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lunes, 8 de agosto de 2016

¿Es el Lutero ecuménico el verdadero Lutero?



Por. Leonardo de Chirico, Italia.
A medida que se acerca el 500º aniversario de la Reforma Protestante, no es sorprendente encontrar libros que desean ofrecer descripciones naturales de la teología y del legado de Martín Lutero. ¿Quién fue este hombre? ¿Cuál fue su mensaje entonces y como lo entendemos cinco siglos más tarde?
El reciente volumen de Walter Kasper sobre Lutero (en alemán: Martin Luther. Eine ökumenische Perspektive [una perspectiva ecuménica]; en italiano: Martin Lutero. Una prospettiva ecumenica) es una valiosa contribución al debate permanente sobre la significancia teológica e histórica de los principios de la Reforma.
El Cardenal Kasper es uno de los teólogos vivos más autoritativos de la Iglesia Católico Romana y es sumamente apreciado por el Papa Francisco a causa de su obra sobre la teología de la misericordia, el centro del pontificado de Francisco. Desde que Kasper fue presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, de 1999 hasta 2010, su análisis de Lutero también vale la pena leerlo porque da voz a evaluaciones y preocupaciones ecuménicas generalizadas.
Interpretación dialéctica
El libro de Kasper enfoca la lejanía de Lutero con respecto a nuestra cultura contemporánea. A partir de la introducción y de forma progresiva Lutero es presentado como un ser “desconocido” para la opinión pública moderna. Muy pocas personas entienden hoy en día sus preguntas existenciales enmarcadas en el lenguaje del pecado, una conciencia culpable y el miedo al juicio divino. Aquellas categorías teológicas y las controversias sobre las mismas parecen “irrelevantes” actualmente. Son temas “anticuados” que proceden de un carácter démodé inmerso en el misticismo medieval y las polémicas anti-escolásticas. Sin embargo, según Kasper, Lutero estuvo luchando con la “cuestión de Dios” con sus propias formas y patrones. El está anticuado pero sus preocupaciones básicas son perennes. Tienen que ser decodificadas en gran medida con el fin de estar representadas de una manera más agradable y sean finalmente apreciadas.
La interpretación de Lutero por Kasper es, por consiguiente, dialéctica: por una parte, Lutero parece estar muy lejos y con la necesidad de un filtrado significativo para tratarle; pero por la otra Lutero hace las preguntas vitales, siempre y cuando uno entienda lo que dice. Hay alguna verdad en esto, por supuesto. Como en el caso de cualquier carácter histórico, Lutero pertenece a un mundo remoto y hay que construir puentes culturales para encontrarle. El Cardenal, no obstante, parece distanciar al lector para que se acerque a Lutero con sus propios términos alentándole a aplicar una interpretación deconstructiva que moderará al reformador alemán y le hará más próximo a nosotros, los occidentales postmodernos. La impresión es que Lutero necesita ser liberado de sus fronteras idiosincráticas y esto es algo que una reinterpretación ecuménica de su persona puede ayudar a hacer.
Kasper sugiere muchas observaciones preventivas para encontrarse con Lutero, quizás demasiadas para permitir a Lutero que hable por sí mismo. Por ejemplo, ¿estamos seguros que las preocupaciones de Lutero (el pecado, la culpa, el juicio y por tanto la gracia, la fe y el Evangelio) pertenecen a un bagaje enterrado teológicamente que es necesario poner al día con estándares actuales más acogedores? ¿No estaba Lutero redescubriendo las verdades bíblicas que eran confusas en el cristianismo medieval, pero que son centrales para la fe cristiana de todas las épocas? Por último, la cuestión en juego está en si Lutero tiene o no que ser rescatado de sí mismo para que le oiga la iglesia y el mundo. Kasper parece oponer el Lutero “malo” confesional al Lutero “bueno” ecuménico. ¿Es ésta una forma justa de llegar a un acuerdo con Martín Lutero?
¿Reforma o Nueva Evangelización?
Después del Vaticano II (1962-1965) en los eruditos católico romanos que estudian sobre Lutero se ha visto un significativo cambio de perspectiva. Durante siglos se le culpó de todos los posibles males teológicos (p.e. ser hereje y esquemático) y fracasos personales (p.e. propenso a la embriaguez y acoso a las mujeres). Desde la obra de los historiadores de la iglesia como Joseph Lortz, Lutero ha sido levemente apreciado como un sincero reformador que trágicamente ha ido por mal camino. Actualmente, los eruditos consideran a Lutero como un chico rebelde de la iglesia, con tal de que sean eliminados de su obra todos los elementos protestantes de línea dura. También Walter Kasper está convencido de esto.
De acuerdo con el Cardenal, Lutero pertenece a una nube de testigos que a través de los siglos han buscado introducir medidas de renovación en la iglesia. Kasper menciona a S. Francisco de Asís como uno de ellos, precediendo a Lutero, aunque el reformador alemán fue más lejos de manera dramática. Con su doctrina del sacerdocio de todos los creyentes socavó la estructura sacramental de la iglesia. Con su insistencia sobre la primacía de la gracia rompió su teología del optimismo del humanismo cristiano. En lugar de ejercitar la paciencia y soportar el largo sufrimiento, Lutero cambió una situación de emergencia de las tensiones dentro de la iglesia en una condición ordinaria de separación y controversias. El resultado fue el cisma y el comienzo de una época confesional fracturada que ahora necesita superarse en la era ecuménica. La pregunta es: ¿Las cuestiones fundamentales de Lutero han sido establecidas para moverse del conflicto a la comunión?
Kasper está convencido de que si Lutero apareciera hoy apoyaría la Nueva Evangelización en la que la Iglesia Católico Romana está comprometida, o sea, el intento de llamar a los bautizados pero no a los practicantes católicos de vuelta a la Iglesia, reafirmando así el cuerpo tradicional de las enseñanzas y prácticas católicas. El libro es una tentativa de salvar a Lutero de sí mismo y facilitar su retorno simbólico a la Iglesia Católico Romana, dejando caer sus enseñanzas de la gracia sola, la sola Escrituran y sólo Cristo. La Nueva Evangelización es el programa re-envasado católico romano de renovación interior que ha absorbido algunos aportes de la reforma mientras rechaza su principal punto de vista doctrinal. ¿Aceptaría Martín Lutero este trato? Puede que el libro hable más de Kasper y de las actuales reinterpretaciones de la historia católico romanas que de Lutero y su permanente llamado a recuperar el Evangelio de Jesucristo.  

Fuente: Protestantedigital, 2016

domingo, 27 de marzo de 2016

Karl Barth y Vaticano II


Por. Leonardo de Chirico, Italia.
La interpretación de Karl Barth del catolicismo romano pasó por un cambio importante, por no decir un punto de inflexión, con el Vaticano II (1962-1965). El Concilio, en el cual el teólogo suizo no tomó parte pero que lo siguió atentamente durante y después de la conclusión de las sesiones, representó para él un testimonio de como el catolicismo romano había tomado sensiblemente una nueva dirección, lejos de la simple reiteración del legado anti-protestantismo heredado del siglo XVI, del conservadurismo revolucionario del siglo XIX y de la rigidez absolutista del Vaticano I (1870).
La oportunidad de meditar acerca de este cambio la proporciona el libro de Donald Norwood, Reforming Rome: Karl Barth and Vatican II [Reformando Roma: Karl Barth y el Vaticano II] (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2015). En este estudio, basado en una tesis doctoral, el teólogo inglés de la Iglesia Reformada Unida, Donald Norwood, examina la explicación del Vaticano II por Barth.
Norwood es consciente de que Barth había tenido una postura polémica antes del Vaticano II, mientras que después del mismo aparece como un teólogo más “católico”, esto es, queriendo dirigir la iglesia en todos sus elementos más allá de los límites confesionales más arraigados.
Pensando en la trayectoria de Karl Barth, Reinhard Hütter habla de ésta como de una visión teológica marcada por la “catolicidad dialéctica” (p. 80), con lo cual Barth es un teólogo católico, sosteniendo todavía su enfoque dialéctico hacia la Biblia, la tradición y la perspectiva eclesiástica de la iglesia.
Cambio de Enfoque
Al leer el Vaticano II, Barth quedó muy impresionado por la recuperación de la Palabra de Dios especialmente reflejada en Dei Verbum, la constitución dogmática sobre la revelación divina. Vio la teología católica adoptando un punto de vista más “dinámico” de la Palabra de Dios que en algunos puntos se parecía a su teología de la Palabra.
De acuerdo con esta comprensión dinámica compartida de la Palabra de Dios, la Biblia es la Palabra únicamente en un sentido secundario y relativo. El caso es que la visión con ausencia de identidad de la Biblia y la Palabra de Dios fue compartida por Barth y el Vaticano II y dio a ambas teologías su sabor “dinámico”.
Barth también quedó deslumbrado por el énfasis Cristocéntrico del Concilio (principalmente en Lumen Gentium, la constitución dogmática de la Iglesia) que puede compararse a la concentración Cristológica de su propia teología. Al fin lo que más le impresionó fue el deseo de unidad que leyó en los textos conciliares.
Poniendo todos estos elementos juntos, Barth llegó a convencerse de que las diferencias restantes entre el protestantismo y el catolicismo romano ya no serían asuntos de sustancia teológica sino que tenían que ser solamente percibidos como múltiples énfasis dentro de una y única Iglesia.
Si antes del Vaticano II Barth había acusado a Roma de estar atrapada en la prisión filosófica de la analogía entis (analogía del ser), después del Vaticano II respaldó el punto de vista según el cual las dos tradiciones eran ecuménicamente complementarias.
Después del Vaticano II Barth puso de relieve los elementos más “católicos” de la Iglesia Romana centrándose más en las semejanzas que en criticar los aspectos “romanos” de la Iglesia Católica que podrían haber sido motivo de controversia. Esto no quiere decir que Barth dejara de hacer preguntas profundas y sugerir temas de discusión: mejor dicho, su actitud cambió en su conjunto, estando cada vez más cerca del ecumenismo.
Norwood se centra principalmente en los asuntos eclesiológicos, con los que Barth continuó comprometido críticamente con el catolicismo romano, así como también con las lecturas católicas de Barth que citaron Yves Congar, Hans Urs von Balthasar y otros que no dejaron de discutir con él.
En realidad, después del Vaticano II la eclesiología permaneció como la decisiva diferencia para Barth, mientras que el resto (¡incluso la mariología, que en el pre-Vaticano II para Barth fue el error católico por excelencia!) es de alguna manera subsumido dentro de las diferencias compatibles de un cristianismo plural. Dicho esto, para Barth reconocer la diversidad eclesiológica ya no significa tomar una postura de división con respecto a la Iglesia Católico Romana (p.188).
Cuestiones pendientes
Norwood ofrece una lectura amable y detallada de la interpretación de Barth del Vaticano II. Desde los años 1960 en adelante, la comprensión compatibilista y complementaria de la relación entre el protestantismo y el catolicismo romano se convirtió en el común denominador del movimiento ecuménico al que Barth perteneció por convicción.
La estatura gigantesca de Karl Barth es innegable, pero estos son algunos de sus límites: a pesar de haber llamado la atención sobre la Palabra de Dios, su teología de la Palabra no ha impedido realmente la larga ola de liberalismo teológico, marcado por un severo escepticismo hacia la confiabilidad de la Biblia, para convertirse en el marco del protestantismo convencional.
En cuanto a la evaluación protestante del catolicismo romano, la teología de la Palabra de Barth ha debilitado la capacidad evangélica de valorar a Roma teniendo la Biblia como estándar supremo y ha fomentado un enfoque dialéctico que se ha alejado de la Sola Scriptura.
Por otra parte, su aparente teología Cristocéntrica ha sido incapaz de discernir la naturaleza idiosincrática del sistema sacramental católico romano, su mariología y su estructura jerárquica, haciendo así que estos elementos fundamentales sean aparentemente compatibles con una Cristología bíblica.
Estos puntos de vista no son compartidos por Norwood, pero la cuestión es que vale la pena preguntarse si la interpretación de Karl Barth del Vaticano II ha beneficiado a la Iglesia.

Fuente: Protestantedigital, 2016

jueves, 28 de febrero de 2013

La elección de un nuevo papa y el Espíritu Santo

Por. Ivone Gebara, Brasil*
Después de la encomiable actitud del anciano Benedicto XVI renunciando al gobierno de la Iglesia Católica Romana han aparecido entrevistas con algunos obispos y sacerdotes en estaciones de radio y televisión en todo el Brasil. Sin duda, un evento de tanta importancia para la Iglesia Católica Romana es noticia y conduce a predicciones, elucubraciones de todo tipo, principalmente de sospechas, intrigas y conflictos dentro de los muros del Vaticano, que habrían acelerado la decisión del Papa.
En el contexto de las primeras noticias, lo que me llamó la atención fue algo a primera vista pequeño e insignificante para los analistas que tratan asuntos del Vaticano. Se trata de la forma como algunos sacerdotes entrevistados, o sacerdotes conductores de programas de televisión, respondieron cuando se les preguntó sobre quién sería el nuevo Papa, saliendo por la tangente. Se referían a la inspiración del Espíritu Santo, o a su voluntad, como si fuera el elemento del que dependería la elección del nuevo romano pontífice. Nada de pensar en personas específicas para responder a las situaciones mundiales desafiantes, nada para despertar una reflexión en la comunidad, nada de hablar de los problemas actuales de la Iglesia que la han llevado a un significativo marasmo, nada de escuchar los clamores de la comunidad católica por la democratización de las estructuras anacrónicas que sostienen a la iglesia institucional.
La formación teológica de estos sacerdotes comunicadores no les permite salir de un discurso trivial y abstracto, ya bien conocido, que continúa recurriendo, como explicación, a fuerzas ocultas, y así, en cierta forma, confirman su propio poder. La continua referencia al Espíritu Santo a partir de un misterioso modelo jerárquico es una forma de camuflar los verdaderos problemas de la Iglesia y una forma de retórica religiosa para no revelar conflictos internos que ha vivido la institución.
La teología del Espíritu Santo continúa siendo para ellos mágica; expresa explicaciones que ya no pueden hablar a los corazones y a las conciencias de muchas personas que valoran el legado del Movimiento de Jesús de Nazaret. Es una teología que sigue provocando la pasividad del pueblo creyente ante las múltiples dominaciones, incluída la manipulación religiosa. Continúan repitiendo fórmulas... como si éstas satisficiesen a la mayoría de la gente.
Me entristece el hecho de comprobar una vez más que los religiosos y algunos laicos que trabajan en los medios de comunicación no perciben que estamos en un mundo en el que los discursos tienen que ser más asertivos, y que tienen que basarse en referencias filosóficas consistentes, más allá de la tradicional escolástica. Un referencial humanista los haría mucho más comprensibles para el común de las personas, incluidos los no católicos y no religiosos. La responsabilidad de los medios de comunicación religiosos es enorme e incluye la importancia de mostrar cómo la historia de la Iglesia depende de las relaciones e interferencias de todas las historias de los países y de las personas individuales.
Ya es tiempo de abandonar ese lenguaje metafísico y abstracto, como si un Dios fuese a ocuparse especialmente de elegir al nuevo Papa, independientemente de los conflictos, desafíos, iniquidades y cualidades humanas. Ya es hora de afrontar un cristianismo que admita el conflicto de las voluntades humanas. Es hora de reconocer que, al final de un proceso electivo, no siempre la elección realizada puede ser considerada como la mejor para el conjunto. Hay que afrontar la historia de la Iglesia como una historia construida por nosotros, todos y todas, y de testimoniar respeto para nosotros mismos/as mostrando la responsabilidad que tenemos todas/os los que nos consideramos miembros de la comunidad católica.
La elección de un nuevo Papa es algo que tiene que ver con el conjunto de las comunidades católicas esparcidas por todo el mundo y no sólo con una élite de edad avanzada, minoritaria y masculina. Por lo tanto, es necesario ir más allá de un discurso justificativo del poder papal, y enfrentarse a los problemas y desafíos reales que estamos viviendo. Sin duda, para esto las dificultades son muchas, y abordarlas requiere nuevas convicciones y un deseo real de promover cambios que favorezcan la convivencia humana.
Me preocupa, una vez más, que no se discuta más abiertamente el hecho de que el gobierno de la Iglesia institucional sea entregado a personas ancianas que, a pesar de sus cualidades y sabiduría, ya no son capaces de hacer frente con vigor y desenvoltura los desafíos que estas funciones demandan. ¿Hasta cuando la gerontocracia masculina papal será como un doble de la imagen de un Dios, blanco, anciano y de barbas blancas? ¿Habría alguna posibilidad de salir de este esquema, o al menos de iniciar una discusión de cara a una futura organización diferente? ¿Habría alguna posibilidad de abrir esta discusión en las comunidades cristianas populares que tienen derecho a la información y a una formación cristiana más ajustada a nuestros tiempos?
Sabemos en qué medida la fuerza de la religión depende de desafíos y comportamientos que son fruto de convicciones capaces de sostener la vida de muchos grupos. Sin embargo, las convicciones religiosas no pueden reducirse a una visión estática de las tradiciones, ni a una visión deliberadamente ingenua de las relaciones humanas. Las convicciones religiosas, igualmente, no pueden reducirse a la ola de las más variadas devociones que se propagan a través de los medios de comunicación. Es más, no podemos seguir tratando al pueblo como ignorante e incapaz de formular preguntas inteligentes y astutas en relación con la Iglesia. Sin embargo, estos sacerdotes comunicadores creen estar tratando con personas pasivas, entre ellas muchos jóvenes que mantienen un culto romántico alrededor de la figura del papa. Los religiosos mantienen esta situación, a menudo cómoda, por ignorancia o avidez de poder. Probar la interferencia divina en decisiones que la Iglesia Católica Jerárquica, prescindiendo de la voluntad de las comunidades cristianas esparcidas por todo el mundo es un ejemplo flagrante de esta situación. Es como si quisieran reafirmar erróneamente que la Iglesia es, en primer lugar, el clero y las autoridades cardenalicias a las cuales habría conferido el poder de elegir un nuevo papa, y que ésa es la voluntad de Dios. A los millones de fieles les corresponde sólo orar para que el Espíritu Santo escoja al mejor, y esperar a que el humo blanco anuncie una vez más el habemus papam.
De manera hábil, por el recurso a fuerzas superiores que dirigirían la historia y, la Iglesia siempre están tratando de hacer que los fieles ignoren la verdadera historia, y que no puedan plantearse su responsabilidad colectiva. Es una lástima que estos formadores de opinión pública estén viviendo todavía en un mundo que es teológicamente, y tal vez incluso históricamente, pre-moderno, donde lo sagrado parece separarse del mundo real y situarse en una esfera superior de poderes a la que sólo unos pocos tienen acceso directo. Es desolador ver cómo la conciencia crítica en relación a sus propias creencias infantiles no haya sido despertada, para su bien personal y en beneficio de la comunidad cristiana. Parece que hasta rescatamos los muchos obscurantismos religiosos de épocas pasadas, mientras que el Evangelio de Jesús, por el contrario, continuamente convoca a la responsabilidad común de unos con los otros.
Conociendo las muchas dificultades afrentadas por el Papa Benedicto XVI durante su corto ministerio papal, las empresas de comunicación católica sólo destacan sus cualidades, su entrega a la Iglesia, su inteligencia teológica, su pensamiento vigoroso, como si quisieran, una vez más, ocultar los límites de su personalidad y de su postura política, no sólo como Pontífice, sino también, como presidente por muchos años de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el ex Santo Oficio. No permiten que las contradicciones humanas del hombre Joseph Ratzinger aparezcan, y que su intransigencia legalista o el trato castigdor que caracterizaron parcialmente su persona sean recordadas. Hablan desde su elección, principalmente como un papado de transición. No hay duda que es así. Pero, ¿transición hacia dónde?
Me gustaría que la encomiable actitud de renuncia de Benedicto XVI pudiese ser vivida como un momento privilegiado para convidar a las comunidades católicas a repensar sus estructuras de gobierno y los privilegios medievales que esta estructura conlleva. Estos privilegios, tanto del punto de vista económico, como político y socio-cultural, hacen aparecer al papado y al Vaticano como un Estado masculino aparte. Pero un Estado masculino con representación diplomática influyente y servido por miles de mujeres en todo el mundo, en las diferentes instancias de su organización. Este hecho nos invita también a reflexionar sobre el tipo de relaciones sociales de género que este Estado continua manteniendo en la historia social y política actual.
Las estructuras pre-modernas que todavía conserva este poder religioso necesitan ser confrontadas con los anhelos democráticos de nuestros pueblos en la búsqueda de nuevas formas de organización que se correspondan mejor con los tiempos y grupos plurales de hoy. Ess estructuras deben ser confrontadas con las luchas de las mujeres, de las minorías y las mayorías raciales, de personas de diversas orientaciones sexuales y opciones, de pensadores, científicos y trabajadores de las más variadas profesiones. Necesitan ser reelaboradas en la perspectiva de un mayor y más fructífero diálogo con otros credos religiosos y con las sabidurías esparcidas por todo el mundo.
Y, para terminar, quiero volver al Espíritu Santo, a este Viento que sopla en cada una/o de nosotros. Este aliento en nosotros es más grande que nosotros. Nos aproxima y nos hace interdependientes con todos los vivientes. Un soplo de muchas formas, colores, sabores e intensidades. Soplo de compasión y de ternura, soplo de igualdad y de diferencia. Este aliento o soplo no puede ser utilizado para justificar y mantener estructuras privilegiadas de poder y tradiciones antiguas o medievales, como si se tratara de una ley o una norma indiscutible e inmutable.
El viento, el aire, el espíritu sopla donde quiere y nadie debe atreverse a querer ser ni por una sola vez su dueño. El espíritu es la fuerza que nos acerca a unos con otros, es la atracción que permite nos reconozcamos como semejantes y diferentes, como amigas y amigos, y que juntos/as busquemos caminos de convivencia, de paz y de justicia.
Estos caminos del espíritu son los que nos permiten reaccionar ante las fuerzas opresivas que nacen de nuestra propia humanidad, los que nos llevan a denunciar a las fuerzas que impiden la circulación de la savia de la vida, quienes nos llevan a des-cubrir los secretos ocultos de los poderosos. Por tanto, el espíritu se muestra en las acciones de misericordia, en el pan compartido, en el poder compartido, en la cura de las heridas, en la reforma agraria, en el comercio justo, en las armas transformadas en arados, en fin, en la vida en abundancia para todas/os. Éste parece ser el poder del espíritu en nosotros, poder que necesita ser despertado en cada nuevo momento de nuestra historia, y ser despertado en nosotros/as, entre nosotros/as y para nosotros/as.

Fuente: Koinonia, # 125, 2013.

domingo, 1 de abril de 2012

Lo que el Vaticano oculta de la Biblia


Por. Leonardo de Chirico, Italia.


Una exposición del Vaticano sobre la Historia de la Biblia, con algunos puntos ocultos

Las personas que visiten la Plaza de San Pedro antes del 15 de Abril se encontrarán con una atracción interesante e inesperada. En el Braccio di Carlo Magno (o sea, el ala de Carlomagno) al lado de la basílica de San Pedro, bajo la columnata de Bernini en la parte derecha de la plaza, una exhibición titulada Verbum Domini (la Palabra del Señor) llamará su atención. El coloreado folleto italo-inglés que pondrán en sus manos les invita a “Dar un paseo por la historia de la Biblia en esta colección privada de textos bíblicos poco frecuentes y objetos de enorme importancia”. La entrada es gratuita.
Verbum Domini es también el título de la Exhortación Apostólica Post-Sinodal publicada en 2010 por Benedicto XVI, en la cual el Papa resumía la interpretación actual católico romana de la Palabra de Dios, es decir, una Tradición viva que incluye la Biblia y que el Magisterio de la Iglesia interpreta fielmente. La conexión entre el texto papal y este certamen es clara e indica el intento de subrayar la importancia de este tema.
1. UNA EXPOSICIÓN FASCINANTE…
Esta muestra se armó a partir de colecciones privadas procedentes de todo el mundo, principalmente de la “Green Collection”, la colección privada más grande del mundo de textos bíblicos y documentos raros. Desplegada en 8 galerías, 152 textos y artefactos bíblicos excepcionales muestran la historia de la Biblia: desde antiguos rollos a textos copiados y volúmenes impresos del siglo XVII; desde el hebreo al griego, al latín y a otras lenguas vernáculas; desde Qumran a Europa y al resto del mundo. A continuación están detallados algunos de los elementos más relevantes de la exposición:
1 Codex Climaci Rescriptus, una de las primeras Biblias casi completas, que sobreviven y que contiene los más extensos textos bíblicos tempranos en la lengua familiar de Jesús, o sea, el arameo palestino.
2 Rollos.
3 La Jeselsohn Stone también conocida como “la revelación de Gabriel”, es una tabla de arenisca de tres pies de altura y 150 libras de peso, descubierta cerca del Mar Muerto en el Jordán y que contiene 87 líneas de un texto hebreo de finales del siglo I aC.
4 La BibliaGutenbergLibro de Romanos, el primer libro impreso en Occidente con tipografía móvil.
5 La Biblia Políglota Complutense, la primera edición multilingüe de toda la Biblia.
En la primera galería, hay también dos rollos medio quemados de la Tora que escaparon de la total destrucción intentada por los nazis y estalinistas. Son un testimonio conmovedor de la continua batalla que rodea a la Biblia.
2. PROPÓSITOS INTERRELIGIOSOS Y ECUMÉNICOS
La exposición tiene un objetivo ambicioso. En palabras de los organizadores, “la Palabra de Dios, concretamente, es una manera de celebrar el amor interreligioso que muchas tradiciones sienten por la Biblia y, creemos que es una forma de compartirlo con el mundo”.
Las tradiciones judías, ortodoxas orientales, católicas y protestantes están todas representadas en ella. Por parte del Vaticano, esto es lo que dijo en la inauguración el Cardenal Farina, Prefecto de la Biblioteca Vaticana, acerca de la exhibición: “El título Verbum Domini se eligió para destacar la concepción ecuménica de esta exposición, y también su sede aquí en el Vaticano. El origen de los documentos, el predominio de la “Green Collection”, y los que proceden de otras colecciones ponen de relieve la participación de las denominaciones cristianas. Ya que en la realidad, la Biblia une, aunque demasiadas personas opinen lo contrario, el hecho es que es un punto fuerte de unión”.
Justo lo suficiente. Pero, ¿por qué en el catálogo que se distribuye a la entrada se lee que “esta muestra celebra la dramática historia de la contribución católica al libro más prohibido, más combatido y más vendido de todos los tiempos”? La extensa y general contribución a la historia de la Biblia, ¿se ha convertido en una contribución católica solamente? Quizás sea un error cometido por un editor celoso, pero refleja la cultura provinciana en la que cada institución (incluida la Vaticana) puede quedar atrapada .
3. LA HISTORIA QUE FALTA
No obstante, el punto más desconcertante es lo que la exhibición no dice acerca de la historia de la Biblia. Lo que no se dice es tan evidente como lo que se dice. Toda la trayectoria del sugerente relato es “lineal” hasta el punto de ser históricamente insostenible. El retrato que se ofrece es que las traducciones “modernas” de la Biblia en lenguas vernáculas se expandieron a través del espectro cristiano y que cada sector de la iglesia cristiana promovió su difusión.
La realidad es muy diferente. Desde el siglo XII la Iglesia Romana ha prohibido, de diferentes maneras, la circulación de Biblias en la lengua del pueblo. Estas prohibiciones llevaron a la compilación en 1559, por el Papa Pablo IV, del Index of Librorum Prohibitorum (Indice de Libros Prohibidos) donde las traducciones de la Biblia estaban entre los libros vedados. El vehemente ataque efectuado por la Iglesia Tridentina a las traducciones de la Biblia permitió al historiador Gigliola Fragnito hablar de “la Biblia en la hoguera” para describir lo sucedido hasta el siglo XVII en los países dominados por la Iglesia Católica [1] . Aquella prohibición duró varios siglos.
La verdadera historia, por consiguiente, no es el relato suave, pacífico y ecuménico que narra la exposición Verbum Domini.
La Biblia es un patrimonio compartido por todos los cristianos y esta verdad está fuera de discusión. Por consiguiente, las exhibiciones históricas de la Biblia deben aspirar a contar la historia de una manera justa y precisa más que a perseguir, con vanas ilusiones, lecturas ecuménicas que son parciales, selectivas y, por tanto, inducen a error.
Traducción: Rosa Gubianas

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[1] Gigliola Fragnito, La Bibbia al rogo. La censura ecclesiastica e i volgarizzamenti Della Scrittura (La Biblia en la hoguera. Las traducciones vernáculas de la Escritura y la censura eclesiástica), 1471-1605 (Bologna: il Mulino, 1997). Recientemente, este mismo erudito ha editado el volumen Church, Censorship and Culture in Early Modern Italy (La Iglesia, la censura y la cultura en la Edad Moderna de Italia) (Cambridge University Press, 2001).

Autores: Leonardo de Chirico

©Protestante Digital 2012

miércoles, 28 de mayo de 2008

El cardenal Martini pide la reforma de la Iglesia católica y elogia a Lutero

ROMA, 25/05/2008 (ElPais/ACPress.net) La idea del cardenal Carlo Maria Martín, uno de los grandes eclesiásticos contemporáneos, es que la Iglesia Católica debe tener el valor de reformarse. El influyente cardenal elogia a Lutero, defiende el debate sobre el celibato y la ordenación de mujeres y reclama una apertura del Vaticano en materia de sexo.
Con elogios al reformador protestante Martín Lutero, el cardenal le pide a la Iglesia católica la posibilidad de ordenar a “viri probati” (hombres casados, pero de probada fe), y a mujeres. También reclama una encíclica que termine con las prohibiciones de la Humanae Vitae, emitida por Pablo VI en 1968 con severas censuras en materia de sexo. Además del elogio a Lutero, el cardenal Martini desvela sus dudas de fe, recordando las que tuvo Teresa de Calcuta. El cardenal Martini ha sido rector de la Universidad Gregoriana de Roma, arzobispo de la mayor diócesis del mundo (Milán) y papable. Es jesuita, publica libros, escribe en los periódicos y debate con intelectuales. En 1999 pidió ante el Sínodo de Obispos Europeos la convocatoria de un nuevo concilio para concluir las reformas aparcadas por el Vaticano II, celebrado en Roma entre 1962 y 1965.
LAS REFORMAS. Martini reclama a las autoridades del Vaticano coraje para reformarse y cambios concretos, por ejemplo, en las políticas del sexo. Martini sostiene que el celibato debe ser una vocación. Espera, además, la autorización del preservativo. Y ni siquiera le asusta un debate sobre el sacerdocio negado a las mujeres. Le recuerda al Vaticano que en el Nuevo Testamento había diaconisas. Sobre la homosexualidad, el cardenal dice con sutileza: "Entre mis conocidos hay parejas homosexuales, hombres muy estimados y sociales. Nunca se me ha pedido, ni se me habría ocurrido, condenarlos". El cardenal pide una "nueva mirada" al asunto, cuarenta años después del concilio. Son varios los periódicos europeos que ya se han hecho eco de la publicación de estos "Coloquios nocturnos en Jerusalén", subrayando la exhortación del cardenal a no alejarse del Concilio Vaticano II y a no tener miedo de "confrontarse con los jóvenes".
NUNCA MÁS EL ´ERROR GALILEO´ El cardenal Martini se empeñó siempre en establecer un terreno de discusión común entre laicos y católicos, afrontando también aquellos puntos en los que no hay consenso posible. El cardenal, ya jubilado, pone sobre la mesa puntos de vista sorprendentes como el control de la natalidad y los preservativos. En el trasfondo de sus manifestaciones de ahora, surge el debate interminable del enfrentamiento de la Iglesia de Roma con la ciencia y el pensamiento modernos. Lo que buscan todos estos pensadores católicos es espantar cualquier riesgo de cometer otra vez el error Galileo. Es otra de las exigencias del cardenal.
Fuente: El Pais. Redacción: ACPress.net