santana: Coordinadora Cívica Cristiana Pro Valores
El doctor Santana, licenciado en Teología, lidera la organización evangélica más ultraconservadora de Perú. Sus tremendos discursos contra los homosexuales han sido objeto de indignación y hasta de debate político en el país. Apoyó la candidatura de Keiko Fujimori para la Presidencia, después de que esta firmase un compromiso para rechazar la unión civil de personas del mismo sexo, impedir que estas adoptasen niños y prohibir el aborto en cualquier circunstancia.

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