¡Vos podes ayudarnos!

---
;
Mostrando entradas con la etiqueta historia.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta historia.. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de mayo de 2017

190 años de la llegada de Thomson a México



Por. Carlos Martínez García, México
Una llamada telefónica me devolvió la esperanza. Fue la del pastor pentecostal Armando Águila, quien me hacía una invitación para exponer acerca del colportor James Thomson en ocasión de cumplirse 190 años de su arribo a México.
Me animó saber que aunque minoritario en el extenso abanico del protestantismo mexicano, subsiste un sector que tiene conciencia histórica de sus orígenes y busca transmitir dicho conocimiento a generaciones posteriores.
Armando Águila ronda ochenta años de edad, en la adolescencia y juventud formó parte de un grupo en el que también participaba quien sería un gran escritor e intelectual: Carlos Monsiváis. Fue el mismo Monsiváis el que me contó anécdotas de su convivencia con Armando y fui testigo de cómo lo trataba con afecto y bromeaba con él.
Casi diez años después de haber iniciado labores de distribución de materiales bíblicos y promover el sistema educativo lancasteriano en Argentina, Diego Thomson llega al puerto de Veracruz el 29 de abril de 1827.
De este lugar se traslada a la ciudad de México, a la cual arriba el 17 de mayo y así lo informa en carta fechada el 23 del mismo mes. En la misiva menciona haberse entrevistado con el presidente Guadalupe Victoria y dos ministros del gobierno, de quienes tuvo “una recepción favorable”.
En el 2013 Maná Museo de la Biblia publicó la segunda edición de mi libro James Thomson: un escocés distribuidor de la Biblia en México, 1827-1830.
En el volumen desarrollé los siguientes puntos: 1) Antecedentes de la obra realizada por Thomson en varios países latinoamericanos. 2) Naturaleza de la agencia que lo envío a México, la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera. 3) Versión de la Biblia distribuida en nuestras tierras por el personaje. 4) Antecedentes del debate sobre la intolerancia y una limitada libertad de cultos en México. 5) El convulsionado contexto social y político del país entre 1827 y 1830. 6) Respuesta de quienes apoyaron las gestiones de Thomson a sabiendas de que era protestante. 7) Obstáculos a las labores de Thomson por parte de autoridades de la Iglesia católica romana. 8) Significado del trabajo de Thomson en el contexto del posterior surgimiento del protestantismo mexicano.
Este no es el lugar para intentar un recuento pormenorizado de la esforzada labor que hizo Thomson durante su primer viaje a México, ni de su segunda estancia en 1842-1844.
En cambio es de subrayar que la dedicación de Diego Thomson por distribuir la Biblia en México es digna de encomio. En el personaje confluyen tanto la convicción de realizar la tarea como sus capacidades para concretarla.
Con todo, su labor no debe ser vista como una empresa meramente individual, hubo tras él instituciones, personas y condiciones sociales que deben tenerse en cuenta para evitar un acercamiento hagiográfico al colportor escocés.
La Sociedad Bíblica Británica y Extranjera respalda decididamente las gestiones que desarrolla Thomson en la nación mexicana. Para cuando él incursiona en México, la SBBE tiene casi un cuarto de siglo de haber sido fundada.
En ese lapso la organización adquiere experiencia en producir y distribuir materiales bíblicos en diversos idiomas y países. El mismo Thomson es una persona más capacitada para la misión encomendad a él cuando se avecina en el antiguo Imperio azteca, que en los años de su primer viaje a tierras latinoamericanas, específicamente al sur del Continente en 1818.
La SBBE y James Thomson tienen la sagacidad para decidir qué traducción de la Biblia distribuir en México, con el fin de facilitar su venta y circulación: la traducción del sacerdote católico Felipe Scío de San Miguel, pero sin libros deuterocanónicos.
La Sociedad y su enviado tuvieron en cuenta que el largo dominio católico romano, y el poder eclesiástico ejercido sobre las instituciones políticas y civiles, serían obstáculos a sortear para poner en manos de la gente materiales de lectura sospechosos para la integridad de las creencias resultado del pasado colonial hispánico.
A pesar del convulso contexto político que encuentra James Thomson en México, que dificulta alguna defensa de las autoridades a favor del enviado de la SBBE ante el embate del autoritarismo eclesiástico católico que obstruye decididamente sus tareas, de todas maneras él encuentra resquicios para intentar llevar a buen puerto la difusión de la Biblia.
La búsqueda de contactos que le faciliten la encomienda que le trajo a un país recientemente independizado de España, demuestra que Thomson tenía una bien delineada estrategia sobre cómo incursionar en los ambientes locales con el fin de encontrar apoyos para una empresa “exótica”: la de vender a precios módicos la Biblia, libro vedado por siglos en México y todas las posesiones españolas.
Por los informes de James Thomson enviados a Londres, a las oficinas de la SBBE, podemos desprender que, en termino generales, fue bien recibido por la gente sencilla.
No son pocas las ocasiones en que narra su encuentro con personas muy interesadas por adquirir una Biblia, o alguna porción de ella, como el Nuevo Testamento o alguno de los evangelios.
Lo que cambia drásticamente el panorama es el edicto, mediados de junio de 1828, de la Diócesis de México, en el que prohíbe a los católicos leer y comprar los materiales ofertados por Thomson.
A partir de entonces, por la debilidad de las autoridades federales para frenar las medidas prohibicionistas y la reproducción por parte de otras cúpulas eclesiásticas católicas de exigencias como la promulgada por la Diócesis de México, Thomson comprueba que se le reducen progresivamente los espacios para la distribución de sus materiales y el asunto se complica con la negativa de entregarle los envíos que le remite la Sociedad Bíblica londinense.
A pesar de todo el representante de la SBBE logra esparcir cientos de biblias y nuevos testamentos, ejemplares que son leídos por algunos de sus adquirientes y contribuyen a formar ideas religiosas distintas a las sostenidas por la Iglesia oficial.
Es muy difícil saber con precisión cuántos de los libros vendidos por Thomson fueron factor medular en la conformación del protoprotestantismo nacional, pero sin duda coadyuvó en los antecedentes para forjar una creencia que fue adquiriendo paulatinamente un perfil diverso al del catolicismo reinante,
La obra de Thomson debe ser calibrada en el conjunto de los cambios de ideas sobre el futuro de la nación al independizarse de España. Es claro que la abrumadora mayoría de políticos de la época, y la totalidad del poder eclesiástico católico, concebían a México como uncido a una identidad católica.
Sin embargo, algunas voces se levantaron para bosquejar otra posibilidad: que el país se abriera a la libertad de cultos como requisito indispensable para atraer inmigrantes no católicos.
Unos pocos argumentaron en los años previos y posteriores a la independencia de España, destacadamente José Joaquín Fernández de Lizardi, que esa apertura era impostergable y necesaria para que en la nación entrara aire fresco a una atmósfera ideológica viciada por el fanatismo religioso católico.
Entre 1827, con la llegada de Thomson a México, y la promulgación juarista de la Ley de Libertad de Cultos de 1860, se van configurando en México esfuerzos por establecer células que difieren del catolicismo.
Durante casi cuatro décadas, de manera imperceptible y casi subterránea, extranjeros no católicos residentes en el país por razones diplomáticas o comerciales, al igual que unos pocos nacionales que leen la Biblia y tienen contactos con protestantes (por viajes al extranjero y/o los asentados en México de esa confesión), se identifican con las ideas del liberalismo y abonan el terreno para el enraizamiento del protestantismo.
Los tres años en que desarrolla su labor James Thomson en México son intensos social y personalmente para él. Le toca ser testigo de enfrentamientos políticos, religiosos y militares de un país en construcción.
Su evaluación del entorno mexicano ha sido relegada por los especialistas y expertos en la producción escrita de viajeros extranjeros al país en el siglo XIX.
Él no forma parte de los observadores y observadoras reeditados o compilados que dan cuenta en sus escritos del estado que guardaba México en los primeros años de vida independiente.
Las misivas de Thomson, además de dar cuenta de lo realizado como colportor, son materiales que describen las condiciones sociales y religiosas prevalecientes en México hacia finales de la tercera década del siglo XIX.
James Thomson regresa a México en agosto de 1842. Visita algunos de los lugares en los que distribuyó biblias en su anterior estancia. Una parte de los casi dos años que permanece en la nación azteca en su segunda incursión la ocupa en hacer trabajos en lugares del país que antes no tocó, por ejemplo Yucatán.
Si bien es cierto que constata la existencia de impedimentos semejantes a los que le tocó enfrentar en los años 1827-1830, por otra parte percibió un mejor horizonte para la circulación de la Biblia y porciones de ella.
Así lo escribió en el Evangelical Christendom, en 1847, al hacer una evaluación de su segundo viaje al país: “El autor partió de México en 1830, y volvió en 1842 para quedarse allí por dos años. Los obstáculos que había experimentado hacia el fin de [la] misión anterior [de la SBBE], a través de edictos clericales, seguían operando para impedir la rápida y general circulación de las Escrituras con la que se encontró en un principio.
Sin embargo, de todos modos, y a la vista de estos edictos, tanto en las librerías como por los buhoneros que recorrían las calles de la capital, las Escrituras se vendían públicamente”.
Fue así que paulatinamente se fueron abriendo resquicios para la distribución de la Biblia, y en consecuencia para la implantación de grupos que al tenerla como norma en asuntos de fe y conducta, fueron construyendo una opción religiosa distinta a la católica romana.
James Thomson fue precursor de esa opción, y por ello debe reconocérsele un destacado papel en la emergencia del protestantismo mexicano.

Fuente: Protestantedigital, 2017

miércoles, 18 de mayo de 2016

Las mujeres en el movimiento anabautista del siglo XVI (I)



Por. Carlos Martínez García, México
Para el Movimiento de Teólogas Anabautistas de América Latina
En la gestación y el crecimiento del anabautismo del siglo XVI las mujeres tuvieron un rol esencial. El anabautismo fue un movimiento popular y, como tal la participación femenina fue amplia, mayor que en cualquier otra expresión de las reformas religiosas que se desataron en Europa a raíz de la rebelión encabezada por Martín Lutero.
En las distintas expresiones del anabautismo se dio importancia a la acción del Espíritu Santo en la vida de los creyentes, varones y mujeres por igual. Por tal razón hicieron suya la enseñanza de que el Espíritu se derramaba traspasando barreras de clase, educativas, generacionales y de sexo. Las mujeres, desde el entendimiento que los anabautistas tenían de la Biblia, eran también sujetos del accionar del Espíritu Santo y parte activa en las comunidades de creyentes.
Dado que en el anabautismo se enfatizaba la conversión personal, el bautismo como expresión pública del compromiso de seguir a Jesús, y la realidad de la Iglesia conformada por creyentes; las mujeres que hicieron suyas las anteriores enseñanzas encontraron que las mismas les proporcionaban principios para ejercer voluntariamente sus creencias y no las impuestas por la simbiosis Estado-Iglesia oficial y/o por el clan familiar.
Como integrantes de un movimiento gestado desde abajo de la sociedad, las mujeres anabautistas padecieron una triple marginación. La primera por ser mayoritariamente pobres. La segunda por ser mujeres en una sociedad dominada por el patriarcado. La tercera por haber elegido identificarse con una “secta perniciosa”, demonizada por las autoridades religiosa y políticas.
Lo que sabemos de las mujeres anabautistas del siglo XVI proviene mayormente de las actas de los juicios que debieron enfrentar. Raramente dejaron testimonios escritos por ellas mismas, ya que la mayoría no sabía expresarse por escrito o lo hacía de manera muy rudimentaria. Las actas de esos juicios revelan el carácter, las creencias y redes relacionales de esas mujeres. Pero también denotan las estigmatizaciones, el reduccionismo y las burlas de quienes las juzgaron y sentenciaron al exilio, pagar multas o a la muerte.
El libro coordinado por C. Arnold Snyder y Linda A. Huebert (Profiles of Anabaptist Women: Sixteenth-Century Reforming Pioneers, Wilfrid Laurier University Press, 1996, séptima reimpresión 2008), es una herramienta imprescindible en el rescate de la memoria de varias mujeres que decidieron incorporarse a las filas de un movimiento perseguido. Ambos tienen razón cuando escriben que el “hacer visible las vidas de mujeres del pasado nos beneficia a todos, ya que así brindamos un necesario balance en la memoria histórica de la humanidad”.
Al enfatizar, en el anabautismo, la acción del Espíritu Santo como el agente central en la interpretación de Las Escrituras, esto significaba que una persona llena del Espíritu, ya fuese letrada o analfabeta, podría ser un exegeta verdadero (varón o mujer) frente a un docto teólogo pero carente del Espíritu Santo. Esto escandalizó a los círculos del establishment político y religioso, donde consideraron una afrenta que sencillos varones y mujeres, pero sobre todo mujeres, tuviesen la osadía de encarar a bien preparados eruditos y poderosos señores.
Las mujeres anabautistas ejercitaron la memoria para aprenderse versículos, muchos versículos, de la Biblia. En las actas de sus enjuiciadores quedaron plasmadas sus respuestas cuando eran cuestionadas sobre por qué rechazaban el bautismo de infantes, cómo es que en reuniones caseras practicaban la Cena del Señor en dos especies, pan y vino; qué afirmaban al pedirles cuentas acerca de su desobediencia a las autoridades y sus ordenanzas. Ellas simplemente citaban, sobre todo, secciones del Nuevo Testamento, para afirmar que su obediencia se la debían a Jesús y sus enseñanzas.
Más que los varones, las mujeres anabautistas, por carecer en su mayoría de la habilidad lecto/escritora, fueron eficaces transmisoras orales del núcleo de creencias que caracterizaron a su movimiento. Muchas de ellas potenciaron sus capacidades cuando se convirtieron y adquirieron, como veremos en nuestro próximo artículo, un poder ejercido por un reducido sector (conformado mayoritariamente por varones) de la población en el siglo XVI, nos referimos al poder de la lectura. Con ésta habilidad, quienes se hicieron de ella, acrecentaron su independencia de los centros que normaban y administraban las creencias de la población en un territorio dado.
Como individuos, en una sociedad dominantemente corporativa, las mujeres anabautistas eran llamadas a ejercer una fe consciente y desarrollar un discipulado personal. Debían responder personalmente y no su padre, esposo o guardián por ellas. Al elegir por ellas mismas una comunidad de fe, estaban rechazando el principio eclesiológico, y político reinante en el siglo XVI, el de que según la religión del rey es la religión del pueblo (cuius regio, eius religio). Porque en el anabautismo nadie podía ni debía imponerle la fe a otro ni a otra.
En el siglo XVI, en Europa occidental, “2000-3000 [anabautistas] fueron ejecutados, miles más torturados, encarcelados u obligados a huir de sus hogares” y confiscadas sus propiedades (La sanación de las memorias: reconciliación por medio de Cristo. Informe de la Comisión Internacional de Estudio Luterana-Menonita, 2010, p. 111). La mayoría de las ejecuciones de anabautistas y las persecuciones más crueles tuvieron lugar en territorios católicos.
Los datos muestran que en la centuria que hemos mencionado, del total de anabautistas martirizados por lo menos un tercio fueron mujeres. En regiones de Europa donde la persecución fue más cruenta, y en determinados periodos de tiempo las mujeres anabautistas ejecutadas representaron el 40 por ciento (Snyder y Huebert, op. cit., p. 12). Fortalecidas en su fe las mujeres eligieron la tortura y/o la muerte, cuando ante ellas también estuvo la posibilidad de retractarse en los juicios y evadir así la pena capital. De algunos casos nos ocuparemos en nuestra próxima entrega. 

Fuente: Protestantedigital, 2016

viernes, 23 de octubre de 2015

Mujeres de la Reforma. Marie Dentiere. Una personalidad de la Reforma



Por. Por Christina L.Griffiths
La historia  de la Reforma en la ciudad de Ginebra estuvo dominado por la personalidad de Juan Calvino y muchas veces  ha dejado de lado a los artífices de esa Reforma  de la primera hora. Si bien  Guillaume Farel y Pierre Viret son conocidos, las mujeres han sido ignoradas e incluso denigrado. Esto es lo que sucede con María Dentière que participó activamente en el advenimiento de la Reforma en Ginebra, y fue uno de los primeros teólogos reformados.
María Dentière nació en Tournai hacia el 1495. Priora del convento de agustinas de la Abadía de Saint-Nicolas-dés-Prés, cerca de su ciudad natal,  se convirtió a las ideas luteranas, y abandona su orden a comienzos de 1520. En. Estrasburgo, se casó con el predicador Robert Simon, con quien se trasladó a Suiza en 1528.
Viuda, Marie Dentière se vuelve a casar con otro predicador, Antoine Froment, colaborador de Guillaume Farel. En 1535 el matrimonio se instaló en Ginebra, donde ella participó en la Reforma junto a Farel, predicando la nueva fe, instando a las religiosas a contraer matrimonio como ella mismo lo hizo, y a tener hijos. Muere en 1561.
Marie Dentière va en contra de la fórmula de Pablo: (“que las mujeres callen en las iglesias”). De hecho,  toma muy en serio la doctrina luterana del sacerdocio universal, dispuesta a defender lo mejor que pudiera el derecho  de la mujer a la predicación – una reivindicación muy feminista que inmediatamente crea la oposición de los clérigos de todas las tendencias.
En su pequeña “Epístola muy útil”, publicada anónimamente en 1539, comenzó a revalorizar el papel de la mujer en la Iglesia. Dedicada a Margarita de Navarra, cuya colección de relatos, “El Heptameron” reflejam las ideas “feministas” de la época.
El texto de Marie Dentière consta de tres partes: una “Carta de invocación a la Reina de Navarra“, una “Defensa de las Mujeres” y finalmente la “Epístola muy útil
En la “Carta de Invocación” le suplica a Margarita de Navarra que intervenga delante de  su hermano, el rey Francisco I, para que se pueda terminar con las divisiones religiosas en su reino y que la palabra de Dios sea accesible a todos juntos, tanto hombres como mujeres.
“La Defensa de las Mujeres”, es mucho más radical. Por medio de  las referencias bíblicas, pone de relieve las cualidades superiores de la mujer y, reivindica para ellas, un papel más activo en la vida de la Iglesia, incluido el derecho a predicar.
La tercera parte es un tratado de teología que se ocupa, junto con la defensa de la mujer,  de los temas principales de la Reforma, como la oposición a los ritos de la Iglesia Romana, especialmente la Misa.
La crítica de los pastores de Ginebra que habían expulsado a Calvino y a Farel, y la rigidez de sus posiciones con relación al  papel de las mujeres, despiertan la reacción inmediata  del Ayuntamiento: casi todos los ejemplares de la publicación fue confiscada, y el impresor encarcelado. Este es el comienzo de la censura reformada en Ginebra. Marie Dentière fue  condenada al silencio, y ningún libro escrito por una mujer saldrá de la  imprenta de Ginebra durante el siglo XVI.
Sin embargo, ella abrió a las mujeres, el camino del ministerio pastoral, que no será concedido hasta bien entrado el siglo XX, en un total pie de igualdad con los hombres.
En noviembre de 2002, el nombre de Marie Dentière se ha inscripto en el Muro de la Reforma en Ginebra: su mérito es finalmente reconocido, pero su obra sigue siendo ignorada.

(Emission du Comité Protestant des Amitiés Françaises à l’Etranger, diffusée sur France-Culture à 8h25, le dimanche 3 février 2008, présentée par Vincent Piely)
Lettre N°41

(Traducción del francés por Pastor Lisandro Orlov. Buenos Aires. Argentina)

Fuente: ALCNOTICIAS, 2015.