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sábado, 12 de marzo de 2016

Y Jesús tenía una hija…



Por. Alfonso Pérez Ranchal*
El pasaje que está en Marcos 5:21-43 se abre con el ruego roto, lleno de dolor, de un padre que tenía una única hija en agonía: – Mi hijita se está muriendo. Ven y pon tus manos sobre ella para que se sane y viva”.
Jesús ya había cosechado un buen número de enemigos. Las clases más importantes de su pueblo lo rechazaban. Por supuesto, entre estas estaban las autoridades religiosas que manifestaban su clara oposición. Según decían, cualquier seguidor de Jesús no era otra cosa que un perdido, un pecador, un indeseable que, por supuesto estaba excluido de cualquier comunión con aquellos que practicaban la religión oficial. Sin embargo, quien aquí se acerca a Jesús es el principal de una sinagoga local, uno de los jefes de la misma, sin duda, un hombre importante. Estos principales estaban encargados, entre otras cosas, de mantener el orden en las reuniones[[1]]. Su nombre era Jairo.
Jairo al acudir a Jesús se lo había jugado todo. Su posición, su prestigio, su respetabilidad. Había ido a pedir auxilio a un maldito según los líderes religiosos, sus propios compañeros de sinagoga lo pensarían. Todo ello no le importó en absoluto. Para Jairo el que fuera expulsado, tenido por pecador, desechado por sus antiguos amigos era algo de poco valor. La mayor pérdida que podía tener era la vida de su hija.
Él habría visto morir a muchos niños y jóvenes debido a la alta mortandad existente. Pero este profeta de Dios llamado Jesús venía precedido por una fama como realizador de milagros. Si Él atendía a su petición, pensó, tal vez todavía había una posibilidad de sanidad.
Así, llegó apresuradamente ante Jesús. Se abrió paso de forma brusca entre la multitud que rodeaba al Maestro y cuando estuvo frente a él “se arrojó a sus pies”.
“Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá”, le dijo.
“Por favor Jesús, ayúdame. Maestro de Galilea ten compasión de mí. Profeta de Dios te necesito, socórreme en este día de angustia. Ven y sana a mi hijita”. Sin duda esto podría haber sido parte del ruego de este hombre.
Es mejor traducir aquí “hijita” y no “hija”. Versículos más adelante se nos dice que la niña tenía doce años pero para Jairo era su “hijita”, su “pequeña”, su propia vida[[2]]
Ante la petición de este padre, Jesús no se lo piensa. En medio de una multitud que lo apretaba enormemente se encaminó a casa del principal.
Esta multitud parecía estar compuesta por desalmados o por curiosos insensibles. ¿Cómo puede ser, que ante una urgencia como a la que iba Jesús, dicha multitud se dedicara a oprimirlo? ¿Por qué no hicieron un pasillo central por el cual pudiera ir sin más dilación? Esto entorpecía claramente sus pasos, hacía el trayecto más lento y difícil.
A pesar de todo, para Jairo todavía había esperanza. El Maestro había accedido a auxiliarlo. Se había puesto en marcha. Seguramente Jairo pensaba que todo era cuestión de tiempo[[3]]. Si llegaban antes de que su pequeña muriera había posibilidad de sanidad. “¡Apartáos! ¡Dejad paso!”, “¡Por compasión dejadnos libre el camino!” tal vez gritaba. Pero lo que Jairo no imaginaba es lo que a continuación iba a suceder.
“Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, cuando oyó hablar de Jesús,  vino por detrás entre la multitud,  y tocó su manto. Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?” (Marcos 5:25-30). 
La posición de las mujeres en el seno del judaísmo no era en absoluto ideal. Aunque la consideración de las mismas era superior a otras culturas eran sin duda personas de segunda fila. Su lugar estaba en el hogar y su participación en la sociedad y vida religiosa, en el sentido de responsabilidades, era algo anecdótico. Los maestros judíos tenían discípulos, pero en absoluto discípulas. Por ello, aprovechando la multitud que apretaba a Jesús vio la posibilidad de tocar el borde de su manto, acercándose por detrás envuelta en el anonimato.
Esta mujer padecía hemorragias, seguramente relacionadas con el ciclo menstrual. De qué tipo de enfermedad se trataba es algo que no conocemos, pero la misma podría tener como consecuencia una de estas dos posibilidades: o bien la hemorragia era constante o bien era periódica. De todas formas, esta pérdida de sangre la haría estar débil, sin fuerzas. Doce años llevaba así. Su mucho o poco dinero lo había gastado en ir a diversos médicos. Como consecuencia estaba en la ruina.
Su situación era horrible: enferma, sin recursos económicos, mujer en un mundo de hombres y además considerada religiosamente impura.
Ser impura significaba que había sido excluida de la sociedad, puesta aparte sin posibilidad de relación o contacto salvo con otros impuros, otros enfermos y expulsados. Para ella el mismo cielo se había cerrado.
Esta forma de actuar había sido estipulada en el Antiguo Testamento como podemos comprobar en Levítico 15:19-33. Esta era su desesperante situación.
Llena de temor se acercó por detrás a Jesús. En medio de una multitud que se apretaba en torno al Maestro logró extender una mano y con ella tocó el borde de su manto, su pretendido anonimato no iba a permanecer por mucho más tiempo.
En ese mismo momento Jesús se detuvo. Se había dado cuenta del poder que de Él había salido y en medio de esa multitud agobiante dijo: “¿Quién ha tocado mis vestidos.”
“Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?”
Jesús ignora por completo estas palabras y continuó buscando con su mirada. Esa multitud estaba llena de curiosos, pero casi nadie con verdadera fe. Aquella mujer había sobresalido entre todos.
Se tuvo que hacer un silencio absoluto. La misma pregunta de los discípulos debía ser la de cada uno de estos hombres que lo rodeaban. Jesús continuaba mirando, buscando y los segundos iban pasando… y Jairo, con una hija al borde de la muerte, esperaba.
Si la vida de la hija de Jairo pendía de un hilo, si era cuestión de tiempo, un tiempo que se sabía enormemente escaso, ¿qué hacía Jesús mirando en derredor de una multitud que lo apretada y saliendo con aquello de “quién me ha tocado”?
Si yo hubiera sido este padre me hubiera desesperado por momentos: “¿Pero Jesús, que mi hija está al borde de la muerte? ¿Profeta del Altísimo que me he jugado todo mi prestigio, mi posición social al arrojarme a tus pies pidiendo auxilio? Además, ¿Cómo puedes ignorar a un padre en tal situación de destrozo interior?”. Al menos estas preguntas me hubieran venido de forma automática.
Por fin, la mujer que había sido sanada se descubrió, se dio a conocer.
Esta mujer temblando por el hecho milagroso, por ser mujer en medio de una multitud de hombres, y por verse descubierta dice la Escritura que “se postró delante de él, y le dijo toda la verdad”.
¿Cuánto se tarda en decir toda la verdad? ¿Qué de tiempo pasa mientras esta mujer le relató cuál era su estado y cómo había sido sanada? Algunos minutos seguro. Más tiempo pasado… ¿y Jairo? ¿Y su pobre hijita?
Pero aquí necesito hacer un paréntesis en nuestra narración. La forma en la que esta mujer había actuado significa una cosa muy clara y es que había violado la ley mosaica. Debido a su enfermedad tenía que estar aislada, sin tocar nada ni a nadie, ya que el simple contacto por mínimo que fuera, hacía impuro un objeto u otra persona. Ella, sin embargo, había tenido que abrirse camino hasta Jesús en medio de numerosas personas a las que habría tocado de una forma u otra. Por ello todas y cada una de ellas pasaban a ser impuras. Por si fuera poco, a sabiendas, había tocado también las ropas de Jesús haciéndolo a él también impuro según esa misma ley. El estupor tuvo que apoderarse de muchos de los allí presentes, que habían sido contaminados. Al ir relatando su caso debieron de ir apartándose de ella como si fuera una apestada, claramente había quebrantado la ley de Dios. Pero Jesús no dice ni media palabra sobre esto, no está interesado en leyes que condenan, marginan o dañan a las personas. Con Él algo nuevo ha comenzado.
Cuando el Maestro abre su boca lo único que le señala es que su fe la ha salvado, que puede irse en paz. Un diferente concepto de Dios ha irrumpido.
Cerramos el paréntesis para regresar a nuestro relato y así es el momento en el que llegan unas fatídicas noticias, la hija de Jairo ha fallecido.
Este principal creyó morir de dolor. Sintió como si el corazón se lo estuvieran apretando con un puño de hierro, la respiración se convirtió en irregular, le flaquearon las fuerzas, su razón se bloqueó por un instante. No podía reaccionar, el sufrimiento lo había poseído como si de un ente espiritual se tratara. Los portadores de tan terribles noticias le dicen además que no moleste más a Jesús. Para ellos todos está perdido.
Pero Jesús al oír la noticia, tal y como nos dice Lucas en su relato paralelo, le dijo a Jairo: “No temas; cree solamente, y será salva” (Lucas 8:50).
Pero aquí tenemos que regresar a un momento anterior. Se hace necesario explicar la razón por la cual Jesús paró en seco en mitad de una multitud que lo oprimía y dejó pasar un tiempo precioso escuchando el relato de la mujer que había sido sanada mientras un padre desesperado esperaba. La clave está en la frase que Jesús le dirige a ella: “Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz” (Lucas 8:48). Y esta clave es la palabra “hija”. Aunque tal vez fueran de la misma edad o incluso Jesús podría ser más joven eso era secundario, el Galileo le habla como un padre lo haría con su hija.
Si Jairo tenía una hija, Jesús también[[4]]; si Jairo pedía auxilio por su pequeña que estaba gravemente enferma, a Jesús, esa misma ayuda le había sido reclamada por su pequeña enferma; si la edad de la hija de Jairo era de doce años, eran estos mismos años los que esta otra hija de Jesús llevaba padeciendo.
Jesús y Jairo se hallaban en la misma situación. Eran padres con hijas enfermas. Por eso, cuando el Maestro es tocado se detiene. Toda su atención se centra en buscar a aquella mujer, a su hijita. Y no es que no considerara de la misma forma a la hija del dignatario, sino que lo que Jesús pretendía mostrar era que su compasión no hace distinción de personas, da igual que quien se le acerque sea un don nadie o el hijo de un monarca. Ambos serán igualmente atendidos.
La hija de Jairo, aunque muera, vivirá, pero en estos momentos Jesús ha hallado a otra de sus pequeñas. El corazón del Galileo estalla de compasión.
El resto del relato nos informa cómo finalmente el Maestro resucita a la hija de Jairo. En medio de las mofas y las burlas de los presentes que decían que la niña estaba muerta, él entra con los padres y con tres de sus discípulos. Allí, en la estancia en donde yacía el cuerpo de la pequeña le manda que se levante, ha vuelto a la vida.
La anónima mujer que padecía de hemorragias no tenía nada y lo encontró todo; Jairo que tenía mucho desde el punto de vista social, lo perdió todo, pero a cambio halló la vida de su hija que significó la suya propia.
Todo el que se acerca a Jesús no regresa de la misma forma. Ese encuentro significa un antes y un después, un impacto vital. Es el Maestro de Galilea, sin duda, el portador de la verdadera Vida. Ante esto el ser humano todavía puede y debe creer en la utopía, hay espacio y razón para la esperanza.
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[[1]] Estos dignatarios eran los responsables administrativos de las sinagogas. El mismo debía velar por su correcto funcionamiento, distribuía las obligaciones y velaba por el buen orden de los cultos. Además era el presidente de los ancianos que conformaban la junta y que estaban al frente de cada sinagoga.
[[2]] La edad de doce años para las niñas era la estipulaba, según la costumbre judía, para considerar que pasaban a ser mujeres. Por ello, las palabras de Jairo todavía tienen más significación si caben. Legalmente era una mujer pero para él era su “hijita”.
[[3]] Mateo tiene una lectura diferente. Allí se nos dice que lo que Jairo le dijo a Jesús es que su hija acababa de morir. En este escrito he optado por la lectura de Marcos por dos razones. La primera es que Marcos, según se piensa, sería el evangelio más antiguo y sobre el cual tanto Mateo como Lucas habrían tomado, comparado y perfilado los relatos que los tres poseen en común. Además, Lucas apoyaría la lectura de Marcos. En segundo lugar, tenemos que incluso los comentaristas que intentan armonizar ambas variantes apuntan a que Mateo habría contraído el relato sosteniendo así que el correcto desarrollo del mismo es el que aparece en Marcos y Lucas.
[[4]] De hecho es la misma palabra para hija en griego. Tanto Jesús como Jairo la usan.

* Alfonso Pérez Ranchal, es Diplomado en Teología (Ceibi). Miembro de la Iglesia Betesda (Córdoba, España). Su email es milismo@yahoo.es
Fuente: Lupaprotestante, 2016.

viernes, 23 de mayo de 2014

¿Quién sanó a Floribeth Mora, “la miracolata”? (y algunas reflexiones sobre la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II)

Por. Juan Stam, Costa Rica*
En la primera sanidad divina después del Pentecostés, Dios usó a Pedro y Juan para curar a un mendigo lisiado (cojo) desde su nacimiento. El mendigo esperaba solo una limosna, pero recibió de Dios salud y fuerzas. Entró en  el Templo con ellos, saltando y alabando a Dios. El impacto fue tremendo y la gente corría para ver a Pedro y Juan. Es aleccionadora la reacción de Pedro:
Mientras el hombre seguía aferrado a Pedro y a Juan,
toda la gente, que no salía de su asombro,
corrió hacia ellos al lugar conocido como Puerto de Salomón.
Al ver esto, Pedro les dijo:
“Pueblo de Israel, por qué les sorprende esto que ha pasado?
Por qué nos miran a nosotros como si, por nuestro propio poder o virtud,
hubiéramos hecho caminar a este hombre?
El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob,
el Dios de nuestros antepasados,
ha glorificado a su siervo Jesús.
a quien ustedes crucificarón. (Los Hechos 3:11-13)
¡Toda la gente corría hacia Pedro y Juan en el Puerto de Salomón! Fue literalmente un movimiento de masas, oportunidad dorada para aprovechar su repentina fama! Pero la respuesta de ellos fue muy diferente. “¿Por que nos están mirando a nosotros como si nosotros hubiéramos hecho esto por nuestro propio poder? ¡No! Fue Dios quien sanó a este cojo para la gloria de su siervo Jesús, a quien ustedes crucificaron. Quiten sus ojos de nosotros y fijen su mirada en Cristo. Insistimos en que toda la gloria sea para él, no para nosotros”
Hoy día tenemos muchos “sanadores” pero pocos que saben decir, “No me miren a mí. pues yo no he hecho nada. El poder es de Cristo y sólo él puede sanar.” Recuerdo un predicador que alzaba sus dos manos ante la pantalla y exclamaba, “Estas manos tienen el don de sanidad, estas manos tienen poderes milagrosos”. Pero originalmente un “don de sanidad” era la misma sanidad que Dios daba al enfermo, no un poder “propiedad privada”  de algún curandero. Los instrumentos de la acción son sus siervos, no son dueños de los poderes que Dios les ha prestado (Apoc 11:7).
Me acordé de Pedro y Juan al leer los reportajes sobre la gran celebración festiva de la canonización.de los dos papas más queridos de nuestros tiempos. Es impresionante el contraste, como es diferente nuestro siglo de la época en que vivían ellos. Lo capta dramáticamente el titular del primer informe en La Nación(San José, 25 abril 2014): “Peregrinos buscan en Roma a Floribeth Mora, ‘la miracolata” y del párrafo inicial del mismo: “En las manos de los feligreses que llegan a esta ciudad hay más cámaras y celulares que rosarios. [Todos] buscan sacarse la foto con Floribeth Mora, ‘la  mujer del milagro costarricense”‘.. La curación de la señora Mora de un aneurisma cerebral por intercesión de Juan Pablo II cumplió dramáticamente un requisito para la canonización del popular pontífice polaco.
Inevitablemente, la celebración tuvo muchas repercusiones políticas.  Los dos papas canonizados representaban las dos tendencias básicas en la iglesia hoy; los y las progresistas, inspirados por la memoria de Juan XXIII, y los conservadores seguidores entusiastas de Juan Pablo II. Parece que con la canonización de los dos papas juntos, el papa Francisco, quien propuso el evento, buscaba unir las dos tendencias o por lo menos acercarlas. Sin embargo, es posible que “el tiro le haya salido por la culata”.  La fiesta parece haber aumentado la devoción a Juan Pablo II frente a Juan XXIII, de quien al parecer no se habló mucho.
De hecho, un sector de los progresistas se opuso a la canonización de Juan Pablo II,  En las palabras sorprendentemente fuertes de Federico Pastor, presidente de la Asociación de teólogos Juan XXIII, “lo de Juan Pablo II [su canonización] ha sido una cacicada de los sectores conservadores” y “ya que era excesivamente descarada, para disimularlo han metido a Juan XXIII, que era justo lo contrario”. Según Evaristo Villar, sacerdote portavoz del movimiento Redes Cristianas, la canonización de Juan Pablo II fue “una imposición de los grupos más conservadores de la Iglesia, a los que apoyó siempre… En su época, se llenaron los estadios pero se vaciaron las iglesias”.  Se critica mucho su apoyo a Opus Dei y su amistad con Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y el movimiento Regnum Christi y abusador sexual de sus propios hijos. José Sánchez, del Observatorio clerical de México, opinó en declaraciones a la BBC que el pontificado de Juan Pablo II “significó para muchas iglesias [de América Latina] un  proceso prácticamente de persecución, de censura, de combate de una experiencia eclesial que nació a partir de las comunidades eclesiales de base y de la teología de la liberación”. El Observatorio pidió al Vaticano suspender el proceso de canonización de Juan Pablo  (NoticiasCristianas, 4.30.14).
Es muy probable que el resultado de la fiesta termine siendo lo contrario de lo que buscaba el papa actual, aumentando la división en vez de promover la unidad de la iglesia.
Vuelvo a recordar a Pedro y Juan, con su tajante “No nos miren a nosotros, pues no hemos hecho nada sino que lo ha hecho Cristo Jesús, el crucificado y resucitado”.
Si los reportajes de los medios masivos reflejan fielmente lo que ocurrió en Roma, como es muy probable, entonces Cristo el Señor no figuró mucho en la fiesta papal. El énfasis abrumador cayó en Juan Pablo II no sólo como intercesor sino como objeto de fe. ¿Fue ésta una fiesta cristocéntrica, como la de Pedro y Juan en la Puerta de Salomón, o fue una fiesta “papa-céntrica” y “miracolata-céntrica”?
Al fin, ¿quien sanó a Floribeth Mora y quien merece toda la gloria?

* Juan Stam. Costarricense, Doctor en teología por la Universidad de Basilea, Suiza. Por muchos años fue profesor del Seminario Bíblico Latinoamericano (hoy UBL), de la Universidad Nacional Autónoma de Costa Rica, y de otras instituciones teológicas en San José. Es autor de muchos artículos y varios libros, en especial, el comentario a Apocalipsis de la serie Comentario Bíblico Iberoamericano.

Fuente: Lupaprotestante, 2014.

jueves, 7 de junio de 2012

Teólogos enseñan a Jesús el oficio de Mesías

Por. Edwin Sánchez, Nicaragua*
En la mañana calurosa del primer domingo después de Resurrección, en una pequeña ciudad en el sur de Nicaragua, un hombre se levantó de la banca en la iglesia y pasó adelante a decir que la semana anterior oró por una mujer a quien le diagnosticaron cáncer en el hígado. Los médicos, en su último examen, debieron rectificar la fatal noticia: la dama no presentaba la más mínima dolencia en la región hepática. “ Hermanos, yo he visto sanar cánceres, porque Dios es un Dios de milagros ”, exclamó, jubiloso, bajo un generalizado amén.
Horas más tarde, después de conocer esta buena nueva, leí en El País , de España, sobre un pensador que, jubiloso por otras razones al otro lado del mundo, manifestaba que todo “teólogo actualizado” no creía en milagros. Era una “moderna noticia”, no una buena nueva.
Al teólogo Andrés Torres Queiruga (Ribeira, A Coruña, 1940) se le preguntó: “Usted rechaza ‘los milagros e incluso la resurrección de Jesucristo como milagro susceptible de pruebas empíricas’. ¿Su pensamiento continúa dentro del cristianismo?” .
“ Sin duda –fue la respuesta-. Como yo piensan hoy la mayoría de los teólogos actualizados. La crítica bíblica demuestra que de los llamados milagros de los evangelios apenas quedan algunas curaciones ”.
Nicaragua, además de ser una de las naciones con una de las tasas más baja de criminalidad en América -12.5 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2012, en contraste con Honduras, 86; El Salvador, 71; Guatemala, 52-, también es una de las regiones donde hay mucho pueblo cuya convicción en lo que no se ve pareciera un producto Made in Galilea .
Aquí hay gente que no solo cree en las Sagradas Escrituras con todos los fierros , sino que hasta producen episodios bíblicos tropicales, y hasta llenan plazas públicas que antes solo, en el plano temporal, el partido Frente Sandinista podía hacerlo.
Estar convencido de lo que narran los evangelios en esta parcela del planeta no es una expresión de la baja cultura popular . Esa fe de solvente pureza cuenta con muchos detractores por un lado y aprovechados por el otro. En este escenario incluiremos a los “ apóstoles y profetas ” que han lanzado toda su artillería de “ señales y milagros ” en su arremetida neopentecostal contra la salud espiritual y sociopolítica de Latinoamérica.
Muchos creyentes sinceros caen rendidos ante el millonario espectáculo de individuos como el televangelista estadounidense Benny Hinn y sus opulentos traductores al castellano. Si Mario Vargas Llosa denuncia cómo la banalización se ha tomado a risa lo más serio del arte, esto se extiende a todos los espacios.
Recientemente en una emisora, la teóloga católica nicaragüense, Michelle Najlis, se mostraba convencidísima de que después de la muerte extrema de Jesús en la cruz del Calvario, el resto es poesía mística. Que su pretendida aparición, pasando a través de las paredes, debe tomarse como el resumen simbólico de sus predicas: Jesús eliminó barreras.
La teóloga llega incluso a desconfiar de la grandeza del Hijo del Dios de Israel: “¿Qué me cambia la vida a mí si pasó físicamente las paredes? ”, como diciendo qué provechoso es para la gente la manifestación en persona de Jesús en la casa donde estaban escondidos.
El punto focal que nos quieren plantear es que Jesús no aprendió bien su oficio de Mesías, quizás por ser un tosco carpintero insensible a la lírica de los espíritus refinados y, en vez de levantarse de entre los muertos en sentido metafórico, como pésimo estudiante, lo hizo al pie de la fe como los cristianos desactualizados lo hemos venido creyendo. No comprendió que, según los manuales de teología posmoderna, la Resurrección fue la de sus atemorizados seguidores: que de muertos de miedo fueron capaces de ir a anunciar la buena noticia .
Derribar paredes , en la simbología planteada por la teóloga, es el Jesús que platica abiertamente con la mujer samaritana, cuando las mujeres eran tenidas por menos. A partir de esta verdad, el contenido de trabajo de un Redentor de hoy, si no quiere terminar desempleado, incluye lo siguiente:
Todos saben que los oficiales romanos llevaban “ un mancebo, un amante ”, dice la teóloga. En la agenda actual se trata de introducir por la puerta grande de los Evangelios una de las calificaciones que olvidaron incluir sus escritores aldeanos, para contar hoy con un Mesías a la altura de la Metrópolis : el Cristo Simbólico derriba otra “pared”, la del prejuicio contra los homosexuales.
Una de las más exquisitas historias donde Jesús se solaza por la enorme fe de un gentil en contraste con los “hombres de poca fe” encontrados en Jerusalén, resulta, de esta forma, banalizado: el centurión que llegó a rogar a Jesús por la sanidad de su siervo enfermo era un gay a cargo de cien soldados, cuya orientación sexual se ajustará a lo que demande el último grito de la moda.
La propuesta de estos teólogos es como tratar de poner al día la impresionante pinacoteca de la Colina de las Ciencias en Madrid, mandando a la hoguera por anticuados los lienzos de Velázquez, Goya, Tiziano, Rubens, Rafael y Murillo, y la destrucción de la estatuaria latina, para instalar las modernísimas imágenes de Toy Story, Pato Aventuras y toda la galería Disney. ¿Se seguiría hablando del Museo del Prado o del Estudio del Tío Walt?
Yo prefiero la actualización de los Evangelios al estilo de Francisco Jirón, el hombre que dio testimonio de su fe sin acudir a los efectos especiales de Hollywood, ampliando de paso el catálogo del Rabí: “ Vayan y díganle a Juan lo que están viendo y oyendo. Cuéntenle que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios… ”, y una enferma de cáncer es dada de alta en Semana Santa .

Edwin Sánchez – Periodista y escritor - Nicaragua

© Protestante Digital 2012

viernes, 27 de enero de 2012

Hermano Pablo fallece a los 91 años de edad

Este viernes 27 de enero Pablo Edwin Finkenbinder, conocido por toda Latinoamérica como el Hermano Pablo, falleció. Así lo informó su familia a allegados cercanos y amigos. El reconocido tele y radio evangelista pasó sus últimas horas en condición crítica en un hospital de California debido a una severa hemorragia cerebral.
Según la información divulgada por su familia, el miércoles 25 de enero Pablo celebró su 70 Aniversario de Bodas con su esposa Linda, y con amigos y familiares. Se sintió bien, rió y bromeó con todos. Al atardecer se quejó de un fuerte dolor de cabeza, y lo llevaron de emergencia al hospital. Sus hijos, nietos y amigos se reunieron allí para pasar con él sus últimas horas. Pasó en paz a la presencia del Señor a las 3:55 am (hora del Pacífico) el viernes, 27 de enero.
Pablo era muy conocido públicamente, habiendo predicado en pueblos y ciudades a lo largo y ancho de América Latina durante los últimos setenta años. Conmovía a todo el que lo escuchaba con las anécdotas que contaba, y miles de personas aceptaron a Cristo como resultado de sus mensajes. Sin embargo, quienes lo conocían personalmente sentían más que nada el amor que mostraba a cada persona. Ya fueran altos mandatarios o servidores en restaurantes y empleados en los hoteles que frecuentaba, sentían la intensidad del amor y del afecto que les manifestaba.
Pablo y Linda fueron a El Salvador como misioneros en 1942. Pablo recorría el país, a veces a lomo de mula, predicando el evangelio y animando a obreros cristianos. En 1955, Pablo comenzó su primer programa radial, y en 1960 produjo dramas bíblicos para televisión que llegaron a reconocerse como el primer programa cristiano de televisión con un horario de difusión semanal fuera de los Estados Unidos.
A Pablo se le conocía principalmente por su programa de radio y televisión, UN MENSAJE A LA CONCIENCIA, que comenzó en 1964. Su novedoso programa constaba de una anecdota seguida de una aplicación moral y espiritual, que es una fórmula que ha dado resultado hasta hoy. El programa se difunde actualmente más de 6,400 veces al día en 33 países, y todo el tiempo lo donan las estaciones de televisión, las emisoras radiales o seguidores de Cristo de las respectivas localidades. 55 mil personas suscritas reciben el programa a diario por correo electrónico.
Aunque el Hermano Pablo mismo no grabó ningún programa durante los últimos quince años, él y su junta directiva aseguraron el futuro del programa al escoger a un sucesor en 1996. El legado del Hermano Pablo perdurará mediante el programa en los años venideros. No se contempla ninguna interrupción en las difusiones. Así lo hubiera deseado el Hermano Pablo. Para su familia espiritual, incluso aquellos miles que ganó para Cristo, no se trata de decirle adiós al Hermano Pablo sino hasta luego... allá en el cielo.
No se han tomado aún las decisiones con relación a los servicios fúnebres, pero las publicaremos aquí tan pronto como se nos den a conocer.
Si el Hermano Pablo impactó positivamente en su vida, por favor deje su comentario y cuéntenos su testimonio.

Fuente: CBN&REVISTA FUERZA CRISTIANA
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Respuestas sobre apologética:
¿Se deben tomar literalmente los milagros qué se encuentran en la Biblia?
Sí, los milagros en la Biblia deben tomarse literalmente. Toda la Escritura debe tomarse literalmente, excepto aquellas porciones donde claramente se presentan como simbólicas. Un ejemplo de este simbolismo es el Salmo 17:8. No somos literalmente la niña de los ojos de Dios, ni Dios tiene literalmente alas. Pero los milagros no son sucesos simbólicos, sino hechos reales que sucedieron verdaderamente. Cada uno de los milagros en la Biblia sirvió para un propósito, y logró algo que no hubiera podido realizarse de ninguna otra forma. Continue leyendo...