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lunes, 28 de diciembre de 2015

René Girard (1923-2015): De la antropología a la fe cristiana



Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México
Si la acusación de Jesús hubiera llegado hasta el final, si este chivo expiatorio hubiera concitado, como los otros, la unanimidad definitiva contra él, los evangelios no serían más que un mito. Pero la acusación fracasa y los cuatro relatos de la Pasión ponen claramente de manifiesto este fracaso. La Cruz de Cristo tiene, efectivamente, el poder universal de desvelamiento proclamado por San Pablo.1 R.G.
El pasado 4 de noviembre falleció en Stanford, Estados Unidos (donde vivió desde 1974), de cuya universidad era profesor retirado (desde 1995), el antropólogo y crítico literario francés René Girard. Nacido el día de Navidad en Aviñón, y formado en filosofía e historia medieval, se doctoró en la Universidad de Indiana, fue profesor en Duke, Johns Hopkins (Baltimore) y Nueva York, y luego de varias publicaciones sobre crítica literaria, incursionó en el campo de los estudios antropológicos.
En 1972 dio a conocer La violencia y lo sagrado (español: 1983), que lo colocaría como promotor de la teoría mimética y catapultaría la relación entre religión y violencia como uno de sus temas más conocidos.
En esa misma línea publicó: El chivo expiatorio (1982: español, 1986), La ruta antigua de los hombres perversos (1985; español: 1989), Veo a Satán caer como el relámpago (1999; español: 2002), Aquel por el que llega el escándalo (2001, español: 2006) y El sacrificio (2003, español: 2012), además de otros títulos sobre literatura. Destacan también El misterio de nuestro mundo. Claves para una interpretación antropológica (1978, español: 1982) y Sobre ídolos y sacrificios.
René Girard con teólogos de la liberación (1991), volumen que recoge su participación en la reunión de 1990 con varios teólogos latinoamericanos, en Brasil, organizada por Hugo Assmann. En 2005 ingresó a la Academia Francesa, pues aunque nunca rompió los lazos con su país, se consideraba un tanto incomprendido.
En 2013 fue nombrado comendador de número de la orden de Isabel la Católica. El sitio www.rene-girard.fr contiene mucha información sobre él.
Girard capturó la atención del mundo intelectual con sus agudos análisis sobre el sacrificio y la violencia, que lo llevaron a afirmar que el mito fundador de Occidente se basa en el asesinato del chivo expiatorio.
A propósito de su muerte, Carlos Mendoza-Álvarez, dominico mexicano, escribió una magnífica semblanza en la que resume sus aportaciones desde los inicios de su trabajo intelectual: “A lo largo de cincuenta años [su] intuición de escudriñar el deseo le llevó a caracterizar los mecanismos de la imitación hasta postular una teoría original: todo deseo es una mímesis de apropiación, pero no tanto del otro como objeto de deseo, cosa que ya había señalado Platón, sino como apropiación del modelo que persigue esa relación de alteridad indiferenciada”.2
Más adelante, se centra en el análisis específico de la teoría del sacrificio como fundamento social y señala los pasos que dio, sucesivamente, hasta asumirse como un pensador netamente cristiano, sobre todo en sus libros más recientes:
En sus obras sucesivas La violencia y lo sagrado […], Las cosas ocultas desde la fundación del mundo […] y El chivo expiatorio […], el pensador nacido en Aviñón siguió indagando en la mitología de culturas diversas de la humanidad, incluida la bíblica, el papel del asesinato fundador como origen de la cultura.
El antopólogo René Girard
Pero fue hasta sus últimas obras Veo a Satán caer como el relámpago (París, 1999), Evolución y conversión. Sobre los orígenes de la cultura (Milán, 2003) y Clausewitz en los extremos (París, 2007) que Girard, junto con sus interlocutores, cerró el círculo hermenéutico para explicar el mecanismo del chivo expiatorio, proponiendo una conclusión que dejó boquiabiertos a la mayoría de los estudiosos de lo social y lo político: la inocencia absoluta de la víctima en todo proceso de violencia como verdad antropológica fundacional y la correlativa mentira del proceso victimario que justifica el sacrificio de algunos para la pervivencia del resto.3
Ante la fuerza interpretativa de esta teoría, el teólogo mexicano ha planteado una pregunta crucial que ha servido como base para varios estudios: “¿cómo interpretar la praxis de resistencia de movimientos sociales, de género, de pueblos originarios y otros colectivos, en la lógica del deseo mimético?”.
Finalmente, Mendoza-Álvarez se sitúa en la actual coyuntura mundial y observa: “La aportación de René Girard a la cultura contemporánea es crucial para comprender la espiral de violencia que vivimos en la aldea global, sea a escala micro en procesos intersubjetivos de pareja, familias o aldeas, o bien a escala macro en las redes de injusticia, impunidad y violencia sistémica del país, la región y el mundo globalizado.
Enfrentar la violencia requiere la comprensión del proceso victimario, la fuerza de las resiliencias y la potencia del perdón como complejo y difícil horizonte de libertad”.
Catalogado por Xabier Pikaza como “el más significativo de los conversos cristianos del siglo XX”,4 la obra de Girard debe ser leída, tal como sugiere el teólogo vasco, como un “lugar de cruce entre exégesis bíblica, búsqueda antropológica y programa utópico de reconciliación social”.5
A continuación, Pikaza ofrece un balance de la trayectoria creativa del antropólogo francés, en innegable correspondencia con las perspectivas bíblicas y cristianas:
a) El misterio de nuestro mundo […] ofrece una visión de conjunto de su pensamiento y su lectura del judeocristianismo; b) El chivo expiatorio […] analiza el tema de la persecución y la superación de la violencia en diversas perspectivas que culminan en el Nuevo Testamento cristiano; c) La ruta antigua de los hombres perversos […] presenta a Job como el perseguido (caído) que sigue declarándose inocente, en contra de los héroes trágicos de Grecia que terminan declarándose culpables.6
Esos estudios lo llevaron a recuperar la fe cristiana, aun cuando no de un modo convencional, como explica Pikaza: “Su cristianismo (catolicismo) está vinculado a una interpretación no sacrificial de la historia israelita y de la vida (nacimiento, muerte, pascua) de Jesús”.7
Como recuerda Francesc Arroyo: “Su padre era de tendencias socialistas, pero su madre fue una mujer de hondas convicciones católicas e incluso partidaria del retorno de la Monarquía”.8
Esa influencia seguramente pesó también al momento de su retorno a la fe, a mediados de los años 50, “antes del Concilio Vaticano II”, como subrayó en una entrevista, “para marcar que lo que verdaderamente influyó en él fue la idea tradicional de la religión, desprovista de la pátina de progresismo que adquirirá en ciertos ambientes en los años sesenta”.
Su retorno a la fe, comenta Pikaza, no fue “por rechazo de la modernidad sino todo lo contrario: por fidelidad a la modernidad. Su recuperación del cristianismo no ha sido resultado de una prueba científica sino efecto de una ‘revelación’ de la novedad teológica del evangelio, que es capaz de iluminar y resolver la trama de violencia del mundo. No ha sido un retorno sino un paso adelante en el proceso cultural de nuestro mundo”.9
Arroyo no teme aventurarse en la síntesis de esta obra tan singular, sobre todo en la caracterización de la violencia como componente de las sociedades antiguas y modernas:
La violencia tiene una función unificadora de la sociedad. En momentos de crisis, el conjunto es capaz de encontrar elementos a los que acusar del mal. Es el chivo expiatorio, perfectamente reseñado en los libros bíblicos. Cristo mismo es una víctima. Pero es también, en la visión de Girard, el mecanismo que posibilita la superación de esa culpa, hasta el punto en que propone que imitar a Cristo consiste en evitar ser imitado. Cristo es, sostenía, la víctima inocente, de modo que hace evidente que el mal no se halla en la víctima sino en la sociedad. La verdad está de parte de la víctima, no en el acto del sacrificio. Y eso se puede ver en la Biblia, pero también en la literatura, por ejemplo, en el mito de Edipo.10
Uno de los mejores lectores e intérpretes de la obra de Girard ha sido precisamente Mendoza-Álvarez, profesor de la Universidad Iberoamericana, posiblemente el principal teólogo mexicano de la actualidad, quien lo entrevistó luego de la publicación de Clausewitz en los extremos. Política, guerra y apocalipsis en 2007 (español: Katz, 2010). Girard respondió frontalmente los cuestionamientos sobre los alcances de la teoría mimética en diálogo abierto con la teología.
A la interrogante expresa sobre la casi omnipresencia de la violencia en países como México (“¿las masacres como Acteal en México y tantas en el mundo pueden tener otro sentido que el solo equilibrio de rivalidad mimética entre rivales con el deseo de aniquilación de unos contra otros? ¿No es predicar a las víctimas una resignación ante sus verdugos? ¿Qué memoria cristiana es posible hacer de esas víctimas que no signifique pasividad ante la injusticia, la violencia y la muerte?”), respondió con firmeza:
Solamente es posible recuperar esa memoria de la masacre sin atribuirle un sentido sacrificial arcaico. Frente al sufrimiento del inocente no nos queda sino la indignación. Este tipo de acontecimientos trágicos no me es ajeno, aunque debo decir que tampoco es parte de mi problemática inmediata en la que he construido mi pensamiento. Pero hay que insistir en la importancia de actuar para superar las causas de ese sufrimiento y muerte, sin ceder al resentimiento que se expresa como deseo de venganza.11
Definitivamente, es mucho lo que aún puede decirse y escribirse sobre este autor imprescindible en el esfuerzo por clarificar el papel de la religión de la fe en este mundo que siegue siendo tan convulso y violento. Las pretendidas respuestas cristianas, desde su baratura y superficialidad, poco aportan al debate y a la praxis responsable. Girard ayuda, y mucho, a superar la facilidad con que a veces se despachan las relaciones entre fe, cultura y sociedad.
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1 R. Girard, Aquel por el que llega el escándalo. Trad. de Ángel J. Barahona Plaza. Madrid, Caparrós, 2006 (Esprit, 53), p. 47. Barahona Plaza es autor de René Girard: entre la ciencia y la fe. Madrid, Encuentro, 2014.
2 C. Mendoza-Álvarez, “Un tren llamado deseo”, en El País, Madrid, 6 de noviembre de 2015, http://cultura.elpais.com/cultura/2015/11/06/actualidad/1446822333_008508.html.
3 Ídem.
4 X. Pikaza, “René Girard”, en Diccionario de pensadores cristianos. Estella, Verbo Divino, 2010, p. 342.
5 Ídem.
6 Ídem.
7 Ídem.
8 X. Pikaza, op. cit., p. 346.
9 Ídem. 11 “La esperanza como apocalipsis”, conversación de René Girard con Carlos Mendoza-Álvarez, en blog de Letras Libres, 5 de abril de 2008; en Iglesia Viva, núm. 234, junio de 2008, p. 88, www.iglesiaviva.org/234/234-21-CONVER.pdf.


Fuente: Protestantedigital, 2015.

domingo, 27 de diciembre de 2015

Spielberg y el trato a los enemigos



Por. José de Segovia, España
No sé si la nueva película de Spielberg trata sobre Guantánamo, pero nos revela que la humanidad se muestra en la forma en que tratamos a nuestros enemigos. Como Jesús dice, no hay nada especial en ser favorable a los tuyos, hablar bien de los que piensan como tú y ser generoso con tus amigos. Naturalmente, amamos a los que nos aman, pero el amor que Dios nos presenta en Cristo Jesús, alcanza al enemigo, camina la milla extra, pone la otra mejilla y busca la paz, dando la vida por el otro (Mateo 5:38-48). En ese sentido, “El puente de los espías” es un gran relato de Navidad.  
Pocas películas hay en la cartelera, tan a contra corriente, como esta. Parece de otra época. Tiene el ritmo y el aire de cuando el cine era otra cosa, no un espectáculo vacuo de entretenimiento para adolescentes, sino un retrato complejo de personajes adultos. La maestría que Tom Hanks demuestra en la interpretación de este abogado de Brooklyn, James Donovan, inmerso en las entrañas de la Guerra Fría, nos demuestra que un actor es algo más que alguien que hace de sí mismo. Se trata de construir una personalidad –en este caso, histórica–, sin los reduccionismos del que recurre a la caricatura de una figura de cartón piedra.
El respetado crítico de New Yorker, Richard Brody, observa en el personaje algo de Spielberg mismo. Muchos le han acusado de acabar con el nuevo Hollywood que aparece a finales de los sesenta, cuando los grandes estudios llegaron a hacer películas tan oscuras como “Easy Rider”, “El Padrino”, “Chinatown” o “Taxi Driver”. Lo cierto es que “Tiburón” sigue siendo una de las obras más estudiadas de la Historia del cine. Spielberg supo jugar con las reglas del sistema, mostrando una táctica y habilidad, no exenta de empatía y bonhomía, que ha ganado el aprecio de directores como Martin Scorsese o Paul Thomas Anderson.  
El verdadero Rudolf Abel es prodigiosamente interpretado por el actor de teatro británico Mark Rylance
La escena que abre el filme, ha sido enormemente elogiada por la crítica, por su ingeniosa expresividad. Un encuadre panorámico, muestra en el centro de la composición a un pintor que acaba su autorretrato de espaldas al espectador. A la izquierda, distinguimos su rostro en el espejo, donde estudia sus facciones y nos devuelve la mirada. Vemos al hombre reflejado dos veces, en el cristal y en la pintura. Se trata del impresionante actor de teatro británico, Mark Rylance, haciendo de un supuesto espía ruso, que intenta escapar a continuación, en una prodigiosa secuencia de persecución en el metro de Nueva York, que recuerda tantas maravillosas películas de los setenta, como “French Connection”.
DESDOBLAMIENTO
El desdoblamiento del personaje de Rudolf Abel, acusado de espionaje por la CIA –algo que él, nunca reconoció–, nos introduce en la doble vida que hace fascinantes, estos relatos. Como tantos otros, Spielberg admira “El espía que surgió del frío” (1965), la desoladora obra de Martin Ritt sobre la novela de John LeCarré, interpretada por un complejo Richard Burton. Para él, no es sólo la mejor adaptación de un libro de Le Carré, considerado por Graham Greene como la mejor novela de espías, sino que para Spielberg, es su película favorita de espías de todos los tiempos.
En la película, Tom Hanks hace de un abogado que tiene que defender a un hombre, acusado espionaje
Mi pasión por los relatos de espías nace en la adolescencia, cuando la distancia entre lo que uno aparenta, y el mundo interno que ocultas, se agiganta a pasos descomunales. Como ha dicho Javier Marías, el espía encarna la dualidad del ser humano. Si nos interesan, es porque no son lo que parecen. Detrás de la aburrida vida gris de un abogado de seguros como Donovan, hay un mundo oscuro y complejo, donde nada es lo que aparenta. Las historias de espías nos preguntan quiénes somos, cuál es la verdad, qué es la lealtad y si hay alguien realmente inocente.
Donovan no es ningún ángel. Tom Hanks nos lo presenta intentando dividir la indemnización del seguro de un conductor accidentado entre los cinco que han sufrido daños, que deberían recibir cada uno, la misma cantidad. Es en esos términos que busca preservar la vida de su defendido, como posible canje por algún prisionero americano, al otro lado del Telón de Acero. Es alguien que fuerza las reglas, para conseguir el beneficio que busca. Y no es el devoto padre de familia que al principio imaginamos. La chica que interpreta la hija del cantante de U2 (Eve Hewson), cuando tirotean la casa, su padre se acerca para consolarla, pero ella pasa de largo, corriendo a los brazos de su madre (Amy Ryan), una esposa al estilo de las que hacía Donna Reed en el Hollywood clásico.
¿QUÉ HACEMOS CON NUESTROS ENEMIGOS?
El protagonista de “El puente de los espías” no sólo cree en el poder de la palabra, sino que también busca reconocerse en el otro, el enemigo declarado. El cristianismo de Jesús tampoco confía en la violencia, sino en el poder del Espíritu que obra con la Palabra, el cambio que te permite amar al enemigo. Al descubrirnos tal y cómo somos, pecadores como los demás, no mejores que otros, nos podemos identificar con aquel que en principio, sólo produce nuestro rechazo. Nos compadecemos de él y podemos amarle, por la obra sobrenatural del Espíritu de Dios.
El puente de los espías es en cierto sentido, un relato de Navidad
Eso es lo que hizo Dios con nosotros, al venir a este mundo. Al hacerse hombre, “sufrió nuestra contradicción de pecadores contra sí mismo” (Hebreos 12:3). Por lo que nada humano, le es ahora ajeno. Conoce todas nuestras debilidades, aunque no tuviera falta. Puede identificarse con nosotros y saber lo que pensamos o sentimos. Esa es la maravilla de la Encarnación, algo que ninguna religión conoce, que hace diferente al cristianismo del pensamiento judío o griego. Si nuestra fe no nos hace identificarnos con otros, ni sentir compasión por ellos, tenemos que dudar si nos estamos comportando como discípulos de nuestro Maestro.
¿Por qué los cristianos muestran tanto rechazo y agresividad? Basta navegar las redes sociales, para ver el lenguaje ofensivo con que arremeten contra todo aquel que se desvía del camino correcto. Los defensores de la “sana doctrina” se comportan a menudo, como fanáticos, llenos de odio e intolerancia, para el que no piense como ellos. Cuando alguien tiene un estilo de vida, que no corresponde a la fe cristiana, se complacen en anunciarle el juicio divino y la condenación eterna. No tienen ningún reparo en contradecir la profesión de fe de cualquier persona, por su simple apariencia, o impresión personal. Y si encima se declara ateo, o satisfecho de su conducta no cristiana, no recibirá más que palabras llenas de rencor y enemistad… ¿dónde está el amor por nuestros enemigos?
AMOR INMERECIDO
Si defendemos lo que es justo, tendremos enemigos. Podemos justificar nuestra hostilidad, pero Jesús nos dice: ¡ámalos, de todas formas! Quien te rechaza, espera que te pongas en contra de él. Jesús dice: “¡sorpréndele!, ¡hazle bien!” (Lucas 6:35). Nuestro amor tiene que ser algo más que bonitas palabras. Se ha de mostrar en la práctica. Cuando dices que amas al homosexual, aunque rechazas su pecado, si tu actitud no es más que de juicio y condenación, no sé dónde está ese amor del que hablas.
El mundo está dividido por muros que Dios derriba, pero el hombre levanta de nuevo
Si nuestras convicciones políticas son tan excluyentes, que no puedes dejar de denigrar al contrario, tu ideología es de odio y no de amor al prójimo. Cuando tenemos buenas relaciones con las autoridades, porque buscamos algo a cambio, no estamos prestando nada, sino esperando una contrapartida. El amor tiene un coste. Y ese no es esperar nuestra recompensa en este mundo. 
Los enemigos tienen poder para quitar, pero no para devolver lo quitado. Jesús, sí. Nuestro futuro está en sus manos, no en las de ellos. En su amor inmerecido, nos promete el galardón que el mundo no puede darnos. Es paciente y misericordioso para con nosotros. Vemos una y otra vez, su bondad, en que siendo malos e ingratos, se ha entregado por nosotros hasta el final, dándonos a su propio Hijo, hasta morir en la cruz. Así hemos de amar a nuestros enemigos.

Fuente: Protestantedigital, 2015

sábado, 26 de diciembre de 2015

Jesús: concebido por el espíritu y nacido de la virgen



Por. Will Graham, España
Me encanta el Credo apostólico. 
Así es. Me encanta. Tanto su profundidad doctrinal como su claridad de expresión son abrumadoras. No es de extrañar que haya pasado a la historia de la iglesia como una obra de grandeza incomparable.
Ya que la Navidad está a la vuelta de la esquina, quiero examinar la famosa frase del Credo que habla sobre la encarnación de Jesús - "concebido por el Espíritu Santo, nacido de la virgen María"- y explicar su denso significado teológico. 
1.- Concebido por el Espíritu
Esta frase pretende ser fiel a los textos bíblicos tales como Mateo 1:18-20 y Lucas 1:35 donde el nacimiento de Jesús de Nazaret se atribuye exclusivamente a la mano del Espíritu de Dios. 
1.1- El hombre pecador no pinta nada
La simiente de José no tenía nada que ver con eso. Fue un asunto totalmente divino. Incluso María fue completamente pasiva en todo el evento. Ella no hizo nada. Todo era del Señor. La Navidad, entonces, se trata de lo que Dios obró. Es por eso que Él recibe toda la gloria por la encarnación. El Espíritu de Dios vino sobre María y, de alguna forma misteriosa, concibió para que el Hijo eterno de Dios asumiese la naturaleza humana en el vientre de la joven sierva del Señor. El hombre fue dejado a un lado mientras Dios desplegaba su exorbitante gloria.
1.2.- El Hijo y el Espíritu andan juntos
Otro elemento a destacar es la manera en que el Hijo y el Espíritu trabajan juntos en la encarnación. Si el precioso ruaj (Espíritu) no hubiese obrado en la virgen, no se habría dado la unión hipostática. El Hijo de Dios y la naturaleza humana entran en contacto por el soplo del Espíritu. Y gracias al Hijo, el ser humano es reconciliado con Dios el Padre. Esta observación tiene una trascendencia especial para cualquier hombre o mujer nacido(a) de Dios. Nosotros, los seres humanos entramos en comunión con el Padre por medio de los ministerios del Hijo y el Espíritu de Dios. 
En cierto sentido, la encarnación de Cristo es una analogía de lo que sucede durante la regeneración (nuevo nacimiento) del ser humano. El Espíritu nos une de modo eficaz al Verbo. El apóstol Juan conecta estas dos ideas (la encarnación de Cristo y el nuevo nacimiento) en Juan 1:12-14. Tanto la encarnación de Cristo como la regeneración son eventos cien por cien trinitarios. Gracias al Hijo y al Espíritu, ahora vivimos de verdad delante de Dios.
1.3.- El Espíritu trae revelación e iluminación
El hecho de que el Credo apele a la concepción por el Espíritu Santo también significa que es por el Espíritu Santo que Dios se revela a los hombres. En el caso de Jesús el Espíritu hace que el Mesías sea un portador de la revelación, mientras que en nuestro caso nos convertimos en receptores de dicha revelación. Nadie puede conocer la verdad sino por el Espíritu. Él es quien nos abre los ojos, los oídos y transforma nuestro corazón de piedra en uno de carne para que creamos su anuncio. Como Pablo dijo, "Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Corintios 2:10-11). Es sólo mediante el Espíritu que podemos tener verdadero conocimiento del Altísimo. En palabras del exégeta Gordon Fee, “La clave para comprender la sabiduría de Dios estriba en el Espíritu. […] Los seres humanos por su propia cuenta no poseen la cualidad que les posibilitaría conocer a Dios o la sabiduría de Dios”.
1.4.- Algo más allá de lo empírico
El cuarto punto que me gustaría subrayar es que la concepción del Espíritu Santo nos muestra que lo que le sucedió a Jesús va mucho más allá de los límites modernos de la biología, la química y la física. No puede haber una explicación materialista de lo que ocurrió en el seno de María. La encarnación no es un evento para ser analizado matemáticamente sino algo para impulsarnos a adorarle al Señor con reverencia.
Tal misterio nos debe cautivar en temor reverente. ¿Cómo puede ser que el Verbo descendiese a la tierra? ¿O que Dios caminara entre nosotros? ¿O que el Hijo se encarnase? Cuando Dios se mueve, ocurren milagros. Sus manos no están atadas por leyes humanas. La ciencia, al fin y al cabo, no es la madre del Señor sino su hija, su sierva. En el vientre de una virgen, el Espíritu hace lo imposible y engendra vida. ¿Habrá algo demasiado difícil para Dios?
1.5- Conclusión
Esta Navidad, asegúrate de recordar que 1) la encarnación es de origen completamente divino; 2) que el ser humano se reconcilia con Dios por medio de los ministerios del Hijo y el Espíritu; 3) que es a través del Espíritu que Dios trae revelación e iluminación; 4) que el aliento libre de Dios no está limitado por principios materialistas. ¡Si Dios está obrando, no hay nada imposible!
Gloria in excelsis Deo.
2.- Nació de la virgen María
Después de afirmar que Jesús fue "concebido por el Espíritu Santo", el Credo apostólico continúa diciendo que "nació de la virgen María". Ahora vamos a echar un vistazo al contenido teológico de esta declaración en seis puntos.
 2.1- Era “virgen” pero no para siempre
En primer lugar, debo señalar que María no fue virgen toda su vida. Después de dar a luz a Jesús, tuvo hijos con su esposo José y formó así una preciosa familia (Mateo 1:25; 12:46; 13:55; Juan 7:10; Hechos 1:14; Gálatas 1:19). Menciono esto porque algunos sectores del Catolicismo Romano todavía mantienen que la virginidad de María fue perpetua, dado que el celibato es considerado como una especie de llamamiento “más santo” o “más elevado”. La Biblia para nada condena el sexo (excepto cuando se practica fuera de los límites del matrimonio heterosexual). María fue virgen cuando Cristo fue concebido; pero no permaneció virgen después de su primogénito.
2.2- La pasividad del ser humano en la revelación
La virginidad de María es importante porque nos enseña que el hombre (mujer) es totalmente pasivo cuando Dios se revela. Nuestra hermana María no tenía capacidad innata para dar a luz al Hijo de Dios en este mundo. Fue totalmente la obra del Señor. El vientre vacío de María habla de la incapacidad del hombre para estar en el lugar de Dios. La semilla de José era inútil. Sólo el Espíritu de Dios podría preparar el camino para Jesús. Dios se tiene que revelar a sí mismo. De lo contrario, no hay ni habrá ninguna revelación. El hombre puede correr y sudar y torturarse a sí mismo casi hasta la muerte, pero a menos que el Señor baje o descienda para revelar su gloria, no habrá manifestación de Dios. La revelación es toda de gracia.
2.3- Dios se da a conocer en lugares inesperados
También vemos cómo Dios usa las cosas insignificantes cuando se trata de revelar su sabiduría. Si yo fuera Dios, habría elegido que mi amado Hijo naciera como un hijo del emperador romano o en alguna sabia secta filosófica de la antigua Grecia o Egipto, pero Dios elige el vientre despreciado de una mujer humilde que podía sólo darse el lujo de ofrecer dos tórtolas en su tiempo de purificación ritual. ¿Qué pinta la Palabra de Dios en un apestoso pesebre que olía a estiércol y orina de vaca y burro? ¿Es esto, de alguna manera, digno del Rey de reyes? Pero, he aquí ¡qué humildad y qué bajeza! Dios elige a las pequeñas cosas para confundir la sabiduría del hombre (1 Corintios 1:28). Sin el Espíritu Santo, ¿quién puede comprender esta incomprensible sabiduría de Dios? La gloria y la grandeza del Señor estaban escondidas en una tierra de esterilidad, en el vientre de una virgen judía.
2.4- Cristo nace sin pecado original
Otro punto teológico importante a destacar es que la virginidad de María liberó a Jesús de haber nacido manchado por el pecado original. La maldición de Adán se transmite de generación en generación a través de la semilla del hombre, pero puesto que Cristo fue de origen divino, Él no quedó afectado por la caída. En este sentido, Jesús se convirtió en un segundo Adán, un nuevo comienzo. No obstante, algunos han preguntado: "Pero si Jesús participó de la naturaleza de María, ¿eso no le constituye pecador desde su nacimiento?" La respuesta es no. De alguna manera soberana y misteriosa, el Espíritu Santo protegió la naturaleza humana de Cristo para que no heredase la naturaleza pecaminosa de su madre según la carne. Martyn Lloyd-Jones lo explicó de la siguiente manera: "Todo lo que sabemos es que algo fue tomado, fue limpiado y quedó liberado de toda contaminación, de manera que su naturaleza humana era sin pecado y completamente libre de todos los efectos y resultados de la caída. Tal fue el efecto de la operación del Espíritu Santo sobre [María]". Jesús nació perfectamente sin pecado.
2.5- Cristo no era un fantasma gnóstico
El hecho de que la Palabra eterna de Dios también participara de la naturaleza humana de María es una afirmación vital para combatir herejías neo-gnósticas que niegan que Jesús fuese verdaderamente humano. El docetismo fue ferozmente condenado por el apóstol Juan como una obra del anticristo. "Todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios: y éste es el espíritu del anticristo" (1 Juan 4:2) y de nuevo: "Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Este es el engañador y el anticristo." (2 Juan 7). El nacimiento virginal es una salvaguardia doctrinal contra dichas teologías que buscan convertir a Jesús en un fantasma etéreo. Jesús asumió un cuerpo humano real y un alma racional para que los hombres y las mujeres pudiesen ser redimidos en su totalidad.
2.6- La renovación de todas las cosas
Un último punto que vale la pena notar es que por medio del nacimiento virginal Dios hace que algo nuevo surja de lo antiguo. Jesús rompe con el pasado pecaminoso de la humanidad caída y esclavizada. Toma la humanidad sobre sí mismo con el fin de devolver todas las cosas a la obediencia de Dios. 
Esto explica la razón por la que no me siento cómodo cuando algunos pensadores proponen que la encarnación de Jesús sea análoga a la creación en el Génesis. Estoy totalmente en desacuerdo. La creación inicial fue ex-nihilo. En otras palabras, en el principio Dios creó todo a partir de la nada. Pero, en la encarnación, Dios está haciendo algo nuevo a partir de algo que ya existía. En este sentido, para ser más fiel a la Biblia –como ya destacamos antes- la encarnación es más bien análoga al nuevo nacimiento cuando Dios convierte almas depravadas en trofeos de su gracia y misericordia. Dios convierte lo viejo en nuevo. Él resucita lo que está muriendo y languideciendo. Transforma el desierto en un paraíso abundante. Las cadenas se convierten en libertad en la gloriosa economía de Dios.
2.7- Conclusión 
Yo no sé vosotros, pero yo estoy muy feliz por el nacimiento virginal. Me alegro de que Dios revele a Dios, que el Señor escoja lo vil e insignificante, que Jesús sea libre del pecado, que Jesús sea verdadero hombre y que Dios haga algo hermoso de las viejas vestiduras de Adán. Esta Navidad vamos a dar gracias a Dios por la bendita encarnación y por todas las preciosas verdades que conlleva. ¡A Dios sea la gloria!
¡Acabo deseándoos a todos una muy feliz Navidad!
Gracias por todo el apoyo y amor que me habéis demostrado a lo largo del último año. ¡Sigamos peleando la buena batalla de la fe hasta que vuelva aquél que fue concebido por el Espíritu y nacido de la virgen!
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1 FEE, Gordon, Primera epístola a los corintios (Nueva Creación: Buenos Aires, 1994), pp. 125-126.

Fuente: Protestantedigital, 2015.