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domingo, 12 de abril de 2015

70 años de la muerte de Bonhoeffer



“La iglesia no es para sí, decía Bonhoeffer, sino para el mundo: es ahí donde la aportación de este teólogo es relevante”, explica Eduardo Delás, estudioso de la obra del pastor que fue ejecutado por los nazis el 9 de abril de 1945.
Por. Jacqueline Alencar, España
El pastor, teólogo y profesor alemán Dietrich Bonhoeffer fue encarcelado en 1943 y ejecutado el 9 de abril de 1945 por el régimen nazi. Su ejemplo de vida ha inspirado a los cristianos de distintas tendencias y sensibilidades desde entonces. Pero también ha tenido una influencia importante en el pensamiento y desarrollo teológico, el cual sigue resultando relevante ahora que se cumplen 70 años después de su muerte. Entrevistamos a Eduardo Delás, teólogo y pastor de la Primera Iglesia Evangélica Bautista de la Calle Quart, quien ha realizado su tesis doctoral sobre el pensamiento eclesiológico y cristológico de Bonhoeffer. Además, ha escrito, entre otros libros:  Dietrich Bonhoeffer: Un teólogo a contratiempo (2006).
¿Por qué eligió Delás profundizar en la persona y teología de Bonhoeffer? “El de Bonhoeffer - comenta Delás - es un pensamiento eclesiológico y cristológico que necesitamos revalorizar en un momento como el actual, poniéndolo al servicio del pueblo de Dios en el siglo XXI”. Además “si tuviese que definirse su aportación al pensamiento teológico contemporáneo, Bonhoeffer tendría que pasar a la historia como un teólogo de la realidad. La realidad de la iglesia, dentro de la realidad del mundo, desde la realidad de un Dios que se ha revelado en la persona de Jesús de Nazaret”.
En la Introducción General de su tesis, Eduardo Delás define a Bonhoeffer como “un pensador cristiano capaz de rescatar de las ruinas de la teología liberal y de la iglesia estatal nominal, una nueva comprensión del acontecimiento Cristo nacida, a la par, de la erudición académica y de la experiencia eclesial, así como de una nueva visión de la Iglesia que no brota de teorizaciones metafísicas, ni de discursos domesticados por el poder, sino de un compromiso radical e insobornable con la vida en comunidad desde el seguimiento de Jesús”. Bonhoeffer también escribió: Sanctorum Communio, ¿Quién es y quién fue Jesucristo?, El Precio de la gracia, Ética, Resistencia y sumisión.
Pregunta.- Comenzaremos hablando del libro Vida en Comunidad, escrito por Dietrich Bonhoeffer, pero antes me gustaría preguntarle qué le ha motivado a elegirlo como tema de su tesis doctoral. ¿Podría comentarnos que aspectos abordó en la misma? 
Respuesta.- En realidad, la tesis se encuentra construida sobre un diálogo con las obras más importantes del autor. “Vida en Comunidad” no es una obra muy conocida para el gran público, pero se trata de uno de los libros más emblemáticos de Dietrich Bonhoeffer. Sobre todo, por el tema que trabaja: La eclesiología.
P.- Usted comenta en una separata de su tesis que la época en que se escribe Vida en Comunidad está dominada por la convicción central de que lucha y piedad confesante son los dos pilares sobre los que ha de sostenerse la vida comunitaria... ¿Podría especificar un poco más?
R.- Hace años escribí un libro sobre el autor titulado: “Dietrich Bonhoeffer: Un teólogo a contratiempo”. La suya fue, exactamente, una vida así: Corta, intensa y comprometida hasta sus últimas consecuencias. La Iglesia Confesante, de la que Bonhoeffer había sido miembro fundador, formada por un puñado de cristianos contrarios al régimen nazi y decididos a jugarse la vida por defender la esencia del evangelio, imponía un modo de vivir que sólo podía ser descrito en términos de lucha y piedad. Importa recordar que este libro fue escrito en 1938.
P.- ¿Qué motivos llevaron a Bonhoeffer a escribir esta obra? ¿Cuál era el trasfondo socio-político y teológico en el que se escribió?
R.- He citado antes algo del trasfondo socio-político general. Pero, sobre todo, en este marco dramático en el que la iglesia estatal (Protestante y Católica) se había entregado en los brazos de Hitler y su modelo de cristianismo, era necesario disponer de un lugar donde pudieran formarse teológicamente nuevos pastores para cuidar, orientar y enseñar a las iglesias en la fe del evangelio. El problema era que muchos de los candidatos provenían de universidades liberales en las que la fe, la piedad y el cristianismo auténtico brillaban por su ausencia. La idea de escribir un libro como “Vida en Comunidad” era disponer de una “regla de vida” para discipular a los candidatos al pastorado en las disciplinas de lo que llamamos la “Lectio divina: Lectura, Oración y meditación. Pero, más allá de eso, la pretensión última era aprender a vivir en comunidad desde los valores del reino de Dios: El amor, la misericordia, la justicia, el perdón y la reconciliación. Ahí radica su carga de explosividad social. Se trataba de un libro orientativo que todos los aspirantes a pastores deberían leer y meditar.
P.- Es decir que el pastor de la iglesia confesante alemana no se quedó de brazos cruzados cuando la Gestapo cerró el seminario en el año 1937...
R.- Nada de eso. La formación de pastores continuó a pesar de la prohibición que incluía amenaza de cárcel. Que sepamos, se pudo seguir hasta que se inició la guerra. La mayoría de los estudiantes fueron llamados a filas y casi todos murieron en combate.
P.- El libro fue censurado. Me gustaría saber qué paso posteriormente...
R.- En realidad, hacía años que Bonhoeffer tenía prohibido enseñar teología en la universidad y, por descontado, también escribir. Cuando Finkenwalde (El Seminario) cerró, se continuaron haciendo copias del libro en pequeñas imprentas clandestinas. No había otro camino.
P.- Volvamos al Seminario. ¿Por qué piensa que además de sus clases de Teología Bonhoeffer lo compartía todo con los aspirantes a pastores?
R.- Realmente, era una “escuela de vida”. Bonhoeffer enseñaba, pero también convivía, comía y fregaba con los estudiantes. Tenía muy pocos años más que la mayoría y era un hombre con evidentes habilidades sociales. La razón última por la que se sumergió con ese nivel de implicación en el día a día de la comunidad de estudiantes sólo podía ser ésta: “La palabra moviliza, el ejemplo arrasa”. No hace falta añadir nada más.
P.- ¿La meta era vivir una vida monacal, para no contaminarse con el exterior?
R.- Claro que no. El objetivo último era aprender a creer y vivir. Para la mayoría de los estudiantes lo que se enseñaba y compartía en el Seminario era nuevo y distinto a todo lo que habían conocido. Pero jamás se interpretó como un fin en sí mismo.
P.- ¿Por qué la insistencia en trabajar una vida en comunidad antes de salir al exterior para difundir el mensaje de Jesús?
R.- La vida en comunidad junto con la enseñanza teológica formaba parte de la preparación para servir en las iglesias. La idea era aprender la imitación y el seguimiento de Jesús, es decir, ser como él fue y vivir como él vivió.
P.- ¿Deben los seminarios, institutos y facultades bíblico-teológicos tener en cuenta los postulados de Bonhoeffer en sus programas académicos? Según entiendo, insiste mucho en la praxis...
R.- En casi todos los seminarios que conozco existe una materia obligatoria llamada: “Servicio cristiano”. Significa que todos los estudiantes han de comprometerse con alguna iglesia para practicar lo que reciben, desde los dones que el Señor les ha dado. Además, la propia convivencia en la institución es una disciplina de la que se aprende mucho, sobre todo, si se ejercita desde las disciplinas cristianas de las que hablábamos antes: La lectura, la meditación y la oración.
P.- Usted afirma que necesitamos revalorizar el pensamiento eclesiológico y cristológico de Bonhoeffer en un momento como el actual, poniéndolo al servicio del pueblo de Dios en el siglo XXI. ¿Por qué? ¿Es que hoy no hay una iglesia comprometida con el otro y no con ella misma?
R.- Para Bonhoeffer hay dos preguntas fundamentales a las que es preciso responder. La primera es ¿Quién es Jesucristo? la segunda es ¿Qué es la Iglesia? Pero las respuestas no han de ser sólo respuestas de la razón, sino siempre también y sobre todo, respuestas que impliquen la vida. La genialidad de este singular teólogo radica en revalorizar la memoria provocativa de Jesús de Nazaret para construir una propuesta eclesial que sólo tiene sentido y relevancia histórica desde lo que el llamó: El seguimiento. Su obras “El precio de la gracia” y “¿Quién es y quién fue Jesucristo?” constituyen el fundamento de un pensamiento que muchos han llamado “Teología de la realidad”: La realidad de la iglesia dentro de la realidad del mundo, desde la realidad de un Dios que se ha revelado al mundo: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. La iglesia no es para sí, decía Bonhoeffer, sino para el mundo. Es ahí donde creo que la aportación de este teólogo es relevante y diferencial por su pragmatismo.
P.- ¿Piensa que estamos encerrando el mensaje del evangelio entre cuatro paredes? D. Bonhoeffer habla de una ciudad visible que es una anticipación misericordiosa del reino que ha de venir...
R.- Si Cristo se encuentra en el centro de la iglesia, si esto es de verdad cierto, entonces la iglesia no puede declararse fuera de la historia de sufrimiento del mundo porque fue allí donde su Señor se encarnó, vivió y fue crucificado entregando su vida. A la iglesia de todos los tiempos el Señor le pide una fe pensada pero, sobre todo, una fe vivida en el espesor de la realidad. Como decía el propio Bonhoeffer: “Puesto que Dios mismo no se ha quedado en el más allá, sino que ha venido al más acá, la iglesia no se ha de encontrar con él en las fronteras del más acá con el más allá, sino en el centro mismo de este mundo”.
P.- ¿Por qué impacta tanto adentrarse en la vida y obra de Bonhoeffer?
R.- La teología que Bonhoeffer practicó siempre fue, al decir de muchos, “una teología arrodillada”. Buena parte de lo que ha sobrevivido a la vida y obra de este creyente radical no vio la luz en un elegante escritorio de académico profesional, sino en una celda individual de la prisión de Berlin-Tegel entre la distribución del rancho, paseos por el patio, sesiones de interrogatorio y alarmas aéreas. Una fe insobornable que se mantuvo brillando en medio de la más atroz oscuridad.
P.- ¿Qué le ha aportado a usted?
R.- Como creyente, pastor y aprendiz de teólogo, Bonhoeffer me ha enseñado a comprender mejor lo que significa creer y vivir. Me ha enseñado el sentido de una fe disidente y comprometida, que es capaz de llegar hasta sus últimas consecuencias sin dar un paso atrás. Me ha ayudado a discernir que el conocimiento no está reñido con la piedad cristiana. Se puede ser un destacado doctor en teología, como él lo fue, y al mismo tiempo un hombre comprometido con el evangelio de Jesucristo. Me ha enseñado humildad. Desde su punto de vista, la iglesia no necesita personas que destaquen, ni protagonistas aislados, ni líderes carismáticos. Lo que la iglesia necesita son hombres y mujeres que crean y visibilicen con su modo de vivir comunitario a Jesús de Nazaret. Porque el criterio de credibilidad de la fe siempre son las obras: “Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” Para concluir: Dietrich Bonhoeffer exigía una postura firme y radical, de ir hasta las últimas consecuencias, frente a la situación de la iglesia y de la sociedad de su tiempo.
P.- ¿Qué opinión tendrían de él los cristianos de hoy, si estuviera entre nosotros?
R.- La figura de Bonhoeffer ha sido cuestionada seriamente desde muchos frentes. En la última parte de su vida escribió cartas desde la prisión a su amigo íntimo, Eberhart Bethge, que muchos han interpretado de modo superficial cuestionando su concepto de Dios. Fueron publicadas bajo el título “Resistencia y sumisión”. Por otro lado, su decisión de atentar contra Hitler ha sido objeto, como es natural, de abundantes críticas. No se entiende que un hombre que escribió sobre el Sermón del Monte como él lo hizo, apostase a la vez por la violencia. Lamentablemente, en la mayoría de los casos es más lo que se critica de él que lo que realmente se conoce. En cualquier caso, su figura sólo puede ser evaluada con justicia haciéndole “hijo de su tiempo” y, desde ahí, considero que su pensamiento ha resistido el paso del tiempo de tal modo, que ha sido capaz de fecundar buena parte de la teología contemporánea hasta nuestros días.

Fuente: Protestantedigital, 2015.

lunes, 4 de junio de 2012

“Creer es también pensar”. Eduardo Delás: No a la pastoral desde la ignorancia

Por. Jacqueline Alencar, España

Hablamos con Eduardo Delás, pastor de la Primera Iglesia Evangélica Bautista de la Calle Quart en Valencia. Estudió en IBSTE (hoy Facultad Internacional de Teología), donde fue profesor por varios años. Es, además, Licenciado en Teología Sistemática por la Facultad de Teología de Catalunya, Licenciado en Ciencias Bíblicas y Doctor en Teología por la Facultad de Teología de Valencia.
Delás ha publicado tres libros: Dios es Jesús de Nazaret. Cristología desde dentro (Noufront 2009); Dietrich Bonhoeffer, un teólogo a contratiempo (DSM 2006); Seguir a Jesús de Nazaret hoy; y -con Samuel Escobar- Santiago: la fe viva que impulsa a la misión (Primera Iglesia Evangélica Bautista, Valencia, 2011).
Pregunta.- Tiene varios títulos en Teología y Biblia, ¿cómo le ayudan todos los estudios realizados en su tarea pastoral?
Respuesta.-
Hace muchos años, John Stott escribió una pequeña obra de gran difusión con el título: “Creer es también pensar”. El conocimiento y la formación académica no sólo no están reñidos con el ejercicio de la acción pastoral, sino que además permiten desempeñar esa difícil y comprometida tarea desde un marco de reflexión más documentado. Sería temeraria la práctica de la pastoral desde la ignorancia y el desconocimiento. El intrusismo es peligroso en todas las disciplinas del saber. En la pastoral, puede ser letal.
P.- ¿A qué tipo de lector tiene en mente cuando escribe sus libros?
R.-
Cuando escribo pienso siempre en un “público/universo” en el sentido más amplio posible. No sólo en personas creyentes, pero también en emplear un lenguaje que no sea críptico, ni haya que “descodificar”, para que lo entienda todo el mundo. Es todo un desafío que no siempre se logra, pero al menos esa es la intención original. Si la literatura no conecta con las necesidades y el mundo personal de los lectores acaba resultando irrelevante y anecdótica.
P.- Su libro de Cristología ya lleva dos ediciones, ¿piensa que hoy hay interés en el tema cristológico en España?
R.-
La Cristología es la parte de la dogmática que estudia a la persona de Jesús, el Cristo. Resulta llamativo que en nuestro país exista cada vez menos interés en el mundo de las religiones y, sin embargo, la persona de Jesús aún posea para muchos un gran poder de seducción. ¿Será que la mediación religiosa que hemos hecho de Jesús lo ha desfigurado demasiado? En mi criterio, sí.
Curiosamente, sabemos mucho sobre muy poco de Jesús y muy poco sobre mucho. Hemos desarrollado una cristología con grandes desequilibrios y conviene que practiquemos una gran capacidad de corrección y autocrítica porque la cristología, inequívocamente, funda la eclesiología.
Mi libro “Dios es Jesús de Nazaret” resulta solamente una pequeña aportación a la reflexión cristológica actual pero, a mi modo de ver, hecha desde abajo y desde dentro. La cristología de los evangelios, bien mirada, conocida e interpretada, puede ser un auténtico “peligro” para la iglesia, por su radicalidad. Es preciso rescatar el acontecimiento Jesús de Nazaret de las ruinas de la historia y situarlo en el centro del discurso cristiano. Quizás entonces comience lo que podríamos llamar “la revolución pendiente” en el cristianismo contemporáneo.
P.- ¿Qué verdades acerca de Cristo cree que hay que destacar en la enseñanza actual en las iglesias evangélicas?
R.-
Más que verdades, lo que tendríamos que hacer es dejarnos interpretar por el Jesús de los evangelios que nos invita a reiniciar el camino de la imitación y el seguimiento. Sólo es posible reproducir el camino de Jesús si ese Jesús tiene cara y ojos, y nos referimos a él como la persona que nació, vivió, murió y resucitó por nosotros y por nuestros pecados.
En realidad, el evangelio creció “al revés”, el final estuvo ahí antes que el principio. Y, desde el final, se regresó al inicio. O sea, la muerte y la resurrección de Jesús fueron los hechos centrales del kerigma apostólico porque representaban la revalorización de su obra de un modo integral. Y estos acontecimientos históricos y su significado poseen hoy (y siempre) el dinamismo necesario, desde la obra del Espíritu, para reiniciarnos en el camino del seguimiento del Maestro.
P.- ¿Cómo ve el interés en la teología entre la población evangélica?
R.-
Con la respuesta a esta pregunta podría escribirse un libro de considerable tamaño. Vamos a ver, si la teología se entiende como una simple repetición de la verdad que ya cristalizó en siglos pasados, sin ningún poder de maniobra para la creatividad, para una reflexión seria que parta de la realidad concreta que vivimos, y sin ninguna intención de diálogo con el mundo y sus problemáticas, como sucede con frecuencia en nuestros círculos, entonces es lógico que la teología sea algo trasnochado, anacrónico y obsoleto y, por tanto, no interese a casi nadie, como sucede hoy.
A mi modo de ver, la teología, a la que se ha descrito como “la fe en estado de ciencia”, está capacitada para servir como instrumento revisionista y renovador de la reflexión evangélica, si es capaz de leer los signos de los tiempos trazando vínculos siempre nuevos entre cristianismo e historia, y buscando y encontrando terreno común para el diálogo con la cultura y la sociedad.
P.- ¿Puede la teología corregir carencias y defectos en la vida de las iglesias evangélicas en la España actual?
R.-
Puede, debe y tiene que hacerlo. Sobre todo, si quienes realizan esta labor son teólogos formados en la verdad del evangelio acompañando a la iglesia en el camino, pero, además, si permitimos que la teología y los teólogos jueguen ese papel, propiciando que sus aportaciones puedan ser construidas en un discurso coherente y pertinente que resitúe permanentemente a la comunidad cristiana en estado de misión.
P.- Ha estudiado en una Facultad de Teología católica. ¿En qué nivel están hoy en día los estudios de materias bíblicas en las facultades católicas?
Si hablamos de nivel académico “puro y duro”, sin entrar en detalles, es alto. Pero si colocamos “al microscopio” el curriculum de estudios en las Facultades Católicas, la cosa admite muchos matices. Por resumir, la formación que recibe un licenciado en Ciencias Bíblicas o Eclesiásticas a lo largo de 5 años incluye: Un bienio de filosofía pura y tres años más de teología dogmática acompañada de un pequeño porcentaje de Biblia, más o menos un 10% del total.
Si uno decide ampliar estudios, puede elegir distintas especialidades de Licenciatura (segundo ciclo) según la Facultad en la que se encuentre: Biblia, Dogmática, Historia, Liturgia y Fundamental (quizás me dejo alguna). El Doctorado, tercer ciclo de estudios, es preciso realizarlo, como es natural, en la especialidad elegida. Grandes dosis de conocimiento, generalmente a buen nivel, pero pocas “materias herramienta” para la praxis pastoral. Casi todo está pensado para “producir” maestros, catequistas y teólogos.
P.- Usted es valenciano y es pastor en Valencia ¿Ha predicado alguna vez en la lengua valenciana?
R.-
He predicado una vez en valenciano. En un funeral, porque todos los allí presentes pensaban y hablaban en valenciano, así que tuve el atrevimiento de hablar en su idioma.
P.- ¿Le ayuda en alguna forma la lectura de la Biblia en valenciano?
R.- El valenciano, como otros idiomas, posee unos giros y expresiones que no pueden traducirse, pero que enriquecen la comprensión de los textos. En determinados momentos, estos detalles ayudan.
P.- ¿Qué piensa de la forma en que las iglesias evangélicas ministran a los inmigrantes en España?
R.- Observo que trabajamos con el fenómeno de la inmigración bastante “de oído”. Determinados estamentos como “Misión Evangélica Urbana” (Madrid, Valencia y otros) han planteado iniciativas a modo de seminarios con miras a re-situarnos mejor frente a estas nuevas realidades sociológicas que tienen una fuerte incidencia en nuestras iglesias. Aún tenemos mucho que aprender, porque importa tomar conciencia de que el tejido social ha sufrido una transformación brutal que va a perdurar en el tiempo, dentro y fuera de nuestras comunidades.
P.- En ese sentido, ¿tiene su iglesia un ministerio especial con los inmigrantes?
R.- No creo que haya que hacer nada “especial” con los inmigrantes. Lo que necesitamos es abrirnos y ayudar a que se abran mecanismos de acercamiento para evitar guetos que atomicen las iglesias. Es parte de una asignatura pendiente que tenemos los evangélicos: Repensar la eclesiología.
P.- ¿ Qué le diría a una persona joven para entusiasmarla con la Teología?
R.- Permítame responderle con unas palabras de Dietrich Bonhoeffer, para mí uno de los teólogos más grandes y comprometidos del siglo XX: “Ante todo, sólo debe estudiar teología cuando honradamente piense que no puede estudiar otra cosa. La única vocación a la teología será el que ésta le haya captado y no le deje, con tal de quien le haya captado sea verdaderamente la causa de la teología: la disposición para reflexionar sobre la palabra y la voluntad de Dios (Sal. 1:2), para aprenderla y llevarla a la práctica”.
P.- Usted ha hecho su tesis y ha publicado ensayos sobre Bonhoeffer. ¿Se podría hablar de una fe disidente en él? ¿Cuál sería su legado teológico y literario?
R.- Cualquiera que conozca un poco la vida y pensamiento de Bonhoeffer, le diría que esta pregunta se abre en muchas direcciones, admite muchas respuestas y, sobre todo, mucho más largas de lo que permite esta entrevista. Sin embargo, le diré que suscribo absolutamente lo de “una fe disidente” porque, además, hace algún tiempo pronuncié una conferencia precisamente con ese título: “Dietrich Bonhoeffer: El compromiso de una fe disidente”, que puede encontrarse y leerse en la red.
Pero también me gustaría añadir que “una fe disidente” implica pagar un precio que habría que valorar, antes de embarcarse en ella. En la introducción del texto que he citado hace un momento, escribo: “Disidencia” es una palabra peligrosa y sospechosa. Especialmente, para las personas que están ligadas al status quo o que temen algún tipo de cambio. Su sentido primero tiene que ver con alzar la voz en contra del orden establecido. Un disidente es una persona que, conociendo el sistema desde dentro, se separa y adopta una actitud contraria al mismo. No reformista, sino contraria, alternativa, diríamos incluso que subversiva; es decir, con vocación de trabajar por cambios tan radicales que sean capaces de revertir las cosas. La disidencia es “la fuerza de choque” necesaria para percibir que lo que hay no es lo único que puede haber. Que es posible una realidad nueva y distinta, si se comienza una transformación de la realidad desde abajo y desde dentro.
Pensar en el legado teológico de Bonhoeffer es, sobre todo, hablar de una fe disidente con el coraje suficiente para ser pensada y vivida hasta sus últimas consecuencias. La cuestión es, si nosotros estamos dispuestos a asumir ese compromiso, pagando el precio que de él se deriva. Finaliza la entrevista. Gracias, Eduardo, por estas reflexiones que nos harán repensar y resituarnos en nuestro día a día cristiano.

Autores: Jacqueline Alencar

©Protestante Digital 2012